El terrorismo, un arma de guerra del capitalismo

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Desde el final de los años 80, el terrorismo ocupa regularmente las primeras páginas de actualidad de la situación internacional. Para la burguesía de las grandes potencias, se ha convertido en el .enemigo público nº 1.. Por ello, no es ninguna casualidad que en nombre de la lucha contra la barbarie del terrorismo las dos principales potencias que lideraron los bloques del Este y del Oeste, Rusia y los Estados Unidos, hayan desencadenado la guerra en Afganistán y Chechénia.

El terrorismo no es un método de lucha de la clase obrera

De manera general, el terrorismo se define como la acción violenta de pequeñas minorías en revuelta contra la dominación asfixiante del orden social existente y de su Estado. Este hecho, no representa ningún fenómeno nuevo en la historia. A finales del siglo XIX, los populistas rusos hicieron del terrorismo un instrumento de primer orden contra la dominación del zarismo. Poco después, en países como Francia y España por ejemplo, fue retomado por ciertos sectores del anarquismo. A lo largo del siglo XX, el terrorismo ha continuado desarrollándose y, con frecuencia, ha acompañado a los movimientos de independencia nacional, como se ha podido ver con el IRA irlandés, ETA en el Pais Vasco, el FLN durante la guerra de Argelia, la OLP palestina, etc. Fue utilizado, igualmente, por ciertos sectores del movimiento sionista tras la Segunda Guerra Mundial para la constitución del Estado de Israel (Menahen Begin, uno de los más celebres primeros ministros de Israel.y signatario de los acuerdos de Camp David en 1.979. fue en su juventud uno de los fundadores del Irgoun, grupo terrorista judío que centró su actividad en los atentados contra los intereses ingleses).

Así, el terrorismo, se ha presentado (sobre todo a finales del siglo XIX y comienzos del XX) no sólo como un medio de lucha de los oprimidos contra la dominación del Estado, además ha constituido (principalmente en el siglo XX) un instrumento de primer orden para la construcción de nuevos Estados a ciertos movimientos nacionalistas. Es evidente que no hay nada en común entre estas formas de terrorismo y la lucha del proletariado ya que ésta, que es por esencia internacionalista, no tiene ninguna vocación de ser un instrumento para la creación de esas instituciones burguesas que son los Estados nacionales.

¿ Qué sucede, sin embargo, con la utilización de actos de terrorismo llevados a cabo en nombre del combate contra el Estado burgués?. Esta cuestión se ha planteado históricamente, ya que ciertos movimientos anarquistas que afirmaban luchar por la emancipación de la clase obrera, y más recientemente, grupos que se han reclamado partidarios de la revolución comunista, han reivindicado el terrorismo como un arma de combate de la clase obrera, han podido, y han atrapado en sus filas a ciertos militantes obreros. Tal fue, en especial, el caso de las Brigadas Rojas en los años 70 en Italia.

Este terreno de violencia y de lucha armada minoritaria, jamás ha sido una forma de lucha de la clase obrera. Es el terreno privilegiado de las acciones de la pequeña burguesía desesperada, es decir de una clase sin porvenir histórico que no podrá jamás protagonizar acciones de masas conscientes y unitarias, y que esencialmente es la emanación de voluntades individuales, algo que esta en las antípodas de la acción generalizada de una clase revolucionaria. En este sentido, el terrorismo jamás puede salirdel terreno de la acción individualista,

«....Su acción no está dirigida contra la sociedad capitalista y sus instituciones, sino que únicamente contra las individualidades (o los símbolos, tales como las Torres Gemelas, símbolos de la potencia económica de los Estados Unidos) representativas de esta sociedad. Toma inevitablemente el aspecto de un arreglo de cuentas, de una venganza, de una vendetta, de asuntos de persona a persona, y nunca el de un enfrentamiento revolucionario directo de clase contra clase. El terrorismo es lo más opuesto a la revolución en la medida en que esta no puede ser más que la obra consciente de una clase determinada, que implica a grandes masas en una lucha abierta y frontal contra el orden existente en vistas de su transformación social...» (Revista Internacional nº 15, .Terrorismo, Terror y violencia de clase.).

