A propósito del libro La fábrica de las pandemias: Contra la fábrica de la impotencia, el comunismo ofrece una perspectiva a la humanidad

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La pandemia del Covid-19 ha motivado la publicación de una gran cantidad de trabajos que buscan establecer sus causas y proponer alternativas. Uno de ellos, La Fabrique des Pandemics [La fábrica de las pandemias] de Marie-Monique Robin, tiene un eco nada despreciable. Este trabajo se presenta como una síntesis de entrevistas realizadas por la autora a sesenta científicos de todo el mundo: infectólogos, epidemiólogos, médicos, parasitólogos e incluso veterinarios, para quienes el mundo actual se enfrenta a “una “epidemia de pandemias” causada por las actividades humanas, que precipitan el colapso de la biodiversidad”.

Presentado como "saludable", este libro se pregunta sobre la necesidad de atajar las causas de las " nuevas plagas" y pretende ser un llamado a la toma de conciencia sobre la necesidad de un " profundo cambio en nuestra economía globalizada depredadora de los recursos del planeta, causante de la crisis climática, ecológica, sanitaria, económica, energética y financiera” concibiéndose como “un llamado a fundar una ecología-social de la salud y del buen vivir juntos1. ¡Nada menos!

El capitalismo es un obstáculo para el establecimiento de la verdad

La búsqueda de la verdad científica es un valor que comparte el proletariado. Como clase de la revolución, despojada de todo sustento material dentro de la sociedad capitalista y poseyendo sólo su capacidad de organización y su conciencia como armas de combate, le es imperativo desarrollar una visión desmitificada de la realidad. Esta es la condición vita e indispensable [sine qua non] de su acción política. Por su parte, los revolucionarios “cara a la ciencia, mantienen una postura de asimilación teórica de sus resultados cuya aplicaciones prácticas comprenden como algo que no podrá servir a la humanidad en sus necesidades reales más que en sociedad que va evolucionando hacia el socialismo. El proceso del conocimiento en el movimiento obrero considera como adquisición propia el desarrollo teórico de las ciencias, pero lo integra en un conjunto de conocimientos cuyo eje es la realización práctica de la revolución social, eje de todo progreso real de la sociedad.”2.

En cuanto a la búsqueda de las causas y el origen científicamente fundamentados de la pandemia, lo mínimo que podemos decir es que le está costando abrirse camino y encuentra muchos obstáculos en una atmósfera envenenada generada por la descomposición de la sociedad capitalista, marcada por el desarrollo de la irracionalidad y la hostilidad hacia el pensamiento científico, comenzando por las concepciones conspiracionistas. Según muchas "teorías de la conspiración", a menudo transmitidas por populistas de todo tipo, la pandemia es una creación artificial deseada por las "élites" al servicio de intereses ocultos, para maximizar las ganancias de los grandes grupos farmacéuticos o imponer un control estatal adicional sobre la vida privada3. Incluso representantes del sistema capitalista considerados como los más "responsables" y muy reconocidos en los medios, disparan públicamente cañonazos contra las conclusiones científicas que subrayan el papel de la destrucción del medio ambiente en la aparición de Covid: “Ver un vínculo entre la contaminación del aire, la biodiversidad y el Covid-19 es surrealismo, no ciencia”, ha declarado a L'Express, Luc Ferry, ex ministro de Educación Nacional. La búsqueda de la verdad científica expone a veces a los investigadores a medidas de represalias por parte de las autoridades, no solo en China, donde estas presiones son muy evidentes, sino también en los Estados democráticos, en formas mucho más sutiles, a través su financiamiento o su congelación.

Incluso en el campo del conocimiento científico existen poderosos filtros e importantes limitaciones ideológicas al análisis de la realidad. La “creencia muy arraigada en el mundo científico, el eco-modernismo [para el cual] el hombre está por encima de todas las demás especies que habitan la Tierra y no es parte de la naturaleza, […] la utilidad de la naturaleza se mide por la vara de lo que aporta o nos inflige: por lo que nos hace bien o nos daña" y que "reduce la naturaleza a un proveedor de servicios para la humanidad" reflejando una concepción ideológica de la naturaleza completamente burguesa, que sólo puede impedirnos captar lo que significa para la humanidad la aparición de la pandemia del Covid-19.

