Crisis en Venezuela: el proletariado expuesto a la miseria, al caos y la represión del capitalismo

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Publicamos a continuación un artículo elaborado por los camaradas de Internacionalismo, nuestra sección en Venezuela, mediante el cual la CCI toma posición ante el proletariado mundial sobre la grave crisis que se vive en ese país. Se denuncia en él la hipocresía de la burguesía mundial y su complicidad con las facciones burguesas chavistas y opositoras que someten al proletariado y al conjunto de la población a la barbarie. Nuestros camaradas analizan cómo el chavismo, producto y expresión de la descomposición del sistema capitalista, utilizando la patraña ideológica del “Socialismo del Siglo 21” se ha instaurado sobre la base de un ataque a las condiciones de vida, la conciencia y combatividad del proletariado. Así mismo analizan cómo las tensiones interimperialistas son un factor que ha contribuido a agravar la crisis. El artículo plantea como perspectiva que la única salida posible a la situación de barbarie que se vive en Venezuela y el mundo sigue estando en manos del proletariado, quien con su lucha consciente puede llegar a derrocar el sistema capitalista que nos sume en la barbarie y la desesperanza.

A diario la prensa mundial, infinidad de sitios en internet y redes sociales abundan en noticias sobre la dramática situación que se vive en Venezuela: acentuación de la escasez y desabastecimiento de alimentos, medicinas y productos básicos; aumento incontrolable de precios de los pocos productos que se consiguen, que ya mantiene a parte de la población padeciendo hambre; muerte por mengua de niños y enfermos debido a la crisis hospitalaria y de salud… A esta situación se le añaden los más de 120 muertos, miles de heridos y detenidos que dejó como resultado la confrontación entre las facciones del capital venezolano en su pugna por el poder, debido a la brutal represión de las fuerzas policiales y militares del régimen chavista de Maduro junto con sus bandas armadas durante las manifestaciones convocadas por la oposición y las protestas de la población durante los meses de abril a julio de este año.

La desesperación de la población es tal que miles de personas buscan la forma de huir del país. Los gobiernos de Colombia y Brasil reportan la llegada de miles de emigrantes venezolanos, algunos de ellos viviendo de forma miserable en las calles de las ciudades cercanas a las respectivas fronteras. El aumento de las tensiones políticas, la acentuación de la crisis económica y social amenaza con crear una ola de refugiados parecida a la producida por los desplazados de Siria, Afganistán o algunos países africanos que huyen de la barbarie de la guerra o la miseria.

Sin embargo, los medios de comunicación, tal como es su función, transmiten una visión completamente distorsionada de la realidad ya que toman partido por una u otra de las facciones burguesas chavistas o de oposición que luchan por el poder en Venezuela. Por otra parte, un gran número de gobiernos de la región y del mundo se rasgan las vestiduras denunciando la “crisis humanitaria” y la represión contra la población, calificando de “dictadura” al régimen de Maduro, exigiendo se respeten “la democracia” y “los derechos humanos”. Pretenden que olvidemos que muchos de ellos hasta hace pocos años elogiaban y exaltaban al gobierno de Chávez por haber “visibilizado” a las masas excluidas sociales, por supuestamente haber sacado a millones de venezolanos de la pobreza gracias a una “redistribución de la riqueza”; la ONU celebraba los logros del gobierno venezolano en el cumplimiento de los Objetivos del Milenio. Lo que expresan esos gobiernos y organismos es la inmensa hipocresía de la clase burguesa a nivel mundial: al igual que las facciones burguesas chavistas (agrupadas en el Gran Polo Patriótico) o de oposición (agrupadas en la Mesa de la Unidad Democrática)[1] , las clases dominantes de la región y del mundo tienen su cuota de responsabilidad ante la barbarie que vive la población y el proletariado en Venezuela.

