El documental 'Fahrenheit 9/11' oscurece la realidad de la guerra en Irak

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La película de Michael Moore, Fahrenheit 9/11, laureada por el Festival de Cine de Cannes, más por su política que por su arte, ha estado llenando las salas cinematográficas en todo el país durante este verano. Dentro de los EUA la controversia alrededor de esta película refleja la gravedad de las divisiones dentro de la burguesía estadounidense sobre la conducción de la guerra en Irak. Walt Disney Co., productor de la película, originalmente decidió no permitir el lanzamiento de la película por temor a ofender a la administración Bush debido a su incisivo ataque político a tal administración. El exgobernador de Nueva York Mario Cuomo, un prominente demócrata liberal, quien se desempeñó como abogado representando a Moore en sus esfuerzos por conseguir el lanzamiento de la película, dijo que estaba luchando por que esta película estuviera en los cines en toda la nación porque cree que se trata de una película que todo estadounidense debe ver, por tener un mensaje vital para la democracia estadounidense. The New York Post, el periódico conservador, controlado por la Murdoch’s News Corp, (asociación noticiosa de Murdoch) denunció la película como propaganda grosera.

Ciertamente es propaganda, como lo son las noticias regularmente publicadas y transmitidas todos los días en los medios masivos de comunicación, ya sea en el New York Post o en el prestigioso New York Times. En la carrera a la invasión de Irak, todas estas publicaciones y redes de transmisión fueron abrumadoramente pro- guerra en su cobertura de la política de la administración Bush. Hoy, por supuesto, existen serios desacuerdos dentro de la clase gobernante estadounidense, no sobre la necesidad de invadir Irak, sino principalmente sobre la eficacia de la conducción de la guerra en Irak llevada acabo por la administración Bush, considerando que el gobierno ha hecho un gran desastre de la invasión y ha hecho por lo tanto las cosas más difíciles para el imperialismo estadounidense en sus esfuerzos por dominar el mundo y movilizar a la población estadounidense para futuras acciones militares. Esto es un serio desacuerdo, pero es una disputa táctica sobre la implementación del acuerdo de la orientación de conjunto de la política imperialista: hacer lo que sea necesario para mantener el estatus de EU como la única superpotencia del mundo y prevenir el surgimiento de cualquier bloque rival potencial.

En el alboroto generado por Fahrenheit 9/11 lo que los comentaristas dicen depende de a qué facción de la burguesía él y su organización de medios de comunicación se adhieren: tanto si respaldan las políticas de la administración Bush, como si piensan que el gobierno ha hecho un desastre que tiene que ser corregido. Sin embargo, una cosa está clara, Fahrenheit 9/11 no es ni anti- guerra, ni anti- imperialista. Es sólo anti- Bush. Moore hace un trabajo excelente en el golpeteo a Bush. La película tiene como protagonista una colección de fuertes imágenes sobre el horror de la guerra, y sobre la estúpida ineptitud de Bush y su gobierno, que depende en exceso de escenas vergonzosas originalmente hechas no para ser vistas por el público. Por ejemplo, Paul Wolfowitz, el arquitecto de la estrategia imperialista en Irak, es reducido a un payaso en una escena en la que usa su propia saliva para acicalar su pelo antes de salir en una entrevista de la TV, pasando su peine a través de su boca. Moore aprovecha los defectos reconocidos de Bush como orador para retratarlo como estúpido. En una escena, Bush no puede recordar el viejo aforismo "si me engañan una vez la culpa suya, si me engañan dos veces la culpa es mía", y se sale por la tangente haciendo el ridículo. En un nivel político más serio, otra escena “pinta” a Bush hablando ante una audiencia de recaudación de fondos de partidarios adinerados diciendo algo como, “Ustedes son los que tienen y tienen mucho. Algunos los llaman la élite. Yo los llamo mi base.” Bonita cursilería.

La película incluye imágenes fuertes, como la entrevista a una madre oriunda de Flint, Michigan, que antes apoyaba la guerra, y que ahora después de la muerte de su hijo se opone a ella, u otra imagen donde Moore pide a miembros del Congreso que ofrezcan enviar a sus niños para combatir en Irak y consigue como respuesta solamente las miradas furiosas de la incredulidad.

Y mientras la película critica duramente la campaña de propaganda de Bush que justifica la guerra -que ya ha sido desacreditada ampliamente en los medios masivos de comunicación- definitivamente no es antiguerra. Moore por ejemplo respalda claramente el imperialismo estadounidense en la invasión y ocupación de Afganistán, y de hecho critica a Bush por no ser suficientemente belicoso en aquella ocasión. Ridiculiza a la administración Bush por haber tenido relaciones diplomáticas con el régimen del Talibán antes de la invasión, e incluso por tener un representante de viajes del Talibán en el Estado natal de Bush, Texas. Moore ataca a Bush por no invadir Afganistán más rápidamente. Se queja de que el presidente esperó dos meses para atacar -dando a Bin Laden “dos meses de ventaja”. MooreTambién critica al presidente por tener tan pocas tropas en Afganistán.

El fracaso en Irak es cargado a los defectos personales y la codicia de George W. Bush. Moore ofrece preferentemente un argumento economista algo vulgar y grosero considerando que la familia de Bush tiene relaciones empresariales con la familia real saudita y esto está controlando la política exterior estadounidense en la administración en curso. Moore hace hincapié en que la mayoría de los terroristas del 9/11 eran saudíes, como lo es Bin Laden. Mientras que casi llama a la guerra contra la familia real saudita, prácticamente denuncia a Bush de traición por ocupar la tarde visitando al embajador saudita en los EUA, el 13 de septiembre de 2001, y de proteger los intereses sauditas en los EUA. Él realmente juega un papel extremadamente nacionalista con relación a los saudíes, lamentando que muchos de ellos tengan inversiones en los EU.

Este “análisis”, que Moore ha afirmado es “muy fidedigno” en las entrevistas de la televisión sobre la película es la típica propaganda capitalista de culpar a individuos y sus políticas como causantes de los males sociales en vez de culpar al sistema capitalista mismo. Moore oscurece totalmente la realidad de que son el capitalismo estadounidense y sus intereses imperialista los responsables de la guerra en Irak. El verdadero argumento dentro de la clase gobernante hoy no es si los EUA debieron haber invadido Irak, sino sobre la manera más apropiada de haber preparado tal invasión -qué justificaciones ideológicas pudieron haber sido usadas (armas de destrucción masiva y vínculos con Al Qaeda contra la violación de los derechos humanos), que tan duro debieron haber trabajado los EUA para presionar y obtener el apoyo internacional a la invasión, y que tácticas y doctrinas militares debieron haber sido usadas en la invasión y la ocupación (la doctrina de Rumsfeld de los huesos descarnados de la fuerza militar usando armas inteligentes contra la doctrina de la “fuerza omnipotente”, usada exitosamente en la primera guerra de Irak en 1991).

Desde una perspectiva proletaria revolucionaria, el aspecto más peligroso de Fahrenheit 9/11 no es solamente el que oscurece la naturaleza de clase de la política imperialista estadounidense, sino que está siendo usada por el capitalismo para reavivar la mistificación electoral, la cual sufrió un serio golpe en el desastre de la discutible elección del año 2000. En el análisis final esta película aspira a atrapar personas para votar en contra de Bush, para restituir la confianza en el sistema electoral, que ha resultado gravemente debilitado hace cuatro años. La película oculta el hecho de que la guerra imperialista es la política de todas las principales fracciones de la burguesía -después de todo fue el demócrata Clinton quien continuó los bombardeos contra Irak durante los 90, y envió tropas a Haití y a Kosovo. No importa quién gane la elección en noviembre, el imperialismo estadounidense continuará con la guerra alrededor del mundo. La única manera de terminar la guerra es destruyendo al capitalismo. Uno puede ir a ver Fahrenheit 9/11 si quiere reírse de Bush y ver un poco de propaganda política burguesa ingeniosa, pero ni por un minuto piense que irá a ver alguna clase de propuesta política cinematográfica antiimperialista y antiguerra, con un análisis convincente de los eventos. Esta película es la propaganda de campaña del Partido Demócrata y una apología del capitalismo, un intento de atraer a los ciudadanos alienados y descontentos tras el marco político capitalista establecido.

CCI / 29 de julio de 2004