Contra el circo electoral, la lucha de la clase obrera

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            Conforme se acerca la fecha de las elecciones el circo se reaviva cada vez más, por todos los rincones del país, a todas horas las cantaletas de los cinco candidatos a presidente se desbocan prometiendo hacer felices a todo mundo con la única condición de que votemos por ellos. El Estado de la burguesía sigue gastando miles y miles de millones en una campaña tan ensordecedora como inmunda con el único objetivo de enganchar al proletariado a la ilusión de que el voto es el único mecanismo para conseguir mejores condiciones de vida y de trabajo. Así es, aún si esta borrachera democrática afecta también a la burguesía y a la pequeña burguesía, lo cierto es que su principal destinatario, como lo hemos venido denunciando en esta serie, es la clase trabajadora; la cual requiere comprender cómo funcionan los mecanismos democráticos de la burguesía que la maniatan impidiéndole desplegar su propia alternativa de lucha contra la explotación capitalista.

 

Los mecanismos del gran juego democrático electoral

¿Qué ideología mistifica la democracia electoral?: escondiendo el hecho de que la democracia es la forma que adopta su dictadura estatal para garantizar la dominación violenta de una minoría sobre la mayoría, la burguesía presupone una población de cierta manera homogénea en cuanto a que todos los ciudadanos tienen la capacidad de decidir e incidir en los asuntos del gobierno el cual sería imparcial y además de que los explotados pueden hacer valer sus intereses a través de este aparato; su ideología liberal de los derechos humanos destaca siempre esta ilusión para tratar de convencer acerca de la validez universal de la sacrosanta democracia representativa moderna. La famosa fórmula de ‘Un hombre un voto’ presupone a cada individuo en igualdad de circunstancias. Los capitalistas conocen muy bien las ventajas de este sistema y a todo lo largo de la historia del capitalismo lo han hecho todo para generalizar los mecanismos de elecciones y de parlamentos a todos los niveles de la sociedad para acostumbrar a la clase obrera a gestionar sus intereses como clase mediante los propios métodos de sus explotadores. El arraigo profundo de la ideología democrática en los trabajadores representa un obstáculo importante para el desarrollo de su propia conciencia como clase acerca de sus propios métodos de lucha. La burguesía se encarga a diario de recordarles que la situación de explotación y miseria cotidiana que viven es validada por el voto de la “mayoría del pueblo” que cívicamente acudió a las urnas y que, además, deberían esforzarse todavía más en el trabajo y en su participación cívica para perfeccionar la vida democrática de la sociedad. El cuento de nunca acabar.

¿Cómo decide la burguesía a quién elegir?: el proceso democrático que comentamos arriba tiene su parte operativa controlada por el Estado, así denunciábamos en RM90 mar-abr 2006 “… hay un manejo fino de sus orientaciones generales a través de sus medios de difusión  que utilizan los más variados recursos para hacer crecer o disminuir una candidatura: video escándalos, denuncias de negocios turbios, informaciones tendenciosas de todo tipo, encuestas amañadas, etc., etc., con los cuales se administra la orientación del voto de los potenciales electores a los cuales se les induce su preferencia por tal o cual personaje de la burguesía; y no es para menos si consideramos la abrumadora campaña diseñada profesionalmente con criterios sociológicos, psicológicos, mercantiles, etc., para determinar una “opinión”, una “preferencia” (…) De esto se trata actualmente, la burguesía lleva ya un buen tiempo tratando de ponerse de acuerdo para imponer, de esta manera , su orientación política más conveniente a las necesidades actuales.

