Correspondencia: sobre la pequeña burguesía

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Un grupo de compañeros en contacto con nuestra organización ubicados en Nicaragua nos plantean la cuestión siguiente: “en diferentes sitios encontramos temas que hacen mención a la pequeña burguesía y en algunos tratan de hacer una definición de las condiciones económicas y sociales para establecer quienes están comprendidos como pequeño burguesía, pero nosotros no estamos claro sobre el estatus de condiciones económicos y sociales para decir cuales son estas condiciones económicas y sociales que dan ese estatus.

Nuestra respuesta

En referencia a las cuestiones que nos plantean sobre la pequeña burguesía, quisiéramos desarrollar algunos puntos.

Con la desaparición del comunismo primitivo “toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases. (Manifiesto Comunista). “La moderna sociedad burguesa que se alza sobre las ruinas de la sociedad feudal no ha abolido los antagonismos de clase.  Lo que ha hecho ha sido crear nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas modalidades de lucha, que han venido a sustituir a las antiguas(ídem.). Lo determinante en la sociedad capitalista es “haber simplificado estos antagonismos de clase.  Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado.[1]

Burguesía y proletariado son las dos clases fundamentales de la sociedad, ésta solo puede evolucionar o en el sentido de la barbarie si triunfa definitivamente el Capital, o en dirección hacia la liberación humana en el comunismo que es la meta del proletariado. Es el dilema que planteó Engels en la última década del siglo XIX: COMUNISMO o BARBARIE.

Bajo el capitalismo, “toda una serie de elementos modestos que venían perteneciendo a la clase media, pequeños industriales, comerciantes y rentistas, artesanos y labriegos, son absorbidos por el proletariado; unos, porque su pequeño caudal no basta para alimentar las exigencias de la gran industria y sucumben arrollados por la competencia de los capitales más fuertes, y otros porque sus aptitudes quedan sepultadas bajo los nuevos progresos de la producción.  Todas las clases sociales contribuyen, pues, a nutrir las filas del proletariado.

Partiendo de estos elementos generales que son, sin embargo, determinantes en la evolución histórica, veamos a continuación cual es papel de la pequeña burguesía.

“Los elementos de las clases medias, el pequeño industrial, el pequeño comerciante, el artesano, el labriego, todos luchan contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales clases. No son, pues, revolucionarios, sino conservadores.  Más todavía, reaccionarios, pues pretenden volver atrás la rueda de la historia

La pequeña propiedad industrial se ve aplastada por la gran industria y su defensa es pedir al Estado un proteccionismo contraproducente. El pequeño comercio es barrido por las grandes cadenas comerciales y mendiga desesperadamente de las autoridades locales o centrales medidas de defensa que tienden a elevar los precios. El pequeño propietario agrícola desaparece arrollado por la producción industrial agraria a gran escala, trata de protegerse solicitando al Estado subsidios, cuotas de producción o aranceles.

En general estas capas se agarran desesperadamente a lo que creen ver como “intermediario” o “neutral”: por un lado, la Nación que según la demagogia democrática es la casa común de todos los habitantes de un país cuando en realidad es la finca privada del conjunto de capitalistas; por otra parte, el Estado que, igualmente siguiendo las mentiras democráticas, estaría “por encima de las clases” y sería el “servidor del interés común”, cuando es el aparato dictatorial, exclusivo y excluyente, de la clase capitalista.

Ahora bien, el Manifiesto no se limita al aspecto sociológico de las capas pequeñoburguesas, subraya también el elemento dinámico, en este caso de disolución, que las afecta: “Todo lo que tienen de revolucionario es lo que mira a su tránsito inminente al proletariado; con esa actitud no defienden sus intereses actuales, sino los futuros; se despojan de su posición propia para abrazar la del proletariado.

Esta precisión es importante y por ello Marx criticó vivamente el pasaje del programa de Gotha de la socialdemocracia alemana que decía "La emancipación del trabajo tiene que ser obra de la clase obrera, frente a la cual todas las demás clases no forman más que una masa reaccionaria". Si el proletariado es capaz de defender sus propios intereses de clase y su perspectiva revolucionaria, podrá ganar a su combate a capas de la pequeña burguesía y neutralizar a otras. Como decíamos en nuestro folleto sobre la revolución rusa “Si el proletariado quiere ganar a su causa a las capas no explotadoras debe afirmar de manera aún más clara y rotunda sus propias reivin­dicaciones, su propio ser, su autonomía de clase. Debe ganar a las otras capas no explotadoras en aquello en que pueden ser revolucionarias. [2]

La situación presente de la pequeña burguesía

Si interpretamos mecánicamente los pasajes anteriores del Manifiesto podríamos concluir que la pequeña burguesía sería un estrato social en extinción, que hoy habría sido reducido a algo puramente residual. Después de más de siglo y medio de ser escritos los párrafos citados, observamos que, en la estructura social, tareas anteriormente cumplidas por la pequeña burguesía son hoy ejercidas por asalariados pertenecientes a la clase obrera (personal sanitario, educativo, científico, servicios sociales, administración del Estado), mientras que, simultáneamente, el estrato pequeño burgués tiende a renovarse bajo nuevas formas.

