El Grupo Comunista Internacionalista escupe sobre el internacionalismo proletario

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Hemos publicado recientemente en nuestra web un artículo sobre la intervención del GCI (Grupo Comunista Internacionalista) en la lucha de los estudiantes en Francia. El GCI es un grupo que muchos consideran parte de la tradición de la Izquierda Comunista, pero como se ponía de manifiesto en nuestro artículo, eso es un fraude total. Bajo su bandera aparentemente radical, el volante del GCI reivindicaba métodos de lucha que se asimilan al sindicalismo, al tiempo que expresaba un completo desprecio por los esfuerzos de los jóvenes proletarios en Francia para tomar a cargo su organización, al margen de los sindicatos, llamándoles a «ROMPER el democretinismo de las AG (asambleas generales, NdR) “soberanas y masivas”, escupamos a los “delegados elegidos y revocables en permanencia”».

 

Del mismo modo, frente a la extensión de las masacres imperialistas por todo el mundo, el GCI, que se las da de enemigo de cualquier nacionalismo, escupe esta vez sobre el internacionalismo proletario.

 

Ya hemos mostrado esto en otro artículo, «¿Para qué sirve el GCI?», en la Revista Internacional nº 124. Allí señalábamos que para el GCI, que hace tiempo que está fascinado por los métodos del terrorismo y la lucha de guerrillas, la mayoría de las acciones armadas atribuidas a la “Resistencia” en Irak son de hecho expresiones de la lucha obrera. Citamos en particular este pasaje:

 

«todo el aparato, los servicios, los órganos, los representantes del Estado mundial, que se encuentran en el lugar, son sistemáticamente elegidos como objetivo. Lejos de ser actos ciegos, esta resistencia armada tiene una lógica si hacemos el esfuerzo de salir de estereotipos y de la falsa propaganda ideológica que los burgueses nos proponen como única explicación de lo que pasa en Irak. Detrás de los objetivos, así como en la guerrilla cotidiana dirigida contra las fuerzas de ocupación, se pueden percibir designados los contornos de un proletariado que intenta luchar, organizarse, contra todas las fracciones burguesas que han decidido imponer el orden y la seguridad capitalista en la región, aún si todavía es extremamente difícil juzgar el grado de autonomía de nuestra clase en relación con las fuerzas burguesas que intentan encuadrar la rabia de nuestra clase contra todo aquello que representa al Estado mundial. Los actos de sabotajes, atentados, manifestaciones, ocupaciones, huelgas... no son hechos de islamistas o de nacionalistas panárabes. Dicha interpretación es demasiado simplista y va en el sentido del discurso dominante que quiere encerrar nuestra comprensión en una lucha entre «el bien y el mal», entre «los buenos y los malos», un poco como en una película de cowboys, eliminando una vez más la contradicción mortal del capitalismo: el proletariado» (Communisme nº 55 “Algunas consideraciones sobre los acontecimientos que sacuden actualmente Irak”, febrero 2004)

De hecho, según el GCI, el nivel de la lucha de clases y de la conciencia de clase en Irak es tan alto, que el objetivo principal de la invasión de Irak era reprimir el movimiento de clase. La invasión habría sido principalmente una “intervención policial” desencadenada  por lo que llaman «El Estado mundial» contra una fracción particularmente combativa del proletariado. Y en el caos y la carnicería que se ha generado tras la ocupación, el GCI continua viendo un movimiento de clase, tan avanzado, que habría llegado al terreno de la lucha armada.

Parece que esta delirante distorsión de la auténtica pesadilla que vive Irak, ha producido algunas reacciones incluso de los simpatizantes del GCI. En el nº 53 de su revista Comunismo, en español, dan el paso, hasta ahora sin precedentes, de publicar un debate entre el GCI y sus simpatizantes: «Discusión internacional acerca de la lucha del proletariado en Irak». El artículo comienza con una carta que expresa serias reservas sobre la reivindicación del GCI de la lucha armada y los atentados en Irak como expresiones de la lucha obrera:

«Vuestro artículo en torno a Irak en el último Comunismo pese a intentar situarse dentro de una perspectiva de clase, de la acción, de las dificultades y del nivel de autonomía del proletariado (característica, como ya os he comentado alguna vez, cualitativamente positiva de los análisis de vuestro grupo) cae en la amalgama y la homogeneización que hacen los análisis burgueses de la situación en Irak, identificando lo que sucede en Irak con sangrientos e indiscriminados atentados que nada tienen que ver con expresiones de lucha proletaria (que sí se están dando), y en este error caéis vosotros enumerando ciertos atentados sin duda perpetrados por fracciones burguesas (¿por la CIA, por saddamistas, por Siria, por Irán...?) tales como el atentado a Al Hakim, el de la ONU o el de la embajada de Jordania en verano de 2003 como expresiones de lucha proletaria.»

