Foro de discusión sobre la «autonomía obrera»: ¿Quien puede acabar con el capitalismo?

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Publicamos
a continuación un artículo de intervención en
un foro sobre la autonomía del proletariado que se ha
publicado en
www.alasbarricadas.org

El
Foro que se ha originado a partir de la publicación por un
compañero que no conocemos de un artículo nuestro
realizado como balance de una intervención en un Encuentro
sobre la Autonomía Obrera celebrado en Barcelona, ha
suscitado un debate apasionante, profundo y sincero1.

Todos
los participantes compartimos la voluntad de acabar con el sistema
social capitalista que tantos sufrimientos de todo orden
–económico, psíquico, moral, ecológico-
está causando a la gran mayoría de la humanidad. El
debate se sitúa sin embargo sobre la pregunta: ¿quién
puede ser el motor de esa gigantesca transformación social?
De forma sintética dos alternativas se han postulado: la
clase obrera, el proletariado, o, como defienden PITI2
y otros compañeros, una comunidad de individuos rebeldes, a
la llaman “proletariado”.

Nosotros
defendemos resueltamente la primera alternativa. En polémica
razonada con la otra posición vamos a exponer los
argumentos que la sostienen.

La lucha de clases
es el motor de la historia

Tras
la progresiva disolución del comunismo primitivo tribal, la
sociedad humana se ha dividido en clases y el motor de su
evolución es la lucha de clases.

Esta
guerra social tiene lugar en un contexto histórico de
sucesivos modos de producción (esclavismo, feudalismo,
capitalismo) que ha constituido el marco general donde aquella ha
tenido lugar y el desarrollo de las fuerzas productivas humanas ha
ido recorriendo su camino de forma contradictoria.

Esta
es la explicación más coherente de la historia
humana y el medio que pueden darse las generaciones actuales para
hacerla progresar ante los dilemas que nos plantea la situación
actual del capitalismo que lleva, bien a la destrucción de
la humanidad, bien a su liberación y al inicio de una nueva
etapa histórica basada en la abolición de las clases
sociales, de los Estados y las fronteras nacionales, la
unificación de todos los seres humanos en una comunidad
humana mundial que vive y actúa para si misma.

A
esta explicación, cuyo exponente más coherente es el
marxismo3,
se le han opuesto numerosas teorías que tienen como común
denominador no tanto la negación de la existencia de clases
sociales –evidencia que solo los más obtusos pueden
atreverse a soslayar- sino la negación de que el motor de
la historia es la lucha de clases.

Se
han presentado como motores alternativos Dios, el Espíritu
Universal, los príncipes y otros individuos investidos de
poderes especiales, una coalición de individuos de buena
voluntad, una minoría de conspiradores, una minoría
de iluminados, predicadores de toda clase de sistemas sociales y
filosóficos para dar cuenta de los males del mundo etc.

La
lucha de clases a lo largo de la historia ha enfrentado una clase
revolucionaria portadora de una nueva organización de la
vida social y una clase reaccionaria apalancada en la defensa de
los privilegios e intereses ligados al viejo orden. Si, de manera
general, el desenlace de estos conflictos ha sido el triunfo de la
nueva clase revolucionaria y la desaparición más o
menos gradual de la vieja clase, esto no ha sido el producto de un
determinismo irrevocable. En diferentes momentos de la historia se
han producido fenómenos de bloqueo de la evolución
social, donde las dos clases principales de la sociedad se
desangraban en conflictos estériles sin hallar ninguna
salida a la situación. Por eso el Manifiesto Comunista
concibe la lucha de clases como una guerra social “que
siempre acababa en transformación revolucionaria de la
sociedad entera o en destrucción de ambas clases en lucha”.

Ninguna
clase social es el vehículo ciego de un destino histórico
preestablecido, no es el ejecutor forzoso de una necesidad
determinada por la evolución de la sociedad. Para liberar a
la sociedad de las trabas que le imponen el orden antiguo, las
clases revolucionarias necesitan de un cierto grado de conciencia
y voluntad. Si estos faltan, la necesidad objetiva, que existe
sólo como potencial histórico, no podrá
realizarse y la evolución social se estancará
degenerando en un pudrimiento caótico y destructivo.

En
el tránsito entre la vieja sociedad esclavista y el orden
feudal que le sucedió, el factor determinante fue la
evolución objetiva mientras que la conciencia y la acción
subjetivas jugaron un papel muy limitado. En la destrucción
del feudalismo y el advenimiento del capitalismo, las fuerzas
objetivas constituyeron el factor central aunque la conciencia
–esencialmente ideológica- desempeñó un
papel importante, sobre todo en la última etapa: la toma
del poder político por parte de la burguesía tras
haberse asegurado la dominación económica de la
sociedad.