A todo esto se suma, como telón de fondo, la mano de hierro imperialista y la guerra que libran China y Estados Unidos desde hace meses con sus mutuas acusaciones de estar en el origen de la pandemia al haber dejado escapar el virus de algún laboratorio, ya sea en Wuhan, o en suelo estadounidense. La intoxicación propagandística, en tanto desinformación, se encuentra al servicio de la razón de Estado, desplegada en ambos lados con el fin de desacreditar al adversario, solo puede alimentar cada vez más las fantasías conspiracionistas y tener el efecto de desacreditar aún más a la ciencia4.

La manipulación de virus con fines de guerra bacteriológica es, por supuesto, parte de la realidad del mundo bárbaro de hoy y la hipótesis de una fuga de laboratorio tampoco puede excluirse a priori5. Si tal fuese el caso, en China o en otros lugares, en vistas de las dramáticas consecuencias, sería entonces una prueba contundente de la irresponsabilidad de la burguesía y de la ¡pérdida de control sobre su propio sistema! "Pero incluso si el virus hubiera surgido accidentalmente de un laboratorio, ¿cambiaría eso nuestra comprensión de las repetidas apariciones y epidemias de zoonosis en las últimas décadas? Ciertamente no".

El capitalismo decadente, responsable de la multiplicación de las pandemias

Desde la década de 1950, el planeta enfrenta una verdadera "epidemia de epidemias", tanto viejas como nuevas: de una veintena en la década de 1940, pasamos a más de una centena en la década de 1990. Desde los años 2000, la humanidad ha enfrentado al menos una nueva enfermedad infecciosa por año. (SARS, Ébola, Fiebre de Lhasa o Covid-19). El 70% de las enfermedades emergentes son zoonosis, es decir, enfermedades transmitidas de animales a humanos.

Esta "epidemia de epidemias" es provocada por la deforestación, la extensión de la agricultura industrial, los monocultivos y la ganadería industrial (además del cambio climático) que, al debilitar los ecosistemas y precipitar el colapso de la biodiversidad, crean las condiciones que favorecen la propagación de nuevos patógenos. Los mecanismos de estas repetidas emergencias desde la Segunda Guerra Mundial están bien identificados y giran en torno a “varios factores que contribuyen a la aparición de nuevas plagas […]: el primero, por el que surge todo el problema, es la deforestación para monocultivos, minería, etc. […]; la segunda es que los animales domésticos sirven como puente epidemiológico entre la vida silvestre y los humanos, pero también como amplificador, cuando son criados industrialmente; […] la tercera es la integración en el mercado global de un país”. Así, por ejemplo, ahora sabemos que “el surgimiento real [del SIDA] está ligado a la expansión colonial iniciada en el siglo XIX. Las demandas de marfil, madera y luego caucho con una importante deforestación, junto con el trabajo forzado de los aldeanos para las plantaciones y la construcción de vías férreas transformaron los ecosistemas y las sociedades tradicionales". Así, por ejemplo, el antepasado del virus del SIDA se remonta a alrededor de 1910 y circulando en África Central desde la década de 1960, llegó a Estados Unidos en esos años antes de ser identificado en la década de 1980.

Finalmente, los científicos identificaron el mecanismo natural del " efecto de dilución", gracias al cual una rica biodiversidad local tiene un efecto regulador sobre la prevalencia y virulencia de los patógenos, cuya actividad se mantiene poco ruidosa en los ecosistemas en equilibrio”. La destrucción de la biodiversidad representa un peligro mortal para la humanidad; su preservación es una apuesta para su supervivencia. "La mayoría de los científicos que hablan en este libro están convencidos de que el colapso [de la vida en la Tierra] no solo es posible, sino que ya está ocurriendo".

Una acusación “implacable”… pero ¿contra quién? ¿Y para hacer qué?

Por supuesto, estos científicos denuncian la negligencia de las autoridades. Si bien sabemos "desde hace mucho tiempo los riesgos para la salud asociados con la ganadería industrial como una fuente importante de selección y amplificación de agentes patógenos con potencial pandémico [...], no llevan a constatar el fallo de las estrategias de preparación por parte de las actores públicos ante el riesgo sanitario y pandémico, así como estrategias de predicción de emergencias”. Han señalado también la incapacidad de los Estados para dar soluciones a temas como la salud, los cuales ante las "reiteradas crisis sanitarias" han incrementado sobre todo" las medidas de biovigilancia y bioseguridad". Pero "cada vez, el imperativo de responder a la crisis sanitaria conduce finalmente a ignorar las causas de su emergencia. No hay respuesta a la cuestión de por qué y cómo un virus que circulando en algún lugar de Asia pudo abrirse paso en solo unos meses entre todas las poblaciones humanas del planeta”. Una negligencia y una impotencia de la clase dominante es confirmada por una institución poco sospechosa de prejuicios “anti-sistema”, la CIA, quien escribió en 2017, en el informe sobre la situación del mundo presentado cuando entra un nuevo presidente: "El planeta y sus ecosistemas corren el riesgo de verse fuertemente afectados en los próximos años por diversos cambios humanos y naturales. Estas alteraciones expondrán a las poblaciones a nuevas vulnerabilidades y necesidades de agua, alimentos, servicios de salud, energía e infraestructuras. […] Estos riesgos se distribuirán de manera desigual en el tiempo y la geografía, pero afectarán a la mayoría de los ecosistemas y poblaciones, en algunos casos de manera severa o incluso catastrófica. […] Las condiciones ambientales cambiantes y los crecientes vínculos e intercambios en todo el mundo afectarán la frecuencia de las lluvias, la biodiversidad y la reproducción de microbios. Todo esto afectará naturalmente a los cultivos y los sistemas agrícolas, y aumentará la aparición, transmisión y propagación de enfermedades infecciosas humanas y animales. […] Las deficiencias y las negligencias de los sistemas de salud nacionales e internacionales harán más difícil la detección y el manejo de las epidemias, lo que corre el riesgo de su propagación por áreas muy extensas. La generalización de los contactos entre poblaciones incrementará la propagación de enfermedades infecciosas crónicas ya extendidas (como la tuberculosis, el sida y la hepatitis), provocando graves problemas económicos y humanos en los países más afectados, a pesar de la importancia de los recursos internacionales destinados a su prevención6. Los científicos entrevistados en el libro de Marie-Monique Robin también están legítimamente escandalizados e indignados porque "son los más pobres los más duramente afectados", por la carga sanitaria debida al “abismo entre quienes se benefician de estas [actividades económicas que provocan emergencias] y quienes pagan el precio de una salud degradada”.

Pero cuando se trata de saber con precisión qué hay detrás de las "actividades humanas que constituyen el principal factor de riesgo sanitario", solo aparece la vaguedad y la confusión.

¿De quién o de qué estamos hablando? ¿Neoliberalismo? ¿Finanzas? ¿“Multinacionales farmacéuticas y agroindustriales o sus líderes lobotomizados por la codicia de ganancias a corto plazo”?, los cuales alternativamente son puestas en la picota a lo largo de los capítulos. Sin embargo, la incriminación vaga e incoherente de las "actividades humanas" y el "impacto antrópico sobre el medio ambiente" sólo nos conduce a la incertidumbre.

En la sociedad dividida en clases como lo es el capitalismo, la invocación del "hombre" en general para explicar un fenómeno social es una fórmula completamente mistificadora. Al oscurecer así la realidad de las relaciones sociales del sistema capitalista, se le enmascara y se impide captar los términos en que se plantea real y concretamente el problema sanitario y ambiental. De esta manera al presentar como "excesos" o "deriva" lo que, en realidad, corresponde a su práctica ordinaria, se libera de toda responsabilidad al propio sistema capitalista en su conjunto.

Cuando se pasa a propuestas concretas de acción política para comprometerse en "el único resultado que vale la pena: el cuestionamiento del modelo económico dominante basado en el control depredador de los humanos sobre los ecosistemas”, toda la ciencia se desvanece por completo. Se cae en las redes de la ideología dominante y del Estado burgués. Se nos proponen diferentes recetas que giran todas en torno a la vieja y trillada mistificación del "Todos en el mismo barco" y la necesidad de que el "individuo-ciudadano" se movilice para presionar a las instituciones y a los "políticos" con el fin de que ellos "tomen sus responsabilidades". Así, la conclusión del libro conduce, entre otros disparates, en los que abunda esta parte, sobre la promoción de un foro publicado en Liberation, "la hora de la solidaridad ecológica ha llegado", llamando a "Cada uno [a] tomar su parte, a contribuir en la medida de sus posibilidades, a la exploración continua de dos cuestiones esenciales: ¿qué desarrollo queremos? ¿Qué naturaleza deseamos?, para ello debemos alentar a todos los niveles decisionales (ciudadanos, colectivos, asociaciones, sindicatos, grupos espirituales, municipios, empresas, departamentos, regiones, servicios Estatales, organismos del sistema de Naciones Unidas...) a pensar individualmente y luego implementar colectivamente esta solidaridad (distante y local) en sus dimensiones ecológicas, sociales y económicas". Claramente, se nos pide que confiemos en la burguesía y en las instituciones del Estado, que pongamos nuestro destino en sus manos y que hagamos causa común con la clase que encarna el capitalismo, aquella que es precisamente la agente de la catástrofe: ¡cambiar todo, y nada cambiar en los cimientos del mundo capitalista!

A menos que haya descubierto la varita mágica que le permite escapar de su naturaleza y de las contradicciones que resultan de ella7..., el movimiento obrero y el marxismo desde hace ya mucho tiempo han mostrado que el sistema capitalista en su conjunto no tiene precisamente la capacidad de frenar su depredación sobre los ecosistemas. Al transmitir la ilusión de un capitalismo capaz de limitar sus "excesos", de tomar "opciones razonables para el bien de todos", se nos confina dentro de los límites del horizonte de la sociedad capitalista, se nos encierra en una lógica de gestión y reforma del capitalismo sobre el terreno de la acción ciudadana, precisamente donde el proletariado es completamente impotente8. Creer en esta posibilidad es un callejón sin salida, querer y hacer creer en ella es claramente convertirse en cómplice de la clase dominante. En el contexto de la pandemia donde el Estado burgués y la clase dominante han perdido parte de la confianza de los explotados, “La Fábrica de Pandemias” contribuye a las campañas de la burguesía y no es más que uno de los contrafuegos ideológicos encendidos para que todos aquellos que legítimamente se planten la cuestión del qué hacer para detener el ciclo bárbaro de destrucción ambiental.

La única alternativa: el comunismo

A lo largo de las páginas, las insistencias de los científicos perfilan lo que, según ellos, deberían consistir los contornos de la solución a la crisis ambiental planetaria. Destacan la necesidad de una "revolución societaria", de carácter universal, que afecte a todos los ámbitos, capaz de "repensar todo de manera sistémica", en particular la relación del género humano con la naturaleza, especialmente en plano de la economía y la producción, en la necesidad de desarrollar una nueva ética y resolver "la cuestión de la pobreza ", sin la cual será imposible "preservar de manera sostenible los ecosistemas”.

¿Se puede imaginar seriamente por un momento que estas llamadas soluciones correspondan de alguna manera a lo que puede ofrecer el mundo burgués en plena descomposición? ¡Claro que no! Las líneas principales de este aspecto apuntan, por el contrario, al proyecto social del sepulturero del mundo capitalista, única alternativa susceptible de abrir las puertas del futuro: "El comunismo [como] verdadera solución al antagonismo entre el hombre y la naturaleza, entre hombre y hombre9, de la que es portadora la clase revolucionaria de nuestro tiempo, el proletariado.

En el siglo XIX, ante las consecuencias de la industrialización sobre las condiciones de vida del proletariado y su salud, con la insalubridad, las epidemias y la contaminación del aire, la contaminación de las aguas en el infierno urbano de las grandes ciudades, así como el alarmante agotamiento de los recursos naturales, particularmente de los suelos sometidos a la agricultura capitalista a gran escala en Inglaterra, el país entonces más desarrollado en el camino del capitalismo, el movimiento obrero, desde sus primeros años, se preocupó por las cuestiones ambientales.

Así, el marxismo denunció enérgicamente la aberración de la apropiación privada de la tierra y la incompatibilidad del capitalismo con la naturaleza y su preservación. El sistema capitalista, que se presenta como la culminación de un proceso histórico que consagra el mundo de las mercancías, un sistema de producción universal de mercancías, donde todo se vende, no inauguró el saqueo de la naturaleza. Pero este saqueo, con el capitalismo, se ejerce a escala planetaria, hecho sin precedentes en comparación con los modos de producción anteriores, restringidos a dimensiones más locales, y adquiere ahora un carácter de depredación cualitativamente nuevo en la historia de humanidad: " sólo con él la naturaleza se convierte en puro objeto para el hombre, pura materia de utilidad; dejando de ser reconocida como un poder por sí misma; e incluso el conocimiento de sus leyes autónomas aparece como una simple artimaña para someterla a las necesidades humanas, tanto como objeto de consumo como medio de producción10. La incompatibilidad del capitalismo con la naturaleza (lo que se traduce en devastación acorde con su rapacidad) encuentra su raíz precisamente en su naturaleza explotadora, en el hecho de que, empujado por la búsqueda frenética de la máxima ganancia, no es sólo de la explotación de la fuerza de trabajo del proletariado que extrae su riqueza y su ganancia sino también de la explotación y el saqueo de los recursos de la naturaleza. El trabajo no es la fuente de toda riqueza. La naturaleza es la fuente de los valores de uso (¡que son los que verdaderamente integran la riqueza material!), como el trabajo, que no es más que la manifestación de una fuerza natural, de la fuerza de trabajo del hombre. [] En la medida en que el hombre se sitúa de antemano como propietario frente a la naturaleza, fuente primera de todos los medios y objetos de trabajo, y la trata como posesión suya, su trabajo se convierte en fuente de valores de uso, y, por tanto, en fuente de riqueza11. Marx denuncia ya los efectos de la explotación y de la acumulación capitalistas paralelamente destructores sobre el planeta como sobre la fuerza de trabajo del proletariado: "En la agricultura moderna, al igual que en la industria urbana, el aumento de la productividad y el rendimiento superior del trabajo se compran al precio de la destrucción y el agotamiento de la fuerza de trabajo. Además, todo avance en la agricultura capitalista es un avance no sólo en el arte de explotar al trabajador, sino también en el arte de saquear el suelo; cada avance en el arte de aumentar la fertilidad por un tiempo, un avance en la destrucción de las fuentes duraderas de fertilidad. Cuanto más se desarrolla un país, por ejemplo los Estados Unidos de Norteamérica, sobre la base de la industria a gran escala, más rápidamente tiene lugar este proceso de destrucción. La producción capitalista, por lo tanto, desarrolla la técnica y la combinación del proceso de producción social solo agotando simultáneamente las dos fuentes de las que brota toda riqueza: la tierra y el trabajador"12

Sobre todo, el marxismo ha sacado a la luz que el proceso de desarrollo del Capital, sujeto a la necesidad de acumular siempre más, afecta las propias bases naturales de la producción, desequilibra peligrosamente la interacción entre el hombre y la naturaleza y provoca una ruptura irremediable de su metabolismo. “Con la preponderancia cada vez mayor de la población urbana concentrada en los grandes centros, la producción capitalista, por un lado, acumula la fuerza motriz histórica de la sociedad, y por otro lado, altera el metabolismo entre el 'hombre y la tierra, es decir, el retorno al suelo de los componentes del suelo utilizados por el hombre en forma de alimento y vestido, por lo tanto, el estado natural eterno de la fertilidad permanente del suelo".13.“La gran propiedad territorial reduce al mínimo la población agrícola, a un número que cae constantemente frente a una población industrial concentrada en las grandes ciudades, y que aumenta sin cesar; crea así condiciones que provocan un hiato irremediable en el complejo equilibrio del metabolismo social compuesto por las leyes naturales de la vida: el resultado es un despilfarro de las fuerzas del suelo, despilfarro que el comercio traslada mucho más allá de las fronteras del país considerado. La gran industria como la gran agricultura explotada industrialmente actúan en la misma dirección".14 Por eso, a pesar de todos los avances científicos y tecnológicos, incluso cuando se suponía que debían hacer frente a la crisis ecológica, el capitalismo sólo ha alimentado esta crisis, prolongándola, agravándola cada vez más, devastando la naturaleza, amenazando "la eterna condición natural de la vida humana". Marx ya podía discernir que el capitalismo ponía en peligro el futuro de las generaciones posteriores y, potencialmente, ponía en peligro el futuro de la humanidad.15

Si Marx y el movimiento obrero de su época no podían imaginar los efectos de la agonía del capitalismo sobre la humanidad, sus previsiones se han visto ampliamente confirmadas después de más de un siglo de decadencia capitalista. Durante este período, la acumulación de capital se hizo cada vez más destructiva, "la destrucción despiadada del medio ambiente por parte del capital [adquirió] otra dimensión y otra cualidad [...]; esta es la época en la que todas las naciones capitalistas se ven obligadas a competir en un mercado mundial sobresaturado; una era, por tanto, de economía de guerra permanente, con un crecimiento desmesurado de la industria pesada; una era caracterizada por el irracional e inútil desdoblamiento de complejos industriales en cada unidad nacional,[…] el surgimiento de megalópolis, […] el desarrollo de tipos de agricultura que no han sido menos dañinos ecológicamente que la mayoría de los diferentes tipos de industria".16

"La Gran Aceleración"(como algunos han designado a la amplitud de la devastación ecológica de las últimas décadas) constituye en realidad una de las manifestaciones de la crisis histórica del modo de producción capitalista en su período de decadencia, llevada a su clímax en su fase última, la de su descomposición. Las consecuencias ecológicas del capitalismo en descomposición (del cual la pandemia de Covid-19 es un producto puro) se mezclan y combinan con todos los demás fenómenos de dislocación de la sociedad capitalista para sumergir a la humanidad en un caos y una barbarie crecientes. El agotamiento de los recursos y las consecuencias del calentamiento global perturban y desorganizan gravemente la producción agrícola e industrial, generando el desplazamiento de poblaciones que huyen de zonas que se han vuelto improductivas o inhabitables y exacerbando las rivalidades militares en un mundo donde cada Estado busca salvarse a sí mismo ante la catástrofe. Más que nunca, las relaciones sociales capitalistas que se han vuelto obsoletas, representan un peligro mortal para la supervivencia de la humanidad.

Por lo tanto, obligadamente la solución de la crisis ecológica pasa por la abolición del propio capitalismo, por la destrucción de las relaciones sociales capitalistas de explotación, yendo de la mano con la resolución de la cuestión social, y depende de esta última para establecer una sociedad de productores libremente asociados (el comunismo) que debe "establecer sistemáticamente [el metabolismo entre el hombre y la tierra] como ley reguladora de la producción social".17 con el fin de colocar la satisfacción de las necesidades humanas en el centro de su modo de producción. Esta sociedad comunista solo puede ser implementada por el proletariado, la única fuerza social que ha desarrollado una conciencia y una práctica capaz de "revolucionar el mundo existente", de "transformar prácticamente el estado de cosas existente.”18 ¡Solo él, a través de su lucha por el comunismo, puede asegurar un futuro para la humanidad!

Scott, 25 de octubre de 2021

1 A menos que se indique lo contrario, todas las citas están tomadas del trabajo de Marie-Monique Robin

2 Crítica del " filósofo de Lenin " de Pannekoek, Revista Internacional n° 27 (cuarto trimestre de 1981) https://es.internationalism.org/revista-internacional/200808/2326/critica-de-lenin-filosofo-de-pannekoek-2-parte

3 Ver Las teorías conspiranoicas una expresión de la descomposición ideológica del capitalismo https://es.internationalism.org/content/4590/las-teorias-conspiranoicas-una-expresion-de-la-descomposicion-ideologica-del

4 Ver La propaganda durante la Primera Guerra Mundial https://es.internationalism.org/revista-internacional/201509/4114/la-propaganda-durante-la-primera-guerra-mundial

5 " Incluso las condiciones de seguridad drásticas no protegen contra accidentes. Más de setecientos incidentes de robo, pérdida o liberación de agentes infecciosos y toxinas ocurrieron en los Estados Unidos entre 2004 y 2010, y esto se refiere tanto al bacilo del ántrax como al bacilo de la gripe aviar. Una docena de ellos han causado infecciones” (S. Morand, La próxima plaga, 2016)

6 El mundo en 2035 visto por la CIA (2017)

7 Con escalofriante cinismo, el informe de la CIA levanta una esquina del velo sobre la razón de la incapacidad congénita del capitalismo para proteger a la humanidad de los flagelos que la abruman: " Movilizar políticas y recursos para tomar medidas preventivas resultará difícil sin una crisis dramática que obligue un replanteamiento de las prioridades. Incluso después de una crisis, la voluntad de evitar la repetición a menudo se ve abrumada por la escala de inversión en investigación climática, para la protección y previsión de desastres (El mundo en 2035 visto por la CIA) ¡No puede ser más claro! La misma agencia también confirma que la pandemia de Covid-19 socava aún más la capacidad del capitalismo para responder a la crisis sanitaria y ecológica, y que no debemos hacernos ilusiones sobre cualquier mejora futura: "La pandemia de Covid-19 ha puesto de manifiesto las debilidades y divisiones políticas de instituciones internacionales […] y cuestionado la capacidad y voluntad de los países de cooperar multilateralmente para abordar desafíos comunes más allá de las enfermedades infecciosas, incluido el cambio climático” ( El mundo en 2040 visto por la CIA ). Su "impacto se sentirá desproporcionadamente en el mundo en desarrollo y las regiones más pobres y se combinará con la degradación ambiental para crear nuevas vulnerabilidades y exacerbar los riesgos existentes para la prosperidad económica, los alimentos, el agua, la salud y la seguridad energética. Es probable que los gobiernos, las sociedades y el sector privado desarrollen medidas de adaptación y resiliencia para hacer frente a las amenazas existentes, pero es poco probable que estas medidas se distribuyan de manera uniforme, dejando atrás a algunas poblaciones” (Ídem). ¡Esto no es más que un eufemismo!

8 Ver El capitalismo amenaza el planeta y la supervivencia de la humanidad: Sólo la lucha mundial del proletariado puede acabar con la amenaza https://es.internationalism.org/content/4405/el-capitalismo-amenaza-el-planeta-y-la-supervivencia-de-la-humanidad-solo-la-lucha

9 Karl Marx, Manuscritos de 1844

10 Karl Marx, Manuscritos de 1857-1858, conocido como Gründrisse

11 Marx, Engels, Programas socialistas, crítica a los proyectos de Gotha y Erfurt

12 Karl Marx, El Capital, Libro I. Solo limitándonos al aspecto agrícola, las predicciones de Marx han sido ampliamente confirmadas: “Más de un tercio del suelo (fuente del 95% de los recursos alimentarios) ya está degradado, y es probable que esta parte aumentará a medida que crezca la población mundial. La degradación de la tierra (la pérdida de productividad del suelo debido a cambios provocados por el hombre) ya está ocurriendo a un ritmo cuarenta veces mayor que el de su reformación” (El mundo en 2035 visto por la CIA)

13 ídem.

14 Karl Marx, El Capital, Libro III.

15 El hecho, para el cultivo de los diversos productos de la tierra, de depender de las fluctuaciones del mercado, que provocan un cambio perpetuo en estas culturas, el espíritu mismo del capitalismo, centrado en la ganancia más inmediata, están en contradicción con la agricultura, que debe conducir su producción teniendo en cuenta todas las condiciones permanentes de existencia de las sucesivas generaciones humanas” (Karl Marx, El Capital, Libro III).

16"Ecología: es el capitalismo el que contamina la Tierra", Revista internacional n° 63 (cuarto trimestre de 1990).

17Marx, El Capital - Libro Primero: El desarrollo de la producción capitalista, Sección IV: La producción de plusvalía relativa, Capítulo XV: Maquinaria e industria pesada - § X. - Industria pesada y agricultura (en Ed La Pléiade, Obras: Economía I, pág. 998)

18Marx y Engels, La ideología alemana (1846).

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