No todo fue complicidad y silencio

Versión para impresiónEnviar por email

Hace 30 años que tuvo lugar la guerra de las Malvinas[1], que el actual gobierno de la Sra Kitchner en Argentina, en otro de sus gestos de fervor nacionalista, pone a la gloria de la memoria histórica patria.

Hemos recibido un folleto que reúne documentación sobre distintas publicaciones (preferentemente hojas o panfletos), que en el fuego de los acontecimientos mantuvieron una posición internacionalista contra la guerra, denunciando ambos bandos. La calidad de la presentación deja mucho que desear, pues la mayoría de textos se recogen en su formato original de la época (1982), pero el interés que presentan aminora con mucho las dificultades de la lectura.

Hay documentación de textos de diferentes agrupaciones, pero la mayoría de los que se reproducen íntegramente vienen firmados  por la “Comisión por un nuevo mundo” y “obreros de la industria automotriz”, y como explica el folleto, a veces por más compañeros en su propio nombre. También hay un pequeño texto firmado como “Emancipación” y un artículo de entonces del grupo italiano Núcleo Leninista (que participó en los años 80 en la 1ª Conferencia de los grupos de la Izquierda Comunista)

Los textos muestran el enorme coraje de mantener una denuncia de la guerra y de los dos bandos, frente a la unión nacional para la guerra bajo un gobierno de dictadura militar y expresan la voluntad de sostener una posición internacionalista basada en las lecciones de la historia del Movimiento Obrero, una posición de clase, que llama a la movilización anticapitalista contra la guerra. En ese sentido inspiran un profundo respeto y emoción por la pasión revolucionaria que ponen en cada línea.

Sin embargo nos parece que también expresan una dificultad y al mismo tiempo un esfuerzo de clarificación sobre el imperialismo. Y a eso se suma un segundo problema, que es una perspectiva localista, que tiene muchas dificultades para plantear las cuestiones más allá del marco argentino.

La consecuencia más importante de la combinación de estas dos dificultades es que, si bien se sostiene una posición internacionalista ante el conflicto de las Malvinas, en cambio alguno de los textos (el documento nº 1) se deja arrastrar a la defensa de uno de los campos en sus comentarios sobre las guerras deVietnam y Argelia, que no se denuncian asimismo como guerras imperialistas[2].

Aunque en este documento nº1, “Nuestro desacuerdo con lo que se ha hecho y se está haciendo con las Malvinas”, hay un verdadero esfuerzo por denunciar el pacifismo y por plantear el problema de la guerra en términos materialistas, y también por basar la denuncia de la guerra en la continuidad de las posiciones del Movimiento Obrero, recordando la respuesta revolucionaria frente a la 1ª guerra mundial, falta una visión histórica del problema de la guerra, y por eso, una visión coherente del imperialismo. Hay un “totum revolutum” en el análisis de diferentes guerras en diferentes periodos históricos, donde se confunden las guerras por la constitución de naciones en Europa, con las guerras coloniales en  América Latina, con las guerras imperialistas.

En el documento nº4, “Malvinas, las responsabilidades ocultas”, sin embargo, hay un esfuerzo de clarificación sobre la cuestión del imperialismo, que se aborda frontalmente. Realmente llama la atención que el texto vuelva sobre las mismas cuestiones que había planteado el documento nº1 y trate de darles una respuesta mucho más elaborada y coherente. Y eso muestra un método indudablemente de la clase obrera, de tratar de llegar al fondo de las cuestiones honestamente, sin ningún tipo de tapujos ni trampas.

El documento nº 4, fiel a esa honestidad y a ese método, no puede evitar llegar a una contradicción. Partiendo del análisis del imperialismo de Lenin, que considera la evolución del capitalismo desde el punto de vista de cada capital nacional en sí mismo, que empujaría a unos capitales al imperialismo y a otros a la “liberación nacional”, resulta que en el caso concreto de la guerra de las Malvinas, el capital argentino ocupa un territorio que pertenece a la “Pérfida Albión”, a una de las viejas potencias que fue dueña del mundo. Pero ¿se trata entonces de una “guerra justa” como dicen los voceros de la burguesía en Argentina? ¿Realmente se puede pensar que Argentina en 1982 está llevando a cabo una guerra de “liberación nacional” o algo parecido contra Gran Bretaña?

El documento nº 4 se ve obligado a introducir el concepto de  “antiimperialismo nacionalista” para tratar de explicar esto.  A esbozar una posición que considera el imperialismo como un producto del desarrollo del capitalismo en un momento dado y que afecta a todos los países donde se ha desarrollado el capital. Así se llega a la conclusión de que, en nombre del antiimperialismo, puede expresarse sin embargo una lucha en defensa de los intereses capitalistas (e imperialistas, aunque no lleguen a formularlo explícitamente), como así fue el caso de Argentina. Esta posición abre la puerta a una comprensión de que las llamadas luchas de “liberación nacional”, fueron en realidad conflictos imperialistas entre fracciones de la burguesía local que se adscribían a los intereses de una u otra potencia imperialista. De esta forma se apunta (aunque no llegue a formularse explícitamente) una visión del imperialismo como el producto, no únicamente de unos capitales nacionales más avanzados, sino como el producto del desarrollo del capitalismo en su conjunto en un momento de su evolución, que convierte en imperialista (a la medida de sus posibilidades) a cualquier capital nacional por muy “de segunda” o “de tercera” división que sea. Esa posición coincide más con la que desarrolló Rosa Luxemburg en La crisis de la socialdemocracia y La Acumulación del capital.

En este sentido, el análisis sobre las verdaderas causas del conflicto, basadas, no en los intereses de las islas en sí, sino en las tentativas de reforzar la explotación y la sumisión de la clase obrera, coinciden en lo esencial con los que desarrolló la CCI en la misma época. Colgamos aquí, junto con la posición obrera desde Argentina, el artículo que publicó, “desde el otro lado”  nuestra sección en Gran Bretaña en el momento de la guerra[3].

Artículo publicado en World Revolution nº 50 (1982)

Este artículo se publicó originariamente  en World Revolution nº 50 ([1]), en Junio de 1982. Lo republicamos ahora (2007), ante la marea de artículos y documentales conmemorando el 25 aniversario de la guerra de las Malvinas (Falklands) ([2]). El artículo argumenta que la guerra no fue, como muchas otras del mismo periodo, una expresión del conflicto entre los bloques imperialistas ruso y americano, tampoco fue una pelea por un conflicto de intereses económicos o estratégicos entre Gran Bretaña y Argentina. Fue sobre todo una guerra dirigida a la clase obrera. Esto fue más evidente en Argentina, donde se desató la histeria nacionalista sobre las Malvinas para intentar ahogar la creciente resistencia de la clase obrera a la Junta Militar. Pero lo mismo se puede aplicar a la burguesía en Gran Bretaña, que utilizó la guerra para reforzar el equipo de gobierno en el poder y para probar el armamento de guerra, tanto militar como ideológico. Este artículo argumenta pues, que la guerra fue un claro ejemplo del cínico maquiavelismo de la clase dominante. Los acontecimientos posteriores, aunque han tenido lugar en un paisaje imperialista alterado, han confirmado esta apreciación básica. Las técnicas de propaganda probadas durante la guerra de las Malvinas, se usaron después una y otra vez en las subsiguientes guerras en las que se han visto implicadas las grandes potencias –la guerra del Golfo de 1991, la guerra de los Balcanes, o la invasión de Afganistán e Irak. Y estas guerras han confirmado plenamente la capacidad de intriga y conspiración de la burguesía, sea empujando a Saddam Hussein a la invasión de Kuwait en 1991, para luego desencadenar la guerra del Golfo, o 10 años  más tarde, permitiendo que Al Qaeda procediera con sus ataques a las Torres Gemelas para dar así un pretexto perfecto para desencadenar “la guerra contra el terrorismo”.

No hay que entender el cínico derramamiento de sangre que se ha producido en el sur del Atlántico como un conflicto imperialista entre los dos bloques USA y URSS, ni tampoco como el desesperado intento final de salvar el honor del viejo y pasado de moda colonialismo británico. Primero y ante todo, la “guerra” de las Malvinas tiene que entenderse como parte de la guerra que lleva a cabo la burguesía mundial contra el proletariado. Surgiendo al primer plano de la actualidad tras la represión de diciembre en Polonia[3], este conflicto es parte de una estrategia mundial de la burguesía para desmoralizar al proletariado y quebrar su voluntad de resistir a los efectos de la crisis

Hay algunos en el Medio revolucionario que ven la interpretación de la CCI de estos hechos como una especie de “teoría de la conspiración”, como un “maquiavelismo” trastornado. Pero la CCI está completamente cuerda cuando explica como la burguesía en este periodo es capaz de trabajar junta contra la clase obrera: las bases de esto residen en las condiciones objetivas del capitalismo en su fase decadente y en la profundidad de la crisis económica, que hace de la cuestión de la lucha de clases la preocupación más crucial y constante del conjunto de la burguesía. Quienes permanecen ciegos ante las implicaciones de esta realidad básica, y ante el hecho de que la burguesía es capaz de “conspirar” contra los trabajadores, de manipular los acontecimientos, corren el riesgo de subestimar seriamente la fuerza del enemigo de clase.

Los dos elementos clave del capitalismo decadente que ponen las bases del maquiavelismo de la burguesía son:

  1. El capitalismo de Estado, que expresa la tendencia del Estado en todas partes a controlar todas las actividades de la sociedad y devenir el principal agente del capital, para apuntalar el sistema decadente y evitar su destrucción. Hoy el poder está concentrado en el aparato ejecutivo del Estado en mucha mayor medida que durante el siglo pasado, cuando el capital privado aún era una fuerza importante en la economía.
  2. La división del mundo en dos grandes bloques económicos y militares y la subordinación de las potencias imperialistas menores a los intereses de los líderes, EEUU y la URSS, incluyendo la organización de estructuras del imperialismo mundial: OTAN, Pacto de Varsovia, CEE, etc.

Confrontada a la amenaza de la lucha de clases unida por encima de las fronteras nacionales, la burguesía se ha visto impulsada a unir su propia lucha incluso más allá de su división en bloques. Solo hay que ver cómo los rivales imperialistas apartaron de lado momentáneamente sus propias querellas y trabajaron conjuntamente para aislar y sofocar el peligro de la huelga de masas en Polonia en 1980-81, allanando el camino para la represión del 13 de Diciembre, para darse cuenta de hasta donde puede llegar la burguesía cuando su sistema sea amenazado.

Cómo utiliza la burguesía la crisis de las Malvinas

Un breve examen de los sucesos de las Malvinas muestra que se trata de otro ejemplo de un “frente unido” contra la clase obrera. Pero esta vez casi exclusivamente confinado a un bloque imperialista: los dos protagonistas son ambos aliados del bloque USA. No hay realmente ningún peligro serio de influencia desestabilizadora de la URSS en la región. De hecho, sería difícil encontrar una parte del mundo más “a salvo”, o un pedazo de territorio con menos utilidad para que se desencadene un baño de sangre  por su control, que las islas Malvinas.

Obviamente, teniendo eso en cuenta, para USA no tiene mucho sentido que los efectivos militares de sus amigos y aliados se den una paliza, pero en cambio vale la pena si, de rebote, la Junta militar argentina puede empantanar las huelgas y el descontento en una oleada de nacionalismo; y especialmente si a los obreros de Europa se les enseña una lección esencial para el futuro: “no te molestes por luchar y prepárate a hacer sacrificios por la gloria de la democracia”. Si esto tuviera éxito, haría más a largo plazo por los preparativos de guerra de la burguesía que cien misiles Cruise, y por eso representa un ej clave de los esfuerzos concertados de la burguesía para desmoralizar y desviar a los principales batallones de la clase obrera en Europa Occidental.

Con estos objetivos básicos de la burguesía en mente, es obvio que los viajes diplomáticos del secretario de Estado USA, Mr Haig, y los interminables intentos de una “salida negociada” eran meramente parte de una calculada cuenta atrás en una limitada implicación militar que sirviera para lanzar esos mensajes. Si los intereses de USA estuvieran seriamente amenazados en esta “guerra”, tiene suficientes recursos económicos y fuerza militar, si fuera necesario, para detenerla, empleando la OTAN, el FMI y todas las estructuras de bloque construidas para mantener su hegemonía; y la estrecha implicación de EEUU en el dispositivo militar de los Estados sudamericanos, le hubiera permitido disponer ampliamente de un preaviso de las intenciones de Argentina de invadir las Malvinas, lo que puede decirse  con plena seguridad que ha sido consentido.

Puesto que Gran Bretaña es uno de los aliados de USA más leales y mejor entrenados, merece la pena examinar la respuesta del gobierno Thatcher. Aunque la invasión de Argentina ha estado motivada fundamentalmente por la necesidad de desviar  una oleada de lucha de clases, Galtieri, desde su llegada al poder, no ha ocultado su intención de reclamar las Malvinas, incluso por la fuerza si fuera necesario. Además de esas insinuaciones descaradas, y de sus propios informes de inteligencia sobre las intenciones de Argentina, el gobierno británico tiene acceso a toda la parafernalia USA de vigilancia, incluyendo satélites espías que podrían (como se ha revelado en programas recientes de TV) no sólo detectar cada movimiento de la fuerza naval argentina en el Atlántico sur, sino también captar órdenes transmitidas por el ministerio de Defensa en Buenos Aires.

Esta previsión, incluso aceptando la falibilidad de la alta tecnología capitalista, apunta de sobra a una deliberada inacción del gobierno británico, que de hecho estaba muy cerca de alcanzar un acuerdo permanente sobre el futuro de las islas con la Junta militar antes de la invasión (y por esto Carrington y los ministros de Asuntos exteriores implicados tuvieron que dimitir). De algunas de las declaraciones de Carrington tras su dimisión puede deducirse que estos altos funcionarios del Estado habían estado insinuando que, en vistas del acuerdo inminente, si Argentina invadiera, no valdría la pena que Gran Bretaña respondiera.

Algunos de los comentaristas burgueses más inteligentes (como Peter Jenkins de The Guardian) han argumentado que no vale la pena luchar por las Malvinas puesto que Gran Bretaña de todas formas en algún momento tendría que negociar su independencia. Realmente la guerra de las Malvinas no tiene ningún sentido desde el punto de vista económico, pero esa no es la cuestión: el gobierno británico, con el acuerdo tácito de la burguesía USA, permitió deliberadamente que se produjera la invasión argentina para desencadenar una campaña contra la clase obrera a domicilio. La “pérdida” inicial de las Malvinas era necesaria para crear el mito de la “agresión argentina”, y suscitar el máximo apoyo de la población al empleo de la fuerza y la acción militar. Semejante treta no es ninguna novedad; según el Profesor John Erikson, de la Universidad de Edimburgo, los gobiernos británico y norteamericano, tenían serias advertencias de la invasión rusa de Afganistán en Diciembre de 1979 al menos 8 meses antes, pero permanecieron quietos cínicamente para magnificar la propaganda anti-URSS frente a un “ataque sorpresa”. También hoy es aceptado por muchos historiadores burgueses, que EEUU sabía perfectamente las coordenadas del ataque a Pearl Harbor de 1941 previsto por Japón, pero dejó que ocurriera para permitir así un medio rápido y efectivo de movilizar a la población a la guerra.

Esta “guerra”  “por la democracia”, “por la libertad” y “la soberanía nacional”, es tan artificial que los bancos británicos permiten descubiertos y otorgan créditos a corto plazo a Argentina; aunque están preocupados por los intereses de sus créditos, en nombre de los intereses de la estabilidad del bloque occidental, están dispuestos a evitar la quiebra Argentina a toda costa ([4]). Entretanto, los dirigentes de los grandes bancos USA están preparando sus próximas visitas a Argentina, tan pronto como cesen las hostilidades abiertas, para discutir la renegociación de su colosal deuda de 32 billones de dólares ([5]). Efectivamente, la presente “guerra” está siendo financiada por el bloque occidental, y Gran Bretaña está ayudando a pagar una guerra contra sí mismo, para desplegar una campaña contra la clase obrera a domicilio. Esto aún destaca más el hecho de que la “guerra” en el Atlántico sur es una vasto espectáculo, orquestado por el imperialismo mundial, y dirigido contra el proletariado internacional.

La importancia de comprender cómo la burguesía “conspira” contra el proletariado es obvia: si la clase obrera confronta un enemigo que está organizado a escala mundial,  sólo puede luchar contra su enemigo organizándose  ella mismo a escala mundial. Para derrotar la estrategia global del capital, el proletariado necesita su propia estrategia global: la estrategia de la huelga de masas internacional y la insurrección mundial.

Mark Hayes, Mayo 1982

[1] World Revolution es la publicación de la CCI en Gran Bretaña.

[2] A lo largo del artículo original, se emplea lógicamente la denominación inglesa de las islas, que se conocen como las Falklands. Aquí hemos empleado sin embargo la denominación en español de las islas: Malvinas.

[3] Cuando se enviaron los tanques rusos contra la clase obrera polaca después de que hubiera empezado a debilitarse la huelga de masas de 1980. Ver http://es.internationalism.org/Rint103/03.htm

[4] Guardian, 1 mayo 1982.

[5] Guardian 7 de mayo 1982.

[1] Para un recuerdo rápido, sobre todo a los más jóvenes, la guerra de las Malvinas estalló en 1982, tras la ocupación militar argentina de esas pequeñas islas a mil Kms de su costa sur, y dominio de Gran Bretaña (donde se conocen como islas Falkand). Las islas no tienen ningún interés desde el punto de vista de la explotación de los recursos económicos y muy escaso interés estratégico (para mayor información, ver los textos y las referencias que se publican a continuación). Recientemente se pueden leer algunos artículos sobre esta guerra en los periódicos también en España, e incluso hay referencias en una película que ha estado en cartelera; “un cuento chino”

[2] Para un análisis de la guerra de Vietnam y Argelia, ver nuestro folleto Nación o clase. Las llamadas “luchas de liberación nacional” desde los años 60, fueron en realidad guerras donde se enfrentaban diferentes bandos de la burguesía local apadrinados por uno u otro de los dos grandes bloques imperialistas que surgieron de la 2ª guerra mundial: USA y URSS, y sus aliados. Así la victoria del Viet Cong fue en realidad apadrinada por la URSS, aunque resultó finalmente una “amarga victoria”, puesto que USA cedió el peón de Vietnam, donde la situación se le hacía cada vez más complicada, particularmente por las protestas contra la guerra en Estados Unidos, pero a cambio ganó a China para su bloque imperialista. De forma similar, muchos de los países que llegaron a su “liberación nacional” al ser reclutados por el bloque URSS, pasaron después al bloque USA, del cual (directamente del vasallaje de EEUU o de alguno de sus aliados) se habían supuestamente “liberado” (como fue el caso de Egipto por ej., o de la propia Argelia).

[3] La CCI también publicó un editorial sobre la guerra de las Malvinas en la Revista Internacional nº 30, que lamentablemente no está disponible en español en la web, pero que puedes solicitar por correo. Sí se puede leer sin embargo en la web en inglés y en francés.

 

AdjuntoTamaño
malvinas_no_todo_fue_complicidad_y_silencio.pdf10.36 MB