¡En todas partes se disparan los precios del combustible, de los alimentos, de la vivienda! ¡En todas partes hay despidos, desempleo masivo, precariedad! Y los gobiernos de izquierda, de derecha, «socialistas», liberales o populistas son incapaces de dar una respuesta.
Todos los Estados se ven abrumados por deudas que se han vuelto abismales, ¡mientras que los gastos militares alcanzan los 2,887 mil millones de dólares en todo el mundo! Esta carrera armamentista aumenta la deuda, alimenta la inflación y agota todos los presupuestos sociales.
En Madrid el alquiler mensual de un pisito de 2 habitaciones cuesta un mínimo de 1000 euros más gastos extra, y el precio medio de una habitación son 550 mensuales. Si contamos otros gastos de alimentación, transporte (y teniendo en cuenta la enorme subida de los precios), ¡se trata de… malvivir al día! Pero eso no es lo peor, el futuro promete ser imposible adquirir una vivienda, ni tener una estabilidad laboral que permita siquiera planteárselo: con la generalización del trabajo flexible, las subcontratas, el trabajo temporal, precario, inseguro, etc. ¡Esta situación provoca una enorme indignación entre todos los explotados!
El 27 de septiembre, tras una manifestación por la vivienda contra el desahucio de Mª Carmen Abascal, de 87 as, que acaba de fallecer el 7 de octubre, el sindicato de inquilinas convocó una acampada en la Puerta del Sol. Desde entonces se ha convertido, más allá de la propia convocatoria, en un punto de referencia de las luchas en la enseñanza y del sector social, que acuden a la plaza para expresar su indignación y su solidaridad.
La fuerza es la solidaridad… de los trabajadores
La defensa de una vivienda digna forma parte de la lucha por las condiciones de vida de la clase obrera, por el aumento de salarios frente a la inflación, contra los despidos, contra los recortes sociales en enseñanza y sanidad. En la puerta del Sol se reúnen los mayores, amenazados de desahucio porque las pensiones no les llegan para pagar un mega-alquiler que las dobla, y los jóvenes que con sus sueldos de becarios y precarios no les llega para pasar el mes.
En la puerta del Sol se está cociendo un cambio de espíritu, que está calentándose desde hace unos años desde las luchas masivas de los trabajadores ingleses en 2022 que gritaban “¡basta ya!” a los ataques insoportables en todos los sectores. Un cambio que va más allá de la reivindicación de la vivienda y que plantea una lucha contra la degradación de las condiciones generales de vida de los trabajadores en nombre de los beneficios de los capitalistas y de los gastos de guerra. Y ese proceso es internacional y simultáneo actualmente en los países de Europa; la lucha de los estudiantes de Francia y Bélgica contra los recortes de presupuestos es el reflejo de la Puerta del Sol. En Francia la lucha se extiende «en solidaridad con los estudiantes reprimidos» los cuales afirman que «también estamos aquí para apoyar a los profesores, mal pagados, con clases masificadas y sin suficientes puestos de trabajo»; «¡Pagad a quienes nos enseñan a leer!».
Pero tanto en España, en Francia como en todo el mundo, es una trampa caer en una solidaridad que diluye nuestra fuerza como trabajadores en “la población general” o ¡peor aún, una solidaridad con un sector de nuestros explotadores!
La lucha de los trabajadores no es una lucha ciudadana
La imposibilidad de pagarse una vivienda afecta principalmente a la clase obrera. ¡A nadie se le ocurre que los miembros de la clase dirigente, los altos funcionarios del Estado y los dueños de las empresas y sus dirigentes tengan problemas de vivienda!
La lucha por una vivienda digna es una lucha de los trabajadores; sin embargo, ¡quieren presentarla como una movilización de los ciudadanos! Los ciudadanos no se identifican con ninguna clase social, y menos con la lucha de clases; sino que se encomiendan al Estado y a su legislación, que es en realidad quien les otorga su identidad de ciudadanos. En cambio, la lucha de los trabajadores ¡es una lucha de clases!, que reconoce en el Estado al órgano de la clase dominante que nos explota.
Así pues: No reivindicamos nuestros derechos de ciudadano, ¡sino que luchamos por nuestras condiciones de vida! Los ciudadanos solo aspiran a concentrar su rabia y malestar en la papeleta electoral, que no cambia los ataques, sino la forma de presentarlos y llevarlos a cabo. ¡Pero nosotros somos la clase obrera, como se grita en las manifestaciones! Nuestra solidaridad es la expresión de un interés común, de enfrentar los ataques simultáneos en todos los ámbitos.
La lucha de los trabajadores no puede ser una lucha electoral
¡Tanto la Derecha como la Izquierda son responsables de la carestía de la vivienda para la clase obrera! Desde antes incluso de la convocatoria de elecciones el 29N, el gobierno “más progresista” trata de manipular las movilizaciones por la vivienda para su campaña electoral, y Sánchez ha presentado a última hora decretos de protección de la vivienda, para desmarcarse de la derecha y de los partidos regionalistas que los han rechazado. Pero inmediatamente tras la muerte de
Mª Carmen, la manifestación que fue desde Sol al parlamento gritaba: «¿Dónde está el gobierno más progresista?» (en el que se incluye, además del PSOE, Podemos, IU, etc). Por su parte el PP, con la ayuda de Vox, quiere acabar cuanto antes con las acampadas y volver a lo de Ceuta. Con esto se pretende desplazar el conflicto de clases al terreno del circo de la bronca parlamentaria de cada día.
¡Pero tanto la Derecha como la Izquierda son responsables de los problemas de vivienda! El último gobierno Aznar infló la burbuja inmobiliaria al límite, pero estalló en el gobierno de ZP, que había continuado la misma política de “crecimiento económico”. De la misma forma, las políticas de la Derecha y la Izquierda se reencuentran en la respuesta a la crisis de 2008: austeridad y deterioro de las condiciones de vida para la clase obrera, con la pérdida de viviendas para muchos trabajadores, además del endeudamiento para seguir pagando hipotecas, y con un bloqueo de los salarios. A partir de 2013 se desata la especulación de la inversión en vivienda, apoyándose en parte en el crecimiento del turismo. De hecho, el “milagro económico” reciente del capital español, se basa en buena parte en el crecimiento desorbitado del turismo, junto al abaratamiento de la mano de obra por la inmigración y las medidas de austeridad. Y a partir de 2020 y 2023, Podemos e IU y el PC, se “SUMAN” (nunca mejor dicho) a esas políticas.
El problema de la carestía de vivienda para la clase obrera no es de las políticas de las Derechas o las Izquierdas (que además son muy parecidas), sino de la crisis mundial del capitalismo.
La lucha de los trabajadores no puede ser la huelga general, sino ir hacia la huelga de masas
Ante la confluencia de diferentes luchas y reivindicaciones en las acampadas por la vivienda, los sindicatos mayoritarios UGT y CCOO han convocado una huelga general para el 11N, apoyada prácticamente por los demás sindicatos y por la Izquierda extraparlamentaria. El presidente de la patronal, Garamendi, ha reaccionado diciendo que una huelga general sólo debe convocarse por motivos salariales. Y con esto demuestra que no entiende lo que está pasando, la potencialidad de que la cólera y la combatividad enorme en la clase obrera, encuentre en estas movilizaciones un terreno de unidad, de confrontación contra la degradación global de TODAS nuestras condiciones de vida.
CCOO y UGT sí lo han entendido y por eso nos tienden la trampa de la huelga general, que NO ES el terreno de la unidad, sino el de la convergencia: cada uno en su sector, en su “propia” lucha. Tampoco es el de la organización de la lucha por los trabajadores mismos, sino el de la entrega de las decisiones y las convocatorias y la negociación a los sindicatos. A los mismos sindicatos que en Airbus apoyaron la propuesta de la empresa primero y después ¡de la mediación del gobierno CONTRA LAS ASAMBLEAS!
Esta estrategia sindical no es nueva: las huelgas generales contra las diferentes reformas laborales (gobiernos de González o Rajoy), o el plan de empleo juvenil (González), o el “decretazo” contra los subsidios de desempleo de Aznar, etc., sirvieron en realidad ¡para enterrar las luchas y frenar una dinámica hacia la unidad y la autoorganización!
Nuestra fuerza tiene que ser la discusión y la toma de decisiones en asambleas masivas y unidas, tomando la lucha en nuestras manos. Tiene que ser la defensa de reivindicaciones comunes a todos los sectores, la organización de la extensión con delegaciones enviadas a otros sectores y manifestaciones y asambleas unitarias.
¿Qué perspectiva? ¿Cómo continuar la lucha?
El terreno está lleno de trampas, ¡pero la combatividad y la solidaridad son muy grandes! En este mismo momento, en Francia y Bélgica, las luchas de los estudiantes de secundaria y universitarios tratan de extenderse a los obreros. Luchar por nuestras condiciones de vida, en nuestro propio terreno, ¡da fuerza a la lucha de nuestros compañeros de lucha franceses y belgas, a los trabajadores del mundo entero!
Acudir a la Puerta del Sol tiene que convertirse en una fuerza para la unidad, organizando asambleas en las plazas, no solo en Madrid, donde puedan unirse los estudiantes, y que se organicen manifestaciones y la búsqueda de la extensión a todos los centros de trabajo. Nuestra fuerza es luchar unidos como obreros, crear una relación de fuerzas, evitando las trampas y las provocaciones que sirvan de justificación para una represión.
¡Asambleas unidas y autoorganizadas en las plazas!
¡Extensión a todos los sectores!
¡Solidaridad con los estudiantes y trabajadores de Francia y Bélgica!
Corriente Comunista Internacional
11 de octubre de 2026