Para contrarrestar esta campaña es necesario que el proletariado pueda dilucidar las causas profundas de esta tragedia, teniendo presente en primer lugar que no debe tomar partido por ninguna de las facciones burguesas que se confrontan en la lucha por el control del Estado. Esta crisis es producto de la decadencia y descomposición del sistema capitalista, el cual ya no es un factor de desarrollo de las fuerzas productivas, en particular de la fuerza de trabajo; más bien la sociedad se hunde día a día en la miseria y la barbarie; por otra parte, las facciones del capital (sean las que defienden modelos de izquierda supuestamente “socialistas” como el de Chávez-Maduro, o neoliberales de centro-derecha como los que defienden los opositores), ante este impase histórico, sólo se interesan por mantener el poder a toda costa; en su delirio de poder no les importa que sea la población trabajadora, que circunstancialmente les sigue, caiga abatida por el hambre o la represión.

La crisis que vive Venezuela es la expresión de que no hay país o región del mundo que pueda escapar a los efectos de la descomposición del sistema capitalista. Las causas de esta crisis son las mismas que ocasionan la barbarie que se vive en Siria, Afganistán o varios países africanos; o, de los atentados terroristas que se suceden cada vez con mayor frecuencia en Europa, EEUU y otros países centrales. El mundo se encuentra en una situación de impasse, a merced de los comportamientos de las facciones más irracionales de la burguesía y la pequeña burguesía.

La única salida a esta situación está en manos del proletariado, quien, a través de su lucha, conciencia de clase, unión y solidaridad pueda llegar a ser el referente para canalizar la indignación y rabia de las masas desesperadas de la población que quieren salir de esta miseria y barbarie a las que la somete el sistema capitalista en descomposición.

¿Cómo llegó Venezuela a esta situación?

Analistas e intelectuales son consultados acerca de la situación en Venezuela. Tratan de buscar una explicación a por qué este país después de haber sido un país “rico” y políticamente estable después de la década de los años 50 del siglo pasado entre los países de América Latina, en lo que va del siglo XXI su población ha caído de manera abrupta en una situación de pauperización y sometido a una situación de caos político que amenaza su gobernabilidad. Algunos se refieren al régimen de Maduro como expresión de un Estado fallido; otros lo muestran como el fracaso de otra dictadura “castro-comunista”. Como buenos defensores del orden burgués no pierden oportunidad para alimentar la asquerosa campaña de identificar a los regímenes totalitarios de corte estalinista con el comunismo. Intentan ocultar que el régimen implantado por Chávez, del cual Maduro es su seguidor, es un nuevo engendro del sistema capitalista en descomposición al que ellos sustentan con sus “análisis”.  

Las causas del surgimiento del proyecto chavista las analizábamos en artículo publicado en el 2013[2] escrito poco después de la muerte de Chávez:

“La emergencia de Chávez a la arena pública ocurre cuando lideró el intento de golpe de Estado de un grupo de militares contra el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez en 1992. Desde entonces creció su popularidad de manera vertiginosa hasta llegar a la presidencia de la república a inicios de 1999. Durante ese período logró capitalizar el descontento y la desconfianza de amplios sectores de la población hacia los partidos socialdemócratas y socialcristianos que se alternaban en el poder desde la caída de la dictadura militar en 1958, principalmente de las masas más empobrecidas de Venezuela afectadas por la crisis económica de los años 80, protagonistas de las revueltas de 1989. Dichos partidos habían entrado en un proceso de descomposición caracterizado por los altos niveles de corrupción y abandono de las tareas de gobierno, expresión de la descomposición que abarcaba al conjunto de la sociedad, principalmente a las clases dominantes, a tal punto que les resultó imposible cohesionar sus fuerzas para garantizar la gobernabilidad y la “paz social””.

