Venezuela. Elecciones parlamentarias del 26 de septiembre

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Una vez mas, por 13ª vez durante los 11 años de gobierno de Chávez, las facciones chavistas y oposicionistas del capital nacional, convocan al proletariado a las urnas electorales. Otra vez, la confrontación entre ambas facciones, que ha dominado el escenario político desde el ascenso de Chávez al poder en 1999, se traslada al terreno electoral, intentando arrastrar a los trabajadores y al conjunto de la sociedad tras las banderas de una u otra facción. Tal como lo hemos planteado en anteriores artículos, el proletariado tiene todas la de perder en esta nueva contienda electoral, donde los chavistas agrupados en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) luchan por permanecer en el poder, y los opositores pujan por desplazarlos, agrupados esta vez en la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

 

En efecto, las elecciones parlamentarias del 26 de septiembre (26S), al igual que en anteriores procesos electorales, están planteadas en términos plebiscitarios por el chavismo y el propio Chávez, quien de nuevo recurre a su verbo encendido en contra de los opositores (a los que califica de golpistas, pitiyanquis, etc.) con la intención de aglutinar a sus seguidores y amedrentar a los partidarios de la MUD. También los opositores asumen las elecciones del 26S en los mismos términos: plantean que la única forma de frenar al gobierno "comunista" de Chávez y sus nefastas consecuencias para la democracia es conquistando la mayoría en la AN, desde el 2007 controlada en su totalidad por el oficialismo.

 

Pero estas elecciones se desarrollan en un contexto completamente diferente a las anteriores, el cual acentúa la polarización política y plantea un escenario de exacerbación de las confrontaciones entre fuerzas oficialistas y opositoras:

 

-la economía venezolana ha sido seriamente golpeada por la crisis capitalista mundial que se expresa en una baja considerable en los ingresos petroleros desde mediados del 2008 (que aportan mas del 90% de los ingresos del país), que ha ocasionado que el país se encuentre en recesión desde el 2009 (PIB de -3,3%) hasta la fecha; según la CEPAL Venezuela será el país que tendrá menor crecimiento económico en el 2010 al lado de Haití. A esta situación han contribuido las medidas capitalistas de estado de corte totalitario que ha tomado el régimen para intentar enfrentar la crisis (control de cambio, control de precios) y controlar a los sectores del capital nacional a través de leyes en el plano económico, que han ocasionado una baja inversión de capitales nacionales e internacionales; a lo que se le añade un crecimiento desmedido del gasto público y de las importaciones que han reafirmado el carácter rentista de la economía venezolana, que han mermado con la baja de los ingresos petroleros; medidas que en su conjunto ocasionan que Venezuela sea el país con la mayor inflación en AL en los últimos tres años (con una inflación acumulada del 96% en ese período) y con una de las economías menos competitivas de la región.

 

-los efectos de la crisis han dejado al desnudo las debilidades, incapacidad y descomposición de la burguesía venezolana en su conjunto y de su fracción chavista en particular: altos niveles de corrupción que superan con creces los niveles de los gobiernos del pasado; abandono de la atención del estado a los servicios públicos de salud, educación (pese a que éstos han sido y siguen siendo planteados por la propaganda oficialista como los grandes "logros" del "socialismo bolivariano"), de seguridad pública, deterioro de la infraestructura vial y de servicios, etc. Estas debilidades del estado, que ya se manifestaban durante los gobiernos anteriores al de Chávez, se han mostrado de manera dramática en los últimos meses a través de: la crisis del servicio eléctrico y de suministro de agua, que ocasiona racionamientos y fallas eléctricas en todo el país (siendo un país con una de las mayores infraestructuras de servicio eléctrico en la región, productor de combustible y con abundantes recursos hídricos); el mal manejo y distribución de alimentos por parte de los entes del estado, que ha ocasionado se descompongan mas de 100 mil toneladas de alimentos importados para suplir los planes populistas; el crecimiento sostenido de los índices de criminalidad, que ubican a Venezuela en una de las tasas mas altas de asesinatos a nivel mundial, de 75 por cada 100 mil habitantes, superando a países como Colombia (37) y México (10) .

 

-la merma de los ingresos petroleros, junto con las ineficiencias del estado, le han dificultado al chavismo mantener los planes populistas de la "revolución" bolivariana (llamados Misiones), lo que ha repercutido en una baja en la popularidad del régimen y del propio Chávez a nivel de las masas mas pauperizadas, principal base de sustentación del chavismo. Por otra parte, a nivel de esas capas y otros sectores de la sociedad son frecuentes las protestas y movilizaciones por la falta de servicios, contra la criminalidad o reclamando ofertas incumplidas por el gobierno. También son frecuentes las protestas de los trabajadores, principalmente dependientes de las instituciones o empresas del estado, exigiendo reivindicaciones salariales o beneficios laborales. Se observa entonces que se ha creado un ambiente de convulsión social, el cual precisamente la burguesía pretendió enfrentar a finales de los 90 con el ascenso de Chávez al gobierno; pero parece que "ha sido peor el remedio que la enfermedad". Es tal la incapacidad del régimen de realizar la gestión de estado, que ha llevado a sectores de la burguesía de dentro y fuera del país a catalogar al de Venezuela como un "estado fallido".

