XVIº Congreso de la CCI: Preparémonos para los combates de clase y el resurgir de nuevas fuerzas comunistas

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La
CCI celebró su decimosexto congreso la primavera pasada. “El
Congreso internacional es el órgano soberano de la CCI”,
como se dice en nuestros estatutos (1).
Por eso y como siempre después de ese tipo de ocasiones, es
responsabilidad nuestra dar cuenta de ellas ante la clase obrera y
extraer sus principales orientaciones.

En el artículo publicado tras nuestro congreso
precedente, escribíamos:“El
XVº congreso tenía para nuestra organización una
importancia particular, por dos razones esenciales.

Por
una parte, desde el congreso anterior, en la primavera del 2001,
hemos asistido a una agravación muy importante de la situación
internacional, en el plano de la crisis económica, y sobre
todo en el plano de los conflictos imperialistas. Precisamente este
congreso se ha desarrollado mientras ocurría la guerra de
Irak, y era responsabilidad de nuestra organización precisar
sus análisis, para poder intervenir de la forma más
apropiada posible frente a esta situación.

Por
otra parte, este congreso se desarrolló tras haber atravesado
la CCI la crisis más peligrosa de su historia. A pesar de que
esta crisis se había superado, nuestra organización
tenía que sacar el máximo de enseñanzas de las
dificultades que había encontrado, sobre sus orígenes y
los medios para enfrentarlas” (Revista internacional
no
114, “XVo Congreso de la CCI; reforzar la organización
frente a los retos del período”).

Los trabajos de este XVIo congreso han tenido
un tono muy diferente: han puesto en el centro de sus preocupaciones
el examen de la reanudación de los combates de la clase obrera
y las responsabilidades que esa reanudación acarrea para
nuestra organización, especialmente frente a la aparición
de una nueva generación que se está girando hacia una
perspectiva política revolucionaria.

La barbarie militarista sigue evidentemente
incrementándose en un mundo capitalista enfrentado a una
crisis económica insuperable. En el Congreso se presentaron,
se discutieron y se adoptaron informes específicos sobre los
conflictos imperialistas. Lo esencial de esos informes se recogió
en la Resolución sobre la situación internacional que
publicamos en esta Revista.

Como se recuerda en esa resolución, la CCI define
el período histórico actual como la fase postrera de la
decadencia del capitalismo, la fase de descomposición de la
sociedad burguesa, la de su putrefacción de raíz. Como
ya lo hemos dicho en múltiples ocasiones, la descomposición
se debe a que, frente al hundimiento histórico irremediable de
la economía capitalista, ninguna de las dos clases antagónicas
de la sociedad, la burguesía y el proletariado, logra imponer
su respuesta propia: la guerra mundial aquélla y la revolución
comunista éste. Esas condiciones históricas determinan
las características fundamentales de la vida de la sociedad
burguesa actual. Con ese análisis de la descomposición
es cómo se puede comprender la permanencia y la agravación
de toda una serie de calamidades que abruman hoy a la humanidad, y en
primer lugar la barbarie bélica, pero también fenómenos
como la destrucción ineluctable del medio ambiente o las
terribles consecuencias de las “catástrofes naturales”
como la provocada por el tsunami el invierno pasado. Esas
condiciones históricas de la descomposición son un
enorme peso en los hombros del proletariado y también de sus
organizaciones revolucionarias. Son una de las causas más
importantes de las dificultades que ha encontrado nuestra clase y
nuestra organización desde principios de los años 90,
como así lo hemos escrito en artículos anteriores:

Los
diferentes factores que son la fuerza del proletariado chocan
directamente con las diferentes facetas de la descomposición
ideológica :

“– la
acción colectiva, la solidaridad, encuentran frente a ellas la
atomización, el “sálvese quién pueda”, el
“arreglárselas por su cuenta” ;

“– la
necesidad de organización choca contra la descomposición
social, la dislocación de las relaciones en que se basa
cualquier vida en sociedad ;

“– la
confianza en el porvenir y en sus propias fuerzas se ve minada
constantemente por la desesperanza general que invade la sociedad, el
nihilismo, el “no future” ;

“– la
conciencia, la clarividencia, la coherencia y unidad de pensamiento,
el gusto por la teoría, deben abrirse un difícil camino
en medio de la huida hacia quimeras, drogas, sectas, misticismos,
rechazo de la reflexión y destrucción del pensamiento
que están definiendo a nuestra época”
(“La
descomposición, fase última de la decadencia del
capitalismo”,
Revista internacional
no 107).

