¿Es posible una acción común de la Izquierda Comunista contra la guerra?

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Propuestas
de la CCI a los grupos revolucionarios para una intervención
común frente a la guerra y respuestas a nuestro llamamiento

 A continuación publicamos dos cartas que
enviamosa las organizaciones de la Izquierda comunista,
proponiéndoles unas modalidades para una intervención
común frente a la guerra. Al no haber recibido la menor
respuesta por parte de estas organizaciones a nuestra primera
carta, acordamos mandar una segunda con nuevas propuestas, más
modestas y a nuestro parecer más fácilmente
aceptables por ellas. Entre todas las organizaciones a quienes
mandamos nuestro llamamiento (Buró internacional para el
Partido revolucionario –BIPR–, Partito comunista
internazionale –Il Comunista, le Prolétaire–,
Partito comunista internazionale –Il Partito comunista–,
Partito comunista internazionale –Il Programa comunista),
sólo se dignaron contestarnos el BIPR y el PCI-le
Prolétaire. Esto dice mucho sobre la autosuficiencia de las
demás organizaciones.

 Nuestra
carta del 11 de febrero

Camaradas,

El mundo está encaminándose
hacia una nueva guerra con consecuencias trágicas: matanzas
de poblaciones civiles y de proletarios en uniforme iraquí,
intensificación de la explotación de los proletarios
de los paises “democráticos” que van a ser los
primeros en pagar el enorme incremento de los gastos militares de
sus gobiernos... De hecho, esta nueva guerra del Golfo, cuyos
objetivos son mucho más ambiciosos que los de la guerra del
91, amenaza con dejar a ésta muy por detrás tanto
desde el punto de vista de las matanzas y sufrimientos que va
provocar como del crecimiento de la inestabilidad que va acarrear
en toda esta área de Oriente Medio, ya tan afectada por los
conflictos imperialistas.

Como cada vez que se
preparan las guerras, asistimos hoy a un brutal desencadenamiento
de campañas de mentiras, cuyo objetivo es hacer aceptar a
los explotados los nuevos crímenes que se disponde a
cometer el capitalismo. Por un lado, se justifica la guerra en
preparación, presentándola como una “necesidad
para impedir a un dictador sanguinario que amenace la seguridad
del mundo con sus armas de destrucción masiva”. Por
el otro, se pretende que “la guerra no es inevitable y que
hay que apoyarse en la acción de Naciones Unidas”.
Saben perfectamente los comunistas lo que valen semejantes
discursos: los principales poseedores de armas de destrucción
masiva son precisamente aquellos paises que pretenden hoy
garantizar la seguridad del planeta, cuyos dirigentes jamás
han vacilado en utilizarlas cuando lo consideraban necesario para
la defensa de sus intereses imperialistas. En cuanto a los Estados
que hoy llaman a “la paz”, también sabemos
perfectamente que no lo hacen sino para defender sus propios
intereses imperialistas amenazados por las ambiciones de Estados
Unidos, y que tampoco vacilarán mañana en
desencadenar matanzas si lo exigen sus intereses. Los comunistas
también saben que no hay nada que esperar de esa “
guarida de bandoleros” (como llamaba Lenin a la Sociedad de
Naciones) llamada Organización de las Naciones Unidas
sucesora de aquella.

Junto a estas campañas
organizadas por los gobiernos y los media a sus órdenes,
también vemos desarrollase unas campañas pacifistas
sin precedente, sobre todo bajo la batuta de los movimientos
antimundialización, mucho más masivas y ruidosas que
las del 90-91 cuando la primera guerra del Golfo o que las del 99
cuando los bombardeos de la OTAN en Yugoslavia.

La guerra siempre ha
sido una cuestión central para el proletariado y las
organizaciones que defienden los intereses de clase y la
perspectiva histórica del derrocamiento del capitalismo.
Las corrientes que tomaron una posición clara al respecto
cuando las conferencias de Zimmerwald y Kienthal, rotundamente
internacionalista, fueron las mismas que se pusieron en la
vanguardia de la Revolución de Octubre en 1917, de la
oleada revolucionaria internacional y de la fundación de la
Internacional comunista. La historia también demostró
claramente durante aquel período que el proletariado es la
única fuerza que puede realmente oponerse a la guerra
imperialista, no alineándose tras las ilusiones pacifistas
y democráticas pequeñoburguesas, sino entablando el
combate en su propio terreno de clase contra el capitalismo como
un todo y contra las mentiras pacifistas. En este sentido, la
historia también nos ha enseñado que la denuncia por
parte de las organizaciones comunistas de la matanza imperialista
y de cualquier manifestación de chovinismo también
ha de estar acompañada por la denuncia del pacifismo.

Fueron las Izquierdas
de la IIª Internacional (y en particular los bolcheviques)
quienes defendieron con la mayor claridad la verdadera posición
inter­nacionalista cuando la primera carnicería
imperialista. Y le incumbió a la Iz­quierda comunista
de la IC (en particular la Izquierda italiana) el papel de
defender la posición internacionalista contra las
traiciones de los partidos de la IC, frente a la Segunda Guerra
mundial.

Cara a la guerra que
se está preparando y a todas las campañas de
mentiras que se están hoy desencadenando, está claro
que solo las organizaciones vinculadas a la corriente histórica
de la Izquierda comunista son realmente capaces de defender una
verdadera posición internacionalista.

1) 
La guerra imperialista no es el resultado de una política
“mala” o “criminal” de tal o cual gobierno
en particular, o de tal o cual sector de la clase dominante; el
capitalismo como un todo es el responsable de la guerra
imperialista.

2) 
En este sentido, frente a la guerra imperialista, la posición
del proletariado y de los comunistas no puede en ningún
momento ser la de alinearse, aunque sea de forma “crítica”,
a una u otra de las fuerzas en conflicto; concretamente, denunciar
la ofensiva norteamericana en Irak no significa de ningún
modo apoyar a éste o a su burguesía.

3) 
La única posición conforme a los intereses del
proletariado es la lucha contra el capitalismo como un todo y, por
lo tanto, contra todos los sectores de la burguesía
mundial, con la perspectiva, no de un “capitalismo
pacífico”, sino del derrocamiento del sistema y la
instauración de la dictadura del proletariado.

4) 
En el mejor de los casos, el pacifismo no es sino una ilusión
pequeñoburguesa que tiende a desviar al proletariado de su
estricto terreno de clase; lo más a menudo, no es sino un
instrumento cínicamente utilizado por la burguesía
para arrastrar a los proletarios hacia la guerra imperialista en
defensa de los sectores “pacifistas” y “democráticos”
de la clase dominante. En este sentido, la defensa de la posición
internacionalista proletaria es inseparable de la denuncia sin
concesión alguna del pacifismo.

