Foro Social Mediterraneo: Sólo otro mundo es posible: el comunismo

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Ante
la celebración en Barcelona del Foro Social Mediterráneo
publicamos extractos de un artículo que apareció en
nuestra Revista Internacional tomando posición sobre el
"Foro social europeo" que tuvo lugar en Paris , en
noviembre 2003.

El FSE ha tenido  una amplitud considerable. Unos 40.000
participantes, según los organizadores, llegados de todos
los países de Europa, desde Portugal hasta los países
de Europa central; un programa de casi 600 seminarios y talleres
en locales de lo más variado (teatros, ayuntamientos,
prestigiosos edificios del estado) repartidos en cuatro lugares en
torno de París; y para concluir, una gran manifestación
con 60 a 100.000 personas por las calles de París, con los
impenitentes estalinistas de Rifondazione comunista de Italia
delante y los anarquistas de la CNT atrás. Con menos cartel
en los media, hubo otros dos "foros europeos" en el
mismo período: uno para los diputados y otro para los
sindicalistas europeos. Y por si tres "foros" no fueran
suficiente, los anarquistas organizaron un "Foro Social
Libertario" en las afueras de París, simultáneo
con el FSE y presentado abiertamente como "alternativa"
a éste.

"Otro mundo es posible". Este era uno de los grandes
lemas del FSE. No cabe ninguna duda de que muchos de los
manifestantes del 15 de noviembre, especialmente quizás
entre los jóvenes que empiezan a politizarse, existe una
verdadera y acuciante necesidad de luchar contra el capitalismo y
por "otro mundo" diferente del mundo en que vivimos con
su miseria sin fin y sus guerras tan horribles como interminables.
Sin duda, algunos se habrán sentido inspirados por esa gran
reunión unitaria. El problema es saber no solo que "otro
mundo es posible" -y necesario-sino también, y sobre
todo, de qué otro mundo se trata y cómo se logrará
edificarlo.

¿El FSE da una respuesta seria a estas preguntas? Cuando
se miran de cerca las ideas que propaga, nos damos cuenta que,
primero, de nuevas no tienen nada y, segundo, de
"anticapitalistas" menos todavía.

¿Un
mundo libre de la lógica mercantil?

"El mundo no está en venta", tal
ha sido uno de los eslóganes más repetidos en el
FSE. Eslogan que se ha concretado con “la salud no está
en venta” o “la educación no está en
venta”...

Pero cuando uno se pone a mirar de cerca la
realidad que hay detrás de esos lemas, pronto empieza a
olerse la trampa. Para empezar, la propuesta no es acabar con la
venta del mundo, sino solo de "limitarla": "Sacar
los servicios sociales de la lógica mercantil". ¿Y
qué quiere decir eso en concreto? Sabemos perfectamente que
mientras exista el capitalismo, habrá que pagarlo todo,
incluso los servicios como la salud y la educación. Esas
partes de la vida social que los "altermundialistas"
pretenden "sacar de la lógica mercantil" son de
hecho parte del salario social del obrero, gestionado en general
por el estado. El nivel de salario del obrero, la proporción
de la producción que le corresponde a la clase obrera no
solo no se puede "sustraer" de la lógica
mercantil, sino que es el meollo mismo del problema del mercado y
de la explotación capitalista. El capital pagará
siempre su mano de obra lo menos posible, o sea, lo que es
necesario para reproducir la fuerza de trabajo más la
próxima generación de obreros. Ahora que el mundo se
hunde en una crisis cada día más profunda, cada
capital nacional necesita menos brazos, y a los que necesita debe
pagarles menos, si no quiere ser eliminado por sus competidores en
el mercado mundial. En tal situación, solo gracias a su
propia lucha podrá la clase obrera resistir a las
reducciones de salario -por muy "social" que este sea- y
ni mucho menos haciendo llamadas al estado capitalista para que
"sustraiga" los salarios de las leyes del mercado, de lo
cual sería totalmente incapaz, incluso si, por no se sabe
qué locura, le dieran ganas de hacerlo. (...)

 ¿Un
comercio equitativo?

"¡Comercio equitativo, no al librecambio!", ése
es otro gran tema del FSE, con el decorado de pequeños
campesinos franceses y sus productos "naturales". Y, en
efecto, ¿quién no va a conmoverse con la esperanza
de ver a los campesinos y artesanos del Tercer Mundo vivir
decentemente del fruto de su trabajo? ¿Quién no va a
querer parar de una vez la apisonadora del agrobusiness que
expulsa a los campesino de sus tierras para que se amontonen por
millones en villas miseria de México o Calcuta?

Para empezar, el movimiento del "comercio equitativo"
no es nada nuevo. Las asociaciones de las llamadas obras de
caridad (como la inglesa Oxfam, presente, claro está, en el
FSE) practican el "comercio equitativo" vendiendo
artesanía en sus tiendas de beneficencia desde hace más
de 40 años, lo cual no ha impedido que se hundan en la
miseria millones de seres humanos en África, Asia,
Latinoamérica...