Especialmente, la crisis de la CCI que mencionábamos
antes solo podría comprenderse gracias a un análisis de
la descomposición que permite sobre todo explicar cómo
es posible que unos militantes con muchos años en nuestra
organización, los que formaron la pretendida Fracción
interna de la CCI (FICCI), se pusieran a portarse como unos fanáticos
histéricos en busca de chivos expiatorios, como unos hampones
y, al cabo, como soplones (2).

La
reanudación de los combates de clase

El XVo congreso verificó entonces que
la CCI había superado su crisis de 2001, sobre todo porque
comprendió por qué había sido una expresión
en nuestro seno de los efectos de la descomposición. También
constató las dificultades que seguía teniendo la clase
obrera en sus luchas contra los ataques capitalistas, y en especial,
su falta de confianza en sí misma.

Sin embargo, desde ese congreso celebrado en la
primavera de 2003, como lo señalaba la reunión plenaria
del órgano central de la CCI del otoño de ese año:

Las
movilizaciones a gran escala en la primavera de 2003 en Francia y
Austria han significado un giro en la lucha de clases desde 1989. Son
el primer paso significativo en la recuperación de la
combatividad obrera tras el período más largo de
reflujo desde 1968” (Revista internacional

119).

Un giro así en la lucha de clases no fue una
sorpresa para la CCI pues ya su XVº lo anunciaba en perspectiva.
En el artículo de presentación de dicho Congreso
escribimos lo siguiente:

La
CCI ya ha puesto en evidencia, muchas veces, que la descomposición
de la sociedad capitalista ejerce un peso negativo en la conciencia
del proletariado
.
Igualmente, desde el otoño de 1989, la CCI subrayó que
el hundimiento de los regímenes estalinistas iba a provocar
“dificultades crecientes para el proletariado” (título de
un artículo de la Revista internacional nº 60). Desde
entonces, la lucha de clases ha confirmado con creces esa previsión.

Frente
a esta situación, el congreso ha reafirmado que la clase
conserva todas sus potencialidades para llegar a asumir sus
responsabilidades históricas. Es verdad que aún está
hoy en una situación de retroceso importante de su conciencia,
tras las campañas burguesas que asimilan marxismo y comunismo
a estalinismo, y establecen una continuidad entre Lenin y Stalin.
También, la situación actual se caracteriza por la
notable pérdida de confianza del proletariado en sus propias
fuerzas, y en su capacidad para entablar incluso luchas defensivas
contra los ataques de sus explotadores, que puede conducirle a perder
de vista su identidad de clase. Y hay que destacar que esa tendencia
a la pérdida de confianza en la clase se expresa incluso en
las organizaciones revolucionarias, particularmente en forma de
arrebatos súbitos de euforia frente a movimientos como el de
finales de 2001 en Argentina (presentado como un formidable empuje
del proletariado, cuando estaba empapado de interclasismo). Pero una
visión materialista, histórica, a largo plazo, nos
enseña, parafraseando a Marx,
“que
no se trata de considerar lo que tal o cual proletario, o incluso el
conjunto del proletariado, toma hoy por la verdad, sino de considerar
lo que es el proletariado, y lo que históricamente se verá
conducido a hacer conforme a su ser”
(la Sagrada
familia). Esa visión nos muestra particularmente que, frente a
los golpes más y más fuertes de la crisis del
capitalismo, que se traducen por ataques cada vez más feroces,
la clase reacciona, y reaccionará necesariamente desarrollando
su combate”
(“15º
congreso de la CCI”,
Revista internacional
no 114).