Más allá
de las divergencias existentes entre ellos, los actuales grupos de
la Izquierda comunista comparten todas estas posiciones
fundamentales. La CCI es consciente de esas divergencias y no
intenta callarlas. Al contrario, siempre se ha esforzado en su
prensa en señalar los desacuerdos que tiene con los demás
grupos y luchar contra los análisis que considera falsos.
Dicho esto, y conforme con la actitud de los bolcheviques en 1915
en Zimmerwald como con la de la Izquierda italiana en los años
30, la CCI considera que incumbe a los verdaderos comunistas la
responsabilidad de presentar al conjunto de la clase las
posiciones fundamentales del internacionalismo de la forma más
amplia posible. Según nosotros, esto supone que los grupos
de la Izquierda comunista no se conformen con su intervención
propia aislada de los demás, sino que se asocien para
expresar en común sus posiciones comunes. La CCI considera
que una intervención común de los diferentes grupos
de la Izquierda comunista tendría un impacto político
en la clase obrera mucho más allá que la simple suma
de sus fuerzas respectivas, que ya sabemos todos, son muy débiles
actualmente. Por estas razones, la CCI propone a los grupos
citados reunirse para discutir juntos de los medios posibles que
permitirían a la Izquierda comunista hablar con una sola
voz en favor de la defensa del internacionalismo proletario, sin
prejuzgar o cuestionar la intervención específica de
cada uno de los grupos. Concretamente, la CCI propone a los grupos
citados:

– 
redactar y difundir un documento común de denuncia de la
guerra imperialista y de las campañas burguesas que la
acompañan;

– 
organizar reuniones públicas comunes en las que cada grupo
podrá defender tanto las posiciones comunes que nos unen
como los análisis específicos que nos distinguen.

Claro está, la
CCI está dispuesta a cualquier otra iniciativa que permita
difundir las posiciones internacionalistas.

En marzo de 1999, la
CCI ya mandó un llamamiento de este tipo a estas
organizaciones. Desgraciadamente, ninguna contestó
favorablemente y ésta es la razón por la que
consideramos inútil repetir el llamamiento cuando la guerra
en Afganistán en 2001. Si hoy lanzamos de nuevo este
llamamiento, es porque pensamos que todos los grupos de la
Izquierda comunista, conscientes de la terrible gravedad de la
situación actual y de la excepcional amplitud de las
engañosas campañas pacifistas, tendrán empeño
en hacerlo todo para que se haga oir lo mejor posible la posición
internacionalista.

Os pedimos que nos
mandéis cuanto antes vuestra respuesta a esta carta,
mandándola a las señas precisadas en el membrete.
Para ganar tiempo, también os proponemos que mandéis
una copia a las señas de nuestras secciones territoriales
más cercanas de vuestra organización o a militantes
de la CCI que conozcáis.

Con nuestros saludos
comunistas.

Nuestra
carta del 24 de marzo

Camaradas,

(...) Con toda evidencia, se puede
suponer que consideráis que la adopción por parte de
diversos grupos de la Izquierda comunista de un documento común
que denuncie la guerra imperialista y las campañas
pacifistas puede sembrar confusión y ocultar las
divergencias existentes entre nuestras organizaciones. Ya sabéis
que no es ésa nuestra opinión pero no vamos a
intentar aquí convenceros. El objetivo esencial de esta
carta es haceros la siguiente propuesta: organizar reuniones
públicas en las que cada una de las organizaciones de la
Izquierda comunista representadas, bajo su responsabilidad
exclusiva, haría su propia presentación y aportaría
sus propios argumentos a la discusión. Esta propuesta
responde a vuestra preocupación de que no se confundan
nuestra posiciones respectivas, y que sea imposible cualquier
amalgama entre nuestras organizaciones. Esta fórmula
permitiría a su vez hacer público con el máximo
impacto (a pesar de que sea muy modesto) el hecho de que, contra
las diversas posiciones burguesas (sean éstas favorables a
un apoyo a tal o cual campo militar en nombre de la “democracia”
o del “anti-imperialismo”, o se presenten como
“pacifistas” en nombre de los “derechos de la
ley internacional” u otras zarandajas) existe una posición
internacionalista, proletaria y revolucionaria, que solo son
capaces de defender los grupos vinculados a la Izquierda
internacional. Y esta fórmula permitiría que un
máximo de elementos que se van interesando por las
posiciones de la Izquierda comunista puedan encontrarse y discutir
entre ellos, así como con las organizaciones que defienden
estas posiciones, y también podrían entonces
profundizar lo más claramente posible los desacuerdos que
las distinguen.

Para que las cosas
queden claras: esta propuesta no tiene, ni mucho menos, el
objetivo de que la CCI pueda ampliar sus auditorio al darse la
oportunidad de tomar la palabra ante elementos que habitualmente
frecuentan las reuniones públicas o permanencias de
vuestras organizaciones. Como prueba de lo que decimos, hacemos la
siguiente propuesta: las reuniones públicas que ha previsto
hacer la CCI durante este período y que se dedicarán
evidentemente a la cuestión de la guerra y de la actitud
del proletariado al respecto, podrán ser transformadas, si
estáis de acuerdo, en reuniones públicas del tipo de
las que proponemos. Este tipo de fórmula es particularmente
realizable en ciudades o paises en que hay militantes de
organizaciones diferentes. Pero nuestra propuesta también
se aplica a otras ciudades y otros paises: concretamente, sería
con la mayor satisfacción si pudiéramos organizar,
por ejemplo, una reunión pública común en
Colonia o en Zurich con la presencia de militantes de la Izquierda
comunista que viven en Inglaterra, Francia o Italia. Estamos
naturalmente dispuestos a alojar a militantes de vuestra
organización que participaran en estas reuniónes
públicas así como a traducir, si es necesario, las
presentaciones y sus intervenciones.

Si esta propuesta os
conviene, rogamos que contestéis cuanto antes
(eventualmente por Internet a las señas indicadas abajo)
para que podamos tomar las disposiciones necesarias. En cualquier
caso, hasta si rechazáis nuestra propuesta (lo que
naturalmente lamentaríamos), vuestra organización y
sus militantes están cordialmente invitados a participar a
nuestras reuniones públicas, para defender sus posiciones.

Esperando vuestra
respuesta, os mandamos nuestros saludos comunistas e
internacionalistas (...).

La
respuesta del BIPR del 28 de marzo

Estimados camaradas,

Hemos recibido vuestro “llamamiento”
para la unidad de acción contra la guerra. Estamos en la
obligación de rechazarlo por razones que ya deberéis
conocer y que vamos a resumir.

Si casi treinta años
después de la primera Conferencia de la Izquierda
comunista, no solo no se han reducido las divergencias entre
nosotros y la CCI sino que han aumentado, y que al mismo tiempo la
CCI ha sufrido las escisiones que conocemos, esto significa - y
está claro para cualquiera que observe el fenómeno
en su esencia - que la CCI no puede ser considerada por nuestra
parte como un interlocutor aceptable para definir una forma de
unidad de acción.

