GUERRA EN GEORGIA: TODAS LAS POTENCIAS SON CULPABLES DE LA GUERRA

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Una vez más, el Cáucaso se ve sumido en el fuego y en la sangre. En el mismo momento en el que Bush y Putin degustaban pasteles en Pekín y asistían juntos a la ceremonia de apertura de unos Juegos Olímpicos, supuesto símbolo de la reconciliación y la paz entre los pueblos, el presidente Shakasvili, un protegido de la Casa Blanca, y la burguesía rusa, enviaban cada cual sus soldados para causar una espantosa masacre a las poblaciones de la zona. Esta guerra ha dado lugar una nueva depuración étnica más o menos velada perpetrada por cada uno de los contendientes y actualmente es imposible evaluar el número de víctimas (se habla de varios miles), la mayor parte población civil.

Cada campo acusa al rival de ser el responsable de la guerra o pretende justificarse porque habría sido puesto entre la espada y la pared. La población local -sea de origen ruso, osetio, azajo o georgiano, cuyas ciudades, pueblos y viviendas son bombardeados, quemados, saqueados, destruidos, ha sido tomada como rehén entre todas las fracciones nacionalistas burguesas y se ve sometida a las mismas masacres, a las mismas exacciones, a las mismas atrocidades. Los proletarios no tienen ningún campo a defender. No tienen que escoger entre sus explotadores. Deben continuar movilizándose en su terreno de clase y rechazar los eslóganes nacionalistas y guerreros de todo tipo que van desde el "defendamos nuestros hermanos rusos del Cáucaso", o "Defendamos el pueblo que confía en la ayuda rusa" o "¡Qué Dios salve la integridad territorial de Georgia!". Esas consignas están al servicio de una u otra banda de capitalistas y solamente buscan reducirlos a mera carne de cañón.

Una nueva demostración de la barbarie guerrera del capitalismo

La cosa comenzó con una serie de provocaciones de la burguesía rusa y de sus fracciones separatistas de Osetia, que llevaron a Shakasvili a aprovechar la ocasión y desencadenar -creyéndose impune- una brutal invasión de la minúscula provincia de Osetia del Sur: durante la noche del 7 al 8 de agosto, tropas georgianas redujeron a cenizas en un abrir y cerrar de ojos la ciudad de Tshinvali, "capital" de la provincia separatista pro-rusa.

Mientras que Moscú ha hecho entrar en escenas milicias a sus órdenes en el otro hogar separatista de Georgia, la Absajia, ocupando el valle de Kodori, las fuerzas rusas han replicado de manera igualmente feroz y bárbara bombardeando intensivamente varias ciudades georgianas (el puerto de Poti en el mar Negro ha sido totalmente destruido así como una base naval, pero sobre todo Gori -segunda ciudad del país- ha sido sometida a un bombardeo intensivo, obligando a huir a la mayoría de sus habitantes). De manera fulminante los tanques rusos han ocupado un tercio del territorio georgiano, amenazando incluso la capital pues los blindados se han plantado a apenas 40 kilómetros de Tbilisi sin que, pasados varios días tras el alto el fuego, hayan hecho el menor amago de retirarse. Por parte de ambos bandos se reproducen las mismas escenas de horror y de matanzas. La casi totalidad de la población de Tshinvali y sus alrededores -unas 30000 personas- se ha visto obligado a huir de la zona de combates. En el conjunto de Georgia el número de refugiados, aterrorizados y desprovistos de todo, se eleva a 115000 según el portavoz del Alto Comisariado de los Refugiados.

El conflicto maduraba desde hace tiempo. Osetia del Sur y la Absajia, regiones infestadas de contrabandistas y traficantes de todos los géneros, son pequeños confetis -repúblicas pro rusas autoproclamadas- sobre las cuales Rusia ejerce un control permanente. Desde la proclamación de la independencia de Georgia hace casi 20 años, las dos repúblicas han sido el teatro de guerras sucesivas, de maniobras de presión, de matanzas en fin. La instrumentalización de las minorías rusas de Georgia para justificar una política imperialista agresiva, recuerda la práctica política clásica de Alemania, no solamente cuando estaban los nazis en el poder con el famoso episodio de los Sujetes checoslovacos en 1938, sino también a lo largo del siglo XX. Como declaraba un especialista en Le Monde, el 10 de agosto, «Osetia del Sur no es ni un país ni un régimen. Es una sociedad mixta que ha sido constituida por los generales rusos y los bandidos osetios para hacerse ricos sobre el telón de fondo del conflicto con Georgia».