Maduro recibió de Chávez un país y un proyecto político sumidos en una terrible crisis económica y en la descomposición. Chávez y los altos dirigentes civiles y militares del régimen siempre subestimaron el peso de la crisis económica mundial mientras: se mantuvieron altos los precios del petróleo, las arcas del Estado no habían sido vaciadas por los nuevos dueños del país y el Estado tuvo capacidad de endeudamiento. Ya en 2012, con Chávez todavía en el poder y con precios del petróleo sobre los 100$US inició la escasez y desabastecimiento de varios alimentos y productos de primera necesidad. La baja de los precios del petróleo a partir de 2013 contribuyó a agravar la situación. Desde entonces el gobierno de Maduro, al igual que lo hicieron otros gobiernos de la región productores de petróleo (Ecuador, Colombia, México, etc.), utilizaron la baja de los precios del petróleo como justificación para acentuar la desmejora de las condiciones de vida de la población y las masas trabajadoras. Con el fin de darle un colorido “socialista” a esas medidas, el régimen de Maduro inicia una campaña ideológica que mantiene hasta ahora planteando que la baja de los precios del petróleo obedecía a una “guerra económica” desatada por el “imperialismo norteamericano” aliado con los “oligarcas burgueses” venezolanos con el fin de debilitar y atacar a la “revolución bolivariana”. Sin embargo, la crisis económica mundial y la baja en los precios del petróleo no explican por sí solos la grave situación que se vive en Venezuela. A tal desenlace han contribuido también la aplicación de las medidas económicas, políticas y sociales requeridas por el proyecto chavista del “Socialismo del Siglo XXI”, así como el acelerado avance de la descomposición que se presenta a todos los niveles de la sociedad:

-a diferencia de otros gobiernos de izquierda aliados con el chavismo (Bolivia, Ecuador, etc.), Chávez desarrolló un modelo capitalista de estado totalitario de corte estalinista. Progresivamente asumió medidas para debilitar y excluir a sectores del capital privado y de la antigua burocracia estatal que controlaba las instituciones y empresas del Estado. A través de expropiaciones en la industria y la agricultura, nacionalizaciones y medidas económicas (control de cambio y de precios entre otras), fue desmantelando la infraestructura productiva del país. Esta política económica, al igual que en otros países donde se ha aplicado, creo distorsiones en la economía que junto con el manejo irresponsable de los fondos del Estado y la corrupción desenfrenada han llevado al país al colapso económico.

La anterior burocracia estatal fue sustituida por una nueva casta hegemónica que tomó por asalto las instituciones del Estado, predominantemente militar, sin ninguna experiencia en gestión económica y de administración pública. La “Nomenklatura” chavista prácticamente abandonó la gestión económica del Estado; se dedicó principalmente a manejar a discreción los recursos de la nación, los que utilizó para enriquecerse y crear redes de corrupción que amasaron inmensas fortunas en los paraísos fiscales. Muestra patética del grado de descomposición alcanzado por los sectores de la burguesía y pequeña burguesía venezolana.

-el carácter populista de izquierda del proyecto chavista con el fin de consolidar una masa de pobres y proletarios que le sirvieran de base electoral, transformando los programas sociales (llamados Misiones) en banderas del “socialismo bolivariano” con el fin de “superar la pobreza. Maduro continuó con la misma política económica de su mentor manteniendo un gasto público en ascenso, factor determinante en la agudización de la crisis económica y social que hoy se vive en Venezuela[3].

-los altos gastos que implicó desarrollar una política imperialista con la intención de hacer de Venezuela una potencia regional dentro de un mundo multipolar, que llevó al régimen a rivalizar con los EEUU y otros países de la región. Con este fin desarrolló un plan de venta de petróleo “barato” a los países de la región, principalmente del Caribe y Centroamérica; incrementó la compra de armamento militar; dedicó cuantiosos recursos para desarrollar medios de comunicación con cobertura internacional e intervenir en varios países de la región y el mundo con el fin de apoyar a partidos y grupos de izquierda contrarios a los intereses de EEUU y otras potencias.