 

Le sigue un extenso texto –no está claro si de la misma autoría u otra, aunque se trata aparentemente del trabajo de un grupo- que expresa igualmente dudas sobre algunas de las afirmaciones del GCI sobre el avanzado nivel de la lucha de clases en Irak. El texto cuestiona los argumentos del GCI que defienden que la oleada de saqueos que se extendió por todo el país durante la invasión fue un movimiento proletario, señalando por ejemplo que no solo se saquearon las oficinas del gobierno y los palacios de Saddam, sino también muchos hospitales que quedaron sin suministros vitales. También cita una lista de otras acciones que están más claramente en un terreno de clase, como las manifestaciones de desempleados o las que reivindicaban el pago de atrasos. Y aunque parece que está de acuerdo con el GCI en que «las acciones armadas están bastante arraigadas entre la clase obrera en Irak», plantea sin embargo que es un tremendo error caer en la misma homogeneización que los medios burgueses aplauden alegremente:

 

«Si estos atentados son obra de sadamistas, de Siria e Irán interesados en enfangar a USA en Irak, de islamistas o de la CIA (si acaso no son la misma cosa estos dos últimos) no nos importa tanto, lo que sí parece claro es que pretenden dividir y aterrorizar al proletariado iraquí, y consideramos un tremendo error caer en la misma homogeneización de la que hacen gala los medios burgueses aplaudiendo estos atentados (como ha hecho el gci en su artículo sobre Irak, que pese a partir de una perspectiva de clase, tiene dosis de homogeneización y confusión; o los compañeros de Arde[1] que, a nuestro entender, precipitadamente y de forma poco argumentada hablaron de los atentados a la ONU o de los sabotajes como expresiones de avances proletarios)»

 

Frente a esta crítica, el GCI no se echa atrás; al contrario, expone su horrible amalgama aún más vergonzosamente. Por ejemplo, frente a las reservas respecto al atentado al cuartel general de la ONU, descrito como expresión del combate proletario, responde:

 

«El “atentado contra la ONU” que vosotros calificáis alegremente como burgués, con el insuficiente criterio de que murieron civiles (¡durante la historia hay muchísimos actos violentos del proletariado que han hecho víctimas civiles!). Precisamente ese atentado fue el más denunciado por todas las fracciones burguesas de oposición en Irak, muy especialmente incluidas las fracciones que se proclaman dirigiendo la “lucha armada de resistencia en Irak”.»

 

De hecho, muy probablemente, el atentado fue obra del grupo de Al Zarquawi, del que muchas de sus acciones han sido condenadas por un montón de organizaciones de la “resistencia”. En todo caso, el GCI está más que dispuesto a aplaudir este tipo de ataques al “Estado mundial”, aún cuando los proletarios que los llevan a cabo estén «atrapados por fuerzas burguesas» -o sea, cuando sean obra de Al Quaeda u otras bandas terroristas. De hecho el GCI justifica su deleite al contemplar el derrumbe de las Torres Gemelas con el mismo argumento:

«Nosotros expusimos claramente esta distinción en nuestro editorial de Comunismo número 48 “Capitalismo=terrorismo contra la humanidad; contra la guerra y la represión capitalistas” cuando comentamos los sucesos del 11 de septiembre. Al mismo tiempo que mostramos que el proletariado tiene interés en la destrucción de esos objetivos que representan y realizan perfectamente el terrorismo del capital mundial, en vez de llorar por los civiles muertos, como hacen todos los cómplices con la dictadura democrática, dejamos claro que ello no implica decir que es un atentado realizado por el proletariado como clase. Más todavía, explicamos claramente que, incluso cuando esas acciones sean realizadas por proletarios (en el sentido sociológico del termino), aunque destruyan centros de represión y comercio mundial y que lógicamente nosotros como los revolucionarios del mundo sentimos enorme simpatía por tales actos, nosotros no apoyamos las organizaciones que realizan tales acciones. Así no descartamos que dichas acciones hayan sido llevadas adelante por organizaciones islamistas, que definimos como centristas, es decir por organizaciones extremas de la socialdemocracia que constituyen la última y más férrea barrera contra la revolución».

