En diciembre de 2012, el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung publicaba en relación a una visita a Grecia:
“En octubre de 2012 el traumatólogo Georg Pier hacía las siguientes observaciones en Grecia: “Muchas mujeres embarazadas corren desesperadas de un hospital a otro. Pero como no tienen ni seguro médico ni dinero suficiente nadie les ayuda a dar a luz. Gente, que hasta hace bien poco formaba parte de las clases medias, recogen restos de fruta y verdura de los cubos de basura.” (…) Un anciano le dice a un periodista que ya no puede costearse los medicamentos para sus problemas cardíaco; su pensión la han reducido en un 50%, como en el caso de muchos otros jubilados. Había trabajado más de 40 años, pensaba que había hecho las cosas bien; ahora no entiende nada. Si se es admitido en un hospital, se deben llevar las sábanas y la comida de casa. Desde que el personal de limpieza fue despedido, los médicos y las enfermeras, con meses de salarios impagados, han empezado a limpiar los aseos. Existe una carencia de guantes desechables y de catéteres. Ante las terribles condiciones higiénicas en algunos sitios, la Unión Europea avisa del peligro de la extensión de enfermedades infecciosas” (FAZ, 15-12-12).
Las mismas conclusiones extrae Marc Sprenger, responsable del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades. El pasado 6 de diciembre alertaba del colapso, en Grecia, del sistema sanitario y de las más básicas medidas higiénicas; añadiendo que esta situación podría llevar a pandemias en toda Europa. Existe una escasez de guantes, batas desechables, antisépticos, algodón, catéteres y de papel para cubrir las camillas. Los pacientes con enfermedades altamente infecciosas, como la tuberculosis, no están recibiendo el tratamiento adecuado por lo que el riesgo de propagación de bacterias y virus resistentes está aumentando en Europa.
En el siglo XIX muchos pacientes, con cifras de hasta una tercera parte de ellos, morían debido a la falta de higiene en los hospitales, especialmente las mujeres durante el parto. Esta situación de permanente riesgo podía explicarse en buena medida por la ignorancia: muchos médicos no se lavaban las manos antes de tratar u operar a los pacientes y utilizaban a menudo la misma bata quirúrgica de paciente a paciente. Los descubrimientos en materia de higiene por hombres como Semmelweis o Lister significaron un gran avance, de tal manera que las nuevas medidas de higiene y los descubrimientos en relación a la trasmisión de gérmenes hicieron posible una gran reducción del peligro de infecciones en los hospitales. En la actualidad, el uso de guantes y demás material sanitario desechable es una práctica común en la medicina moderna.
Pero mientras en el siglo XIX la ignorancia era una explicación aceptable para la alta mortalidad, los peligros que están apareciendo en los hospitales de la Grecia actual no son una manifestación de ignorancia, sino la expresión de la amenaza que, para la supervivencia de la humanidad, representa un modo de producción obsoleto y en bancarrota.
Si en la actualidad, la población de lo que fue antiguamente centro de la civilización humana se encuentra tan amenazada por la escasez de recursos en los hospitales, que ya ni siquiera son capaces de comprar guantes desechables; si mujeres embarazadas buscando asistencia en hospitales son rechazadas porque no disponen de dinero ni de seguro médico, si las personas con enfermedades cardíacas ya no son capaces de comprar medicamentos..., de lo que estamos hablando es de una amenaza para la salud. Si en un hospital, el personal de limpieza, que es clave en el mantenimiento de las condiciones higiénicas, es despedido y médicos y enfermeras, que llevan sin cobrar meses, tienen que hacer las tareas de limpieza, se aprecia claramente de qué forma tiene lugar la “regeneración” de la economía; el término que la clase dominante utiliza para justificar sus ataques brutales contra todos nosotros, “la “regeneración” de la economía”, resulta ser ¡una amenaza de muerte!
Tras el año 1989, la esperanza de vida en Rusia cayó cinco años no solo a causa del colapso del sistema sanitario sino también como consecuencia del incremento del consumo de alcohol y drogas. Hoy, no es sólo el sistema de salud griego el que está siendo desmantelado paso a paso o simplemente eliminado; en otro país en bancarrota, España por ejemplo, el sistema sanitario también está siendo demolido. En Barcelona, así como en otras grandes y pequeñas ciudades, las urgencias, en algunos casos, sólo se abren durante ciertas horas, ¡para ahorrar costes! En España, Portugal y Grecia muchas farmacias ya no reciben algunos fármacos vitales. La compañía farmacéutica alemana Merck, no suministra ya el medicamento anticancerígeno Erbitux en los hospitales griegos. Biotest, empresa que vende plasma sanguíneo para el tratamiento de la hemofilia y el tétanos, ya cortó el suministro de sus productos el pasado junio debido a facturas impagadas.
Hasta la actualidad, estas desastrosas condiciones médicas eran asociadas principalmente con países africanos o zonas de guerra; pero ahora, la crisis en los antiguos países industriales ha llevado a una situación donde sectores vitales, como el sanitario, son cada vez más y más sacrificados en el altar del beneficio. El tratamiento médico ya no se basa en lo que es posible técnicamente: ¡el tratamiento está disponible únicamente para quienes pueden pagarlo! ([1]).
Este proceso muestra que la brecha entre lo que técnicamente es posible y la realidad de este sistema está creciendo por momentos. Cuanto más se erosionan las condiciones higiénicas, mayor es el peligro de epidemias incontrolables. Tenemos que recordar la epidemia de la llamada “gripe española”, que se extendió por Europa al final de la Primera Guerra mundial, dejando 20 millones de muertos. La guerra, con su reguero de hambre y miseria, preparó las condiciones para la epidemia. En la Europa actual, es la crisis la que juega este papel. En Grecia, en el último cuatrimestre de 2012, la tasa de desempleo alcanzaba el 25%, el paro en los menores de 25 años es del 57%, la cifra alcanza el 65% en las mujeres. Todas las previsiones apuntan a un incremento mucho mayor del desempleo: hasta un 40% en 2015. La pauperización que implica esta situación está significando que actualmente barrios enteros hayan sido privados de calefacción por falta de pago. Para intentar no congelarse durante el invierno, muchas familias están comenzando a cortar madera ilegalmente de los bosques cercanos o a usar pequeños calefactores. En la primavera de 2012 un hombre de 77 años se pegó un tiro delante del parlamento en Atenas. Antes de suicidarse, dicen los testigos que gritó: “No quiero dejarles deudas a mis hijos”. La tasa de suicidios en Grecia se ha doblado en los últimos tres años.
Junto con el estrecho de Gibraltar en España y Lampedusa y Sicilia en Italia, Grecia es el principal punto de entrada de inmigrantes que tratan de huir de zonas devastadas por la guerra y la pobreza en África y Oriente Medio. El gobierno griego ha instalado una valla enorme a lo largo de la frontera turca y construido enormes centros de internamiento para inmigrantes, en los que más de 55 mil “ilegales” fueron internados en 2011. Los partidos derechistas tratan de crear una ambiente de pogromo contra los inmigrantes, culpándolos de importar “enfermedades extranjeras” y de usar los recursos que pertenecerían “a los griegos”. Pero la miseria, que empuja a millones de personas a escapar de sus países de origen y que ya puede verse acechando en los hospitales y calles de Europa, tiene el mismo origen: un sistema social que se ha convertido en una barrera a todo progreso humano.
Dionis 4/1/13
[1]) En “países emergentes”, como la India, se están abriendo cada vez más hospitales privados, accesibles solo a los ricos pacientes indios y a los que vienen de otros países. Los precios de los tratamientos son extremadamente elevados para la mayoría de la población. A su vez, muchos pacientes extranjeros llegan a los hospitales privados indios como “turistas sanitarios” al no poder permitirse pagar los tratamientos “en casa”.
El deporte representa desde hace ya mucho tiempo, un fenómeno que nadie puede ignorar debido a su amplitud cultural y su lugar en la sociedad. Fenómeno de masas, nos es impuesto a través de los tentáculos de muchas instituciones y de un golpeteo ideológico permanente por parte de los medios de comunicación. ¿Qué significado le podemos dar desde el punto de vista del análisis histórico y de la clase obrera?
En este primer artículo de la serie vamos a intentar dar algunas respuestas apoyándonos sobre los orígenes y la función del deporte en la sociedad capitalista ascendente.
La palabra “deporte” (sport) es un término de origen inglés heredado de los juegos populares y de los entretenimientos aristocráticos. Nació en Inglaterra con el comienzo de la gran industria capitalista.
El deporte moderno difiere notablemente de los juegos, entretenimientos y ejercicios físicos del pasado. Si heredó esas prácticas, fue para orientarse exclusivamente hacia la competencia: “Ha sido necesario que el desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas sea suficientemente importante para que la idea abstracta de rendimiento aparezca de la masa de trabajos concretos (...) de igual forma tuvo que haber un largo desarrollo de las prácticas físicas competitivas para que surgiera poco a poco la idea de la competencia física generalizada” ([1]). La equitación de la nobleza dará lugar a las carreras de caballos. También fue en ocasión de una carrera que se inventó el cronómetro en 1831. Desde 1750, el Jockey Club de Inglaterra promovió muchas carreras de caballos que continuaron desarrollándose. Sucedió lo mismo con las carreras de atletas y los otros deportes. La soule era un juego popular en el que se empleaba una vejiga de cerdo llena heno o una pelota de tela, madera o cuero. El fin era llevar la pelota al lugar indicado, entre peleas encarnizadas, atravesando prados, bosques, villas o estanques. Este popular juego dará origen a los partidos de fútbol (1848 en Cambridge y a la asociación de futbol en 1863), el juego de pelota con la palma de la mano y transformado más tarde, dará origen al primer torneo de tenis en 1876, etc. En resumen, todas las nuevas disciplinas fueron orientadas a la competencia: “el deporte se liberará así, poco a poco, de este confuso y complejo caos de gestos naturales para formar un cuerpo coherente y codificado de técnicas altamente especializadas y racionalizadas, adaptadas al modo de producción capitalista industrial” ([2]). De la misma manera que el trabajo asalariado está vinculado a la producción en la sociedad capitalista, el deporte va a encarnar la “materialización abstracta del rendimiento corporal” ([3]).
Muy rápidamente, la búsqueda de rendimiento, de los récords, acompañados de apuestas y peleas va a alimentar una variedad de actividades deportivas, de las cuales mucha gente gozará ya que se convertirán en un entretenimiento popular que permite olvidar momentáneamente la fábrica. Este será el caso, por ejemplo, del ciclismo con el Tour de Francia (una especie de “fiesta gratuita”) en 1903, del boxeo, del fútbol, etc. Junto al desarrollo del sistema capitalista, del transporte y de las comunicaciones, el deporte creció en Europa y en el resto del mundo. La extensión e institucionalización del deporte, el nacimiento y multiplicación de federaciones nacionales coincidirán con el apogeo del sistema capitalista en la década de 1860, pero especialmente en las últimas décadas del siglo XIX y principios del siglo XX. Es en este momento que el deporte se va a internacionalizar realmente. El fútbol por ejemplo, fue introducido en Sudamérica por los obreros europeos que llegaron a trabajar en las líneas de ferrocarril. Por otra parte, el primer grupo deportivo internacional fue la Unión Internacional de Carreras de Yates en 1875. Luego prosperaron otros: el Club Internacional de Salto en 1878, la Federación Internacional de Gimnasia en 1881, el de remo y patinaje en 1892, etc. El COI (Comité Olímpico Internacional) será fundado en 1894, la FIFA (Federación Internacional de Fútbol) en 1904. Es decir, la mayor parte de los organismos internacionales se formarán antes de 1914.
Al contrario de la opinión oficial, la versión capitalista del deporte no representa una simple “continuidad” con los juegos antiguos. Las Olimpiadas de los griegos no se basaban, absolutamente, en la idea del récord o la obsesión por la actuación y el cronómetro. Si bien existía confrontación entre los oponentes, era parte de un ritual religioso y de mitos que no tienen nada tienen que ver con el universo material e ideológico de los juegos contemporáneos, aún cuando el aspecto militar, la guerra entre ciudades, el uso de drogas y la dimensión mercantil ya estaban presentes. Los juegos olímpicos, como los de París en 1900 o Londres en 1908 son ya verdaderas ferias comerciales. Pero sobre todo, estos juegos se inscriben en un contexto creciente de tensiones guerreras y contribuyen a alimentar el ambiente nacionalista. ¡La institución de los Juegos Olímpicos creada en 1896, como continuación de la tradición de la antigua Grecia liberando a los esclavos, que debería coincidir con el ideal democrático de Pierre de Coubertin y su famoso adagio, “lo esencial es participar”, es sólo una farsa! Estos juegos modernos fueron reactivados para difundir la histeria chauvinista, el militarismo, pues se encuentran enmarcados en el ambiente de la alienación capitalista donde todo reposa sobre el elitismo y las relaciones de dominación ligados a la producción de mercancías.
A principios del siglo XIX, el deporte era una práctica reservada exclusivamente para la élite de la clase burguesa, especialmente para los jóvenes educados en el medio universitario. Es una oportunidad para los burgueses de mostrarse, divertirse y rivalizar permitiendo al mismo tiempo a las mujeres lucir con ostentación sus nuevos retretes. Es la época de las grandes citas en los hipódromos, de los grandes lugares de canotaje, de los primeros deportes de invierno como Chamonix, de los clubs de golf que se multiplican. Estos clubes que se crean, por lo tanto, están reservados a una burguesía que prohíbe el acceso a los obreros ([4]).
Debido a las condiciones de la explotación capitalista, a principios del siglo XIX, los trabajadores no tienen ni los medios ni el tiempo para el deporte. La explotación total en la fábrica o las minas y la miserable vida diaria apenas permiten la reconstrucción de la fuerza de trabajo. Incluso los niños de la clase obrera, abatidos por el raquitismo deben sacrificarse en la fábrica desde la edad de 6 o 7 años. La jornada de 10 horas se establecerá hasta 1900 y el día de descanso se obtendrá en 1906.
Un reto de la lucha clases para los obreros
En un primer momento, el movimiento obrero manifestó cierta desconfianza y distancia hacia la práctica deportiva de los burgueses. Pero en su voluntad de constituirse en clase autónoma y de desarrollar las luchas reivindicativas y las reformas sociales, los trabajadores lograron arrebatar a los capitalistas las actividades deportivas que antes les eran prohibidas e inaccesibles.
El deporte de los obreros nace realmente tímidamente, antes de formar oficialmente clubes y federaciones deportivas obreras obtenidos por grandes luchas ([5]). Al principio, toda aglomeración a la salida de la fábrica, incluso reducida, era ilegal. Los juegos populares en la vía pública corrían el riesgo de desembocar en trastornos, como el juego de la “soule”, y fueron prohibidos por las autoridades (Acta de carreteras británica en 1835). El más mínimo intento de juego era visto como “peligroso” y sospechoso a los ojos de los patronos. La policía lo consideraba una “alteración del orden público”. Inicialmente confinado en un espacio cerrado y discreto, el deporte de los trabajadores nace bajo la esfera de influencia de los sindicatos y se desarrolla hasta la época victoriana. En los barrios obreros, un deporte informal se inscribía, por tanto, en todo un ambiente, una cultura, una socialización fundada sobre la pertenencia de clase. La actividad física se sentía como una necesidad que alimentaba los lazos sociales, la necesidad de estar juntos.
En cierta forma, los trabajadores asociaban la actividad deportiva con el espíritu fraternal que le dio nacimiento, con la solidaridad y la asistencia mutua. Así, sobre estas bases, desde la década de 1890, los clubes obreros se multiplican (fútbol o ciclismo) y se desarrollarán más tarde en los barrios “rojos”. Se trata ahora para los trabajadores que se constituyen en clase autónoma, de encontrar una oportunidad para luchar contra el embrutecimiento en el trabajo, unirse para educar y desarrollar su conciencia por la actividad política y la propaganda. Así, en Francia, desde su creación en 1907, la Unión Deportiva Socialista afirma la necesidad de “hacerse conocer (...) por el partido, organizando festivales deportivos y participando en los diversos eventos atléticos a los que se convoque”. La Federación Deportiva Atlética Socialista, subrayó al año siguiente: “queremos crear centros de distracción al alcance de la clase obrera que se desarrollen junto al partido y que sean (...) centros de propaganda y reclutamiento” ([6]). A través de las actividades deportivas, los militantes de la clase obrera son conscientes de permitir al mismo tiempo una lucha preventiva contra los efectos nocivos del alcohol y los estragos de la delincuencia. En su plataforma, el USPS (Unión Deportiva del Partido Socialista) por ejemplo destacó la necesidad de “desarrollar la fuerza muscular y purificar los pulmones de la juventud proletaria, dar a los jóvenes entretenimiento sano y agradable, lo cual será un paliativo al alcoholismo y a las malas compañías, atraer hacia el partido a los jóvenes camaradas (...) desarrollar el espíritu de asociación y organización entre los jóvenes socialistas” ([7]).
En Alemania, estas mismas preocupaciones fueron compartidas entre los años 1890 y 1914 por el muy influyente Partido Socialdemócrata (SPD), que participaba en la educación de las masas de trabajadores apoyando la constitución de clubes y federaciones deportivas además de las estructuras sindicales y las bolsas de trabajo. Así, en 1893, nace “La Unión de Gimnasia de los Trabajadores” y proporciona un contrapeso al nacionalismo ambiente. En aras de la unidad y del internacionalismo, los trabajadores llegaron incluso a plantear la necesidad de crear una “Internacional Socialista de Cultura Física” en Bélgica, en 1913.
Ante las iniciativas de la clase obrera, la burguesía no podía permanecer con los brazos cruzados y trató de atraer a los trabajadores a sus propias estructuras, especialmente a los más jóvenes. El movimiento obrero era completamente consciente de esto, como demuestra en Francia un artículo de L´humanité en 1908: “… los otros partidos políticos, especialmente los de la reacción, buscaban por todos los medios atraer a los jóvenes mediante la creación de patrocinios donde el atletismo tiene un lugar importante” ([8]).