Sin
embargo, en la revolución mundial que acabará con el
capitalismo el papel decisivo lo tendrá la conciencia, el
entusiasmo, la solidaridad, el heroísmo y la combatividad,
de grandes masas proletarias. Sin esa fuerza subjetiva, sin ese
compromiso de un gran número de individuos conscientes, la
revolución no será posible. PITI ha insistido sobre
la necesidad de la conciencia (él la llama la necesidad de
“individuos autoconscientes”), de la solidaridad y la
confianza mutua (que denomina “comunidad de rebeldes”)...
Compartimos esta preocupación y vemos como una de las
tareas cruciales del momento presente el que las generaciones
actuales de la clase obrera cultiven y desarrollen, en la lucha,
por la lucha y para la lucha, la conciencia, la solidaridad, el
criterio propio. Sin el desarrollo masivo de esas fuerzas
espirituales la revolución mundial no será posible.

PITI
piensa sin embargo que la clase obrera ya no es la clase
revolucionaria. No niega que haya desaparecido la lucha de clases,
tampoco niega que pudo haber sido en otras etapas del capitalismo
el motor del cambio histórico, pero su premisa es
concluyente: «Lo que denomino el "primer asalto a la
sociedad de clases", me refiero a primeros de siglo XX y sus
revoluciones (Rusia, Kronstad, Alemania por ejemplo), y el
"segundo asalto a la sociedad de clases", mayo del 68,
revueltas autónomas en Alemania, autonomía operaia
en Italia, las huelgas obreras en Polonia, el movimiento
asambleario español. Estos movimientos son derrotados, la
autonomía obrera es derrotada.»

Es
verdad que la oleada revolucionaria mundial fue derrotada y se
abrió la más terrible contra-revolución de
toda la historia humana. Es igualmente verdad que el impulso
inicial de las luchas abiertas en 1968 se fue diluyendo hasta que
en 1989 se produjo un fuerte retroceso de la conciencia y la
combatividad obreras4.

Ahora
bien, ¿por qué de esos dos fracasos deduce PITI el
fin del carácter revolucionario de la clase obrera? Aporta
como explicación dos factores: por una parte, el
capitalismo ha sufrido un cambio de tal naturaleza que estaríamos
ante un nuevo “paradigma económico” y, este
nuevo paradigma económico significaría tales cambios
sociales que habrían sellado el fin de la clase obrera como
clase revolucionaria. «Aquí es cuando comienzan
los cambios, en los años ochenta. Los sindicatos, como
instrumentos de integración de la clase obrera, actúan
directamente al servicio de sus intereses negociando con la
patronal y el Estado, aceptando a rajatabla las políticas
de recortes sociales, plantillas. Esto rompe a una generación
rebelde, una comunidad de rebeldes heredada de la etapa anterior,
su conciencia. La clase obrera es estratificada de las fabricas,
se producen reconversiones industriales, la terciarización
de la economía (cambio de paradigma económico), y la
deslocalización de empresas en busca de mano de obra barata
y esclava
(...) La tecnología juega un papel
fundamental, se produce una revolución tecnológica
que produce que muchos obreros tengan que pasar por cursos de
formación. Hay una mundialización de la economía
gracias a la tecnología, que favorece también a la
automatización. Sin embargo, estas nuevas condiciones
permiten elevar el nivel de bienestar material de una minoría
de trabajadores. Aparecen cuadros técnicos,
obreros-propietarios, pequeños empresarios etc.
(...)
La actual época es única y no hay vuelta atrás
en el sistema productivo, donde volvamos a la identidad fabrica »
.

¿Un nuevo
paradigma económico?

A
lo largo de su historia, el capitalismo ha sufrido numerosos
cambios tecnológicos, organizativos, sociológicos...
El capitalismo es un modo de producción dinámico que
se ve forzado a cambiar continuamente la organización, los
métodos y las herramientas de producción... El
Manifiesto Comunista reconoce que «
la burguesía no puede existir si no es revolucionando
incesantemente los instrumentos de la producción, que tanto
vale decir el sistema todo de la producción, y con él
todo el régimen social.  Al contrario de cuantas
clases sociales la precedieron, que tenían todas por
condición primaria de vida la intangibilidad del régimen
de producción vigente.  La época de la
burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás
por el constante y agitado desplazamiento de la producción,
por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones
sociales, por una inquietud y una dinámica incesantes »
.

Pero
¿ese dinamismo significa un cambio de naturaleza del
capitalismo, una modificación de los fundamentos mismos de
su sistema de explotación?