-Chávez, para reforzar su política populista, planteó en varias oportunidades que su gobierno no iba a “reprimir a los pobres que robaban por necesidad”. Sobre esta base, el régimen desarrolló una política sustentada en la impunidad, de “dejar hacer” a la delincuencia común, así como a los grupos armados formados por el propio régimen conformados por elementos lumpenizados; disminuyó la vigilancia policial, principalmente nocturna, dejando a la población a merced de las bandas de gánsteres quienes imponen su propia “ley”. De esta manera utilizó y acentuó los niveles de descomposición social que ya existían antes de su gobierno para implantar en el país un “toque de queda” nocturno y en parte diurno, no impuesto por el terror del Estado sino por el terror del lumpen. Esta política incrementó exponencialmente los índices de criminalidad que colocan a Venezuela como uno de los países más peligrosos del planeta[4]; situación que también contribuye a incrementar los niveles de emigración.

El chavismo conformó un Estado sumido en la descomposición: un Estado gansteril, dominado por comportamientos del lumpen en los sectores de la pequeña burguesía y la nueva burguesía bolivariana. Ha consolidado un Estado maula, que no paga las deudas contraídas con sus pares capitalistas internos y externos, ni tampoco los contratos colectivos acordados con los trabajadores. La mentira y la impunidad es una norma en el seno del Estado. El chavismo, sustentado en los propios mecanismos de la democracia burguesa ha logrado enquistar una verdadera mafia en el poder del Estado venezolano

Crisis en Venezuela: una crisis internacional

El proyecto chavista se concibió como un proyecto regional y mundial. Se sustenta en el hecho que después del derrumbe del bloque ruso en 1989 el mundo dejo de ser dominado por los dos grandes polos imperialistas, EEUU y la URSS, y pasó a ser un mundo multipolar. Se desarrolló con la visión de ser uno de esos polos a nivel regional aprovechando: la estratégica posición geográfica de Venezuela en América del Sur, el hecho de ser una potencia petrolera y el debilitamiento de los EEUU como potencia mundial. Con ese fin Chávez desarrolló una agresiva política de corte imperialista a nivel regional, de confrontación con los EEUU y otros países de la región. Para ello utilizó el petróleo como arma para influir en la geopolítica regional, principalmente hacia las islas del Caribe y Centroamérica. Su política se sustentó en un antiamericanismo radical, por lo que buscó y promovió alianzas con otros gobiernos de la región y a nivel mundial que rechazan la política imperialista de EEUU.

Con ese fin estrechó lazos con Cuba, quien requería de suministro de petróleo y de capital después del derrumbe del bloque imperialista de la URSS. Con Cuba conformó la agrupación de los países del ALBA para contrarrestar el ALCA [5] promovido por EEUU; estrechó alianzas con Lula en Brasil, los Kirchner en Argentina, los movimientos indigenistas del altiplano (Bolivia, Perú, Ecuador), el sandinismo en Nicaragua, etc... Así mismo abrió sus puertas al capital chino, a Rusia (principalmente a través de la compra de armas), con Irán y hacia los países del llamado “socialismo árabe” del Norte de África y el Oriente Medio.

Así mismo, tal como lo ha hecho Cuba durante años, Chávez desarrolló una estrategia de victimización hacia los EEUU, acusando de manera permanente a este país de querer apropiarse del petróleo venezolano y de conspirar contra la “revolución bolivariana” desde los tiempos de George W. Bush. En efecto, desde los inicios de la administración Obama EEUU desarrolló una política contra el régimen de Chávez y su influencia en la región a través de la OEA (Organización de Estados Americanos); lo que no pudo lograr debido a la influencia de Chávez sobre varios gobiernos del Caribe, Centro y sur América, a través de la venta de petróleo en condiciones ventajosas. Sin embargo, Obama sí pudo debilitar la influencia de gobiernos de izquierda en la región (mediante la estrategia de lucha contra “la corrupción y el narcotráfico”), que se expresó principalmente en los cambios de gobierno en Brasil y Argentina a tendencias de derecha, y en el acercamiento con Cuba.

