Notas para una historia del movimiento obrero en Japón (II)

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El debate sobre los medios de lucha

Los sucesos revolucionarios de 1905 en Rusia provocaron como un terremoto en el conjunto del movimiento obrero. En cuanto se formaron los consejos obreros, en cuanto los obreros emprendieron huelgas de masas, el ala izquierda de la socialdemocracia (con Rosa Luxemburg en su texto Huelga de masas, partido y sindicatos, Trotski con su obra 1905 y Pannekoek en varios textos, particularmente sobre el parlamentarismo) empezó a sacar lecciones de esas luchas. La insistencia sobre la autoorganización de la clase obrera en los consejos, la crítica al parlamentarismo sobre todo por parte de Rosa Luxemburg y Pannekoek, no se debieron a no se sabe qué antojos anarquizantes, sino un intento de entender las lecciones de la nueva situación en el inicio de la decadencia del modo de producción capitalista y las nuevas formas de lucha.

La efervescencia internacional en la clase obrera y en sus minorías revolucionarias también se expresó en Japón, a pesar del relativo aislamiento internacional de los revolucionarios, y también allí se desarrollo el debate sobre las condiciones y los medios de la lucha. Se enfrentaron dos tendencias de forma mucho más clara que anteriormente. La tendencia encabezada por Kotoku, que expresaba fuertes inclinaciones anarquistas al insistir principalmente en la “acción directa”: la huelga general y el sindicalismo revolucionario. Kotoku viajó a Estados Unidos en 1905-06, se enteró de las posiciones de las IWW sindicalistas y tomó contacto con los anarquistas rusos. La corriente anarcosindicalista publicó el periódico Hikari (la Luz) a partir de 1905. Por otro lado, Katayama defendía incondicionalmente la vía parlamentaria al socialismo en Shikigen (los Tiempos nuevos). A pesar de las divergencias entre ambos campos, se fusionaron en 1906 para formar el Partido socialista de Japón (Nippon Shakaito) que, como lo propuso Katayama, debía luchar por el socialismo “dentro de los límites de la Constitución”. El Partido socialista de Japón existió de 24 de junio de 1906 hasta el 22 de julio de 1907, publicando Hikari hasta diciembre de 1906 (1).

En febrero de 1907 se celebró el Primer Congreso, y en él se enfrentaron varias posiciones. La discusión empezó tras haber elegido el delegado al Congreso de Stuttgart de la Segunda Internacional. Kotoku no anduvo con rodeos con respecto al trabajo parlamentario y reivindicó los métodos de acción directa (chokusetsu kodo): “No es por el sufragio universal y la política parlamentaria, en absoluto, el modo con el que podrá realizarse la verdadera revolución; para alcanzar los objetivos del socialismo, no existe más camino que el de la acción directa de los trabajadores unidos... Tres millones de hombres preparándose para elecciones no sirven para nada a la revolución, pues no son tres millones de hombres conscientes y organizados...”.

Tazoe justificó la lucha estricta en el plano parlamentario, y la mayoría se pronunció a favor de una resolución intermedia propuesta por T. Sakai. Se contentaba con retirar de los estatutos los términos “dentro de los límites de la Constitución”. Los miembros guardaban toda libertad de participar en movimientos por el sufragio universal o en movimientos antimilitaristas o antireligiosos. Las posiciones de Kotoku degeneraron hacia el anarquismo, sin haber logrado apropiarse la crítica que empezaba a desarrollarse en el ala izquierda de la Segunda Internacional sobre el oportunismo de la socialdemocracia, contra el parlamentarismo y el sindicalismo.

Tras ese debate, Kotoku –que se reivindicó del anarquismo a partir de 1905– actuó siempre más como un obstáculo a la construcción de una organización; sus planteamientos impidieron sobre todo a elementos en búsqueda profundizar sus conocimientos y comprender el marxismo. Él quería dar como perspectiva la “acción directa”. En vez de alentar la profundización teórica de las posiciones políticas, contribuyendo de esta forma a la construcción de la organización, evolucionaba hacia un activismo desenfrenado. En cuanto se acabó el Congreso, el Partido socialista fue prohibido por la policía.

