El Partido es una necesidad para el triunfo de la revolución

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En este periodo, caracterizado por el surgimiento de minorías en búsqueda de las posiciones proletarias y con iniciativas de agruparse y discutir sobre ellas, uno de los temas planteados alredor de todo el mundo es el del Partido. La comprensión de esta cuestión es fundamental para el triunfo de la revolución y por ello también todo el medio internacionalista siente la necesidad de profundizar sobre este tema tan basto. Como parte de este esfuerzo de la clase, plantearemos muy brevemente algunos puntos sobre la función del partido.

 

El partido es parte vital de la clase

La historia nos muestra que el movimiento obrero tiende a generar su partido. Esto se ve ejemplificado por el agrupamiento de revolucionarios a lo largo de la historia: La Liga de los Comunistas, las Internacionales I, II y III, las fracciones de Izquierda, las organizaciones del medio internacionalista actual, etc. El carácter mundial del proletariado determina que su organización revolucionaria tenga un carácter unitario, expresión de la unidad de la clase y de su programa, que en la práctica se traducen en la tendencia histórica a la formación de un partido centralizado a nivel internacional.

 

El surgimiento permanente de organizaciones revolucionarias del proletariado, de forma general, es expresión de la vitalidad del movimiento de la clase, como clase histórica y revolucionaria, y es expresión del desarrollo de la conciencia que se da en ella. El carácter heterogéneo del desarrollo de la conciencia en la clase hace surgir minorías de elementos que se cuestionan, antes y de manera más profunda que otros, sobre las condiciones de explotación en que viven y la posibilidad de terminar con esa explotación y que buscan agruparse para esclarecer los objetivos y medios de lucha de la clase y actuar conforme a éstos. El partido se construye en momentos de auge de la lucha proletaria a partir de esas organizaciones y elementos que trabajan concientemente para su formación.

 

De esta forma, las organizaciones revolucionarias, y en su momento el partido, surgen como una necesidad de la clase y son parte ella, su fracción más consciente y más activa. "Así, el objetivo comunista del proletariado engendra una organización política que, en la teoría (el programa) y en la práctica (la actividad) defiende las metas generales del conjunto del proletariado... Expresa la tendencia permanente al resurgir de una conciencia unitaria de clase... Como memoria de la irremplazable experiencia del movimiento obrero pasado, es la expresión más consciente de las metas generales e históricas del proletariado mundial...Sin ella la vida de la clase se vería privada de una de sus funciones vitales... Por eso renace de manera constante esa función..."[1].

 

El partido dirige hacia el triunfo revolucionario

A diferencia de otras revoluciones, la revolución proletaria exige la participación directa, constante y activa de toda la clase, de sus organizaciones unitarias o consejos obreros en relación estrecha y permanente con su partido. La relación del partido con el resto de la clase es una relación compleja que se puede entender analizando profundamente el papel de las organizaciones revolucionarias a lo largo de la historia. Es una relación dialéctica en que ambas partes se retroalimentan para hacer avanzar el movimiento proletario hacia su objetivo histórico. El partido es un factor activo en la vida de la clase. Tie­ne como principal función la de contribuir en el proceso de toma de conciencia en la clase y ser el crisol de la elaboración programática. El partido analiza amplia y profundamente las condiciones de la lucha en cada momento, y bajo este análisis dirige el movimiento de la clase porque tiene una visión más completa de éste. A su vez, este análisis no puede partir más que del movimiento real de la clase que analiza y reconoce como suyas las consignas del partido. La función de éste, de manera concreta, se desarrolla a través de un esfuerzo constante de elaboración teórica, de intervención decidida en las luchas de clases mediante la propaganda y la agitación, de actividad organizativa por el desarrollo cuantitativo y cualitativo del propio partido.

 

La función del partido evoluciona necesariamente con los cambios históricos y con la relación de fuerzas entre el proletariado y burguesía. En la ascendencia del capitalismo la función política del partido se vio relegada a un segundo plano, detrás de la lucha sindical; la posibilidad de reformas económicas y políticas inmediatas primaban sobre la lucha por el comunismo. La entrada del capitalismo en la decadencia, marcada por el estallido de la Primera Guerra Mundial, puso al orden del día la Revolución comunista y por ello el partido del proletariado desarrolla funciones acordes a la nueva situación.

 

En poco más de 10 años, a partir de 1914, las organizaciones revolucionarias de la clase tuvieron que adaptarse a las nuevas condiciones: el movimiento obrero se vio enfrentado a la traición de la Socialdemocracia, a los efectos de la guerra, al peso de la época reformista en sus partidos, en fin. al aislamiento de la revolución rusa y la derrota de este primer intento de revolución mundial. Sin embargo, las Izquierdas en la Segunda Internacional y en el inicio de la Tercera Internacional cumplieron su función defendiendo los principios proletarios y la perspectiva revolucionaria. El Partido bolchevique, fue la fuerza  fundamental en la izquierda internacional, la vanguardia de la Revolución rusa que marcaba el primer jalón decisivo de la revolución mundial y el impulsor de la Internacional Comunista.

