A propósito de la película Salvador

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No pretendemos hacer una crítica de los aspectos cinematográficos (puesta en escena, efectos,…) de esta película recientemente estrenada sobre Salvador Puig Antic. Tampoco vamos a detenernos en analizar las intenciones que han llevado a instituciones tan alejadas de los ideales que perseguía el protagonista de la historia, a patrocinarla generosamente. Nos referimos, entre otras, a la Generalitat de Catalunya (en manos del PSC, ERC, y los ex estalinistas de IU) o a la propia Antena 3, en manos del Sr. Lara, amigo confeso de José María Aznar.

 

 

Si queremos denunciar, en cambio, la tergiversación que perpetra este film sobre el ambiente en que, supuestamente, se desarrollan los hechos. La película en ningún momento expresa lo que fueron las luchas obreras de principio de los setenta en Barcelona , sino al contrario es una grosera manipulación de esas luchas  y, también hay que decirlo, de lo que fue el MIL. Se trata de  una alabanza descarada del individualismo, de la estampa burguesa del héroe inconformista, al que después se idolatra por sus propios verdugos políticos como es el caso de la película. Se presenta los hechos como una violencia ejercida por un grupúsculo al margen de la lucha clases, aunque aparentemente aparezca muy radical y antisistema. La autonomía de algunas luchas de entonces como la de la empresa Harry Walker, la de las empresas que estaban construyendo la nueva central térmica de Sant Adria de Bésos (en una de ellas, COPISA, trabajaba el obrero asesinado Manuel Fernández), las de los barrios, etc, por citar solo las luchas de las que se habla en la película muy de refilón, está totalmente ausencia en la película, cuando constituía el hecho fundamental de aquella situación. Por supuesto, también está ausente de la película, la reflexión ante esta autonomía de clase, que llevó a la falsa creencia, por los que constituyeron el MIL, de que el proletariado necesitaba una  organización política que aportaría desde el exterior de la clase obrera, la teoría y los medios económicos necesarios mediante la “expropiación” armada y selectiva de la burguesía en la que la clase se reconocería.

La verdadera autonomía de la clase consiste en su propia autoorganización y esto lleva incluido también la organización de la violencia que siempre será un elemento, importante, pero complementario respecto de la conciencia y de la organización. Los trabajadores, en el proceso de su lucha, identifican y hacen surgir quienes son sus elementos más avanzados y decididos, en los que tienen más confianza, es lo que más se parece a lo que llamaríamos una vanguardia revolucionaria, pero esta nunca puede ser autoproclamada como fue el caso del MIL.

La película en ningún momento es crítica con la violencia individualista y al margen del proletariado, como hemos dicho, y eso no es neutral sino que por omisión lanza el mensaje mistificador, que la violencia proletaria consiste en eso, que esas acciones y, por ejemplo, las de ETA, Sendero Luminoso, Hamas, la lucha de guerrillas en general, no se diferencian de lo que ha sido y será la violencia revolucionaria de la clase obrera, cuando precisamente esos tipos de luchas armadas o acciones terroristas ni pertenecen a la clase obrera y además son contrarias a las tradiciones de lucha del proletariado; y, por extensión, también hay que decir que esa violencia está próxima, y fácilmente puede desembocar en ello, con la tradición anarquista española, con los atentados como los de Mateo Morral contra el Rey Alfonso XII, el de Santiago Salvador en el teatro Liceo de Barcelona, los asesinatos de Eduardo Dato y Sagasta, el pistolerismo de Barcelona o provocaciones policiales como el incendio de la sala de fiesta la Scala en Barcelona, en el que murieron cuatro trabajadores afiliados a la CNT. Ahora bien, sobre todo, estas acciones individuales, se traducen en un freno de las luchas obreras y al contrario de lo que buscan -la toma de conciencia mediante el ejemplo- consiguen exactamente lo contrario, desmovilización y pesimismo al no identificarse la clase obrera con ese tipo de violencia, porque instintivamente sienten que no es su campo, que no es su violencia. Esos métodos de acción encajan más bien en el proceder de otras clases sociales: o bien son conflictos internos entre capitalistas, o se trata de clases sin porvenir histórico, como la pequeña burguesía, o de provocaciones para boicotear las verdaderas luchas obreras, desorganizarlas y justificar su represión.

Se puede argüir que la pretensión de la película es solo centrarse en la trayectoria y figura de Salvador Puig, lo que ocurre es que justamente en eso consiste el método de la ideología capitalista dominante (llevado al arte, en este caso al cine), que esencialmente es individualista, en disolver la guerra social, que siempre es de clase y colectiva, en individuos o figuras destacadas, como protagonistas de los cambios históricos.

Desde ese punto de vista, se da el mensaje implícito de que la trayectoria de Salvador Puig estaría en línea con la de Durruti, Ascaso, el Che (por cierto ahora se quiere hacer de Oriol Solé un Che catalán, hay un libro sobre el asunto) y tantos otros iconos producto de una idea personalista y burguesa de la historia, o sea falsa y mistificadora como se hace en el film.

No es nuestra intención hacer una critica o una alabanza personal de Salvador Puig, en todo caso lo justo sería hacerlo de sus ideas políticas inexistentes en la película, ya que la persona y el pensamiento de Salvador Puig, queda diluida entre las escenas violentas, sus vivencias individuales y el consejo de guerra que acabó trágicamente con su vida, pero ese es un debate más extenso que aquí no podemos abordar.

S. 17/10/06