No es posible “unir”
a quienes consideran que un peligro gravísimo amenaza a una
clase obrera que ha sufrido sin casi reaccionar ataques brutales
contra su nivel de vida, el empleo y las condiciones laborales y
que corre ahora el riesgo de ser encadenada al carro de la guerra
con quienes –como la CCI– consideran que la guerra no
se ha declarado todavía porque... la clase obrera no está
derrotada y, por lo tanto, impide la guerra. ¿Qué
podríamos decir juntos? Resulta evidente que los principios
generales enunciados en el llamamiento no bastan para resolver la
enormidad del problema.

Por otro lado, la
unidad de acción –contra la guerra como sobre
cualquier otro problema– puede realizarse sin confusiones
entre interlocutores políticos definidos e identificables y
que comparten posiciones políticas que consideran
esenciales en común. Ya hemos visto que sobre un punto que
consideramos esencial existen posiciones antitéticas, pero
independientemente de las posibilidades o no de convergencias
políticas futuras, es esencial que la hipotética
unidad de acción organizada entre tendencias políticas
diferentes vea la tendencia de todas los componentes en las que
tales tendencias se entienden o se dividen. Esto significa que no
tiene sentido la unidad de acción entre partes de
diferentes corrientes políticas cuando las demás...
partes quedan fuera, claro está con una actitud crítica
y antagónica.

Bueno, pues vosotros
(la CCI) formáis parte de una tendencia política que
se reparte ahora en varios grupos que se reivindican todos de la
ortodoxia de la CCI, como lo hacen todos los grupos bordiguistas a
los que os dirigís, aparte de nosotros.

Todo lo que decís
en vuestro “Llamamiento” en cuanto a cerrar las filas
revolucionarias frente a la guerra tendría que aplicarse
ante todo en vuestra propia tendencia, como así podría
serlo en las tendencias bordiguistas.

Francamente, sería
más serio que tal llamamiento se hiciera justamente a la
FICCI o a la ex-FECCI, como sería igualmente responsable
que Programa comunista o Il Comunista-Le Prolétaire hagan
juntos un llamamiento similar a los numerosos demás grupos
bodiguistas del mundo. ¿Por qué sería más
responsable? Porque sería un intento de invertir la
ridícula - cuando no dramática - tendencia a
dividirse siempre más, a medida que van creciendo las
contradicciones del capitalismo y los problemas que ello plantea a
la clase obrera.

Pero es ahora evidente
que en ambos casos, esta tendencia dramática ridícula
caracteriza a ambas corrientes.

No es por casualidad,
y volvemos a la otra cuestión esencial. La posición
teórica y el método, las posiciones políticas,
la concepción de la organización de la CCI (como la
de Programa comunista en sus orígenes) tienen de toda
evidencia... defectos, si sobre esa base se producen quiebras y
escisiones cada vez que se exacerban los problemas del capitalismo
y las relaciones entre las clases.

Si 60 años tras
la creación del PC Internacionalista en Italia y 58 años
después del final de la Segunda Guerra mundial se siguen
dividiendo dos de las tres tendencias presentes en la Izquierda
comunista, es que habrá una razón.

Insistimos: no se
trata de una ausencia de crecimiento o de una carencia de arraigo
en la clase obrera; ambas dependen de la enorme dificultad que
tiene la clase para salir de la derrota histórica de la
contrarrevolución estalinista. Aquí planteamos, por
lo contrario, el problema de la fragmentación de estas
tendencias políticas en una constelación de grupos
que se reivindican todos de la ortodoxia. Las causas están
–como hemos tenido ocasión de defenderlo en varias
ocasiones– en la debilidad... de la ortodoxia, y, por lo
tanto, en su incapacidad en entender y explicar la dinámica
del capitalismo y elaborar las orientaciones políticas que
corresponden. En conclusión, nos parece que el objetivo de
recomponer la Izquierda comunista en un marco político
unitario se ha vuelto inalcanzable, debido a que dos de sus
componentes expresan una impotencia evidente para explicar los
acontecimientos en términos coherentes con la realidad y,
debido a esta impotencia, no logran más que dividirse
siempre más.

Esto no significa
evidentemente, por nuestra parte, un encierro en nosotros mismos y
–de la misma forma como ya hemos sabido tomar las
iniciativas adecuadas para romper el aislamiento durante los
lejanos años 76 y lanzar una dinámica de debate en
el campo político proletario– intentaremos hoy tomar
iniciativas adecuadas para romper el viejo marco político,
bloqueado ahora, y renovar la tradición revolucionaria e
internacionalista en un nuevo proceso de arraigo en la clase.

La
respuesta del PCI-le Prolétaire del 29 de marzo

Camaradas,

Hemos recibido vuestra carta del 24
de marzo, que también contenía vuestra carta
precedente del 11 de febrero. Ya hemos tenido oralmente ocasión
de contestar a la propuesta contenida en ellas durante una reunión
de lectores y también lo haremos en las páginas de
Le Prolétaire. Aunque parezca que abandonéis
la idea de un texto común, vuestra nueva propuesta sigue el
mismo frentismo político y no puede recibir más que
una respuesta negativa por nuestra parte.

Con
nuestros saludos comunistas,

Toma
de posición sobre las respuestas

 No es la primera vez que la CCI hace un llamamiento a los
gruposdel medio Político Proletario para una
intervención común antela aceleración de
la situación mundial. Como nuestra carta lo recuerda, ya
hicimos un llamamiento así en marzo de 1999 anteel
desencadenamiento de la barbarie bélica en Kosovo. Lo
esencialde la argumentación que defendimos entonces en
los artículos publicados sobre las respuestas negativas que
ese llamamiento había suscitado (1) sigue
estando perfectamente adaptado a la situación actual. Sin
embargo, si nos parece necesario tomar brevemente postura sobre
las respuestas negativas que hemos recibido es para dejar
constancia de una actitud política que es, a nuestro
entender, perjudicial paralos intereses históricos del
proletariado. Es evidente que habremos de volver de modo más
exhaustivo sobre este tema en próximos artículos. El
PCInt (le Prolétaire), por su parte, ha anunciado también
en su carta que iba a hacer lo mismo en su prensa.

Nos limitaremos, pues, aquí a considerar los argumentos
dados por ambos grupos en su rechazo a nuestras dos propuestas: la
difusión de un documento contra la guerra basado en
nuestras posiciones internacionalistas comunes, y la organización
de reuniones que permitieran a la vez realizar una denuncia común
de la guerra y confrontar nuestras divergencias.

El
PCInt y su mínimo denominador

La breve carta del PCInt (Le Prolétaire) considera que
nuestro llamamiento es “frentismo”. Esta respuesta es
la misma que se nos dio oralmente en una permanencia del PCInt en
Aix-en-Provence (Sur de Francia) el 1º de marzo, en donde
también se nos dijo que el método de la CCI era
buscar el “mínimo común denominador”
entre las organizaciones. Por lo demás, esos argumentos de
lo más somero son coherentes con otros, más
desarrollados sin por ello ser más convincentes, propuestos
por el PCInt en una polémica contra nosotros en le
Prolétaire
nº 465. Ésta nos permite abordar
brevemente las ideas organizativas del PCInt.

Hay que decir de
entrada que este artículo es un paso adelante comparado con
la actitud del PCInt en los años 70 y 80. Entonces solíamos
confrontarnos a una organización que se consideraba ya como
“el partido compacto y potente” y única guía
de la revolución proletaria cuyo único programa
debía ser el “invariable” de… 1848,
ahora el PCInt nos dice:

“Lejos de nosotros creernos ‘los únicos en
el mundo’, defendemos, al contrario, la necesidad de la
crítica programática intransigente y de la
lucha política contra las posiciones que
consideramos falsas y las organizaciones que las defienden”

Le Prolétaire
parece creer que nosotros queremos atraer a gente para ir hacia la
formación del partido basándonos en el mínimo
común denominador. A esto le opone él un método
que considera que todas las demás organizaciones y
sus posiciones deben combatirse por igual, o sea sin hacer
la menor distinción entre las que mantienen posiciones
internacionalistas y las trotskistas y estalinistas que
abandonaron hace ya mucho tiempo el terreno de la clase obrera con
su apoyo más o menos explícito a uno u otro campo en
la guerra imperialista. Un método así sólo
puede llevar a pensar que la de uno es la única
organización que defiende el programa de la clase obrera y
que, por lo tanto, es la única base para construir el
partido y, al fin y al cabo del análisis, actuar como si
uno fuera el único en el mundo en la defensa de las
posiciones de clase.

El PCInt constata
igualmente que la situación de hoy no tienen nada que ver
con la de Zimmerwald y de Kienthal, considerando que nuestra
referencia a los principios de Zimmerwald no es válida pues
se basaría en una comparación abusiva. Lo cual
significa que no ha entendido nada –o no quiere entender- de
nuestra propuesta.

No es necesario ser
marxista para comprobar que la situación actual no es
idéntica a la de 1917, ni siquiera a la de 1915, año
de Zimmerwald. Sin em­bargo, sí existen rasgos
significativos comunes entre esos dos períodos
: la
guerra imperialista está presente en el proscenio de
la historia, lo cual implica para los elementos más
avanzados de la clase obrera que una cuestión es
prioritaria sobre las demás: la del internacionalismo
contra esa guerra. Es responsabilidad de esos elementos el hacer
oír su voz contra el cenagal de la propaganda y de la
ideología burguesas. Hablar de “frentismo” y de
“mínimo común denominador”, no sólo
impide que salgan a la luz las divergencias entre
internacionalistas sino que es además un factor de
confusión en la medida en que la verdadera divergencia, la
frontera de clase que separa a los internacionalistas de toda la
burguesía, desde la derecha a la extrema izquierda, se pone
en el mismo plano que las divergencias entre internacionalistas.

La acusación de
“frentismo” se basa de hecho en un error profundo de
cuál es la naturaleza real del frentismo, tal como lo
entendieron y denunciaron nuestros predecesores de la Izquierda
comunista. Este término hace referencia a las tácticas
adoptadas por una IIIª Internacional que intentaba –aunque
de un modo erróneo y oportunista– romper el
aislamiento de la Revolución rusa. Después, y en el
proceso de su degeneración, la Internacional comunista se
fue convirtiendo cada vez más en instrumento de la política
exterior del Estado ruso, el cual usó esa táctica
del frentismo como instrumento de esa política. El
frentismo –como “el frente único obrero en la
base” defendido por la IC– fue, pues, un intento de
crear una unidad de acción entre los partidos de la
Internacional que habían permanecido fieles al
internacionalismo proletario, y los partidos socialdemócratas,
especialmente, que habían apoyado el esfuerzo de guerra del
Estado burgués en 1914. O sea, el frentismo pretendía
crear un frente único entre dos clases enemigas,
entre las organizaciones del proletariado y las que
irremediablemente se habían pasado al campo de la
burguesía.

Refugiándose
tras las diferencias del período histórico y el
rechazo del frentismo, el PCInt esquiva los verdaderos problemas y
las responsabilidades que a los internacionalistas incumben hoy.
Cuando hacemos un llamamiento recordando al Lenin de Zimmerwald,
es en el plano de los principios. Piense lo que piense el
PCInt, estamos de acuerdo con él en la necesidad de la
crítica programática y de la lucha política.
También nosotros combatimos las ideas que consideramos
erróneas, pero con una salvedad: una vez que se ha tenido
en cuenta la diferencia de naturaleza que existe entre las
organizaciones de la burguesía y las del proletariado, de
éstas son las posiciones políticas lo que combatimos
y no las organizaciones.

“El partido único que guiará mañana
al proletariado en al revolución y la dictadura no podrá
nacer de la fusión de organizaciones y por lo tanto, de
programas heterogéneos, sino de la victoria muy precisa de
un programa sobre los demás (…) deberá tener
un programa también único, no equívoco, el
programa comunista auténtico que es la síntesis de
todas las enseñanzas de las batallas pasadas…”

Nosotros también
estimamos que el proletariado no podrá hacer la revolución
sin haber sido capaz de hacer surgir un partido comunista mundial
basado en un solo programa (2) , síntesis de las
enseñanzas del pasado. Pero la cuestión es saber
cómo podrá surgir ese partido. Nosotros no
creemos que vaya a surgir todo ya bien preparadito en el momento
revolucionario, como Atenea de la cabeza de Zeus, sino que debe
irse preparando ya. Fue precisamente esa preparación lo que
le faltó a la Tercera internacional. Dos cosas son
necesarias en esa preparación: primera, delimitar
claramente las posiciones internacionalistas de toda la ganga
izquierdista que acaba siempre defendiendo tal o cual fracción
burguesa en la guerra imperialista; y, segundo, permitir que las
divergencias existentes dentro del campo internacionalista
puedan confrontarse en un debate contradictorio. Poner hoy
la formación del partido mundial en el mismo plano que la
defensa del internacionalismo contra la guerra imperialista, es
dar prueba de idealismo, dando la espalda a una necesidad urgente
de la situación actual en nombre de una perspectiva
histórica que sólo podrá florecer gracias a
un desarrollo masivo de la lucha de clases y de la labor previa de
clarificación y de decantación en las minorías
revolucionarias.

En cuanto al rechazo
de “la fusión de organizaciones” por parte de
Le Proletaire, lo único que éste hace es
olvidarse de la historia: ¿habrá que recordar que el
llamamiento a la IIIª Internacional no se dirigió
únicamente a los bolcheviques, como tampoco únicamente
a socialdemócratas que se habían mantenido fieles al
internacionalismo como el grupo Spartakus de Rosa Luxemburg y de
Liebnecht? Fue dirigido también a anarcosindicalistas, la
CNT española por ejemplo, a sindicalistas revolucionarios
como Rosmer y Monate en Francia y las IWW norteamericanas, a los
“industrial unionist” del movimiento de los
shop-stewards en Gran Bretaña, e incluso a “De
Leonistas” como el SLP escocés de John Maclean. El
Partido bolchevique mismo, solo unos meses antes de la revolución
de Octubre, integraba en su seno a la organización de
Trotski, que contaba con antiguos mencheviques internacionalistas.
Es evidente que no se trataba de una especia de fusión
“ecuménica”, sino de un agrupamiento de
organizaciones proletarias fieles al internacionalismo durante la
guerra en torno a las ideas de los bolcheviques cuya validez había
quedado demostrada por evolución de los hechos y sobre todo
la acción obrera. Esta experiencia histórica ilustra
perfectamente la inexactitud de la idea del PCInt de que una
fusión de organizaciones equivaldría a una fusión
de programas.

Izar hoy bien alto el
estandarte del internacionalismo y crear áreas de debate en
el seno del campo internacionalista permitiría a los
elementos en búsqueda de claridad revolucionaria aprender a
desvelar todas las mentiras propagandísticas de la
burguesía democrática, pacifista e izquierdista,
aprender a forjarse en la lucha política. El PCint afirma
querer combatir a la CCI, su programa, sus análisis,
su política, y “llevar a cabo una política
sin compromisos contra todos los confusionistas
” (y
entre ellos la CCI). Muy bien, aceptamos el reto. El problema es
que para que exista ese combate (o sea, combate político
dentro del campo proletario), las fuerzas opuestas deben
encontrarse en un marco; no podemos sino lamentar que el
PCInt prefiera “combatir” desde su sede pontifical y
dogmática antes que encarar las asperezas y las realidades
de un debate contradictorio, so pretexto de que éste sería
una “unión democrática y ecuménica”(3).
Rechazar nuestra propuesta, eso no es “combatir”; al
contrario, eso es rehusar el combate real y necesario en favor de
un combate ideal e irreal.

La
respuesta del BIPR

El BIPR da cuatro razones para justificar su rechazo, resumidas
aquí:

1. 
La CCI cree que es la clase obrera la que impide el estallido de
la guerra imperialista mundial, no puede, pues, ser considerada
como “un interlocutor válido”.

2. 
La Izquierda comunista está fraccionada en tres tendencias
(o sea, los bordiguistas, el BIPR y la CCI), dos de los cuales
(los bordiguistas y la CCI) se han roto en varios grupos que se
reivindican todos ellos de la “ortodoxia” de origen.
Para el BIPR no es posible considerar una acción común
entre esas “tendencias” antes de que éstas se
hayan reunido ellas mismas (la antigua “fracción
externa” y la actual “fracción interna”
de la CCI forman parte, según el BIPR, de “nuestra
tendencia”)”es esencial que la hipotética
unidad de acción organizada entre tendencias políticas
diferentes vea la tendencia de todas los componentes en las que
tales tendencias se entienden o se dividen”
Por ello,
sería más serio que tal llamamiento
se hiciera justamente a la FICCI y a la ex-FECCI
” (ésta,
según el BIPR, formarían parte de lo que el BIPR
llama “nuestra tendencia”).

3. 
El que la CCI tenga escisiones sería el resultado de sus
debilidades teóricas, y de ahí su “incapacidad,
pues, para comprender y explicar la dinámica del
capitalismo y elaborar las orientaciones políticas
necesarias
”. De ahí que (ya que el BIPR nos pone
en el mismo cesto que los grupos bordiguistas) el BIPR se
considere hoy como único superviviente válido y
capaz de la Izquierda Italiana.

4. 
Como consecuencia de todo eso, sólo quedaría el BIPR
para ser capaz de “tomar las iniciativas adecuadas”
y “superar el viejo marco político, hoy
bloqueado, y renovar la tradición revolucionaria e
internacionalista en un nuevo proceso de arraigo en la clase
”.

Cómo
lograr no hacer un trabajo serio

Antes de tratar los problemas de fondo, hay que despejar el
terreno sobre la cuestión de esas “fracciones”
que, según el BIPR, deberían ser el primer objeto de
nuestras preocupaciones. En lo referente a la antigua “Fracción
externa” de la CCI, creemos que lo “serio” por
parte del BIPR sería que prestara atención a las
posiciones de ese grupo (conocido hoy con el nombre de Perspective
internationaliste). Se daría así cuenta de que, tras
haber abandonado por completo la base misma de las posiciones de
la CCI, o sea la decadencia del capitalismo, PI ya no se
reivindica de nuestra plataforma y ha dejado de llamarse
“fracción” de la CCI. Pero no es eso lo
esencial. Que ese grupo pertenezca o no políticamente a lo
que el BIPR llama nuestra “tendencia”, si la CCI no le
ha transmitido su llamamiento es por razones muy diferentes de los
análisis políticos que defiende. Y el BIPR lo sabe
muy bien. Ese grupo se fundó basándose en métodos
de parásito, denigrando y calumniando a la CCI; y fue en
base a ese juicio político(4) si la CCI no lo
considera como parte de la Izquierda comunista. En cuanto al grupo
que hoy se pretende “fracción interna” de la
CCI, es todavía peor. Si el BIPR ha leído el boletín
nº 14 de esa FICCI y nuestra prensa territorial (ver el
artículo “los métodos policiacos de la FICCI”
en Révolution internationale nº 330) sabrá
perfectamente que las organizaciones revolucionarias no pueden
realizar la menor labor conjunta con sujetos que se comportan como
soplones en beneficio de las fuerzas de represión del
Estado burgués. ¿O es que el BIPR no tiene opinión
al respecto?

¿Cuáles
son las condiciones para una labor común?

Veamos ahora un argumento que merece amplios comentario por
nuestra parte: nuestras posiciones políticas serían
muy distantes para poder actuar juntos. Ya hemos señalado
que esa actitud está a mil leguas de la de Lenin y los
bolcheviques en la conferencia de Zimmerwald, en la que éstos
firmaron un Manifiesto común con las demás
fuerzas internacionalistas, a pesar de que las divisiones entre
los participantes en Zimmerwald eran sin lugar a dudas más
mucho más profundas que las divisiones entre los grupos
internacionalistas de hoy. Para dar un solo ejemplo, los
socialistas-revolucionarios, que ni siquiera eran marxistas y que
acabaron en su mayoría adoptando una postura
contrarrevolucionaria en 1917, participaron en la conferencia de
Zimmerwald.