El
capitalismo ha pasado por numerosas etapas: manufacturas,
maquinismo, gran industria, capital monopolista, imperialismo,
capitalismo de Estado etc. El régimen de propiedad
capitalista se ha modificado de manera incesante (mercaderes,
propiedad individual de los capitanes de la industria; propiedad
colectiva a través de las sociedades por acciones;
propiedad estatal bien sea completa –como en los mal
llamados países “socialistas”- o mixta;
propiedad multinacional...); las tecnologías han sufrido
cambios espectaculares (maquinismo, ferrocarriles, barcos de
vapor, aviación, telecomunicación, informática,
energía petrolífera o nuclear etc.); la organización
del trabajo ha pasado por muy diferentes estadios (trabajo
extensivo, trabajo intensivo, organización científica
del trabajo y taylorismo, industrias gigantes, descentralización,
deslocalización, subcontratación etc.); el régimen
de trabajo tiene muchas formas (trabajo domiciliario, trabajo de
mujeres y niños, trabajo fijo, trabajo forzado,
jornaleros, precariedad, trabajo a destajo, por piezas etc.). Sin
embargo, un hilo conductor, un telón de fondo, atraviesa
como núcleo de hierro esa multiplicidad siempre cambiante:


Expropiación de los productores de tal forma que campesinos
o artesanos son separados de sus medios de producción y
vida, convertidos en obreros y obligados a pasar por las horcas
caudinas del trabajo asalariado para obtener su sustento;


Explotación de la fuerza de trabajo del obrero cuyo salario
tiende a cubrir su reproducción individual y la de su
familia, produciendo una plusvalía que sirve a la
acumulación de capital;


Acumulación de capital. El fin de la producción no
es tanto satisfacer el consumo de la clase dominante sino la
reinversión de la plusvalía constituyendo un nuevo
capital.

Cuando
PITI invoca la mundialización como gran cambio fundamental
que se produce a lo largo de los años 80 debemos decirle
que ha descubierto algo que se produjo más o menos un siglo
antes: « La burguesía, al explotar el mercado
mundial, da a la producción y al consumo de todos los
países un sello cosmopolita
(...)  Brotan
necesidades nuevas que ya no bastan a satisfacer, como en otro
tiempo, los frutos del país, sino que reclaman para su
satisfacción los productos de tierras remotas. Ya no reina
aquel mercado local y nacional que se bastaba así mismo y
donde no entraba nada de fuera; ahora, la red del comercio es
universal y en ella entran, unidas por vínculos de
interdependencia, todas las naciones. Y lo que acontece con la
producción material, acontece también con la del
espíritu. Los productos espirituales de las diferentes
naciones vienen a formar un acervo común.  Las
limitaciones y peculiaridades del carácter nacional van
pasando a segundo plano, y las literaturas locales y nacionales
confluyen todas en una literatura universal
(...) La
burguesía, con el rápido perfeccionamiento de todos
los medios de producción, con las facilidades increíbles
de su red de comunicaciones, lleva la civilización hasta a
las naciones más salvajes. El bajo precio de sus mercancías
es la artillería pesada con la que derrumba todas las
murallas de la China, con la que obliga a capitular a las tribus
bárbaras más ariscas en su odio contra el
extranjero. Obliga a todas las naciones a abrazar el régimen
de producción de la burguesía o perecer; las obliga
a implantar en su propio seno la llamada civilización, es
decir, a hacerse burguesas.  Crea un mundo hecho a su imagen
y semejanza»
. Este pasaje no procede de ningún
mundialista iluminado, sino del Manifiesto Comunista ¡escrito
en 1848!5.

¿Revolución
tecnológica? Es cierto que se han desarrollado las
telecomunicaciones, la informática y las redes telemáticas,
que se habla de biotecnología o de células madre; es
verdad que vastas tierras agrícolas sucumben a los encantos
de la especulación inmobiliaria concretada en imponentes
rascacielos, en edificios inteligentes y toda una mansalva
interminable de viviendas ...vacías. Pero esos cambios
“fascinantes” no suponen ningún verdadero
desarrollo sino que más bien se asemejan a los estertores
de una sociedad enferma6.
Por otro lado, ninguno de esos cambios, puede compararse a las
transformaciones radicales que se produjeron en la época
ascendente del capitalismo: « En el
siglo corto que lleva de existencia como clase soberana, la
burguesía ha creado energías productivas mucho más
grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas.
Basta pensar en el sometimiento de las fuerzas naturales por la
mano del hombre, en la maquinaria, en la aplicación de la
química a la industria y la agricultura, en la navegación
de vapor, en los ferrocarriles, en el telégrafo eléctrico,
en la roturación de continentes enteros, en los ríos
abiertos a la navegación, en los nuevos pueblos que
brotaron de la tierra como por ensalmo... ¿Quién, en
los pasados siglos, pudo sospechar siquiera que en el regazo de la
sociedad fecundada por el trabajo del hombre yaciesen soterradas
tantas y tales energías y elementos de producción?»

(Manifiesto Comunista).

El
modo de producción capitalista no se define esencialmente
por las tecnologías, las formas de organización
empresarial o la organización del trabajo... Estas pueden
dar vueltas como un tiovivo, pero no son sino la epidermis que
recubre un mecanismo cuya base son las relaciones de producción
basadas en el trabajo asalariado y la extracción de
plusvalía. Esos mecanismos básicos no han
cambiado en absoluto. Siguen siendo los pilares que sostienen todo
su edificio. PITI, que tanto critica la sociedad del espectáculo,
está siendo víctima de un efecto óptico
típico del capitalismo: frente al rígido inmovilismo
de las sociedades que le precedieron, el capitalismo se presenta
como un espectáculo incesante de cambios que sin embargo
dejan intactos sus fundamentos.

