Respuesta a un comentario de comunistas integrales

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El 7 de Mayo, "Comunistas integrales" publicaron en esta página un comentario sobre nuestra Respuesta sobre "algunas aclaraciones importantes y necesarias" a la reseña de nuestra Reunión Pública en Quito[1]. Dado que a partir de esa Reunión Pública se ha generado un debate que no concierne exclusivamente a las dos partes implicadas directamente, si se considera que el número de lecturas se acerca a las 2000, tomando en cuenta el conjunto de textos, queremos tratar de seguir contribuyendo a que pueda ir desarrollándose una clarificación.

Y para eso, la primera cuestión que se nos plantea es...

¿Cómo hacer que pueda desarrollarse un debate?

En vuestro comentario decís:

«Les pedimos comedidamente que nos respondan todos los puntos planteados en nuestras "aclaraciones", puesto que aquí no lo hacen y puesto que así no es posible concluir o continuar el debate al respecto con todos sus componentes necesarios. Sin embargo, lo que podemos adelantarles muy breve o someramente de esta respuesta es que resulta evidente que uds. no han logrado romper con el obrerismo (siempre eurocentrista), ideología que criticamos en nuestras "aclaraciones". Vemos que también siguen tergiversando nuestra concepción de comunismo integral, de relación entre acción proletaria inmediata y acción proletaria histórica, etc., siendo que en nuestras "aclaraciones" ya habíamos dejado en claro que si nos extendimos sobre tal o cual punto era para no tener que estar repitiendo ideas y argumentos de nuevo.».

Sobre la primera cuestión, es decir, que no hemos respondido a todos los puntos planteados en las "aclaraciones", es totalmente cierto. Los temas que suscitáis son muy numerosos, desde la naturaleza revolucionaria del proletariado y la relación entre su lucha inmediata y su lucha histórica, la cuestión marxismo/anarquismo, el problema de cómo sacar lecciones de la historia del movimiento obrero, el balance de la revolución rusa, la dictadura del proletariado, el Periodo de transición (y seguro que se nos olvida alguno). Creemos que desde el punto de vista del progreso de la clarificación, de una mejor comprensión de las posiciones en liza, del desarrollo del debate, es preferible abordar solamente una o dos cuestiones con la mayor profundidad y extensión posible.

Eso no quiere decir en absoluto que no nos parezca bien vuestro comentario sobre la reunión pública. Una cosa son las presentaciones, y ahí tenía sentido que desplegaseis sin tapujos todos los puntos donde veíais diferencias a partir de lo que se dijo en la Reunión y en la reseña; pero otra es entrar al trapo, desarrollar argumentos y referencias históricas, reflexionar, debatir. Y eso no se puede hacer abordando al mismo tiempo todas las cuestiones.

Nos parece que la función del debate no es hacer una toma de posición sobre la declaración de principios del otro para encontrar precisamente que hay un montón de divergencias que impedirían un debate[2]; sino asumir que existen esas divergencias y tratar de plantear preguntas y respuestas que lleven a una clarificación.

Desde ese punto de vista, en vuestro comentario planteáis una cuestión sobre la que aportáis una reflexión que nos parece de la mayor importancia debatir:

¿Qué balance de la revolución rusa y la oleada revolucionaria de 1917-26?

También planteáis en el texto:

«Y finalmente y por desgracia, vemos que uds. no han roto con una de las máximas mistificaciones históricas de la lucha histórico-mundial revolucionaria de nuestra clase: que el bolchevismo fue revolucionario, y que su "degeneración" solo fue "culpa" del "caín" del estalinismo (¿no es esto repetir cual ventrílocuo lo que siempre ha graznado el trotskismo?), cuando la realidad histórica fue, como bien lo observaron y denunciaron Pannekoek, Mattick e incluso la Luxemburgo, que el proceso encabezado por los bolcheviques, a pesar de sus "aciertos", fue siempre un blanquismo socialdemócrata que consecuentemente, una vez en el poder, llevó a cabo y desde el principio, con Lenin y Trotsky a la cabeza, una política netamente capitalista desde el estado, tanto nacional como internacionalmente: no en vano reprimió la lucha proletaria radical (huelgas en Petrogrado, Ucrania, Kronstadt, a las minorías radicales incluso dentro del propio partido bolchevique y no se diga fuera de éste, cooptación y luego anulación de los soviets o consejos obreros, la NEP, etc.) y capituló ante el imperialismo de la época (Brest-Litovsk, Rapallo, etc.). Es decir, vemos que uds. no han roto con esa gran tara socialdemócrata-radical que es el leninismo o, hablando en sentido histórico, con ese atavismo y obstáculo que ha sido la contrarrevolución leninista para el movimiento proletario-comunista histórico real.»

Hay que empezar respondiendo que, respecto a «...la realidad histórica que bien observaron y denunciaron Pannekoek, Mattick e incluso la Luxemburgo..», ellos partían del reconocimiento de la revolución rusa como una revolución proletaria, y del partido bolchevique, con Lenin y Trotski a la cabeza, como su genuina expresión. Es decir que ellos mismos se sentían bolcheviques revolucionarios y confluyeron con ellos para formar la Internacional Comunista en 1919. Sus críticas se desarrollaron como parte activa e integrante de ese movimiento revolucionario de la época y no en contra de él, desde fuera, como si se tratara de un enemigo de clase[3] como queréis presentarlas vosotros. En ese sentido ellos tampoco rompieron «...con una de las máximas mistificaciones históricas de la lucha histórico-mundial revolucionaria de nuestra clase: que el bolchevismo fue revolucionario», como trataremos de mostrar.

¿Cómo aborda Rosa Luxemburg sus críticas a la revolución rusa?

Parte de que la experiencia y las posiciones bolcheviques constituían una de las respuestas del proletariado a los graves problemas planteados por la Primera Guerra Mundial y la evolución del capitalismo hacia su decadencia que esta anunciaba. Pero no era la única respuesta, no era un dogma ni un modelo infalible. Rosa Luxemburgo en su folleto sobre la Revolución Rusa, escrito en la cárcel en 1918, encara ésta desde ese método.

Su punto de partida es reconocer la contribución indispensable a la causa revolucionaria mundial de Octubre 1917 y el bolchevismo: «Los bolcheviques inmediatamente plantearon como objetivo de la toma del poder un programa revolucionario completo, de largo alcance; no la salvaguarda de la democracia burguesa sino la dictadura del proletariado para realizar el socialismo. De esta manera, se ganaron el imperecedero galardón histórico de haber proclamado por primera vez el objetivo final del socialismo como programa directo para la práctica política»

Partiendo de esta premisa fundamental alerta sin embargo del peligro de que «bajo la teoría de la dictadura de Lenin-Trotski subyace el presupuesto tácito de que la transformación socialista hay una fórmula prefabricada, guardada ya completa en el bolsillo del partido revolucionario, que sólo requiere ser enérgicamente aplicada en la práctica».

Rosa Luxemburgo alerta contra la tentación de confundir como medidas revolucionarias genuinas lo que viene impuesto por una situación desesperada: «Todo lo que sucede en Rusia es comprensible y refleja una sucesión inevitable de causas y efectos, que comienza y termina en la derrota del proletariado en Alemania y la invasión de Rusia por el imperialismo alemán. Seria exigirles algo sobrehumano a Lenin y sus camaradas pretender que en tales circunstancias apliquen la democracia más decantada, la dictadura del proletariado más ejemplar y una floreciente economía socialista. Por su definida posición revolucionaria, su fuerza ejemplar en la acción, su inquebrantable lealtad al socialismo internacional, hicieron todo lo posible en condiciones tan endiabladamente difíciles. El peligro comienza cuando hacen de la necesidad una virtud, y quieren congelar en un sistema teórico acabado todas las tácticas que se han visto obligados a adoptar en estas fatales circunstancias, recomendándolas al proletariado internacional como un modelo de táctica socialista. Cuando actúan de esta manera, ocultando su genuino e incuestionable rol histórico bajo la hojarasca de los pasos en falso que la necesidad los obligó a dar, prestan un pobre servicio al socialismo internacional por el cual lucharon y sufrieron. Quieren apuntarse como nuevos descubrimientos todas las distorsiones que prescribieron en Rusia la necesidad y la compulsión, que en última instancia son sólo un producto secundario de la bancarrota del socialismo internacional en la actual guerra mundial».

En este marco, señala dos aspectos erróneos de la política bolchevique: la política agraria y la promoción de la independencia nacional de muchos países hasta entonces encuadrados bajo la férula del Zar, en los que no vamos a entrar aquí.[4]

Así pues, Rosa Luxemburgo rechaza radicalmente la "teoría" consistente en transformar la revolución rusa en un "modelo": « Los bolcheviques demostraron ser capaces de dar todo lo que se puede pedir a un partido revolucionario genuino dentro de los límites de las posibilidades históricas. No se espera que hagan milagros. Pues una revolución proletaria modelo en un país aislado, agotado por la guerra mundial, estrangulado por el imperialismo, traicionado por el proletariado mundial, sería un milagro». Por ello cierra su folleto con una frase muy clarividente: « Pero hay que distinguir en la política de los bolcheviques lo esencial de lo no esencial, el meollo de las excrecencias accidentales. En el momento actual, cuando nos esperan luchas decisivas en todo el mundo, la cuestión del socialismo fue y sigue siendo el problema más candente de la época. No se trata de tal o cual cuestión táctica secundaria, sino de la capacidad de acción del proletariado, de su fuerza para actuar, de la voluntad de tomar el poder del socialismo como tal. En esto, Lenin, Trotski y sus amigos fueron los primeros, los que fueron a la cabeza como ejemplo para el proletariado mundial; son todavía los únicos, hasta ahora, que pueden clamar con Hutten: "¡Yo osé!". Esto es lo esencial y duradero en la política bolchevique (...) En Rusia solamente podía plantearse el problema. No podía resolverse. Y en este sentido, el futuro en todas partes pertenece al "bolchevismo"».

En cuanto a Pannekoek, la izquierda del partido socialdemócrata "Tribunista", donde militaba junto a otros compañeros como Gorter, durante dos años (1917-18) defendió apasionadamente el carácter proletario de la revolución bolchevique, denunciando la posición menchevique (que en los años 30 adoptarían los consejistas), de la naturaleza burguesa de la revolución. Gorter tradujo el Estado y la revolución de Lenin, e incluso publicó un folleto titulado La Revolución Mundial, donde se pueden leer cosas sobre Lenin como estas: «Es el líder de la revolución rusa y tiene que convertirse en el líder de la revolución mundial».

En este periodo sin embargo, hay una cuestión importante en la que Gorter y Pannekoek no estaban de acuerdo; y era precisamente que Pannekoek apoyaba la posición de Lenin sobre Brest Litovsk, de firmar una paz con los alemanes que permitiera dedicar todas las fuerzas de la revolución mundial a apoyar la revolución en Alemania:

«Pannekoek partía del punto de vista, evidente, de que "Rusia no puede seguir combatiendo" (De Tribune 15.12.1917). En ningún caso la revolución rusa podía exportarse por la fuerza militar; su "punto fuerte" residía en el estallido de la lucha de clases en otros países, "la fuerza de las armas es el punto débil del proletariado"»[5]

Después esta corriente formaría parte de la Izquierda de la IC, y a finales de los años 20 se constituiría el comunismo de consejos (GIC) y sólo a partir de 1934, bajo el peso de la contra-revolución, se formularían las "Tesis sobre el bolchevismo", que revisaban la naturaleza obrera de la revolución rusa.

Por lo que respecta a Mattick, que en 1917 tenía sólo 13 años, participó sin embargo los años siguientes en la revolución en Alemania como miembro de las juventudes espartaquistas y fue elegido delegado obrero. Sus críticas "antileninistas" son igualmente de los años 30.

No se trata de ser puntilloso, sino de reconocer un método de sacar lecciones de la historia, de implicarse como parte del movimiento obrero, viendo las potencialidades y las debilidades, considerando las condiciones históricas. Y desde ese punto de vista hay que ser claro; en el momento del asalto revolucionario, el conjunto del movimiento obrero no había comprendido aún hasta sus últimas consecuencias el cambio de periodo histórico y las implicaciones desde el punto de vista de la lucha obrera. Es decir, todo el movimiento obrero estaba lastrado por el peso del pasado, de una visión socialdemócrata, y se pueden dar varios ejemplos: la posición de que el partido toma el poder en nombre de la clase (que compartían espartaquistas y bolcheviques); las vacilaciones sobre la cuestión parlamentaria y sindical (que tuvieron mayor peso en los bolcheviques), o sobre la liberación nacional (a la que no era ajena la izquierda holandesa), etc. Lamentablemente el balance de la revolución rusa tuvo que hacerlo la Izquierda Comunista en condiciones de contra-revolución, derrota y aislamiento, que favorecieron la defensa de las particularidades y dificultaron un debate y una síntesis de las posiciones.

El estalinismo no es el continuador del bolchevismo; sino su enterrador

Queda por discutir la segunda parte de vuestra frase sobre el bolchevismo, o sea, «...que su "degeneración" solo fue "culpa" del "caín" del estalinismo (¿no es esto repetir cual ventrílocuo lo que siempre ha graznado el trotskismo?)».

No podemos entrar aquí a considerar todas las diferencias entre la posición del trotskismo y la de la Izquierda Comunista sobre el balance de la revolución rusa[6]; pero una cuestión central es que, mientras que la Oposición trotskista veía en Rusia un Estado obrero degenerado por la acción de una burocracia dirigente, la Izquierda Comunista fue desarrollando al contrario, la tesis de que el Estado que había surgido de la revolución iba atrapando al partido e imponiendo sus necesidades de mantenimiento del statu quo mercantil capitalista (una posición plenamente desarrollada sobre esto no aparecería prácticamente hasta los años 50).

Obviamente las consecuencias políticas que se desprenden de una u otra posición son significativas. La oposición trotskista combatía por defender el Estado obrero, que veía como el motor de la revolución mundial y para desplazar a la camarilla dirigente del partido. Esas posiciones llevaron a la constitución de una IVª Internacional en un momento de contra-revolución, alimentando la consolidación de la política nacional e internacional del Estado "soviético" como Estado capitalista, y tras la muerte de Trotski, empujaron mayoritariamente a los grupos trotskistas a apoyar la "defensa de la URSS" en la 2ª guerra mundial. Finalmente el trotskismo se convirtió en aliado del estalinismo.

La posición de la Izquierda Comunista en cambio, llevó al combate contra la consolidación de un Estado que iba reforzándose a medida que se debilitaba la revolución, apoyando las expresiones de vida obrera y los combates para animarla, como Krondstadt y las insurrecciones de Moscú y Petrogrado, etc Así como a la denuncia de la "defensa de la URSS" en la 2ª guerra mundial. Y finalmente a la tesis del capitalismo de Estado en Rusia.

Aún con todo, la Oposición de Izquierdas y la Izquierda Comunista coincidieron durante todo un tiempo (sobre todo en vida de Trotski), en el combate contra la degeneración de la revolución y la integración del partido en el aparato de Estado. Ellos fueron los continuadores del bolchevismo y de la revolución; mientras que Stalin representaba lo contrario, la degeneración de los órganos del poder soviético y la implantación definitiva de un Estado capitalista totalitario. El triunfo de Stalin, que coincide con el desarrollo de la contra-revolución a escala mundial, se hizo sobre los cadáveres de los bolcheviques revolucionarios. Ni uno solo de los miembros del Comité central del partido de 1917 (excepto Stalin) permaneció con vida.

La mentira del estalinismo como producto de la revolución ha alimentado durante todos los años después de la guerra la idea de estalinismo=comunismo y ha permitido tras el hundimiento del bloque del Este, el desarrollo de una enorme campaña ideológica sobre el fin del comunismo, que durante más de diez años ha tenido un impacto de freno del desarrollo de las luchas y la conciencia en el conjunto de la clase obrera.

Esta respuesta ya se ha hecho demasiado larga, pero el objetivo fundamental era tratar de mostrar cómo el movimiento obrero ha sacado lecciones de sus derrotas.

 

7 de Junio 2010,CCI


[1] Dado que ha pasado un mes, reproducimos aquí íntegramente el comentario de "comunistas integrales":

 

Submitted by Comunistas Integrales (no verificado) on Mayo 7, 2010 - 7:49am.

Les pedimos comedidamente que nos respondan todos los puntos planteados en nuestras "aclaraciones", puesto que aquí no lo hacen y puesto que así no es posible concluir o continuar el debate al respecto con todos sus componentes necesarios. Sin embargo, lo que podemos adelantarles muy breve o someramente de esta respuesta es que resulta evidente que uds. no han logrado romper con el obrerismo (siempre eurocentrista), ideología que criticamos en nuestras "aclaraciones". Vemos que también siguen tergiversando nuestra concepción de comunismo integral, de relación entre acción proletaria inmediata y acción proletaria histórica, etc., siendo que en nuestras "aclaraciones" ya habíamos dejado en claro que si nos extendimos sobre tal o cual punto era para no tener que estar repitiendo ideas y argumentos de nuevo. Y finalmente y por desgracia, vemos que uds. no han roto con una de las máximas mistificaciones históricas de la lucha histórico-mundial revolucionaria de nuestra clase: que el bolchevismo fue revolucionario, y que su "degeneración" solo fue "culpa" del "caín" del estalinismo (¿no es esto repetir cual ventrílocuo lo que siempre ha graznado el trotskismo?), cuando la realidad histórica fue, como bien lo observaron y denunciaron Pannekoek, Mattick e incluso la Luxemburgo, que el proceso encabezado por los bolcheviques, a pesar de sus "aciertos", fue siempre un blanquismo socialdemócrata que consecuentemente, una vez en el poder, llevó a cabo y desde el principio, con Lenin y Trotsky a la cabeza, una política netamente capitalista desde el estado, tanto nacional como internacionalmente: no en vano reprimió la lucha proletaria radical (huelgas en Petrogrado, Ucrania, Kronstadt, a las minorías radicales incluso dentro del propio partido bolchevique y no se diga fuera de éste, cooptación y luego anulación de los soviets o consejos obreros, la NEP, etc.) y capituló ante el imperialismo de la época (Brest-Litovsk, Rapallo, etc.). Es decir, vemos que uds. no han roto con esa gran tara socialdemócrata-radical que es el leninismo o, hablando en sentido histórico, con ese atavismo y obstáculo que ha sido la contrarrevolución leninista para el movimiento proletario-comunista histórico real. Esto último, de por sí, para nosotrxs ya puede constituir una razón suficiente de no-diálogo y ruptura con la CCI.

En todo caso, les pedimos comedidamente que nos reenvíen su (antigua o nueva) dirección de correo electrónico, puesto que a la que les enviamos directamente las respuestas ([email protected]) nos rebota (tanto nuestras "aclaraciones" como nuestra última respuesta crítica a uds. sobre el tema de los saqueos en Haití y Chile). No sabemos por qué, o qué está pasando con este-email. Les solicitamos esto, obviamente, para facilitar nuestra comunicación, siempre y cuando, claro está, siga siendo de su interés.

Cualquier cosa, por favor escribirnos directamente a nuestro e-mail: [email protected]

Saludos comunistas

 

[2] A menos que se considere que esos principios justifican un apoyo al Estado capitalista, una toma de partido por la burguesía.

[3] Considerando el periodo de 1917-26; otra cosa es la denuncia de la contra-revolución y la guerra mundial

[4] Las citas y el texto completo del folleto de Rosa Luxemburg pueden encontrarse en http://www.marxists.org/espanol/luxem/11Larevolucionrusa_0.pdf

 

[5] Ver en francés e inglés nuestro folleto sobre la Izquierda germanoholandesa: La corriente Tribunista holandesa ante la prueba de la guerra mundial, de 1914 a 1918

[6] Ver http://es.internationalism.org/ccionline/2007/izquierdacomunista.htm