De un lado, el tendero, el profesional liberal, el escribiente, el labriego acomodado o el pequeño rentista han desaparecido más o menos completamente. Sin embargo, la pequeña burguesía se encarna hoy en otras figuras, en su gran mayoría asalariadas: los cargos intermedios de la industria y de los grandes centros de trabajo, los pequeños emprendedores, un ejército numeroso de expertos, asesores, profesionales con funciones dirigentes o intermedias en campos como las finanzas, la administración pública, la ciencia, la cultura, el ocio etc.

El propio Manifiesto Comunista aportó elementos para comprender esta evolución. En primer lugar, “la industria moderna ha convertido el pequeño taller del maestro patriarcal en la gran fábrica del magnate capitalista.  Las masas obreras concentradas en la fábrica son sometidas a una organización y disciplina militares.  Los obreros, soldados rasos de la industria, trabajan bajo el mando de toda una jerarquía de sargentos, oficiales y jefes.  Esa “jerarquía de sargentos, oficiales y jefes” se ha convertido en un inmenso aparato burocrático en empresas, centros oficiales, educativos y sanitarios. El capital, en decadencia y crisis más o menos crónica, forzado por las necesidades de la guerra imperialista, se ve obligado a desarrollar un enorme aparato estatal, así como una gigantesca burocracia empresarial. En estos los trabajadores rasos soportan una pesada pirámide de jefes intermedios y controladores.

En segundo lugar, otra línea de evolución apuntada por el Manifiesto es que “la burguesía va aglutinando cada vez más los medios de producción, la propiedad y los habitantes del país.  Aglomera la población, centraliza los medios de producción y concentra en manos de unos cuantos la propiedad lo que conduce al sometimiento del “campo al imperio de la ciudad.  Crea ciudades enormes, intensifica la población urbana en una fuerte proporción respecto a la campesina y arranca a una parte considerable de la gente del campo al cretinismo de la vida rural.

Si ya en el siglo XIX, la concentración de la población en las grandes ciudades era un proceso manifiesto, desde mediados del siglo XX ha dado un salto cualitativo. En tiempos de Marx y Engels, la mayor metrópoli del mundo, Londres, apenas alcanzaba los 2 millones de habitantes, mientras que hoy la primera ciudad en número de habitantes, Tokio, cuenta con 39,2 millones y la décima, México, 22,2 millones[3]. Se ha producido una urbanización general de la población mundial, de tal forma que “la población urbana del mundo actual alcanza los 3.7 mil millones de personas, y se espera que este número se duplique para el año 2050. En 1950 sólo el 30% de la población mundial vivía en ciudades. Hoy en día el número llegó a tanto como 54%. En 2050 puede alcanzar el 66%[4].

Este proceso de urbanización ha multiplicado servicios de todo tipo, centros de control de tráfico, redes de abastecimiento de aguas, reciclaje, basuras, control medioambiental etc., lo cual ha dado lugar a una nueva pequeña burguesía urbana centrada tanto en asalariados del ocio y servicios como en pequeños negocios ligados a éstos.

Otro factor de crecimiento de la pequeña burguesía reside en la naturaleza extremadamente dinámica que tiene el capitalismo, pues como señala el Manifiesto “la burguesía no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de la producción, que tanto vale decir el sistema todo de la producción, y con él todo el régimen social.  La época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás por el constante y agitado desplazamiento de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinámica incesante”.

Este dinamismo otorga un papel temporal de vanguardia a sectores de la pequeña burguesía, pues como señaló Rosa Luxemburgo en Reforma o Revolución[5]en el curso general del desarrollo capitalista los pequeños capitalistas desempeñan el rol de pioneros del progreso tecnológico. (…) Es falso que la historia de la empresa capitalista mediana avanza en línea recta hacia su extinción gradual. El curso de este proceso es, por el contrario, bien dialéctico, y avanza en medio de contradicciones. Los sectores capitalistas medianos se encuentran, al igual que los obreros, bajo la influencia de dos tendencias antagónicas, una ascendente y otra descendente. En este caso la tendencia descendente es el alza continua de la escala de la producción, que sobrepasa periódicamente las dimensiones de las parcelas medianas de capital y las elimina una y otra vez del terreno de la competencia mundial. La tendencia ascendente es, en primer lugar, la depreciación periódica del capital existente, que disminuye nuevamente, durante un cierto lapso, la escala de la producción en proporción al valor del monto mínimo indispensable de capital. La representa, además, la penetración de la producción capitalista en nuevas esferas. La lucha de la empresa mediana contra el gran capital no puede considerarse como una batalla de trámite. Antes bien debe verse como la destrucción periódica de las empresas pequeñas, que vuelven a crecer rápidamente para ser destruidas una vez más por la gran industria

