Balance de la Reunión Pública de Buenos Aires agosto 2005

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Balance Reunión Pública Buenos Aires

El pasado 26 de agosto tuvo lugar en Buenos Aires una reunión pública de la CCI sobre el tema: La experiencia de Zanón: La autogestión ¿solución a la miseria o gestión de la miseria?

En un anexo adjuntamos la presentación que hicimos. Vamos a dar cuenta de la discusión que fue muy animada y en la que participaron compañeros del Núcleo Comunista Internacionalista y del Colectivo Nuevo Proyecto Histórico.

Los compañeros de este último colectivo repartieron su texto –que contiene elementos de denuncia de la autogestión- titulado Empresas recuperadas: La autonomía empantanada e intervinieron activamente en la reunión. También otros compañeros plantearon diferentes cuestiones. Queremos destacar algunas de ellas haciendo una breve reflexión.

El alud de cierres de empresas es impresionante en Argentina, como lo es también en la mayoría de países, especialmente los industrializados. De un día para otro, el patrón cierra la fábrica o declara la quiebra y deja a los obreros sin ningún medio para comer, ellos y sus familias. Estos tienen que defenderse y la mejor defensa es crear una relación de fuerzas contra el Capital y su Estado. ¿Cómo conseguirla? Buscando la solidaridad y la movilización para la lucha de los demás obreros sin distinción de empresa, sector o región.

Esa capacidad de manifestarse como UNA SOLA CLASE adonde cualquier sector obrero siente el ataque a otros compañeros como un ataque a si mismo, está todavía lejos de ser alcanzada por nuestra clase. Desde hace 15 años predomina la situación opuesta de dispersión, de apatía, de dificultad para reconocerse siquiera como clase. Ante semejante situación, los obreros se agarran desesperadamente a medidas como la ocupación de la empresa cerrada para que sigua funcionando y ante la espantada del patrón ellos mismos la ponen en marcha.

Pero estas medidas lo más que consiguen es prolongar durante un cierto tiempo la agonía de la empresa a costa de terribles sacrificios por parte de los trabajadores: en la mayoría de los casos se ven obligados a bajarse los salarios trabajando muchas más horas y, más pronto o más tarde, hay que despedir a compañeros para mantener la empresa a flote. Es decir, los trabajadores toman a cargo su propia explotación, se convierten en funcionarios del capital, sometidos a las leyes del mercado y semejante transformación no les garantiza ni mucho menos un medio de vida.

Pero lo peor es que se ven obligados a atacar sus armas más preciadas, cuyo desarrollo es lo que de verdad les permitirá acabar con las causas de la miseria y la barbarie. Al tener que organizar la explotación, tienen que enfrentarse unos contra otros, tienen que tomar medidas como despedir compañeros, o sea, imponer la violencia dentro de la propia clase. Destruyen por tanto su UNIDAD COMO CLASE no solo al interior de la empresa sino respecto a los demás obreros que a sus ojos dejan de serlo para convertirse en los de la empresa tal o los de la empresa cual, es decir, son vistos como competidores.

La empresa “autogestionada” está sometida a las reglas del mercado y, por ello, la preocupación que inevitablemente se apodera de sus trabajadores es cómo hacerla competitiva, cómo hacerla productiva, como vencer a los rivales. Los obreros identifican sus intereses con el interés de la empresa, con el interés de la economía nacional. En vez de luchar contra el Capital y el Estado nacional, se someten a él y a sus leyes. Es decir, destruyen su CONCIENCIA DE CLASE.

Ante esta denuncia, que se acompañó por parte de dos asistentes de una crítica del movimiento piquetero, un asistente planteó “entonces ¿cómo luchar?”. Esto dio lugar a un debate que un compañero del colectivo NPH formuló así “o lucha antagónica contra el capital o lucha creando un contrapoder de los trabajadores dentro de la sociedad capitalista misma”

Al hilo de esta cuestión, una compañera del mismo colectivo, planteó, junto a otras cuestiones interesantes, “¿es posible crear un espacio anti-capitalista dentro del propio capitalismo?”.