No se entiende muy bien por qué
nuestro análisis de la relación de fuerzas entre las
clases a nivel global sería un criterio discriminatorio que
impide una intervención común frente a la guerra y,
en ese marco, un debate contradictorio sobre esa cuestión u
otras. Ya hemos explicado amplia y frecuentemente las bases de
nuestra posición sobre el curso histórico en las
páginas de esta Revista. El método en que se
basa nuestro análisis es el mismo que cuando las
Conferencias internacionales de la Izquierda comunista iniciadas
por Battaglia Comunista y apoyadas por la CCI a finales de los
años 70. Nuestra posición no es, pues, un
descubrimiento para el BIPR. Sobre esas Conferencias, el propio
BIPR hacía explícitamente referencia a Zimmerwald y
Kienthal:

“... no se alcanza una política de clase, ni la
creación del partido mundial de la revolución, menos
todavía una estrategia revolucionaria, si no se decide a
hacer funcionar, desde ahora, un centro internacional de enlace y
de información que sea una anticipación y una
síntesis de lo que será la futura Internacional,
como Zimmerwald y más todavía Kienthal fueron un
esbozo de la IIIª Internacional” (Carta del
“Llamamiento” de BC a la Primera Conferencia, 1976)

¿Qué ha
cambiado desde entonces que justifique una menor unidad entre
internacionalistas y el rechazo de nuestra propuesta, la cual no
pretendía ni siquiera construir un “centro de
enlace”?

En realidad, el BIPR
debería ver la situación actual con un poco de
perspectiva y relativizar la importancia que da a lo que a él
le parece ser nuestro “análisis erróneo de la
relación de fuerzas entre las clases”. En efecto, hay
al menos algo que sí ha cambiado en varias ocasiones desde
la época de las Conferencias, y es el análisis del
BIPR sobre la relación de fuerzas entre las clases y sobre
los factores que impidieron una nueva guerra mundial antes de
1989. En verdad, hemos leído toda clase de explicaciones al
respecto por parte del BIPR: una vez era que la guerra no había
estallado porque los bloques imperialistas no estaban lo
suficientemente consolidados, y eso que nunca antes en la historia
se habían visto dos bloques tan cimentados como lo estaban
el bloque americano y el bloque ruso. Otra vez era el terror que
inspiraba a la burguesía la idea de una guerra nuclear lo
que la retenía. Y, en fin, el último hallazgo que el
BIPR mantuvo hasta el desmoronamiento del bloque ruso ante los
golpes de ariete de la crisis económica, fue que la tercera
guerra mundial no podía estallar a causa… ¡del
nivel insuficientemente profundo de la crisis económica!

Recordemos que dos
meses antes de la caída del muro de Berlín, la CCI
afirmó que el nuevo período que se abría
estaría marcado por la disgregación de los bloques.
Dos meses después, la CCI escribía que esta
situación acabaría desembocando en un caos
creciente, alimentado sobre todo por la oposición entre las
potencias imperialistas de segundo y tercer orden a los intentos
por parte de Estados Unidos para mantener y reforzar su papel de
gendarme del mundo (ver sobre esto los nº 60 y 61 de
esta Revista). El BIPR, en cambio, tras haber evocado
durante cierto tiempo la hipótesis de una nueva expansión
económica gracias a la “reconstrucción”
de los países del Este(5), se puso a defender la
noción de un nuevo bloque basado en la Unión Europea
que entraría en competencia con Estados Unidos. Es hoy
evidente que la “reconstrucción” de los países
del antiguo bloque del Este es pólvora mojada, y, por otra
parte, con la nueva guerra de Irak, la UE no ha estado nunca tan
dividida, nunca había sido tan incapaz de actuar de un modo
unitario en política exterior común, ni ha estado
tan lejos de formar aunque solo sea una apariencia de bloque
imperialista. La divergencia entre el plano económico
(ampliación y unificación de Europa en lo económico:
introducción del Euro, ingreso de nuevos países
miembros) y el plano imperialista (impotencia total y evidente de
Europa en ese ámbito) no hace sino subrayar el aspecto
fundamental de la dinámica del capitalismo en su período
de decadencia, lo cual el BIPR sigue negándose a reconocer:
los conflictos interimperialistas no son el resultado directo de
la competencia económica, sino la consecuencia del bloqueo
económico en un plano más general de la sociedad
capitalista. Sean cuales sean los desacuerdos entre nuestras
organizaciones, debemos preguntarnos en qué basa el BIPR su
apreciación de que él, contrariamente a la CCI, sí
sería capaz de explicar “la dinámica del
capitalismo”.

Las cosas tampoco
están muy claras sobre el análisis de la lucha de
clases. El BIPR reprocha a la CCI que sobrevaloramos la fuerza del
proletariado y nuestro análisis sobre el curso histórico.
Y es, sin embargo, el BIPR el que tiene una deplorable tendencia a
dejarse arrastrar por el entusiasmo del momento cada vez que
percibe algo que se parece a una especie de movimiento
“anticapitalista”. Sin entrar en detalles, recordemos
sólo el saludo de Battaglia comunista a los
movimientos en Rumanía en una artículo titulado
“Ceaucescu ha muerto, pero el capitalismo sigue vivo”:

“Rumanía es el primer país en las regiones
industrializadas en el que la crisis económica mundial ha
hecho surgir una real y auténtica insurrección
popular cuyo resultado ha sido el derrocamiento del gobierno (…)
En Rumanía, todas las condiciones subjetivas estaban
reunidas para transformar la insurrección en una verdadera
revolución social”.

Cuando los
acontecimientos de Argentina de 2002, el BIPR ha seguido tomando
unas revueltas interclasistas contra gobiernos corruptos por
insurrecciones de clase y proletarias:

“[El proletariado] se ha echado espontáneamente a
la calle llevando tras sí a la juventud, a los estudiantes,
a partes importantes de la pequeña burguesía
proletarizada y pauperizada como él. Todos juntos han
lanzado su rabia contra los santuarios del capitalismo, los
bancos, las oficinas y sobre todo los supermercados y otros
almacenes asaltados como los hornos de pan en la Edad Media (…)
La revuelta no ha cesado, extendiéndose a todo el país,
adquiriendo características cada día más
clasistas. Fue asaltada incluso la sede del Gobierno, monumento
simbólico de la explotación y de la rapiña
financiera.”(6)

En cambio, la CCI, a
pesar de su “sobreestimación idealista” de las
fuerzas del proletariado, no ha cesado de poner en guardia contra
los peligros que la situación histórica global hace
correr al proletariado en su capacidad para proponer sus
perspectivas, sobre todo desde 1989, y contra las calenturas
inmediatistas sin porvenir, provocadas por todo lo que se agita.
Mientras el BIPR se entusiasmaba por las luchas en Rumanía,
nosotros escribíamos:

“Frente a tales ataques, este proletariado [el de Europa
del Este] va a luchar, va a intentar resistir, (…) Pero la
cuestión es: ¿en qué contexto, en qué
condiciones se van a desarrollar estas huelgas? La respuesta no
debe contener la menor ambigüedad: una confusión
extrema debida a la debilidad y la falta de experiencia política
de la clase obrera en el Este, inexperiencia que la hace
particularmente vulnerable ante todas las mistificaciones
democráticas, sindicales y al veneno nacionalista. (…)
No se puede excluir la posibilidad, para fracciones importantes de
la clase obrera, de dejarse encuadrar y masacrar por intereses que
le son totalmente opuestos, en las luchas entre las diferentes
cuadrillas nacionalistas, o entre bandas «democráticas»
y estalinistas” (Recuérdese Grozny en Chechenia o la
guerra entre Armenia y Azerbaiyán…).

