Terror de Estado, terrorismo guerrillerista: El proletariado entre la espada y la pared

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Después del bombardeo a un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano, desde el aparato de la izquierda radical del capital se había denunciado este bombardeo calificando como un "crimen de Estado", exaltando y justificando la actuación de las FARC diciendo que es una respuesta "legitima" a la represión.

Anteriormente hemos dicho que el mensaje gubernamental y guerrillero, uno y otro asocian a las FARC con el marxismo, por tanto el accionar de la guerrilla y la campaña del Estado se combinan y complementan para denigrar el marxismo acusándolo de terrorista. Pero además de tal campaña de confusión, ambas fuerzas en disputa colocan a los trabajadores en medio de una guerra que cobra cientos de muertos y en la que ninguno de los bandos les puede ofrecer eliminar su condición de explotados.

Más tarde el rescate de Betancourt ex candidata a la presidencia de Colombia, cautiva por la guerrilla colombiana, ha dado paso a una intensa campaña sobre las atrocidades guerrilleras. Sin embargo estas denuncias olvidaban sospechosamente, el terror de Estado colombiano ejercido sobre la población trabajadora de ese país.

El Estado colombiano, como todos los Estados, instrumento de la burguesía

Marx y Engels dejaron muy claro que el Estado capitalista es una junta de la clase burguesa para defender sus intereses comunes. Así pues, el Estado es el garante que permite mantener las condiciones de acumulación del capital, es decir, mantener las condiciones que permitan proseguir la explotación de los trabajadores y opresión de otras capas no explotadoras, y para ello cuenta con importantes armas, por un lado están la leyes, el engaño a cargo del parlamento, sindicatos y todo el aparato de difusor de su ideología, por otro lado, las cárceles, jueces, policía y las fuerzas militares y paramilitares. Estas sirven para buscar que los explotados y oprimidos acepten su propia condición de explotación, pero también para reprimir todo tipo de descontento y todo tipo de organización de los explotados. Ese es el papel del Estado en todo el mundo, controlar, engañar y reprimir.

En Colombia, no encontramos un gobierno propiamente "fascista", la práctica sistemática de represión se cumple lo mismo por un gobierno de derecha como por uno de izquierda (como lo hizo Salvador Allende en los 70s del siglo XX o como lo hizo hace pocas semanas Evo Morales). Aunque se acuse al marxismo de tener una visión utilitarista y anticuada del papel del Estado capitalista, la realidad muestra que más allá de las modas sociológicas, el Estado sigue siendo la espada desenvainada de la clase burguesa contra los trabajadores. Por ello las fuerzas estatales tanto oficiales como las extraoficiales (por ejemplo las llamadas "Águilas negras") tendrán el mismo papel que en cualquier parte del mundo, asesinos al servicio de la burguesía.

Ni Uribe, ni las FARC...

Las condiciones de miseria y explotación y opresión han generado en Colombia un creciente descontento en los trabajadores, los cuales buscan la forma de expresar este descontento emprendiendo luchas reivindicativas, la respuesta de los gobiernos democráticos ha sido sangrienta: más de 2 mil 554 trabajadores asesinados por el delito de luchar por mejores condiciones de vida. La población rural no lo pasa mejor ante sus demandas de lucha, mil 700 indígenas han sido masacrados, y despojados de sus tierras.

Además de centenares de montajes judiciales contra hombres y mujeres que son perseguidos y acosados por emprender una lucha mínima de sobre vivencia. Miles de presos políticos que sufren torturas en las cárceles, que a veces se transforman en asesinatos, que los carceleros disfrazan como "suicidios".  Huyendo de esta represión estatal y paramilitar, la cuenta alcanza 4 millones de personas desplazadas, que se amontonas en los cinturones de miseria de las ciudades colombinas y los países vecinos, y que son presa de todo tipo de delincuencia. Desplazamiento humano estadísticamente solo por debajo de Sudan.

En las dos últimas décadas son cerca de 15 mil asesinados y desaparecidos (la desaparición y la tortura no sólo la aplican a guerrilleros sino de manera generalizada contra cualquier expresión de descontento), la desaparición tiene su objetivo sicológico de sometimiento pues el Estado busca que el terror perdure, prolongando así la angustia en los sobrevivientes.

Sin duda la realidad superara con mucho este breve listado, no podemos describir el drama que sufren los explotados, viviendo en la angustia constante que desgarra el corazón y la conciencia. Pero precisamente esta situación predispone a tomar medidas de respuesta que tienen una lógica infernal de la cual es muy difícil escapar. Todas estas atrocidades de la represión capitalista, provocan coraje y rabia e indignación, y se corre el riesgo de no encontrar una respuesta proletaria, que puede conducir unos cuantos a dar  una respuesta en un marco minoritario y falso.

Ese ambiente de coraje presente entre los explotados por la acentuación de la explotación y la represión es complementada por la guerra (principalmente las FARC), por una parte el coraje real es desviado al canalizarlo hacia las respuestas militaristas, que consume, desgasta y lanza a batallas en las que pierden la vida cientos de explotados por intereses que son ajenos a su clase, pero además, no se puede olvidar que las FARC desarrollan enrolamientos forzosos (o con engaños) de la población campesina lanzándola como carne de cañón en una guerra que no es la suya, colocando así a los trabajadores y campesinos depauperados entre dos fuegos.

... La verdadera respuesta de los trabajadores está en su unidad

La respuesta de los trabajadores en un ambiente de represión y violencia dirigida lo mismo por el Estado que por la guerrilla es sumamente difícil, pero es fundamental que tome claridad que no tiene ningún interés que lo una a la democracia que pregona el gobierno, ni a las promesas pretendidamente liberadoras de la guerrilla. Por eso hay que dejar claro que manifestaciones "antiviolencia" organizadas por la burguesía como la del 20 de julio, que fue encabezada por el presidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez y la cantante Shakira, no son un marco en el que los trabajadores puedan actuar. Por el contrario, si bien es preciso tener una práctica alejada de los programas y métodos de las FARC (sustentados en la violencia ciega y desesperada, pero sobre todo en la alianza directa o diplomática con sectores de la clase dominante, como lo es el narcotráfico o gobiernos como el de Venezuela), la respuesta no se encuentra tampoco en el pacifismo hipócrita que promueve el gobierno.

La respuesta de los trabajadores esta en su unidad y su autonomía política, una respuesta real consiste mantenerse en su verdadero terreno de lucha: el de la solidaridad entre hermanos de clase, el de la huelga de masas, creando formas de organización fuera del parlamento y sindicatos. La respuesta de los trabajadores consiste en la creación de grupos de discusión, comités de lucha, llevando la lucha por mejores condiciones de vida como consigna de combate y aglutinación de fuerzas, arrastrando tras de sí a las otras capas no explotadoras de la sociedad. Ante la represión e hipocresía del gobierno y la violencia ciega de la guerrilla la clase obrera debe hacer ver su fuerza mediante su unidad expresada en asambleas generales, que permitan controlar sus movilizaciones y sus huelgas.

Vania/agosto-2008