Antes de las últimas elecciones en EEUU y después del triunfo de Trump hubo un período de varios meses de estancamiento en la política norteamericana hacia la región, centrándose principalmente en lo relativo a la construcción del muro en la frontera con México; período en el cual no se sabía claramente cuál iba a ser el posicionamiento del nuevo gobierno con respecto a la situación en Venezuela. A mediados de julio, ante la convocatoria de Maduro a la Asamblea Nacional Constituyente, la administración Trump retoma la acción contra Venezuela con una política agresiva contra el régimen declarando que utilizaría todos los medios para enfrentarlo, incluso la “fuerza militar de ser necesario”; lo que muestra un cambio con respecto a la política más cautelosa de Obama. El gobierno de Maduro ha aprovechado las declaraciones de Trump y su impopularidad internacional para victimizarse y tratar de unificar su apoyo a nivel interno y externo.

Al día de hoy la geopolítica regional ha cambiado y se ha debilitado de manera significativa la influencia del chavismo en la región: Argentina y Brasil ya no son sus aliados; al parecer el nuevo gobierno de Ecuador llevará una política diferente a la de su antecesor Correa quien dio pleno apoyo al régimen de Maduro. Por otra parte, países importantes de la región como México, Perú y Colombia han asumido un papel más activo en la política regional en apoyo a la política de EEUU. La tendencia es a aislar al régimen de Maduro; varios de sus altos dirigentes han sido sancionados por el gobierno Trump por violación a los derechos humanos, narcotráfico y lavado de capitales. De igual manera España y los países de la UE presionan por la vuelta de la democracia en Venezuela. También se debilita poco a poco el apoyo de los países de la OEA.

Todo indicaría que el régimen de Maduro no tiene otro camino que doblegarse ante la presión interna y externa. Mas no es así. El régimen ha asumido el reto: se ha aprovechado de la amenaza de Trump para buscar apoyo internacional. Maduro ha declarado que está dispuesto a rechazar con las armas la agresión imperialista y dijo tener alianzas militares con Rusia para su defensa. Aunque es difícil que China y Rusia puedan intervenir directamente en un conflicto armado en el propio “patio trasero” de EEUU, sí es cierto que intervienen desde hace años apoyando al régimen de Chávez-Maduro con el suministro de armas, ayudas financieras, alimentos, etc.; también, con base al argumento de la “autodeterminación de los pueblos” bloquean cualquier acción del Consejo de Seguridad de la ONU contra Venezuela.

La radicalización del régimen de Maduro está creando una situación de desestabilización en la región a través del incremento de la emigración de venezolanos a otros países de la región. Por otra parte, la impopularidad del gobierno Trump a nivel mundial podría permitir que elementos radicales de izquierda e incluso partidarios del yihadismo pudieran llegar a Venezuela para apoyar al régimen de Maduro a través de acciones terroristas o de guerra de guerrillas.

La situación en Venezuela es impredecible. El gobierno de Maduro ha declarado que usará las armas para imponerse y por otro lado los sectores de oposición es posible que convoquen de nuevo a protestas de calle sabiendo que el gobierno responderá acentuando la represión. Las facciones de la burguesía en Venezuela están en una dinámica de llevar hasta sus últimas consecuencias sus respectivas estrategias de confrontación, hasta ahora han mostrado que no tienen la voluntad ni la capacidad de llegar a algún acuerdo mínimo de gobernabilidad. Las presiones internacionales aparentemente no hacen mella sobre el régimen de Maduro, más bien le sirven de excusa para arreciar la represión contra los opositores y la población. Un factor importante que aumenta el nivel de incertidumbre son las impredecibles acciones imperialistas de Trump, que de tomar una acción militar unilateral sería un factor de agravamiento de la crisis a nivel regional (como de alguna manera sucede en el mar de China con la confrontación entre EEUU y el régimen de Corea del Norte).