Respondimos que no. La burguesía pudo desarrollar un contra-poder económico al interior de la sociedad feudal porque era una clase explotadora que aspiraba a una nueva forma de explotación. El capitalismo se desarrolló al interior de la propia sociedad feudal. Sin embargo, eso no es posible para el proletariado: éste no aspira a instaurar una nueva explotación sino a abolir toda forma de explotación y no posee ningún poder económico previo al interior de la sociedad capitalista. Sus armas son su unidad, su conciencia, su solidaridad y su capacidad de auto-organización, factores que convergen en el asalto revolucionario contra el Estado burgués para establecer el poder mundial de los Consejos Obreros que abre el periodo de transición del capitalismo al comunismo.

Otra compañera planteó, junto con otro compañero que intervino en el mismo sentido, la terrible situación de los millones de personas que se debaten en las villas miseria del conurbano bonaerense, que no pueden encontrar trabajo, que apenas tienen de qué comer. ¿Cómo salir de esa situación? ¿Adquirir una cultura es una alternativa?

El capitalismo está en una crisis cada vez más grave, no solo en Argentina donde el cinturón de pobreza rayana en el hambre que constituye la mayoría del Gran Buenos Aires es un testimonio desgarrador, sino en todo el mundo. No tiene los medios para crear los puestos de trabajo que absorban esa ingente masa de desocupados pero, más aún, recorta despiadadamente los salarios hasta el extremo de que, como decía una enfermera del hospital Garrahan en huelga, «ni siquiera teniendo un trabajo se puede vivir». En ese sentido darse una formación para “ser competitivo y obtener un puesto de trabajo” es un engaño. Pero darse cultura es otra cosa. La lucha del proletariado no se basa en la ignorancia y la incultura. Se funda en una comprensión de los fines y los medios de su lucha como clase. En su conciencia revolucionaria se integra de forma crítica todo el desarrollo cultural de la humanidad durante siglos y que hoy se ve amenazado por la creciente barbarie, la degeneración moral, la degradación, que supura por todos sus poros el capitalismo en descomposición.

La discusión fue muy animada, apuntando numerosos temas que no se pudieron abordar por falta de tiempo, destacando la cuestión de ¿quién es el sujeto histórico de la revolución? y, más particularmente, los temas de la movimiento piquetero planteado por una compañera o de los comedores populares que mucha gente, no solo en la villas miseria del conurbano bonaerense sino en barrios de la propia capital federal (como San Bernardo o San Telmo), se ve obligada a organizar para sobrevivir.

Estas cuestiones pueden seguir discutiéndose bien a través de círculos de discusión que algunos de los asistentes se animaron a impulsar, bien a través de Internet. Nosotros participaremos en esos debates con el máximo interés.

En el balance de la primera reunión que nuestra Corriente organizó en Buenos Aires hace justo un año decíamos: « Varios asistentes expresaron su agradable sorpresa por la discusión viva y animada, con participación activa de los presentes. Lo veían en los antípodas de las reuniones de grupos de izquierda o extrema izquierda del capital, adonde un orador (o varios turnándose) sueltan discursos interminables que cansan a la gente que acaba yéndose a su casa desmoralizada. En contra de todo eso, se demostró palpablemente que la Reunión Pública de la CCI es un lugar donde se puede discutir, se pueden contraponer argumentos, todo ello en vistas a la clarificación, la claridad es un arma de la clase obrera, del fuego del debate nace la luz de la claridad.». En esta reunión eso volvió a comprobarse. Fue una discusión viva, directa, entre compañeros interesados apasionadamente en contribuir a la lucha por la liberación de la humanidad.

CCI

ANEXO: Presentación realizada en la Reunión Pública

La experiencia de Zanón: La autogestión ¿solución a la miseria o gestión de la miseria?

La toma de la fábrica Zanón desde hace 4 años ha tenido resonancia a nivel nacional e internacional. Son numerosas las páginas en Internet, así como los artículos en la prensa escrita, principalmente de izquierda, anarquista y del movimiento antiglobalización, que hablan de esta experiencia de los ceramistas de Neuquén.

