Correo del Lector. Organización y conciencia, únicas armas del proletariado para enfrentar al capital

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Hemos recibido un texto del Comité de Análisis e Ideología (CAIA), titulado Organización, estrategia y clase (parte I). Hay una serie de los planteamientos que compartimos, no obstante exponen algunas imprecisiones y ambigüedades. Presentaremos el texto con algunos extractos, marcando las dificultades, señalando que esto es siempre siguiendo la tradición proletaria de animar la reflexión.

 

¿Los trabajadores necesitamos construir un nuevo partido?

Para responderse esta pregunta los compañeros inician explicando el descrédito existente de los partidos políticos, no obstante olvidan referir la naturaleza de clase de estos partidos. Este olvido inicial, aunque no desvalida su reflexión sobre la necesidad de la organización, les impide que avanzar con claridad en su propuesta.

Es relevante el deslinde que CAIA hace sobre los argumentos de los gobiernos de izquierda y el “altermundismo” tan alabado, este último, en las hojas de Trinchera (boletín en el que colaboran), así dicen de ellos: “... en sus discursos no es raro encontrar una constante defensa de la no-organización de clase, y la desmovilización disfrazada de organización ‘horizontal’, ‘en redes’, ‘autónoma’, ‘autogestiva’... Por su parte, a nivel mundial, el altermundismo tampoco presenta ninguna alternativa para los trabajadores: negación de todo lo que signifique revolución, organización política o lucha de clases...

Planteado ese marco, van a explicar lo que es la organización que la clase trabajadora requiere: “Una organización en la que participemos sin subordinarnos a ninguna facción del capital, y sin subordinarnos a ninguna burocracia (...) Para que nuestra organización sea verdaderamente clasista, debe ser centralizada. Y con ello nos referimos de ninguna manera a una organización autoritaria o burocrática, ese tipo de mitos solo caben en las cabezas del reformismo y el anarquismo pequeñoburgués.

Avanzan planteando aspectos concretos del programa de clase, defendiendo el carácter contrarrevolucionario del nacionalismo: “Defender la Nación y actuar como pueblo es lo que los explotadores esperan que nosotros hagamos eternamente.

Defender los intereses de NUESTRA CLASE es lo que ellos más temen que hagamos. (...) Todos los oprimidos tenemos derecho a defender también nuestra cultura, pero ello no significa que debamos aliarnos con el que nos explota...

Marcan, completando la idea, el carácter INTERNACIONAL e INTERNACIONALISTA de la lucha proletaria: “El capitalismo es un sistema mundial. No se le puede ‘abolir’ en un territorio o país, sólo mundialmente, necesitamos  pues la organización mundial de los trabajadores contra el capitalismo.

Y no dejan de rechazar las formas de lucha falsas para el proletariado: “Los trabajadores no necesitamos del parlamento, porque tampoco necesitamos del Estado (...) No necesitamos tampoco de elecciones ni de votos (...) Tampoco podemos pensar en que con pequeños grupos armados vamos a cambiar el sistema.

Hasta aquí, aun cuando se presentan breves extractos, es notoria la defensa clara que hacen de la necesidad que hay para la clase obrera de definir su autonomía de frente a la clase dominante tanto en el terreno del programa como en el de la organización.

 

El proletariado, basado en su experiencia del pasado construye el futuro

No obstante hay en el texto del CAIA afirmaciones confusas que conducen incluso a una contradicción en lo avanzado. Tomemos los más importantes: El CAIA, basado en la recuperación histórica de las experiencias proletarias, deduce la necesidad y posibilidad de su organización, y toma como ejemplo a la AIT y al Partido Bolchevique, es obvio que de estas experiencias recobra los principios internacionalistas, la crítica radical del sistema, y el reconocimiento de que la emancipación de la clase obrera debe ser obra de ella misma, sin embargo, este avance lo contradicen cuando colocan al lado de estas experiencias a la guerrilla mexicana: el PDLP de Lucio Cabañas y a la ACNR de Genaro Vázquez, a las que presentan como “organizaciones políticas de vanguardia y/o revolucionarias, de los trabajadores del campo y la ciudad.” Apuntemos brevemente algunos aspectos [1].

Apegados a los hechos, se puede afirmar que la guerrilla tanto de Lucio como de Genaro son expresiones desesperadas y pequeñoburguesas, que se encuentran al margen de la clase obrera, no son producto de su esfuerzo, por el contrario son negación de ésta, en tanto se presentan como instrumentos armados que pretenden suplir el accionar de los trabajadores, por ello, encarnan la desesperación y la desconfianza en las potencialidades de la clase. Baste recordar que tanto Cabañas como Genaro habían promovido la participación electoral, y hasta que, según lo afirmaban ellos mismos, se cerraron los “causes legales” se decidieron a tomar las armas y remontarse a la sierra, desde donde pretendían crear un “foco” de subversión. Al analizar el accionar de otras guerrillas CAIA mismo parece percibir que hay un problema en esas estructuras, pero no va a la esencia del fenómeno, se queda tan sólo en suponer procesos de degeneración o traición de los grupos, sin ver que el problema está en su naturaleza y el tipo de programa que defiende. Así cuando habla de otros grupos guerrilleros dice: “... los movimientos guerrilleros de izquierda se corrompieron al llegar al poder o simplemente firmaron su rendición en términos de ‘acuerdos de paz y reconciliación’, que no significaron ningún cambio en las condiciones de vida de millones de personas...” Renglones abajo dice más todavía cuando se refiere a las FARC y el ELN: “Y pese a la mayor o menor porción de territorio que han ocupado, se han visto durante años obligados a buscar recurrentemente al dialogo de su contraparte.