Tras un rebrote de huelgas en 1907, hubo un retroceso de la lucha de clases entre 1909 y 1910. La policía se aprovechó de esta situación para perseguir a los revolucionarios. El simple hecho de tener una bandera roja se consideraba ya como un delito. Kotoku fue detenido en 1910, como lo fueron muchos socialistas de izquierdas. En enero de 1911, él y once socialistas fueron condenados a muerte, so pretexto de haber querido asesinar al emperador. Fueron prohibidos tanto los mítines como la prensa socialistas, y los libros socialistas en las librerías y bibliotecas fueron quemados. Perseguidos por esta represión se exiliaron muchos revolucionarios, cuando no se retiraron de la actividad política. Empezó entonces el largo período del “invierno japonés” (fuyu). Los revolucionarios que no se exiliaron y los intelectuales utilizaron entonces una editorial (Baishunsha) para publicar sus textos, en condiciones de ilegalidad. Para no ser censurados, los artículos debían adoptar una forma ambigua.

En Europa, la represión y las leyes antisocialistas no pudieron impedir el crecimiento de la socialdemocracia (vease el caso del SPD alemán y también, en condiciones aun más difíciles, el del POSDR en Rusia y del SdKPIL en Polonia y Lituania). El movimiento obrero en Japón conoció en cambio grandes dificultades tanto para desarrollarse y reforzarse en esas condiciones de represión, como también para constituir organizaciones revolucionarias que funcionaran con espíritu de partido, o sea superando las prácticas de los círculos y el papel preponderante del individuo que siempre habían tenido un peso dominante en el movimiento de Japón. El anarquismo, el pacifismo y el humanitarismo siempre habían tenido mucha influencia. Ni en el plano programático como tampoco en el organizativo fue capaz el movimiento de alzarse a un nivel que le permitiera hacer surgir un ala marxista significativa. A pesar de unos primeros contactos con la Segunda Internacional, todavía quedaban por establecer relaciones estrechas con ésta.

A pesar de estas especificidades, hay que reconocer que la clase obrera en Japón se había integrado en la clase obrera internacional y a pesar de no disponer de una larga historia de luchas de clase como tampoco de bases programáticas y organizativas a imagen del movimiento revolucionario en Europa, se enfrentaba a las mismas cuestiones y mostraba tendencias similares. En este sentido, la historia de la clase obrera en Japón se parece más a la de la clase en Estados Unidos u otros paises más o menos periféricos, en los que el ala ­marxista no logró imponerse y en donde el anarcosindicalismo siempre tuvo un papel importante.

La clase obrera y la Primera Guerra mundial

A pesar de que Japón declarara la guerra a Alemania en 1914 para apoderarse de sus posiciones coloniales (en pocos meses, Japón conquistó los puestos avanzados coloniales alemanes en el Océano Pacífico o en Tsningtao (China), el territorio japonés nunca sufrió combates. Al ser Europa el centro de la guerra, Japón no participó directamente en ésta más que en su primera fase. Tras sus primeros éxitos militares contra Alemania, se abstuvo de toda actividad militar, y adoptó en cierta forma una actitud neutral. Mientras la clase obrera en Europa se estaba enfrentando con más dramatismo cada día a la cuestión de la guerra, la de Japón vivía un “boom” económico, como resultado de esa guerra. En efecto, Japón se había convertido en gran proveedor de armas, y había mucho trabajo. El número de obreros se duplicó entre 1914 y 1919. En 1914 trabajaban unos 850 000 obreros en unas 17 000 empresas, cuando en 1919, 1 820 000 asalariados trabajaban en unas 44 000. Mientras que los trabajadores nunca habían sido hasta entonces más que una pequeña parte de la mano de obra, en 1919 llegaron al 50 %. A finales de la guerra había 450 000 mineros. La burguesía japonesa sacó enormes beneficios de la guerra. Gracias al gigantesco mercado del sector armamentístico durante la guerra, Japón pudo evolucionar de sociedad dominada por el sector agrícola hacia una sociedad industrial. El crecimiento de la producción entre 1914 y 1919 fue del 78 %.

