¿Por qué es tan difícil luchar y cómo superar estas dificultades?

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Todo parece a priori favorable para una explosión sin precedentes de la ira de la clase obrera. La crisis es evidente, a ella nadie escapa. Muy pocos creen todavía en la "salida de la crisis" la cual nos restriegan en las orejas todos los días. El planeta nos exhibe diariamente un espectáculo de devastación: guerras y bar­barie, insoportables hambrunas, epidemias, sin mencionar la manipulación irresponsable de los aprendices de brujo de­­lirantes a los que se entregan los capitalistas para tratar la naturaleza, la vida y nuestra salud, en nombre de la ganancia.

Frente a todo esto, es difícil imaginar que otro sentimiento que no sea el de la revuelta y la indignación pudieran ocupar las mentes.Es difícil pensar que una mayoría de trabajadores todavía creen en un futuro bajo el capitalismo. Y sin embargo, las masas no han tomado aún totalmente el camino de la lucha. Nos preguntamos entonces, ¿la aplanadora de la crisis es demasiado potente como para que la desmoralización sea insuperable?

Grandes dificultades...

No cabe duda que la clase trabajadora está experimentando dificultades significativas. Hay al menos cuatro razones para ello:

La primera, de lejos la más importante, es simplemente que el proletariado no es consciente de sí mismo, perdió su propia identidad de clase. Tras la caída del muro de Berlín, toda una campaña se desató en la década de 1990 para intentar convencernos de la quiebra histórica del comunismo. Los más atrevidos - y más tontos - anunciaron incluso "el fin de la historia", el triunfo de la paz y la 'democracia'... Igualando el comunismo al cadáver monstruoso del estalinismo podrido, la clase dominante ha intentado desacreditar por adelantado cualquier perspectiva de la clase obrera para derrocar el sistema capitalista. No contento con tratar de destruir cualquier idea de una perspectiva revolucionaria, también intentó hacer del combate del proletariado una especie de arcaísmo adecuado solo para preservarlo como 'memoria cultural' en el museo de la historia, al igual que los fósiles de dinosaurios o la cueva de Lascaux.

Sobre todo, la burguesía no ha dejado de insistir en el hecho de que la clase obrera en su forma clásica había desaparecido de la escena política. Todos los sociólogos, periodistas, políticos y filósofos de domingo machacan la idea de que han desaparecido las clases sociales, derretidas en el magma informe de la "clase media". Es el sueño permanente de la burguesía de una sociedad donde los proletarios serían simples 'ciudadanos', separados en categorías socio profesionales más o menos diferenciadas pero sobre todo bien divididos, - en los de blanco, los de azul, empleados, precarios, desempleados, etc.,- con intereses divergentes, que "no se unen" sino temporalmente, aislados y pasivos, en las urnas electorales. Y es cierto que el revuelo sobre la desaparición de la clase obrera, concienzudamente repetida en reportajes, libros, programas de televisión... tuvo como resultado que muchos trabajadores no se conciben por ahora como una parte de la clase obrera y aún menos como una clase social independiente.

De esta pérdida de identidad de clase se desprende, en segundo lugar, las dificultades del proletariado para afirmar su lucha y su perspectiva histórica. En un contexto así la burguesía no tiene ninguna perspectiva que ofrecer que no sea la austeridad, el cada uno para sí, el aislamiento y el sálvese quien pueda. La clase dominante utiliza esos sentimientos para poner a unos explotados contra los otros, para dividirlos y así evitar cualquier respuesta unida y situarnos en la desesperación.

El tercer factor, como consecuencia de los dos primeros, es que la brutalidad de la crisis tiende a paralizar a muchos proletarios, por temor a caer en la pobreza absoluta, incapaces de alimentar a su familia y terminar en la calle, aislados y expuestos a la represión. Incluso si algunos son empujados a mostrar su enojo, como los “indignados”, no se conciben como una verdadera clase en lucha. Esto, a pesar de los esfuerzos y los movimientos de carácter a veces relativamente masivos, limita la capacidad de resistir a los engaños y las trampas establecidas por la clase dominante para reapropiarse de las experiencias  de la historia, para sacar las lecciones con el retroceso y la profundidad necesarias.

Finalmente, existe un cuarto elemento importante para explicar las dificultades actuales de la clase obrera para desarrollar su lucha contra el sistema: es el arsenal de encuadramiento de la burguesía, abiertamente represivo, como las fuerzas de policía, o especialmente más insidiosos y mucho más eficaces, como los sindicatos. Sobre este último aspecto, en particular, la clase obrera aún no logra superar sus miedos para luchar fuera del control sindical, incluso si los que aún tienen ilusiones acerca de la capacidad de los sindicatos para defender nuestros intereses son cada vez menos numerosos. Y este encuadramiento físico tiene su contraparte en un control ideológico más o menos manejado por los sindicatos, medios de comunicación, intelectuales y partidos de izquierda, etc. La burguesía hace esto sin encontrar mucha resistencia.

Ideología democrática. Cualquier acontecimiento es utilizado para ensalzar los beneficios de la democracia. La democracia es presentada como un marco donde se desarrollan todas las libertades, donde se expresan todas las opiniones, donde el poder es legitimado por el pueblo, donde se fomentan iniciativas, donde todo el mundo puede acceder al conocimientos, a la cultura, la salud y, por qué no, al poder. En realidad, la democracia ofrece solo un marco nacional para el desarrollo del poder de las elites, del poder de la burguesía, el resto es solo una ilusión, la ilusión de que pasando por una urna de votación se ejercería un cierto poder, que en las cámaras de diputados y senadores se expresarían las opiniones de la población a través del voto de los 'representantes'. No hay que subestimar el peso de esta ideología sobre la conciencia de la clase trabajadora, tampoco hay que olvidar el enorme shock que provocó el colapso del estalinismo en la década de 1980 y 1990. A todo este arsenal ideológico hay que agregar la ideología religiosa. Esto no es nuevo si consideramos que ésta acompañó a la humanidad desde sus primeros pasos en la necesidad de comprender su entorno. No es nuevo tampoco si recordamos que siempre ha legitimado todo tipo de poderes a lo largo de la historia. Pero lo que hoy aparece como original es que se ha añadido este tema a las reflexiones de una parte de la clase obrera frente a un capitalismo destructivo y en quiebra. La religión desvía esta reflexión explicando la "decadencia" del mundo occidental por su alejamiento de los valores portados por la religión desde hace miles de años, en particular las religiones monoteístas. La ideología religiosa reduce a nada la extrema complejidad de la situación. Solo trae respuestas simples, fácil de implementar. En sus formas fundamentalistas, convence solo a una pequeña minoría de los trabajadores, pero de manera más general, contribuye a parasitar la reflexión de la clase obrera.

... y un gran potencial

Este panorama es un poco desalentador: frente a una burguesía que domina con sus armas ideológicas, frente a un sistema que amenaza con la miseria a la mayor parte de la población mundial, cuando no es que ya están sumergidas en ella directamente, ¿hay lugar todavía para desarrollar un pensamiento positivo, para albergar una esperanza? ¿Hay realmente todavía una fuerza social capaz de realizar una obra tan inmensa como la transformación radical de la sociedad? A esta pregunta hay que contestar sin dudarlo: ¡sí! ¡Cientos de veces sí! No es una fe ciega en la clase trabajadora, una fe casi religiosa en los escritos de Marx, o un deseo desesperado por una revolución perdida de antemano. Se trata de tomar distancia para tener un análisis sereno de la situación más allá de los retos inmediatos, tratar de comprender lo que significan realmente las luchas de la clase trabajadora en la escena social y estudiar en profundidad el papel histórico del proletariado.

En nuestra prensa hemos analizado ya que, desde el 2003, la clase obrera está en una dinámica positiva en comparación con el retroceso que sufrió con el colapso de los países del este. Muchas manifestaciones de este análisis se encuentran en luchas más o menos importantes pero que tienen todas como característica el mostrar la reapropiación progresiva por la clase de sus reflejos históricos como la solidaridad, la reflexión colectiva y más simplemente, el entusiasmo ante la adversidad.

Pudimos ver estos elementos de forma concreta en las luchas contra las reformas de pensiones en Francia en 2003 y 2010-2011, en la lucha contra el CPE, también en Francia en 2006, de forma menos extendida en Gran Bretaña (en el aeropuerto de Heathrow, refinerías de Lindsay), en los Estados Unidos (Metro de la ciudad de Nueva York), en España (Vigo), en Egipto, en Dubái, en China, etc. Los movimientos de indignados y Occupay, sobre todo, reflejan una expresión mucho más general y ambiciosa que lucha que se desarrolla dentro de una empresa, por ejemplo. ¿Qué hemos visto particularmente en los movimientos de los Indignos? Trabajadores de todas las profesiones, desde precarios a empleados, simplemente vinieron para vivir una experiencia colectiva y esperan de ella una mejor comprensión de los retos del periodo. Hemos visto personas entusiasmarse con la sola idea de volver a discutir libremente con otros. Hemos visto personas discutir experiencias alternativas y plantear sus fortalezas y limitaciones. Hemos visto personas que se niegan a ser impasibles víctimas de una crisis que no han causado y se niegan a pagar. Hemos visto personas implementar las Asambleas espontáneas, adoptando formas de expresión que favorecen la reflexión y la confrontación, limitando la interrupción y el sabotaje de los debates. Por último y lo más importante, el movimiento de los Indignados permitió el surgimiento de un sentimiento internacionalista, la comprensión que, en todas partes del mundo, estamos experimentando la misma crisis y que debemos luchar contra ella más allá de las fronteras.

Por supuesto, poco o casi nada se ha oído hablar explícitamente de comunismo, de revolución proletaria, de clase trabajadora y burguesía, guerra civil, etc. Pero lo que han mostrado estos movimientos es, sobre todo, la creatividad excepcional de la clase obrera, su capacidad para organizarse, debido a su carácter inalienable de fuerza social independiente. La reapropiación consciente de estas características es todavía una meta en un camino largo y tortuoso, pero que sin lugar a dudas está ya en marcha. Es, necesariamente, un proceso que se acompaña de decantación, de reflujos, de desalientos parciales. Esto sin embargo, alimenta la reflexión de las minorías que están en la vanguardia de la lucha de la clase trabajadora a nivel mundial, y cuyo desarrollo es visible y cuantificable, desde hace varios años.

Este es un proceso sano que contribuye a la clarificación de los retos que enfrenta la clase obrera hoy.

Finalmente, aunque las dificultades de la clase trabajadora son enormes, nada de la situación nos hace decir que los retos están ya decididos, que la clase obrera no tendrá la fuerza para desarrollar luchas masivas y después revolucionarias. Por el contrario, se multiplican las expresiones vivas de la clase y estudiando lo que tienen en realidad, no en apariencia, donde solo su fragilidad es obvia, sino en su profundidad, entonces aparece el potencial, la promesa de futuro que contienen. Su carácter minoritario, disperso y esporádico nos recuerdan que las principales cualidades de los revolucionarios son la paciencia y su confianza en la clase obrera! Esta paciencia y esta confianza se basa en la comprensión de lo que históricamente es la clase obrera: primera clase explotada y revolucionaria que tiene por misión emancipar a toda la humanidad del yugo de la explotación. Esta es una visión materialista, histórica, de largo plazo; es esta visión lo que nos permitió escribir en 2003, cuando hacíamos el balance de nuestro XV congreso internacional:"Como dicen Marx y Engels, no se trata de considerar " lo que tal o cual proletario, incluso el proletariado en su conjunto, se imagina como meta en un momento dado. Solo importa lo que es y lo que históricamente está obligada a hacer conforme a su ser" (la Sagrada Familia). Una tal visión nos muestra principalmente que, ante los golpes muy fuertes de la crisis del capitalismo, que se traducen en ataques cada vez más feroces, la clase reacciona y reaccionará necesariamente mediante el desarrollo de su lucha. Este combate, en sus primeras etapas, se realizará en una serie de escaramuzas, que anunciarán un esfuerzo para ir a las luchas cada vez más masivas. Es en este proceso que la clase se verá de nuevo como una clase distinta, con sus propios intereses y tenderá a reencontrar su identidad, aspecto esencial que a su vez estimulará su lucha."

GD, 25 de octubre