Un continuo empeoramiento de nuestras condiciones de vida

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Edito AP 182.


No pueden remediarlo. Los explotadores necesitan recurrir a las mentiras más esperpénticas con tal de dar una imagen de fortaleza de su sistema de explotación y de bienestar de la población sojuzgada por éste. Si hace unos años Aznar acuñó el ridículo “España va bien”, ahora resulta, según lo dicho por Rubalcaba (portavoz parlamentario del PSOE), en el reciente debate sobre el Estado de la Nación que “estamos plus-cua-satisfechos”. Lo dicho: mienten más que hablan y ¡mira que hablan! Hablan y no paran de la “solvencia” de la economía española, “de las más fiables de Europa” en palabras del propio presidente Zapatero, cuando en realidad está perdiendo competitividad a marchas forzadas. Hablan de los “avances sociales”, que el gobierno ZP habría procurado a los trabajadores en materias como las pensiones, el salario mínimo, la regularización de emigrantes,...cuando en realidad lo que crece es la miseria, la eventualidad del empleo, el deterioro de la enseñanza, la sanidad,...

¿Satisfechos? La burguesía española puede desde luego estar “satisfecha” por la lealtad que demuestra el gobierno “socialista” en la defensa de sus intereses de clase explotadora. No es casualidad que en ese reciente debate sobre el Estado de la Nación, apenas hayan aparecido críticas, ni desde la derecha ni desde la izquierda, a la gestión económica del capital nacional, o sea al mantenimiento de una explotación cada vez más insoportable de los asalariados, que hace el gobierno “socialista”. Y es que como señalamos apenas se supo que ZP sustituía a Aznar al frente del capital español, y se extendía en la población la peligrosa ilusión de que éste tendría más “sensibilidad social que aquel”, que “miraría más por los desfavorecidos”, etc: “Las diferencias que existen entre ellos sirven en última instancia para mantener viva la ilusión de que siempre habrá alguno menos malo que el otro. La realidad es que todos son peor, que todos son enemigos de los trabajadores y de toda liberación social (...) El nuevo gobierno PSOE dejará pequeños los “logros” de los gobiernos González y de las dos legislaturas del PP. El engaño de elegir el “mal menor” o de “impedir el mal mayor” es la cuerda que nos ata a la noria del capitalismo, condenándonos a ir de Herodes a Pilatos” (AP nº 175: “Elecciones del 14 de Marzo. ¿Qué podemos esperar del gobierno PSOE?”).


Unas condiciones de vida y trabajo cada vez más insoportables para los trabajadores.

Pero si la derecha y la patronal se muestran satisfechos, ¿podemos decir lo mismo los trabajadores? ¿será verdad lo que dice la propaganda democrática de que el gobierno puede contentar a capitalistas y trabajadores, a explotadores y explotados? Pues... va a ser que NO. La realidad es que los asalariados comprobamos día tras día como se deterioran cada vez más nuestras condiciones de vida y de trabajo.

La realidad es que no sólo para el proletariado sino incluso para la gran mayoría de la población, llegar a fin de mes empieza a ser una auténtica misión imposible. Recientemente, al comentar la práctica desaparición del ahorro familiar en España que lleva cayendo en picado desde 1996, el Instituto Nacional de Estadística ha explicado que la causa de ese descenso del ahorro es que “la renta disponible aumenta menos que los gastos”. Sin tener los estudios de esos sesudos expertos, eso es algo que los trabajadores aprenden, en sus propias carnes, mes tras mes: los salarios han perdido la carrera a los precios., como puede verse comparando, basándonos incluso en las propias y maquilladas estadísticas del Estado burgués, el aumento salarial medio del pasado año (2’9%) con la inflación “oficial” (en Abril del 2005 la tasa interanual era del 3’5% de media estatal, del 4% en Cataluña, etc). Hemos de decir que este hachazo a los salarios viene “bendecido” por los pactos firmados año tras año por Patronal y Sindicatos a nivel nacional así como en los convenios colectivos regionales, sectoriales,... como el reciente de los trabajadores de banca a los que un aumento de 2’85% para este año, y aún menor para 2006, eso sí para que se sientan “orgullosos” de que la banca española es “competitiva”, con los demás usureros del mundo.

Recorte salarial tras recorte salarial, los trabajadores se ven obligados pues, para frenar la pérdida del poder adquisitivo de sus ingresos, a comerse los ahorros gestados con años de sacrificios. O eso o endeudándonos: la deuda de las familias se ha triplicado desde 1997, y alcanza ya casi 600 mil millones de euros, es decir el equivalente a tres cuartas partes del Producto Interior Bruto. Es cierto que una gran parte de este endeudamiento está hipotecado en la compra de una vivienda, y que la especulación inmobiliaria es uno de los destinos de un capital que no encuentra rentabilidad alguna en la inversión productiva, pero de ahí no se puede colegir la idea de un proletariado “aburguesado” que se endeuda para enriquecerse, sino un peaje forzoso, sobre todo para muchos jóvenes trabajadores, habida cuenta del precio prohibitivo de los alquileres (cuyo precio ha subido aún más que la compra de la vivienda), y del hecho de que la promesa electoral de construcción de 180 mil viviendas “sociales” por parte de ZP, ha quedado en eso.... en promesas.