En cuanto a la
situación en Occidente, nosotros escribíamos:

“En un primer tiempo, la caída del “telón
de acero” que separaba en dos al proletariado mundial no va
a permitir a los obreros del Oeste compartir con sus hermanos de
clase del Este las experiencias adquiridas (…) Al
contrario, serán las fuertes ilusiones democráticas
de los obreros de Este (…) lo que va a caer en tromba en el
Oeste…”(7).

 Difícilmente
podrá decirse que esas perspectivas hayan sido desmentidas
desde entonces.

No se trata de entrar
en debates sobre la cuestión, pues ello exigiría un
desarrollo más importante(8), menos todavía
pretendemos decir que el BIPR se equivoque siempre o que la CCI
poseería el monopolio en capacidad de análisis de la
situación. Lo único que queremos mostrar es que la
caricatura que hace el BIPR cuando presenta a una CCI
irremediablemente “idealista” a causa de sus análisis
erróneos porque no se basarían en un materialismo
estrictamente económico, único capaz de “comprender
y explicar la dinámica del capitalismo
”, no tiene
nada que ver con la realidad. Los camaradas del BIPR piensan que
la CCI es idealista. Nosotros, por nuestra parte, pensamos que el
BIPR está muy a menudo metido en un materialismo de lo más
vulgar y romo. Lo que de verdad importa es que frente a lo que une
a los internacionalistas frente a la guerra imperialista, frente a
la responsabilidad que podrían asumir y el impacto que una
intervención común podría tener, todo eso es
algo verdaderamente secundario, algo que no debería impedir
el debate, profundizar y esclarecer las divergencias teóricas
que los separan, sino al contrario. Estamos convencidos de que
hacer “la síntesis de todas las batallas del pasado”
será una labor indispensable para la victoria del
proletariado que permitirá que quede zanjada, y no sólo
en la teoría, la validez de las tesis de sus organizaciones
políticas. También estamos convencidos que para
realizarlo, es necesario delimitar el campo internacionalista que
permita la confrontación teórica dentro de dicho
campo. Le Prolétaire rechaza esa confrontación
por razones de principios, razones que hoy son secundarias. El
BIPR la rechaza por razones coyunturales y de análisis. ¿Es
serio todo eso?

¿Las
escisiones son un criterio discriminatorio?

La tercera razón que da el BIPR para rehusar toda
colaboración con nosotros es el hecho de que hemos tenido
escisiones: “dos de las tres tendencias presentes en la
Izquierda comunista se han roto en varios grupos
[y] lo
único que consiguen es fragmentarse todavía más”
.
El BIPR no da una visión objetiva de los que él
llama la fragmentación de la “tendencia CCI”,
no sólo sobre el método político responsable
al que los agrupamientos parásitos que gravitan en torno a
la CCI dan totalmente la espalda, sino igualmente sobre la
importancia que éstos no tienen como presencia política
organizada a escala internacional. En cambio, lo que sí es
una realidad es la fragmentación de las organizaciones que
pueden legítimamente reivindicarse de la herencia de la
izquierda italiana. Y sobre la actitud que debe adoptarse ante tal
situación, Battaglia comunista ha dado un giro de 180
grados en comparación con el llamamiento que lanzó
esa organización para la primera Conferencia de los grupos
de la Izquierda comunista:

“La Conferencia deberá indicar también
cuándo y cómo abrir un debate sobre los problemas
(…) que actualmente dividen a la Izquierda comunista
internacional, si queremos que se concluya positivamente y sea un
primer paso hacia objetivos más amplios y hacia la
formación de un frente internacional de grupos de la
Izquierda comunista que sea lo más homogéneo
posible, si queremos salir de una vez de la torre de Babel
ideológica y política y de una posterior
fragmentación
de los grupos existentes”(9).

 También,
en aquel tiempo, Battaglia consideraba que “la gravedad de
la situación general (…) impone tomas de posición
precisas, responsables, y, sobre todo, un acuerdo con una visión
unitaria de las diferentes corrientes en cuyo seno se manifiesta
internacionalmente la Izquierda comunista”. El giro de 180º
se produjo ya durante las Conferencias mismas: Battaglia se negó
a tomar posición incluso sobre las divergencias existentes
entre nuestras organizaciones(10). El BIPR lo rechaza
hoy también. Y eso que la situación es, como mínimo,
tan grave.

Por otro lado, el BIPR
debe explicar en qué el hecho de haber tenido escisiones
implicaría una descalificación para una labor común
entre grupos de la Izquierda comunista. Para dejar las cosas
claras, y sin por ello pretender hacer comparaciones abusivas,
puede recordarse que en la época de la IIª
Internacional, entre todos los partidos miembros, había uno
en particular que era muy conocido por sus “luchas
internas”, sus “conflictos de ideas”, a menudo
poco evidentes para los militantes externos, por sus escisiones,
por una gran vehemencia en los debates por parte de algunas de sus
fracciones, y por los debates llevados a cabo en su seno en torno
a los estatutos. Había una opinión muy extendida de
que “los rusos son incorregibles”, y que Lenin, por
ser demasiado “autoritario” y favorable a la
disciplina, era el primer responsable de la “fragmentación”
del POSDR en 1903. Muy diferente era lo que ocurría en el
partido alemán, el cual aparentemente iba de éxito
en éxito gracias a la sabia cordura de sus dirigentes y del
primero entre ellos, nada menos que “el papa del ­marxismo”,
Karl Kautsky. Bien sabemos todos que sería después
de aquéllos y de éstos…

¿Qué
iniciativas exige la situación?

El BIPR piensa que es él la única organización
de la Izquierda comunista capaz de “tomar iniciativas”
y “superar el viejo marco político, ahora bloqueado”.