Lo que comenzó siendo una lucha de resistencia de los trabajadores de esta fábrica ante los despidos inminentes debido a su cierre, ha terminado siendo un movimiento autogestionario; es decir, la fábrica ha sido puesta en funcionamiento por los propios trabajadores.

Los trabajadores, en su lucha por su emancipación de las cadenas del capital, deben hacer en todo momento una evaluación de las mismas: cuál es el balance de sus fuerzas y de la clase enemiga; y sobre todo evaluar si los medios de lucha utilizados y sus consecuencias fortalecen su organización y su conciencia, únicos medios de que dispone la clase obrera en su lucha histórica contra el capital.

En ese sentido, debemos preguntarnos si la autogestión fortalece o debilita la organización y la conciencia proletarias.

Consideramos que la autogestión, en vez de fortalecer al proletariado, lo debilita en su lucha contra el capital. ¿Por qué?

La autogestión, junto con el cooperativismo y la cogestión, son armas económicas del capital, tienen como fin hacer aceptar a los obreros las dificultades de las empresas golpeadas por la crisis y hacerles organizar las modalidades de su propia explotación.

El hecho que los trabajadores intervengan de alguna manera en la gestión de la empresa, o que ésta funcione bajo la modalidad de una cooperativa, o que asuman la figura jurídica de “socio”, en nada cambia las relaciones de producción, no elimina ni la ley del valor, ni la competencia, ni las leyes del mercado, que son las características fundamentales de la producción capitalista. No elimina tampoco, el hecho de que dicha empresa tendrá que funcionar bajo la exigencia de ciertos niveles de productividad, tal como ocurre con cualquier empresa capitalista del mundo. Ellas continuarán operando al interior de la economía nacional, independientemente que el Estado asuma o no el control de ciertos sectores de la economía a través de expropiaciones o nacionalizaciones, o que compre la totalidad de la producción de la empresa.

En cualquiera que sea la modalidad de gestión económica empleada, deben cumplirse las leyes del capital, las cuales obligan a una reducción de costos y a un incremento de los ritmos de explotación; la autogestión y cogestión, constituyen en este sentido, un terreno propicio para aceptar cualquier medida que afecte de manera negativa las condiciones de vida del proletariado; pero también, para que éste quede atrapado entre la necesidad de luchar para defender sus condiciones de vida o defender los intereses de “su” empresa.

En última instancia, la autogestión lleva a los trabajadores a defender los intereses nacionales, al tener que acompañar forzosamente a la burguesía en su lucha por intentar de hacerse un espacio en el mercado ante la crisis mundial que sacude al capitalismo.

La autogestión tiene como fin último “dividir a la clase obrera, encerrándola y aislándola fábrica a fábrica, barrio a barrio, ramo a ramo, atar a los obreros a las preocupaciones por la economía capitalista que ellos tienen como tarea destruir, desviar al proletariado de la primera tarea que hace posible su emancipación: la destrucción del aparato político del capital y la implantación de la dictadura del proletariado a escala mundial”.

Esta posición sobre la autogestión no se basa en un invento de la CCI, sino que se apoya en la experiencia del movimiento obrero: Marx y Engels en el siglo 19 confrontaron las utopías pequeño burguesas defendidas por los prudhonistas, que plantearon diversos mecanismos para que la clase obrera se hiciera con espacios de poder dentro del capitalismo (ver por ejemplo, Miseria de la Filosofía de Marx). Sin embargo, lo que en el siglo antepasado era pura ilusión utópica; a partir del siglo 20, cuando el capitalismo inicia su fase de decadencia, no es mas que pura mistificación capitalista. También la historia del movimiento obrero nos enseña cómo la burguesía, en períodos de crisis aguda y de debilidad de la lucha de clases, recurre a esta vieja trampa capitalista para embaucar a los trabajadores. Para sólo mencionar dos ejemplos:

-las colectividades de 1936 en España, promovidas por los anarquistas y la izquierda española, permitieron desviar las luchas obreras hacia la defensa de la economía nacional, lo que posteriormente facilitó la masacre de millares de obreros en la confrontación entre republicanos y franquistas.

-a comienzos de los años 70 varias fábricas en Europa pasan a ser gestionadas por los propios obreros; una de ellas fue la fábrica de relojes LIP en Francia (nuestra Corriente intervino e hizo una toma de posición defendiendo la posición marxista, cuando todo el espectro izquierdista saludaba tal iniciativa como expresión de “poder obrero”). Es importante detenerse brevemente en qué contexto se desarrollaba este movimiento autogestinario de los años 70:

-cuando comienza la quiebra de fábricas debido al reinicio de la crisis del capitalismo después de finalizada la reconstrucción de las economías de Europa y Japón destruidas durante la segunda guerra mundial;

-todavía las luchas obreras eran incipientes, aunque se habían dado luchas importantes como las de mayo 68 en Francia, Italia 69,etc; situación que llevó a varios intelectuales de izquierda como el francés Marcuse a proclamar que la revolución no la iba a desarrollar la clase obrera, sino los estudiantes, los desclasados y las masas excluidas del Tercer Mundo.

Hoy debemos preguntarnos por qué esa trascendencia mundial de Zanón y por qué la autogestión toma auge en varios países de América Latina y en el mundo.

Por una parte, se mantiene y se profundiza la crisis del capitalismo que se inició a finales de los 60, acrecentando el número de fábricas y empresas quebradas o en proceso de quiebra, con su secuela de desempleo y pauperización, más notable en los países de la periferia, pero también presente en los países centrales. Los planes de flexibilización laboral de cada burguesía nacional, basados en una precarización del empleo, no han sido suficientes para incrementar el empleo de manera significativa; mas bien vemos como la burguesía es capaz de crear empleo pero en un contexto de mayor pauperización.

Por otra parte, las luchas y la conciencia de clase de los proletarios no se han recuperado del duro golpe que recibieron después de 1989, cuando el derrumbe del bloque ruso fue presentado como el “fin de la lucha de clases”, “la desaparición del proletariado como sujeto histórico” (coincidencia con Marcuse) y la “muerte del marxismo”. Esta situación ha ocasionado que durante la década de los 90 y parte del nuevo siglo, el papel central del proletariado como única clase que puede desarrollar una lucha por la superación revolucionaria del capitalismo, haya quedado “invernando”. En este contexto han tomado fuerza movimientos interclasistas, como el de los Piqueteros en Argentina, MST en Brasil, bolivarianismo en Venezuela y la toma de fábricas a través de la autogestión; todas ellas trampas que sumergen al proletariado en luchas sin perspectiva, dejándolo a merced de las fuerzas de derecha e izquierda del capital, así como en manos de sindicatos y grupos y partidos izquierdistas, desviando la verdadera solidaridad de clase, hacia una falsa solidaridad que lo que promueve es la caridad y en muchos casos de manera abierta la hipocresía propia de la burguesía. Consideramos que éstas son armas que utiliza y utilizará la burguesía para desviar y confundir las luchas que desarrollará la clase obrera en su propio terreno, en la búsqueda de su debilitada identidad de clase; tal como lo vemos en las luchas de varios sectores del proletariado activo en Argentina (Garrahan, Subte, trabajadores públicos, etc.).

Manifestamos nuestra solidaridad con la lucha del proletariado y la lucha cotidiana que lleva por su supervivencia en el capitalismo; apoyamos las manifestaciones de solidaridad entre proletarios por darse ayuda material y moral ante los embates del capital. Pero denunciamos la autogestión como trampa del capital contra la clase, por que desarrolla ilusiones dentro de la clase de que es posible crear bastiones proletarios dentro del capitalismo, que es posible superar los efectos de la crisis capitalista; ilusiones que lo alejan de un proceso de toma de conciencia. Apoyar y defender la autogestión, es apoyar la preservación de las relaciones capitalistas de producción

La única y verdadera forma de que el proletariado logre un control sobre los medios de producción, es destruyendo el capitalismo como sistema social a través de la revolución proletaria, para utilizarlos en función de la satisfacción de las necesidades del conjunto de la sociedad; lo que permitirá pasar del reino de la precariedad al de la abundancia: la sociedad comunista.