Para los patrones, con una actitud paternalista, recuperar la actividad física de los obreros para desviarla hacia su propio beneficio se convirtió rápidamente una gran preocupación, especialmente en la gran industria. El mismo barón Pierre de Coubertin estaba angustiado por la idea de un “deporte socialista”. Por lo tanto, el deporte se transformó una de las principales herramientas disponibles para restablecer la sumisión al orden establecido. Es así que los patrones crearon clubes donde los trabajadores fueron invitados a participar. Los clubes de las minas en Inglaterra, por ejemplo, permitían estimular el espíritu de competencia entre los trabajadores, evitar discusiones políticas y contribuyó a romper huelgas desde el inicio. Con este mismo espíritu, los patrones en Francia desarrollaron clubes, como el de ciclismo de las empresas de Lyon (1886), el de fútbol de Bon Marché (1887), el Omnisport Club de las fábricas de automóviles de Panhard-Levassor (1909). Está también el caso de Peugeot, en Sochaux, en Clermont-Ferrand con el Stade Michelin (1911), etc.: clubes destinados al control social, una forma de espiar a los trabajadores. Tomemos por ejemplo al director de las minas de Saint-Gobain: “… quien escribía en los registros de su compañía quién estaba presente, las actitudes durante la gimnasia y las opiniones políticas”. En el mismo espíritu, el fundador del Racing Club de París en 1897, Georges de Saint Clair, pensaba que era importante mantener ocupados en los deportes a los jóvenes en lugar de “… dejarlos ir a las tabernas, donde se ocupan de política y en fomentar huelgas” ([9]).
Más fundamentalmente, y en un marco codificado, el deporte permitía al cuerpo de trabajadores convertirse más fácilmente en un apéndice de la máquina y de las tecnologías emergentes. El cuerpo del atleta como el del trabajador, era, en cierta forma, mecanizado, fragmentado, como en varios movimientos e entrenamiento. Era la imagen especular de la división del trabajo y de los movimientos realizados dentro de la fábrica. La energía del atleta era como la fuerza de trabajo en la fábrica; dividida por disciplina, y sometida al ritmo del trabajo industrial: “La competencia… presupone que el trabajo ha sido ecualizado por la subordinación del hombre a la máquina o por la extrema división del trabajo en el que los hombres son borrados por su trabajo; que el péndulo del reloj se ha convertido en la medida exacta de la actividad relativa de dos trabajadores como lo es la velocidad de dos locomotoras. Por tanto, no deberíamos decir que una hora de un hombre vale una hora de otro hombre, sino más bien, que un hombre durando una hora vale tanto como otro hombre durando una hora. El tiempo lo es todo, el hombre no es nada; por lo mucho es el esqueleto del tiempo” ([10]). El deporte moderno contribuye plenamente en la transformación del humano en un “esqueleto”, en una máquina para romper records. Permite al patrón ejercer presión sobre el trabajador que, al mismo tiempo, intensifica la disciplina que tiende a hacerlo más dócil y maleable al trabajo forzado. El movimiento obrero fue capaz de revelar y denunciar esta realidad capitalista del deporte. Lo haría, por ejemplo, a propósito del fútbol inglés (profesional desde 1885) que ya se ha transformado en una empresa comercial. La situación de los jugadores era considerada inaceptable y fue comparada a un tipo de esclavismo ([11]).
El deporte, en tanto que engranaje de la sociedad capitalista, fue también uno de los medios privilegiados de la clase dominante para desarrollar el patriotismo, el nacionalismo y la disciplina militar en las filas obreras. Es lo que mencionamos en relación a los primeros Juegos Olímpicos. Si, al margen, se desarrolló una corriente que buscaba la salud –bajo el impulso, por ejemplo, del Dr. Tissié (1852-1935)– preocupada por el bienestar de la población y más o menos relacionada con la eugenesia, el deporte sobre todo fue usado para reforzar el espíritu patriótico y para preparar la guerra. En Alemania Ludwig Jahn fundó en 1811 el Turplatz (Club de gimnastas) con un marcado espíritu patriótico y militar. Logró crear clandestinamente un verdadero ejército de reserva destinado a burlar la limitación de efectivos militares impuesto por el Estado francés. En los años 1860, las instituciones escolares militarizaron la gimnasia e inculcaron “el orden y la disciplina” (zucht und ordnung).
En Francia, sucede lo mismo con una cultura militar chauvinista. La Unión de Sociedades de Gimnasia de Francia fue creada en 1873. Y no es por azar que se desarrollara al mismo tiempo el tiro como disciplina complementaria (La Unión de Sociedades de Tiro fue fundada en Francia en 1886). El 26 de junio de 1871, Gambetta declaraba: “Deberíamos tener en todas partes, al gimnasta y al soldado” para realizar “la labor de los patriotas” ([12]).
Después de la derrota de Sedán y la anexión de Alsacia-Lorena, la burguesía francesa preparó su “venganza”. La gimnasia entró a las escuelas a través de La ley del 27 de enero de 1880. El famoso Jules Ferry va a ser un gran promotor de la educación militar para los jóvenes hijos de los trabajadores. Desde julio de 1881, las autoridades parisinas organizaron a los alumnos de las escuelas municipales de niños en “batallones escolares”. Cuatro “batallones” equipados (con uniformes azul marino y boinas de la flota) y armados hicieron maniobras en el bulevar Arago rodeados por un “Batallón del ejército territorial” y cuatro profesores de gimnasia. El 6 de julio de 1882, después del decreto para legalizar estas prácticas, Jules Ferry se dirigió a los niños de la siguiente manera: “Bajo la apariencia de algo divertido, ustedes están cumpliendo un papel profundamente serio. Ustedes están trabajando para la fuerza militar de mañana” ([13]).
Esta “fuerza militar del futuro” con todas las formas de deporte, es la que sirvió de carne a cañón en la gran matanza de 1914 y llevó al director de “El auto”, Henri Desgranges, declarar el 05 de agosto de 1914 con ligereza y cinismo: “Todas nuestras pequeñas tropas que actualmente están en la frontera para defender el suelo patrio no hacen más que revivir el sentimiento adversario de la competencias internacionales?” ([14]).
Durante las masacres, podemos recordar un episodio que estuvo por mucho tiempo en el olvido y puesto en escena por el filme “Feliz Navidad”: el de un partido de fútbol improvisado en la tierra de nadie del frente, entre soldados alemanes e ingleses que estaban tratando de fraternizar. Estos soldados fueron deportados y reprimidos brutalmente: ¡Este tipo de deporte es el que la burguesía y sus funcionarios no quieren¡ La única “contribución” del deporte a esta guerra monstruosa fue la importación del voleibol y del baloncesto por la tropas norteamericanas en 1917. Una muy pobre “consolación” ante más de 10 millones de muertos.
WH, 29 de octubre de 2012.
Pronto estará lista la segunda parte de esta serie: "El deporte en el capitalismo decadente; de 1914 hasta la actualidad".
[1] J.-M. Brohm, Sociología política del deporte, 1976, nueva edición, Nancy, P.U.N., 1992.
[2] Idem.
[3] Idem.
[4] Y luego habrá una división de clases en la elección y la práctica del deporte. En la disciplina del cricket se encuentra una división para escoger los puestos: así, el bateador era siempre de clase social elevada, mientras que el lanzador y los que recogían las pelotas eran de las clases populares.
[5] Pierre Arnaud, Los orígenes del deporte obrero en Europa, L'Harmattan de 1994.
[6] El socialista, no. 208, 9-16/05/1909.
[7] P. Clastres y P. Dietschy, Deporte, sociedad y cultura en Francia, Hachette Carré Histoire.
[8] Idem.
[9] Idem.
[10] Karl Marx, Miseria de la filosofía.
[11] El Socialista de 8-15/12/1907. http: //chrhc.revues.org/1592#tocto2n1 [2]
[12] ht [3]tp: //books.google.fr/books [3].
[13] P. Clastres y P. Dietschy, op. cit.
[14] J.-M. Brohm, op. cit.
Cuando las pretendidas “revoluciones árabes” cumplen su segundo aniversario, los disturbios y las manifestaciones masivas que están teniendo lugar estas últimas semanas en Egipto y Túnez recuerdan al mundo entero que la marcha de los dictadores Ben Ali y Moubarak no ha cambiado nada. Muy al contrario, la situación económica, con su cortejo de paro creciente, de miseria y de ataques anti-obreros, se ha agravado. Y el autoritarismo reinante, con la represión violenta que cae sobre las manifestaciones, no tiene nada que envidiar a la existente con anterioridad.
Túnez, donde la inmolación del joven Mohammed Bouazizi supuso el desencadenante de la “Primavera árabe”, atraviesa una crisis social, económica y política. La tasa de desempleo oficial es del 17 %, y las huelgas se multiplican en numerosos sectores desde hace meses. La cólera, que se ha manifestado de una forma abierta y masiva en numerosas ciudades del país, no ha explotado en un cielo despejado. Ya en diciembre jóvenes parados se enfrentan violentamente a la policía en la ciudad de Siliana, en protesta contra el programa de austeridad anunciado por el presidente Moncel Marzouki, provocando manifestaciones de solidaridad contra la represión y dejando 300 heridos, varios por cartuchos de perdigones, en varias ciudades y en la capital. El presidente tunecino declaraba en relación a la creciente tensión social: “No tenemos una única Siliana. Temo que la situación se reproduzca en varias regiones”. Y fue el asesinato del opositor laico Chkri Belaïd lo que ha empujado de nuevo a la población a la calle. 50 mil personas presentes en el cortejo fúnebre llamaron a “una nueva revolución” y reclamaron “Pan, libertad y justicia social”, eslogan principal en 2011. En una docena de ciudades, a parte de puestos de policía y una comisaría en el centro de Túnez, los locales del partido islamista Ennhada en el poder son atacados, desplegándose el ejército ante las manifestaciones masivas en Sidi Bouzid, desde donde había comenzado la “Revolución de jazmín” hace dos años.
Para calmar la situación y recuperar el movimiento, el sindicato UGTT (Unión General Tunecina del Trabajo) llama a una huelga general, la primera en 35 años en Túnez, mientras que el gobierno organiza un simulacro de cambio en el gobierno a la espera de las elecciones legislativas de junio. En este momento la tensión parece haber disminuido, pero es evidente que la ira de la población va a continuar rugiendo en la medida que la promesa de un préstamo por parte del FMI va a implicar nuevas y drásticas medidas de austeridad.
En Egipto, la situación no es mucho mejor. El país se encuentra en suspensión de pagos. El pasado octubre el Banco mundial publicó un informe en el que expresaba su “inquietud” ante la multiplicación de las huelgas, con un récord de 300 sólo en la primera mitad de septiembre. El fin de año fue testigo del desarrollo de numerosas manifestaciones anti-gubernamentales, en particular en relación al referéndum organizado por los Hermanos Musulmanes con el fin de legitimar su poder, pero es a partir del 25 de enero, segundo aniversario del estallido de la “revolución egipcia”, que las protestas aumentan. Día tras día miles de manifestantes denuncian las condiciones de vida impuestas por el nuevo gobierno y piden la marcha de Morsi.
Pero ha sido la cólera frente a la represión lo que ha añadido la leña al fuego. El anuncio el 26 de enero de la condena a muerte de 21 seguidores del club de fútbol al-Masry de Port-Saïd implicados en los sucesos dramáticos tras un partido el 1 de febrero de 2012 ([1]), donde 77 personas encontraron la muerte, ha sido el pretexto para esta explosión de violencia. Las manifestaciones pacíficas a las cuales había llamado el Frente de Salvación Nacional, la principal fuerza de oposición, dieron lugar a escenas de guerrilla urbana. La tarde-noche del 1 de febrero, en la plaza Tahrir y frente al palacio presidencial, miles de manifestantes se enzarzan en duras batallas con las fuerzas del orden. El 2 de febrero varios miles de manifestantes tiran piedras y cócteles molotov contra el edificio presidencial. En una semana los disturbios, violentamente reprimidos, se saldan con más de 60 muertos, 40 sólo en Port-Saïd. La grabación de un video mostrando a un hombre desnudo apaleado por policías no hace otra cosa que avivar la ya importante cólera. Pese al toque de queda declarado por el régimen se producen manifestaciones en tres ciudades situadas en el canal de Suez. Un manifestante declara: “Estamos protestando porque nadie puede imponernos su palabra (…) no nos sometemos al gobierno”.
En la ciudad de Ismaïlia, además de manifestaciones, se organizan partidos de fútbol para desafiar el toque de queda, y la sede de los Hermanos musulmanes es incendiada.
Ante la amplitud y la rabia expresada en el movimiento, los policías, temiendo por su seguridad, se manifiestan en diez provincias el 12 de febrero para pedirle al gobierno que ¡no los utilice como un instrumento de represión ante los trastornos que sacuden al país! Ya en diciembre un número de ellos se habían negado a enfrentarse a los manifestantes en El Cairo, declarándose oportunamente “solidarios” con estos últimos.
Los eslóganes que pueden escucharse en todas las manifestaciones son: “¡Ennahda, lárgate!” y “¡Morsi, lárgate!” como hace dos años se oía “¡Ben Ali, lárgate!” y “¡Moubarak, lárgate!”. Pero si en 2011 era un momento de esperanza en el cambio, del comienzo de un camino hacia la libertad “democrática”, en 2013 lo que prima es el desencanto y la cólera. Sin embargo, en el fondo, aparece siempre la misma ilusión democrática, fuertemente anclada en el espíritu de la gente. Lo que se alimenta también por toda la monserga ideológica que presenta al fanatismo religioso como el gran responsable de la represión y los asesinatos, ocultando de hecho la continuidad del aparato represivo de la burguesía. Es lo que se ha visto de forma evidente tanto en Egipto como en Túnez, donde el poder ha reprimido sin miramientos, impotente hasta entonces frente a las huelgas obreras; las ilusiones se pagan y se pagarán todavía más en baños de sangre. Tras la marcha de los dictadores “laicos” han llegado los dirigentes religiosos, que tratan de imponer “democráticamente” otra dictadura, la de la sharia, sobre la que se dirigen las miradas, pero en realidad se trata de la misma: la dictadura de la burguesía y su Estado sobre la población; la de la explotación brutal de la clase trabajadora ([2]).
La misma cuestión se plantea en lo que respecta a la creencia en la posibilidad de “cambio” eligiendo tal o cual camarilla de la burguesía. Como ya hemos visto de nuevo recientemente, estas ilusiones preparan el terreno a la represión y a la explosión de la violencia estatal. Esto es especialmente cierto en países dirigidos durante décadas por fracciones burguesas atrasadas, mantenidas por los países desarrollados, y que no poseen ningún recambio que represente una perspectiva viable, salvo la segura continuidad de las masacres de la población.
No hay más que ver el estado de deterioro de las coaliciones en el poder en los dos países, en continuo proceso de acuerdo-ruptura, sin ser capaces de diseñar un programa económico minimamente creíble, la velocidad con la que la situación de pobreza se generaliza y acelera, con una crisis agraria y alimentaria sin precedentes. Y no es que los dirigentes sean más estúpidos que en otros sitios, sino que se pone de manifiesto el completo impasse en el que se encuentra la burguesía de estos países, sin ningún margen de maniobra, reflejo de toda la burguesía mundial y de un sistema capitalista en su conjunto que no tiene nada que ofrecer a la humanidad.
“El pueblo quiere otra revolución” gritaban los jóvenes desempleados de Siliana. Pero si “revolución” quiere decir cambio de gobierno o de régimen, y ser sometidos por los nuevos caciques; o si significa centrarse en combates callejeros y enfrentamientos con tal o cual fracción burguesa, desorganizados frente a asesinos profesionales armados por las grandes potencias, ya no hablamos de engañifa, sino de suicidio.
Es significativo el hecho de que, si las poblaciones egipcias y tunecinas han levantado de nuevo la cabeza, es porque en su seno existe un fuerte componente obrero, que se expresó claramente en 2011 a través de multitud de huelgas. Pero precisamente a este sector es necesario recordarle que no se deje atrapar por todas las ilusiones inoculadas por los anti-islamistas y/o por los pro o anti-liberales de todo pelaje. La continuación de las huelgas demuestra en efecto el potencial del proletariado en la defensa de sus condiciones de vida y trabajo, y es necesario saludar su inmenso coraje.
Pero las luchas no podrán ofrecer una perspectiva real en la medida que se mantengan aisladas. En 1979 en Irán asistimos a toda una serie de revueltas y huelgas obreras que demostraron la fuerza del proletariado pero que, encerrado en un marco nacional falto de perspectivas y con una maduración insuficiente de las luchas obreras a nivel mundial, fueron asfixiadas por las ilusiones democráticas y atrapadas en el corsé del enfrentamiento entre clanes burgueses. Es el proletariado occidental, por su experiencia y concentración, quien posee la responsabilidad de presentar una verdadera perspectiva revolucionaria. Los movimientos de los “Indignados” en España y de “Occupy” en EEUU y Reino Unido se han presentado de forma explícita en continuidad con los movimientos de Túnez y Egipto, en su inmenso coraje e increíble determinación ([3]). El grito lanzado por la “primavera árabe”, “No tenemos miedo”, debe ser efectivamente una fuente de inspiración para todo el proletariado mundial. Pero únicamente el faro de la afirmación de las asambleas obreras en el corazón mismo del capitalismo, erigidas frente a los ataques de un capitalismo en crisis, puede ofrecer una alternativa que permita realmente el derrocamiento de este mundo de explotación que nos hunde de forma cada vez más profunda en la miseria y la barbarie.
Es necesario que la clase obrera no minimice el peso real que posee en la sociedad, de su lugar en la producción, pero también, y sobre todo, de lo que ella representa como perspectiva para toda la sociedad y por el futuro del mundo. En este sentido, si los obreros de Egipto y de Túnez no deben dejarse engañar por los cantos de sirena de la ideología burguesa democrática, es responsabilidad de los de los países centrales de mostrarles el camino. Es en Europa particularmente donde los proletarios poseen más experiencia en la confrontación con la democracia burguesa y con el arsenal de trampas sofisticadas que posee. Deben por tanto recoger los frutos de esta experiencia histórica y de elevar su conciencia a un nivel mucho más alto que el actual. Desarrollando sus propias luchas, en tanto que clase revolucionaria, serán capaces de romper el aislamiento actual de las luchas desesperadas que sacuden numerosas regiones a lo largo del planeta y restaurar así la esperanza en la posibilidad de un nuevo mundo a toda la humanidad.
Wilma, 15 de octubre
[1] Leer nuestro artículo en nuestra web: fr.internationalism.org/./drame_a_port_said_en_egypte_une_provocation_ policiere_pour_baillonner_la_revolte_populaire.html
[2] Ídem.
[3] Ver “2011: De la indignación a la esperanza”, https://es.internationalism.org/node/3349 [5]
“Los obreros (con sus revueltas y sublevaciones) arrancan algún que otro triunfo pero es un triunfo efímero. El verdadero objetivo de estas luchas no es la consecución de un éxito inmediato sino la extensión y la consolidación de la creciente unión de los trabajadores. Contribuye a ello los medios cada vez más fáciles de comunicación que, creados por la gran industria, son utilizados por los obreros de distintas regiones y localidades para ponerse en contacto. (…) Los burgueses de las ciudades de la Edad Media, obligados a desplazarse por los maltrechos caminos vecinales, necesitaron siglos enteros para unirse con los demás; el proletariado moderno ha creado su unión en unos cuantos años gracias, en buena medida, al empleo de los ferrocarriles” (Capítulo I de El Manifiesto Comunista: “Burgueses y proletarios”).
En estos términos se expresaba Marx en 1848.
Es cierto que el capitalismo ha logrado sobrevivir más tiempo del que Marx había previsto pero la lucha de la clase obrera está también más presente que nunca, en el mundo entero. Hay un factor similar que sigue hoy presente: Allí donde los obreros de 1848 contaban con los ferrocarriles, que ciertamente no habían sido creados para que se sirviesen de ellos, para relacionarse más allá de su territorio, los obreros y los revolucionarios de 2013 cuentan, y cada vez más, con Internet para divulgar sus ideas, para discutir y, confiamos, para forjar progresivamente esa “creciente unión” de la que Marx hablaba. Internet ha modificado profundamente nuestra manera de trabajar y, por encima de todo, la manera con la que nos comunicamos.
Cuando fue constituida la CCI, en 1975, no existía Internet ¡seguro! Las ideas eran entonces difundidas por medio de la prensa escrita en papel, distribuida en cientos de pequeñas librerías radicales que habían emergido de la dinámica puesta en marcha por el Mayo-68 en Francia, continuado por las luchas que siguieron por todo el mundo, y por medio de las cartas (frecuentemente escritas a mano) que trasmitidas por correo postal nos servían para mantener la correspondencia.
Hoy, las cosas han cambiado y no poco: el papel ha sido reemplazado por medios electrónicos y, aunque esas librerías constituyeron en el pasado un lugar privilegiado para la difusión de nuestra prensa impresa en todo el mundo, nuestras ventas de la prensa papel se realizan actualmente sobre todo en las manifestaciones y en las luchas en los centros de trabajo.
Además, desde su formación, la CCI se ha esforzado para que nuestra prensa contribuya al desarrollo de una perspectiva internacionalista en la clase obrera, apoyándose para ello en artículos válidos para distintos países. Hoy proseguimos en esa dirección y la mayor rapidez que se logra utilizando los medios electrónicos ha permitido a las Secciones de la CCI trabajar más fuertemente unidos (en particular a aquellas que tienen en común una misma lengua); queremos obtener los máximos resultados de esta nueva realidad para reforzar más, si cabe, la unidad internacional de nuestra prensa.
Toda esta nueva situación nos empuja a hacer una revaluación de nuestra prensa y del papel relativo de la prensa electrónica y de la prensa papel en lo que es nuestra intervención global. Estamos convencidos que la prensa escrita en soporte papel continúa siendo una parte esencial de nuestros medios de intervención pues es, a través de esta forma, como podemos estar presentes directamente en el terreno de las luchas. Pero la prensa impresa en papel no tiene el mismo rol que en el pasado; por eso debe ser más flexible, poder adaptarse a una situación cambiante.
Nuestras fuerzas son limitadas, por eso hemos llegado a la conclusión de que si debemos en efecto reforzar y adaptar nuestra página (sitio) Web, debemos a la vez reducir el esfuerzo dedicado a la producción de la prensa en papel: una de las primeras consecuencias de ésta reorientación de nuestras publicaciones va a ser pues una reducción de la frecuencia de nuestras publicaciones impresas, en particular de algunos de nuestros periódicos mensuales; World Revolution, nuestro periódico en Gran Bretaña y Révolution Internationale, en Francia, hasta ahora mensuales, no aparecerán, de ahora en adelante, más que una vez cada dos meses.
Además, como habrán apreciado nuestros lectores, el número de verano de la Revista Internacional no ha salido. Nos excusamos por ello. ¿Cómo explicarlo, cuando las necesidades históricas del combate de la clase obrera requieren de los revolucionarios un esfuerzo añadido de intervención en el plano teórico y en el histórico? Es un hecho que nuestras fuerzas militantes no nos permiten hacer frente a una serie de tareas ligadas a la publicación, además de la Revista Internacional hay libros o folletos cuya finalización (actualmente en curso) requiere un trabajo significativo de nuestra parte. Estamos en el inicio de nuestras reflexiones sobre la prensa y no sabemos con precisión qué modalidades serán definitivamente adoptadas en lo que concierne al ritmo de edición de la Revista Internacional.
Pensamos que a lo largo del año llevaremos a cabo nuevas modificaciones, en particular las concernientes a la estructuración de nuestra página Web. Deseamos la implicación nuestros lectores en esta empresa y para este fin publicaremos pronto, en la página, un cuestionario sobre ésta, lo que les permitirá dar su opinión. Mientras tanto, nos alegraríamos mucho si quisiesen transmitirnos sus sugerencias por medio del fórum.
Todo lo precedente se refiere ciertamente a los casos de zonas geográficas donde el acceso a Internet está extendido. Hay regiones donde la ausencia o la dificultad de acceso a Internet nos están diciendo que la prensa impresa debe continuar cumpliendo el mismo papel que en el pasado. Esto es particularmente cierto en casos como los de India y América Latina y trabajaremos con nuestras secciones en India, México, Venezuela, Perú y Ecuador para precisar cómo adaptar de la mejor manera posible la prensa impresa a las condiciones en estos países.
CCI, 18 de enero de 2013
El capitalismo es un sistema perverso, esto no es ninguna novedad. Se basa en la explotación de las personas y de la naturaleza y su único objetivo es el lucro a costa de las necesidades de las personas.
“En el capitalismo la gente muere de hambre, no por que no haya comida, muere de hambre por que no puede pagarla.”
El capitalismo es un sistema corrupto, dada su composición perversa y antihumana la corrupción esta servida. Cualquier método es lícito para enriquecerse. Los políticos que gestionan el Estado capitalista son parte y servicio del gran capital, verdaderos amos del tinglado. La corrupción les es consustancial a sus funciones.
La corrupción ha existido siempre, si bien ahora parece más sangrante que nunca, dado que contrasta con la situación de miseria de grandes capas de la población. Pero, ¿por qué ahora se sabe más?, ¿por qué los medios de comunicación capitalista hacen una campaña sobre la corrupción?
Provocar un cambio de gestor del capital nacional español, parece ser el objetivo. Provocando a la población (acosada por los constantes ataques cotidianos a nuestras condiciones de vida) con el tema de la corrupción para generar una explosión social que justifique un cambio de gobierno propicio a una intervención económica directa por parte del Banco Central Europeo. Lo cual podría indicarnos un enfrentamiento entre la misma clase dominante, la burguesía, respecto a las acciones a tomar para asegurar sus beneficios, básicamente su supervivencia.
Una intervención económica del BCE, significa un incremento en los niveles de sacrificio de la población: más paro, más desahucios, más precariedad, más recortes, más explotación… Es decir, la única política que el capital (decadente y en estado terminal) nos ofrece como perspectiva de futuro.
No queremos ser sus marionetas en sus luchas de poder. No queremos servir a sus intereses y hacer de carne de cañón en protestas controladas con el único fin de aumentar la explotación.
Pero tampoco vamos a dejar de luchar. Pero lo que pensamos que nuestra lucha debe ser:
Ante cualquier manipulación e instrumentalización de la lucha opongamos el programa de los trabajadores:
conciencia, unidad, autoorganización, solidaridad
Trabajadores Indignados y Autoorganizados
CONTACTO: [email protected] [8]
Desde que se desencadenó la crisis actual, en 2007, con el descubierto de las hipotecas “subprimes” ([1]) en EEUU, y aunque los diferentes gobiernos no cesan de presagiar “brotes verdes” que anunciarían el relanzamiento de la economía, lo cierto es que llevamos ya seis años de progresivo hundimiento de la economía mundial en la recesión. Es más tiempo del que duró la famosa crisis del 29 ([2]) que sancionó, en lo económico, lo que la guerra mundial había puesto brutalmente de manifiesto, en lo político: el hundimiento del capitalismo en su fase de decadencia.
La gravedad de la crisis actual se expresa, sobre todo, en que contiene la crisis del principal mecanismo que la burguesía ha usado en este periodo para tratar de sortear los límites que la saturación de los mercados solventes impone a la expansión económica: el endeudamiento. Por eso, las enormes cantidades de dinero que los organismos financieros internacionales han inyectado a la economía durante estos seis años no han generado ni crecimiento económico ni recuperación del empleo sino que, al contrario, coinciden con el crecimiento del paro y la destrucción del tejido productivo. Para gran sorpresa y escarnio de la población, esas cifras millonarias de dinero han ido a parar… ¡a la Banca!, con el objetivo de evitar que el desorbitante endeudamiento acabe destruyendo la solvencia del tejido financiero y, por tanto, productivo.
sedrev setorb ([3])
Desde mediados del 2010, después de que se agotaran los efectos de los planes de relanzamiento y salvamento de los bancos puestos en marcha durante el invierno de 2008-2009, las tasas de crecimiento comienzan a disminuir y no tardan en volverse negativas para algunos países. A medida que pasa el tiempo, los grandes organismos monetarios internacionales revisan a la baja las estimaciones de crecimiento de la economía mundial. A finales del año pasado la OCDE preveía un crecimiento mundial del 2,2%, en lugar de un 2,4% que había previsto en mayo y se veía obligada a corregir, igualmente, la estimación del 2,6% para el 2013, para rebajarla al 2%.
Las cifras de la OCDE sobre las estimaciones de crecimiento de la economía en EEUU son las mismas que para el crecimiento mundial. Por lo que se refiere a China, si bien, según las cifras oficiales, mantiene un fuerte crecimiento (7,5%), el crecimiento de la producción industrial es cada vez más débil y existen fuertes dudas sobre la fiabilidad de las cifras publicadas por las autoridades chinas, en la medida en que el consumo de energía (necesaria para la producción) y las cantidades de mercancías transportadas no han aumentado en este país. La situación se degrada mucho más rápidamente en Brasil, donde la evolución del PIB es prácticamente “0” y la producción industrial decrece. Y otro tanto puede decirse de la India.
Las zonas en las que la situación está más degradada son: Europa y Japón. En este último país, aunque el PIB ([4]) había aumentado a principios de año, hemos conocido una disminución bastante fuerte en el 3er trimestre de este año (un –3,5% en ritmo anualizado), ligada a la disminución de las exportaciones a China y Europa. Globalmente, en los últimos años el crecimiento ha sido cercano a “0”. Para la Zona Euro, considerada globalmente, la OCDE preveía una tasa de crecimiento negativa (–0,4%) en 2012; también para Gran Bretaña (–0,1%). Ningún país europeo ha tenido un crecimiento significativo. Alemania ha presentado un crecimiento del 0,4% entre el 3er trimestre de 2011 y el 1er t. de 2012. Pero sin duda son los PIIGs ([5]) y particularmente la situación en España, lo que marca la perspectiva que se anuncia en primer lugar para Italia y después para Francia. En España hemos visto una disminución del PIB para 2012 de un –1,3% y se espera aún peor para 2013. Esto implica una degradación de las condiciones de vida de la población, inédita desde la Segunda Guerra Mundial.
En realidad, la Zona Euro es un símbolo de la situación actual del capitalismo. Se compone de países con diferentes niveles de crecimiento económico, donde los más débiles han funcionado como si pudieran endeudarse infinitamente y partiendo de la idea de que al final sería la UE quien reembolsaría los préstamos; y donde los más fuertes, más desarrollados (particularmente Alemania), se han beneficiado del endeudamiento de los otros, porque les ha permitido aumentar sus exportaciones. A partir de la crisis financiera de setiembre de 2008 se ha puesto de manifiesto que:
Visto globalmente, esa dinámica lleva al absurdo: cuánto más se reducen los gastos y más aumentan los impuestos más disminuye la demanda interior, arrastrando a la producción en la misma dirección, a la par que se reducen los ingresos fiscales y se agravan los déficits.
¿Qué medidas ha tomado la burguesía?
Lo que muestra este rápido “Panorama de la situación mundial del capitalismo” es que continúa claramente el debilitamiento del crecimiento económico, cuando no un hundimiento en la recesión; esto significa que la subproducción provocada por la infrautilización de los medios de producción y el crecimiento del desempleo, se agrava cada trimestre que pasa. Además, esa tendencia a la depresión agrava la situación de los bancos los cuales, como ha mostrado la crisis de las subprimes, cargan con tantos créditos impagados, que en sus balances de cuentas aparecen como insolventes. Esta agravación se debe a que la dinámica de la recesión no puede sino multiplicar los créditos impagados.
En el mismo sentido, el hundimiento en la recesión hace, también, que los propios Estados sean cada vez más insolventes: la caída de la actividad económica significa la disminución de todos los ingresos y, por tanto, de los pagos fiscales. Además, incluso sin contar con gastos presupuestarios suplementarios, la deuda aumenta mecánicamente porque cada año hay que añadir, a los gastos presupuestados, los intereses de la deuda. En consecuencia, hay cada vez más países que no pueden cumplir los plazos de su deuda y a quienes los bancos se niegan a financiar si no es a intereses prohibitivos, lo que agrava el problema.
Esta realidad obliga a la burguesía a sostener regularmente el sistema financiero, poniendo a disposición de los bancos cantidades masivas de moneda nueva y buscando financiación para los Estados en riesgo de suspensión de pagos; así las cosas, difícil lo tiene para relanzar la tan deseada reactivación económica.
Las grandes inyecciones de moneda no son planes de relanzamiento de la actividad económica sino que sus objetivos son: uno, impedir el hundimiento del sistema bancario –corazón del sistema capitalista–, hundimiento que supondría el bloqueo de la actividad económica, cuyos primeros pródromos comenzaron a verse a finales del 2008; otro, mantener un mínimo funcionamiento del Estado. Sólo partiendo de estos factores podemos comprender la concomitancia de las políticas de emisión monetaria del BCE en la Zona Euro y de las simultáneas políticas de austeridad que imponen cada vez mayor número de países.
Porque, en resumen, la causa del aumento actual de la deuda es esencialmente el monto de las deudas contraídas en el pasado y no las nuevas deudas, que tendrían la función de aumentar la demanda para afrontar la sobreproducción.
Hacer crecer el endeudamiento para sostener la demanda y la actividad económica, consecuencia ambas del endeudamiento de los particulares y de las empresas, se ha hecho sumamente difícil; en todo caso sólo puede ser financiado por los bancos privados, como ocurrió con las Start up ([8]) de Internet, a finales de los años 90, y con la construcción, entre 1997 y 2007. La burguesía es perfectamente consciente de ello.
La crisis financiera que amenaza periódicamente al sistema financiero mundial es la manifestación del hecho de que el endeudamiento pasado es de tal envergadura que, como ha mostrado la crisis de las subprimes, la imposibilidad de reembolsarlo, siquiera parcialmente, tiende a provocar la bancarrota periódica del sistema financiero mundial.
CCI 26.01.13
Adaptado de un informe
para la discusión internacional
[1]) Un crédito subprime es una modalidad crediticia del mercado financiero de Estados Unidos que se caracteriza por tener un nivel de riesgo de impago superior a la media del resto de créditos (Wikipedia).
[2]) A partir de 1934 se inició una reanudación del crecimiento económico tirado por la economía de guerra, que culminó en la 2ª carnicería mundial.
[3]) Brotes verdes al revés.
[4]) Producto Interior Bruto.
[5]) PIGS (literalmente, “cerdos” en inglés) es un acrónimo peyorativo con el que medios financieros anglosajones se refieren al grupo de países de la Unión Europea: Portugal, Irlanda, Grecia y España y para incidir en los problemas de déficit y balanza de pagos de dichos países. Tras la crisis de 2011, el término suele incluir a Italia (con el acrónimo PIIGS) para referirse a los países, algunos anteriormente referidos como “ejemplares”, que sufrieron una crisis aumentada comparada al resto de Europa (Wikipedia).
[6]) Banco Central Europeo.
[7]) La flexibilización cuantitativa (FC) (en inglés Quantitative easing, cuyo acrónimo es QE) es una herramienta no convencional de política monetaria utilizada por algunos bancos centrales para aumentar la oferta de dinero, aumentando el exceso de reservas del sistema bancario, por lo general mediante la compra de bonos del propio gobierno central para estabilizar o aumentar sus precios y con ello reducir las tasas de interés a largo plazo (Wikipedia).
[8]) Una empresa de nueva creación o compañía startup o start-up es un negocio con una historia de funcionamiento limitado, que se distingue por su perfil de riesgo/recompensa y sus grandes posibilidades de crecimiento (escalabilidad). Generalmente son empresas asociadas a la innovación, desarrollo de tecnologías, diseño Web, desarrollo Web, empresas de capital-riesgo (Wikipedia).
Todas las reformas emprendidas en los últimos años han llevado el sello de golpear directamente las condiciones de vida y trabajo del proletariado. Vengan de gobiernos emanados de la derecha o de la izquierda electoral del capital contienen el mismo veneno, medidas que invariablemente buscan paliar los efectos de la crisis echando todo su peso en los hombros de los trabajadores. Por si fuera poco, la clase trabajadora sufre las consecuencias de la reducción en los costos de producción (menos mantenimiento es anuncio de más accidentes) y está indefensa ante las consecuencias de los ajustes de cuentas entre fracciones de la burguesía (atentados, guerras…). Ya sea que se trate de accidentes producto de la “reducción de costos” o de atentados resultado de las luchas intestinas entre fracciones, cualquiera que sea el caso los muertos los pone la clase obrera. Es en ese contexto en el que se enmarcan las recientes explosiones en la torre B2 del Centro Administrativo de Petróleos Mexicanos (PEMEX) en la Cd. de México, la empresa más importante del país, generadora de algo así como el 40% de la riqueza. Cualquiera que sea el dictamen que arroje la supuesta investigación que realiza la Procuraduría sobre lo acontecido, además del descrédito popular y de la sorna con que se presentará tratando de explicar lo inexplicable; lo que abrirá será el camino a la cacaraqueada modernización de PEMEX. Sobre los trabajadores muertos, la burguesía derramará sus lágrimas de cocodrilo gritando a los cuatro vientos que fueron el sustento espiritual con el que se edificará la robusta nueva empresa.
El golpe asestado a los trabajadores de Luz y Fuerza del Centro mediante el despido masivo de más de 44 mil electricistas representó una manifestación de fuerza de la burguesía mexicana y una derrota a uno de los bastiones más importantes de la clase obrera en México que fue posible solo gracias al encuadramiento del sindicato (SME) que se encargó de maniatar a los trabajadores con miles de artimañas para evitar que desplegaran sus propias respuestas ante ese ataque. Los ataques en el sector del magisterio no han cesado, el de la salud no se salva y todos vemos como el salario alcanza para menos; ahora lo que se viene es contra los trabajadores petroleros que sufrirán inevitablemente la destrucción del contrato colectivo de trabajo; quienes hasta ahora se habían “salvado” de los ataques, hoy están en la mira con “reforma energética” que va a significar una embestida contra las condiciones de vida de este sector pintado durante años como el de los “trabajadores privilegiados”. En los próximos días, veremos como toda la prensa y los medios masivos de la burguesía se alinean con la maquinaria gubernamental para machacar hasta la saciedad argumentos relacionados con una supuesta “vida aristocrática” de los trabajadores de PEMEX y sobre los “altos costos fiscales” que le implican al erario público, y demás patrañas que acompañan a esos procesos, tal como sucedió luego del decreto que extinguió la fuente de trabajo de los electricistas en octubre de 2009.
La explosión de las oficinas administrativas de la paraestatal ubicadas al norte de la Ciudad de México, forma parte de una larga cadena de accidentes, sabotajes y atentados, cuyo común denominador es la muerte o lesiones permanentes en los trabajadores. A los 38 fallecidos y más de 100 lesionados en la torre B, había que sumar los que durante los últimos años han corrido esa misma suerte en distintos sucesos que han acompañado a la crisis y que han tenido como característica la baja de los costos de producción a toda costa, la corrupción y el robo de combustible. Del año 2001 al 2010 el gobierno reconoce públicamente la muerte de al menos 47 trabajadores y lesiones en otros 165 en distintos eventos en las instalaciones de todo el país. Sin olvidar la histórica explosión de 1984 en San Juan Ixhuatepec, estado de México, no muy lejos del lugar donde se registró la más reciente, o la de Guadalajara en 1992, donde por cientos fallecieron trabajadores y sus familias residentes de colonias menesterosas por un pésimo manejo de los combustibles y el catastrófico estado de ductos y plantas de almacenamiento, o las más recientes de Reynosa, Tamaulipas en septiembre de 2012 donde una terrorífica explosión sembró muerte y destrucción.
Crisis y descomposición social son parte del paisaje en la última etapa de la humanidad y siendo PEMEX de una importancia central en México no tendría por qué estar exenta de ello, sobre todo cuando ha sido parte del proceso de acumulación en el que se ha formado mucha de la burguesía nacionalista que puebla hoy la amplia membrecía de partidos y sindicatos. Los “accidentes” han ocupado un papel relevante en las confrontaciones que se dan entre la clase explotadora, en las disputas por controlar el aparato burocrático del Estado, tan solo baste recordar que en la misma Torre B2 que hoy aparece como protagonista estelar en los medios, se registró en 1982 un incendio que terminó con miles de documentos y archivo que contenían pruebas de fraudes y corruptelas de todo tipo.
Las enormes ganancias de PEMEX son una tentación para la burguesía que airosa navega por los caudales del petróleo y abona en gran medida al estado desastroso de la principal industria del país. Reconocido por la Secretaría de Hacienda y por la propia empresa, existe una pérdida diaria de 25 000 barriles de crudo (1% de la producción total) por robos registrados en toda la red de ductos diseminados en el país, que significan el jugoso botín de 2.5 millones de dólares, ¿A dónde va a parar ese petróleo?, pues sencillamente circula, cual mercancía es, por las redes de distribución y venta normales, y al igual que cualquier capital, las ganancias de cada capitalista son también manejadas por la Banca, tal como se manejan las carretadas de dinero que le suministra el narcotráfico. Piratas modernos peleándose por el tesoro en un pantano. Ladrones robándoles a ladrones con ayuda de los ladrones. Así las cosas, la burguesía vuelve sobre sus mismas fórmulas fracasadas para tratar de solucionar lo irremediable: ahora surge, según ellos, la privatización de la explotación energética como la salvación a todos los males, como si la profunda crisis económica que vive el capitalismo a nivel mundial sea una cuestión atribuible a la ineficacia o ineptitud del sector público, la irresponsabilidad fiscal de los gobiernos o linduras por el estilo que la izquierda del capital (PRD, MORENA, PT y Convergencia) va a usar como bandera para restregarnos de nuevo la “defensa del patrimonio nacional”. Como si en el fondo resultara relevante la forma que adopta la administración o gestión del capital, cuando las relaciones sociales de producción se mantienen intactas. Para los trabajadores es completamente indiferente quien se apropia del producto de su trabajo, si es el capitalista individual, un monopolio o el Estado (poseedor) capitalista, mientras subsista el trabajo asalariado y la explotación de la mayoría de la humanidad por una minoría rapaz, no habrá cambiado en esencia nada en su vida; su papel es entender esa relación y construir con los suyos, con su clase, la perspectiva para destruirla.
Hoy, sobre la tragedia de las familias de los trabajadores, la hipócrita burguesía abrirá el telón de las peores frivolidades y perversiones, y usará a todos sus personeros para montar el gran teatro cargado de la misma cantaleta nacionalista de siempre, con los adoradores de la democracia disparando sus místicos discursos y los llamados a la movilización para encuadrar el descontento en el terreno que la burguesía domina, ya nos sabemos el guión. Para el proletariado en general es importante reflexionar sobre la calamidad que implica padecer este sistema que en su decadente final que se acerca patalea y se retuerce dejando muerte y destrucción en cada resuello moribundo; y en este mismo proceso tomar conciencia de que el único camino para mejorar las condiciones de vida es plantearse transformar su realidad radicalmente con sus las armas de combate que tiene: la solidaridad y la confianza en sus propias fuerzas como clase, porque en su salvación está la de toda la humanidad.
Cadinv, 15-02-13
La burguesía es la campeona de las campañas de mentiras repetidas mil veces hasta hacerlas creíbles, de la más abyecta y asquerosa denigración y la manipulación mediática cuando se trata de hacer pasar sus medidas antiobreras. Actualmente el turno les ha tocado de nuevo a los trabajadores del sector de educación básica quienes por meses han sido objeto de los peores infundios responsabilizándolos del desastre educativo; por todos los medios se han producido noticias, programas de “análisis”, y hasta documentales de cine (De Panzaso) para meter en las conciencias del resto de los trabajadores la idea de que los profesores serían unos flojos e impreparados que han estropeado la educación de sus hijos y además privilegiados por las prestaciones que disfrutan. Se repite el mismo guión de las campañas negras ya implementadas contra los trabajadores del IMSS a mediados de los 90 y una década después también para justificar otras reformas a la ley de jubilaciones y pensiones, hace unos seis años precisamente contra los mismos profesores con el mismo objetivo, en fin, contra los electricistas de Luz y Fuerza del Centro para hacer aceptar el despido de más de 44 mil trabajadores a finales de 2009.
Y ya apareció el peine, el gobierno federal recién estrenado por el “voto democrático” ha empezado muy pronto a demostrar de nuevo que votar solo sirve a los trabajadores para elegir al personero del capital que habrá de dirigir la explotación y opresión en el ciclo electoral siguiente; en este caso, codo con codo con el resto de las fracciones de la burguesía en el marco del Pacto por México ha impuesto la llamada “Reforma Educativa” que en realidad es la concretización en el sector educativo de la reforma laboral que fue decretada al final del gobierno de Felipe Calderón apenas en noviembre de 2012 evidenciando efectivamente la continuidad y el relevo de las administraciones gubernamentales que asumen agendas transexenales para salvaguardar los intereses del capital, aún si en las disputas electorales se enfrentan claro está intereses opuestos de las diferentes fracciones ávidas de quedarse con la parte del león pero que al final de cuentas siempre coincidirán en cuanto al programa económico, político y social contra el proletariado.
Las primeras reformas a los sistemas de salud, pensiones y jubilaciones en México se justificaron con mil y un triquiñuelas por la patronal, el gobierno y los sindicatos prometiendo además que sería la única… luego vinieron otras más y la mata sigue dando; hoy se nos dice de nuevo que los “ajustes” son necesarios si queremos mejorar en el futuro… el cuento de nunca acabar. Y esta situación se repite con sus especificidades y sus tiempos en todos los países del mundo, desarrollados o periféricos, donde los trabajadores y sus familias son convocados ¡una vez más! al sacrificio para elevar la productividad y la competitividad de la economía nacional, atraer la inversión extranjera y, por si fuera poco, reactivar el empleo. Durante más de tres décadas este ha sido el tenor en la continuidad de las “reformas” en el planeta impuestas a sangre y fuego por las distintas opciones políticas de gobierno con que cuenta la burguesía, sus partidos de derecha, de centro y de izquierda; apuntalados desde luego por el trabajo indispensable del encuadramiento sindical. Y la degradación, siendo ya insoportable con las nuevas “reformas”, cobrará cuotas inauditas para la clase obrera.
Efectivamente, por todos los rincones del planeta estas reformas laborales tienen el objetivo central de recuperar las ganancias de los negocios capitalistas privados o públicos mediante el aumento de la explotación de los trabajadores y, en particular, reduciendo lo más posible los costos laborales. El capital y su Estado no conocen otra fórmula. Estos ataques se han conocido en los últimos años con el término eufemístico de “flexibilización” y se resumen a grandes rasgos como:
Cada sector del proletariado está sujeto a especificidades en cuanto a las funciones que cumple sin embargo, comparten entre sí un denominador común: la de la explotación asalariada. En este sentido, también los “ajustes” les afectarán de la misma manera que al resto de sus hermanos de clase. Para dar un ejemplo solamente, en la llamada reforma educativa se impone el “servicio profesional docente” que considera, entre otras cosas, condicionar la permanencia en el empleo a los resultados que cada trabajador obtenga de un conjunto de indicadores de evaluación a los alumnos y al desempeño docente en diferentes rubros. Una medida que los homologa completamente con el resto de trabajadores ya sujetos a este sistema sobre todo en el sector público donde desde hace años se ha implantado el muy conocido “servicio profesional de carrera” justificado por el presunto objetivo de brindar un mejor servicio a los usuarios pero que en realidad significa el establecimiento de esquemas de control del trabajo para hacer depender no solo el sueldo sino la permanencia en el empleo de la productividad de cada trabajador.
Las modalidades concretas en que operará este “servicio profesional docente” se verán cuando el Estado decrete las leyes secundarias, en este caso la Ley General de Educación, pero los profesores no deben albergar esperanzas positivas y deben estar seguros que esta pretendida “reforma” les fastidiará su vida y la de sus familias.
Los trabajadores enfrentan no solo los mismos ataques por parte del capital sino que también sufren de las mismas maniobras por parte del Estado y, en primer lugar, por los sindicatos que son el principal instrumento de control social y político de la burguesía.
La puesta en escena, preparada de antemano con las campañas de desprestigio de la que hablábamos, no ha tenido desperdicio. El telón se abrió con las “históricas” discusiones en las cámaras de senadores y diputados acerca de la propuesta de reforma educativa. Todos los partidos se empeñaron en hacernos creer que se analizaba a fondo cada palabra y detalle del texto para demostrar que los “representantes populares” hacían lo suyo tratando de no perjudicar a los trabajadores, fingiendo desencuentros “muy ríspidos” y hasta se aventaron un paso de la muerte cuando los diputados la enviaron a los senadores y estos a su vez la regresaron a los diputados quienes terminaron aprobándola; luego todo un peregrinar por los congresos estatales que la fueron aprobando uno a uno hasta que fue declarada “constitucional”. Todo un show que esconde el hecho de que es el Estado burgués en su conjunto el que funciona como relojería en sus diferentes componentes (la llamada división de poderes) para asestar este tipo de golpes y que además son los medios los que se encargan de machacar en nuestras cabezas la idea de que nada puede hacerse ante el poder omnipotente del Estado.
Paralelamente a este circo, como por arte de magia iniciando el año surgen de todos lados “airadas protestas” de infinidad de sindicatos oficiales e “independientes” contra la reforma laboral, aprobada en noviembre de 2012, manifestando un activismo y un protagonismo muy sospechoso por parte de las cúpulas sindicales que no solo “amenazan” sino que alinean a sus aparatos sindicales interponiendo millones de demandas de amparo contra la reforma laboral a las que suman algunos mítines y marchas para adornarse con un poco de “combatividad”.
El protagonismo sindical mencionado anteriormente aparece en concordancia armónica con el Estado en una estrategia para movilizar-desmovilizar y ha servido como un set perfecto para que sus congéneres del SNTE (y hay que decirlo que también de la CNTE) hicieran su tarea de controlar cualquier posible brote de movilización de los profesores. En efecto, fue la cúpula sindical (el SNTE y la CNTE incluso alegaron al parecer términos semejantes en su argumentación) la que muy solícita animó y hasta presionó a los cientos de miles de trabajadores para demandar un amparo. Pero además el SNTE no contento con esto ha estado presionando a los profesores para que acudan a trabajar a las escuelas o a las plazas públicas a presentar programas socioculturales los días de descanso con el cuento de que así pueden ganarse el apoyo de los padres de familia y de la sociedad en general. Y la trampa es tan grosera que esta “movilización sindical” se hace en nombre de la “defensa de la gratuidad de la educación pública” que estaría amenazada de privatización, dejando de lado siempre la defensa de los intereses propios de los trabajadores que se comentaban anteriormente. El mismo guión se está replicando en todo el país.
Esta artimaña se ha usado en reiteradas ocasiones al menos desde la década de los 90 contra los trabajadores de las empresas privadas afiliados al IMSS (1997) y contra los afiliados al ISSSTE, del sector público (2007) a quienes se les hizo albergar esperanzas de que el mismo Estado que les estaba asestando el golpe los iba a defender de sí mismo. Infundiéndoles además el asqueroso veneno de la democracia burguesa que pretende hacernos creer que en esta sociedad todos somos ciudadanos con iguales derechos ante la ley escondiendo que, al contrario, el capitalismo está polarizado entre explotadores y explotados, entre burguesía y proletariado y que las instituciones burguesas y señaladamente las destinadas a administrar la “justicia” y el conjunto del aparato estatal pertenecen enteramente a la clase dominante dueña del capital. El dicho popular: “todos somos iguales pero hay algunos más iguales que otros”, retrata muy bien esta realidad.
Hay ejemplos de lucha que podemos retomar y que provienen de diversos sectores de la clase trabajadora de diferentes países. ¡Sí, la única alternativa es luchar! Estos ataques criminales que nos llueven sobre mojado solo pueden detenerse o limitarse si el proletariado levanta la cabeza y empieza a luchar. Es cierto que lanzarse a la lucha resulta muy difícil en estos momentos cuando los trabajadores que todavía tienen un empleo resienten de manera directa y abierta la amenaza del despido o de la represión en sus diferentes formas y no solo por parte de los directivos de las empresas sino de los sindicatos. Sin embargo, resignarse no cabe en el vocabulario de la clase obrera. ¡Hay que luchar!... pero ¿cómo? La experiencia de nuestra clase es muy vasta pero aquí solo recordaremos algunos ejemplos recientes que nos pueden dar una idea acerca de cómo iniciar esta lucha:
Contrariamente a los mensajes derrotistas que nos bombardean segundo a segundo por todos los medios, la lucha obrera no es una utopía sino una realidad cada vez más acuciante y vital para los trabajadores si no quieren presenciar pasivamente y de manera indignante su propia ruina y la de los suyos bajo los ataques de la burguesía a los cuales se suman además sus actitudes más soberbias y prepotentes como no se habían visto hasta ahora. Y este combate tiene que comprenderse en toda su perspectiva histórica: en lo inmediato, es la única acción que puede echar atrás los ataques actuales y los que están en puerta y, a largo plazo, es la mejor escuela para ir preparándonos para el asalto final a la fortaleza capitalista, única solución para poner fin a todas las calamidades que sufren los explotados y oprimidos del mundo.
RR, febrero de 2013
A principios del pasado mes de Noviembre se inició el encierro de los trabajadores del Hospital de la Princesa en Madrid, que protestaban contra la “reconversión” de dicho centro en una institución geriátrica. En pocos días esa movilización se extiende a la práctica totalidad de hospitales y consultorios de la Comunidad de Madrid, donde se suceden las huelgas, las concentraciones y también las asambleas en las que participan los trabajadores del sector –de todas las categorías, lo que en este sector es especialmente difícil– pero también los pacientes, los familiares de estos así como trabajadores de otros sectores residentes en las localidades en las que se situaban los distintos centros hospitalarios. En las manifestaciones, muchas de ellas multitudinarias, que han tenido lugar a los largo de estos casi tres meses, se han producido emotivas y estimulantes demostraciones de camaradería y solidaridad que han servido, especialmente, para derrotar las tentativas de división mediante la denigración de los trabajadores sanitarios (calificados por el Gobierno y muchos media de “privilegiados”) o animando la confrontación entre trabajadores y usuarios de la sanidad, culpando a las huelgas de los primeros, de los retrasos en las consultas o las intervenciones quirúrgicas.
Lo que queremos denunciar en este artículo es cómo ese formidable torrente de solidaridad y unidad ha sido prostituido por los partidos de izquierda y los sindicatos, desviándolo al terreno del “ciudadanismo”, confundiendo la lucha de los explotados contra los despidos, los recortes salariales y por prestaciones sociales (al fin y al cabo otra parte del salario) con defensa de la propiedad estatal de los medios de producción; como si la sanidad controlada por el Estado capitalista no sacrificara la salud de la población en aras de los intereses de este sistema de explotación.
El detonante del estallido de esta indignación y lucha ha sido el proyecto del Gobierno regional de Madrid para privatizar la gestión de seis hospitales públicos, y 27 áreas de atención primaria, a favor de empresas como Capio o Ribera Salud, participadas por fondos de inversión, especuladores y otras instituciones financieras. Resulta, desde luego, indignante que una minoría se apropie de años de trabajo y sacrificios de muchísimos trabajadores. Pero ese es precisamente el mecanismo del capitalismo,… Se nos quiere hacer creer que por el hecho de que el Estado democrático capitalista sea el propietario de los recursos sanitarios estos se pondrían al “servicio del pueblo”, lo que pretenden es engañarnos vilmente y, sobre todo, hacernos aceptar peores condiciones laborales y peores prestaciones sanitarias para la población.
Décadas sufriendo la pesadilla de los regímenes de capitalismo de Estado, falsamente denominados “socialistas”, han puesto a hechos, como la atención a los damnificados de Chernóbil o los “cuidados” pediátricos en la Rumania de Ceaucescu, entre los hitos más infrahumanos de los cuidados médicos. Y sí, han de llevarse muy pegadas las anteojeras ideológicas para no darse cuenta de que en la Cuba de hoy, la inmensa mayoría de la población no tiene acceso, ni en sueños, a los cuidados de que disfruta el caudillo Chávez.
Y eso no son sólo casos característicos de Estados “totalitarios” o de países atrasados. En los más desarrollados y “democráticos” en los que la imbricación entre capitalistas privados y Estado es más sofisticada, la salud de la población es igualmente sacrificada al interés de los intereses capitalistas, como demuestran el avance de enfermedades debidas al abaratamiento de la alimentación (como la propia obesidad), o al incremento de enfermedades resultantes de la degradación medioambiental y de la propia angustia social de un sistema que no ofrece más que un futuro de barbarie a la humanidad. Y ello por no hablar de los negocios más “directos”, como los auspiciados por la connivencia directa entre las autoridades sanitarias y la industria farmacéutica.
Resulta especialmente repugnante escuchar cómo los políticos de izquierdas se presentan como abanderados de “una sanidad al servicio del pueblo”, cuando han estado directamente implicados en estos tejemanejes. Si el actual gobierno del PP ha aumentado el copago de los medicamentos, ha seguido la vía que le trazó el gobierno del PSOE en 1993 eliminando la financiación de más de 500 medicamentos (el entonces ministro de sanidad era Griñán, hoy precisamente presidente del PSOE). Si hoy entregan recursos sanitarios a empresas como Capio o Sanitas, los gobiernos “socialistas” se arrodillaron antes a los pies de multinacionales, como Glaxo o Sanofi, que promovían lucrativas campañas de vacunación, como la del virus del papiloma humano, a mayor gloria de su cuenta de resultados. Si el Gobierno de la Comunidad de Madrid demuestra estar “pringado” en corruptelas, como la privatización de los servicios de análisis clínicos, el tripartito catalán (PSOE, ERC e IU), no le fue a la zaga durante su mandato, con escándalos como la concesión de servicios de catering o desvío de fondos públicos de investigación médica a compañías privadas. Resulta muy significativo que en comunidades gobernadas en comandita por el PSOE e IU, como son Andalucía y Asturias, y al mismo tiempo que en Madrid, estén teniendo lugar en estos mismos momentos movilizaciones del personal sanitario contra la prolongación de las jornadas laborales y el recorte de las plantillas.
Lo más dañino de esta tendenciosa confusión entre servir a la población y ser propiedad del Estado, es, sin duda, la justificación de los sacrificios. Es muy significativo que el documento “alternativo”, presentado por organizaciones médicas y sindicatos para “mantener” la titularidad pública de los hospitales madrileños, abunde en los mismos patrones del recorte del gasto sanitario mediante “la optimización de personal” (léase reducción de plantillas y movilidad forzosa) y “racionalización del uso de los recursos” (o sea: más demoras en urgencias, consultas de especialistas, cirugía, etc. ). Todo un regalo para los capitalistas; a quienes, sin embargo, la izquierda y los sindicatos nos pedirán aún que aplaudamos como “victoria” sobre el afán de lucro de unos pocos.
Al calor de la indignación que genera, en sectores cada vez más amplios de la población, las consecuencias derivadas de un capitalismo en crisis, empieza también a atisbarse una inquietud producto de la necesidad de poner ámbitos de la vida humana a salvo de las garras de las leyes capitalistas. ¿Por qué la cultura es una mercancía más? ¿Por qué debe ser “rentable” la educación? ¿Por qué la salud es objeto de tráfico de las compañías aseguradoras, las farmacéuticas, el Estado, ? En el capitalismo nada escapa a las leyes de la mercancía y de la acumulación. Tampoco la salud. Las prestaciones sanitarias forman parte del coste de reparación y reproducción de la fuerza de trabajo. No se incluyen en la nómina, sino que son “ofrecidas” por el Estado. Por ello, parecen un “derecho ciudadano” pero no son más que un coste parcial de una mercancía llamada “trabajo”.
Lo que inquieta, en última instancia, a los trabajadores del sector sanitario es verse abocados al infierno de la precariedad o el desempleo, a ver disminuidos sus recursos cuando sus familiares y compañeros van a verse abocados a grados cada vez más severos de miseria. Lo que angustia a los usuarios de esa misma sanidad es la reducción de ese salario social (aumentos del coste de medicamentos, copago de otros servicios sanitarios, ) que se suma a la reducción del “otro” salario, al desmantelamiento de la asistencia a los ancianos, a los niños, Lo que hay en común entre ambos sectores no es una especie de “copropiedad” sobre la sociedad en el capitalismo, sino el verse cada vez más excluidos de cualquier control sobre sus propias vidas, cada vez más sometidas a los designios de un capitalismo empujado, por su propia supervivencia, a sacrificar a la humanidad. Para la humanidad no es posible liberar una esfera cualquiera de su actividad –la salud o la cultura, el arte o el trabajo– del capitalismo, sin liberarlas todas.
Dámaso, 27 de enero
En ocasiones el terror y la degeneración de la Revolución Rusa suele ser explicada solamente por las características de la personalidad de Stalin que además de grosera era arribista y aventurera. Es cierto que fueron elementos que favorecieron para que cumpliera ese papel en la historia, sin embargo lo que permitió que una criatura de este tipo pudiera dominar el escenario y encabezar el terror fue el proceso de aislamiento al que se sometía a la revolución y, producto directo, la degeneración que sufría el Partido Bolchevique. Hace 60 años, el 6 de marzo de 1953 la prensa del mundo anunciaba la muerte de Stalin) acaecida un día antes… muerto el perro se acabó la rabia asegura la sentencia popular usada en los países de lengua española, en este caso tal afirmación no tenía aplicación, porque aunque Stalin encabezó la destrucción física y moral de toda una generación de revolucionarios, atacó abiertamente a los postulados internacionalistas del marxismo y representó a una de las fuerza imperialista en la partición y repartición del mundo, su muerte ni eliminó, ni cambio el peso de la contrarrevolución. Lo que confirma que, aunque es él a quien le toca ser actor principalísimo de la contrarrevolución desatada tras la no extensión mundial de la revolución proletaria.
En ocasiones el terror y la degeneración de la revolución rusa suele ser explicada solamente por las características de la personalidad de Stalin que además de grosera era arribista y aventurera. Es cierto que fueron elementos que favorecieron para que cumpliera ese papel en la historia, sin embargo lo que permitió que una criatura de este tipo pudiera dominar el escenario y encabezar el terror fue el proceso de aislamiento al que se sometía a la revolución y, producto directo, la degeneración que sufría el partido bolchevique, en tanto se transformaba en partido de Estado colocando los intereses nacionales por encima de los intereses de la revolución mundial. El negro legado de Stalin ha servido y sigue sirviendo a la clase en el poder. Winston Churchill siendo un connotado personaje de la clase explotadora y un acérrimo enemigo del proletariado agradecía los servicios prestados por este personaje diciendo de él: “Stalin figurará entre los grandes hombres de la historia de Rusia…”
En la oleada revolucionaria que surgió durante y después de la Primera Guerra Mundial, al proletariado ruso le correspondió colocarse a la cabeza, por eso la revolución de 1917 es el momento más candente de esa oleada. En continuidad con ese accionar, en 1918 los destacamentos obreros de Alemania se levantaban buscando extender la revolución, pero son despiadadamente aplastados por el Estado burgués alemán encabezado por la socialdemocracia y con la amplia colaboración de los Estados “democráticos”. Los intentos de extender la revolución proletaria habían fracasado y la triunfante Revolución Rusa se veía aislada. La burguesía del mundo tendía un cordón sanitario en torno al proletariado de Rusia, haciéndose imposible que lograran mantener el poder que habían tomado en 1917. Es bajo esas condiciones que la contrarrevolución va dominando en el interior, perdiendo su vida obrera el partido bolchevique y posibilitando así el arribo y la hegemonía de una corriente burguesa como la encabezada por Stalin.
Como puede verse, el estalinismo no es producto de la revolución comunista sino de su derrota. Como si estuviera siguiendo las recomendaciones de Maquiavelo, Stalin no duda en usar la intriga, la mentira, la manipulación y el terror para colocarse al frente del Estado y asegurado su poder, continuar con su labor contrarrevolucionaria, usando incluso acciones tan ridículas como la reinvención de la historia mediante la manipulación de fotos, haciendo desaparecer de ellas a personajes considerados por él como “herejes” por su actitud opositora, o montando su propia imagen, haciendo de la mentira, junto a la represión, la base de su política. Por eso el estalinismo no es una corriente proletaria; es muy evidente que los medios usados y los fines perseguidos por Stalin y el grupo de arribistas del que se rodea, son abiertamente burgueses.
Disminuida la fuerza de la oleada revolucionaria de 1917-23, la contrarrevolución se va instalando y las puertas se van abriendo para la actuación de Stalin. Así, la persecución, el hostigamiento y la destrucción física de combatientes proletarios serán los primeros servicios que ofrece a la burguesía. Estas medidas son aplaudidas por la burguesía mundial no solamente porque elimina a una importante generación de revolucionarios, sino además porque son llevadas en nombre del comunismo, manchando su tradición, pero sobre todo, alimentando la confusión entre la clase obrera.
Las intrigas creadas por la policía política, el uso de campos de concentración y demás atrocidades son aplaudidas por los Estados democráticos, por ejemplo ante los juicios a Zinoviev y Kamenev (1936) en los que se usó la amenaza en contra de sus familias y la tortura física, estos Estados se regocijan con los servicios que Stalin les ofrecía. Mediante la voz de sus “honorables” personajes constituidos en Liga de los Derechos del Hombre (con sede en Francia), la burguesía “certifica” la “legalidad” de tales las purgas y procesos. La declaración del novelista Romain Rolland, premiado con el Nobel de literatura en 1915 y miembro destacado de esa organización, es reveladora de la actitud que asume la clase en el poder: “No tengo ninguna razón para dudar de las condenas que caen sobre Zinoviev y Kamenev, personajes despreciados desde hace mucho tiempo, que renegaron dos veces y traicionaron la palabra dada. No veo cómo puedo rechazar como inventadas o arrancadas a las declaraciones que hicieron públicamente los acusados…”
De la misma forma, ante el exilio forzado a Trotski y su posterior persecución por el mundo, el gobierno socialdemócrata de Noruega y el gobierno francés, en complicidad con el estalinismo, no dudaron en hostigar y expulsar al viejo bolchevique.
Foto sacada durante un discurso de Lenin en 1920, en la que aparece en la izquierda Trotski, y la misma manipulada...
La deriva total del Partido Bolchevique queda expresada en toda su magnitud en 1925, con la imposición del postulado de Stalin sobre la posibilidad de construir el socialismo en un solo país.
Luego de la muerte de Lenin en enero de 1924, Stalin se apresura a colocar a sus aliados en los puestos clave en el partido y enfoca sus ataques en contra de Trotski, después de Lenin era el más prestigiado de los revolucionarios que estuvieron en la primera fila de las movilizaciones en octubre de 1917. Una de las evidencias del alejamiento que Stalin iba teniendo del terreno proletario se expone en la construcción, junto con Bujarin, de las tesis del “socialismo en un solo país”; por cierto, años más tarde, Stalin hará ejecutar a Bujarin.
El mejor servicio que Stalin hace a la burguesía es justamente esta “doctrina”, porque al autonombrarse “jefe del proletariado del mundo” y voz oficial del marxismo, al desnaturalizar y tergiversar el internacionalismo proletario defendido históricamente por el movimiento obrero, desacredita la teoría marxista, expande y profundiza la confusión, no solo en las generaciones proletarias de ese momento, sino que se extiende hasta el presente. Por ejemplo, cínicamente nos presentan hechos como la invasión a Checoslovaquia (1968), el aplastamiento de la insurrección en Hungría (1956) o la invasión a Afganistán en los 80, como expresiones de “internacionalismo proletario”, incluso un personaje como el “Che” Guevara planteaba que el envío de armas a países como Angola era también una muestra de internacionalismo proletario. No es una confusión sino una política deliberada para desvirtuar este pilar del marxismo.
En Principios del Comunismo (1847), Engels defiende con claridad el argumento internacionalista del proletariado atacado por Stalin: “¿Podrá producirse esta revolución en un solo país? No. Ya por el mero hecho de haber creado el mercado mundial, la gran industria ha establecido una vinculación mutua tal entre todos los pueblos de la tierra, y en especial entre los civilizados, que cada pueblo individual depende de cuánto ocurra en el otro. Además ha equiparado a tal punto el desarrollo social en todos los países civilizados, que en todos esos países la burguesía y el proletariado se han convertido en las dos clases decisivas de la sociedad, que la lucha entre ambas se ha convertido en la lucha principal del momento. Por ello la revolución comunista no será una revolución meramente nacional, sino una revolución que transcurrirá en todos los países civilizados en forma simultánea... Es una revolución Universal y por ello se desarrollará también en un terreno universal.”
Los mismos bolcheviques, con Lenin a la cabeza, concebían a la Revolución Rusa como una primera escaramuza de la revolución mundial. Por eso Stalin mentía cuando al sacar a la luz su tesis afirmaba que se trataba de una continuidad de los planteamientos de Lenin. La esencia burguesa de esta “teoría” profundizaba la degeneración del Partido Bolchevique y también la de la Internacional Comunista (IIIa Internacional), en tanto sometía definitivamente a estos órganos de combate a los intereses del Estado ruso.
La fuerza contrarrevolucionaria impuesta por Stalin queda expuesta por la expansión del terror mediante los campos de concentración y la vigilancia, control y represión de la NKVD (policía política), pero esto no es sino el telón de fondo de la tarea más profunda que habría de cumplir, a saber, permitir la reconstitución de la burguesía en la URSS.
Derrotada la revolución proletaria mundial y vaciados los soviets de vida obrera, se encuentran las condiciones para la reconstitución de una nueva burguesía. Es cierto que la burguesía había sido derrotada por la revolución proletaria de 1917, pero al perderse esa fuerza que la había derrotado permite que el estalinismo impulse la reconstitución de esta clase. La reaparición en el escenario social de la burguesía no proviene de la reanimación de los vestigios de la antigua clase (excepto en algún caso individual), ni a partir de una propiedad individual de los medios de producción, sino a partir del desarrollo del capital que va a aparecer despersonificado, sin rostro individual, pero encarnado en la burocracia del partido que está fundido con el Estado y se presenta bajo la forma de propiedad estatal de los medios de producción.
Por ello resulta un gran error suponer que la estatización de los medios de producción está asociada con una sociedad distinta al capitalismo o que significó (o significa) un “acto progresista”. Por cierto, vale decir de paso que aún cuando Trotski en La Revolución Traicionada (1936) explicaba que: “La propiedad estatal de los medios de producción no transforma en oro el estiércol y no le da una aureola de santidad al ‘sweating system’ (sistema del sudor)…” va a seguir insistiendo en que en la URSS existía un “Estado obrero degenerado” e incluso llamaba a su defensa, lo cual si es inicialmente una idea con profunda confusión, el trotskismo la lleva al extremo al impulsar la defensa de la URSS en la Segunda Guerra Mundial ([1]), enrolando a la clase obrera en la defensa de una fuerza imperialista, lo que define que la corriente trotskista abandone el terreno proletario.
De hecho, la actuación del estalinismo durante la Segunda Guerra Mundial mostró más abiertamente su naturaleza burguesa: el “Ejército Rojo” aplastó la insurrección obrera de Varsovia y, junto a los Aliados, participó del reparto del botín imperialista avanzando hasta Berlín.
Como se ha expuesto arriba la burguesía mundial recibió y sigue recibiendo amplios servicios del estalinismo, y aunque de forma hipócrita suele deslindarse de Stalin calificando a su gobierno como un infierno de terror, no deja de usar su nombre para fomentar el patriotismo y la justificación de la guerra imperialista.
El 2012 ha sido marcado por una aceleración de las pugnas burguesas en Georgia, que no solo se manifestaron en las pistas del circo electoral sino que toca todos los escenarios sociales. En ese marco de disputa burguesa, Stalin vuelve a ser invocado para desatar una campaña nacionalista.
A fines del 2012 y principios del presente año la burguesía georgiana, pretextando una recuperación de la historia, ha restaurado en algunas ciudades los monumentos a Stalin. La burguesía georgiana (principalmente desde el partido Sueño Georgiano) recupera a este personaje por el hecho de haber nacido en esa región, pero más allá de ser un “acto simbólico” es una maniobra para extender entre los explotados el tufo adormecedor de la defensa de los intereses de la burguesía local.
De la misma manera, el cambio de nombre a la ciudad de Volgogrado a Stalingrado, durante seis días para hacer los festejos de la “defensa de Stalingrado”, más que un curioso acto provinciano es una expresión de cómo la burguesía justifica la guerra imperialista y de paso ennoblece el papel que jugaron los carniceros como Stalin.
Pero si la burguesía aplaude y sigue utilizando la memoria de sus carniceros, la clase obrera, en su necesidad de entender y transformar el mundo, requiere recuperar su historia y su experiencia de forma que le permita reconocer el perfil anti proletario de Stalin y el estalinismo, pero ante todo, recuperar el principio internacionalista del marxismo que la burguesía se ha empeñado en deformar con el fin de desnaturalizarlo.
Tatlin, febrero 2013
[1] En esta ocasión no abundaremos sobre este problema, pero recomendamos la lectura del artículo: “A 20 años de la caída del estalinismo: ¿La URSS, fue Capitalismo de Estado o ‘Estado obrero degenerado’?”, en Revolución Mundial 113, nov.-dic. 2009 (https://es.internationalism.org/rm2000/2009/113_exURSS [18]).
El 11 de enero de 2013, el Presidente francés, François Hollande, lanzó la operación “Serval” en Mali para luchar contra “el terror”. Aviones, tanques, vehículos de todo tipo y hombres armados hasta los dientes se despliegan en el sur del Sahel. Al tiempo que escribimos este artículo, los aviones lanzan sus bombas, las ametralladoras escupen su munición y empiezan a caer las primeras víctimas civiles.
La burguesía francesa otra vez se pone a la cabeza de los conflictos bélicos en África, y de nuevo en nombre de la paz. Esta vez lo hace en Mali, con la excusa de “luchar contra el terrorismo y defender a la población civil”. Por supuesto, la crueldad de las bandas armadas que campan por sus respetos en el Norte de Malí es indudable, los señores de la guerra siembran muerte, desolación y terror allá por donde andan, pero las razones de la intervención militar francesa no tienen nada que ver con aliviar el sufrimiento de los lugareños. El único móvil del Estado francés es defender sus propios intereses imperialistas.
La TV nos muestra imágenes de los habitantes de Bamako de pletóricos de alegría que ven a François Hollande como un Salvador. Aunque esas son las únicas imágenes de esta guerra que hoy por hoy se difunden: poblaciones aliviadas ante la expectativa de que se frene el avance hacia la capital de esas hordas mafiosas responsables de los abusos más atroces. Pero esta felicidad no durará mucho. Cuando una “gran democracia” avanza con sus tanques, la hierba no vuelve a crecer, lo que crece tras su paso es la desolación, el caos y la miseria.
Este mapa muestra la relación entre los principales conflictos que asolaron África en la década de los 90 del siglo XX y el hambre. El resultado es muy revelador: a cada guerra –a menudo justificada como intervención humanitaria, como en Somalia en 1992 y en Ruanda en 1994– le acompañó la escasez de alimentos. Lo mismo pasará en Malí, la desestabilización de toda la región y el aumento del caos.
“Conmigo como Presidente, se acabó la Françáfrica” dice François Hollande. Tamaña mentira daría para partirse de risa si no fuera por los montones de cadáveres que se van a amontonar. La izquierda desde hace casi un siglo se viste de humanista para para ocultar su auténtica naturaleza: ser una fracción burguesa que, como todas las demás, se presta a todo para defender el interés nacional. Como es el caso ahora en Malí: defender los intereses estratégicos de la Francia. Al igual que hizo François Mitterrand al intervenir militarmente en Chad, Iraq, antigua Yugoslavia, Somalia y Ruanda. “Los socialistas” nunca han sido reacios a proteger sus “valores” (es decir, los intereses burgueses de la nación, en este caso de la francesa) a punta de bayoneta.
Desde el comienzo de la ocupación del norte del país por los islamistas, las grandes potencias, especialmente Francia y Estados Unidos, azuzaron a los países de la zona para que metieran sus botas imperialistas a cambio de financiación y apoyo logísticos. Pero en ese juego de alianzas y manipulación, Estados Unidos es más hábil que Francia y poco a poco va ganando influencia. Para Francia esto resultaba inaceptable, tenía que reaccionar con fuerza ante tamaña intromisión en su “jardín privado” “a la hora de las decisiones, Francia tiene que actuar haciendo gala de su “derecho y deber” de antigua potencia colonial. Malí se acerca demasiado a los Estados Unidos, hasta tal punto que aparecen como sede informal de AFRICOM, el mando militar unificado para África, establecido en 2007 por George Bush y luego consolidado por Barack Obama” (Correo Internacional del 17 de enero de 2013).
De hecho, en esta región del globo, las alianzas imperialistas son muy complejas e inestables. Los amigos de hoy pueden convertirse en los enemigos de mañana, o incluso ser ambas cosas ¡al mismo tiempo! Como todo el mundo sabe Arabia Saudita y Catar al tiempo que se declaran “grandes aliados” de Francia y Estados Unidos, son los principales financiadores de los grupos islámicos en el Sahel. Por eso no es ninguna sorpresa que el Primer ministro de Catar utilice las páginas del periódico francés Le Monde para poner en cuestión la operación “Serval”. Y, qué decir de la actitud de las superpotencias, Estados Unidos y China, que “oficialmente” apoyan a Francia pero por lo bajini empujan a sus peones a seguir avanzando.
Como le ocurrió a Estados Unidos en Afganistán, Francia tiene todos los números para atascarse en las arenas del Sahel. El imperialismo francés ha caído de bruces en el “Atolladero maliense” y por tiempo indefinido (en palabras de Hollande: “el tiempo que haga falta”). “Si la operación militar está justificada con respecto a los peligros que plantean las actividades de grupos terroristas bien armados y cada vez más fanáticas, no está exenta de riesgos como empantanarse y aumentar de forma duradera la inestabilidad en todo el África occidental. De hecho no se puede impedir que estrechen lazos con Somalia. La violencia en el país, como consecuencia de los trágicos acontecimientos de Mogadiscio a principios de 1990, se ha extendido por el Cuerno de África, y veinte años después aún no se ha estabilizado. “ (A. Bowden, Le Monde, 15 de enero de 2013). Esta idea es importante: la guerra en Somalia desestabilizó el Cuerno de África y “veinte años después aún no se ha estabilizado”. Esto es lo que son estas guerras supuestamente “humanitarias” o para “luchar contra el terrorismo”. Cuando las “grandes democracias” agitan al viento su bandera de intervención armada para defender el “bienestar de los pueblos, la “moral” y “la paz”, siempre dejan tras de sí montañas de ruina por las que campa el hedor de la muerte.
“Es imposible (...) no darse cuenta de que el reciente golpe de estado (en Mali) es un efecto colateral de las rebeliones en el norte, que a su vez son resultado de la desestabilización de Libia por parte de una coalición occidental que ni se siente responsable ni tiene el más mínimo remordimiento. Resulta difícil no reconocer el tufillo que hoy sopla en Mali tras haberlo olido en sus vecinos Costa de Marfil, Guinea, Níger o Mauritania “(Courrier international, 11 de abril de 2012). De hecho, muchos de los que están hoy en Mali eran grupos armados que luchaban junto a Gadafi.
Acordémonos de que en Libia la intervención de la “Coalición occidental” también se hizo en nombre de “restablecer el orden y la justicia” y por “el bien del pueblo libio...”. Esa misma barbarie continua propagándose hoy por esta parte del mundo con su secuela de sufrimiento para la población. Con la guerra en Malí le toca el turno de desestabilizarse a Argelia.
El 17 de Enero un batallón de AQMI toma como rehenes a cientos de personas que trabajan en una planta de producción de gas en Tigantourine. El ejército argelino responde escupiendo fuego contra los secuestradores sin importarle lo más mínimo a cuantos rehenes se cargaba en el intento. Ante tamaña carnicería, el Presidente “socialista” francés Sr. Hollande, no tiene el más mínimo rubor en avalar la masacre afirmando que: “un país como Argelia ha dado, en mi opinión, la respuesta más adecuada pues no cabe la negociación”. Semejante irrupción de Argelia en la guerra del Sahel, aclamada como cabe todo un Jefe Estado, testimonia el círculo vicioso en el que nos sume el capitalismo. A fin de cuentas: “Para Argel, esta acción sin precedentes en su territorio hunde un poco más al país en una guerra que quería evitar a toda costa por temor a las consecuencias dentro de sus propias fronteras” (Le Monde, 18 de enero de 2013).
Desde el comienzo de la crisis de Malí, el poder argelino llevó un doble juego como se ve en dos hechos importantes: por un lado “negoció” abiertamente con algunos grupos islamistas, permitiéndoles aprovisionarse con grandes cantidades de combustible en su sobre Konna en su camino hacia Bamako; por otro lado, Argel permitió que aviones franceses sobrevolasen su espacio aéreo para que bombardearan posiciones de grupos jihadistas en el Norte de Malí. Esta posición contradictoria y la facilidad con que los elementos de AQMI pudieron acceder al complejo industrial “más seguro” del país, muestra la descomposición del funcionamiento del Estado y de toda la sociedad. La entrada de Argelia en la guerra, como la de otros Estados del Sahel, acelerará el proceso de descomposición que ya está en marcha.
Estas guerras muestran que el capitalismo está sumido en una espiral muy peligrosa que amenaza el futuro de la humanidad. Cada vez más zonas del planeta se sumen en el caos y la barbarie más extrema. Se entrelazan el salvajismo de torturadores locales (señores de la guerra, jefes de los clanes, bandas terroristas...), la crueldad de los segundos espadas imperialistas (Estados pequeños y medianos) y el poder devastador de las grandes naciones. Cada uno de ellos está dispuesto a todo: intrigas, golpes bajos, manipulación, todo tipo de crímenes y atrocidades... para defender sus miserables y patéticos intereses. Los constantes cambio de alianzas escenifican una danza macabra.
Este sistema moribundo deja de hundirse y los conflictos guerreros van a seguir propagándose engullendo cada vez más partes del mundo. Elegir bando, en nombre del mal menor, es participar en esa dinámica cuyo resultado es la aniquilación de la humanidad. Sólo hay una alternativa realista, sólo hay una forma de salir de ese engranaje infernal: la lucha masiva e internacional de los explotados por otro mundo en el que no haya clases sociales ni explotación, ni pobreza ni guerra.
Amina (19 de enero)
Justo al inicio del año y en el acto oficial para dar inicio a las actividades de las estructuras jurídica que llevan los asuntos laborales, Peña Nieto declaró que el “2013 será un año de trabajo y prosperidad”. Los trabajadores de la empresa Cotrisa (Construcciones y Trituraciones S.A), están viviendo el significado de esas pretensiones. La empresa subcontratada por PEMEX que construye los túneles para la refinería de Tula, Hidalgo (Estado vecino al Estado de México y cerca del DF), denuncian los trabajadores, los somete a extenuantes jornadas de 12 horas diarias, sin tener derecho a vacaciones y recibiendo míseros salarios semanales (en promedio) de 1,300 pesos a la semana (102.5 dólares/usa), pero además en las excavaciones que operan se concentran aguas negras y altos niveles de gas metano y no se cuentan con las mínimas medidas de protección. La narración que hacen de las casuchas que el patrón ofrece para que duerman, hace recordar la descripción que de las habitaciones de los obreros londinenses del siglo XIX, hizo Engels en La situación de la clase obrera en Inglaterra y más terrible es notar que aún pueden ser peores: “en las casas del campamento, de dos habitaciones, se hacinan hasta 17 personas en camas en mal estado…” ([1]).
Hartos de esas condiciones el 15 de febrero, los 500 trabajadores de Cotrisa que laboran en el tramo de Atitalaquia, a escasos kilómetros de la Refinería, han parado labores expresando gran combatividad.
La fuerza y el coraje no pudieron ser detenidos por el sindicato (por ridículo que parezca el nombre del sindicato abarca tres renglones, por lo que para abreviar lo llamaremos el “sindicato Carrillo Puerto”), no sólo porque la decisión fue asumida por encima de ellos, sino además porque no reconocen su representatividad.
El ejemplo de cómo se puede luchar lo expresan estos trabajadores: sólo es posible luchar fuera del control sindical, pero hay un problema que todavía tienen que considerar, no se puede luchar aisladamente (ya sea como gremio o como fábrica), por muy numerosa que sea la movilización. Es necesario que esta lucha no se quede perdida en una zona aislada, por eso se requiere buscar la solidaridad de trabajadores de otras fábricas y de otros sectores. La lucha por mejores salarios y seguridad no son demandas particulares de un grupito de trabajadores, son problemas que enfrenta el conjunto de los asalariados.
Justamente el aislamiento de esta movilización obrera va posibilitando a que el sindicato se presente, queriendo espantar o imponer condiciones, o la misma patronal y el gobierno busquen reprimir, como ya lo han hecho con el despido de 2 trabajadores que mostraban amplia combatividad.
Iniciar un movimiento tomando en sus manos el control, es un paso importante en el combate, pero si la lucha de estos excavadores no se extiende, esa fuerza estará condenada a morir de asfixia sin el socorro de otros sectores del proletariado.
La fuerza de los trabajadores se encuentra en su capacidad de organización autónoma y en la masividad de sus luchas.
RM, 22 febrero 2012
[1] La Jornada, 20 febrero 2013.
Lo que publicamos a continuación son extractos de una correspondencia dirigida por uno de nuestros militantes a elementos jóvenes que se inclinan por las posiciones defendidas por Miguel Amorós en su libro Registro de Catástrofes, donde se formulan análisis que ponen en cuestión que el proletariado siga siendo el sujeto histórico de la revolución. Esperamos que nuestros lectores sean comprensivos con las expresiones algo coloquiales de lo que no deja de ser una carta personal, lo que en todo caso subraya el clima abierto y fraternal con el que tratamos de acompañar estas polémicas. Por lo demás el tema nos parece de una gran importancia, y más en el momento actual en que muchos elementos, jóvenes y no tan jóvenes, se indignan con el capitalismo, atisban a ver que conduce a la humanidad a la más completa y absurda de las barbaries y, sin embargo, no encuentran aún en que fuerza social o movimiento históricos confiar para echar el capitalismo al basurero de la historia.
No soy de esos que dice Amorós que ven la historia como un “continuum”, como un bucle inalterable, sino como una cadena en la que se van engarzando eslabones. Cada uno se ancla en el pasado y sirve de apoyo al siguiente, aunque cada uno es diferente, con sus peculiaridades culturales y vivenciales. Así que ¡Salud a las nuevas generaciones de revolucionarios!
Es verdad que esa transmisión requiere, como decía Marx, que “los educadores hayan de ser educados”, o sea que la “vieja generación” admita ver cuestionados sus planteamientos de “toda la vida”. No solo que lo admita, sino que lo valore, pues las aportaciones de la “nueva generación”, aunque sea sólo como preguntas, o señalando insuficiencias y contradicciones de los viejos planteamientos, suponen por eso sólo, una contribución a una comprensión más clara de las condiciones del combate ([1]). Pero si falso es que “todo está escrito”, pero también que “partimos de 0”. La conciencia, política y humana, no se desarrolla por negación sino por superación de lo anterior, es decir tomándolo como referencia, recuperando lo que sigue siendo vigente y separándolo de lo que ya no se corresponde con la realidad o ha quedado invalidado por nuevos descubrimientos. Y eso no se puede hacer “de un plumazo” o a base de frases lapidarias sino a través de un análisis riguroso de hechos materiales. No puede descalificarse la teoría revolucionaria del “pasado” diciendo que con esos planteamientos no se ha hecho aún la revolución. Tampoco se ha logrado la igualdad de hombre y mujer y eso no quita validez a lo que hemos aprendido sobre el papel de la mujer en la evolución de la especie, las repercusiones de la división del trabajo en la opresión sexual, etc.
(…) en el momento actual sí coexisten dos generaciones sucesivas de revolucionarios, que si salvan las barreras de la incomprensión, pueden realizar ese transmisión a través de un proceso vivo de debate, de polémica animada y fraternal, en la que el objetivo no es necesariamente convencer al otro, si no aprovechar lo que el otro puede aportar.
Que conste que estoy de acuerdo con muchas de las cosas que señala. Por ejemplo su crítica intransigente a la democracia y al Estado totalitario que esconde. También la honradez con la que constata las insuficiencias de algunas “alternativas” (desde la antiglobalización y el primitivismo hasta la violencia minoritaria y la “propaganda por el hecho”). (…) pero no voy a entrar en ellas porque he concentrado este escrito en lo central de este libro, a saber: que desde los años 90 se ha producido una especie de liquidación social, que, como consecuencia de cambios en la esencia del capitalismo, se producen cambios estructurales: las clases sociales se han disuelto en “las masas” y el proletariado ha dejado de ser el sujeto histórico, es decir alternativa de construcción de una nueva sociedad.
Si entiendo bien lo que quiere decir, Amorós, el epicentro de ese terremoto que altera sustancialmente la estructura social y la historia (pues Amorós no niega que hasta los años 90 el motor de la historia fuese la lucha de clases) es la tecnología, o tal y como él mismo prefiere decir: en la transformación del capitalismo de una sociedad industrial en una sociedad tecnológica. Puesto que esto es una cuestión central en su argumentación, he buscado en el libro una definición más precisa, y lo más concreto que he encontrado ha sido: “La tecnología es la fuerza que impulsa los cambios y provoca las catástrofes. La tecnología no es un conjunto de destrezas, herramientas y máquinas, sino un sistema compuesto por los resultados técnicos de la ciencia aplicada que conforma una segunda naturaleza” (pag. 21). Resulta desde luego abstracto pero entiendo que no se refiere a una determinada tecnología (la circulación de mercancías a todo el mundo, las telecomunicaciones o incluso la informática son efectivamente anteriores a los años 90), sino, un determinado grado de extensión de esa tecnología, tanto geográficamente, como en cuanto a su penetración en la vida de los individuos. Es la conversión en lo que Amorós llama un sistema “global”, de lo que, según explica, se desprende que:
(…) Lo mejor que se puede decir de este trabajo es que está escrito “desde sus tripas”, desde un profundo desencanto que siente una gran parte de la generación de los años 68 por el fiasco en que acabó “nuestro” asalto a los cielos que tan fácil veíamos en el 68 en Francia o en el 76 en España, y que terminó efectivamente agotándose. Otra cosa es analizar el por qué. Uno de los factores a considerar es que a finales de los años 80 se produjo el hundimiento –televisado– de los “países socialistas”, de lo que durante generaciones y generaciones se asumió por muchos obreros como la alternativa a la sociedad capitalista. Este hecho, por cierto, no aparece en el libro, lo que demuestra que Amorós prefiere mirar la realidad con las lentes del localismo y el inmediatismo ([2]), lo que le lleva a una visión distorsionada.
Si, en cambio, se miran las cosas desde un punto de vista histórico, resultan que esos cambios originados por “la elevación de la tecnología a sistema global” no son para tanto. En primer lugar ha habido otras revoluciones tecnológicas en la historia –la “revolución agrícola” hace más de 10 mil años, o la “revolución industrial” hace más de 200– que también supusieron importantes cambios en la vida de los individuos (por ejemplo para la estabilidad de los asentamientos humanos en la primera, o para el abaratamiento de la producción y la circulación de los productos la segunda), y eso no supuso la desaparición de las clases sociales, sino más bien todo lo contrario: la creación de más y más excedentes de los que se apropia una minoría. No voy a entrar aquí a debatir si como dice Amorós, “el progreso tecnológico es siempre opresión”, pero ¿por qué esas “tecnologizaciones” radicales de la vida social no supusieron entonces la transformación de clases en masas ([3]), y la actual sí? (…).
Hoy, con la gravedad de la crisis y los brutales sacrificios que impone a una parte mayoritaria de la población mundial, han tenido que bajar el volumen de los discursos sobre el “capitalismo popular”, los proletarios que se convierten en auto-patronos, o que meten en la especulación inmobiliaria, que ya habrían desaparecido las clases y estábamos en el “final de la Historia”, pero ese “espejismo”, junto a la falsificación de que la única “alternativa” social al capitalismo era la barbarie de Rusia o Corea ([4])… han confundido enormemente a muchos combatientes contra la explotación, cuyos análisis se quedaron en lo formal o lo contingente.
Lo que sucede en los años 80 en todo caso no es un cambio sustancial sino una adaptación del capitalismo mundial ante su imposibilidad de superar su crisis histórica de sobreproducción, que son las crisis típicas del capitalismo. Lo digo así a lo bruto, pero lógicamente esto habría que explicarlo más detalladamente en un debate. Lo que sí quiero decir ahora es que sí se mira desde un punto de vista internacional no puede decirse que en los años 80 haya habido menos industrias. Hay que tener la vista en el propio ombligo, y ser muy “eurocentrista”, para no ver lo que ha significado la proliferación de fábricas e industrias en los “tigres asiáticos” en los años 80 y luego a China. Tampoco puede decirse, mirando eso sí las cosas más allá del entorno inmediato, que haya habido una disminución del número de proletarios. Sólo en China, India… cientos de millones de campesinos abandonaron la agricultura en sus aldeas para irse a trabajar a las fábricas. Y ese proletariado no es explotado empleando la tecnología punta e hiperproductiva por hora trabajada (eso es lo que había en Europa y se desmantelaron esas fábricas), sino en muchos casos a través de una explotación extensiva (baste ver las fábricas textiles de Bangla Desh, segundo proveedor mundial de la industria textil). Pero también en el primer mundo se produce una proletarización creciente. Una de las cosas que muestran por ejemplo las luchas en el sector sanitario, es que la asistencia médica se ha convertido en una enorme factoría. Lo mismo cabe decir de la “investigación” desarrollada por becarios (la beca es una “forma” de salario). En realidad a partir de los años 80 hay una inmensa proletarización de la juventud y en especial de la juventud formada académicamente que pasa a ser mano de obra especializada y precaria y no ya los cuadros directivos de las industrias o los negocios capitalistas. Cuando no forman parte de ese contingente del proletariado que es el “ejército de reserva” de los desempleados que sirve para presionar, contra su voluntad, a la baja las condiciones de vida y trabajo de todos los trabajadores,…
La verdadera raíz del capitalismo, lo que le define no es ni la “producción” o el consumo, así por separado, si no una determinada relación entre producción y consumo. En concreto una producción asociada y una apropiación privada de los frutos de esa producción. En el caso de un Smartphone por poner un ejemplo de los que más tirria dan, ese “artilugio” es el resultado de un trabajo asociado que incluye desde los semi-esclavos de las minas del coltán en África, a los niños que ensamblan el hardware en talleres chinos, y el empleado que prepara el software y que a menudo trabaja en su propia casa en California,… Eso es una diferencia sustancial con la sociedad feudal donde la escala de la producción eran las tierras de un señor o el taller gremial de un maestro particular. En cuanto a la apropiación privada de los resultados de esa explotación, no se basa, a diferencia también de lo que sucedía en la feudalidad, en que el propio explotador se quede con parte o con todo lo producido, sino en convertirlo en mercancías que se vierten a un mercado que es mundial casi desde principios del siglo XX. Ese mercado no está formado por las necesidades de la gente, sino por los compradores “solventes”, entre los que se incluyen los proletarios que cobran un salario para reproducir su fuerza de trabajo. Y esa reproducción incluye “recompensas” o “mecanismos” para compensar o para evadirse de una realidad alienante (lo producido no obedece a las necesidades del productor): el consumismo y las drogas forman, ambas, parte de este maldito circuito.
Y quiéralo o no, Amorós acaba cayendo en esa culpabilización del proletariado, como cómplice “consumista” del capitalismo y por querer someterse a la esclavitud asalariada. También por no haber hecho la revolución. Las dos primeras acusaciones son falsedades. En el capitalismo el hombre, aparentemente, se ha “liberado”. Desde luego ya no está sujeto a un amo, o a un señor feudal. Y también, como decía Engels está “aligerado” de cualquier medio de subsistencia, que no sea su fuerza de trabajo. Es el primer sistema de la historia en que el explotado tiene que ir a buscar al explotador para que lo explote. Eso crea una “apariencia” de que decide “libremente”, cuando en realidad, lo hace forzado por la necesidad de sobrevivir. Lo de que el proletariado no ha hecho la revolución es, en cambio, totalmente cierto. Estaría bien que pudiéramos discutir el por qué (…) ([5]).
Sinceramente a una mareante madeja de contradicciones. Habla de “misión histórica”, pero al mismo tiempo afirma el final de la historia, puesto que según él a partir de los años 1980, la tecnología ha liquidado la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción (base de la lucha de clases y de la sucesión de modos de producción de la historia). Apela con toda energía a dotarse de una comprensión del mundo, de un arma teórica que defiende –y ahí tiene mucha razón– pero al mismo tiempo niega que sirva para mucho, puesto que la historia se ha convertido, según sus propias palabras en “una sucesión de imprevisibles catástrofes”. Crítica rotundamente la “guettización” de las luchas, pero parte de lo más inmediato y local, y defiende como perspectiva: “el establecimiento de zonas de defensa opacas en su interior por parte de los supervivientes rebeldes. Una sociedad dentro de otra…” (pag 26). …
Se queja del activismo, pero su pérdida de referencias en la historia, conduce inevitablemente a irse metiendo en una sucesión empirista de “prueba y error” hasta dar con una lucha en la que reconocerse. Reivindica la necesidad de identificar al enemigo pero no sabemos lo que nos une a los “amigos” ¿Quién está en nuestro lado?, ¿Quién comparte barricada en un momento dado, como los Hermanos Musulmanes en Tahrir? ¿Quién comparte la opresión capitalista con nosotros?, ¿los negros como Obama? ¿las mujeres como Merkel? ¿Con quién nos identificamos? ¿con los explotadores griegos que se quejan de tener que pagarle a los bancos alemanes o con los jóvenes alemanes que protestan por verse condenados a los minijobs”?, ¿con Evo Morales y sus antiguas comunidades aymaras o con los mineros bolivianos que se oponen al aumento del precio de los combustibles? ¿con los independentistas catalanes que aceptan la austeridad para lograr el referéndum? O sea Raza o Clase. Sexo o Clase. Nación o Clase…
Renunciado a la historia y a la perspectiva no sólo no se sabe hacia dónde se navega, sino que no se aprovechan los vientos. Lo afirmo así, aunque estaré encantado de argumentarlo en un debate. Precisamente porque la clase obrera está basada en la asociación, es también una clase internacional e internacionalista, es una clase que puede hacer suyas experiencias que no están en su entorno inmediato. En ese sentido es muy significativo que un debate muy parecido a éste se esté dando con jóvenes franceses, con exsindicalistas brasileros, o maestros en California,…
No aspiro a convencer, ni tirar a nadie del caballo… Si consigo que surjan preguntas, si suscito la curiosidad por conocer más allá de lo inmediato, si impulso que se “refresquen”· con razonamientos nuevos los argumentos que motivan lo que se está haciendo, y, ¡sobre todo! si incito a tener curiosidad a “discutir” con estos tíos, porque puede ser interesante, escribir este texto, me habrá merecido la pena.
Un saludo fraternal
[1] Un ejemplo del pasado: durante todo el siglo XIX, todos los revolucionarios compartían la idea de que la independencia de Polonia favorecería al movimiento obrero. En un Congreso una joven revolucionaria polaca, Rosa Luxemburgo, demostró, en cambio que las condiciones del capitalismo europeo y polaco habían cambiado y que esa consigna ya no tenía sentido. Casi la tachan de “hereje”. Pocos años más tarde ella seguía siendo fiel al internacionalismo y a la revolución, y algunos de los “guardianes de la ortodoxia” traicionaron ese internacionalismo llamando a los obreros alemanes a masacrar a sus hermanos rusos en la Iª Guerra Mundial. Cuando estalló la revolución en Alemania, ellos ordenaron secuestrar y arrojar a un canal a “Rosa la roja”.
[2] Por ejemplo ignora lo que en la Italia de los 70-80 se llamó el Área de la Autonomía, desaprovechando las lecciones de su fracaso que en gran medida adelantaron lo que se vio en los movimientos juveniles de los años 90 en España,.. También su análisis de que el movimiento de los jóvenes franceses de 2006 no es extrapolable a España (que 5 años más tarde vive el 15M),… son otros ejemplos de esta búsqueda de refugio en lo inmediato y lo local ante la incapacidad de encontrar una explicación verdaderamente histórica y mundial.
[3] Amorós dice que “la sociedad de clases nace de la disolución de la sociedad feudal” (pero ¿es que antes no había clases, siervos y amos?), para a continuación pontificar que: “la sociedad de masas nace de la disolución de las clases (afirmación enérgica pero no demostrada), de la integración de la vida cotidiana al mercado”. Pero esa es la esencia del capitalismo desde sus orígenes, y no se entiende por qué Amorós la sitúa a partir de los años 1980. Para justificar esta afirmación, Amorós, trampea la realidad idealizando la vida del proletariado anterior a 1980, como sí en los barrios obreros de Londres del siglo XIX, o en la Rusia de los años 30, en la postguerra tras la IIª Guerra Mundial, el proletariado hubiera podido sustraerse al imperio de la mercancía, a la alienación de sus vidas, a que su actividad productiva dependiera de que engordara o no al capital. Otra cosa es que en los últimos años estemos asistiendo a un aumento de la atomización social, de la degradación de la naturaleza y de la vida humana, pero eso, pienso obedece a la podredumbre de un sistema, no a un cambio de su esencia.
[4] Otro ejemplo de lo que representa para los revolucionarios dejarse llevar por las apariencias y no “ir a la raíz”: desde los años 1920 se va instaurando progresivamente en Rusia un capitalismo de Estado brutal. Sin embargo no hay “capitalistas” tal y como se habían conocido hasta ese momento. Los “buitres” con chistera y frac han sido sustituidos por funcionarios del “Estado proletario”, pero la explotación de los trabajadores, el salario, la dominación de la ley del valor de cambio por encima del valor de uso,…Y sin embargo muchos creyeron ver en ello una sociedad distinta.
[5] Ver una contribución a este debate en Revista Internacional números 103 y 104: ¿Por qué el proletariado no ha acabado con el capitalismo? /revista-internacional/200602/752/al-inicio-del-siglo-xxi-por-que-el-proletariado-no-ha-acabado-aun-c [26]
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El proletariado y las capas no explotadoras de El Ecuador nuevamente han sido convocadas obligatoriamente a otro recambio de administradores del Estado capitalista (Presidente, Vice-Presidente y los asambleistas) a través de la más efectiva de las armas de mistificación que le ha dado excelentes resultados a la burguesía entre los explotados: "las elecciones"; mecanismo por el cual el Estado somete ideológica y políticamente al conjunto social bajo el peso de la democracia que en los hechos constituye la forma que asume la dominación de la burguesía.
Con ello decimos que la democracia es la dictadura de una clase: la burguesía y sus acólitos, y que las elecciones es un mecanismo por el cual se reafirma en la cabeza de los explotados la idea falsa de que se ejerce el "poder" a través del "voto", que en la práctica es dar el visto bueno para que la burguesía y sus lacayos nos sigan dando con el mazo de las políticas que permiten perpetuar el "orden burgués", las condiciones sociales y políticas por el cual la extracción de plusvalía (explotación del trabajo) se desarrolle sin sobre saltos ni protesta alguna, la que constituye la esencia de vida para el capitalismo. En El Ecuador el correismo ha sido muy eficiente en este aspecto.
La función del Estado en el marco de la decadencia del sistema capitalista es el de mantener las condiciones fundamentales para la explotación efectiva del trabajo y así permitir la acumulación de capital y mantener con vida este sistema moribundo, en condiciones en que la creciente saturación de los mercados hace que el capitalismo viva continuos sobresaltos que lo hunden más y más en la barbarie: dos guerras mundiales, 1914-1918 / 1939-1945; y un sinnúmeros de conflictos regionales que han implicado a las grandes potencias y que le han costado la vida a mucho más personas que las dos carnicerías mundiales juntas. Por tal efecto, la tendencia al capitalismo de Estado es la generalidad en los estados nacionales, con ello las burguesías nacionales se arropan bajo el manto estatal y logran enfrentar el ruedo salvaje de un mercado globalizado y saturado. Desde la crisis abierta del capitalismo (mediados de los 60) y su tránsito a la descomposición [1]), el hundimiento a la barbarie es insondable (basta ver Siria y Mali, y la respuesta de los Estados a nivel mundial) las condiciones de vida del proletariado al igual que de las capas no explotadoras se han deteriorado aceleradamente, mas en la orilla opuesta una minúscula y parasitaria burguesía sigue acumulando y derrochando ostentosamente riquezas incalculables, estas condiciones sedimenta con fuerza la presencia del capitalismo de Estado en la vida social de cada nación del planeta, esto se traduce en un Estado policiaco, altamente represivo, donde el terror del Estado se siente hasta en el seno familiar, donde el proletariado se debate entre las políticas de austeridad o de relanzamiento de las economías para salir de una crisis que lleva más de cuarenta años, esto es mayor presión sobre las espaldas del proletariado y de las capas no explotadoras; sumándose a las formas ideológicas de lo más mistificadoras como el nacionalismo, la religión y la democracia sumiendo al conjunto social en la perdición del mayor individualismo y atomización, tendiendo a perderse todo rasgo de humanidad.
En el marco de la decadencia del sistema capitalista ([2]) se acabaron las reformas o las mejoras en las condiciones de trabajo del proletariado. Cuando el capitalismo representaba todavía un progreso, cuando este era el motor del desarrollo de las fuerzas productivas, la participación electoral, el parlamentarismo eran necesario ya que a través de estos mecanismos se organizaba y aglutinaba al proletariado, se arrancaba con duras peleas, tanto en las calles como en el parlamento, mejoras a una burguesía que lucía madura, con vitalidad. Hoy por hoy eso ya no es posible, el capitalismo es un sistema moribundo, no representa progreso alguno a las fuerzas productivas, más bien es un peligro para la vida de la humanidad, la burguesía solo denota esclerosis mental, ella se ha vuelto regresiva. Este es el fundamento por el cual las elecciones y la democracia no conducen a ningún lugar sino a perpetuar y avalar el capitalismo.
Mas la burguesía ecuatoriana en medio de la descomposición del capitalismo se mimetiza y ocupa el espacio de izquierda y aglutina a todos los izquierdistas y sindicalistas, para que con la ayuda de ellos ejecutar las políticas necesarias y poder perpetuarse en el tiempo, este es uno de los fundamentos por el cual el correísmo y el aparato izquierdista se encuentra conduciendo el Estado ecuatoriano; estos sátrapas han logrado lo que ninguno de los gobiernos anteriores han hecho, un efectivo control social al punto de introducir golpes furibundos en la nuca del proletariado como las renuncias obligatorias, la criminalización de la protesta social, etc.
Indudablemente no. Lo único que habrá es un reacomodo en las fracciones de la burguesía, seleccionando al grupo económico que se beneficie sustancialmente de las rentas estatales, pero lo de fondo, el capitalismo de Estado, su penetración en la vida social, su fortalecimiento, su mayor operatividad para enfrentar día a día los brotes de protestas por el deterioro de la vida, su más efectiva articulación para poder controlar uno a uno a los habitantes de esta sociedad, y otras tantas políticas que mantengan unidas a los distintos intereses burgueses bajo la tutela del Estado para enfrentar la descomposición del capitalismo en todos los órdenes, estos aspectos no cambiarán para nada.
La clase trabajadora ecuatoriana al igual que la del resto del mundo no tiene nada que ganar en estas elecciones ni con la democracia, más bien pierden, continuará el proceso de atomización, individualización y deterioro de su existencia en este mundo; solo un proceso de debate y clarificación en el proletariado y con las capas no explotadoras hablando sobre cuál es el camino alternativo a lo que nos impone la burguesía y sus lacayos nos permitirá encontrar una luz en medio de la tiniebla lanzada ante nuestros ojos que no nos permite ver el futuro y darnos cuenta que nos une el hecho de pertenecer a una clase social única: el proletariado y que de nosotros depende el futuro de la humanidad; como proletarios nos reafirmamos, y con ello a toda la sociedad, como humanos; como proletarios surge la necesidad de unirnos con nuestros compañeros a nivel mundial y con ello nace la solidaridad y el amor pleno a toda la especie humana y su naturaleza; y encontraremos las fuerzas necesarias para extirpar el capitalismo de la faz del planeta y conducirnos hacia la sociedad humana: el comunismo.
[1] Para explicar este concepto ver Tesis sobre la Descomposición, Revista Internacional nº 62 /revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [29]
[2] Sobre qué entendemos por decadencia del capitalismo ver entre otros muchos documentos "Decadencia del capitalismo (VIII) - La edad de las catástrofes [30]", Revista Internacional nº 143.
¿Es la burguesía española particularmente corrupta?
Los escándalos de corrupción se suceden uno tras otro afectando a toda la clase dominante, desde el rey Borbón hasta el último concejal de pueblo. Los consejos de administración de las cajas de ahorro quebradas se van de rosita con pensiones multimillonarias y tropelías mil, como la estafa de las acciones preferentes y la salida a bolsa de Bankia, después de laminar los ahorros de toda una vida de cientos de miles de familias y jubilados.
Ya Marx analizaba, a mediados del siglo XIX, que la inmoralidad y el latrocinio de la burguesía eran de la misma catadura que las del lumpen. También Engels analiza cómo, cuando comienzan a escindirse las tribus primitivas en clases antagónicas, el progreso económico va unido también al estímulo de los peores instintos de los seres humanos.
La bancarrota económica, la quiebra histórica del capitalismo, es un fenómeno internacional que afecta a los cinco continentes pero, por una serie de circunstancias, se agrava en la zona euro y los países del sur de Europa. El capital español se ve gravemente afectado y se encuentra en el ojo del huracán, con un desempleo salvaje de 6 millones de personas (un 26 % de la población activa) y con las perspectivas de aumentar otro millón más durante 2013. Un endeudamiento global que supera los 4 billones de euros (cuatro veces superior al PIB) y que, a pesar de los ataques salvajes de austeridad contra la población laboriosa, la burguesía no ha conseguido reducir ni el endeudamiento ni el déficit público, que en 2012 sigue en el 9 % del PIB.
La desacumulación de capital, la tarta de ganancias y plusvalías a repartir entre las facciones de la clase dominante, disminuye y, lógicamente, reaparecen las tensiones entre ellas quienes, como los buitres carroñeros, se disputan los despojos de un cadáver. La burguesía nacionalista catalana dice que “Madrid nos roba”, el gobierno central airea el latrocinio durante décadas de las sagas de CIU y el PSOE de Rubalcaba, aunque quiere disimular, no es capaz de esconder sus vergüenzas e inmundicias (falsos ERES en Andalucía, cueva de piratas llamada Fundación “Ideas”…).
Para la mayoría de la población, que está padeciendo en sus carnes los efectos de los brutales planes de austeridad, es insoportable la desvergüenza y la impunidad de una minoría parásita que no aporta nada a la sociedad, nada más que dolor, miseria y putrefacción.
Todo el aparato político de la burguesía está afectado por la putrefacción y la descomposición en una situación histórica en la cual necesita que la mistificación democrática siga funcionando, puesto que la mera represión es peligrosa para sus intereses ya que puede acelerar incluso la toma de conciencia por el proletariado de que “para que la humanidad pueda vivir hay que acabar con el capitalismo”. Hay que ver cómo desde el PSOE, que a pesar de todo es el partido más coherente de la burguesía, se lanzan llamamientos y avisos al PP para que pongan fin a la deriva de enfrentamientos y rencillas internas, lanzándose sus porquerías unos contra otros. Quieren crear la ilusión de una “regeneración democrática”, de un “pacto contra la corrupción”, de una “democracia real ya”… Frente a un proletariado no derrotado, aunque arrastre una falta de confianza y unas dificultades de identidad no desdeñables, la burguesía necesita la mistificación democrática, revestir los ataques brutales como reformas estructurales que llevarían otra vez al crecimiento económico cuando lo que nos llevan es al abismo y a la barbarie; al igual que las guerras imperialistas y de rapiña necesitan revestirlas de intervenciones humanitarias o de lucha contra el terrorismo islámico.