Como en otros conflictos a nivel mundial será la población venezolana quien pagaría las consecuencias de una confrontación militar. Ya de por sí está sujeta a una ruidosa campaña ideológica del régimen en contra del “imperio norteamericano”. El antiamericanismo es el chivo expiatorio que utilizan la izquierda y el izquierdismo a nivel mundial para confundir a la población y al proletariado: les sirve para a apoyar a otros regímenes tan despóticos e imperialistas como los de China, Corea del Norte o Cuba; también les permite encubrir las políticas imperialistas de regímenes de izquierda como el de Chávez y Maduro, que a su vez imponen su propio sistema autóctono de explotación y someten a la población a unas condiciones de miseria iguales o peores a la de los gobiernos de derecha.

El chavismo: Un ataque a las condiciones de vida, combatividad y conciencia del proletariado

El proyecto chavista se ha basado en un sostenido ataque ideológico, represivo y a las condiciones de vida del proletariado. Al igual que los demás proyectos de la clase capitalista, el liderado por Chávez, el llamado “Socialismo del Siglo XXI” se sustenta en una pauperización y precarización de la fuerza de trabajo. El régimen ha hecho un trabajo sistemático para desmejorar el salario y los beneficios que recibían los trabajadores formales; comenzó con los trabajadores petroleros y de las industrias básicas productoras de materias primas, luego siguieron los empleados públicos. Los planes sociales del chavismo, usados para el reparto de migajas al “pueblo”, fueron financiados en parte mediante la reducción de salarios y desmejora de estos trabajadores. Cuando Chávez muere deja una masa de trabajadores pauperizados y una mayor masa empobrecida y engañada recibiendo cada vez menos de las dádivas del Estado. Al igual que en el plano económico, Maduro lo que ha hecho es empobrecer a las masas trabajadoras hasta el punto de que los salarios y beneficios no alcanzan para cubrir la canasta alimentaria, y cada vez son menos los pobres que reciben las bolsas de comida que les vende el gobierno a precios regulados; mientras que la “Nomenklatura” chavista vive cual reyes.

La polarización política ha sido una estrategia mantenida y alimentada permanentemente por el régimen chavista hasta nuestros días; ha sido el factor determinante que repercute en toda la vida social y que ha llevado a los niveles de ingobernabilidad que existen actualmente. Chávez sustentó su política de polarización en el apoyo de las masas más depauperadas, excluidas sociales que vieron en él al nuevo mesías que les ofrecía las dádivas del Estado benefactor, que 4 décadas atrás le ofrecieron socialdemócratas y los socialcristianos. Pero el chavismo necesitaba incorporar a su favor a la masa de trabajadores que se había conformado durante esos años así que inició una estrategia de división y polarización en el seno de la clase obrera venezolana. A través de la ideología del “Socialismo del Siglo 21” desarrolló un ataque a la conciencia, combatividad y solidaridad existente al seno del proletariado venezolano. A la nefasta campaña de la burguesía mundial de declarar la “muerte del comunismo” después del derrumbe del bloque imperialista de la URSS, propuso la patraña del “socialismo bolivariano” como forma de superación del “capitalismo salvaje”. El chavismo, con el auxilio de los partidos de izquierda locales y de otros países, principalmente del PC cubano, desarrolló un verdadero laboratorio de trampas contra el proletariado: autogestión, control obrero, etc. mientras de manera progresiva pero sistemática acentuaba la división en las filas obreras y precarizaba las condiciones de vida de los sectores más avanzados de la clase obrera venezolana.

A pesar de este ataque ideológico, los trabajadores desde los inicios del régimen chavista desarrollaron luchas importantes contra el Estado en su terreno de clase, pero las mismas fueron sistemáticamente enfrentadas por los sindicatos controlados por el chavismo, o cuando estos no eran efectivos, por la represión de las fuerzas policiales y militares (tal como lo hicieron los gobiernos encabezados por partidos que se oponen al régimen) o por la bandas armadas lumpenizadas formadas por el chavismo. Hasta hoy hay infinidad de expresiones de lucha y descontento de los trabajadores en varios sectores, pero esas luchas se presentan fraccionadas, atomizadas y asfixiadas por la polarización política. Situación que permitió que la pequeña burguesía tomara el escenario político, desde sus sectores radicales de izquierda que en su mayoría apoyan al chavismo y promueven un mayor control del Estado, hasta los que defienden abiertamente las políticas neoliberales.