Lo que permitió que nuestra organización
no cayera en el escepticismo, la desmoralización incluso, ha
sido el método marxista, cuando, durante una década, el
proletariado mundial quedó dañado en su combatividad y
en su conciencia del contragolpe provocado por el desmoronamiento de
los regímenes a los que todos los sectores de la clase
burguesa presentaban como regímenes “socialistas” u
“obreros”. Ese mismo método, que exige estar siempre
alerta ante las nuevas situaciones, nos permitió afirmar que
quedaba cerrado el largo período de retroceso de la clase
obrera, tras su derrota ideológica de 1989. Esto lo hemos
plasmado en nuestra resolución sobre la situación
internacional adoptada por el reciente XVIº congreso:

Pero
a pesar de todas estas dificultades, este período de retroceso
no ha significado, ni mucho menos, el "fin de la lucha de
clases". Incluso en los años 1990 hemos visto algunos
movimientos (como los de 1992 y de 1997) que ponían de
manifiesto que la clase obrera conservaba aún intactas
reservas de combatividad. Ninguno de esos movimientos supuso, no
obstante, un verdadero cambio en cuanto a la conciencia en la clase.
De ahí la importancia de los movimientos que han aparecido más
recientemente, que aún careciendo de la espectacularidad y
notoriedad ("le Grand soir") de los que tuvieron lugar por
ejemplo en Francia en Mayo de 1968, sí representan, en cambio,
un giro en la relación de fuerzas entre las clases. Las luchas
de 2003-2005 se han caracterizado porque:

- implican
a sectores muy significativos de la clase obrera de los países
del centro del capitalismo (por ejemplo en Francia en 2003);

- manifiestan
una mayor preocupación por problemas más explícitamente
políticos. En particular los ataques a las pensiones de
jubilación plantean la cuestión del futuro que la
sociedad capitalista puede depararnos a todos;

- Alemania
reaparece como foco central de las luchas obreras, lo que no sucedía
desde la oleada revolucionaria de 1917-23;

- la
cuestión de la solidaridad de clase se plantea de una forma
mucho más amplia y más explícita de lo que se
planteó en los años 1980, como hemos visto, sobre todo,
en los movimientos más recientes en Alemania”

(Resolución publicada en esta misma
Revista).

Esa evolución de las luchas del proletariado nos
ha permitido comprender plenamente las campañas sobre el
llamado “altermundialismo”, promovidas por amplios sectores de la
burguesía desde principios del siglo xxi, campañas que
se han concretado en particular en la celebración de “foros
sociales” mundiales y europeos altamente mediatizados. La clase
capitalista era consciente de que el retroceso que logró
imponer a su enemigo mortal gracias a las campañas sobre la
“muerte del comunismo”, el “fin de la lucha de clases”, “la
desaparición de la clase obrera” incluso, no iba a ser algo
definitivo y era necesario promover otros temas para tomar la
delantera ante el inevitable despertar de las luchas y de la
conciencia proletarias.

Esas campañas burguesas no solo van dirigidas a
las grandes masas obreras. Su objetivo es también alistar y
desviar hacia un atolladero a los elementos más politizados
que miran hacia la perspectiva de otra sociedad librada de las
calamidades que el capitalismo engendra. Y así la Resolución
adoptada por el XVIo congreso deja constancia de que las
diferentes expresiones del viraje en la relación de fuerzas
entre las clases

...
se ven acompañadas del surgimiento de una nueva generación
de elementos que tratan de encontrar claridad política. Esta
nueva generación se expresa tanto en una nueva afluencia de
elementos netamente politizados, como en nuevas capas de trabajadores
que, por vez primera, se incorporan a las luchas. Como se ha podido
comprobar en algunas de las manifestaciones más importantes,
se están forjando las bases de una unidad entre esta nueva
generación y la llamada "generación de 1968"
en la que se incluyen tanto la minoría política que
reconstruyó el movimiento comunista en los años 1960 y
1970, como sectores más amplios de trabajadores que vivieron
la rica experiencia de luchas de la clase obrera entre 1968 y 1989”
.

