Manifiesto de la Fracción Francesa de la Izquierda Comunista

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La guerra continúa.

La «liberación» dio a los obreros la esperanza de ver el fin de la matanza y la reconstrucción de la economía, por lo menos en Francia.

El capitalismo respondió a esa esperanza con desempleo, hambre, movilización. La situación que agobiaba al proleta­riado bajo la ocupación alemana se ha agravado; y, sin embar­go ya no hay ocupación alemana.

La Resistencia y el Partido Comunista habían prometido la democracia y profundas reformas sociales. El gobierno mantiene la censura y refuerza su policía. Ha hecho una caricatura de socialización al nacionalizar unas cuantas fábricas, con indemnizaciones para los capitalistas. La explotación del proletariado .prosigue y ninguna reforma la puede hacer desa­parecer. Sin embargo la Resistencia y el Partido Comunista están hoy completamente de acuerdo con el gobierno: es que siempre se han burlado de la democracia y del proletariado.

No tenían más que un objetivo: la guerra.

Lo lograron, y ahora el objetivo es la Unión sagrada.

¡Guerra por la revancha, por volver a levantar Francia, guerra contra el hitlerismo!, clama la burguesía

Pero la burguesía tiene miedo. Tiene miedo de los movimien­tos proletarios en Alemania y en Francia, tiene miedo de la posguerra.

Tiene que amordazar al proletariado francés; aumenta los efectivos de la policía que mandará mañana contra él.

Tiene que utilizarlo para aplastar a la revolución alemana; moviliza su ejército.

La burguesía internacional la ayuda. La ayuda a reconstruir su economía de guerra para mantener su propia dominación de clase.

Y en cabeza, la URSS, que la ayuda y hace con ella un pacto de lucha contra los proletarios franceses y alemanes.

Todos los partidos, los socialistas, los «comunistas» la ayu­dan: « ¡Todos contra la quinta columna, contra los colaboradores! ¡Todos contra el hitlerismo! ¡Todos contra el maquis pardo! ».

Pero toda esa bulla sólo sirve para esconder el origen real de la miseria actual: el capitalismo de quien el fascismo es hijo.

Para esconder la traición a las enseñanzas de la revolución rusa, que se hizo en plena guerra y en contra de la guerra.

Para justificar la colaboración con la burguesía en el gobierno. Para volver a echar al proletariado a la guerra imperialista.

¡Para hacer creer mañana que los movimientos proletarios en Alemania no serían más que una resistencia fanatizada del hitlerismo!

¡Camaradas obreros!

Más que nunca la lucha tenaz de los revolucionarios durante la primera guerra imperialista, de Lenin, Rosa Luxemburgo y Liebknecht debe ser la nuestra.

Más que nunca, ante la guerra imperialista se hace sentir la necesidad de la guerra civil.

La clase obrera ya no tiene partido de clase: el partido «comunista» ha traicionado, sigue traicionando hoy, traicio­nará mañana.

La URSS se ha vuelto un imperialismo. Se apoya en las fuerzas más reaccionarias para impedir la revolución proletaria. Será el peor gendarme de los movimientos obreros de mañana: comienza desde ahora a deportar en masa a los proletarios alemanes para quebrar toda su fuerza de clase.

Sólo la fracción de izquierda, salida de ese «cadáver putre­facto» en que se convirtió la IIIª Internacional, representa hoy al proletariado revolucionario.

Sólo la izquierda comunista se negó a participar al extravío de la clase obrera con el antifascismo y sólo ella lanzó adverten­cias contra la nueva emboscada que se le tendía.

Sólo ella denunció a la URSS como baluarte de la contrarrevo­lución desde la derrota del proletariado mundial en 1933.

Sólo quedó ella, cuando estalló la guerra, en contra de toda unión sagrada y sólo ella proclamó la lucha de clase como única lucha del proletariado, en todos los países, incluso en la URSS.

En fin, sólo ella tiene intención de preparar las vías del futuro partido de clase, rechazando todos los compromisos y frentes únicos, y siguiendo, en una situación que ha madurado con la historia, el duro camino que siguieron Lenin y la fracción bolchevique antes de la primera guerra imperialista.

¡Obreros! ¡La guerra no es solo obra del fascismo! ¡Tam­bién lo es de la democracia y del «socialismo en un solo país»!: la URSS representa a todo el régimen capitalista que, al perecer, quiere hacer perecer a toda la sociedad.

El capitalismo no os puede dar paz; incluso una vez terminada la guerra, nada podrá daros.

Contra la guerra capitalista hay que responder con la solución de clase: ¡la guerra civil!

De la guerra civil hasta la toma del poder por el proletariado, y sólo de ella puede surgir una sociedad nueva, una economía de consumo y ya no de destrucción.

¡Contra el patriotismo y el esfuerzo de guerra!

¡Por la solidaridad proletaria internacional!

¡Por la transformación de la guerra imperialista en guerra civil!

Izquierda Comunista

(Fracción francesa)

 

M. Thorez, secretario general del Partido Comunista Francés, declaraba en 1945:

«Los comunistas no formu­lan actualmente exigencias socialistas o comunistas. Dicen francamente que sólo una cosa preocupa al pue­blo: ganar la guerra lo más rápido posible para apresu­rar el aplastamiento de la Alemania hitleriana, para asegurar lo más rápido posible el triunfo de la democra­cia, para preparar el renacimiento de una Francia democrática e independiente. Esa reedificación de Francia es la tarea de la nación entera, la Francia de mañana será lo que sus hijos habrán hecho de ella.

Para contribuir a esa reedificación, el Partido Comunis­ta ¡es un partido de gobierno! Pero se necesita todavía un ejército potente con oficiales de valor, incluso los que se dejaron embaucar durante un tiempo por Petain. Hay que volver a poner en marcha las fábricas, en primer lugar las fábricas de guerra, hacer más que lo necesario para abastecer a los soldados en armas».

 

Los Estatutos de la Internacional Comunista declaraban en 1919:

«¡Acuérdate de la guerra imperialista! He aquí la primera palabra que la Internacional Comunista dirige a cada trabajador, cualesquiera que sean su origen y la lengua que habla.

¡Acuérdate que por la existencia del régimen capitalista, un puñado de impe­rialistas tuvo durante cuatro años la posibilidad de obligar a los trabajadores de todas partes a degollarse unos a otros!

¡Acuérdate que la guerra burguesa hun­dió a Europa y al mundo entero en el hambre y la miseria!

¡Acuérdate que sin el derrocamiento del capitalismo, la repetición de esas guerras criminales es no sólo posible sino inevitable!».