Marcha y campaña contra la inseguridad en México: desesperación e hipocresía de la burguesía

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De pronto, tras el secuestro y posterior asesinato del adolescente Fernando Martí, miembro de una de las familias de la burguesía mexicana, los medios de difusión del Estado capitalista (TV, radio, prensa escrita) se volcaron con una sincronización perfecta en una campaña de verdadera histeria criticando la situación alarmante de inseguridad social provocada por la delincuencia generalizada en el país, cuando apenas unos días antes las cifras de muertes eran presentadas como expresión de que las fuerzas del gobierno "iban ganando".

¿Por qué la burguesía mexicana ahora exige orden, eficiencia y justicia?

A nivel inmediato, es lógico que los capitalistas no toleren que el agua les llegue a los aparejos, de ahí su reacción aparentemente radical, exigiendo a su gobierno cumpla su deber, o si no que renuncie. Ese reclamo hace ver que la descomposición del sistema conduce a una desesperación de la clase dominante en tanto no puede asegurar que sus bienes y sus familias sean intocables.

La marcha convocada para el día 30 de agosto, haciendo gala del chantaje, pretende unir, sin distinción social, a la población para pedir al gobierno ofrezca seguridad. Pero los trabajadores no pueden olvidar que más allá de la manipulación sentimental está el hecho de que son ellos los que sufren cotidianamente la inseguridad, no sólo por los abusos de las policías municipales, estatales, federales o el ejército, los cuales parapetados tras "el combate contra la delincuencia" golpean, allanan, difaman, humillan, violan y asesinan, sino por la existencia misma del sistema que hace vivir en la incertidumbre a millones de asalariados y a sus familias por la espantosa inseguridad económica, que condena a soportar salarios de hambre, desempleo y una creciente miseria.

Los instrumentos como la policía, el ejército, las cárceles y jueces, aún cuando cumplen adecuadamente su papel de represión y vigilancia del sistema de explotación, expone dificultades para evitar que la ola expansiva de violencia haga víctima a la burguesía, por eso es que los voceros de esta clase al exigir la presencia de un orden mínimo en el control de la "delincuencia organizada", en realidad piden la construcción de un marco de disciplina donde los negocios de la mafia sean tolerables. Porque es sabido que esa "delincuencia organizada" es un producto orgánico del mismo Estado capitalista -en la que se involucran lo mismo gobernadores, que distinguidos políticos, militares y policías- lo cual da a estos grupos impunidad para secuestrar, violar, asesinar, traficar drogas, etc., la burguesía lo sabe muy bien; sin embargo, el grado al que ha llegado la pérdida del control de la situación le impide poner orden. Es esta desesperación e impotencia ante el avance de la descomposición que hace a los empresarios exigir a su propio gobierno resultados inmediatos.

La descomposición social generalizada del capitalismo

La situación actual de caos es el producto de una degradación inexorable producida por el fenómeno de la descomposición social generalizada del capitalismo que desde los años 80 del siglo XX ha venido carcomiendo sus cimientos, una tendencia del "sálvese quien pueda" y del "cada quien a lo suyo", lo cual ha impedido a las diferentes facciones de la clase dominante un acuerdo y que, al contrario, cada vez resalten más las pugnas, y la competencia encarnizada por los mayores beneficios en una situación de profundización de la crisis que hace que estas diferencias sean aún mayores. Los diferentes grupos de narcotraficantes, por ejemplo, que se están enfrentando y que controlan también el gran negocio del secuestro y otros rubros igualmente jugosos (como lo documentan la propia prensa burguesa cotidianamente), están directamente encarnadas a las diversas estructuras de la clase dominante y sus enfrentamientos sangrientos revelan la división más general del conjunto de la burguesía.

En este contexto, pese a sus dificultades la burguesía en su intento por frenar esta tendencia de la descomposición, revierte los efectos de contra el proletariado desde varias direcciones:

- Inculcándole preocupaciones ajenas a sus intereses como clase explotada, de manera que ante la angustiante inseguridad por los raquíticos sueldos, por la amenaza brutal del desempleo y la aceleración de la crisis capitalista que lo hunde en la más espantosa miseria, busca colocarlo en la histeria de la inseguridad y la delincuencia, o sumergirlo en la borrachera nacionalista en defensa de la economía nacional o de PEMEX;

- Llamándole a sumarse a la unidad nacional contra el "flagelo" de la delincuencia, por encima de los intereses de clase que lo oponen a la burguesía y su dictadura capitalista; encargando para tal fin a sus medios de difusión que machacan a cada minuto la necesidad de la unidad de todos los mexicanos,

- Chantajeando con ese espantajo para hacerle aceptar como necesarios mayores mecanismos de control policial y militar contra cualquier expresión de "desestabilización", por ejemplo las manifestaciones callejeras, las huelgas, etc., que se perfilan en el horizonte frente a la degradación inaudita de las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera.

No a la unión con la burguesía, sí a la lucha de la clase

Esta situación es la manifestación palpable de que la sociedad burguesa está hundida en el fango y la barbarie producto de sus propias contradicciones internas que la llevan inexorablemente a la quiebra histórica. Pero la burguesía propone a los asalariados sumarse al esfuerzo "ciudadano" que mediante una marcha "blanca" (30 de agosto) por la paz, y con velitas encendidas se "ilumine" al país para hacer posible el milagro de acabar con la inseguridad y la delincuencia. Esta alternativa es impulsada desde las entrañas del Estado por algunas organizaciones "civiles" de la misma burguesía con desesperación pero con gran maña pues busca renovar la esperanza de los explotados de que es posible mejorar la situación si se olvidan las divisiones de clase y se asumen las responsabilidades como ciudadano, es decir, sólo como individuo aislado e impotente. Pero el proletariado tiene sólo una alternativa: luchar en la defensa de sus verdaderos intereses. No puede dejarse arrastrar por el ambiente de terror que están alimentando los medios de difusión y caer en la trampa de acogerse a la exigencia del saneamiento del aparato estatal, debe resistirse a ser enrolado en el interclasismo de las marchas ciudadanas y en la unidad nacional a la que se le está convocando. A pesar de los esfuerzos que a diario hace el estado por esconder los ataques económicos a la clase trabajadora, está obligada a luchar y, en este proceso, debe comprender que tiene preocupaciones propias muy diferentes de las de su enemigo de clase.

29-Agosto-2008

Revolución Mundial, sección en México de la Corriente Comunista Internacional