La
responsabilidad de la CCI ante el resurgir de nuevas fuerzas
revolucionarias

Otra preocupación esencial del XVIo con­greso
ha sido la de poner a nuestra organización a la altura de sus
responsabilidades ante el surgimiento de esos nuevos elementos que se
están orientando hacia las posiciones de clase de la Izquierda
comunista. Así aparece claramente en la Resolución de
actividades adoptada por el Congreso:

El
combate para ganarse a la nueva generación para las posiciones
de clase y el militantismo es hoy central en todas nuestras
actividades. Esto no sólo en la intervención, sino en
toda nuestra reflexión política, nuestras discusiones y
preocupaciones militantes. (…)

La
labor actual de agrupamiento de las fuerzas revolucionarias es antes
que nada la del fortalecimiento político, geográfico y
numérico de la CCI. Sigue el crecimiento de las secciones,
incapaces durante años algunas de ellas de integrar a nuevos
miembros, la concreción de una verdadera sección en
India, la preparación de las bases para una sección en
Argentina. Todo ello es central en nuestras perspectivas”

Esa labor de agrupamiento de las nuevas fuerzas
militantes exige en particular que se las defienda contra todos los
intentos de destruirlas o llevarlas hacia atolladeros. Y esta defensa
solo podrá realizarse si la propia CCI sabe defenderse contra
los ataques de que es objeto. El congreso anterior ya constató
que nuestra organización fue capaz de repeler los ataques
inicuos de la FICCI, impidiéndole que lograra el objetivo
abiertamente declarado de ésta, o sea, la destrucción
de la CCI, o, al menos, la mayor cantidad de secciones posible. En
octubre de 2004, la FICCI montó una nueva ofensiva contra
nuestra organización apoyándose en una serie de
posiciones calumniosas de un “Círculo de comunistas
internacionalistas” basado en Argentina y que se presentaba como el
continuador del “Núcleo comunista internacional” (NCI) con
el que la CCI había desarrollado discusiones y contactos desde
finales de 2003. Lamentablemente, el BIPR hizo su contribución
en esta maniobra vergonzosa publicando, en varias lenguas y dejándola
durante varios meses en su página Web, una declaración
de lo más mentiroso e histérico contra nuestra
organización. Actuamos con rapidez publicando una serie de
documentos en nuestra página Web para rechazar ese ataque de
modo que nuestros agresores acabaron dando la callada por respuesta.
Al “Círculo” se le cayó la careta, apareciendo como
lo que es, una ficción inventada por el ciudadano B., un
aventurerillo del hemisferio austral, de poca monta pero con un morro
descomunal y una pretensión sin límites: su página
Web, que no había parado un instante con una actividad
frenética durante las tres primeras semanas de octubre de
2004, desde el 23 de ese mes es un desierto. La FICCI, tras haberse
creído (o hacer creer) durante varios meses la realidad de ese
“Círculo”, ahora ya no dice nada sobre el tema. El BIPR,
por su parte, ha quitado de su página Web el comunicado de B.,
pero sin más explicaciones y negándose a publicar el
aviso del verdadero NCI sobre las actuaciones de B.

Porque el combate contra esa ofensiva de la “triple
alianza” entre el aventurerismo (B.), el parasitismo (FICCI) y el
oportunismo (BIPR) ha sido también un combate por la defensa
del NCI, que representa un esfuerzo de un pequeño núcleo
de camaradas para desarrollar una compresión de posiciones de
la Izquierda comunista en relación con la CCI (3).

La
defensa del NCI frente a los ataques conjuntos del “Círculo”,
de la “Ficci” y del BIPR muestra el camino a toda la CCI para
desarrollar la organización. Esta defensa se basa en:

- una
profunda confianza en la nueva generación, confianza basada en
una visión histórica, a largo plazo;
(...)

- ser
capaces de trasmitir, con convicción y entusiasmo, nuestras
posiciones y nuestra visión del militantismo, de desarrollar
la solidaridad proletaria como herramienta básica para la
unificación de las fuerzas de clase;
(...)