 

El partido también combate a la ideología burguesa en su seno

Pero entender que el Partido es parte de la clase, significa entender que éste también sufre la presión y la penetración en su seno de influencias de la clase enemiga. El Partido tiene que luchar contra el conservadurismo y enfrentarse constantemente a problemas nuevos ante los que no siempre tiene una respuesta inmediata y puede equivocarse. En el caso de una derrota grave de la clase puede degenerar, pasarse al enemigo o desaparecer momentáneamente. Por ejemplo, a pesar del importante papel que jugó en la preparación de las fuerzas revolucionarias, la Izquierda Alemana vaciló para romper organizativamente con la social-democracia y para denunciar claramente las maniobras de estos verdugos del proletariado, que después de haberlo llevado a la carnicería imperialista, en 1919 se ponían "al frente de la revolución" para controlarla y ahogarla en sangre. Esta unidad entre la clase y el partido también está ejemplificada en la degeneración del Partido bolchevique y de la Internacional Comunista que se da fundamentalmente por aislamiento de la revolución rusa, y la derrota de la oleada revolucionaria del 17-23. Las valiosas experiencias de este periodo nos han mostrado cómo es necesaria una relación más estrecha, más dinámica entre los consejos obreros y el Partido para evitar errores de una y otra parte y sobrepasar las dificultades que necesariamente se agudizan con el desarrollo de la revolución.

 

El que en determinado momento histórico el partido haya degenerado o traicionado no significa que éste sea innecesario o aún nocivo para la lucha de clases, como piensan los consejistas, que hacen una interpretación equivocada de la historia. Los errores de las organizaciones revolucionarias y en especial la degeneración del Partido bolchevique no invalidan el reconocimiento de la necesidad del Partido mundial para el triunfo de la revolución, sino que por el contrario, reafirman la necesidad de la construcción de un partido fuerte, unitario, centralizado a nivel internacional y surgido en íntima relación con el resto de la clase mucho antes que se produzcan los combates decisivos contra el sistema capitalista. Para el proletariado, que avanza sacando lecciones de sus derrotas, la oleada revolucionaria ha esclarecido la función del partido: la dictadura del proletariado no es la dictadura del partido; el partido no organiza a la clase ni mucho menos la revolución, como piensan los bordiguistas; esta última es tarea del proletariado entero; no sustituye a la clase, la cual no le da ni poderes para mandar, ni poder estatal que recibir.

 

"La Revolución Socialista no es comparable a la acción militar. Su realización está condicionada por la conciencia de los obreros, lo cual dicta sus propias acciones y decisiones. El partido no ocupa pues el lugar que corresponde a la clase. No reclama la ‘confianza' en el sentido burgués de la palabra, es decir, el de constituir una delegación a la que se confía la suerte y el destino de la sociedad. Tiene únicamente como función histórica intervenir en la perspectiva de que la clase tome conciencia por sí misma de su tarea, sus objetivos y los medios que constituyen los fundamentos de su acción revolucionaria." (Internationalisme num. 38, órgano de la Izquierda Comunista de Francia, 1948).  

 

De allí se entiende que el partido no se forma ni actúa de forma voluntarista o automática, como efecto del inmediatismo, activismo o idealismo. La función del partido no es llamar a luchar cuando se le ocurra, ni una organización revolucionaria se puede autonombrar ‘Partido' nada más porque así se le antoja. Los bolcheviques vivían y se desenvolvían en la clase como "pez en el agua" porque esta unidad fue forjada durante años y años, a través de un paciente trabajo de explicación, de propaganda, de agitación, de situar en primer plano el objetivo final de las luchas. Esta unidad fue posible porque el partido dio a las necesidades, a las tendencias concretas que existían en el seno del proletariado, una formulación política más general.

 

El nuevo periodo histórico hacia la huelga de masas, pone a todo el medio internacionalista, incluidas las minorías de la clase que están surgiendo, el reto de avanzar hacia la comprensión de la función del partido de la clase proletaria y de su necesidad absoluta para el triunfo de la revolución comunista. Esa comprensión que se seguirá desarrollando en un debate a escala planetaria y que integrará la creatividad y energía de las nuevas generaciones, llevará, llegado el momento, a la construcción del partido que cumpla la función histórica para la cual la clase trabajadora lo crea.

Héctor/agosto de 2008.


[1]  Informe sobre la función de la organización de revolucionarios, Revista Internacional 29, CCI.