 

-como respuesta a este descalabro de la fracción chavista de la burguesía, las fuerzas opositoras del capital nacional se han visto en la urgencia de fraguar una unidad, y por primera vez en 11 años de gobierno de Chávez, se presentan unidas a unas elecciones a través de la MUD. A diferencia de las últimas elecciones parlamentarias del 2005, donde los candidatos de oposición desistieron de participar debido al ventajismo oficial, ahora lo hacen en bloque, a pesar de que se mantiene de manera descarada el ventajismo oficial[1]. La estrategia de la oposición ha sido dejar que el chavismo "se cueza en su propia salsa" y ahora aprovechar su debilitamiento, cuidándose de no caer en las zancadillas y "trapos rojos" que constantemente éste coloca.

 

-al debilitamiento interno del chavismo, se une un debilitamiento a nivel internacional. Después del derrocamiento de Zelaya en Honduras, debido a la acción de los EEUU y de varios países de la región (Costa Rica, Panamá, Perú, etc.), ha habido un debilitamiento progresivo de las intenciones imperialistas de Venezuela. Es evidente que los EEUU necesitan un "patio trasero" en calma para proseguir sus planes económicos e imperialistas; de allí la necesidad de frenar las intenciones de pequeño imperialista de Chávez, quien explota el antiamericanismo en la región. La posición geopolítica de Venezuela se ha debilitado a tal nivel, que una vez asumió Santos el gobierno de Colombia en agosto pasado, inmediatamente Chávez inició el restablecimiento de relaciones, debido fundamentalmente a que Colombia es el principal proveedor de alimentos y manufacturas, que se abaratan por ser países fronterizos. Por otra parte, también debido a los efectos de la crisis, los países de la región que se benefician de acuerdos petroleros, comienzan a percibir que Venezuela puede dejar de ser un proveedor confiable de petróleo; de hecho algunos planes energéticos en la región se han visto afectados.

 

Este contexto, evidentemente nada positivo para el régimen chavista, ha sido utilizado de manera bastante inteligente por las fuerzas opositoras ante las próximas elecciones parlamentarias para ir ganando espacios a nivel de los trabajadores y sobre todo en los barrios de las principales ciudades, tradicionalmente bastiones del chavismo. Ante este avance opositor, la estrategia utilizada por el oficialismo es vender la figura carismática de Chávez como portaaviones, quien es el que aparece en las vallas publicitarias, siendo la mayoría de los candidatos oficialistas a la Asamblea unos desconocidos; sin embargo, dada la baja en la popularidad de Chávez, puede ser que el portaaviones no funcione como en el pasado. Tal ha sido la intensidad de la campaña, altamente polarizada, que se estima una participación cercana al 70%, algo nunca visto en este tipo de elecciones. A pocos días de las elecciones del 26S, las principales encuestadoras dan pequeños márgenes de diferencia entre oficialistas y opositores (de 4 o 5 puntos), e incluso algunas hablan de empate técnico entre ambas tendencias.

 

La burguesía no quiere ni puede evitar la confrontación

 

Ante esta realidad el chavismo y el propio Chávez responden con amenazas, intimidación y acciones de los poderes públicos contra los opositores; en las últimas semanas, Chávez ha intensificado las cadenas de radio y televisión para inaugurar "obras" y nuevos planes, como en una acción desesperada para intentar lavar la cara a su gobierno, momentos que aprovecha para arengar a sus seguidores y amenazar con "radicalizar la revolución" en caso de que el chavismo pierda espacios. De igual manera se induce el miedo y la incertidumbre en las masas chavistas al plantear que de ganar la oposición, ésta juzgará a Chávez y se perderán los "logros de la revolución", en particular las Misiones. En las arengas contra los opositores Chávez les recuerda que la "revolución bolivariana" es una "revolución armada", que cuenta no sólo con la Fuerza Armada, sino con la Milicia Bolivariana (que ha sido sacada a la calle con la excusa de controlar la delincuencia); y aunque no lo dice, sabe que cuenta con grupos armados en Caracas y otras ciudades del país, los cuales conforman pequeños estados dentro del estado.

 

En ese sentido, la perspectiva que se abre, independientemente del resultado electoral, es una radicalización de la confrontación entre las facciones burguesas; que se va a extender desde ahora a las elecciones presidenciales de 2012 y de seguro más allá. Ni oficialistas ni opositores pueden detener esta loca carrera por el poder: Chávez y su camarilla no están dispuestos a dejar el poder; en una de sus alocuciones recientes dijo que gobernará hasta 2030; por su parte la oposición tratará de actuar en bloque contra el régimen, obviamente con el apoyo del "imperio". Es casi inevitable que las confrontaciones se exacerben a niveles mucho mayores que los que hemos visto hasta ahora, que pueden llevar a situaciones de anarquía e ingobernabilidad, e incluso confrontaciones armadas.

 

El estado actual de las confrontaciones interburguesas es el desenlace fatal de los altos niveles de descomposición de la burguesía venezolana, que han llevado a que fracciones de la pequeña burguesía conformada por elementos de la izquierda del capital, izquierdistas y militares, hayan tomado por asalto al estado venezolano, con una visión provincial y fundamentalista; en ese sentido no está alejado de la realidad cuando algunos opositores califican de "talibanes" a Chávez y a quienes están a la cabeza del gobierno. Los sectores opositores del capital nacional, que en su momento varios de ellos dieron su apoyo a Chávez, pretenden enderezar su entuerto, pero en un ambiente de confrontación con consecuencias impredecibles.

 

La salida del proletariado es la lucha

 

El proletariado debe impedir dejarse arrastrar por estas confrontaciones, que ni oficialistas ni opositores pueden ni quieren impedir. Debe tener en mente las consecuencias de la huelga petrolera contra el gobierno de finales de 2002 inducida por la oposición, donde llegaron a confrontarse obreros contra obreros en las zonas petroleras y en la Zona del Hierro en Guayana, y dejó un saldo de cerca de 20.000 trabajadores despedidos y la solidaridad obrera seriamente debilitada; o la huelga convocada por los patrones en el 2001, que fue aprovechada por éstos para despedir trabajadores y precarizar aún mas las condiciones de trabajo. El proletariado tiene todas la de perder en estas confrontaciones, que sea cual sea su resultado beneficiará a una o otra facción del capital, mientras las masas excluidas sociales y eventualmente el proletariado será quien ponga la carne de cañón, como ha ocurrido en este tipo de confrontaciones burguesas a lo largo de la historia del capitalismo.

 

Gane quien gane estas elecciones y la contienda final por intentar desplazar al chavismo del poder, la perspectiva para el proletariado es que esas mismas facciones que hoy se confrontan, acentúen la precariedad, el hambre y la barbarie en las filas obreras y en la población. Ya el chavismo nos ha dado muestra de ello a través de la negación de discusión de las contrataciones colectivas, la desmejora a los beneficios sociales de los trabajadores formales, los bajos salarios sin beneficio de los trabajadores de las cooperativas, la desmejora o eliminación progresiva de los seguros de salud, la criminalización de la protesta de los trabajadores, etc. Los opositores, de llegar de nuevo al poder, proseguirán estos ataques con la excusa de que el régimen chavista dejó en "ruinas la economía"; ya conocemos ese cuento.

 

La única forma de contrarrestar esta polarización es plantándose en su terreno de clase: luchar contra los capitalistas rojos, verdes, blanco o azules, en la defensa de nuestras condiciones de vida y de nuestras familias; tal como lo hacen hoy los obreros de Guayana, aunque fuertemente penetrados por las tropas sindicales del chavismo, opositores y trotskistas; como lo han hecho los trabajadores petroleros, del Metro y del sector eléctrico; y como lo hacen los trabajadores de Mercal y de otras de las Misiones creadas por el gobierno. Deben basar sus luchas en genuinas asambleas donde participen trabajadores de diferentes industrias y empresas; rechazar la consigna del "control obrero" promovida por el chavismo y secundada por el trotskismo, ya que es la forma "inventada" por la izquierda del capital para acentuar la precarización en las filas obreras.

 

Pero, el nivel de confrontación interburguesa ha avanzado tanto, que la situación actual requiere del desarrollo de un mayor grado de conciencia de clase del proletariado venezolano, ya que no sólo está amenazado físicamente, sino que puede salir seriamente golpeado y quedar limitado o imposibilitado de luchar por un tiempo contra el capitalismo, fuente de la barbarie que hoy vivimos. En este sentido, el debate y la intervención de las minorías más concientes de la clase es crucial en el momento actual.

 

Aunque el chavismo y la izquierda han querido arrebatarnos esta bandera a la clase, la perspectiva que se abre para el proletariado es socialismo (el verdadero socialismo concebido por el marxismo y no la patraña burguesa de "socialismo del siglo XXI") o barbarie.

 

Internacionalismo

20/09/2010


[1] El régimen chavista ha modificado las leyes de tal manera que los circuitos electorales del interior del país, donde el chavismo es mas fuerte, tengan mayor número de diputados; pudiéndose dar la paradoja que con menos del 50% de los votos puedan tener mayoría en la Asamblea Nacional.