- acoger
a la nueva generación, ni con escepticismo ni “miedo al
éxito”, sino con los brazos abiertos, construyendo sobre lo
que es positivo en ella para así poder superar sus
debilidades;

- concretar
las lecciones aprendidas en la organización, para, con
determinación y tras una reflexión de fondo, proteger a
los elementos en búsqueda de los peligros del espíritu
de círculo, del clanismo, de los gurús y del
aventurerismo;

- usar
al máximo todos los medios a nuestra disposición, en
acuerdo con las necesidades de la situación, como partes de
una estrategia global, desde la correspondencia a las visitas,
pasando por Internet, nuestra prensa y nuestras reuniones públicas;
combinar la rapidez de nuestras reacciones y el trabajo a largo
plazo, un trabajo decidido incluso ante derrotas inmediatas”
(Resolución
de actividades)

Ante esa labor hacia las personas en búsqueda, la
CCI debe poner en práctica una política decidida de
intervención. Pero también debe poner el mayor cuidado
tanto en la pertinencia de los argumentos en las discusiones como a
la cuestión del comportamiento político:

Siguiendo
ese esfuerzo, debemos procurar:

- establecer
o aumentar el impacto de la CCI en todos los países en los que
tenemos secciones, pero también en zonas como Rusia o
Latinoamérica, estimulando debates (reuniones, foros en
Internet), polémicas, correspondencias, revista de prensa,
favoreciendo la formación de círculos de discusión
y promoviendo su trabajo;

- atraer
a las gentes proletarias hacia nosotros, gracias a la profundidad de
nuestros argumentos, pero también a nuestra capacidad para
hacernos respetar. La determinación de la CCI en la defensa de
los principios, nuestra capacidad para reaccionar contra las
maniobras destinadas a sabotear el agrupamiento, eso es lo que hará
que ganemos la confianza de las expresiones proletarias, y amedrentar
o inhibir a los elementos destructores

- promover
los métodos proletarios de clarificación, de
agrupamiento y de comportamiento;
(…)

- intensificar
nuestra ofensiva contra el parasitismo, no solo contra la “Ficci”,
sino también contra grupos que tienen un impacto internacional
como el GCI.”

Por otro lado, el surgimiento de nuevas fuerzas
comunistas debe ser un poderoso aguijón que estimule la
reflexión y las energías, no solo de los militantes
sino también de elementos que fueron afectados por el
retroceso de la clase obrera a partir de 1989:

Los
efectos de los acontecimientos históricos contemporáneos
en las capas más politizadas de la clase son muy profundos.
Estos hechos ya han empezado a despertar la conciencia de una nueva
generación para la que el atolladero del capitalismo es una
realidad en la que han nacido los elementos de esas nuevas
generaciones, pero carecen de formación política o de
experiencia de clase. Van a despertar a quienes, en los años
1980 o 90, bajo los primeros efectos de la descomposición,
permanecían escépticos sobre una posible política
proletaria. Los efectos del actual desarrollo histórico van a
hacer volver a la política a una parte de la generación
de 1968, que fue entonces desviada y emponzoñada por el
izquierdismo. De hecho ya han comenzado a reactivarse antiguos
militantes, no sólo de la CCI, sino también de otras
organizaciones proletarias. Cada una de las expresiones de esa
fermentación representa un valiosísimo potencial para
la recuperación de la identidad de clase, de la experiencia de
lucha, y de la perspectiva histórica del proletariado. Pero
esos potenciales sólo llegarán a materializarse si son
agrupados por una organización que representa la conciencia
histórica, un método marxista y una experiencia
organizativa que, actualmente, sólo la CCI puede ofrecer. Esto
hace que el desarrollo continuo y a largo plazo de las capacidades
teóricas, la comprensión militante y la centralización
de la organización, resulten cruciales para la perspectiva
histórica.”