Además, esa consigna en boca de los altermundialistas es
doblemente hipócrita. José Bové, por ejemplo,
presidente del sindicato francés Confederación
Campesina, podrá hacer de superestrella de la
altermundialización echando pestes contra el agrobusiness y
el malvado MacDonald. Eso no impide a los militantes de ese
sindicato manifestarse para exigir que se mantengan las
subvenciones de la Política agrícola común
europea. La PAC, al bajar artificialmente los precios de los
productos franceses, es precisamente uno de los medios principales
que mantienen la desigualdad en el comercio en perjuicio de esos
campesinos del Tercer Mundo a los que supuestamente se quiere
favorecer. Ahí Bové no tiene nada de original, está
haciendo lo mismo que los sindicalistas que se manifestaron en
1998 en Seattle durante la cumbre de la Organización
Mundial de Comercio (OMC), para los cuales "comercio
equitativo" significaba imponer aranceles a la importación
de acero "extranjero" producido más barato por
obreros de otros países. El comercio equitativo es, en
definitiva y por muy buenas intenciones que se le eche, otra forma
de guerra comercial (...)

En
nombre de la “lucha” contra el “neoliberalismo”
se nos pide apoyar al Estado burgués

El hilo que uno todos esos temas es éste: contra los
"neoliberales" de las grandes empresas "transnacionales"
(las malvadas "multinacionales" denunciadas en los años
70), se nos propone que tengamos confianza en el estado, más
todavía, que lo fortalezcamos. Los "altermundialistas"
pretenden que serían las empresas las que habrían
"confiscado" el poder de un estado "democrático"
para imponer su ley "mercantil" al mundo, de modo que el
objetivo de la "resistencia ciudadana" debe ser
recuperar el poder del estado y de los "servicios públicos".

¡Menudo embuste! La realidad muestra que la
intervención del Estado en la economía –y no
digamos en toda la vida social- es cada vez mayor, incluido en
Estados Unidos, considerados la tierra de promisión del
“liberalismo”. Es el estado el que regula los
intercambios mundiales, fijando los tipos de interés,
barreras aduaneras, etc. Ya es por sí solo un actor
ineludible de la economía nacional, con un gasto público
que alcanza el 30-50% del PIB según los países, y
con déficit presupuestarios cada vez mayores. Cuando los
obreros se empeñan de verdad en defender sus condiciones de
vida ¿con quién se topan primero en su camino si no
es con las policías del estado? Exigir, como hacen los
altermundialistas, el fortalecimiento del estado para protegernos
de los capitalistas es una patraña monumental: el estado
burgués está para defender a la burguesía
contra los obreros, y no lo contrario. (...)

¡Quien paga se aprovecha! Ha sido toda la burguesía
francesa, de derechas como de izquierdas, la que ha financiado con
liberalidad el FSE, la que le ha prestado sus locales. Y será
toda la burguesía, de derechas como de izquierdas, la que
piensa sacar tajada del éxito innegable del FSE, sobre todo
en dos planos:

Primero, el FSE ha sido un medio para la izquierda del
aparato político estatal de mudarse de piel, tras el
desprestigio debido a los años en el gobierno arreando
golpe tras golpe a las condiciones de vida de la clase obrera y
asumiendo la responsabilidad de la política imperialista
del capitalismo francés. (...) Toda la burguesía
está interesada en que el frente social no esté
desguarnecido y que las luchas obreras, y más generalmente
que la aversión y los cuestionamientos que provoca la
sociedad capitalista sean desviados hacia las viejas recetas
reformistas cerrando el camino hacia una conciencia de la
necesidad de derrocarla y acabar con las calamidades que genera.

Segundo, la burguesía francesa
entera tiene el mayor interés en que se extienda y se
refuerce el ambiente netamente antiamericano del FSE. Las
destrucciones de las dos guerras mundiales, las terribles pérdidas
humanas y además, y sobre todo, el resurgir de la lucha de
clases y el fin de la contrarrevolución después de
1968, todo ello ha contribuido a desprestigiar el nacionalismo que
la burguesía utilizó para meter a la población
en la escabechina de 1.914 y, después, la de 1.939. Ahora
que, aun no existiendo un "bloque europeo" y menos
todavía una "nación europea" en los que
enraizar un patriotismo "europeo" belicoso, las
burguesías de algunos países europeos, especialmente
la francesa y la alemana, tienen el mayor interés en jalear
el sentimiento antiamericanocon el fin de presentar la defensa de
sus propios intereses imperialistas contra el imperialismo
americano como si fuera la defensa de una visión del mundo
"diferente", incluso "altermundialista" si
cabe. (...)