Debido a la implicación limitada de Japón en la guerra, la clase obrera en este país no tuvo que encarar la misma situación que la de Europa. La burguesía japonesa no necesitó movilizar en masa como tampoco tuvo que militarizar la sociedad como ocurrió en las potencias europeas. Esto permitió a los sindicatos japoneses evitar comprometerse en una “unión sagrada” con el capital, como así ocurrió en Europa, lo que hubiese permitido que se les cayera la careta y mostraran su verdadero rostro de pilares del orden capitalista. Mientras los obreros en Europa estaban confrontados tanto a la subalimentación como a matanzas imperialistas gigantescas, que costaron 20 millones de muertos en la guerra de trincheras, provocando un hecatombe en las filas obreras, los obreros en Japón no conocieron semejante situación. Esto favoreció que Japón no conociera el impulso provocado por la lucha contra la guerra que radicalizó el movimiento obrero, como así fue en Europa, en Alemania y en Rusia particularmente. No hubo confraternizaciones como ocurrió entre soldados rusos y alemanes.

Semejante contraste en la situación de diferentes sectores del proletariado internacional durante la Primera Guerra mundial es una de las expresiones de que, contrariamente a lo que consideraban los revolucionarios en aquel entonces, las condiciones de la guerra imperialista no son las mejores para el desarrollo y la generalización de la revolución mundial.

Los revolucionarios en Europa que defendieron una posición internacionalista y unas perspectivas mundiales poco después del empezar la guerra, reunidos en Zimmerwald durante el verano de 1915 y más tarde en Kienthal, podían referirse a la tradición revolucionaria del período que precedió la Primera Guerra mundial (más precisamente a la posición que tomaron los marxistas durante el siglo XIX, las resoluciones de la Segunda Internacional en los congresos de Stuttgart y Basilea). En cambio, los socialistas en Japón pagaban el precio del aislamiento y su resistencia internacionalista no podía apoyarse en una tradición profunda, fuertemente anclada en el marxismo. Igual que en 1904-05, se oyeron principalmente voces pacifistas y humanitarias contra la guerra. Los revolucionarios en Japón, efectivamente, no tenían los medios de apropiarse de la perspectiva popularizada por la vanguardia revolucionaria en Zimmerwald, basada en el análisis de que había fallecido la Segunda Internacional, que debía nacer otra nueva, y que la guerra imperialista no podía ser detenida más que transformándola en guerra civil.

Sin embargo, los revolucionarios en Japón, a pesar de ser pocos, supieron tomar conciencia de la responsabilidad que les incumbía. Hicieron oir la voz internacionalista en la prensa ilegal (2), se reunieron clandestinamente y hicieron lo que pudieron para difundir las posiciones internacionalistas a pesar de sus pocas fuerzas. Aunque casi no conocían a Lenin y la actividad de los bolcheviques, sí estuvieron muy atentos a la posición internacionalista de los espartaquistas alemanes y la valiente lucha de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg (3).

Revueltas del hambre en agosto del 18

Aunque Japón conoció un “boom” económico durante y gracias a la guerra, la entrada en 1914 en el período de su decadencia era un fenómeno a escala mundial del capitalismo con repercusiónes en todos los paises, hasta los que habían evitado los estragos de la Primera Guerra mundial. El capital japonés no podía evitar la crisis de sobreproducción debida a la saturación relativa del mercado mundial. También la clase obrera en Japón iba a deber encarar ese cambio de las condiciones y perspectivas que se imponían al proletariado a nivel internacional.