 

Las dificultades actuales de la burguesía en su manejo electoral

El funcionamiento de la maquinaria electoral, sin embargo, no está libre de contrariedades para la clase en el poder quien se esfuerza cada vez más en los últimos años en lograr la capacidad de acuerdos de unidad para llevar adelante una determinada orientación sin que se ponga en cuestión el control de su estrategia política, lo cual podría llevar a resultados indeseables. En la base de estas dificultades se encuentran los efectos de la descomposición social generalizada del capitalismo que actúan sobre la vida política de la burguesía. En efecto, como ya lo hemos evidenciado, esto se manifiesta mediante una tendencia creciente dentro de la clase gobernante y de su aparato político hacia la indisciplina y al “sálvese quien pueda” lo que se traduce también en una tendencia a la pérdida de control del manejo de la estrategia política dentro del juego electoral. Esto lo hemos comprobado ya en repetidas ocasiones: evidenciando las fisuras visibles en la burguesía al interior de la cual sus diferentes fracciones se pelean a muerte para lograr una posición importante dentro del Estado; el ejemplo del “desafuero” de AMLO que estaba desprestigiando la campaña democrática razón principal que motivó el cambio de táctica en ese momento; los diferentes escándalos de corrupción que han amenazado con salirse de control; la embestida desesperada del PRI duro resistiéndose a ser desplazado de los planes globales del Estado capitalista no importándole los cálculos más estratégicos de su propia clase; la propia descomposición del PRD, partido que estaba destinado para cubrir el flanco de izquierda del aparato político de la burguesía y que día con día se desdibuja engrosando sus filas con los políticos más desprestigiados que están saliendo de los otros partidos y principalmente del PRI (su matriz política) ejemplificando el pragmatismo burgués que calcula que el péndulo político se carga hacia ese lado[1]; en fin, por ejemplo, si bien es cierto que se ha estado tratando de polarizar la elección entre Felipe Calderón (PAN) y AMLO (PRD), es decir, entre la derecha y la izquierda, tales previsiones se están complicando por la resistencia encarnizada del indisciplinado Roberto Madrazo (PRI)  quien está jugando su propio juego personal.

Esta tendencia a la pérdida de control del juego político por parte de la burguesía no debe considerarse de manera definitiva sino como proceso, es la compañera inseparable de la descomposición del capitalismo. Para la clase obrera es útil comprenderla para clarificar los escenarios posibles en que tendrá que desarrollar su lucha, pero sobre todo para entender el grado de capacidad que tiene su enemigo de clase para revertir estas dificultades contra ella misma, presentándolas como producto de la competencia democrática, la cual entre más reñida y resonante se presenta como más genuina y… democrática. Esto es lo que está pasando actualmente.

 

Lucha de la clase contra el voto electoral

¿Qué está pensando el trabajador “votante” cuando la burguesía lo pone frente a la urna? El dominio que ejerce el Estado mediante su campaña democrática electoral envenena la capacidad reflexiva de la clase trabajadora y la somete a la ideología de la clase dominante, sometiéndola a la resignación de que su potencialidad y su capacidad revolucionaria, nada puede ante el capital.

¿Qué se le ofrece al proletariado con los procesos electorales? Ese “derecho” al voto que tanta gala hace la burguesía no es sino un fino método para asegurar su dominio, por eso lo que ofrece la democracia y los procesos electorales es MAS EXPLOTACIÓN Y OPRESIÓN.

¿Cuál es la verdadera alternativa de la clase obrera frente a los ataques incesantes del capital a sus condiciones de vida? LA LUCHA. Sin duda esta es la única opción de la clase obrera atrapada en un curso interminable de agudización de la crisis económica permanente e histórica del capitalismo desde hace ya cuarenta años. Y esta alternativa tiene bases de granito. La reciente movilización masiva de los estudiantes en Francia contra los ataques económicos del Estado capitalista se sitúa en el terreno de clase pues responde al ataque económico del capital contra los trabajadores, en particular, es una respuesta al “no futuro” del capital contra las nuevas generaciones de la clase obrera.

