Terror estatal o «terrorismo islámico», una falsa alternativa para arrastrarnos a la guerra capitalista

Ver tambien :

Versión para impresiónEnviar por email

 

El portavoz de la policía británica que anunció el arresto de varios sospechosos relacionados con la preparación de atentados a los aviones, dijo que el grupo planeaba «asesinatos masivos a escala inimaginable y sin precedentes».

Si lo que preparaban realmente era la destrucción de aviones de transporte de pasajeros cuando sobrevolaran las ciudades americanas, se trata ciertamente de un plan de asesinatos masivos. Los métodos de Bin Laden y de los “yhaidistas” que lo admiran son métodos de barbarie. Las víctimas de sus ataques son en primer lugar y principalmente los explotados y los oprimidos, los trabajadores, los pobres. En Nueva York, Madrid, Londres, Mumbai, Beslan, y todos los días en Irak, la «resistencia islámica» masacra a los que van a trabajar, a los que intentan sobrevivir día a día en una sociedad hostil. De hecho, los métodos de los “yhaidistas” son los mismos que los de las potencias hostiles a los que dicen que se oponen –USA, GB, Israel, Rusia, etc.

Y así como los gobiernos occidentales tratan de fomentar la islamofobia y el racismo contra los musulmanes, la respuesta de los “yhaidistas” es predicar el racismo contra los “infieles”, y en particular contra los judíos, reviviendo las peores mentiras del Hitlerismo. Esas ideologías se usan para justificar verdaderas carnicerías de la población no-musulmana (en las que los musulmanes también mueren a miles, como en Irak). Los “yhaidistas” son realmente el reflejo en el espejo de Bush y Blair y su «guerra contra el terrorismo».

Las atrocidades terroristas contra inocentes ni son «inimaginables», ni «sin precedentes». Los que hoy desde el poder condenan esas recientes tentativas de cometer atrocidades, en realidad llevan a cabo otras mucho mayores; puesto que sus posibilidades son muy superiores. Son auténticos yhaidistas “democráticos” a cargo de los mayores Estados del mundo, responsables de masacres de civiles a escala mucho mayor –en Irak, Afganistán, Líbano, Chechenia… Las guerras desencadenadas por las potencias “democráticas” son el modelo supremo de terror. ¿De qué otra forma se puede catalogar el uso masivo de la fuerza militar para intimidar a la población en diferentes zonas? ¿Qué otra cosa puede ser la devastación de Líbano que Israel está llevando a cabo? ¿O la campaña USA «Shock and awe» (golpear e intimidar) del 2003? ¿Qué fue sino la operación «area bombing»[1] sobre Alemania, ordenada por Churchill al final de la 2ª guerra mundial?

 

El Estado «democrático» manipula a los terroristas

 

La guerra imperialista es terror contra la humanidad, y los Estados que la practican son tan expertos en los tenebrosos métodos de los “terroristas” como en el terror masivo y diáfano de los bombardeos aéreos. ¿Quién sino la “democrática” América entrenó a Bin Laden para combatir a los rusos? ¿Quién utilizó los grupos protestantes para llevar a cabo asesinatos y atentados en el Ulster? : La “democrática” Gran Bretaña. ¿Qué país ensalza como sus “padres fundadores” antiguos terroristas  como Menahem Begin?: el Estado “antiterrorista” de Israel. Y a través de sus espías e informadores, el Estado “democrático” también puede utilizar sutilmente los grupos terroristas, incluso cuando están  “en el otro bando”. A pesar de las polémicas oficiales contra las “teorías conspirativas”, hay abundantes evidencias que sugieren que el Estado USA dejó hacer a Al Quaeda en septiembre de 2001; el objetivo –que ya ha sido abiertamente considerado por los teóricos “neocons”- era crear un nuevo Peral Harbour para justificar una amplia ofensiva imperialista en Afganistán e Irak. Y es igualmente capaz de fabricar complots terroristas cuando realmente no hay nada; Juan Carlos de Menezes  dejó su vida en uno de estos montajes en Stockwell, y las redadas masivas en Forest Gate en Junio casi suponen otra muerte “accidental”. Porque sea real o inventada la amenaza, el Estado siempre usa las actividades de los terroristas para reforzar su arsenal de leyes represivas, su ingente aparato de informadores y de vigilancia.

Después del 11 de septiembre, Bush planteó una falsa alternativa: o con nosotros o con los terroristas. Hoy mucha gente ha visto las verdaderas intenciones de Bush; pero la mayoría no han podido escapar de ese falso dilema. A muchos jóvenes que ven que el mundo está siendo conducido a un desastre, se les engaña presentándoles el terrorismo como la única “alternativa”. Pero es una falsa alternativa, un callejón sin salida igualmente desastroso, que los convierte en agentes de reclutamiento en una marcha suicida a la guerra imperialista. Esto es evidente en la guerra que se extiende por Oriente Medio, guerra que está también repercutiendo en USA y Europa.

 

La lucha de clases es nuestro único futuro

 

Pero ante la inexorable decadencia de la sociedad actual, que se hunde en la guerra y el caos, hay otra alternativa: la alternativa de la clase explotada, el proletariado, que somos la gran mayoría, y que no tiene ningún interés en dejarse arrastrar a conflictos fratricidas y masacres interimperialistas.

Frente a la aceleración del colapso del capitalismo, que en todas partes del globo ha demostrado que pone en peligro la supervivencia misma de la humanidad, sólo hay una guerra que vale la pena combatir: la guerra de clases, que una a los obreros de todos los países y razas contra los gangsters que gobiernan el planeta, pero que progresivamente están perdiendo el control.

La lucha de clases, que muchos daban por enterrada, estalla hoy de nuevo como puede verse en varios acontecimientos recientes:

-          en las asambleas y manifestaciones de los estudiantes franceses, masivamente en huelga en los institutos y las universidades, todos juntos sin distinción de raza, o sexo, etc; un movimiento que, como en 1968, sacudió la arrogancia del Estado, sobre todo cuando cada vez más obreros comenzaron a sumarse al movimiento;

-          en la huelga salvaje de los trabajadores de correos en Belfast: oficialmente “católicos” y “lealistas”, se manifestaron sin embargo conjuntamente por las calles de uno y otro “enemigo”, desafiando el cisma nacional y las bandas paramilitares de ambos lados;

-          en la huelga de Heathrow el año pasado, donde los trabajadores del handling entraron en lucha en solidaridad con los obreros de Gate Gourmet (servicio de cafetería), uniéndose por encima de divisiones raciales y sexuales, en una indignación común contra la prepotencia tiránica de la patronal, y desafiando al mismo tiempo, al tomar esa iniciativa, la legislación sindical.

Estas expresiones de la solidaridad de la clase obrera son apuntes de la verdadera comunidad del género humano, una comunidad hecha de acción humana para seres humanos, no esclavizada por la religión o el Estado.

 

Traducido de World Revolution, publicación en GB de la CCI, 14.08.06

 


[1] Bombardeos sobre Dresde, donde se había refugiado gran parte de la población huyendo de la guerra, que devastaron completamente la ciudad, y que tenían en parte el objetivo de masacrar e intimidar a la población para evitar una respuesta del proletariado a la guerra