El proletariado no puede ni podrá jamás desarrollar su lucha contra el capitalismo a través de los metodos individualistas y conspirativos propios del terrorismo. El terrorismo, como práctica, refleja perfectamente su contenido: cuando no es un instrumento de ciertos sectores de la burguesía, es la emanación de capas pequeño-burguesas. Es la práctica estéril de capas socialesimpotentes y sin porvenir.

El terrorismo: instrumento de manipulación del Estado burgués

La clase dominante ha utilizado siempre el terrorismo como un instrumento de manipulación, tanto contra la clase como para arreglar sus propios asuntos internos. El hecho de que el terrorismo sea una acción que se prepara en las sombras de una conspiración, ofrece ....un terreno privilegiado para la acción y maniobras de los agentes de la policía y del Estado y en general a todo tipo de manipulaciones e intrigas de lo más sórdidas e insólitas.... (Revista Internacional nº 15, idem).

Ya en el siglo pasado, las acciones terroristas de los anarquistas fueron utilizadas por la burguesía para reforzar el terror de su Estado contra la clase obrera. Podemos citar, por ejemplo, las “leyes especiales” votadas por la burguesía francesa tras el atentado terrorista del anarquista Augusto Vaillant que, el 9 de Diciembre de 1893, lanzó una bomba en el hemiciclo de la Cámara de los Diputados, provocando cuarenta heridos. Este atentado, como se demostró posteriormente, fue manipulado por el Estado directamente. De hecho, Vaillant fue contactado por un agente del Ministerio del Interior que, haciéndose pasar por anarquista, le prestó el dinero y le explicócomo fabricar una bomba artesanal (con una marmita y trozos de metralla) de poca potencia y no muy mortífera (1). En la medida en que el ala izquierda de la burguesía (en particular los radicales) espoleadospor el grupo socialista, representadoen el Parlamento y dirigido por Jaurés, se opondría inevitablemente a las restricciones del derecho de asociación, los sectores más reaccionarios de la burguesía utilizaron todos los medios a su alcance para poder adoptar medidas contra la clase obrera. El atentado de Augusto Vaillant sirvió de pretexto a la clase dominate para hacer votar inmediatamente las medidas de excepción contra los socialistas reprimiendo automáticamente la libertad de asociación y prensa.

Del mismo modo, en los años 1.970, las gigantescas campañas anti-terroristas orquestadas por la burguesía tras los atentados contra Schleyer en Alemania y Aldo Moro en Italia sirvieron de pretexto al Estado para reforzar su aparato de control y de represión contra la clase obrera. Poco tiempo después se demostró que, tanto la banda de la Baader-Meinhof como las Brigadas Rojas, fueron infiltradas respectivamente por los servicios secretos de la Alemania del Este, la Stasi, y por los servicios secretos del Estado Italiano. Estos grupúsculos terroristas, en realidad no eran más que instrumentos al servicio de las rivalidades entre diferentes bandas burguesas.

El secuestro de Aldo Moro por un comando de probada eficacia militar y su asesinato el 9 de Mayo de 1978 (tras la negativa del Gobierno italiano de negociar su liberación) no fueron obra de algunos terroristas iluminados. Tras las acciones de las Brigadas Rojas, habían decisiones políticas que implicaban al Gobierno italiano y también a las principales potencias imperialistas. De hecho, Aldo Moro representaba a una fracción de la burguesía italiana favorable a la entrada del Partido Comunista en la mayoría gubernamental, opción a la que se oponía frontalmente Estados Unidos. Las Brigadas Rojas compartían también el rechazo al “compromiso histórico” entre la Democracia Cristianay el Partido Comunista que defendía Aldo Moro, haciendo con ello abiertamente el juego a los intereses del Estado americano. Por otra parte, el hecho de que las Brigadas Rojas estuvieran directamente infiltradas por la red Gladio (una creación de la OTAN que tenía por misión construir redes de resistencia en el caso en el que la URSS invadiera Europa occidental) es revelador del hecho de que, desde finales de los años 70, el terrorismo comenzó a convertirse en un instrumento de manipulación en los conflictos imperialistas.

