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El Partido Cockroach Janata (CJP): un movimiento burgués contra la clase obrera

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Las movilizaciones que sacudieron India en julio de 2026 en torno al Partido Cockroach Janata (CJP, Partido Popular Cucaracha) fueron ampliamente aclamadas por los medios de información y por diversas facciones del aparato político burgués como un «levantamiento de la juventud», un «nuevo despertar democrático», e incluso una «revuelta generacional» o una «revuelta de la generación Z». En el origen de este estallido se encuentra una observación del presidente del Tribunal Supremo de India (CJI), Surya Kant, quien, durante una audiencia en mayo de 2026, declaró que ciertos jóvenes desempleados y activistas se comportaban como «cucarachas» atacando al sistema.

La rápida propagación del movimiento, tras el escándalo relacionado con el examen nacional de elegibilidad y admisión (NEET) para el acceso a los cursos de medicina, del primer ciclo cuyas preguntas habían sido filtradas con antelación, reflejó una profunda ira social entre los jóvenes confrontados al colapso de sus perspectivas sociales. Esta ira refleja la profunda desorganización engendrada por el capitalismo en India y en todo el mundo hoy en día, donde la promesa de una mejora de las condiciones de vida se ha erosionado y el futuro parece cada vez más cerrado para las generaciones jóvenes.

Sin embargo, el terreno en el que se canalizó esta ira no es neutral. Las movilizaciones del CJP, a pesar de su participación masiva y su intensidad emocional, permanecen firmemente ancladas en el marco ideológico y político de la democracia burguesa. No expresan los intereses proletarios, ni abren el camino a la lucha de la clase obrera.

La India de 2026 está marcada por una profunda crisis social. La desaceleración económica, las presiones inflacionarias y la inestabilidad mundial han intensificado los ataques contra los salarios, el empleo y las condiciones de vida. Los jóvenes se enfrentan a un aumento extremo del desempleo, a un trabajo precario e informal generalizado, a un deterioro de las condiciones de vida, a instituciones desacreditadas y a una creciente imposibilidad de asegurarse un futuro estable, incluso después de años de estudio. Estas condiciones constituyen el telón de fondo del escándalo del NEET y de la explosión de la ira juvenil.

Luchas obreras significativas

Pero, en oposición a estas movilizaciones en el terreno burgués, ya se había producido un acontecimiento significativo: esta vez relacionado con el resurgimiento de las luchas obreras. En la primavera de 2026, India fue, efectivamente, escenario de importantes movilizaciones obreras en varias regiones industriales. Estas luchas, aunque desiguales y frágiles, representaban auténticas reacciones proletarias frente a una explotación acrecentada.

A principios de abril, los trabajadores contratados de Honda Motorcycle and Scooter India (HMSI) en Manesar, al suroeste de Nueva Delhi, en el estado de Haryana, iniciaron huelgas para exigir salarios que permitieran vivir. La agitación se extendió rápidamente a las fábricas de componentes automotrices, talleres de confección y polos industriales de toda la región. El reajuste salarial largamente aplazado en Haryana, el primero en once años, puso en evidencia la magnitud de la explotación: incluso después de un aumento del 35 %, el salario mínimo seguía siendo inferior a las reivindicaciones de los trabajadores, que exigían 20 000 ₹ (181 euros) al mes. El movimiento encontraba sus raíces en las condiciones de vida materiales y en la lucha colectiva de los trabajadores frente al capital y al Estado.

A mediados de abril, los disturbios cruzaron las fronteras estatales para llegar a Uttar Pradesh y estallaron de manera espectacular en Noida. Organizados a través de las redes sociales, los trabajadores de unos ochenta sitios industriales se declararon en huelga, exigiendo salarios que permitieran cubrir las necesidades básicas. Las autoridades locales invocaron la sección 144 del Código de Procedimiento Penal (CrPC), que prohíbe las reuniones. Las manifestaciones degeneraron en enfrentamientos violentos, durante los cuales se incendiaron vehículos, la policía usó gases lacrimógenos y arrestó a cientos de trabajadores.