El recurso al nacionalismo más exacerbado y al aventurismo militar ha constituido siempre un medio favorito de la burguesía para arreglar sus problemas de política interior. Mientras que el presidente georgiano había sido triunfalmente elegido con el 95% de los votos tras la "revolución de las rosas" que en el otoño de 2003 había expulsado al antiguo ministro soviético Shevernadze, ha sido elegido con gran dificultad a comienzos de 2008, muy desacreditado por sus fraudes y su autocracia, pese al apoyo activo de Estados Unidos.  Este partidario incondicional de Washington heredaba un Estado que desde su creación en 1991 ha sido mantenido artificialmente por USA como cabeza de puente del "nuevo orden mundial" que Bush padre pretendía instaurar en el mundo. Esto le ha conducido a sobre-estimar el apoyo que le podrían aportar las potencias occidentales, empezando por Estados Unidos. Si la Rusia de Putin, tendiendo una trampa en la que ha caído Shakasvili, ha aprovechado una ocasión formidable para exhibir sus músculos y restaurar su autoridad en el Cáucaso (que constituye una verdadera espina clavado en el talón de acero ruso), lo que está llevando a cabo es una respuesta al cerco que desde 1991 le someten las fuerzas de la OTAN. Este cerco había alcanzado un nivel inadmisible para Rusia con la reciente demanda de Ucrania y Georgia de unirse a la OTAN. Del mismo modo, y muy especialmente, Rusia no puede tolerar el programa de de despliegue de un escudo anti-misiles al que se están incorporando Polonia y la República Checa y que estima -no sin razón- que no va dirigido contra Irán sino contra la propia Rusia. Esta ha aprovechado que Estados Unidos están atrapados en el lodazal constituido por Irak y Afganistán y que por tanto tienen las manos atadas, para lazar una contra-ofensiva militar en el Cáucaso, una vez ha logrado restablecer su autoridad -no sin dificultades- en Chechenia a través de una guerra atroz.

Sin embargo, la responsabilidad de esta guerra y de las matanzas que conlleva no se limita a sus protagonistas directos. Todas las potencias imperialistas que lloriquean hipócritamente sobre la suerte de Georgia, tienen todas manchadas las manos de la sangre de las peores atrocidades, empezando por Estados Unidos en Irak, pasando por la responsabilidad claramente demostrada de Francia en Ruanda en 1994 o Alemania que fue la que empujó en 1991 a la terrible guerra balcánica.

¡Caen las máscaras!

Es evidente que el fin de la guerra fría y de la política de bloques no ha dado lugar en absoluto a una "era de paz y estabilidad" en el mundo, de África a Oriente Medio, pasando por los Balcanes y ahora en el Cáucaso. El desmantelamiento del antiguo imperio estaliniano ha desembocado en el desencadenamiento de nuevos apetitos imperialista y en un caos guerrero creciente.

Georgia constituye un enclave estratégico muy importante lo que ha conducido a que fuera cortejada de manera interesada en el curso de los últimos años. En la era estaliniana constituía un simple corredor de tránsito del petróleo ruso del Volga y el Ural, sin embargo, desde 1989, el Mar Negro se ha convertido en el pasaje clave para encaminar las riquezas -principalmente petrolíferas- que alberga el mar Caspio. En el justo centro de esta zona, Georgia se ha transformado en la encrucijada del petróleo y el gas del mar Caspio y propiedad de Azarbayán, Kazastán y Turmenistán. Desde 2005, el oleoducto BTC de 1800 kilómetros, construidos bajo el patronazgo americano, une el puerto azerí de Bakú con el terminal turco de Ceyhan pasando por Tbilisi, marginando completamente a Rusia en el tráfico del petróleo del Caspio. A su vez, la Unión Europea se frota las manos con un gasoducto de 330 kilómetros bautizado Tabuco que iría paralelo al oleoducto BTC y que llevaría el gas de Irán y Azerbaiyán directamente a Europa pasando por Georgia y Turquía. Rusia, de nuevo marginada y cuyo nuevo presidente -Medvedev- es el antiguo patrón de la Gazprom -la principal empresa energética rusa-, apuesta por un proyecto gigantesco para competir con todos esos proyectos, el cual atravesaría el mar Negro para comunicarse con Europa y cuyo coste se estima en 20000 millones de dólares.

¿Nos encaminamos hacia una nueva guerra fría?

Las dos excabezas de bloque, USA y Rusia, se vuelven a enfrentar peligrosamente de nuevo, sin embargo, el marco de las relaciones ínter imperialistas es completamente diferente del periodo de la guerra fría donde funcionaba sin fallos una disciplina de bloque. En aquella época, se nos hacía creer que el conflicto entre los dos grandes bloques era producto de una lucha ideológica: la batalla de las fuerzas de la libertad y la democracia contra el totalitarismo, asimilado al comunismo. Hoy podemos comprobar cómo todos aquellos que nos habían prometido una era de paz y estabilidad nos han engañado y que el conflicto tanto entonces como ahora encierra una competencia bestial y asesinada motivada por sórdidos intereses imperialistas.