El terrorismo: un arma de la guerra imperialista

A lo largo de los años 80, la multiplicación de atentados terroristas (como por ejemplo los de 1986 en París) ejecutados por grupúsculos de fanáticos, en este caso teledirigidos por Irán, han hecho aparecer un fenómeno nuevo en la historia. Ya no se trata, como a comienzos del siglo XX, de acciones armadas desarrolladas por grupos minoritarios, que buscan la constitución o la independencia de un Estado, sino de la acciones de los Estados que toman a cargo y utilizan el terrorismo como arma de guerra contra otros Estados.

El hecho de que el terrorismo se haya convertido en un instrumento del Estado con el objeto de desarrollar acciones de guerra marca un cambio cualitativo en la evolución del imperialismo.

En el último período, hemos podido constatar que son dos grandes potencias, Estados Unidos y Rusia, los que utilizan el terrorismo como medio de manipulación para justificar sus intervenciones militares. Así, han sido los propios medios de comunicación de la burguesía los que han revelado que los atentados de Moscú en el verano de 1999 fueron perpetrados con explosivos fabricados por los militares y que el primer ministro Putin, en aquella época jefe del servicio secreto FSB (ex KGB), fue probablemente quién los encargó y ejecutó. Estos atentados sirvieron de pretexto para justificar la invasión de Chechenia por parte de las tropas rusas.

Del mismo modo, y como hemos analizado ampliamente en nuestra prensa, los atentados del 11 de Septiembre contra las Torres Gemelas en Nueva York, han servido de pretexto a la burguesía americana para lanzar sus bombas sobre Afganistán en nombre de la lucha contra el terrorismo y contra los Estados del .Eje del Mal.. Suponiendo que el Estado americano no organizara este atentado, es inconcebible imaginar que los servicios secretos de la primera potencia mundial fueran sorprendidos, como si fueran una república bananera del Tercer Mundo. Es absolutamente evidente que el Estado americano “ha dejado hacer”, consintiendo el sacrificio de las Torres Gemelas y de cerca de 3000 vidas humanas. Tal es el precio que el Estado americano ha estado dispuesto a pagar para poder reafirmar su liderazgo mundial con el desencadenamiento de la operación “Libertad Duradera” en Afganistan. Esta política deliberada de la burguesía americana consistente en dejar hacer para justificar su acción militar no es nueva en la historia.

Esta misma táctica fue ya utilizada en Diciembre de 1941 durante los ataques japoneses a Pearl Harbour (2) para justificar la participación de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial y, más recientemente, durante la invasión de Kuwait por las tropas de Saddam Husein en Agosto de 1990 (3) para desencadenar la guerra del Golfo Pérsico bajo la batuta del Tío Sam. Pero, esta política de “dejar hacer” ya no es, como en 1941 ó en 1990, la de dejar atacar primero al enemigo según las leyes clásicas utilizadas por los Estados. Ya no es la guerra entre Estados rivales, con sus propias reglas, sus banderas, sus preparativos, sus tropas, sus campos de batalla y sus armamentos, que sirven de pretexto a la intervención masiva de las grandes potencias.

Son ataques terroristas ciegos, perpetrados por comandos terroristas fanatizados, que afectan directamente a la población civil que son utilizados por las grandes potencias para justificar el desencadenamiento de la barbarie imperialista.

La utilización y la manipulación del terrorismo ya no constituyen el terreno privilegiado de la acción de pequeños Estados, tales como Libia, Irán u otros de Oriente Medio. Barriendo de la escena de la historia las reglas clásicas de la guerra, convirtiendo el terrorismo en instrumento privilegiado de la guerra entre los grandes y pequeños Estados, éste se ha convertido en una de las manifestaciones más evidentes y brutales de la descomposición de la sociedad capitalista.

El terrorismo: una expresión de la descomposición del capitalismo

Hoy en día, el terrorismo es inseparable del imperialismo. La forma que toma hoy la guerra imperialista es el resultado directo del desarrollo del caos mundial en el que ha entrado el capitalismo tras el hundimiento del bloque del Este y la dislocación del bloque occidental. Este acontecimiento, como tantas veces hemos puesto en evidencia, ha marcado de forma espectacular la entrada del capitalismo en la última fase de su decadencia, es decir, la de su descomposición (4).