A pesar de que los sueldos aumentaran en todos los sectores industriales 20 a 30 %, debido a la penuria de mano de obra, los precios aumentaron 100 % entre 1914 y 1919. Los sueldos reales se derrumbaron globalmente de una base 100 en 1914 a 61 en el 1918. Estas subidas brutales de los precios empujaron la clase obrera a realizar una serie de luchas defensivas.

El precio del arroz se duplicó entre 1917 y 1918. Los obreros empezaron a manifestarse contra los aumentos durante el verano del 18. No tenemos informaciones sobre esas huelgas en las fábricas como tampoco sobre la extensión de las reivindicaciones a otros sectores. Parece ser que salieron a la calle miles de obreros. Sin embargo, estas manifestaciones no desembocaron en ninguna forma organizada más precisa, como tampoco en reivindicaciones u objetivos específicos. Parece que se saquearon almacenes. En particular, los obreros agrícolas y la mano de obra recientemente proletarizada, así como los “burakumin” (excluidos sociales), desempeñaron por lo visto un papel muy activo en los saqueos. Cantidad de casas y de empresas fueron saqueadas. No parece que existiera la menor unificación entre las reivindicaciones económicas y las políticas. Contrariamente al desarrollo de las luchas en Europa, no hubo asambleas generales ni consejos obreros. Tras la represión del movimiento, unos 8000 obreros fueron detenidos, y más de 100 personas fueron asesinadas. El gobierno dimitió por razones tácticas. La clase obrera se había sublevado espontáneamente pero su falta de madurez política era una evidencia dramática.

A pesar de que las luchas obreras puedan surgir espontáneamente, un movimiento no puede desarrollarse plenamente si no se asienta en una madurez política y organizativa. Sin ésta, cualquier movimiento se hunde rápidamente. Así fue en Japón: los movimientos desaparecieron tan pronto como habían estallado. Tampoco parece que hubiese la menor intervención organizada por parte de una organización política. En Rusia como en Alemania, los movimientos habrían desaparecido también muy rápidamente si la clase no hubiese sido capaz de segregar la empecinada actividad de bolcheviques y espartaquistas. Esta actividad organizada faltó irremediablemente en Japón. Pero a pesar de las diferencias en las condiciones de Europa y de Japón, la clase obrera en este país iba a dar un gran paso hacia adelante.

El eco de la Revolución rusa en Japón

Cuando en febrero del 17 la clase obrera en Rusia lanzó el proceso revolucionario y tomó el poder en octubre, aquel primer levantamiento proletario realizado con éxito también encontró un eco en Japón. La burguesía japonesa entendió rápidamente los peligros que entrañaba la revolución en Rusia. Fue una de las primeras, en abril de 1918, en participar de forma determinante en la movilización de un ejército contrarrevolucionario. También fue el último país en sacar sus tropas de Siberia en noviembre de 1922.

Pero mientras que la noticia de la Revolución rusa se propagaba rápidamente de Rusia hacia el Oeste, provocando un fuerte impacto en particular en Alemania y una desestabilización de los ejércitos en Europa central, ese eco quedó muy confidencial en Japón. Esto no sólo se debe a factores geográficos (miles de kilómetros separan Japón del centro de la revolución, Petrogrado y Moscú) sino, sobre todo, al hecho de que la clase obrera de Japón se había radicalizado mucho menos durante la guerra. Gracias a la actividad de sus elementos más avanzados, formó, sin embargo, parte de la oleada revolucionaria de luchas internacionales que se desarrolló entre 1917 y 1923.

La reacción de los revolucionarios

En un primer tiempo, la noticia de la Revolución rusa no se propagó por Japón sino muy lentamente y de modo muy fragmentado. Los primeros artículos sobre ella no fueron publicados en la prensa socialista más que en mayo y junio del 17. Sakai mandó un mensaje de enhorabuena, en condiciones de ilegalidad, que fue publicado por Katayama en Estados Unidos en el periódico de los trabajadores emigrados Heimin, en el de las IWW Internationalist Socialist Review y en publicaciones rusas. En Japón, Takabatake fue el primero en publicar un informe sobre el papel de los soviets en Baibunsha, subrayando el papel decisivo de los revolucionarios. Sin embargo, el papel que desempeñaron los diversos partidos en la revolución todavía no se conocía.