De manera que aún cuando en estos grupos guerrilleros no hay nada del internacionalismo que CAIA defiende y en cambio mucho de nacionalismo, no deja de reivindicarlos. Si vemos con mayor precisión, las estructuras guerrilleras que CAIA supone expresiones orgánicas del proletariado, niegan en realidad el accionar masivo y consciente de la clase obrera.

La ACNR se definía así. “Somos una organización guerrillera que está actuando a nivel nacional, realizando expropiaciones en los bancos (...) nuestras acciones están planeadas en diversos niveles, tendiendo a organizar a las masas...” (01-1972) Cabañas por su parte, cuando define su proyecto “socialista” y habla del “nuevo ejército” que surgirá dice que este será: “auténticamente patriótico y no patriotero, defensor de los derechos del pueblo, de la patria proletaria y de la soberanía nacional” (09-1972, en ambas citas los subrayados son nuestros).

De manera que vemos inicialmente una reflexión sobre los principios de clase, pero cuando se trata de concretar en el análisis se queda corto, esa misma incomprensión es la que luego le dificulta reconocer lo que representa la “otra campaña”.

 

El partido proletario no es el conjunto de la clase, pero es producto de ella

Los camaradas señalan: “... a lo largo de la historia, se ha malentendido muchas veces la idea de organizar un partido, interpretándolo como crear una burocracia ajena a los trabajadores (...) <no obstante> la vanguardia y el resto de la clase forman una unidad indisoluble y actúan de manera recíprocamente complementaria...” es decir, reconocen que la organización revolucionaria y la clase no son diferentes, sino son una unidad, como lo afirman, siguiendo a Marx, “... en cierta forma es <la parte> más avanzada...

Este reconocimiento es fundamental, y lo complementan señalando el tipo de trabajo de esta estructura: “el único papel de las organizaciones de vanguardia puede ser el de defender el programa y promover la autoorganización de la clase, no dirigirla.

Esta afirmación aunque en lo general compartimos, debemos precisar que guarda algo de consejista[2], en tanto supone que la dirección del movimiento implica una sustitución, o una imposición de lineamientos a una masa ciega,, pero si tomamos la experiencia de la revolución de 1917, es fácil entender lo que significa el concepto de dirección desde una perspectiva proletaria. La clase obrera no delega su labor histórica en el Partido, lo crea para poder cumplirla, la vanguardia no es una minoría ilustrada y conspirativa es sólo la parte más clara de un todo.

Recordemos, por ejemplo, que no fue el Partido Bolchevique el que creó los Soviets, y sin embargo cumplió su papel de vanguardia, haciendo de esas organizaciones, con su trabajo de propaganda y agitación, un cuerpo de combate capaz de asumir decisiones transformadoras. De forma que, hablar de dirección no implica sustitución, es la práctica del Partido: convencer de la justeza del programa comunista, extender la conciencia y dar dirección al combate. Quien sino los Bolcheviques al hacer la lectura de los momentos de lucha, lograron definir las orientaciones que condujeran a la revolución.

 

La “otra campaña”: ¿alternativa de clase?

Hay por último un aspecto en el que vale solo marcar los puntos para el desarrollo de la reflexión, dado que hay aspectos que en este mismo número tocamos (sobre los frentes y la “6ª”).

El CAIA afirma que con la “otra campaña”: “se posibilita que avancemos en la definición y construcción de una nueva organización anticapitalista al lado de todos los oprimidos, para abrir un amplio Frente de lucha que pueda derivar en un verdadero Movimiento Político Revolucionario.”

Ante esta afirmación que contradice mucho de lo que inicialmente plantea, preguntamos ¿la clase obrera encuentra independencia organizativa y programática junto a un grupo como el EZLN que mantiene alianzas con representantes de la burguesía, como por ejemplo la Sra. Mitterrand? ¿Se debe empujar, para no parecer “sectario”, a los trabajadores a la cola de un grupo que promovió el voto hace 12 años y levantó una corrosiva campaña nacionalista de adoración de los “símbolos patrios” y el respeto a la constitución? ¿Porqué sumarse a un proyecto interclasista, en vez de abocarse a construir el proyecto de clase, que debe pasar también por la denuncia abierta de los que, como dicen ustedes, “aparentan apartarse de la suciedad del engaño electorero y buscan ponerse publicitariamente ‘a la izquierda’ de este...”?

Las generaciones jóvenes del proletariado para enfrentar la luminaria publicitaria del EZLN no tienen otro camino que el de la reflexión, recobrar el arsenal teórico del marxismo y las experiencias de los combates pasados, es la forma de enfrentar los cantos de sirena del capital y su aparato de izquierda, solo así estará preparando verdaderamente la Revolución Comunista Mundial.

Tatlin/2-02-06

 


[1]  Para ampliar sobre el significado de la guerrilla recomendamos leer RM 19 (1994).

 

[2] Todavía en 1979, cuando escribimos el folleto “Organización y conciencia de clase”, manteníamos ciertas concesiones al consejismo, rechazando por ello el concepto de dirección, no obstante al hacer la diferencia con el sustitucionismo, nos permite afirmar más claramente el papel de la vanguardia proletaria.