Por
otro lado, esas formas tampoco determinan la dinámica real
del capitalismo. Este busca desesperadamente una masa más
grande de plusvalía y un mercado más amplio a la
medida de sus necesidades de acumulación. Cuando el
capitalismo forma el mercado mundial a principios del siglo XX
esta dinámica inexorable le hace entrar en la época
histórica de decadencia y degeneración que se
prolonga hasta la actualidad adonde vemos la sociedad consumirse
en guerras, barbarie sin fin, crisis y convulsiones económicas,
descomposición ideológica, pudrimiento moral,
totalitarismo estatal etc. Se habla mucho del espejismo de unos
cambios superficiales (tecnología, finanzas, sector
servicios) pero se olvida totalmente ese “cambio” mil
veces más significativo y determinante para las vidas
cotidianas de enormes masas humanas. Ese cambio entre el periodo
ascendente del capitalismo y su etapa decadente que se arrastra a
lo largo del siglo XX nos permite comprender el terrible
sufrimiento, el profundo desamparo, que sufren millones de seres
humanos, nos ayuda a ver la realidad de una sociedad en agonía,
nos da fuerzas y conciencia para luchar por la nueva sociedad. En
cambio, la otra visión, la de los cambios ficticios, nos
ciega con una “modernidad” y un “progreso”
que esconden el terrible infierno sobre el que reposa la vida de
la gran mayoría de la humanidad.

Los muertos que vos
matáis gozan de buena salud

PITI
no es el primero ni será el último en negar el pan y
la sal a la clase obrera. La lucha de la clase obrera jamás
ha seguido un curso regular, progresivo, franqueando escalones
sucesivos. Al contrario, su lucha procede por saltos bruscos y
repentinos, pasa por los largos periodos de apatía y
desesperante inactividad. Comparando la línea de evolución
que siguen las revoluciones burguesas y las revoluciones
proletarias, Marx describe magistralmente la dinámica de la
lucha obrera: «Las revoluciones burguesas, como las del
siglo XVIII, avanzan arrolladoramente de éxito en éxito,
sus efectos dramáticos se atropellan, los hombres y las
cosas parecen iluminados por fuegos de artificio, el éxtasis
es el espíritu de cada día; pero estas revoluciones
son de corta vida, llegan enseguida a su apogeo y una larga
depresión se apodera de la sociedad, antes de haber
aprendido a asimilarse serenamente los resultados de su periodo
impetuoso y agresivo. En cambio, las revoluciones proletarias,
como las del siglo XIX, se critican constantemente a si mismas, se
interrumpen constantemente en su propia marcha, vuelven sobre lo
que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan
concienzuda y cruelmente de las indecisiones, los lados flojos y
de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que solo
derriban al adversario para que éste saque de la tierra
nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente
a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga
inmensidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación
que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas
gritan: Hic Rhodas, hic salta».

La
lucha obrera es así porque corresponde al movimiento de una
clase que es explotada y revolucionaria a la vez. Esto
determina una contradicción que marca su forma de luchar.
Por un lado, está sometida al peso agobiante de la
ideología burguesa y sufre en sus carnes los rigores de la
competencia y la división. En tiempos “normales”
los obreros están atomizados y los instintos de
solidaridad, compañerismo y acción independiente se
ven reprimidos por instintos anti-sociales de pasividad,
individualismo, ilusiones de promoción profesional... Ese
conflicto, esa división, que agobia el alma de los obreros,
solo se resuelve tras una larga y difícil maduración
de la conciencia y la solidaridad–en la que intervienen los
grupos revolucionarios- que acaba cristalizando, no sin enormes
dificultades, en luchas más o menos amplias. «Un
periodo revolucionario resuelve esta dificultad, en apariencia
insoluble, desencadenando en la masa una suma de idealismo que la
vuelve insensible a los sufrimientos más agudos
(...)
En la tempestad revolucionaria, el proletario, el padre de familia
prudente, se transforma en un “revolucionario romántico”
para el cual el bien supremo mismo –la vida- y con mayor
razón el bienestar material tienen poco valor en
comparación con el ideal de lucha»
(Rosa
Luxemburgo, Huelga de masas, partido y sindicatos).

La
mayor parte del tiempo, los obreros aparecen como “padres de
familia prudentes”, solo en periodos donde su combate madura
en luchas masivas se muestran como “revolucionarios
románticos”. No podemos ver la lucha de la clase
obrera como se mira un álbum de fotos. En la mayoría
de las fotos aparecerá con el rictus triste del desánimo
o con el rostro inexpresivo de la pasividad o la desorientación.
Solo en unas pocas se nos mostrará con la sonrisa radiante
de la convicción revolucionaria.

Hablando
de la lucha de astilleros, PITI pregunta: « ¿El
ejemplo de Astilleros..acaso supuso formas autoorganizativas de
construir nuevas formas de poder, de cuestionamiento de la
mundialización, del trabajo asalariado, por ejemplo, o si
una lucha puramente interés sectorial, cuyo objetivo era
sobre todo unas prejubilaciones millonarias?»
.

Es
un vulgar prejuicio acusar a los obreros de astilleros de “luchar
por prejubilaciones millonarias”7.
Es también un error confundir la lucha reivindicativa de la
clase obrera con el planteamiento sindical destinado a ahogarla.
Pero dejemos de lado esas cuestiones. Lo que nos interesa es
comprender el método con el que PITI enjuicia las luchas
obreras. Les exige superar un listón que no lo pasa ni el
más afamado saltador olímpico: pide a cada lucha que
ponga en cuestión el sistema, la mundialización, el
trabajo asalariado, las formas de vida y de consumo... Es evidente
que ninguna lucha obrera del pasado, del presente y del porvenir,
cumplirá tales requisitos. Lo esencial en la lucha del
proletariado no reside en cada uno de sus múltiples
escaramuzas contra la explotación capitalista sino en la
dinámica y la dirección del conjunto de sus
combates.

Las
luchas obreras avanzan muy lentamente y sufren continuas marchas
atrás, son muy modestas en sus objetivos inmediatos de tal
forma que su coherencia revolucionaria solo aparece en su dinámica
de conjunto. PITI argumenta que la clase obrera ha sufrido dos
fracasos históricos (1917 y 1968) y que eso la incapacita
irrevocablemente como sujeto revolucionario. Mientras la lucha
revolucionaria de la burguesía se caracteriza por una
sucesión de éxitos y victorias hasta culminar con el
desalojo más o menos completo de la antigua clase feudal,
la lucha del proletariado se caracteriza por una sucesión
de intentos que, en su mayoría, se saldan con derrotas y
fracasos amargos. Para el proletariado «tan gigantescos
como sus problemas son sus errores. Ningún plan firmemente
elaborado, ningún ritual ortodoxo válido para todos
los tiempos le muestra el camino a seguir. La experiencia
histórica es su único maestro, su Vía
Dolorosa hacia la libertad está jalonada no sólo de
sufrimientos inenarrables sino también de incontables
errores»
(Rosa Luxemburgo: La Crisis de la
Socialdemocracia).

PITI
cree ver 3 razones objetivas que saldarían el fin de la
clase obrera como sujeto revolucionario:


«La clase obrera esta estratificada, ya no hay la
comunidad fabrica
(...) la nueva organización del
trabajo se les aislado, segmentado, y no se puede volver atrás,
volver al antiguo sistema productivo que aglutinaba a los
asalariados en fabrica»


«La clase obrera como la clase burguesa dominante se
pirra por los objetos de consumo de ultima hora, por tener 2
coches o un 2ª lugar de residencia
(...)Burgueses y
obreros desean el bienestarismo mercantil y un estatus y posición
en la jerarquía social
(...)La nueva época
nos ha sometido a un hedonismo mercantil que superas las clases»


«El sistema ha institucionalizado el conflicto obrero y
lo reordena (en esto tiene gran protagonismo las burocracias
sindicales). Esto es una realidad, y el que no lo quiera entender
sujetándose a ciertos dogmas ideológicos, no hace
más que prevalecer su ideología sobre lo que debe
ser un análisis coherente, crítico de la realidad
social»

Empecemos
por la primera: la desaparición del “obrero-fábrica”.
Es cierto que con el desarrollo de la crisis capitalista y el
consiguiente aumento del desempleo muchas fábricas
gigantescas han desaparecido. Es cierto, que este aglutinamiento
de los trabajadores en grandes centros de producción
facilitaba la identificación de sus intereses de clase y la
confianza en su fuerza como clase. Es innegable que muchas luchas
de los años 70 partieron de fábricas-faro que
irradiaban sobre el resto de la clase: en España están
los casos de SEAT en Barcelona, la Standard en Madrid o la Naval
en Bilbao... Es verdad que la producción se ha fragmentado,
deslocalizado, subcontratado. Los procesos de producción
engloban una multitud de unidades dispersas que convergen en un
punto central. La vieja fábrica de automóviles que
concentraba en una unidad productiva gigante todos los procesos
productivos ha sido reemplazada por una multitud de talleres que
suministran a una fábrica núcleo muy reducida y
altamente automatizada. A menudo, en esa fábrica núcleo
trabajan obreros pertenecientes a una multitud de pequeñas
empresas a las que se ha subcontratados operaciones concretas.
Piezas, motores etc., se fabrican en factorías situadas en
China, Chequia, Hungría...

Sin
embargo, nada de eso ha cambiado la identidad de la clase obrera
pues esta no está ligada a la unidad de producción
sino a las relaciones de producción, es decir, al
régimen de trabajo asalariado y al trabajo cooperativo que
la hace productora colectiva de las principales riquezas sociales.
Todo eso no ha cambiado e incluso se ha reforzado pues la división
del trabajo, la cooperación por encima de la empresa se han
acentuado con la mayor integración del proceso productivo.
La relación social que determina el ser de la clase obrera
no cambia con los diferentes estatus del obrero: a lo largo de su
vida el obrero puede ser aprendiz o estudiante, empleado de un
gran fábrica, desempleado, emigrante, subcontratado,
incluso autónomo... Pero no por eso deja de ser obrero
aunque en fases determinadas de su vida –o incluso en toda
su vida- no tenga conciencia de ello.

Veamos
ahora la segunda razón, el consumismo. Poseer una vivienda,
tener un coche y hacerse con una segunda residencia sería
para PITI algo que produciría tal bienestar y placer hasta
el extremo de “superar las clases” (¡!).Es
difícil saber cómo se puede encontrar “hedonismo”
en una jaula de 70-90 metros cuadrados (gracias a la
“socialista” Trujillo quieren reducir el espacio vital
a 30 metros2) situada en un barrio del extrarradio de
la gran ciudad, máxime cuando todos los meses pende sobre
la cuenta bancaria de la familia los plazos a pagar de la
hipoteca. Es más un tormento que un placer8.

Poseer
un coche sería un lujo maravilloso. Dejemos de lado el pago
de los plazos y de las numerosas reparaciones que conlleva. El
capitalismo actual impone una determinada organización del
transporte al trabajo y de muchas actividades de la vida cotidiana
que hacen imposible prescindir del coche por lo que este no es
ningún lujo sino una necesidad imperiosa. Y, una vez más,
el placer que proporciona es sólo apto para masoquistas:
todos los días los automovilistas se ven atrapados en
descomunales atascos para ir a su trabajo alargando en más
de un hora la ya de por sí larga jornada de trabajo. ¡Y
cuando tienes puente o vacaciones lo que te espera son atascos no
menos monumentales!9

Lo
de la segunda residencia, una lata de sardinas en una playa
sobresaturada o un chalet en el quinto pino, resulta sencillamente
patético. En el mejor de los casos es una suerte de
escapatoria efímera de la vida alineada y la atmósfera
irrespirable de la gran ciudad. Algo así como tomar una
bocanada de aire fresco para aceptar mejor el aire asfixiante de
todos los días.

La
raíz del capitalismo no está en el consumo sino en
las relaciones sociales de producción. El consumo es
consecuencia de ellas. Marx decía que no es la misma hambre
la que se sacia comiendo con los dedos que con cuchara y tenedor.
Las diferentes formas de consumo corresponden a grandes rasgos a
diferentes modos de producción y dentro del capitalismo a
la historia, la posición, las tradiciones, de los distintos
países. Esos fabulosos bienes que constituirían la
base del consumismo no constituyen ningún regalo ni ningún
lujo sino que son los elementos imprescindibles para la
reproducción de los obreros en función de una
explotación intensiva y alienante de su fuerza de trabajo.

PITI
insiste en la necesidad de superar esquemas anquilosados y
reconocer la realidad tal cual es. Pues la amarga realidad para
una creciente mayoría de obreros no es el aumento de su
capacidad de consumo sino una constante y amenazante disminución.
¡Y esa es una tendencia claramente definida desde los años
80! Recorte en las pensiones, recorte en las prestaciones
sanitarias y educativas, caída de los salarios, aumento de
los precios, desempleo y precariedad... Esas realidades que
golpean a la clase obrera de carne y hueso configuran un
“consumismo” que consiste para la inmensa mayoría
en apañarse año tras año con-su-mismo
pantalón, con-su-mismo vestido, con-su-mismo coche... PITI
es víctima de la sociedad del espectáculo.
Probablemente se ha creído que lo que refleja la “nueva
realidad” son esos anuncios publicitarios adonde cualquiera
consigue un coche veloz y último modelo y una chica de
ensueño en el mismo paquete...

Abordemos
en fin, la tercera razón, la “institucionalización
del conflicto obrero” a través de los sindicatos.
Aquí PITI confunde a los verdugos con las víctimas.
Los sindicatos son órganos del capital encargados de
dividir, desmovilizar, atomizar, derrotar, las tentativas obreras
de lucha. El Estado capitalista del siglo XX cuenta para enfrentar
las luchas obreras con dos policías. Por un lado, la
policía uniformada armada con porras y mangueras de agua –y
en la recámara balas de verdad-, por otro lado, una policía
sin uniforme, disfrazada con el mono de trabajo y que es tanto más
eficaz por cuanto en sus orígenes fue una creación
de la clase obrera. Que los grandes sindicatos sean un órgano
institucionalizado10
no quiere decir ni mucho menos que la lucha obrera se haya
institucionalizado e integrado. Hasta la primera guerra mundial,
los sindicatos y la clase obrera formaban una unidad, pero desde
entonces, al apoyar los sindicatos la defensa de la Patria y por
tanto la matanza en la guerra imperialista, cada uno milita en
campos opuestos: los sindicatos han sido absorbidos por los
engranajes del Estado capitalista11.