Así, mientras los revolucionarios en todo el mundo denunciaban la masacre del 11 de Septiembre como un acto de guerra imperialista (que probablemente el Estado americano “dejó que ocurriera” para justificar sus planes de guerra); mientras expresamos nuestra solidaridad con los miles de proletarios inmolados en este crimen bárbaro, el GCI sólo podía sentir una “gran simpatía” por las acciones de Bin Laden y Al Quaeda, extrañamente definidos como “centristas” (término que tradicionalmente define una fracción confusa o indecisa del movimiento político proletario), y que en cualquier caso estarían acometiendo un acto –la destrucción de centros de represión y de comercio mundial- “en interés” del proletariado.

«Considerar que un atentado es correcto, o como decís vosotros aplaudirlo, porque se golpea al estado burgués internacional, no implica, para nosotros, apoyar a la organización que lo realiza». La lógica es típicamente trotskista. Igual que los trotskistas la emplean para apoyar proto-Estados nacionalistas como la OLP, Hezbollah, o el Ejército de Liberación de Kosovo, el GCI la ha empleado antes para justificar su apoyo a las acciones de Sendero Luminoso en Perú, o el Bloque Popular Revolucionario en El Salvador.

Y realmente para el GCI, para quien el súmmum de la acción proletaria es el trabajo de grupos  violentos minoritarios y clandestinos, no cabe ninguna distinción entre los métodos del proletariado y los del terrorismo burgués. No es de extrañar que los simpatizantes críticos del GCI estén confusos. Quieren ser capaces de ver qué actos de sabotaje, qué atentados contra las fuerzas de la coalición, los cometen  islamistas reaccionarios u oscuras fuerzas estatales, y cuales son llevados a cabo por “grupos de proletarios asociados”. Pero de lo que no se dan cuenta es de que las “iniciativas” armadas de minorías, sin conexión con la lucha de la clase por sus propias reivindicaciones y mediante sus propias formas de organización, sólo pueden ser recuperadas por la burguesía para volverlas contra los intereses de la clase obrera; incluso cuando inicialmente hayan sido obra de grupos que actúen más o menos espontáneamente.

Junto a la amalgama del GCI entre la violencia de clase y el terrorismo, su apoyo a la Resistencia en Irak se apoya en una atroz distorsión del internacionalismo proletario. Sazonando la respuesta del GCI a sus críticos hay citas del anarquista mexicano Ricardo Flores Magón. Magón fue ciertamente un militante del proletariado a comienzos del siglo XX, hasta que fue asesinado por el Estado norteamericano en 1921. Pero algunas de las citas que pone el GCI sobre la Iª Guerra mundial, muestran una gran confusión que lo separa de los internacionalistas más claros de su época. Así se recoge lo que dijo Magón en 1914:

«Cuando mueran los nuestros, debemos llorar; mientras mueran los imbéciles que van a luchar por el engrandecimiento de sus propios verdugos debemos reír: menos obstáculos encontraremos en nuestra lucha por la destrucción del actual sistema... No son nuestros hermanos los que perecen por millares en los campos de batalla de Europa, Asia, Africa y Oceanía. Son nuestros enemigos; son los que quieren que perdure este sistema que nos hace despreciados; son los lacayos del capital, la iglesia y la autoridad.» (Ricardo Flores Magón, Regeneración Nº 202 del 14 de noviembre de 1914)

Para dejar claro que el GCI está de acuerdo con este terrible pasaje, en su respuesta repiten: «Ricardo Flores Magón no tenía pelos en la lengua para alegrarse de los miles de militares que reventaban en el frente de la guerra imperialista del 14 al 19… porque sabía que morían como fuerzas del estado mundial del capital, porque quienes reventaban no eran nuestros compañeros sino nuestros enemigos, es decir los sumisos soldados que aceptaban morir y matar en el frente de batalla como agentes de sus “propios” burgueses»

La actitud de revolucionarios como Lenin o Rosa Luxemburg nunca fue tratar a los soldados enviados al frente como estúpidos esclavos, enemigos del proletariado. Al contrario, Luxemburg se refiere a ellos como la flor del proletariado europeo, arrancada en los campos de batalla. Esos proletarios, aún cuando cayeran «en el campo del deshonor, del fratricidio, de la autodestrucción» (Folleto de Junius), seguían siendo nuestros hermanos de clase, y sobre esa base los revolucionarios llamaron a la fraternización en las trincheras, a los motines, y a “transformar la guerra imperialista en guerra civil”. Los revolucionarios denunciaron la carnicería en ambos bandos; no se frotaban las manos con el convencimiento de que llevaría a la revolución. Al contrario, cuanto más durara la carnicería, mayor sería el riesgo de que la clase obrera no fuera capaz de hacer la revolución socialista y fuera arrastrada por la barbarie.

El GCI toma esa actitud hacia los soldados de “nuestro” campo como modelo para su versión del “derrotismo revolucionario” –que se parece como dos gotas de agua a la actitud de los troskistas, para quienes el “derrotismo” se aplica invariablemente sólo a uno de los campos de la guerra imperialista. Aunque argumentan que Magón no cometió en la guerra imperialista de 1914 el error de contar como aliado al ejército opuesto, esto está más que implícito en la actitud del GCI, cuando dice: «Nuestra posición es el derrotismo revolucionario, por eso todo golpe que acelere la derrota de nuestro estado, que está hoy mismo reprimiendo en Irak, es bienvenido, aunque muchas veces ese golpe sea dado por proletarios encuadrados por fuerzas burguesas.». Esta es la lógica clásica del antiimperialismo: apoyamos todo lo que debilita nuestra propia potencia imperialista. Pero no se toma en cuenta que, en este terreno, el debilitamiento de una potencia imperialista significa el reforzamiento de la contraria. Así, el GCI se hace cómplice directo de la guerra imperialista en Irak.

El GCI ha engañado a muchos elementos en búsqueda de posiciones políticas, particularmente a los que están influenciados por el anarquismo, con sus frases ultrarradicales y su exaltación de la violencia. Por nuestra parte hace tiempo que sostenemos que el GCI es una clara expresión del parasitismo político (ver «Tesis sobre el parasitismo» en Revista internacional nº 94), un grupo cuya verdadera razón de ser es jugar un papel destructivo respecto a las auténticas organizaciones revolucionarias –en el caso del GCI, hasta el extremo de llamar a ataques violentos e incluso asesinatos contra sus militantes. La posición del GCI sobre el movimiento de luchas en Francia y la guerra de Irak, debería llevar a los elementos influenciados por sus posiciones a reflexionar sobre la verdadera naturaleza de este grupo. Para nosotros no cabe duda de que, cada vez más a las claras, está haciendo el trabajo de la burguesía, sea o no manipulado por fuerzas del Estado.

En Francia, el proletariado da un gran paso adelante en la autoorganización de su lucha en asambleas, y ahí llega un grupo “internacionalista” y “comunista”, a decirle que abandone las asambleas, a escupir sobre el principio de los delegados elegidos y revocables y a llamar a acciones tipo comando típicamente sindicalistas. ¿Qué otra actitud sino esta podría estar mejor calculada para bloquear la unión de las minorías comunistas y el movimiento de masas?

En Irak, este grupo “Internacionalista” y “comunista” canta las alabanzas de los tiroteos sin fin, los atentados y los actos de sabotaje, que lejos de expresar el movimiento de clase del proletariado son una manifestación de la guerra imperialista en una fase de creciente caos y descomposición; son obra de gangsters burgueses que, cada vez más, se orientan, no a combatir las fuerzas de ocupación, sino a masacres sectarias indiscriminadas. Y lo que es más, al hacer esta revulsiva amalgama, el GCI establece una clara relación en los registros de las fuerzas de seguridad del Estado, entre los que se presentan como comunistas internacionalistas y los que se identifican con el terrorismo internacional. ¿Qué mejor excusa para llevar a cabo una vigilancia, investigaciones u otros ataques represivos contra los grupos revolucionarios?

Si añadimos a eso el record de amenazas violentas del GCI contra las organizaciones proletarias, debería quedar de sobra claro que este grupo, cualesquiera que sean sus motivos, es un peligro real para el movimiento revolucionario. Los que quieren discutir las posiciones políticas de la clase obrera y el internacionalismo proletario tienen que romper toda relación con ese grupo lo más pronto posible.

 

 

 

Amos

 

 

 

 


[1] Arde es un grupo en España, próximo al GCI (ver en nuestra web: ap/2005/180_Arde.html). El pasaje continúa criticando a la CCI de hacer “meras transcripciones de la prensa burguesa”  y hablar sólo de Sunnitas y Chiitas en Irak; pero no de clases. Esto es completamente falso. Hemos hablado de la situación del proletariado en Irak, y hemos escrito sobre algunos de sus esfuerzos para luchar; pero hemos reconocido que enfrenta terribles dificultades para afirmar sus intereses de clase y que realmente se encuentra en peligro de ser movilizado a una “guerra civil” burguesa.