SME - Continúa su sabotaje contra la clase obrera

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SME

Continúa su sabotaje contra la clase obrera

De repente, como para recordar que ahí están todavía, el lunes 11 de abril un grupo de aproximadamente 300 miembros del SME (Sindicato Mexicano de Electricistas) agredieron a una cuadrilla de trabajadores de la CFE en la ciudad de México, golpearon y robaron a algunos reporteros, además de dañar vehículos tanto de esa empresa como de particulares. La PGR ejerció acción penal en contra de 11 integrantes del sindicato por algunos delitos federales: daño en propiedad ajena, robo con su agravante en pandilla, lesiones con su agravante en pandilla y motín. Martín Esparza, dirigente del SME, dijo que estos actos son "una muestra de las acciones que emprenderá esta organización para reclamar su derecho a reintegrarse a la vida laboral" y que los detenidos "son inocentes y por tanto son ‘presos políticos', por lo que exigirán su libertad mediante movilizaciones" y presentarán denuncias por la violación a sus derechos humanos. Y para remate, "varias comisiones del SME acudirán a las sedes nacionales de los partidos políticos para denunciar el agravio..." Este tipo de acciones que reivindica el sindicato sigue al pie de la letra el guión que arrancó hace año y medio y que ha tenido como objetivo golpear profundamente a la clase trabajadora.

Un breve recuento de la trampa contra los trabajadores

Desde octubre del 2009 cuando el Estado cerró Luz y Fuerza del Centro echando a la calle a casi 44,000 trabajadores, fue el SME con la ayuda de varios sindicatos el encargado de maniatar a los trabajadores asegurándose de que no respondieran con sus propios métodos de organización y de lucha:

Creando una división y enfrentamiento entre los electricistas mediante las elecciones internas, con el objetivo de distraerlos de la defensa que tenían que hacer de sus empleos; transformando lo que fue un artero ataque a las condiciones de vida y de trabajo de los obreros en lo que llamaron "un ataque al sindicato y a las libertades democráticas"; arrastrando a la mayoría de los electricistas a "luchar por la defensa del sindicato" y más aún por "la defensa de la empresa pública y de la economía nacional"; este sabotaje impidió que los trabajadores se dedicaran desde el principio a discutir en asambleas generales las acciones que eran necesarias para iniciar la lucha, qué formas de organización propias debían establecerse, cómo nombrar a sus delegados en las asambleas y qué comités de lucha había que establecer para garantizar que los trabajadores tuvieran el control de la huelga en sus propias manos.

Luego, inmediatamente, se imponía buscar la solidaridad con otros trabajadores solicitando la extensión del movimiento a otros sectores no importando la rama o profesión haciendo ver que el ataque era contra el conjunto de la clase trabajadora. Esta necesidad de la lucha se vio claramente como tendencia después de la gran manifestación del 15 de octubre del 2009 que mostró una gran preocupación social y un sentimiento de solidaridad extendido entre los trabajadores, pero de nuevo el SME y varios sindicatos "solidarios" se encargaron de abortar esa incipiente dinámica positiva promoviendo la controversia constitucional y los amparos como medios de lucha, fomentando la ilusión de que el proletariado puede defenderse mediante las instituciones burguesas y abortando la dinámica positiva que se vislumbraba en ciernes;

Después de impedir la extensión solidaria de la lucha y de la unidad, la maniobra continuó con actividades completamente fuera del verdadero terreno de la lucha obrera: huelgas de hambre totalmente impotentes que son una imposición humillante del sindicato, pedir ayuda a los grandes personajes de los poderes legislativo y judicial para que "obliguen al ejecutivo a retroceder", medidas "muy radicales" como "no pagar la luz" y en su lugar interponer quejas ante la Procuraduría del consumidor (Profeco) para "presionar" al Estado; y por supuesto, la "ocupación" de los centros de trabajo de la empresa fue una propuesta central del sindicato que así daba una imagen combativa a su accionar antiobrero pero que en realidad buscaba encerrar a los trabajadores y mantenerlos aislados y pasivos y sin relación con el resto de los trabajadores;

A los seis meses del golpe, una multitud de sindicatos hicieron la enésima pantomima de la "huelga nacional" como una medida aparatosa destinada a mandar el mensaje al conjunto de la clase en el sentido de que los únicos que pueden organizar una "lucha" es el aparato sindical y que las masas proletarias deben aceptar pasivamente esas acciones, pero además que la única "solidaridad" posible es la que se establece entre las cúpulas sindicales que se dedican a mandarse mensajes de aliento y a firmar desplegados "críticos" al gobierno. En los meses siguientes vimos la permanencia de un protagonismo sindical con el propósito de ocupar el terreno social y rematar el golpe ante el descontento generalizado por el ataque a este sector obrero y en general por la miseria creciente; así vimos cómo la diversas movilizaciones promovidas por los sindicatos e izquierda del capital impusieron una serie de demandas que diluyeron completamente el problema central que se enfrentaba: respeto a la autonomía sindical, defensa de la economía popular, respeto a la constitución, no a la privatización del petróleo y la electricidad, respeto a la autonomía indígena, defensa de los derechos humanos, castigo político a Calderón... todo un collage de exigencias que tenían la clara intención de enterrar la prioridad central para los trabajadores. 

En fin, en este año y medio hemos visto cómo el libreto se ha ido cumpliendo al pie de la letra con acciones intermitentes por parte del SME que se ha encargado de rematar el golpe inicial, agotando y hundiendo a los trabajadores en una desmoralización generalizada. Los últimos acontecimientos están en continuidad con el itinerario seguido por la trampa desde el principio. Ahora, el Estado y su aparato político-sindical tienen un tema fresco y muy ad hoc para explotar, ahora que arrecian los ataques a los trabajadores y es necesario distraer su atención de nuevo con este tipo de escándalos y, sobre todo, ofrecer movilizaciones para liberar a los "presos políticos" y, de nuevo, para defender al sindicato. De paso, le pone sabor a la jornada sindical del 1° de mayo que se vislumbraba un poco gris y sin tema interesante para los oradores que así arengarán a los trabajadores con mayor brío, agitando de nuevo el espantajo del "ataque al sindicato".

Este breve repaso del accionar sindical antiobrero contra los electricistas y contra el conjunto de sus hermanos proletarios ilustra bien, qué tipo de trampas usan los sindicatos para evitar el desarrollo de un movimiento que, enarbolando sus verdaderas necesidades, extiende su fuerza, despertando la solidaridad de otros sectores de explotados que también sufren los mismos ataques, de tal manera que se haga realidad una extensión generalizada al conjunto de trabajadores que formen una gran masa que se mueva por su coraje y combatividad pero además creando una conciencia que le permite tomar el control de su lucha directamente en sus propias manos. Ahora que, a plazo, el conjunto del proletariado va a resentir otro masazo sobre sus espaldas con la reforma laboral, estas necesidades de la lucha van de nuevo a plantearse y los sindicatos de todos los colores harán hasta lo imposible para evitar una vez más que se desarrollen los verdaderos métodos de organización y de lucha obrera.   

RM/Abril del 2011