No podemos aquí
y ahora desarrollar con detenimiento nuestro desacuerdo que al
respecto tenemos con el BIPR. En todo caso, al haber sido BC la
que tomó la responsabilidad de excluir a la CCI de las
Conferencias internacionales, para después acabar con
ellas, al ser ahora el BIPR el que se niega en redondo a todo
esfuerzo común del medio político proletario
internacionalista, nos parece un poco descarado venir ahora
diciendo que “el viejo marco está bloqueado”.

Por parte nuestra, a
pesar de haber desaparecido el marco formal y organizado
internacionalmente de las Conferencias, nuestra actitud siempre ha
sido la misma:

– 
Intentar, sobre la base de posiciones internacionalistas, hacer un
trabajo común entre los grupos de la Izquierda comunista
(llamamiento a la acción común durante las guerras
del Golfo de 1991, de Kosovo en 1999, reunión pública
común con la CWO para el aniversario de Octubre, en 1997,
etc.);

– 
Defensa del medio proletario (en la medida de nuestros modestos
medios) contra los ataques externos y contra la infiltración
de la ideología burguesa. Citemos por ejemplo nuestra
defensa del folleto del PCInt Auschwitz o la gran excusa
contra los ataques de la prensa burguesa, nuestra denuncia contra
los nacionalistas árabes del desaparecido El Umami,
que reventaron el PCInt y se largaron con la caja, el anuncio que
hicimos de la exclusión de nuestras filas de individuos que
consideramos peligrosos para el movimiento obrero, nuestro rechazo
a los intentos del LAWV(11) de darse una imagen
“respetable” mediante unos cuantos arreglos de
nuestra plataforma.

   
En cambio, la historia del BIPR desde 1980 está sembrada de
una serie de intentos por encontrar “un nuevo proceso de
arraigo en la clase
”. Intentos que, en su gran mayoría
han acabado en fracaso:

– 
las fuerzas “seriamente seleccionadas” por el BIPR e
invitadas a la IVª “Conferencia” de la Izquierda
comunista se limitaron en los hechos a los cripto-estalinistas
iraníes del UCM;

– 
El BIPR se entusiasmó por las grandiosas posibilidades de
creación de partidos de masas en los países de la
periferia del capitalismo; lo único que ese entusiasmo
produjo fue el efímero y escasamente “arraigado”
Lal Pataka indio;

– 
Tras la caída del muro de Berlín, el BIPR se fue de
pesca a los antiguos partidos estalinistas de los países
del Este. Eso tampoco ha dado nada(12).

No tiene por qué
enfadarse el BIPR por este recuerdo de ilusiones acabadas en
decepción. Hubiéramos preferido no tener que
hacerlo, porque creemos que la extrema debilidad de las fuerzas
comunistas en el mundo de hoy es una razón suplementaria
para cerrar filas en la acción y en la confrontación
fraterna de nuestras divergencias en lugar de autoproclamarse
únicos herederos de la Izquierda comunista.

Estaremos
presentes

Una vez más, estamos obligados a constatar la lamentable
incapacidad de los grupos de la Izquierda comunista para crear
juntos el polo de referencia internacionalista que necesita
urgentemente el proletariado y sus componentes avanzados o en
búsqueda, en una época en la que el planeta se hunde
en el caos bélico de un capitalismo en descomposición.

No por eso vamos a
abandonar nuestras convicciones, pero el día que otras
organizaciones de la Izquierda comunista hayan entendido la
necesidad de la acción común, nosotros estaremos
presentes.

Jens
7/04/03

 1)  Ver al
respecto en la Revista internacional nº 98: “A
propósito del llamamiento lanzado por la CCI sobre la
guerra en Serbia; la ofensiva bélica de la burguesía
exige une respuesta unida de los revolucionarios” y en la nº
99: “El método marxista y el llamamiento de la CCI
sobre la guerra en la antigua Yugoslavia”.

 2) No entramos aquí
en la discusión de la visión bordiguista del partido
“único”; si la tendencia a la homogeneización
del proletariado deberá, como lo ha demostrado la historia,
desembocar en la creación de un solo partido, “decretarlo”
como principio intangible, previo a toda actividad entre
corrientes internacionalistas como lo hacen los bordiguistas es
dar la espalda a la historia y hacer malabarismos con las
palabras.

 3) No vamos aquí
a tratar sobre nuestros pretendidos “métodos
administrativos” que el PCInt recrimina en ese mismo
artículo de una manera totalmente irresponsable además,
tragándose sin más trámite lo que dicen
nuestros detractores. El problema central es el siguiente: ¿hay
comportamientos inaceptables en el seno de las organizaciones
comunistas que las obliga a excluir a militantes que han
quebrantado gravemente las reglas de funcionamiento, sí o
no? Los camaradas del PCInt deberían recuperar los métodos
de nuestros predecesores sobre esa cuestión.

 4) Ver las “Tesis
sobre el parasitismo”, en la Revista internacional
94.

5) En diciembre de 1989,
Battaglia comunista publicaba un artículo “Desmoronamiento
de las ilusiones sobre el socialismo real” en el que podía
leerse entre otras cosas: “La URSS debe abrirse a las
tecnologías occidentales y el COMECON deberá hacer
lo mismo, no, como algunos piensan
[¿será la
CCI?], en un proceso de desintegración del bloque del
Este y de retirada total de la URSS de los países de
Europa, sino para facilitar, revitalizando las economías
del COMECON, la reanudación de la economía
soviética”
.

 6) Artículo “¡
O partido revolucionario y socialismo, o miseria general y guerra
!”, publicado en www.ibrp.org.

 7) Revista
internacional
nº 60, 1990 “Hundimiento del bloque
del Este: quiebra definitiva del estalinismo”, “Tesis
sobre la crisis en los países del Este”,
“Dificultades en aumento para el proletariado”.

8) Ver, entre otros,
nuestros artículos “El curso histórico”,
Revista internacional nº18, “El concepto de
curso histórico en el movimiento revolucionario”, nº
107.

9) Junio de 1976 (subrayado
nuestro). Esa determinación inicial de BC duró poco
tiempo durante las Conferencias. Ya denunciamos ampliamente su
incoherencia en la Revista internacional nº 76 entre
otras. Las citas son de la carta-llamamiento de Battaglia
comunista a la primera conferencia, publicada en el folleto que
contiene los textos y las actas de la misma.

10) Durante la IIª
Conferencia, Battaglia Comunista se negó sistemáticamente
a tomar cualquier posición común: “Estamos
por principio en contra de hacer declaraciones comunes, pues no
existe acuerdo político”
(BC, intervención
en la IIª Conferencia)

 

11) Los Angeles Workers’
Voice, grupo que hasta hace poco representaba al BIPR en los
Estados Unidos.

12) Ver, para un análisis
más detallado la Revista internacional nº 76

Vida de la CCI: 

Corrientes políticas y referencias: 

Noticias y actualidad: