La guerra imperialista en Medio Oriente: ¡el capitalismo es la guerra! ¡Guerra al capitalismo!

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Publicamos una declaración conjunta de Internationalist Voice (IV) y la CCI sobre la nueva guerra en Medio Oriente, una iniciativa tomada por IV, que acertadamente pidió una declaración común de los grupos de la Izquierda Comunista ante este avance mayor hacia la barbarie.

Mientras las llamas de la guerra ardían por todas partes, Trump lanzó su campaña electoral en medio de un frenesí mediático, presentándose como un artífice de la paz. Prometió que, una vez elegido, pondría fin a todas las guerras, proyectando una imagen de hombre amante de la paz, llegando incluso a pretender merecer el Premio Nobel de la Paz. Sin embargo, el retorno de Trump al poder no solo fracasó en poner fin a las guerras, sino que, en realidad, intensificó las tensiones militares: la guerra en Ucrania continúa, la masacre en Gaza persistió a pesar del alto el fuego, y simultáneamente, las tensiones militares entre Tailandia y Camboya, los conflictos entre India y Pakistán, los enfrentamientos entre Pakistán y Afganistán, las guerras en Myanmar, Siria, Sudán y Nigeria, así como las tensiones militares en Venezuela, siguieron su curso. Hoy, una guerra a gran escala ha estallado en Medio Oriente, involucrando o afectando a una quincena de países. Hoy en día, la guerra ya no es simplemente un evento militar; refleja cada vez más al sistema capitalista en la era bárbara del imperialismo y el modo de vida que este engendra.

Las guerras imperialistas no son simplemente el resultado de decisiones tomadas por líderes belicistas; expresan más bien la naturaleza misma del sistema capitalista en la época actual. Sea cual sea la máscara que use cada Estado, ya sea que se denomine democrático o sea abiertamente dictatorial, que pretenda ser amante de la paz o que enarbole abiertamente la bandera de la guerra, todos comparten una característica fundamental: el sacrificio de la clase obrera y los oprimidos como carne de cañón en las guerras imperialistas. Sin excepción, todos estos Estados son responsables de estas guerras, y todos son criminales de guerra.

Contrariamente a la demagogia y las mentiras de los gánsteres burgueses, que pretenden que Estados Unidos e Israel, mediante ataques "quirúrgicos", buscan simplemente eliminar a líderes políticos y militares y atacar las infraestructuras militares de la burguesía islámica, la realidad es muy distinta. En la práctica, todos los bandos atacan también las infraestructuras civiles: fábricas, escuelas, zonas residenciales, refinerías, lugares de trabajo, gimnasios, mercados, e incluso clínicas y hospitales son bombardeados. El comandante del Estado Mayor estadounidense declaró que la magnitud de las primeras 24 horas de la operación actual contra Irán era el doble de la de la operación contra Irak en 2003. La verdad es la siguiente: todas las partes son cómplices en la perpetración de crímenes de guerra.

Trump habla el lenguaje de los bandidos e incluso se enorgullece de sus crímenes. Así, Trump declara descaradamente: "Nadie debería cuestionar la fuerza y el poder de las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Yo construí y reconstruí nuestro ejército durante mi primer mandato. Y no existe ningún ejército en la Tierra que se acerque siquiera un poco a su poder, fuerza o sofisticación".

Durante la Primera Guerra Mundial, Rosa Luxemburgo sostuvo que, para normalizar los crímenes de guerra, la violencia objetiva debía ir acompañada de una especie de brutalidad en el pensamiento y los sentimientos, de modo que el derramamiento de sangre no solo se considerara algo ordinario, sino que incluso se convirtiera en motivo de orgullo. Los belicistas de hoy confirman claramente el análisis histórico de Luxemburgo. Trump es la expresión más evidente de esta actitud. Como un bandido, alardea con orgullo del ejército más asesino y destructor del mundo, un ejército que ninguna otra fuerza es capaz de enfrentar. En otras palabras, este belicista no solo da la bienvenida a la guerra con los brazos abiertos, sino que la considera un escenario para exhibir el poder y la superioridad tecnológica de Estados Unidos.

Solo la clase obrera puede poner fin a las guerras capitalistas

El capitalismo impone guerras imperialistas a la humanidad porque no se enfrenta a una respuesta seria y organizada, basada en la lucha de clases, por parte de la clase obrera mundial. Pero esto no elimina, sino que más bien refuerza, la responsabilidad de los internacionalistas y, en particular, de la Izquierda Comunista de enfrentar esta realidad: defender incansablemente el internacionalismo proletario, denunciar la naturaleza imperialista de estas guerras y esclarecer sus fundamentos materiales y de clase ante la clase obrera.

Hay que proclamarlo con voz clara y rotunda: todos estos conflictos van en contra de los intereses de la clase obrera. Hay que afirmar abiertamente que las consecuencias de la guerra imperialista en Medio Oriente no se limitarán a la región, porque el capitalismo es un sistema mundial, y su impacto destructivo pesará sobre los hombros de los trabajadores de todo el mundo. Sobre todo, hay que subrayar que el verdadero enemigo está en casa, ya sea en Teherán, Tel Aviv, Washington, Londres, Berlín, París o en cualquier otro lugar donde el Capital, el Estado y el ejército están alineados contra la clase obrera.

La historia ha mostrado que la única fuerza capaz de detener la maquinaria de masacre de la burguesía (la guerra) es la clase obrera. Fue la amenaza de una revolución en Alemania durante la Primera Guerra Mundial lo que obligó a la burguesía a firmar el armisticio. Siempre ha sido así: los criminales de guerra solo retroceden bajo la amenaza proletaria, simplemente para prepararse para la guerra de clases contra el proletariado. Aunque la clase obrera mundial no se encuentra actualmente en esa posición, el desarrollo de la lucha de clases puede abrir ese horizonte para el proletariado.

La guerra se ha convertido en un modo de vida para el capitalismo en la era del imperialismo. El capitalismo no puede ofrecer futuro; solo esparce brutalidad y barbarie en regiones cada vez más numerosas. Es una ilusión esperar que los belicistas pongan fin a la guerra. La paz que ofrecen los belicistas nunca puede ser más que un intermedio en un capitalismo animado por la guerra. De esa paz capitalista solo pueden surgir las llamas de futuras guerras.

Solo la guerra de clases de los obreros puede ofrecer una alternativa a la barbarie del capitalismo, porque el proletariado no tiene patria que defender, y su lucha debe trascender las fronteras nacionales y desarrollarse a escala internacional. Solo la clase obrera mundial, transformando la guerra capitalista en una guerra contra el capitalismo y derrocándolo finalmente a escala mundial, puede eliminar la base material de las guerras imperialistas y traer una paz duradera a la humanidad.

¡Los trabajadores no tienen patria!

¡Abajo la guerra imperialista!

¡Viva la lucha de clases!

Corriente Comunista Internacional

Internationalist Voice

20 de marzo de 2026

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Declaración Conjunta de Grupos de la Izquierda Comunista