El congreso ha señalado, en efecto, la enorme
importancia del trabajo teórico en la situación actual:

La
organización no puede cumplir sus responsabilidades ni hacia
las minorías revolucionarias ni hacia la clase en su conjunto,
si no es capaz de comprender el proceso de preparación del
partido en el contexto más amplio de la evolución
general de la lucha de clases. La capacidad de la CCI para analizar
los cambios en la relación de fuerzas entre las clases, y para
intervenir en las luchas y en la reflexión política que
se da en el seno de la clase obrera, tiene una gran importancia a
largo plazo en la evolución de la lucha de clases. Pero
incluso ahora, es decir a corto plazo, resulta crucial para
conquistar nuestro papel dirigente frente a la nueva generación
politizada. El que la CCI haya sido capaz de reconocer con rapidez el
final cercano del largo retroceso de la combatividad, y sobre todo de
la conciencia del proletariado, que se produjo después de
1989, es una primera prueba de la necesaria renovación
teórico-política. En estos dos últimos años,
hemos comenzado también a adaptar nuestra intervención
a las condiciones actuales, a la realidad de la reflexión
subterránea, a lo enorme de lo que está en juego, al
nivel político tan bajo en la clase y a las grandes
dificultades en las luchas inmediatas. La organización debe
continuar esta reflexión teórica, sacando un máximo
de lecciones concretas de su intervención, abandonando los
esquemas del pasado.”

Al mismo tiempo, esa reflexión debe hacerse de
carne y hueso, concretándose eficazmente en nuestra
propaganda, y para ello, es necesario que la organización dé
el mayor apoyo al principal medio de difusión de sus
posiciones, o sea, la prensa:

La
evolución de la situación mundial plantea exigencias
nuevas y mayores en la calidad de nuestra prensa y su distribución.
Por Internet, la organización se ha abierto a una dimensión
cuantitativa y cualitativamente nueva de su intervención por
vía de prensa. Durante el reciente combate contra la alianza
entre el oportunismo y el parasitismo, y gracias a ese medio, la CCI
ha podido desarrollar, por vez primera desde la época en que
existía una prensa revolucionaria diaria, una intervención
en la que fue decisiva la capacidad de replicar inmediatamente. De
igual modo, la rapidez con la que la organización ha sido
capaz de publicar en su página Web en alemán sus
panfletos y análisis sobre las luchas de los obreros de
Mercedes y Opel, nos muestra el camino que seguir. El uso creciente
de nuestra prensa para organizar y sintetizar debates, para hacer
propuestas y lanzar iniciativas hacia las personas en búsqueda,
subraya su importancia cada vez mayor como instrumento privilegiado
para el agrupamiento, el desarrollo político y numérico
de la organización.”

En fin, el congreso ha dedicado una muy particular
atención a la cuestión que figura al final de la
plataforma de nuestra organización:

Las
relaciones que se establecen entre las diferentes partes y militantes
de la organización llevan necesariamente los estigmas de la
sociedad capitalista y no pueden, pues, constituir un islote de
relaciones comunistas dentro de ella. Sin embargo no pueden estar en
contradicción flagrante con los objetivos perseguidos por los
revolucionarios, por lo que se apoyan necesariamente en una
solidaridad y confianza mutuas, que son signos de pertenencia de la
organización a la clase portadora del comunismo”.

Por eso, la Resolución de actividades pone de
relieve que:

La
fraternidad, la solidaridad y el sentido de la comunidad forman parte
de los instrumentos más importantes en la construcción
de la organización, de la capacidad para ganar a nuevos
militantes y conservar la convicción militante”.

Esta exigencia, como todas a las que debe hacer frente
una organización marxista, requiere una reflexión
teórica:

En
la medida que las cuestiones de organización y de
comportamiento están hoy en el centro de los debates tanto en
el interior como en el exterior de la organización, un eje
central de nuestro trabajo teórico en los dos próximos
años será la discusión de los diferentes textos
de orientación (…), especialmente el texto sobre la ética.
Estas cuestiones nos llevan a las raíces de las recientes
crisis de la organización, van a las bases fundamentales de
nuestro compromiso militante, y son cuestiones centrales para la
revolución en esta época de la descomposición.
Estas cuestiones están llamadas a desempeñar un papel
crucial en la renovación de la convicción militante y
en la renovación del gusto por la teoría y por el
método marxista que aborda cada cuestión desde un
planteamiento histórico y teórico”.

Publicamos en los números 111 y 112 de la Revista
internacional le esencial de un texto de orientación adoptado
por nuestra organización sobre “La confianza y la
solidaridad en la lucha del proletariado” que dio lugar a una
profunda discusión en la CCI. Hoy, sobre todo tras unos
comportamientos de miembros de la “FICCI” en ruptura total con
las bases de la moral proletaria, hemos decidido profundizar esa
cuestión en torno a un nuevo texto de orientación que
trata de la ética del proletariado, texto cuya versión
final publicaremos más tarde. Con esta perspectiva, el XIVº
congreso, como así ocurre en la mayoría de los
congresos de la CCI, dedicó gran parte de su orden del día
a un tema teórico general y haciendo balance de las
discusiones llevadas ya a cabo sobre la ética.

Perspectivas
enardecedoras

Los congresos de la CCI son siempre momentos de entusiasmo para el
conjunto de sus miembros. No podía ser de otra forma cuando
militantes venidos de tres continentes y de trece países,
animados por las mismas convicciones, se encuentran para discutir
juntos las perspectivas del movimiento histórico del
proletariado. Pero el XVIo congreso resultó
aún más estimulante que la mayoría de los que le
precedieron.

Durante casi la mitad de sus treinta años de
vida, la CCI ha existido (en el próximo número de la
Revista publicaremos un artículo sobre su historia)
mientras el proletariado sufría un retroceso de su conciencia,
una asfixia de sus luchas y un agotamiento de nuevas fuerzas
militantes. Durante más de una década una de las
consignas centrales de nuestra organización fue “resistir”.
Ha sido una prueba difícil y algunos de los “viejos”
militantes no han podido aguantarla (sobre todo los que constituyeron
la FICCI y los que abandonaron el combate en los momentos de crisis
que hemos conocido en este período).

Actualmente que la perspectiva empieza a aclararse,
podemos decir que la CCI, como un todo, ha superado esta prueba.
Incluso ha salido fortalecida de ella. Un fortalecimiento político,
como pueden juzgar los lectores de nuestra prensa (de quienes
recibimos un número creciente de cartas de apoyo). Pero
también un fortalecimiento numérico ya que, en el
momento actual, las nuevas adhesiones son más numerosas que
las dimisiones que conocimos en la crisis de 2001. Y lo que es más
destacable, es que un número significativo de estas adhesiones
es de gente joven, que no ha sufrido ni ha tenido que superar las
deformaciones debidas a la militancia en organizaciones
izquierdistas. Elementos jóvenes cuyo dinamismo y entusiasmo
sustituyen y superan con creces las cansadas y gastadas “fuerzas
militantes” que nos han abandonado.

El entusiasmo de los militantes que participaron en el
Congreso ha tenido su mejor expresión en los camaradas que
hicieron el discurso de apertura y el de las conclusiones. Fueron dos
compañeros de la nueva generación, que ni siquiera eran
miembros de ella en el congreso anterior. La decisión de
confiarles esa tarea no se debió a no se sabe qué
demagogia “projuvenil”: todos los delegados saludaron la calidad
y la profundidad de sus intervenciones.

El entusiasmo que se ha vivido durante el XVIo
congreso ha sido lúcido. No tiene nada que ver con la euforia
ilusoria que se vivió en otros congresos de nuestra
organización (euforia que a menudo fue propia de quienes
después nos han dejado). La CCI, después de 30 años
de existencia, ha aprendido (4),
a veces dolorosamente, que el camino que conduce a la revolución
no es ninguna autopista, que es sinuoso, y está sembrado de
trampas que la clase dominante tiende a su enemigo mortal, la clase
obrera, para desviarla de su objetivo histórico.

Los miembros de nuestra organización saben bien
actualmente que la militancia no es fácil; que hace falta no
solamente una sólida convicción, sino además
abnegación, tenacidad y paciencia.

Si embargo, hacen suya la frase de Marx en una carta a
J. P. Becker:

He
podido comprobar siempre que los caracteres verdaderamente bien
forjados, en cuanto se han metido en la vía revolucionaria,
sacan constantemente nuevas fuerzas de la derrota, y se vuelven cada
día más resueltos a medida que el fluir del río
de la historia los lleva más lejos”.

La conciencia de la dificultad de nuestra tarea no es
para desanimarnos. Al contrario, es un factor suplementario de
nuestro entusiasmo

Actualmente, el número de participantes en
nuestras reuniones públicas ha aumentado sensiblemente, y nos
llegan cada vez más correos de Grecia, Rusia, Moldavia,
Portugal, Brasil, Argentina, Argelia, Senegal, Irán, Corea,
para solicitar directamente su candidatura a nuestra organización,
para proponer y desarrollar discusiones o simplemente pedir las
publicaciones, pero siempre con una perspectiva militante. Todas esas
personas nos permiten confiar en el desarrollo de la presencia de
posiciones comunistas en los países donde la CCI no tiene
todavía sección, incluso la creación de nuevas
secciones en esos países. Saludamos a estos camaradas que
vienen hacia las posiciones comunistas y hacia nuestra organización.
Nosotros les decimos:

Habéis
hecho una buena elección, la única elección
posible si tenéis la perspectiva de integraros en el combate
por la revolución proletaria. Pero no habéis elegido lo
más fácil: no vais a ver éxitos rápidos,
habréis de tener paciencia y tenacidad y no desmoralizaros
cuando los resultados no estén a la altura de vuestras
esperanzas. Pero no estaréis solos: los militantes actuales de
la CCI estarán a vuestro lado y son conscientes de la
responsabilidad que el paso que habéis dado representa para
ellos. Su voluntad, tal y como se expresa en el XVIo
congreso, es la de estar a la altura de esa responsabilidad”.

Corriente comunista internacional

1
No es ni mucho menos una “originalidad de la CCI”, sino una
tradición del movimiento obrero. Pero hay que decir que esa
tradición ha sido abandonada por la corriente “bordiguista”
(en nombre del rechazo del “democratismo”) y que no está
muy viva en el Partito comunista internazionalista (Battaglia
comunista) componente principal del Buró internacional para
el partido revolucionario (BIPR) el cual, en sesenta años de
existencia solo ha celebrado siete congresos.

2
Sobre la crisis de la CCI y las maniobras de la FICCI, puede leerse
“Amenazas de muerte contra militantes de la CCI”, “Reuniones
públicas de la CCI prohibidas a los soplones”, “Los
métodos policíacos de la FICCI” (en nuestra prensa
territorial e Internet, especialmente, en los nos 354, 338 y 330 de
Révolution internationale) así como “Conferencia
extraordinaria de la CCI : el combate por la defensa de los
principios organizativos”, Revista internacional n° 110. El
artículo de presentación del XVº congreso
publicado en la Revista internacional n° 114 trata también
más ampliamente sobre este tema: “Pero para estar a la
altura de sus responsabilidades, es preciso también que las
organizaciones revolucionarias den la talla para enfrentarse, no
sólo a los ataques directos que trata de asestarles la clase
dominante, sino también a la penetración en su seno
del veneno ideológico que ésta difunde en el conjunto
de la sociedad. En particular es su deber combatir los efectos más
deletéreos de la descomposición que, de la misma forma
que afectan la conciencia del conjunto del proletariado, pesan
igualmente en el cerebro de sus militantes, destruyendo su
convicción y su voluntad de obrar por la causa
revolucionaria. La CCI ha tenido que enfrentarse en el último
periodo precisamente a ese ataque de la ideología burguesa
favorecido por la descomposición. La voluntad de defender la
capacidad de la organización para asumir sus
responsabilidades ha estado en el centro de las discusiones del
congreso sobre las actividades de la CCI”.

3
Ver al respecto nuestro artículo “El Núcleo
comunista internacional: una expresión del esfuerzo de toma
de conciencia del proletariado en Argentina”, Revista
internacional
n° 120.

4
En realidad, habría
que decir “ha vuelto a aprender”, puesto que de eso eran muy
­conscientes las organizaciones comunistas del pasado y,
particularmente, la Fracción italiana de la Izquierda
comunista de la que se reivindica la CCI.

desarrollo de la conciencia y la organización proletaria: