Respuesta sobre "algunas aclaraciones importantes y necesarias" a la reseña de nuestra Reunión Pública en Quito

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Compañeros de Comunistas Integrales:

 

Agradecemos vuestro
extenso comentario para precisar malentendidos que, como esperamos que
comprendáis, de ninguna manera son por nuestra parte un ejercicio consciente de
tergiversación. No entendemos el debate como una gesta cuyo objetivo sería
vencer al oponente para reafirmar así una doctrina
capaz de resistir todos los asaltos a sus muros que la pusieran en cuestión;
menos aún tenemos interés en inventar enemigos o discursos que en ese sentido
hicieran de sparring fácil. La
discusión y el cuestionamiento permanente son parte del método del proletariado
desde sus orígenes: «...las revoluciones
proletarias como las del siglo XIX, se critican constantemente a sí mismas, se
interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía
terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan concienzuda y cruelmente de las
indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos,
parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra
nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden
constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que
se crea una situación que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas
gritan: Hic Rhodus, hic salta!»[1].

Bienvenidas sean pues, vuestras
aclaraciones, que muestran una reflexión en profundidad sobre problemas que hoy
discuten las minorías revolucionarias en todo el mundo.

Algunas de las cuestiones
que planteáis muestran una convergencia de posiciones; pero puesto que sobre
ellas se han producido malentendidos, conviene que tratemos de precisar bien lo
que queremos decir, que intentemos llevar las afirmaciones a sus últimas
consecuencias, a lo más concreto posible, puesto que
«El lado afirmativo tarda siempre más en
revelarse, lo mismo en la vida que en la ciencia; por eso el refutar es siempre
más fácil que el justificar»[2]

Para empezar, decís
que «el proletariado no es una clase
económica ni sociológica, que no es ciertamente la única clase revolucionaria
solo "por el lugar que ocupa en la producción" y porque es la principal o
fundamental fuerza productiva, etc.; sino que ante todo es un sujeto histórico
autónomo y antagónico con respecto al capital, llamado a abolir la sociedad
burguesa de clases -y fetiches- y a sí mismo, para realizar sus necesidades y
deseos humanos»

Y efectivamente, son la
burguesía y sus voceros (economistas, sociólogos, sindicalistas, tertulianos de
radio...) quienes ven la clase obrera como una categoría económica o sociológica,
cuando no directamente como unos fracasados en la vida que no sirven para otra
cosa. Son sus agentes "de izquierdas" reformistas los que ven de manera
inmediatista la fuerza de los obreros en su capacidad para detener la
producción y para intervenir en el reparto de la riqueza, puesto que son los
trabajadores los productores de todo. Para el Movimiento obrero sin embargo,
como lo planteó más claramente Marx, la clase obrera es un "sujeto histórico, autónomo y antagónico
al capital".

Vale, ¿Pero qué quiere
decir eso? Que la clase obrera es un producto de la evolución previa de la
lucha de clases y del desarrollo de las fuerzas productivas.
La
clase obrera es la primera clase de la historia explotada y revolucionaria al
mismo tiempo, y esto es un producto del desarrollo histórico; en los anteriores
modos de producción, no fue la clase explotada la que planteó una perspectiva
revolucionaria; a pesar de que los esclavos (ver Espartaco) lucharon contra su
explotación, y su lucha dejó para la historia un ejemplo de defensa de la
condición humana, de lucha por la libertad; igual que los siervos en las luchas
campesinas (algunas de cuyas aspiraciones más nobles quedaron selladas en las
ideas de Thomas Müntzer en Alemania
siglo XVI o ciertos movimientos heréticos medievales); esas no fueron las
clases que impulsaron e implantaron un nuevo modo de producción, sino
respectivamente los señores feudales y la burguesía. Es el desarrollo histórico
de la lucha de clases el que ha dado lugar a una clase explotada que en su
lucha contra su explotación, plantea la necesidad y la posibilidad de la
superación del capitalismo.

«Cuando los escritores socialistas asignan al proletariado esta misión
histórico-universal ello no ocurre, en modo alguno y pese a lo que diga creer
la crítica crítica, porque consideren dioses a los proletarios. Más bien a la
inversa. Como en el proletariado desarrollado está prácticamente consumada la
abstracción de toda humanidad, incluso de la apariencia de humanidad; como en
las condiciones de vida del proletariado se compendian todas las condiciones de
vida de la sociedad actual en su extremo más inhumano; como en él el hombre se
ha perdido a sí mismo, pero a la vez, no sólo ha adquirido la conciencia
teórica de esa pérdida, sino que además se ve forzado por una indigencia que ya
no es posible negar ni encubrir, por una indigencia absolutamente imperiosa
-expresión práctica de la necesidad-, a rebelarse contra esa inhumanidad, por
eso el proletariado puede y tiene que liberarse a sí mismo. Pero no puede
liberarse a sí mismo sin suprimir sus propias condiciones de vida. No puede
suprimir sus propias condiciones de vida sin suprimir todas las condiciones de
vida inhumanas vigentes en la sociedad actual y que se compendian en su
situación. No pasa en vano por la dura escuela del trabajo. No se trata aquí de
lo que este o aquel proletario incluso el proletariado entero imagine
momentáneamente que es su meta. Se trata de lo que el proletariado es y de lo
que con arreglo a su ser se verá forzado históricamente a hacer. Su meta y su
acción histórica están trazadas palmaria e irrevocablemente en su propia
situación vital así como en toda la organización de la actual sociedad burguesa»

(K. Marx, La Sagrada Familia).

Esto quiere
decir que hay una unidad entre la lucha por las condiciones de vida del
proletariado y su lucha revolucionaria, entre la lucha reivindicativa y la
lucha revolucionaria. Precisamente la distinción entre clase en sí y para sí,
que Marx hace por primera vez en la respuesta a Proudhom (Miseria de la filosofía), es para insistir en esta cuestión.
Proudhom planteaba que la lucha reivindicativa debía conducir a una alternativa
de reparto justo de la riqueza, a una justicia social, que no cuestionaba el
capitalismo; Marx insistía en que la lucha de los obreros por sus
reivindicaciones contiene y plantea la lucha por la abolición del capitalismo.
Y esa polémica se planteaba en 1840, antes de que, en las luchas de 1848, el
proletariado hiciera su aparición efectiva en la escena histórica como sujeto
social independiente y mucho antes de que se atreviera a asaltar el Estado en
1871 y después en 1917, planteando en la práctica inmediata una revolución.

¿Cómo comprender pues la lucha
revolucionaria del proletariado?

Para nosotros es un proceso histórico y
surge de la condición misma de explotada y revolucionaria de la clase obrera;
pero sólo puede plantearse como una lucha abierta y directamente revolucionaria
cuando se reúnen las condiciones objetivas y subjetivas.

Decís: «Y lo que lo hace revolucionario (al
proletariado, ndr), precisamente, es luchar por abolir el capital en todo
sentido y, por implicación, luchar por autosuprimirse como clase»
. Pero
¿Qué quiere decir luchar por abolir el capital en todo sentido y por
implicación luchar por autosuprimirse como clase?

La lucha por la abolición del
capital es una lucha histórica; en ese sentido, fuera de los momentos
directamente revolucionarios, como 1871, 1917, 1919, etc., esa lucha se expresa
en un "océano de fenómenos, que incluyen discusiones, maduración subterránea,
trabajo teórico de vanguardias, y luchas reivindicativas más o menos radicales
(y aquí distinguimos de lo que son provocaciones sindicales, o maniobras que
significan una movilización de los trabajadores en un terreno que no es el
suyo). Tomadas en sí mismo, cada uno de esos fenómenos no son "una lucha por la
abolición del capital", sin embargo son un momento en el proceso que conduce a
la lucha revolucionaria del proletariado ¿Pueden surgir luchas fuera de esas
condiciones objetivas y subjetivas, es decir, en cualquier momento, que
planteen un asalto revolucionario?

Abolir el capital no es cualquier
cosa. Estamos hablando de eliminar una relación social dominante a escala
mundial, de apropiarse colectivamente de los medios de producción, y lo mismo
podría decirse de la autosupresión como clase. Mientras que visto desde el punto
de vista inmediato no tiene el mismo significado. Para nosotros, la abolición
del capital es el resultado de un largo proceso histórico de luchas, de
combates teóricos y políticos. Lo mismo se puede decir de la autosupresión del
proletariado que solo comienza realmente con el comienzo del comunismo. No hay
“abolición del capital” en un acto aislado o en el accionar particular de una
minoría o de un individuo. Lo que tiene sentido para nosotros es inscribir el
combate de minorías en el proceso histórico que conduce a la abolición del
capitalismo.

 

Pasando a otro punto, decís que «la clase trabajadora hoy ya no es exactamente -o
formalmente- la misma que en Europa de mediados del siglo XX ni mucho menos la
de la época y la latitud de Marx, y que por esa razón había que
"replantearla" o "redefinirla"...
El llamado "mundo del
trabajo", y por tanto de la lucha de clases, se ha ampliado y ha cambiado
muy considerablemente: p. ej. hoy en día tenemos el fenómeno de la economía de
servicios y por ende a lxs asalariadxs de los servicios, a la flexibilidad y
precariedad laborales generalizadas, la proletarización de campesinxs y de
"clase media" en bancarrota, la "informalidad" (en AL sobre
todo), y un inmenso y abigarrado ejército laboral de reserva mundial
-incluyendo al "lumpen"-. Eso por un lado. Por otro lado, hay que
criticar tal ideología (el obrerismo -y el eurocentrismo implícito en tal
ideología-) porque en algunos sectores se sigue creyendo -ahistóricamente e
idealistamente- que solo la tradicional o típica clase obrera es revolucionaria
"por naturaleza" o "por historia", etc., lo cual es
histórica y mundialmente relativo, más aún en la actual fase o momento del
capitalismo histórico-mundial.
»

Y es totalmente de recibo el planteamiento
de que la clase obrera de nuestra época no es igual que la de la época de Marx.
No vamos a extendernos sobre este punto que ya hemos tratado antes. Es cierto
que hay un desarrollo del sector de servicios y del desempleo masivo, etc. Pero
precisamente porque la clase obrera, como se afirmaba antes, no es una
categoría económica ni sociológica, esos cambios no significan una puesta en
cuestión de los principios políticos del proletariado ni de su naturaleza
revolucionaria. Justamente porque esa naturaleza no está en función inmediata
del lugar que se ocupa en la producción, no tiene sentido decir que los
desempleados son menos revolucionarios que los obreros de las grandes
concentraciones. Muchas de las luchas más importantes desde los años 60 no han
sido de obreros de las grandes concentraciones industriales y podríamos citar
ahora mismo las luchas de la sanidad, o de los correos en Francia o GB en los
años 80.

Pero "lo cortés no quita lo valiente", y a
pesar de lo anterior, el capitalismo no puede sobrevivir sin una industria
básica (acero, energía, etc.) donde persisten importantes concentraciones
obreras (como en el Rhur en Alemania, o el Silicon Valley en California). Por
su tradición histórica de luchas, por su experiencia, su fuerza numérica, esos
batallones del proletariado son una fuerza de choque de vanguardia de la clase
obrera.

En el punto 3 de vuestros comentarios hay
una reflexión profunda y de gran calado, que tiene una dimensión histórica.
Escribís que «El problema es que la
ideología dominante no solo está en la clase dominante sino también en nuestra
clase, incluso en sus minorías radicales, como resultado objetivo de la
realidad objetiva social e individual, pero también como rezago de ciertas
tradiciones políticas (en especial desde la II Internacional,
no se diga de la III:
ya que ambas constituyeron la ideologización socialdemócrata -kautskista y
luego leninista- de la teoría revolucionaria de Marx y, más que nada, el
encuadramiento burgués-radical histórico de nuestra clase en lucha).
Con esto
queremos decir que una cosa es la teoría revolucionaria y otra muy distinta -y
distante- la ideología revolucionaria. La segunda es la degradación,
autoalienación, falsificación o "traición" de la primera
».

Y con esto dais un cuadro para comprender la
continuidad histórica de las posiciones revolucionarias del proletariado que
después no desarrolláis. Como muy bien decís, la teoría revolucionaria no se
desarrolla libremente en el capitalismo, sino en un combate permanente contra
la presión de la ideología burguesa. Un combate en el que no hay posiciones
conquistadas que garanticen la inmunidad contra la influencia burguesa, sino
que hay que desarrollar permanentemente. En los momentos más delicados de ese
combate, la presión de la ideología burguesa puede llegar a desestabilizar, e
incluso a ganar completamente a las organizaciones del proletariado. En la
historia del Movimiento obrero, el centrismo y el oportunismo son expresiones
de esa influencia de la ideología burguesa en las organizaciones obreras.

¿Qué hacer entonces cuando la organización
comienza a mostrar signos de degeneración, a dejarse llevar por los cantos de
sirena del Estado burgués? Continuar el combate para defender la teoría
comunista, los principios, el programa histórico del proletariado y hasta donde
sea posible la organización. Si la organización es ganada por el Estado burgués[3],
denunciar la traición, sacar lecciones, preparar y formar una nueva
organización. Esa fue la actitud de Pannekoek,
Rosa Luxemburg, Lenin y en general, la izquierda de la IIª Internacional, que
convergió en Zimmerwald y Kiehntal para denunciar la traición de la Socialdemocracia
y luego formó la Internacional
Comunista. Como fue asimismo la actitud de la Izquierda Comunista
frente a la degeneración de la IIIª
Internacional; sin embargo su trabajo de defender y desarrollar la teoría
revolucionaria quedó limitado a pequeñas minorías debido a la derrota del
proletariado y a la contrarrevolución.

Por eso no se puede decir que la IIª y la IIIª Internacional
constituyeron la ideologización socialdemócrata - Kautskista y luego leninista-
de la teoría revolucionaria, porque en el seno de las dos internacionales se
desarrollaron debates y experiencias (en los que tuvieron un papel activo los
dos militantes que citáis) que han profundizado esa teoría; podemos citar el
debate sobre la huelga de masas en la
SD, o sobre reforma o revolución, o el debate sobre los
consejos obreros o la denuncia de la democracia en la IC, etc.

En el punto 4 se plantea lo que se entiende
por "comunismo integral". Para empezar hay una exposición sobre la necesidad de
que haya una unidad entre los fines revolucionarios y los medios para llegar a
ellos, que nos parece una preocupación plenamente justa y acertada. Decís: «Y esto vale tanto para los fines como para los medios revolucionarios, es
decir tanto para la sociedad futura como para el movimiento de lucha del
presente, o sea para la organización revolucionaria que se dote nuestra clase
para actuar como tal o como fuerza histórica (el "partido
histórico"), por lo cual hay que concebir a ésta no como contra-estado o
estado dentro de otro estado (jerárquicamente y politicistamente), sino como
comunidad real proletaria, revolucionaria, humana, de lucha y de vida integral,
basada en la libre asociación y la libre cooperación en pos de la autoliberación
».

Y uno de los caldos de cultivo
del oportunismo es la separación entre fines y medios. Recordemos las "dos
caras de la moneda" que se mostraron en el SPD a finales del siglo XIX: por un
lado Bernstein y su "el movimiento lo es todo el fin no es nada". En la acera
opuesta las Juventudes de Berlín 1890 que solo admitían "la lucha directa por
el comunismo".

En el proletariado ha de haber
unidad entre los medios y el fin. No todos los medios son válidos para el fin
comunista que persigue. Esto se verifica a nivel de las luchas obreras, de la
moral y el comportamiento, de las actitudes, de la organización y su modo de
funcionamiento etc.

Como dice nuestra plataforma, "los revolucionarios no somos la respuesta",
no pueden haber islotes de comunismo en el capitalismo, no estamos libres de la
carga que nos ha transmitido la sociedad de explotación, "pero somos el principio de la respuesta", porque ser
revolucionario significa librar un combate por la solidaridad, por la
honestidad, contra esa carga de competencia, individualismo, etc. que es el
legado de la sociedad de clases y particularmente del capitalismo. Esto lo
expresáis muy bien cuando escribís: «entendemos la praxis
comunista como una perspectiva, una tendencia, un germen, o mejor dicho como
una "tensión" (Bonanno) entre el modo de ser burgués del mundo y del
hombre y el modo de ser comunista o auténticamente humano del mundo y del
hombre, entre el viejo y el nuevo ser social
».

La cuestión es
hasta qué punto ese combate puede adelantar resultados concretos, anticipos de
comunismo. Es cierto que ese combate nos
hace comunistas, en cuanto que defendemos y tratamos de concretar los
principios del comunismo en las relaciones sociales, en la organización, en la
lucha; pero hay que comprender al mismo tiempo, que para que pueda haber una
sociedad realmente liberada de la herencia de la sociedad de clases tendrán que
pasar generaciones enteras. Los traumatismos, opresiones, prejuicios, etc. que
han dejado las sociedades de explotación, y mucho más bestialmente el
capitalismo (basta con pensar en las guerras mundiales o las más recientes)
continuarán teniendo un peso importante incluso en condiciones revolucionarias
y de transición al comunismo (y probablemente habrá que librar un combate
consciente y organizado contra ellos). Por eso, hablar de "autoliberación
humana en la cotidianeidad", como hacéis en algún párrafo, nos parece ir
demasiado lejos:

«Por lo tanto, la autoliberación material o de clase
incluye, abarca o comprende toda otra autoliberación humana. Es en este sentido
que se puede hablar de praxis revolucionaria integral, de clasismo
revolucionario integral, de autoliberación integral o de comunismo integral.

Y todo esto, quepa decirlo, no solo como proyecto histórico sino como
praxis desde aquí y ahora, en nuestra cotidianeidad pero también en nuestra
proyectualidad histórica -social e individual-, no solo actuando hacia el
comunismo sino desde el comunismo, no solo luchando por hacer la revolución
sino por ser la revolución
»

Sobre todo
cuando, como desarrolla Marx en los Manuscritos de 1844, para que se desarrolle
una verdadera esencia humana, para que se expresen realmente necesidades
humanas, para que los sentidos mismos puedan gozar de forma humana, es
necesaria la abolición de la propiedad privada[4]:

«El sentido que es presa de la grosera
necesidad práctica tiene solo un sentido limitado. Para el hombre que muere de
hambre no existe la forma humana de la comida, sino únicamente su existencia
abstracta de comida; ésta bien podría presentarse en su forma más grosera y
sería imposible decir entonces en qué se distingue esta actividad para
alimentarse de la actividad animal para alimentarse. El hombre necesitado,
cargado de preocupaciones, no tiene sentido para el más bello espectáculo. El
traficante en minerales no ve más que su valor comercial, no su belleza o la
naturaleza peculiar del mineral, no tiene sentido mineralógico. La objetivación
de la esencia humana, tanto en sentido teórico como práctico es pues,
necesaria, tanto para hacer humano el sentido del hombre como para crear el
sentido humano correspondiente a la riqueza plena de la esencia humana y
natural»

O como dice en
otra parte del texto: «De esto (se
refiere a la alienación -ndr-) resulta que el hombre (el trabajador) sólo se
siente libre en sus funciones animales, en el comer, beber, engendrar, y todo
lo más en aquello que toca a la habitación y el atavío, y en cambio en sus
funciones humanas se siente como animal. Lo animal se convierte en lo humano y
lo humano en lo animal.

Comer, beber y engendrar, etc., son
realmente también auténticas funciones humanas. Pero en la abstracción que las
separa del ámbito restante de la actividad humana y las convierte en fin único
y último, son animales»
.

Respecto al
último punto que planteáis sobre el Periodo de transición, realmente no pudo
haber un debate en la Reunión Pública
(ni se plantea en la reseña), aunque sí hubo una mención por vuestra parte.
Sabemos, por la discusión que pudimos tener con algunos de vosotros, que es un
sujeto sobre el que estáis reflexionando.

Aunque no vamos
a retomar aquí muchas de las cuestiones que planteáis (ya habrá tiempo y lugar
para ello), no podemos dejar de señalar la diferencia sorprendente que hay
entre algunas reflexiones, que muestran una percepción política profunda de los
problemas que se plantean en el curso revolucionario y que parten del balance
de la experiencia rusa, y otras afirmaciones que sólo pueden basarse en
prejuicios que no consideran los acontecimientos.

Así por ejemplo,
mientras se defiende la necesidad de una dictadura del proletariado, y se
apunta que no puede ejercerse desde ningún Estado ni semiEstado, lo cual
expresa un balance de la experiencia rusa, o cuanto menos una intuición
brillante, por cuanto desde nuestro punto de vista señala un problema central
de la tentativa revolucionaria en 1917 que ocupó durante mucho tiempo a algunas
partes de la Izquierda Comunista,
como BILAN o la Izquierda
comunista de Francia, se plantea al mismo tiempo que...

«En resumen: criticamos y rechazamos la concepción socialdemócrata
de la transición según la cual hay que "desarrollar" y
"agudizar" los lados "progresistas" del capitalismo, que
hay que "tomar el poder" estatal y/o que hay que
"socializar" o "democratizar" la economía (el trabajo) y la
política (el estado), y que que hay que "obrerizar" la administración
de éstos, todo lo cual conducirá "necesariamente" al
"socialismo" y luego al "comunismo"; porque todo esto se
basa en una concepción, a su vez, economicista, mecanicista, etapista,
ahistórica... burguesa de la historia y la sociedad, y sobre todo porque no
critica lo fundamental: "qué se produce" y "cómo se
produce" la vida humana social -ya no lo económico-, es decir no critica
la producción mercantil capitalista o la dictadura social del valor y la
ganancia; en consecuencia, no critica la estructura social de clases y la
dominación estatal.
»

...como si esas
hubieran sido las premisas del programa revolucionario de los bolcheviques y de
la IC, cuando
basta leer El Estado y la revolución
de Lenin, para cerciorarse de que no fue así; por no mencionar los textos del
primer Congreso de la IC. Que la
revolución proletaria no puede hacerse por la conquista del Estado burgués,
sino por su destrucción, es algo que la experiencia de la Comuna de París ya había
aclarado desde 1871, como reconocieron Marx y Engels.

Pero además esa
forma de plantear un balance de la experiencia revolucionaria confunde el
producto de la derrota (el capitalismo de Estado), con las premisas de la
lucha. Es cierto que la IC estaba aún en muchas
cuestiones, presa de la herencia de la socialdemocracia, que no llegó a captar
hasta sus últimas consecuencias las implicaciones de la situación y la lucha
revolucionaria en el periodo que le tocó vivir; así por ejemplo la posición de
que el partido debe tomar el poder en nombre de la clase, que defendían los
bolcheviques, pero también los espartakistas con Rosa Luxemburg y Pannekoek, o
los bordiguistas... Sin duda esas posiciones, que en los momentos álgidos de la
revolución quedaron en un segundo plano, como en Abril, cuando Lenin lanza la
consigna de "Todo el poder a los soviets", pesan sin embargo como una losa ante
el declive de la revolución.

Pero el capitalismo de Estado no es
la visión de la revolución y del comunismo de Lenin y los bolcheviques, sino el
producto de la contra-revolución estalinista. Stalin no es la continuidad de
Lenin, sino su verdugo. Con vuestra exposición se pasa del planteamiento de la
lucha revolucionaria al desenlace como si nada hubiera ocurrido en medio, o
sea, escamoteando la confrontación de clases, la experiencia, las lecciones.

Hay varios
puntos más sobre los que puede desarrollarse la discusión, como la naturaleza
del trabajo, ¿El trabajo es capitalista? ¿Hay que abolir el trabajo así en
general?, o la tesis que defendisteis en la Reunión Pública y que repetís
en los comentarios, de que el desarrollo actual de las fuerzas productivas
contribuiría a hacer innecesario un periodo de transición, etc. Pero por este
texto ya es más que suficiente, porque hay un montón de puertas abiertas.

Así que lo
dejamos aquí, esperando haber podido contribuir a plantear y desarrollar el
debate.

 

Saludos
comunistas.

 


[1] K. Marx, el 18 Brumario de Luis Bonaparte

[2] Hegel: Introducción a las lecciones sobre la Historia de la filosofía

[3] Una internacional no puede
ser recuperada como tal por el Estado burgués, debido a la organización
nacional de la burguesía; aunque eso no impide que se organice una parodia de
internacional al servicio de un Estado burgués, como ocurrió con la IIIª Internacional bajo
Stalin. No es así con los partidos
nacionales, como los diferentes partidos Socialdemócratas que fueron integrados
por sus respectivos estados nacionales no sin que se librara una lucha frente a
la degeneración con diferentes cursos según las circunstancias y que no podemos
desarrollar aquí.

[4] No en un sentido estrecho,
como en la propiedad estatal que existía en los países del Este, donde
persistía la propiedad privada como categoría; sino en un sentido histórico,
por la apropiación colectiva social de los medios de producción

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