La clase obrera y sus minorías en búsqueda tienen que rechazar los cantos de sirena de una posible regeneración democrática que nunca llegará en este sistema en descomposición; la única forma de luchar, contra los ataques a sus condiciones de vida y trabajo, a la guerra que le ha declarado la clase dominante, es en su terreno de clase; buscando unificar sus luchas, con luchas cada vez más masivas que nos lleven a la huelga de masas y a derrocar el Estado capitalista que es el instrumento de la dictadura burguesa, verdadera fuente de corrupciones y explotación. Por difícil que sea es la única salida que tiene la humanidad.
Gior
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En los últimos meses se están multiplicando las luchas obreras en España, Portugal, África del Sur, Egipto, Turquía, China…
Son la respuesta al diluvio que cae sobre nuestras cabezas: despidos, recortes, desahucios, rebaja brutal de los salarios, atrasos salariales… Son la tentativa de hacer frente a la catástrofe humanitaria que significa el paro, los desahucios, las colas en las instituciones benéficas, la gente que vive en la calle, los suicidios…
¡Esta barbarie no ha venido de repente! No hemos llegado a ella tras años de opulencia y consumismo. En realidad llevamos 40 años de caída:
Lo cierto es que si en los últimos 40 años la caída fue gradual en los últimos 5 años se ha producido una brutal aceleración. Esta aceleración muestra que nos han declarado una guerra a nuestras condiciones de vida, a nuestro futuro y al de toda la humanidad.
Vemos que, en numerosas ciudades, los trabajadores de la recogida de basuras o de la limpieza hacen huelga y se manifiestan; que se han multiplicado las huelgas: en los transportes (metro de Madrid y Valencia, autobuses de Madrid y otras ciudades), en otros muchos sectores: metal, textil, química, sanidad, banca, servicios sociales; y tras éstas un largo etcétera.
Sin embargo, cada sector lucha por su lado, encerrado en sí mismo, completamente aislado. Este es el gran problema de las luchas actuales. No han logrado su confluencia: manifestaciones conjuntas y unitarias, asambleas abiertas donde otros sectores pueden unirse, en especial, aquellos que están muy atomizados: parados, jubilados, precarios, estudiantes…
Unificar las luchas, organizarse para golpear juntos
El capitalismo no tiene nada que ofrecer. Su cálculo es que nos cansemos, nos agotemos, caigamos en la resignación primero y la desesperación al fin. En ello, el aislamiento de las luchas juega un papel fundamental pues nos inyecta en vena la sensación de que nada puede hacerse, de que es imposible que nos unamos… lo que abre la puerta a concluir que “el hombre es malo por naturaleza”, que “estamos condenados de antemano”.
En Grecia hoy, tras 16 huelgas generales y tras una infinidad de luchas aisladas, los trabajadores se sienten cansados, apáticos, desorientados; hay sectores que, decepcionados de todo y de todos, se dejan llevar por ideologías populistas, tanto de izquierdas como de derechas, que les llaman a abrazarse a la Patria y al odio a los extranjeros.
Necesitamos hacer una reflexión en profundidad sobre las causas del aislamiento de las luchas.
En la reflexión sobre las causas del aislamiento observamos que una gran responsabilidad recae sobre los sindicatos: CCOO-UGT nos han tendido una trampa cuando para cada ERE, para cada recorte, han planteado una respuesta aislada, encerrada en la empresa y en el sector, limitada a una presión particular centrada en los responsables del área o la corporación concernida; y cuando queremos luchar unidos, entonces sacan de su chistera la huelga general. Así nos han convocado a dos huelgas generales en 2012: el 29 de marzo y el 14 de noviembre ([1]).
Lucha aislada y huelga general son las dos caras de la trampa sindical. La huelga general no crea unidad sino que provoca división, no incita a la movilización sino que fomenta la desmovilización. Es unir para dividir, movilizar para desmovilizar. La huelga general consiste en reservar para un día D el ejercicio de la unidad y la combatividad, volviendo el resto de los 360 días del año a la atomización, la pasividad y el “cada cual a sus asuntos”. La huelga general es una institución más del capitalismo, del mismo género que la Navidad o el San Valentín. En la Navidad tenemos que ser buenos y abiertos a nuestros semejantes para, una vez terminada, volver a los encontronazos cotidianos, al sálvese quien pueda, al caiga quien caiga. En el San Valentín las parejas se declaran el amor eterno, para al día siguiente seguir con lo de siempre: los recelos, las desconfianzas, las peleas habituales…
CCOO y UGT son instituciones del Estado del mismo orden que Gobierno, Oposición, Patronal, Iglesia, Monarquía, Poder Judicial, Ejército, Policía… Son recibidos por el Rey, tienen hilo directo con Moncloa y con la cúpula de los empresarios, participan en multitud de organismos, constituyen un poder fáctico en empresas, hospitales, administraciones públicas, bancos (Cajas)…
Tienen dos papeles que no son opuestos sino complementarios: el institucional y el combativo. Estos papeles son como dos manos, la mano derecha y la mano izquierda:
Pero todo esto es para llevarnos a los planteamientos y métodos de lucha que podemos calificar de ideología sindical ([2]).
Junto a CCOO y UGT existe una variada gama de sindicatos radicales. Estos tienen escaso papel institucional salvo casos aislados o puntuales, su papel es la lucha combativa pero el problema está en que defienden y vehiculan la ideología sindical de forma aún más radical y extrema. En ese sentido –más allá de la honradez de muchos de sus militantes– complementan y auxilian a CCOO-UGT ([3]).
CGT y CNT critican a CCOO-UGT pero sus planteamientos de lucha son más de lo mismo: propusieron “otra huelga general” el 26 de septiembre, apoyando la convocada por los sindicatos gallegos y vascos, y acabaron sumándose a la del 14 de noviembre.
Critican las convocatorias sectoriales de CCOO-UGT por respetar los servicios mínimos o limitarse a paros parciales, pero proponen huelgas ilimitadas encerradas en el sector, con lo que no salimos de la trampa del aislamiento.
El sindicalismo radical no es una alternativa a CCOO-UGT por la sencilla razón de que se mueve dentro de la misma trampa: la ideología sindical.
Son necesarios la crítica y el debate a fondo sobre ésta.
El método “de manual” del sindicalismo es que “a los trabajadores hay que moverlos a través de la convocatoria y el activismo de una minoría”: Primero hay que “indignarlos” con denuncias y agitaciones previas. Después se pasa a “acciones de calentamiento” para, finalmente, desembocar en la convocatoria de la lucha un día D. El resultado habitual de esos “procesos” es que los trabajadores llegan al famoso día D confusos, divididos, desorganizados, pasivos…
Este planteamiento se da de patadas con la experiencia mil veces repetida. La lucha obrera no sigue esos cauces pedantemente establecidos, surge en el momento más inesperado, generalmente por un motivo a veces nimio que expresa que el vaso de la indignación se ha colmado. Los obreros tienden a organizarse en asambleas generales improvisadas. El entusiasmo y el interés se propagan como una mancha de aceite. Buscan de forma directa la comunicación y el encuentro con otros trabajadores logrando así salir de la empresa o del sector, les llaman a la lucha, a que incorporen sus propias reivindicaciones; se celebran Asambleas Generales abiertas donde todo el mundo puede hablar y se abordan no solo las fuerzas sino igualmente las debilidades, no únicamente lo positivo sino también los miedos, las dudas, los sentimientos negativos.
Todo esto no es una receta alternativa a la receta sindical sino lo que nos enseña, como posible y necesario, la experiencia histórica de la lucha obrera. El 15-M –protesta de la juventud precaria y parada– surgió de esa forma. Antes, la huelga masiva de Vigo en 2006 mostró las mismas tendencias ([4]). Desde 1905, las luchas obreras se manifiestan de esa manera ([5]).
Muchos compañeros quieren ser “prácticos” y dejarse de “idealismos”. Sin embargo, repiten una y otra vez la receta sindical, que ha demostrado reiteradamente su nocividad, y se niegan a estudiar cómo es realmente la lucha obrera, cómo lo ha sido históricamente. ¿No se dan cuenta que están cayendo en un idealismo reaccionario?
El sindicalismo surgió en el siglo XIX. Su planteamiento no es destruir el capitalismo sino obtener, dentro de sus relaciones de producción, las mejores condiciones posibles para los trabajadores.
En la época –siglo XIX y principios del XX– en que el capitalismo aún no se había implantado en todos los países y en todas las esferas económicas, el sindicalismo podía jugar un papel favorable a los trabajadores. Pero con la entrada del capitalismo en su decadencia, el sindicato sólo puede obtener migajas muy puntuales y cae en las redes del Estado y la defensa del capitalismo.
El sindicalismo no puede poner en cuestión las estructuras de reproducción de la economía capitalista que son la empresa, el sector y la nación. Al contrario –en consonancia con los partidos de la izquierda del capital– se erige entre sus defensores más consecuentes. Según los sindicatos, el desarrollo de la nación sería el marco donde habría una tarta más grande que beneficiaría a todos. Marx en Salario, Precio y Ganancia ([6]), combatió estas fantasías de los sindicalistas de las Trade Unions inglesas poniendo el ejemplo de una sopera: los sindicalistas decían que si la sopera fuese más grande habría más sopa a repartir, Marx les rebatía con que el problema no era el tamaño de la sopera sino el de la cuchara con la que comían los obreros y que ésta tendía, históricamente, a hacerse más y más pequeña.
Los sindicatos nos ilusionan con que si el empresario invirtiera en la producción, en lugar de llevarse los millones a Suiza, los despidos no serían necesarios. Con ello nos engañan por partida doble: primero, ocultándonos que el capitalismo necesita los despidos y el empobrecimiento de los trabajadores como condición de su propia supervivencia; segundo, atándonos a la defensa de la empresa, el sector y la nación, en lugar de luchar por nuestras necesidades como seres humanos: vivir y darnos un futuro.
Al atarnos a la defensa de ese trío mortuorio, el sindicalismo plantea necesaria y fatalmente una lucha aislada. Si una lucha se plantea para defender tal o cual sector o tal o cual empresa ¿en qué se van a sentir concernidos los demás trabajadores? ¡En nada!
En la reciente huelga de los trabajadores del Metro de Madrid, un sindicato muy radical, Solidaridad Obrera, cuyos miembros defienden sinceramente que todo se haga en asamblea, era incapaz de romper con ese corsé y lo único que propuso en pos de la unidad fue hacer coincidir una de las jornadas de huelga con la huelga en la empresa de autobuses (EMT) ([7]). Si ¡la gente se mostraba comprensiva con los huelguistas del Metro y existían condiciones para transformar esa simpatía pasiva en acción activa! pues en ese momento además de la EMT estaban en lucha los de la sanidad ¿por qué no propuso hacer coincidir todas las luchas? ¿Por qué no llamó a propiciar Asambleas Abiertas y manifestaciones conjuntas para golpear con un solo puño al Capital y su Estado?
Lo mismo ocurrió cuando los mineros llegaron a Madrid en julio de 2012. Muchos trabajadores acudieron a sus manifestaciones, se vivieron momentos de unión y alegría. ¿Qué hicieron los sindicatos? Meter rápidamente a los mineros en sus autobuses para que volvieran a la soledad de los pozos. ¿Qué hicieron los sindicatos radicales? Estuvieron callados.
En relación a las necesidades de la lucha los sindicatos siempre van con el paso cambiado. Cuando existe una oportunidad de extender y radicalizar la lucha se oponen con todas sus fuerzas. Cuando los obreros están pasivos entonces proclaman en el vacío los mayores radicalismos. ¡Y encima tienen la cara dura de reprochar a los obreros su pasividad!
El capitalismo removió de arriba abajo las condiciones que reinaban en los sistemas anteriores basados en el conservadurismo y la atadura a la religión, a los señores, a las jerarquías. Aportó un enorme progreso histórico pues creó un mercado mundial y sobre todo una elevada productividad del trabajo basado en el trabajo asociado propio del proletariado.
Sin embargo, frente a esa cara deslumbrante tenía una cara oscura, “la cara oscura de la Luna” que diría la canción. La contrapartida era la competencia feroz, la atomización más extrema, el cinismo y la falta de escrúpulos más escandalosa en la obtención de la máxima ganancia en el mínimo tiempo posible. Esto ha dado a la vida diaria un carácter muy destructivo, que se hace insoportable en la decadencia del capitalismo y aún peor en momentos de crisis abierta como los actuales.
Se rompen los vínculos sociales, cada uno se ve obligado a una carrera loca para sobrevivir aislado y enfrentado a los demás; la vida se sufre con ansiedad pues la inseguridad es total y se siente que el día menos pensado te vas a quedar en la cuneta, invisible para los demás. ¡Son tantos y tantos los que acaban en la depresión, el suicidio y la droga!
La sociedad capitalista es la del “hombre un lobo para el hombre”, la de la “guerra de todos contra todos” que decía Hobbes, un filósofo inglés del siglo XVII que percibió en el alba del sistema la barbarie moral que encerraba en sus fibras más íntimas.
Esas condiciones hacen muy difícil la lucha obrera, que se basa en todo lo contrario a la normalidad cotidiana capitalista: unidad frente a división, solidaridad frente a competencia, confianza frente a la suspicacia, empatía frente al cada cual encerrado en sus asuntos.
La lucha obrera no surge únicamente por motivos económicos, aunque estos constituyen su hilo conductor, la lucha proletaria requiere de un esfuerzo moral, de un cambio de mentalidad, por parte de los obreros. Pero es precisamente ahí, donde el planteamiento sindical –en consonancia con las demás fuerzas del Capital– hace un daño terrible porque su visión de los obreros es la de unos ciudadanos que tienen unos intereses particulares, corporativos y egoístas, dentro del marco de la Nación. Romper con la ideología sindical es vital para que la lucha obrera pueda desarrollarse.
[1]) Ver Balance del 14-N
https://es.internationalism.org/accionproletaria/201212/3578/balance-del... [37] e igualmente Nuestra intervención ante la huelga general https://es.internationalism.org/node/3363 [38]
[2]) Ver Apuntes sobre la cuestión sindical https://es.internationalism.org/node/3103 [39]
[3]) Ver ¿Es posible otro sindicalismo? https://es.internationalism.org/ccionline/2005/sb.htm [40]
[4]) Ver “Huelga del metal de Vigo: los métodos proletarios de lucha”, https://es.internationalism.org/ccionline/2006/vigo.htm [41]
[5]) Ver Huelga de masas, partido y sindicatos, de Rosa Luxemburg, donde se realiza a partir de la experiencia de la Revolución Rusa de 1905 un estudio sobre el nuevo planteamiento y los nuevos métodos de la lucha proletaria en el periodo que entonces se abría de decadencia del capitalismo.
https://www.marxists.org/espanol/luxem/06Huelgademasaspartidoysindicatos... [42]
Un colectivo de compañeros de Alicante denuncia la huelga general y defiende como método de lucha la huelga de masas: ver https://es.internationalism.org/revolucionmundial/201211/3535/debate-a-p... [43]
Enlaces
[1] https://es.internationalism.org/tag/geografia/grecia
[2] https://www.microsofttranslator.com/bv.aspx?from=fr&to=es&a=http%3A%2F%2Fchrhc.revues.org%2F1592%23tocto2n1
[3] https://www.microsofttranslator.com/bv.aspx?from=fr&to=es&a=http%3A%2F%2Fbooks.google.fr%2Fbooks%3Fid%3DnFHsCnA8tXYC%26pg%3DPA37%26lpg%3DPA37%26dq%3DLa%2Bsociale%2Bd%C3%A9mocratie%2Ballemande%2Bet%2Ble%2Bsport%2Bau%2Bxix%C3%A8me%2Bsi%C3%A8cle%26source%3Dbl%26ots%3D
[4] https://es.internationalism.org/tag/21/595/el-deporte-en-el-capitalismo
[5] https://es.internationalism.org/node/3349
[6] https://es.internationalism.org/tag/6/584/revoluciones-arabes
[7] https://es.internationalism.org/tag/6/585/plaza-tahrir
[8] mailto:[email protected]
[9] https://es.internationalism.org/tag/geografia/espana
[10] https://es.internationalism.org/tag/vida-de-la-cci/intervenciones
[11] https://es.internationalism.org/tag/6/473/circulos
[12] https://es.internationalism.org/tag/situacion-nacional/situacion-economica-0
[13] https://es.internationalism.org/tag/6/579/pemex
[14] https://es.internationalism.org/tag/geografia/mexico
[15] https://es.internationalism.org/tag/6/427/reforma-laboral
[16] https://es.internationalism.org/tag/6/580/educacion
[17] https://es.internationalism.org/tag/situacion-nacional/lucha-de-clases-0
[18] https://es.internationalism.org/rm2000/2009/113_exURSS
[19] https://es.internationalism.org/tag/20/582/stalin
[20] https://es.internationalism.org/tag/2/28/el-estalinismo-el-bloque-del-este
[21] https://es.internationalism.org/tag/5/581/contrarrevolucion-en-rusia
[22] https://es.internationalism.org/tag/geografia/africa
[23] https://es.internationalism.org/tag/6/576/imperialismo
[24] https://es.internationalism.org/tag/situacion-nacional/lucha-de-clases
[25] https://es.internationalism.org/tag/6/583/cotrisa
[26] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200602/752/al-inicio-del-siglo-xxi-por-que-el-proletariado-no-ha-acabado-aun-c
[27] https://es.internationalism.org/tag/5/410/lucha-de-clases
[28] https://es.internationalism.org/files/es/hoja_ecuador_0.pdf
[29] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo
[30] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201012/3003/decadencia-del-capitalismo-viii-la-edad-de-las-catastrofes
[31] https://es.internationalism.org/tag/geografia/ecuador
[32] https://es.internationalism.org/tag/personalidades/correa
[33] https://es.internationalism.org/tag/6/578/elecciones
[34] https://es.internationalism.org/tag/situacion-nacional/espana
[35] https://es.internationalism.org/tag/6/577/corrupcion
[36] https://es.internationalism.org/files/es/hoja23f.pdf
[37] https://es.internationalism.org/accionproletaria/201212/3578/balance-del-14-n-la-lucha-contra-los-recortes-y-los-despidos-no-puede-q
[38] https://es.internationalism.org/node/3363
[39] https://es.internationalism.org/node/3103
[40] https://es.internationalism.org/ccionline/2005/sb.htm
[41] https://es.internationalism.org/ccionline/2006/vigo.htm
[42] https://www.marxists.org/espanol/luxem/06Huelgademasaspartidoysindicatos_0.pdf
[43] https://es.internationalism.org/revolucionmundial/201211/3535/debate-a-proposito-de-la-huelga-general
[44] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/65-salar.htm
[45] http://www.solidaridadobrera.org/index.php?option=com_content&view=article&id=2411:la-asamblea-general-empieza-a-golpear-con-contundencia&catid=16:avisos-antiguos-de-metro&Itemid=266