Un viaje atrás
por el túnel del tiempo

Hemos
podido demostrar que los argumentos que PITI sostiene carecen de
la más mínima consistencia. Pero analicemos ahora si
la alternativa que ofrece en positivo lleva a algún sitio.

¿Quién
es el nuevo sujeto revolucionario? «El individuo es el
sujeto revolucionario y en la lucha es necesario juntarse para la
formación de una nueva comunidad de rebeldes: el
proletariado. Esto desmiente las acusaciones de radical-burgueses
y o anarquistas-stirnerianos, porque no somos individuos egoístas
y menos aun intelectuales auto-ilustrados, sino revolucionarios
que creemos comprender la nueva época
(...) Nos
queda el individuo para formar una nueva comunidad de rebeldes,
que haga frente al mundo del mercado. No propugnamos el fin de la
revuelta, sino que la reinventamos».

PITI
insiste mucho en que no hay que quedarse anclados en el pasado, en
que el “sistema de luchas” basado en la “centralidad
obrera” está desfasado y alucina cuando gente como
nosotros sigue apoyándose en ese trasnochado sistema de
lucha. ¿Y qué grandísima novedad nos propone?
¡Pues nada menos que la vuelta al individuo!. Es
revolucionario y pasa a formar parte del “proletariado”
todo individuo que decide incorporarse a la “comunidad de
rebeldes” que preconiza PITI: « No planteamos la
subjetividad única contra el mundo (existencialismo), ni la
unión de egoístas, sino la comunidad de rebeldes,
sin que esto suponga cercenar la libertad individual de cada
individuo "único e irrepetible"»
.

Cualquiera
puede pertenecer a ella, sea obrero, estudiante, burgués o
intelectual.¿Deformamos su pensamiento? «El
proletariado es el conjunto de individuos que independientemente
de su estatus social-clase obrera, clase media, inmigrante, obrero
social, estudiante etc hace frente a sus condiciones, a su
existencia
(...) Para
mi proletario es el individuo explotado que lo sabe y lo hace
frente, independientemente que tenga un status burgués
familiar (por ejemplo) o sea obrero fabrica»
, nos dice.

PITI
vuelve a las viejas tesis que oponen la unión de los
individuos frente a las clases. De hecho, PITI repite varias veces
que está por “la superación de la luchas de
clases” y “la lucha contra las clases y todo tipo de
poder jerárquico”. Por mucho que proteste PITI esto
es interclasismo puro y duro. Bajo el concepto de “proletariado”,
PITI vuelve a reproducir el viejo interclasismo de siempre,
aderezado con dos exigencias: para pertenecer a la comunidad de
rebeldes, pide que se sea “autoconsciente” y se
pertenezca a la categoría del « individuo
desposeído de su espacio-tiempo social por las nuevas
formas de las relaciones capitalistas»
. Esta fórmula
situacionista es lo suficientemente ambigua para que en ella quepa
todo el mundo. ¡Hasta el burgués más existoso
padece el mal de estar desposeído de su espacio-tiempo!

¿Qué
nuevo sistema de luchas nos propone PITI que insiste en la
necesidad de “reinventar” la revuelta y -¡como
no!- en abandonar viejos esquemas?

«Planteamos
la insumisión cotidiana individual, la transformación
individual; pero también la lucha siempre necesaria con
otros»
. ¡Es lamentable que se nos presente como
novedad novísima de la nueva época lo que propugnan
los predicadores cristianos así como numerosos pensadores
cívicos que nos dicen que si la gente no utilizara el
coche, limpiara las cacas de los perros y gastara menos agua en la
ducha se resolvería el problema del medio ambiente!.

Tomando
como modelo la “experiencia argentina” «Los
clubes de trueque, las asambleas, la economía social, las
huertas colectivas, el trabajo libre y autogestionado, comedores
populares, casas de cultura popular y libertaria, el don gratuito
y la libertad creativa cultural han sido recuperados»
.
¡El trueque corresponde a los primitivos estadios del
comercio capitalista! ¡Es lo propio de economía de
pequeños colonos y artesanos que intercambian los productos
mutuamente producidos! PITI nos propone como alternativa volver
siglos atrás la rueda de la historia. En cuanto a la
autogestión de fábricas, la economía social,
el cooperativismo, son medios que suponen que los obreros
organizan su propia explotación, es decir, se autoexplotan,
se organizan ellos mismos para competir en el mercado mundial y
con ello crean las condiciones para que en su propio seno emerja
inevitable e inexorablemente una nueva casta de aspirantes a
burócratas capitalistas12.

Se
trata pues de las mistificaciones más viejas, con más
de un siglo de consecuencias catastróficas para los obreros
y para toda la población oprimida. Sus resultados han sido
división, enfrentamiento, amargura, desmoralización...
Han sido la fórmula “radical” y “alternativa”
que ha preparado el terreno a la explotación y la
deshumanizado capitalista de siempre. Este “reiventar la
revuelta” se parece a la moda en esa sociedad del
espectáculo que tanto critica PITI: los vestidos que nos
presentan cada año como algo nunca visto no son sino el
remiendo de vestidos que hace 20 años habían
presentado como el último grito de la innovación.