El endeudamiento, las “letras”, los “plazos”, la hipoteca por años de una parte de nuestros salarios ha sido algo a lo que han debido recurrir muchas generaciones obreras, pero al menos había entonces una cierta “seguridad” de tener regularmente unos ingresos. Hoy, en cambio, lo que está al orden del día son:

* los despidos y el cierre de empresas. Sólo en el sector textil, y desde 2002, se ha echado a la calle a 35 mil trabajadores. El cierre de tres factorías de la antigua Tabacalera supone la eliminación de casi 600 empleos. En industria auxiliar del automóvil se suceden los anuncios de recortes de plantillas como en Gearbox - 300 trabajadores – o en la Lear de la Rioja – 350 obreros-. Estos se suman a los miles de despidos en el sector naval, etc.

* la precariedad en el empleo que sigue azotando a más del 33% de los trabajadores. Esta tasa se va a ver notablemente incrementada con la “regularización” de cerca de 700 mil trabajadores inmigrantes, que en palabras del propio ministro de Trabajo, “van a tener ahora derechos laborales”. Efectivamente, “derecho” a un contrato precario, “derecho” a un sueldo inferior a la media del sector, que la gran mayoría de estos compañeros se ha visto obligado a aceptar para tener “papeles” y evitar ser deportados como amenaza el Gobierno. Es asqueante ver el ensayado gesto compungido del Sr. Zapatero cuando en el reciente debate sobre el Estado de la Nación trató el tema de la precariedad laboral y dijo que lo que peor le sabía de este su primer año de gobierno era no haber enfrentado este problema. ¡Cómo si se tratara de algo heredado del gobierno Aznar, y el partido que sustenta al Sr. Zapatero no tuviera nada que ver con los “contratos basura”, los “planes de empleo juvenil”, etc!

Por mucho que ZP diga que lo que debe presidir las relaciones entre explotadores y explotados es el “diálogo”, la realidad es que a lo que los trabajadores estamos sometidos es al chantaje. Para “conservar” el puesto de trabajo hay que aceptar congelaciones salariales y aumentos de la jornada laboral (recientemente la Nissan de Barcelona ha anunciado que gracias al último convenio que consagraba precisamente estos ataques a las condiciones de vida y trabajo de sus obreros, ha alcanzado en un tiempo récord el plan de contención de costes), para tener un salario con el que malvivir hay que aceptar el aumento creciente de la explotación (en los trabajadores sanitarios por ejemplo una parte cada vez más importante de sus sueldos está en función de la “productividad”), la precariedad, la subcontratación,... Con ocasión del reciente crimen laboral en el Ferrol – ver artículo en este mismo AP – se ha desvelado que si la Bazán tenía 21 empresas subcontratadas, la recientemente creada Navantia tiene ¡100! Para que luego los sindicatos reivindiquen la “permanencia de la empresa en el sector público”,...


Las cosas sólo pueden ir a peor

Y no es que ZP o Solbes lo “hagan” ni mejor ni peor. La causa de esa degradación de las condiciones de vida de la clase obrera no es la gestión, o el signo político de tal cúal gobierno sino la crisis irresoluble del sistema capitalista mundial, que vive como señalamos en el artículo de nuestra Revista Internacional nº 121. “El descenso a los infiernos”. De hecho todos los capitales nacionales se han lanzado a una carrera de ataques contra los trabajadores, y los primeros los capitales más “poderosos” como Alemania, Francia, Gran Bretaña donde se suceden los topes salariales, los recortes de pensiones y subsidios, el desmantelamiento de prestaciones sociales, la prolongación de la jornada y de la vida laboral de sus trabajadores,... para tratar de mantenerse a flote en una guerra despiadada por conservar sus mercados o arrebatárselos a sus rivales,...

Lo que sucede es que el capital español está especialmente mal colocado en esa pelea a muerte con sus cofrades de otros países. Digamos que no es ni carne ni pescado. Ni tiene la productividad de Alemania (la economía española que es la 5ª de Europa por PIB es el cambio la antepenúltima del ranking de la UE15 en productividad), ni los sueldos de China. Si como señalamos en el mencionado artículo de la Revista Internacional nº 121, con el transcurrir de la crisis económica mundial desde finales de los años 60, lo que ha sucedido en el conjunto del sistema capitalista es que la “ganancia” de productividad se ha realizado sobre todo a expensas del abaratamiento de los costes salariales, en esa tendencia capitales más débiles como el español están un paso por delante,... hacia el abismo1, y está sufriendo una caída en picado de su competitividad.