El gran desconocimiento de los acontecimientos en Rusia y del papel de los bolcheviques puede imaginarse al leer las primeras declaraciones de los revolucionarios más conocidos. Arahata escribía, en 1917: “Entre nosotros, nadie conocía los nombres de Kerenski, Lenin o Trotski”. En verano del 17, Sakai hablaba de Lenin como de un anarquista, y en abril del 20 seguía afirmando que “el bolchevismo es, en cierto modo, similar al sindicalismo”. Hasta el anarquista Osogui Sakae pensaba en 1918 que “la táctica bolchevique es la del anarquismo”.

Entusiasmados por los acontecimientos en Rusia, Takabatake y Yakamawa escribieron un Manifiesto (ketsugibun) en mayo del 17 en Tokio que mandaron al POSDR, pero nunca llegó a los revolucionarios rusos debido al caos en los transportes. Como no existía prácticamente ningún contacto directo entre el medio de revolucionarios exilados (la mayoría de los revolucionarios exilados vivía, como Katayama, en Estados Unidos) y el centro de la revolución, ese Manifiesto no fue publicado sino dos años más tarde, cuando el Congreso de fundación de la Internacional comunista, en marzo del 19. Este era el contenido del mensaje de los socialistas japoneses:

“Desde principios de la Revolución rusa, hemos seguido con entusiasmo y profunda admiración vuestras valientes acciones. Vuestro trabajo tiene una gran influencia en la conciencia de nuestro pueblo. Estamos hoy indignados de que nuestro gobierno haya mandado tropas a Siberia, sean cuáles sean los pretextos. Este hecho es sin la menor duda un obstáculo al libre desarrollo de vuestra revolución. Sentimos profundamente nuestra debilidad, que no nos permite oponernos al peligro que os amenaza a causa de nuestro gobierno imperialista. Estamos en la incapacidad de hacer nada debido a la represión del gobierno que nos agobia. Sin embargo, podéis contar con que la bandera roja ondeará en un porvenir cercano sobre Japón.

“Junto a esta carta, añadimos una copia de la resolución aprobada por nuestra reunión del primero de mayo de 1917.

“Saludos revolucionarios,

“El Comité ejecutivo de los grupos socialistas de Tokio y Yokohama”.

Resolución de los socialistas japoneses:

“Nosotros, socialistas del Japón, reunidos en Tokio el primero de mayo de 1917, expresamos nuestra profunda simpatía por la Revolución rusa que seguimos con admiración. Reconocemos que la Revolución rusa es tanto una revolución política de la burguesía contra el absolutismo medieval como también una revolución del proletariado contra el capitalismo contemporáneo. Transformar la Revolución rusa en revolución mundial no concierne solo a los socialistas rusos, es la responsabilidad de los socialistas del mundo entero.

“El sistema capitalista ya ha alcanzado su nivel de desarrollo más elevado en todos los paises y hemos entrado en la época del imperialismo capitalista plenamente desarrollado. Para que no nos equivoquen los ideólogos del imperialismo, los socialistas de todos los paises han de defender inquebrantablemente las posiciones de la Internacional y todas las fuerzas del proletariado internacional han de estar dirigidas contra nuestro enemigo común, el capitalismo mundial. Sólo así podrá el proletariado ser capaz de cumplir con su misión histórica.

“Los socialistas de Rusia y de todos los demás paises han de hacer todo lo que pueden para acabar con la guerra y apoyar al proletariado de los paises en guerra para que apunte sus armas hoy dirigidas contra sus hermanos de clase del otro lado de las trincheras hacia las clases dominantes en su propio país.

“Tenemos una total confianza en la valentía de los socialistas rusos y de nuestros compañeros del mundo entero. Estamos firmemente convencidos de que el espíritu revolucionario se propagará e impregnará a todos los paises.