Actualmente las relaciones entre las naciones están dominadas por el "cada uno a suya". En efecto, el alto el fuego firmado no ha hecho más que confirmar el triunfo de los dueños del Kremlin y la superioridad de Rusia en Georgia sobre el terreno militar, arrastrando una capitulación humillante de Georgia (cuya integridad territorial no es segura) ante las condiciones dictadas por Moscú. Así, esta parodia de fuerzas de paz instaladas en Osetia del Sur y Absajia y exclusivamente reservadas al ejército ruso, equivale a un reconocimiento oficial de la implantaciones permanente de auténticas fuerzas de ocupación rusas en pleno territorio georgiano. Rusia ha aprovechado además su ventaja militar para reinstalarse en Georgia con sus tropas desplegados en gran parte de ese territorio despreciando olímpicamente a la llamada "comunidad internacional".

El padrino americano acaba de sufrir un nuevo y ruidoso revés. Mientras Georgia tuvo que pagar un duro tributo por su alianza con los Estados Unidos (tuvo que enviar un contingente de 2000 hombres a Irak y Afganistán), en cambio el Tío Sam no le ha servido de gran cosa más allá de un apoyo moral y prodigar vanas condenas verbales contra Rusia sin poder levantar un dedo para defenderla. El aspecto más significativo de este debilitamiento es que la Casa Blanca no tenía un plan de recambio a proponer frente al acuerdo cojo y hecho de aquí y de allá de "alto el fuego" y no ha tenido más remedio que tragar con el "plan europeo", el cual para más INRI supone tragar con todas las condiciones dictadas por los rusos. El colmo de la humillación ha sido que Condolezza Rice ha debido desplazarse para forzar al presidente georgiano a que lo firme. Esto muestra de forma elocuente la impotencia y el declive de la primera potencia mundial. Esta nueva etapa en la manifestación de su debilitamiento no puede más que contribuir a desacreditarla a los ojos del mundo e inquietar sobremanera a los Estados que, como Polonia o Ucrania, se ven obligados a contar con su apoyo.

Si Estados Unidos muestran ante el mundo su impotencia, Europa pone de manifiesto el nivel que está alcanzado la tendencia del "cada uno a la suya". Así, ante la parálisis americana, la "diplomacia europea" ha entrado en acción. Pero resulta significativo que sea el presidente francés Sarkozy quien se haya erigido en su portavoz como presidente en ejercicio de la Unión Europea, cuando no suele más que representarse a si mismo, en sus proezas exhibicionistas, desprovistas de toda coherencia y campeonas en la navegación de cortas miras dentro de la escena internacional. Una vez más, Sarkozy ha corrido para poner su granito de arena en el conflicto con el objeto de obtener el máximo de gloria. Pero el famoso "plan de paz francés" (no ha podido mantener por mucho tiempo la ilusión de hacerlo pasar como un gran éxito diplomático nacional o europeo) no es más que un ridículo simulacro que apenas disimula que las condiciones han sido pura y simplemente impuestas por los rusos.

En cuanto a Europa es muy difícil esperar que haya sacado como tal algún provecho pues ella abriga los intereses y posiciones más diametralmente opuestas. ¿Qué unidad puede existir entre por ejemplo Polonia y los estados bálticos que por condicionamiento visceral anti-ruso son fervientes defensores de Georgia y, por otro lado, Alemania que en oposición al control americano en la región figura entre los oponentes más resueltos a la integración de Georgia y Ucrania en la OTAN? Si recientemente Angela Merkel ha dado una espectacular voltereta acudiendo a asegurar al presidente georgiano su apoyo a dicha candidatura, esto ha estado dictado por la creciente impopularidad de Rusia que se comporta en toda Georgia como en territorio conquistado, lo que suscita la "reprobación general" de la "comunidad internacional". Lo que se pone en evidencia es que Europa se asemeja a un cesto de cangrejos con una Francia que jugando al llanero solitario ha acabado por hacerle un servicio a Putin mientras que Gran Bretaña se erige en defensor incondicional de Georgia para mejor oponerse a su gran rival, Alemania.

En cuanto al beneficio que pueda sacar la propia Rusia éste es bastante limitado. Es verdad que refuerza a corto plazo su posición imperialista no solamente en el Cáucaso sino que además se hace respetar de nuevo en la escena internacional. La armada rusa se ha hecho la dueño de los mares regionales y amenaza con hundir a todos los barcos que no respeten sus designios. Aunque refuerce sus posiciones en el Cáucaso esta victoria militar es sin embargo insuficiente para disuadir el proyecto americano de un escudo antimisiles en suelo europeo. Al contrario, empuja a la Casa Blanca a acelerar dicho despliegue como lo prueba el acuerdo que acaba de firmar con Polonia. En represalia, el jefe adjunto del Estado Mayor ruso ha amenazado a Polonia designándola como blanco prioritario de su arsenal nuclear.

En realidad, el imperialismo ruso tiene muy poco interés en la independencia o anexión de Osetia del Sur o Absajia, lo que le interesa más bien es colocarse en una posición de fuerza en las negociaciones sobre el porvenir de Georgia. En el fondo, su actitud belicosa y la enormidad de los medios militares que ha puesto en juego en Georgia despiertas los viejos miedos que inspiraba a sus rivales imperialistas y en realidad se encuentra más aisladas que nunca para romper el cerco al que se ve sometida.

Ninguna potencia puede pretender hacerse dueña o controlar la situación y los continuos vaivenes y cambios de alianza a los que asistimos traducen bien una peligrosa desestabilización de las relaciones imperialistas.

La paz es imposible bajo el capitalismo

Lo que sin embargo no puede plantear la menor duda es que todas las potencias, grandes y pequeñas, manifiestan el mismo interés y la misma implicación para jugar un rol y ocupar una plaza sobre el terreno diplomático en una región del mundo que concentra importantes intereses geo-estratégicos. Esto subraya la responsabilidad de todas las potencias -cualquiera que sea su tamaño- en esta situación. Con el petróleo y el gas del Caspio o de los países de Asia Central, a menudo turcomanos, los intereses vitales de Turquía y de Irán se ven comprometidos en esta región del mundo a la vez que el mundo entero está implicado en el conflicto. Cada estado puede servirse de los hombres de carne de cañón en el Cáucaso porque esta región es un mosaico fuertemente entrelazado de de etnias: por ejemplo, los osetios son de origen iraní... Con ello es mucho más fácil para tal o cual potencia atizar el fuego guerrero del nacionalismo aprovechando semejante fragmentación. El pasado dominador de Rusia pesa fuertemente. Prefigura otras tensiones imperialistas más graves y más amplias en el futuro: hemos visto la inquietud de los estados bálticos y especialmente de Ucrania, una potencia militar con un arsenal nuclear de una envergadura mucho mayor que Georgia.

Esta guerra agudiza el riesgo de estallido y desestabilización no solamente a escala regional pero con consecuencias inevitables a nivel mundial sobre el equilibrio de fuerzas imperialistas en el porvenir. El plan de paz es puro camelo, pura pólvora arrojada a los ojos que concentra en realidad todos los ingredientes para una nueva y peligrosa escalada militar en el futuro, amenazando de abrir una cadena continua de hogares de guerra en el Cáucaso y en Oriente Medio.

Asistimos a una acumulación de riesgos explosivos en varias zonas muy pobladas del planeta:  Cáucaso, Kurdistán, Pakistán, Oriente Medio etc. No solamente las potencias imperialistas evidencian su incapacidad para solucionar los problemas sino que además atizan los hogares de explosión de conflictos y cada conflicto abierto marca una dimensión superior de lo que está en juego y de los enfrentamientos. Esto demuestra una vez más que el capitalismo no tiene otra cosa que ofrecer que el desencadenamiento de la barbarie guerrera y de las matanzas en las cuales fracciones cada vez más grandes de población serán tomadas como rehenes y pagarán los platos rotos. El ballet de buitres que vemos en Georgia no es más que un eslabón de la cadena del sangriento y monstruoso sabbat guerrero que el capitalismo no cesa de danzar sobre el mundo.

Para acabar con esta situación no sirven para nada ni reclamar más democracia, ni pedir el respeto de los derechos humanos ni creer en los acuerdos entre bandidos imperialistas ni en sus convenciones internacionales. El único medio de poner fin a la guerra es poner fin al capitalismo. Y este es el combate del proletariado. Los únicos aliados de los proletarios son los otros proletarios, por encima de las fronteras, los pueblos y los frentes nacionalistas. La única manera que tenemos los proletarios del mundo de expresar nuestra solidaridad con nuestros hermanos de clase rusos, georgiano, osetios o abzajos, la única manera de ser solidarios con las víctimas de la guerras y masacres que pululan por todo el mundo, es unir nuestras fuerzas, desarrollar nuestras luchas encaminadas hacia la destrucción de este sistema. En contraposición al nacionalismo guerrero de la burguesía, el único grito de unión de los trabajadores es el del Manifiesto Comunista: "Los proletarios no tienen patria. Proletarios del mundo entero ¡Uníos!"

WIM 17-8-08