La campaña mundial de “la muerte del comunismo” y “la desaparición de la clase obrera”, provocó el mayor retroceso de la combatividad y de la conciencia desde 1968. Por eso la lucha desarrollada por los estudiantes en Francia cobra una dimensión histórica pues se inscribe en una tendencia al desarrollo de las luchas que no han dejado de confirmarse desde el 2003: movimiento por la defensa de las pensiones en Francia, las manifestaciones en Austria (las más importantes desde la Segunda Guerra Mundial). Tendencia que se ha expresado particularmente en 2004 en Alemania con las luchas en el sector del automotriz (especialmente en Daimler-Chrysler y Opel), que ante la amenaza de despidos planteó claramente la cuestión de la solidaridad entre los obreros. Una tendencia que se ha confirmado nuevamente en España, en diciembre del 2005, en la empresa SEAT de Barcelona en la que los obreros han desarrollado por un tiempo su lucha fuera y contra los sindicatos. Esa misma tendencia es la que se ha visto confirmada en las huelgas de los mozos maleteros del aeropuerto de Heathrow solidarizándose con los trabajadores del sector de la restauración y luego en la de los transportes en NY antes de la navidad del 2005, luchando no sólo por sus intereses inmediatos sino también para intentar que los jóvenes trabajadores cobren en el futuro las jubilaciones que ellos puedan tener en el momento de retirarse.

 De frente a la alternativa “lógica” y “racional” de la burguesía que consiste en ir a votar como buen ciudadano responsable y cívico esperando después los beneficios de tan encomiable conducta civilizada y ejemplar, la clase obrera debe enfrentar al capital en su propio terreno, con sus propias armas de lucha. Desde el año 2003 en que la clase obrera tocó la campana del cambio de dinámica en la lucha de clases, lo que llamamos el “giro en la lucha de clases”, el proletariado ha venido destacando en sus diferentes episodios de lucha internacional algunas características de su combate que deberán retomarse en el futuro inmediato para llevar adelante su perspectiva histórica:

- Frente al voto impotente: la lucha obrera, esa que resulta de la determinación de los obreros que se movilizan en determinado lugar y comprenden desde el principio la necesidad vital de la extensión del movimiento hacia otros centros de trabajo y, más allá, hacia otros sectores, es decir, hacia la huelga de masas; un resultado ganado con la determinación de los trabajadores que organizan delegaciones masivas para transmitir esa voluntad de luchar contra el capital.

- Frente al individualismo del voto ciudadano: la solidaridad activa en la lucha, haciendo vivir los lazos entre los combatientes, defendiendo la unidad de la clase y su conciencia, sabiendo que son su principal fuerza para enfrentar al Estado capitalista.

- Frente al voto que ayuda a validar la dictadura  del capital: las asambleas masivas de trabajadores donde se discuta qué hacer, cómo avanzar en el movimiento, como luchar por defender sus condiciones de vida.

- Frente al circo electoral: retomar las enseñanzas de las luchas obreras habidas en el periodo 1968-1989, iniciar la lucha fuera y en contra del sindicato, no esperar la convocatoria de este para decidir resistir a los ataques del capital.

En fin, se trata de un terreno completamente diferente al que propone el capital para perpetuar su dominación de explotación sobre el proletariado por los siglos de los siglos. Cualquiera que sea el resultado de las elecciones federales del 2 de julio del 2006 no beneficiará en modo alguno a los trabajadores. Su terreno de clase se encuentra en el de la lucha de resistencia contra la degradación de sus condiciones de trabajo y de vida en general.

RR/abril del 2006

  


[1] Esta situación del PRD es un problema para la burguesía pues se está quedando sin su ala de izquierda. Ella sabe que los trabajadores cada vez más desconfían de ese partido debido a que no ha podido esconder, como le correspondía, su accionar completamente idéntico a los otros partidos. A muy corto plazo el Estado capitalista tendrá que plantearse la reestructuración completa de su esquema político y, en particular, la creación de un nuevo partido de izquierda que realmente sea capaz de cumplir con su función de encuadramiento de los trabajadores. Hoy, en medio de la borrachera democrático electoral todavía puede beneficiarse de un cierto margen de engaño de este partido debido a las altas expectativas que se han creado con respecto a su candidato AMLO, sin embargo, después este partido no podrá cumplir la función social que se le asignó dentro del reparto de tareas que se dan las fuerzas políticas del Estado capitalista.