Acción
Proletaria 16-5-05

1
Ver en Acción Proletaria nº 181 Hablan de la
autonomía obrera para colar mejor el mensaje del fin del
proletariado

2
Uno de los compañeros que ha intervenido defendiendo una
posición que él mismo la define como
“neosituacionista”

3
Conviene precisar que –como el mismo Marx reconoce en una
famosa carta a Wendermeyer- el marxismo no ha descubierto la lucha
de clases. Mucho antes que Marx ya los materialistas burgueses del
siglo XVIII la habían puesto en evidencia.

4
Es necesario precisar sin embargo que los dos movimientos no son
comparables. 1917-23 fue una oleada revolucionaria mundial. El
proletariado tomó momentáneamente el poder en Rusia y
lo intentó en otros varios países (Alemania, Hungría,
Austria, China, Bulgaria etc.). En cambio, en 1968, pese a las
imponente huelgas masivas que sacudieron numerosos países,
jamás se planteó la cuestión de la ofensiva
revolucionaria y menos aún de la toma del poder.

5
Esta tendencia “mundializadora”
ya se apuntaba claramente con la expansión del capitalismo en
el siglo XIX. Por ello, Marx y Engels la evidencia claramente en el
Manifiesto Comunista. Su culminación tiene lugar a fines del
siglo XIX con la formación plena del mercado mundial. Los
actuales partidarios y detractores de la “mundialización”
descubren con un siglo de retraso lo que los revolucionarios veían
con toda claridad hace 150 años. Sin embargo, ese
“descubrimiento” lo utilizan para ocultar que el
capitalismo está en total decadencia desde hace un siglo y
dar a entender en cambio que sería un sistema en plena
expansión. Por otro lado, su concepto de “mundialización”
es meramente superficial basándose en constataciones sobre la
eliminación de trabas aduaneras, privatizaciones o mecanismos
financieros, cuya existencia o inexistencia no altera para nada la
naturaleza mundial del mercado. Por otra parte, su mensaje más
importante y más engañoso es la idea de que la
mundialización surge a partir de 1989. El capitalismo se
habría vuelto mundial porque sería el único
sistema económico vigente sobre la tierra. Esta idea es
totalmente mistificadora pues da a entender que antes habría
dos sistemas sociales diferentes: el “comunista” de la
URSS y demás satélites y el capitalista de Occidente.
En realidad, lo que había en Rusia y demás, como hemos
demostrado ampliamente, era capitalismo puro y duro. La
propiedad estatal de los medios de producción no significa en
forma alguna “socialismo” sino una forma particular de
la tendencia general al capitalismo de Estado que predomina durante
el siglo XX en todos los países, incluidos los llamados de
“economía liberal”. Ver nuestros documentos
aparecidos en REVISTA INTERNACIONAL números 60 y 61 sobre la
naturaleza de los países del Este europeo y sobre las
características de la propiedad estatal.

6
A los que se dejan deslumbrar por los “fabulosos”
ingenios de la sociedad actual conviene recordarles que los cambios
tecnológicos más espectaculares –aunque no
necesariamente efectivos- y los monumentos más
apabullantes del imperio romano se produjeron en su época de
decadencia y agonía. Lo mismo puede decirse de la sociedad
faraónica egipcia adonde las pirámides y otros
monumentos espectaculares se produjeron, por regla general, en su
etapa de decadencia.

7
Aclaremos que esas “prejubilaciones” no son ningún
regalo sino que permiten, en el mejor de los casos, ingresos de
700-900 € mensuales. Además, los prejubiliados que
tienen hijos en el paro o en la precariedad tienen que mantenerlos
con unos ingresos inferiores a los que tenían cuando estaban
trabajando

8
¡No hablemos de las jóvenes generaciones obreras
actuales para las cuales conseguir una vivienda se ha convertido en
un lujo inaccesible viéndose obligadas a hacinarse junto con
sus padres!. Ver nuestro artículo sobre el problema de la
vivienda en Acción Proletaria nº 176.

9
Se podría argumentar que la solución estaría en
ir andando al trabajo o en no utilizar en coche para vacaciones etc.
Es lo que implícitamente reclama PITI al predicar la
“revolución de la vida cotidiana”. Abordaremos
este punto más adelante.

10
Los pequeños sindicatos o los sindicatos radicales de base no
están tan institucionalizados y sin embargo sabotean la lucha
obrera con tanto o más eficacia que sus rivales mayores.

11
Ver nuestro folleto Los Sindicatos contra la clase obrera.

12
Ver en nuestro libro ESPAÑA 1936: FRANCO Y LA REPUBLICA
MASACRAN A LOS TRABAJADORES el capítulo sobre las
colectividades anarquistas.

Vida de la CCI: 

Corrientes políticas y referencias: