¿Qué ha quedado del 15M?

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En muchas discusiones se plantea esta
cuestión. ¿A dónde ha ido a parar toda la vitalidad, la combatividad, la
discusión, de las plazas ocupadas?[1]
Unos nos dicen que  "lo están
gestionando" grupos como Democracia Real,
o Asambleas del 15M, etc. Pero muchos
piensan simplemente que ha desaparecido, que no hay que hacerse ilusiones.

Que no estemos en la misma situación explosiva
que en Mayo, ¿Significa que no ha quedado nada de la experiencia?

Una
referencia de cómo luchar

Por muchas toneladas de basura "democratista"
que echen desde Democracia Real Ya (DRY)
hasta el mismísimo PSOE, para tratar de enterrar todo lo que había de
combativo, de espontáneo, de creativo, en las discusiones y movilizaciones del
15M, no podrán acabar "corriendo un tupido velo". Esos días de Mayo van a
quedar como una referencia de que es posible tomar la lucha a cargo, decidir
por nosotros mismos. Cada vez que el malestar y la indignación desborden la
normalidad democrática para plantear una lucha, el 15M será una referencia.

En primer lugar porque ha sido el bautismo de
fuego para la generación más joven, que nunca antes había estado en una
asamblea, que no ha podido sentir la solidaridad y la fuerza colectiva en los
centros de trabajo debido al desempleo crónico que padece; en las plazas y las
manifestaciones han confluido los más jóvenes y los mayores, ha empezado a
haber una transmisión de la experiencia, se ha ganado confianza en la
posibilidad de cambiar las cosas. Y esas cosas no se olvidan fácilmente.

También porque ha permitido ir al fondo de las
cuestiones. Ante el hastío de los planteamientos reformistas, electorales y
sindicalistas, que sólo llevan de derrota en derrota al abandono, la
desesperación y el "no future", el
15M tuvo el coraje de reconocer la falta de perspectiva que este sistema
plantea y se atrevió a empezar a hablar en voz alta de revolución, aunque cada
uno pusiera en ello contenidos diferentes y aunque no se lo planteara ni mucho
menos como una propuesta de marcha inmediata. Y esto fue así desde el primer
comunicado de la Asamblea de detenidos de Madrid que está en el origen del
desencadenamiento de las movilizaciones: «...nos encontramos ante un panorama
sin ninguna esperanza y sin un futuro que nos incite a vivir tranquilos y poder
dedicarnos a lo que nos gusta a cada uno»
.

Además, en las plazas, muchos han descubierto por primera vez que es
posible organizar la lucha por nosotros mismos, que las asambleas pueden
expresar una reflexión colectiva donde se manifiesta la unidad del movimiento y
su fuerza. Que las comisiones elegidas no hacen de su capa un sayo, sino que
tienen que rendir cuentas ante las asambleas. Precisamente fue a medida que las
asambleas se fueron debilitando cuando algunas comisiones autoerigidas como
tales, o nombradas por DRY u otros, e incluso elegidas inicialmente por las
asambleas, empezaron a funcionar por su cuenta, tratando de imponer a las
asambleas decisiones que no habían sido acordadas, sino que trataban de ser
impuestas, como el famoso "decálogo" de DRY.

A pesar de todas las dificultades y las diferencias, el 15M se ha
reconocido parte de la misma mecha que ha prendido desde Túnez a Wall Street y
ha generado igualmente una tremenda solidaridad y simpatía; y en algunos
momentos ha expresado una vocación internacionalista, sintiéndose parte de un
movimiento internacional de lucha, como cuando en las primeras asambleas en la
Plaza de Cataluña en Barcelona, se traducían a y desde diferentes idiomas,
comunicados de solidaridad.

Y es que el movimiento de los indignados, aunque de forma aún no
plenamente consciente, es una tentativa de responder a la crisis mundial del
capitalismo, expresa (como se vio en el desencadenamiento del movimiento en
Túnez
[2], por ej.) que
muchos miles de personas sienten que no pueden vivir en este sistema de
relaciones mercantiles y salariales. Hemos visto manifestaciones de indignados
en Túnez, Egipto, España, Grecia, Israel, USA, Chile, Gran Bretaña...Una
simultaneidad semejante de movilizaciones solo tiene precedentes en los
movimientos de 1968, o en la oleada internacional revolucionaria de 1919-20.

 

Las
minorías, la reflexión y la preparación de las luchas

Pero además de persistir como una referencia,
el 15M sigue vivo y activo a través de la generación de una considerable (si se
compara con el periodo inmediatamente anterior) cantidad de minorías que
continúan la reflexión y la preparación de los próximos combates.

Esas minorías no pueden atribuirse la
representatividad del movimiento, porque no han sido elegidas por las asambleas
ni están respaldadas por una movilización masiva y persistente; sería pues un
error, que hablaran en nombre del movimiento del 15M. Pero también sería un
error considerar que no tienen nada que ver con él. Cada movimiento de lucha
genera sus minorías, que no representan el todo, pero que son una parte de él.
Lo que expresan esos grupos es un esfuerzo por continuar clarificando las cosas
que se han planteado y de sacar lecciones para el futuro. Además también van
creando una red de discusiones, de encuentros, de confianza y de solidaridad,
que serán muy importantes para el estallido y la organización de nuevas
movilizaciones masivas. Ningún movimiento de luchas masivo, ninguna revolución,
habría sido posible sin que existieran esos canales por los que se difunde la lucha
y la discusión, la teoría y la práctica.

 

La
falsa continuidad del movimiento sin el movimiento continuo

Otras minorías sin embargo, tratan de integrar
la combatividad de las movilizaciones en los cauces del Estado democrático,
siguiendo el esquema representativo-electoralista del parlamento o los
sindicatos. Esta gente, que se reconoce fundamentalmente en las posiciones de
DRY, aspira a ser el representante oficial del movimiento; redacta su programa
reivindicativo; convoca sus movilizaciones; quiere encontrar "un hueco" para el
espíritu del movimiento (o sea para sí mismos) en el Estado burgués y a cambio
ofrece la rendición de las movilizaciones a las condiciones del sistema, a los
"márgenes de maniobra" a lo que "resulta razonable" para la situación de
crisis. Quieren el movimiento sin las movilizaciones, las asambleas sin la
discusión ni la unidad.

Estas minorías no son expresión del 15M, que
no está detrás de ellas ni en cuerpo ni en alma; sino del totalitarismo
estatal; independientemente de la conciencia que tengan de ello.

 

De la
espontaneidad a la confrontación

Los primeros días espectaculares del 15M, de
masividad y unidad, de discusión y emoción no van a repetirse espontáneamente.
La magnitud del movimiento sorprendió al Estado, que al mismo tiempo no se
sintió amenazado directamente y dejó que escapara el vapor. Pero las próximas
tentativas de movilizaciones masivas no encontrarán el mismo terreno despejado;
al contrario, sólo pueden ser el resultado de una confrontación. En ese sentido
las cosas probablemente se parecerán más a los últimos días: tentativas de
maniobras en las asambleas, de movilizaciones trampa, etc.

Organizar asambleas soberanas y movilizaciones
masivas significará un combate contra las tentativas de balizar el terreno de
DRY, los sindicatos y PSOE, IU e izquierdistas consortes.

Además, las próximas movilizaciones no podrán
permanecer en el terreno de evitar una lucha cuerpo a cuerpo sin verse
amenazadas de quedar en un terreno de reforma electoral. Las próximas
reivindicaciones de las luchas tendrán que plantearse directamente en el
terreno social ante la gravedad de la crisis y los enormes recortes.

 

Extender
el 15M a los trabajadores; hacia un movimiento de lucha por la transformación
social

A pesar de las tentativas puntuales de
confluencia de los obreros en lucha con las asambleas y movilizaciones del 15M,
particularmente en Barcelona, donde los ataques del gobierno local han puesto
en llamas al sector público[3],
se ha conseguido mantener la falsa disyuntiva de que, si quieres luchar contra los recortes, súmate a la lucha sindical,
porque el 15M sería una lucha global de "reforma democrática". Esa división de
"lo político" y lo "salarial", de lo "global" y lo "social", es una puñalada
trapera contra las luchas.

Así se evitó que, con la que estaba cayendo (y
continúa) en Cataluña, se unieran las luchas obreras y las asambleas del 15M.

Pero no podrá haber más 15M sin asumir que por
sus contenidos, sus formas de lucha y sus reivindicaciones, el movimiento de
los indignados, con todas las dificultades, es parte de la lucha de la clase
obrera

 «El cáncer del escepticismo domina la
ideología actual e infecta igualmente al proletariado y a sus propias minorías
revolucionarias. El proletariado ha fallado a todas las citas que durante casi
un siglo de decadencia capitalista la historia le ha deparado. Esto provoca en
sus filas una duda angustiosa sobre su propia identidad y capacidad como clase
hasta el extremo que en muchos ambientes combativos se llega ¡hasta rechazar el
término "clase obrera"[4]! Pero este
escepticismo es aún más fuerte porque la otra raíz que lo alimenta es la
descomposición del capitalismo[5]: la desesperanza, la
ausencia de todo proyecto concreto de futuro, favorecen la incredulidad y la
desconfianza hacia toda perspectiva de acción colectiva.

Los
movimientos de España, Israel y Grecia -con todas las debilidades que
arrastran- empiezan a suministrar una medicina eficaz contra el cáncer del
escepticismo. Pero no únicamente en sí mismos sino
por lo que
significan en una continuidad de luchas y esfuerzos de conciencia que se vienen
dando en el proletariado mundial desde 2003
. No son una tormenta que estalla repentinamente en un
cielo azul sino que han condensado, alcanzando una nueva cualidad las pequeñas
nubosidades, lluvias finas, tímidos relámpagos, de los últimos 8 años.»
(Revista Internacional nº 147: Movimiento de Indignados en España,
Grecia e Israel, de la indignación a la preparación de los combates de clase)

 

Hic Rhodus 21.01.12


[1] Sobre el significado del 15M, ver en la Revista Internacional: http://es.internationalism.org/rint146-indignados;
http://es.internationalism.org/rint147-indignados;
Ver también Debate sobre el Movimiento del 15M en: http://es.internationalism.org/ccionline/2011_15M

[2] Un joven con titulación universitaria que, debido al desempleo, se
ganaba la vida vendiendo fruta en la calle, se prendió fuego a la bonzo cuando
la policía destruyó su puesto de venta. Este incidente fue el desencadenante de
movilizaciones masivas

[3] Delegaciones de transporte y sanidad en lucha acudieron a las
asambleas, y también de desempleados

[4] Aquí no podemos desarrollar por qué la clase obrera es la clase
revolucionaria de la sociedad y por qué su combate representa el porvenir para
todas las demás capas sociales no explotadoras, una cuestión muy candente como
luego veremos, en el movimiento de indignados. Remitimos como material para el
debate la serie de dos artículos de la Revista Internacional nos 73 y
74 "¿Quién podrá cambiar el mundo?" http://es.internationalism.org/rint73proletariado
.

[5] Ver "Tesis sobre la Descomposición", Revista
Internacional
nº 62, http://es.internationalism.org/node/2123

 

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