No se trataba de enfrentamientos «teatrales», sino de la expresión de una auténtica ira y desesperación proletarias, alimentadas por el estancamiento salarial, la inflación y las disparidades salariales transfronterizas entre los estados de Haryana y Uttar Pradesh. Luchas similares tuvieron lugar en Faridabad, Panipat y Surat, donde los trabajadores de los sectores textil, de componentes automotrices y químicos se movilizaron para exigir salarios dignos y denunciar condiciones de trabajo insoportables. Estas luchas fueron rápidamente desviadas por los sindicatos y los partidos de izquierda del camino que lleva al fortalecimiento político de su unidad, pero no obstante revelaron una combatividad creciente en el seno de la clase obrera.

Estas movilizaciones surgieron de los lugares de trabajo, expresaron reivindicaciones colectivas, enfrentaron al Estado y pusieron de relieve la base material de la lucha de clases. Representan el verdadero terreno de la resistencia proletaria en India para el combate de hoy. Es en este contexto, el de una necesidad de ampliar y amplificar la dinámica de la lucha de clases, donde deben analizarse las movilizaciones del CJP.

El CJP: un ataque contra la conciencia de la clase obrera

La naturaleza política de un movimiento social no está determinada, primero y, ante todo, por la composición social de sus participantes, sino por la naturaleza de las reivindicaciones que formula y el terreno en el que se moviliza. Contrariamente al movimiento de la primavera recordado anteriormente, las movilizaciones del CJP se desarrollaban enteramente en un terreno burgués. Los lemas de las movilizaciones -responsabilidad, transparencia, reforma de los exámenes, derechos democráticos, dimisión ministerial, mejor gobernanza- eran reivindicaciones típicas de la democracia burguesa. Apuntaban a mejorar el funcionamiento del Estado y, en ese sentido, no expresaban ningún interés proletario.

Los participantes se movilizaron como ciudadanos, estudiantes, candidatos a exámenes y partidarios de un proyecto político surgido de una simple oposición crítica. No se movilizaron como trabajadores. No hubo asambleas generales en los lugares de trabajo, ni huelgas, ni concentraciones masivas, ni órganos de lucha colectiva. El movimiento se apoyó en marchas simbólicas y una imagen política de mera crítica ciudadana. Estos métodos forman parte del repertorio de la cultura burguesa de la protesta.

El marco ideológico del movimiento refuerza este carácter. Las movilizaciones estaban animadas por discursos liberales-democráticos que oponían «el pueblo a la corrupción», por denuncias moralizadoras de las fallas administrativas, por una ideología generacional y por una retórica nacionalista que abogaba por la protección de la juventud india. Estas ideologías han dividido a la clase obrera, disuelto los antagonismos de clase y reforzado las ilusiones en la reforma democrática.

El movimiento sirvió, por tanto, a los intereses de la burguesía. Ocultó el papel significativo de la lucha de clases que se había desarrollado en toda India, desviando la atención de la ira social propia del terreno proletario. Mientras los trabajadores de Manesar y Noida luchaban por aumentos salariales, eran acusados de comportamientos criminales y se enfrentaban a la represión policial. Los medios pudieron entonces presentar las movilizaciones del CJP como el único movimiento social «verdadero» de 2026.

El futuro de los jóvenes no reside en las reformas democráticas, los movimientos generacionales, las manifestaciones simbólicas o las reivindicaciones por una mejor gobernanza. Reside en la lucha autónoma, colectiva e internacional de la clase obrera. Solo una lucha así puede transformar la ira social en un desafío a la explotación y al sistema capitalista. Las verdaderas luchas obreras, relegadas voluntariamente a un segundo plano por la burguesía, abren el camino, todavía muy largo y difícil, hacia esta perspectiva. Revelan el terreno real en el que el proletariado, en su lucha contra el capital, puede organizarse y desarrollar su conciencia.

La tarea de los revolucionarios consiste en denunciar la naturaleza burguesa de movimientos como el CJP, combatir las ilusiones democráticas, poner de relieve las verdaderas luchas de la clase obrera y ayudar a reconectar la ira de su juventud con su propia lucha y con los intereses de clase. La ira expresada durante las movilizaciones del CJP es real, y la crisis que la generó es profunda. El verdadero futuro solo pertenece a la lucha colectiva de los trabajadores, en tanto que clase histórica.

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