Por ello no es de extrañar que Gobierno, Patronal y Sindicatos hagan de la “batalla por la competitividad” la consigna de la cruzada que preparan contra las condiciones de vida de los trabajadores. Zapatero ya ha dicho que “el diálogo social es un tesoro de este país”. Desde luego lo es para los dueños del país, pues pacto social tras pacto se han fomentado la contratación eventual, el abaratamiento del despido, el alargamiento del tiempo de cotización necesario para alcanzar la pensión, por mencionar únicamente los más recientes. Por muchas paparruchadas que digan los ministros, los patronos o los sindicalistas, esa “cruzada nacional” contra la competitividad no va a basarse en la “innovación tecnológica” ya que el diferencial es tan abismal que requeriría durante años una inversión inimaginable ni para los capitalistas individuales (que obtienen sin duda más beneficios con la especulación), ni por supuesto para las arcas públicas (amenazadas además con la desaparición de los fondos de cohesión europeos que representan un 1% del PIB). Todo eso son cantos de sirena para enmascarar que la batalla por frenar la pérdida de la competitividad de la economía española va a asestarse contra los costes laborales, es decir contra las castigadas espaldas de los trabajadores. Así recientemente hemos oído que “los trabajadores deben contratar planes de pensiones privados (...), ya que la Seguridad Social no será capaz de garantizar el actual nivel de renta de sustitución es decir la diferencia entre el último salario recibido y la primera pensión”. Quién así habla no es un avispado comercial de cualquier entidad bancaria, sino Octavio Granado, jerifalte del Ministerio de Trabajo en declaraciones al diario El País, del 12-5. Ese diario, verdadero oráculo del gobierno “socialista” editorializaba recientemente, a propósito de la “lucha por la estabilidad en el empleo”: “La consecución de ese propósito de conseguir una mayor estabilidad en el empleo exigirá que esas decisiones vayan acompañadas de reformas adicionales del mercado de trabajo en la dirección de una mayor flexibilidad. En la cesación de las relaciones laborales, suavizando la cuantía de las indemnizaciones por despido, con el fin de facilitar la inserción laboral de determinados colectivos.”

O sea que para “rebajar” la precariedad, de lo que se trata es de generalizar en los trabajadores las condiciones laborales y de vida de los precarios: aceptando un nuevo hachazo a las indemnizaciones por despido, destinando una parte de nuestros esquilmados salarios a completar pensiones cada vez más ridículas, etc. Lo dicho: Zapatero profundizará los ataques de Aznar, como éste ahondó los de F.González,... porque las exigencias de supervivencia del capital nacional en un sistema capitalista mundial en crisis así lo exigen. En lo que sin embargo los “socialistas” sí aventajan al PP es en su capacidad para adornar esos ataques a las condiciones de vida del proletariado con bellas y vacuas frases sobre la “solidaridad”. Ya vemos como el recorte de las indemnizaciones por despido se presenta como acto de solidaridad con “los colectivos más desfavorecidos”, o como el gobierno “super-izquierdista” de Cataluña planteaba el copago de las consultas médicas o la degradación de las condiciones laborales de los trabajadores de los hospitales por... “solidaridad con los enfermos”.


Solidaridad con los trabajadores y no con el capital.

El capitalismo, un sistema basado en la explotación del hombre por el hombre, en la conversión de la actividad humana y del trabajador mismo en una mercancía, se presenta sin embargo como campeón de la “solidaridad”. Es más reprocha a los trabajadores que no sean verdaderamente solidarios, culpabilizando a los obreros fijos de la situación de los precarios, a los empleados públicos de las miseria de los del sector privado, a los obreros del primer mundo de las atrocidades que sufren sus hermanos de los países de la periferia capitalista. Ese discurso aparentemente tan bienintencionado no sólo tiene como objeto erosionar la unidad de los trabajadores enconando a unos contra otros, sino también el de chantajearnos para hacernos tragar más y más sacrificios que no sólo no alivian la situación de otros hermanos proletarios sino que sólo traen más miseria y más barbarie para toda la especie humana. Nos presentan como “interés común” lo que en realidad son las necesidades de los explotadores. Pero son precisamente esas necesidades del capital las que van llevando a la humanidad, y al planeta entero hacia su desaparición en un holocausto de guerras, hambrunas, miseria, desgarramiento de las relaciones sociales,...

Para hacer frente a esa perspectiva, los explotados necesitamos la verdadera solidaridad, necesitamos oponernos a la falsa solidaridad de la defensa de los intereses de la empresa, del sector, de la región, que en realidad nos ata a los intereses del capital nacional. Necesitamos defender nuestras reivindicaciones contra los despidos, los hachazos a los salarios, los aumentos de las jornadas, porque así oponemos nuestras necesidades como seres humanos a la lógica antihumana de la “rentabilidad” capitalista. Necesitamos comprender que sólo acabando con este sistema basado en la división de la sociedad en clases, en naciones, puede instaurarse una verdadera comunidad humana.


Etsoem. 14 de Mayo de 2005.



1 La “deslocalización” industrial no supone ninguna inyección revitalizante para el capitalismo mundial sino más bien “pan para hoy y hambre para mañana”, puesto que el problema básico del capitalismo es la creciente reducción de mercados solventes, y la pauperización de la población tanto en los países adelantados (donde se cierran empresas) como en los países más atrasados (donde se instalan sólo a condición de que los salarios sigan siendo miserables) acaba agravando el problema.