La gente del marketing moderno ya no intenta vendernos
directamente los productos, sino que usan un método más
sutil y eficaz: venden "una visión del mundo" a
la que adosan los productos que la simbolizarían. Los
organizadores del FSE han hecho exactamente igual: nos proponen
una "visión del mundo" irreal, en la que el
capitalismo ya no sería el capitalismo, en la que las
naciones ya no serían imperialistas, en donde se puede
conseguir "otro mundo" sin hacer ninguna revolución
internacional comunista. Y en nombre de esa "visión"
nos quieren vender una serie de viejos productos adulterados que
son los partidos pretendidamente "socialistas" y
"comunistas", disfrazados para la ocasión en
"redes ciudadanas".

Teniendo en cuenta que ha sido la burguesía francesa la
que, en esta ocasión, ha entregado los fondos, es lógico
que sean sus partidos políticos los que saquen la primera
tajada del FSE. No hay que creer, sin embargo, que el tinglado lo
ha montado la burguesía francesa sola, ni mucho menos. De
hecho, ese esfuerzo por dar nuevo prestigio a su ala izquierda,
mediante los "foros sociales" favorece ampliamente a
toda la burguesía mundial.

¿"Otro
mundo libertario"?

El "Foro social libertario" se presentaba
deliberadamente como alternativa al Foro más "oficial"
organizado por los grandes partidos burgueses. Podemos
preguntarnos hasta qué punto la oposición entre
ambos foros era real: al menos uno de los grupos principales que
organizaron el FSL (Alternative Libertaire) participó
también activamente en el FSE, y además la
manifestación organizada por el FSL se unió, tras un
corto recorrido "independiente", a la del foro mayor, el
FSE. (...)

Empecemos por el "debate" sobre los "espacios
autogestionados" (squatts -okupas-, comunas, redes de
intercambio de servicios, cafés "alternativos",
etc.). Si ponemos "debate" entre comillas, es porque los
animadores hicieron todo lo que estuvo en su mano para limitarlo a
unas cuantas reseñas descriptivas de sus "espacios"
respectivos, evitando toda evaluación crítica,
incluso las procedentes del campo anarquista. Nos dimos pronto
cuenta que eso de la "autogestión" es algo muy
relativo: un participante inglés explicó que
tuvieron que comprar su "espacio liberado"... por la
bonita cantidad de 350.000 libras (unos 500.000 euros). (...)

Otra característica del anarquismo, muy clara en todos
los debates del FSL, es su visión profundamente elitista y
educacionista. El anarquismo ni se imagina que "otro mundo"
pudiera surgir de las entrañas mismas de las
contradicciones del mundo actual. El paso del mundo actual al del
futuro solo podrá pues hacerse mediante "el ejemplo"
dado por los "espacios autogestionados", mediante una
acción educativa sobre los quebrantos del "productivismo"
actual. Pero, como lo decía ya Marx hace más de un
siglo, si una nueva sociedad debe aparecer gracias a la educación
del pueblo, lo que se plantea es saber quién va a educar a
los educadores. Pues quienes se pretenden educadores están
también ellos formados en y por la sociedad en la que
vivimos, y sus ideas de "otro mundo" permanecen en
realidad sólidamente amarradas al mundo actual.

En resumidas cuentas, ni el FSE ni su “alternativa
radical”, el FSL, no ofrecieron ninguna alternativa válida
para luchar contra este mundo de miseria y guerra sino que nos
plantearon viejas ideas que ya revelaron hace mucho tiempo su
inadecuación cuando no su carácter claramente
contrarrevolucionario.

Nuestro
mundo es portador de un mundo nuevo

Es totalmente inevitable, en el capitalismo como en toda
sociedad de clases, que las ideas dominantes de la sociedad sean
las de la clase dominante. Si es posible comprender la necesidad y
la posibilidad material de una revolución comunista, solo
es porque en la sociedad capitalista existe una clase social que
encarna ese porvenir revolucionario: la clase obrera. En cambio,
si intentamos simplemente "imaginar" lo que podría
ser una sociedad "mejor", basándonos en nuestros
deseos e imaginaciones actuales tal como se han formado en y por
la sociedad capitalista (y con el modelo de nuestros "educadores"
anarquistas), lo único que podemos hacer es "reinventar"
el mundo capitalista actual, cayendo ya sea en el sueño
reaccionario del pequeño productor que no ve más
allá de su "espacio autogestionado", ya sea en el
“Gran Hermano” de un Estado “benefactor”
mundial que “protege” a sus habitantes.

Para el marxismo, al contrario, se trata de
descubrir en el seno mismo del mundo capitalista de hoy las
premisas del mundo nuevo que la revolución comunista debe
hacer surgir. Como lo decía el Manifiesto Comunista en
1848: "Las tesis de los comunistas no se basan ni mucho
menos en ideas, principios inventados o descubiertos por este o
aquel reformador del mundo. Solo son la expresión general
de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico
que se está realizando ante nosotros"
.