“El Comité ejecutivo del grupo socialista de Tokio” (publicado en “Primer congreso de la Internacional comunista”, marzo de l919).

Resolución del 5 de mayo de 1917 de los socialistas de Tokio-Yokohama:

“La Revolución rusa es tanto una revolución política de la clase comercial e industrial ascendente contra la política del despotismo medieval como también una revolución social realizada por la clase de la gente del pueblo (heimin) contra el capitalismo.

“Por esto, en este caso, es responsabilidad de la Revolución rusa y de los socialistas del mundo entero exigir enérgicamente el fin inmediato de la guerra. La clase de la gente del pueblo (zheimin) de todos los paises en guerra ha de reunirse y su potencia ha de dirigirse contra la clase dominante de su propio país. Tenemos confianza en la lucha heroica del Partido socialista ruso y en los compañeros de todos los paises, y esperamos con impaciencia el éxito de la revolución socialista”.

Estos socialistas de Tokio mandaron un telegrama a Lenin y una copia al USPD y al SPD de Alemania:

“El momento de la reorganización social del mundo, cuando hayamos reconstituido nuestro movimiento y cuando trabajemos juntos con los compañeros de todos los paises de la mejor manera posible, ese momento está probablemente muy cerca. Esperemos que en esta fase crítica de tregua y en estos momentos importantes podamos tomar contacto con vosotros. Sobre la prevista creación de una Internacional de los socialistas, mandaremos si podemos una delegación que ya estamos preparando. Esperando el reconocimiento de nuestra organización (Baibunsha), vuestro apoyo y muchos consejos... los representantes de los socialistas de Tokio os saludan”.

Este mensaje demuestra las orientaciones internacionalistas, los esfuerzos hacia el reagrupamiento y el apoyo a la fundación de una nueva Internacional. Sin embargo, resulta difícil saber cuál fue precisamente la preparación de la que habla Baibunsha en aquel entonces. Este mensaje fue interceptado por la policía paralela y probablemente los bolcheviques no lo recibieron nunca , mientras que el SPD y el USPD lo guardaron secreto y jamás lo publicaron.

Como lo verifican esas declaraciones, la revolución arde como una poderosa chispa entre los revolucionarios. Esto no impide que el impacto de la revolución fuera probablemente débil en el conjunto de la clase obrera de Japón. Contrariamente a muchos paises al oeste de Rusia (Finlandia, Austria, Hungría, Alemania, etc.) en donde la noticia de la caída del zar y de la toma del poder por los consejos obreros provocó un entusiasmo enorme y una irresistible oleada de solidaridad, ocasionando una intensificación de luchas obreras “en su propio país”, no hubo reacción directa entre las masas obreras de Japón. A finales de la Primera Guerra mundial aumentó la combatividad de la clase, pero no era porque había estallado la revolución en Rusia. Las razones están más ligadas al contexto económico: el “boom” de las exportaciones durante la guerra se agotó rápidamente con la paz. La rabia de los obreros estaba dirigida contra el aumento de los precios y la oleada de despidos. En 1919 se contaron unos 2400 conflictos laborales que implicaron a unos 350 000 obreros, y en 1920 empezó un suave declive del movimiento, con unos 1000 conflictos que implicaron a 130 000 obreros. El movimiento sufrió un retroceso después de 1920. Las luchas obreras se limitaron más o menos al terreno económico y casi no hubo reivindicaciones políticas. Esta es la razón por la que no hubo consejos obreros como en Europa, e incluso en Estados Unidos y Argentina, en donde la Revolución rusa inspiró a los obreros de la costa oeste de EE.UU y de Buenos Aires, radicalizando su movimiento.

Entre 1919 y 1920 nacieron unos 150 sindicatos, que actuaron todos como obstáculos a la radicalización de los obreros. Fueron la parte más avanzada y perniciosa de la clase dominante para oponerse a la combatividad creciente. En 1920 nació la Rodo Kumiai Domei, Federación nacional de sindicatos. Hasta entonces, el movimiento sindical estaba dividido en más de 100 sindicatos.

Un amplio “movimiento por la democracia” fue lanzado en el mismo momento, en 1919, a favor de la reivindicación por el sufragio universal y una reforma electoral. Como en muchos paises europeos, el parlamentarismo sirvió de escudo contra las luchas revolucionarias. Fueron principalmente los estudiantes japoneses los protagonistas de esta reivindicación.

El debate sobre los nuevos métodos de lucha

Impulsado por la Revolución rusa y la oleada de luchas internacional también se desarrolló un proceso de reflexión entre los revolucionarios en Japón. Por un lado, los anarcosindicalistas (o los que así se denominaban) apoyaron las posiciones de los bolcheviques por haber sido éstos los únicos que realizaron con éxito una revolución con el objetivo de destruir el Estado. Esta corriente mantenía que la política de los bolcheviques demostraba la legitimidad de su rechazo a una orientación puramente parlamentaria (Gikau-sei-saku contra Chokusetsu-kodo).

Durante este debate en febrero de 1918, Takabatake defendió la idea de qua la cuestión de las luchas económicas y políticas era muy compleja. La lucha podía incluir ambas dimensiones, acción directa y lucha parlamentaria. Parlamentarismo y sindicalismo no eran los únicos componientes del movimiento social. Takabatake se oponía tanto al rechazo anarcosindicalista de la “lucha económica” como a la actitud individualista de Osugi. A pesar de que Takabatake ponía muy confusamente la acción directa en un mismo plano que el movimiento de masas, su texto formaba parte en aquel entonces de un proceso general de clarificación sobre los medios de lucha. Yamakawa subrayaba que no era válido identificar movimiento político y parlamentarismo. Declaró además: “creo que el sindicalismo ha degenerado, pero no entiendo suficientemente las razones”.

A pesar de la experiencia limitada y el nivel de clarificación teórico-programático también muy limitado sobre esas cuestiones, es importante reconocer que aquellas voces de Japón estaban ponien­do en entredicho los viejos métodos sindicales y la lucha parlamentaria, y que estaban en busca de respuestas a la nueva situación. Esto demuestra que la clase obre­ra se encontraba ante los mismos problemas que en los demás paises y que los revolucionarios en Japón también estaban involucrados en el mismo proce­so, intentando encarar la nueva situación.

En el Congreso de fundación del KPD alemán se empezaron a sacar –todavía de forma embrionaria– las lecciones del nuevo período sobre las cuestiones sindical y parlamentaria. La discusión sobre las condiciones de la lucha en el nuevo período tenía una importancia histórica mundial. Tales cuestiones no se habrían podido esclarecer si no hubiese existido una organización y un marco de discusión. Aislados internacionalmente, sin organización, el medio revolucionario japonés iba a tener las mayores dificultades para ir más allá en la clarificación. Por esta razón es tanto más importante ser conscientes de los esfuerzos que realizaron durante aquella fase de cuestionamiento de los viejos métodos sindicales y parlamentarios sin por ello caer en la trampa del anarquismo.

Los intentos de clarificación y de construcción de una organización

La revolución en Rusia, las nuevas condiciones históricas de decadencia del capitalismo, el despliegue de la oleada de luchas internacionales fueron un reto para los revolucionarios en Japón. Es evidente que la clarificación y la búsqueda de respuestas a esas cuestiones no podían avanzar al no existir un polo de referencia marxista. Su formación tropezaba con enormes obstáculos, pues su condición previa era una decantación clara respecto al ala anarquista, hostil a todo tipo de organización revolucionaria y a un ala que afirmaba la necesidad de una organización revolucionaria, pero que seguía siendo incapaz de emprender con determinación su construcción.

El medio político en Japón puso mucho tiempo para ponerse a la altura de las tareas del momento porque estaba trabado en sus avances por una tendencia a focalizarse en el propio país. También estaba marcado por el predominio del espíritu de círculo y de personalidades muy a la vista que sólo muy recientemente se habían acercado al marxismo y que estaban muy poco decididos a construir una organización de combate del proletariado.

