Guerra y masacres en Irán y el Líbano ¡Solidaridad de toda la clase obrera contra la barbarie del capitalismo mundial!

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Con el estallido de la guerra en Irán, una vez más, el Medio Oriente está sumido en el caos y la destrucción. Una vez más, la potencia estadounidense ha desplegado una gigantesca armada en la región.

Y ahora, una lluvia de bombas y misiles se abate sobre la población civil, tomada como rehén por las rivalidades imperialistas de todos los Estados beligerantes.

¡Escuelas, hospitales y barrios obreros son destruidos a diario! Mujeres, niños y ancianos intentan desesperadamente escapar de la masacre, vagando entre escombros y ruinas, sorteando los cadáveres que cubren las calles de Teherán, Beirut y muchas otras ciudades.

¡La paz en el capitalismo es la paz de las tumbas!

Para justificar esta nueva carnicería imperialista, los enemigos del Estado iraní, con Trump y Netanyahu a la cabeza, llaman a los proletarios a seguir saliendo a la calle contra el régimen sanguinario de los mulás, en nombre de una supuesta causa «humanitaria». Los llaman a dejarse masacrar, entregándolos una vez más, atados de pies y manos, a la represión sanguinaria del régimen de los mulás.

Estos belicistas pretenden así defender la causa del pueblo iraní y de todos los oprimidos.

¡Pura hipocresía y mentiras descaradas!

Con la respuesta del Estado iraní, la escalada bélica no hace más que agravar aún más la barbarie y el caos en esta región del mundo.

Trump ha puesto en primer plano la muerte de Jamenei y de algunos funcionarios de su círculo más cercano, para demostrarnos que la primera potencia «democrática» mundial, puede salvar a la humanidad de los dictadores.

Con el despliegue de la operación Epic Fury (Furia épica), Trump demuestra que Estados Unidos, que era el «gendarme del mundo», se ha convertido en el principal vector de desestabilización en todo el planeta. Podemos estar seguros de que la pax americana seguirá hundiendo a Oriente Medio en un caos cada vez más sangriento. Con la implicación de otros Estados y otras camarillas burguesas (Arabia Saudita, Hezbolá, milicias proiraníes en Irak).

¡No nos hagamos ilusiones! Ni Estados Unidos, ni ningún otro Estado burgués puede traer a la humanidad la paz, la prosperidad, ni ningún nuevo «orden mundial». Por el contrario. ¡La «paz» en el capitalismo siempre ha sido la paz de las tumbas! Ucrania, Gaza, el Líbano, Irán, Irak, Afganistán, Sudán, el Congo… todas estas zonas de conflictos bélicos muestran lo que le espera a toda la humanidad, en todo el planeta, si no se derriba al capitalismo.

¡Los trabajadores no deben apoyar a ningún bando imperialista!

Estos campos de ruinas están cubiertos de incesantes llamamientos al patriotismo, a la Unión Sagrada bajo las banderas nacionales, bajo el fanatismo de las camarillas religiosas en los países dominados por todo tipo de integrismos.

Aunque el régimen de los mulás se derrumbe, ningún nuevo régimen podrá brindar a la población iraní algún tipo de tregua o estabilidad. Mientras el capitalismo domine el planeta, las guerras y el caos no harán más que seguir intensificándose.

En esta enésima guerra imperialista, como en todas las anteriores, el proletariado no debe dejarse tomar como rehén de intereses que no son los suyos.

¡No tiene nada que ganar! ¡Porque esta guerra no es la suya! Dejarse reclutar por tal o cual camarilla burguesa, alinearse con un bando contra otro, es defender los intereses de nuestros explotadores.

¡Las masacres en Irán nos conciernen a todos!

Lo que sirvió de pretexto para la escalada bélica fue la sangrienta represión de las manifestaciones masivas en Irán, provocadas por el agravamiento de la crisis económica y la pauperización no solo de los pequeños comerciantes, sino sobre todo de la clase obrera.

En esta revuelta del «pueblo» iraní contra el vertiginoso deterioro de sus condiciones materiales de vida, los proletarios quedaron sumergidos entre las demás capas no explotadoras de la población. En esta revuelta de la desesperación, no pudieron afirmarse como clase autónoma.

Pero los trabajadores iraníes, que cuentan con una larga tradición de luchas militantes, no tendrán más remedio que luchar contra el aumento de los precios de los alimentos y los productos de primera necesidad. ¡Porque hoy en día ya no pueden alimentar a sus hijos! En Irán, al igual que en los países más desarrollados: «¡Ya basta!»

¡No podemos quedarnos como espectadores de las masacres en Irán! No podemos permanecer indiferentes.

Esta guerra no es un conflicto lejano y «exótico».

Nosotros, proletarios de todo el mundo, ¡todos estamos afectados por lo que está pasando allí!

Son nuestros hermanos y hermanas de clase los que caen en el Medio Oriente a diario, por decenas de miles, bajo las bombas y la metralla de nuestros explotadores y asesinos.

¡Es nuestra sangre la que todos esos carroñeros derraman en el altar del capitalismo!

Los proletarios de todos los países pueden y deben expresar su solidaridad con la clase explotada y masacrada en Irán.

Pero no dejándose adormecer por los partidos de izquierda y de extrema izquierda del capital que solo denuncian los bombardeos masivos del imperialismo yanqui al tiempo que brindan su apoyo al Estado iraní. En cuanto a la denuncia de la naturaleza ilegal de la intervención, es para promover mejor la guerra «legal» de las coaliciones internacionales. Es la misma trampa que la defensa de la guerra «humanitaria». ¡Todas las guerras son imperialistas! Como decía Lenin sobre la Sociedad de Naciones: la ONU, la OTAN… son todas guaridas de bandidos.

La única solidaridad que los proletarios de todos los países deben mostrar a sus hermanos y hermanas de clase en Irán (y en todos los Estados del Oriente Medio) es la lucha masiva contra «su» propia burguesía nacional, contra sus explotadores y asesinos, contra todos los Estados y sus gobiernos, tanto de derecha como de izquierda.

Es la misma clase dominante la que siembra el terror y la muerte en Irán y la que nos impone aquí las oleadas de despidos, la precariedad y el creciente desempleo.

¡Es el mismo sistema de explotación, el capitalismo mundial, el que nos hunde en la miseria y desata su barbarie bélica!

El baño de sangre que inunda hoy Irán y el Líbano constituye un llamado a la responsabilidad del proletariado de todos los países, particularmente a sus batallones más experimentados de Europa occidental, de las naciones más «ricas» y desarrolladas del capitalismo.

Solo desarrollando sus luchas autónomas en su propio terreno de clase, contra la explotación capitalista, podrá el proletariado de los países situados en el corazón histórico del capitalismo ofrecer un futuro a toda la humanidad, arrastrando consigo a los explotados de todo el mundo.

El capitalismo nació en Europa entre el lodo y la sangre. Es en esta parte del mundo donde la clase obrera ya ha vivido la cruel experiencia de las dos guerras mundiales.

Recordemos que fue el desarrollo de la ola revolucionaria en Rusia y Alemania lo que obligó a la burguesía de las grandes potencias «democráticas» a poner fin al primer holocausto mundial de 1914-18.

La clase obrera de los países centrales del capitalismo tiene una larga experiencia en los enfrentamientos de clase contra las cruzadas imperialistas de «su» burguesía nacional. Tiene una larga experiencia en las mistificaciones ideológicas que no eran más que pretextos para reclutarlos en los campos de batalla en nombre de la defensa de la «democracia», contra los regímenes dictatoriales, de la civilización contra la barbarie, etc.

¡Porque tiene intereses antagónicos a los de sus explotadores, la clase obrera es la única fuerza de la sociedad que puede poner fin a las guerras, a las matanzas y al caos en el que el capitalismo sumerge inexorablemente a toda la especie humana!

¿Qué respuesta dar a la barbarie guerrera?

Para acabar con la dictadura de la burguesía mundial, para construir una nueva sociedad sin guerra y sin explotación, los proletarios de todo el mundo deben desarrollar luchas masivas, unidas y generalizadas más allá de las fronteras nacionales. ¡Porque los proletarios no tienen patria! Ya sea en Rusia o en Ucrania, en Gaza o en Israel, en todas partes y en todo momento, los trabajadores deben negarse a matar a sus hermanos y hermanas de clase, deben fraternizar y rebelarse contra sus explotadores.

Para lograr desarrollar la perspectiva revolucionaria, la clase obrera debe, ante todo, negarse a ser reclutado bajo las banderas nacionales, negarse a servir como carne de cañón, ¡rechazar todos los sacrificios impuestos por la clase dominante en nombre de la defensa del Estado y de la economía nacional!

Luchar masivamente contra los efectos devastadores de la crisis económica mundial, una crisis permanente y sin salida, es empezar a ir a la raíz del caos sangriento y de la barbarie bélica, es el inicio del camino hacia la necesaria politización de las luchas. Para avanzar hacia la revolución, los proletarios deben desarrollar su conciencia de clase.

Al desarrollar nuestros combates contra los ataques del capital, contra la barbarie guerrera, debemos afirmar nuestra unidad y nuestra solidaridad de clase internacional, una clase que no tiene ningún interés particular que defender.

De frente a la gravedad de los retos que plantea la caída del capitalismo en su descomposición, y ante esta nueva carnicería en Irán, una sola consigna:

¡Abajo la guerra! ¡Abajo el capitalismo!

¡Solidaridad internacional de toda la clase obrera!

¡Proletarios de todos los países, uníos!

Corriente Comunista Internacional, 15 de marzo 2026

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