Lo que Rosa subraya es el papel dinámico que tienen sectores determinados de la pequeña burguesía en la evolución del capitalismo como punta de lanza de nuevas actividades y nuevos desarrollos tecnológicos, papel que es asimilado y eliminado por la gran empresa, aunque reaparece cíclicamente ante nuevos retos para la marcha del capitalismo. La industria del software empezó con jóvenes medio hippies californianos a fines de los 60 que, con el tiempo, y amparados por el capitalismo de Estado norteamericano (el Pentágono, la CIA) se convirtieron en grandes empresarios (Appel, Microsoft). Lo mismo sucedió con las redes sociales o las gigantescas bases de datos en Internet (Google, Facebook). En numerosos países, el Estado ha promocionado los “viveros de empresas”, los Start-Ups, como plataformas de innovación y exploración de nuevos mercados, que luego son absorbidos por las grandes empresas.

El minuto de gloria de la pequeña burguesía proporcionado por la descomposición

El capitalismo ha entrado desde hace casi tres décadas en su fase de descomposición[6]. Esta se caracteriza por la incapacidad de las dos clases fundamentales de la sociedad para imponer su propia alternativa y, por consiguiente, de dar una perspectiva a la sociedad. Esta ausencia de orientación provoca una dislocación de las relaciones sociales, produciéndose toda clase de tendencias a la irresponsabilidad, el cada cual, a la suya, la endogamia y la xenofobia, las tendencias centrífugas etc.

Esto exaspera a la pequeña burguesía que, por definición, es una capa social heterogénea, sin porvenir, dada a toda clase de aventuras inmediatistas y activistas, propensa a todo género de quimeras o refugios. Como decimos en las Tesis “la descomposición ideológica afecta, evidentemente, en primer lugar, a la clase capitalista misma y de rebote, a las capas pequeñoburguesas, que carecen de la menor autonomía. Puede incluso decirse que estas capas se identifican muy bien con la descomposición, pues al dejarlas su propia situación sin la menor posibilidad de porvenir, se amoldan a la causa principal de la descomposición ideológica: la ausencia de toda perspectiva inmediata para el conjunto de la sociedad.

Por la razón anteriormente expuesta, la influencia de la pequeña burguesía y de su ideología, se hace mayor sobre el proletariado, puesto que propaga en su seno la irresponsabilidad organizativa, el rechazo de la teoría, la insolidaridad y el individualismo, el nihilismo y la pérdida de confianza en todo porvenir humano. Además, esa influencia negativa se ve acrecentada por factores ligados a la evolución del capitalismo en los últimos 40 años.

Por un lado, al menos en los países más industrializados, las barriadas de vivienda mayoritariamente obrera han tendido a desaparecer o a caer en manos de sectores lumpenizados. Hoy, los barrios son más “mixtos” conviviendo obreros y pequeña burguesía. Esto se ve agudizado por la proletarización de capas que antes se consideraban “clase media” como profesores, médicos, sanitarios, profesionales etc. Las dificultades y la pérdida de identidad que sufre el proletariado desde 1989[7] hacen que todo el mundo se considere “clase media” o “ciudadanos de a pie”, diluyéndose el necesario concepto de clase que es la auténtica realidad que subyace por debajo de esa aparente masa amorfa de “ciudadanos”.

Los efectos negativos de la ideología pequeñoburguesa

De la existencia de la pequeña burguesía nace lo que se llama la ideología pequeñoburguesa que tiene efectos muy perniciosos sobre el proletariado y muy especialmente sobre sus organizaciones revolucionarias. La ideología pequeñoburguesa segrega el individualismo, el activismo, el inmediatismo, la irresponsabilidad y la ausencia de toda disciplina, el localismo centrífugo frente a la centralización. A nivel de pensamiento tiende al eclecticismo, la indefinición, la ausencia de toda referencia o continuidad histórica.

Reconocer estos problemas que brotan de la posición social de la pequeña burguesía no es caer en el insulto -como hace el estalinismo que para amedrentar lanza el epíteto oprobioso de “pequeño burgués”- sino darse la capacidad teórica y moral para luchar contra estas derivas. Nuestro texto La cuestión del funcionamiento organizativo en la CCI [8] analiza el peso de dicha ideología sobre la AIT refiriéndonos al Congreso de La Haya (1872) y sobre el partido ruso (2º Congreso del POSDR, 1903) y partiendo de estas experiencias ve los problemas que se han presentado en la historia de la CCI.

CCI


[1] Mientras no se señale lo contrario las citas son del Manifiesto Comunista.

 

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