Así, entre las personalidades más destacadas (Yamakawa, Arahata y Sakai), Yamakawa estaba todavía convencido en 1918 de que debía escribir una “crítica del marxismo”. Sin embargo, en la edición de mayo de la New Society, aquellos tres afirmaron su apoyo a los bolcheviques. En febrero de 1920 hicieron una reseña de la fundación de la Internacional Comunista en su periódico, la Nueva Revista Social (Shin Shakai Hyoron), la cual, en septiembre de 1920 cambió su nombre por el de Socialismo (Shakaishugi). Al mismo tiempo, esos revolucionarios eran muy activos en los círculos de estudio como el “Shakai shugi kenkyu” (Estudios socialistas) o el “Shakai mondai kenkyu” (Estudios de problemas sociales). Sus actividades estaban menos orientadas hacia la construcción de una organización que hacia la publicación de periódicos, en su mayoría efímeros y poco vinculados estructuralmente a una organización. Con este telón de fondo de confusión y vacilaciones sobre el problema de la organización en los revolucionarios de Japón, la propia Internacional comunista iba a desempeñar un papel importante en los intentos de construcción de una organización.

(continuará)

DA

1) En total se declararon 194 miembros; entre ellos, 18 comerciantes, 11 artesanos, 8 campesinos, 7 periodistas, 5 oficinistas, 5 doctores, 1 oficial del Ejército de salvación. Había pocos obreros. No se admitió a mujeres, pues todavía estaba en vigor la ley que les prohibía organizarse. Se creó el diario Nikkam Heimin Shibun. Se vendió incluso fuera de la región, publicado primero en 30 000 ejemplares. Contrariamente a Hikari, que servía de publiación central, no se le consideraba como publicación del Partido. En 1907 dejó de salir. Aunque hubo una serie de intentos por publicar la historia de la IIª Internacional en el períodico teórico del que se difundían unos 2000 ejemplares, el periódico mismo acabó siendo pronto el portavoz del anarquismo. A diferencia de los grandes países industriales europeos, donde el peso del anarcosindicalismo iba decayendo a medida que se desarrollaba la industrialización y la organización de los obreros en la socialdemocracia, la influencia del anarquismo tuvo una dinámica ascendente tanto en Japón como en Estados Unidos.

2) Arahata y Ogusi publicaron, entre octubre de 1914 hasta marzo de 1915, el mensual Heimin Shuibun; de octubre de 1915 a enero de 1916, Kindai shiso, auténticas voces internacionalistas.

3) En el periódico Shinshakai, una página especial titulada “Bankoku jiji” (Notas internacionalistas) se dedicó a la situación internacional. El número de ejemplares siempre fue bajo. En él se dieron muchas noticias sobre la traición del SPD y las actividades de los internacionalistas. La publicación se imprimía con fotos de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, representantes de mayor prestigio del internacionalismo en Alemania. Hubo, por ejemplo, artículos titulados: “Detenida Clara Zetkin/La situación en el Partido socialista francés tras el asesinato de Jaurès/ La actitud de Kautsky y de Liebknecht en el Reichtag el 4 de agosto sobre los créditos de guerra/La división del SPD/ La actitud del belicoso Scheideman y el neutral Kaustky/Huelgas y levantamientos en Italia durante la guerra/Sale de cárcel Rosa Luxemburg/ La situación de los presos en Rusia/ Explicaciones sobre el Manifiesto de Zimmerwald/ Detenido Liebknecht/La IIª conferencia internacional de Partidos socialistas en Kienthal y la oportunidad para la izquierda de fundar una nueva internacional/La minoría socialdemócrata antiguerra detenida a causa de su propaganda por el “Manifiesto de Zimmerwald”/ La situación en la Conferencia de partido del SPD/Amenaza de huelgas de los ferroviarios americanos”.