Podemos distinguir tres elementos importantes, íntimamente
relacionados en ese "movimiento histórico que se está
realizando ante nosotros".

El primero es la transformación, ya realizada por el
capitalismo del proceso productivo de toda la especie humana. El
menor objeto de uso cotidiano ya no es obra de un artesano que se
basta a sí mismo o de una producción local, sino del
trabajo común de miles, cuando no de decenas de miles de
mujeres y hombres que participan en una red que cubre el planeta
entero. Librada por la revolución comunista mundial de las
trabas que le imponen las relaciones capitalistas mercantiles de
producción y apropiación privada de sus frutos, esa
destrucción de todos los particularismos locales,
regionales y nacionales, será la base para la constitución
de una sola sociedad comunista humana a escala planetaria. (...)

El segundo factor de primera importancia,
indisociable del anterior, es la existencia en el seno de la
sociedad capitalista de una clase que encarna, y que expresa en el
grado más alto, esa realidad del proceso productivo
unificado e internacional. Esa clase es el proletariado
internacional. El obrero, sea siderúrgico norteamericano,
desempleado inglés, empleado de banca francés,
mecánico alemán, programador indio o albañil
chino, todos ellos tienen algo en común: estar
explotados cada día más duramente por la clase
capitalista y no poder quitarse de encima esa explotación
si no es derribando el orden capitalista mismo. (...)

El tercer factor que vamos a exponer aquí lo describe
bien la estadística: en todas las sociedades de clase que
precedieron al capitalismo, el 95% de la población, más
o menos, trabajaba la tierra y el excedente en alimentos que
producía bastaba lo justo para alimentar al 5% restante
(señores y religiosos, pero también artesanos,
mercaderes, etc.). Hoy, esa proporción es la contraria. Y,
en los países más desarrollados, una parte cada vez
más baja de la población está directamente
involucrada en la producción de los bienes materiales. Es
decir que, potencialmente, a nivel de las capacidades físicas
del proceso productivo, la humanidad ha alcanzado un estadio de
abundancia prácticamente sin límites.

Ya ahora en el capitalismo, las capacidades productivas de la
especie humana han creado una situación cualitativamente
nueva en relación con toda la historia precedente: mientras
que, antaño, la penuria que sufría la mayor parte de
la población, por no hablar de los períodos de
hambrunas, se debía sobre todo a los límites
naturales de la producción (nivel bajo de la productividad
de los suelos, malas cosechas, etc.), en el capitalismo, en
cambio, la única causa de la penuria son las propias
relaciones de producción capitalista. La crisis que echa a
los obreros a la calle no es causada por la insuficiencia de
producción, sino que es, al contrario, el resultado directo
de que lo producido no puede ser vendido. (...)

La
responsabilidad del proletariado

Los comunistas no son unos utopistas... En ese sentido, el
slogan de los altermundialistas "otro mundo es posible"
(incluso "otros mundos son posibles") no es más
que pura mistificación. Solo hay otro mundo posible: el
comunismo.

Sin embargo, el nacimiento de ese nuevo mundo no
es, ni mucho menos, algo indudable. En eso, el capitalismo es como
las otras sociedades de clase que lo precedieron, en donde:
"Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, maestros
y oficiales, en suma, opresores y oprimidos siempre estuvieron
opuestos entre sí, librando una lucha ininterrumpida, ora
oculta, ora desembozada, una lucha que en todos los casos concluyó
con una transformación revolucionaria de toda la sociedad o
por la destrucción de las clases beligerantes"

(Manifiesto Comunista). Así pues, la revolución
comunista, por muy necesaria que sea, no por ello es irrevocable.
El paso del capitalismo a un mundo nuevo no podrá evitar la
violencia de la revolución proletaria, partera inevitable.
La alternativa, en las condiciones actuales de la descomposición
avanzada de la sociedad actual, sería no solo la
destrucción de las dos clases en lucha, sino la de la
humanidad entera. De ahí la inmensa responsabilidad que
pesa sobre los hombros de la clase revolucionaria mundial.

Ante la situación actual, el desarrollo de la capacidad
revolucionaria del proletariado podrá parecer un sueño
tan lejano que grande es la tentación de ponerse a "hacer
algo ya", aunque sea junto a esos viejos canallas socialistas
y estalinistas, o sea junto al ala izquierda del aparato estatal
de la burguesía. Para las minorías revolucionarias,
el reformismo no es un mal menor, "a falta de algo mejor",
sino la componenda mortal con el enemigo de clase. El camino hacia
la revolución que podrá crear "otro mundo"
será largo y difícil, pero es el único que
existe.

Corriente Comunista Internacional

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