Desde mitad de los años 80, en que ya comenzamos a analizar el fenómeno (5), no ha dejado de amplificarse. Es esto, y no otra cosa, lo que traduce el desarrollo y la utilización, sin precedentes en la historia, del terrorismo a escala planetaria. El hecho mismo de el .arma del pobre. que es el terrorismo sea utilizado por las grandes potencias imperialistas en la defensa de sus intereses a escala mundial, es particularmente significativo del hecho histórico de la descomposición del sistema social capitalista. Hasta ahora, la burguesía había conseguido mantener en la periferia del capitalismo las manifestaciones más caricaturáles y extremas de su crisis histórica. Tal es así respecto de las manifestaciones más brutales de la crisis económica que han afectado sobre todo a los países de la periferia. Pero actualmente, al mismo tiempo que vuelve con fuerza la crisis económica, afectando directamente a las principales potencias mundiales, las formas más bárbaras y extremas de la guerra imperialista se manifiestan en las grandes metrópolis tales como Nueva York y Moscú.

Por otra parte, esta nueva expresión de la guerra imperialista revela la dinámica suicida de la sociedad burguesa en plena putrefacción. De hecho, la utilización del terrorismo como arma de guerra se acompaña de la aceptación de sacrificios. Esto es así, no sólo para los suicidas que han sacrificado su vida a imagen de un mundo que se suicida, lo es igualmente para la clase dominante de los Estados atacados por los ataques terroristas, tales como la burguesía americana. La difusión en todas las pantallas del mundo de las alucinantes imágenes del hundimiento de las Torres Gemelas, cual castillo de naipes, ¿no es la visión de un mundo en plena Apocalípsis?. “Dejando hacer” los atentados del 11 de Septiembre, la primera potencia mundial ha decidido deliberadamente sacrificar las Torres Gemelas, símbolo de su supremacía económica. Ha sacrificado deliberadamente a cerca de 3000 ciudadanos americanos en su propio territorio. En este sentido, los muertos de Nueva York han sido masacrados no sólo por la barbarie de Al Quaeda, sino con la fría y cínica complicidad del mismísimo Estado Americano. Más allá del sacrificio de vidas humanas, de las que el capitalismo se burla constantemente, es en el plano económico en el que podemos ver hasta qué punto esta dispuesto el imperialismo americano a sacrificarse para justificar su gigantesca demostración de fuerza en Afganistán. Para ello, el Tio Sam, está dispuesto a pagar (y sobre todo se organiza para hacerlo pagar a la clase obrera) el precio de la reconstrucción del World Trade Center y de toda la profunda desorganización social y económica ocasionada por el hundimiento de las Torres Gemelas.

La utilización del terrorismo como arma de la guerra imperialista, en el período histórico actual de la descomposición del capitalismo, pone en evidencia que todos los Estados son “Estados criminales” dirigidos por gansters imperialistas. La única diferencia que existe entre los grandes jefes, tales como el padrino americano, y los pequeños bandidos que colocan las bombas, reside en los medios de destrucción que poseen para desencadenar la guerra.

En Nueva York y en Moscú, en Afganistán, en Irak, en Oriente Medio o en Bali, es siempre la población civil la que sufre la amenaza y las consecuencias del terrorismo en la locura asesina del capitalismo. Esta situación ha de constituir un llamamiento a la responsabilidad del proletariado mundial. Este es la única fuerza de la sociedad capaz, por medio de su lucha revolucionaria para acabar con el capitalismo, de poner fin a la guerra, a las masacres y al terror capitalista en todas sus formas.

Louise

Artículo traducido de Revolution Internationale nº 329(Diciembre 2002),

publicación en Francia de la CCI.

Notas:

(1) Ver el libro de Bernard Thomas, “Las provocaciones policiales” (capítulo IV), Ediciones Fayard, 1.972.

(2) Ver la Revista Internacional nº 108 .Pearl Harbour 1.941, las Torres Gemelas 2.001: el maquiavelismo de la burguesía.

(3) Ver nuestro folleto sobre .La Guerra del Golfo.

(4) Ver nuestro folleto sobre ”El hundimiento del estalinismo”

(5) Ver la Revista Internacional nº 57 .La descomposición del capitalismo. y la nº 107 .La descomposición, última fase de la decadencia del capitalismo