Debido a la gravedad de la crisis económica, la escasez y desabastecimiento de productos básicos, y al incesante aumento de los precios, disminuyó de manera importante la popularidad del gobierno de Maduro, incluso dentro de las propias filas del chavismo. Situación que se evidenció en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015 en las que la oposición triunfó de manera amplia y tomó control de la Asamblea Nacional, que representó la derrota electoral más contundente que recibía el chavismo en sus 16 años de existencia. Desde entonces la confrontación política se agudizó debido a que el régimen se vio ante la amenaza de perder el poder. Su reacción, cual bestia herida, ha sido de buscar la forma de mantenerse el poder a toda costa.

Por su parte la oposición agrupada en la MUD ahora se presenta como la verdadera defensora de la constitución chavista del 2000, la cual rechazó por varios años. Al igual que los partidos políticos oficialistas, se presenta como la verdadera defensora de la democracia. Unos y otros se pelean por mostrar quien es el más demócrata: todos saben muy bien que la consigna de “lucha por la democracia” representa una potente arma ideológica para el control de la población y el proletariado, y para intentar ser reconocidos como tales a nivel internacional.

Entre ambos bandos plantean a la población que se ha llegado a una fase terminal donde se confronta “la dictadura” contra “la democracia”. La realidad es que ambas facciones defienden la dictadura del capital bien sea por las vías de la democracia republicana o por la vía de la democracia totalitaria del régimen chavista. La oposición venezolana y de otros países reivindican la política neoliberal, pero con “responsabilidad social”; es decir, la vieja consigna burguesa de pretender un capitalismo, pero con rostro humano. Plantean que el fracaso del gobierno de Maduro representa un nuevo fracaso del “comunismo” al querer implantar un régimen similar al de Cuba. La Izquierda Comunista ha mostrado desde el inicio de la supuesta “revolución cubana” que en ese país impera desde hace más de 50 años un régimen burgués de capitalismo de estado de corte estalinista. Chávez, Maduro y sus aliados aplican el mismo modelo a través de la gran mentira del “Socialismo del Siglo 21”.

Los trabajadores y los miles de personas que hoy protestan contra el régimen de Maduro muestran la indignación, desesperación e ira de una población que no quiere seguir “viviendo” en condiciones miserables. Aunque muchos tienen ilusiones en las propuestas burguesas de la MUD, otros utilizan la convocatoria de los partidos de oposición para expresar su descontento, más no significa que sean partidarios de ese agrupamiento opositor; entre ellos están los que se expresan a través de los movimientos de resistencia, en su mayoría conformado por jóvenes; varios de ellos fueron vilmente asesinados por las fuerzas represivas del régimen o por los asesinos a sueldo del régimen, mientras otros están encarcelados tras abrírseles juicios militares. De manera hipócrita los dirigentes de la MUD los llaman “mártires de la democracia” ya que le sirven como carne de cañón que utilizan para intentar implantar su modelo capitalista neoliberal que no representa ninguna salida a la crisis que vive la población.

¿Cuál perspectiva?

La difícil y peligrosa situación que se vive en Venezuela es la expresión de la descomposición del sistema capitalista como un todo, que se expresa en este país de forma tan caricatural. Varias burguesías de la región y del mundo muestran ahora al régimen chavista de Maduro como lo que no se debe hacer en materia de gobierno. En la situación que vive el capitalismo hoy, no hay garantías de que no puedan suceder situaciones como las de Venezuela donde un puñado de aventureros de izquierda o derecha, resentidos y lumpenizados asuman el control del Estado y sometan a la población y al proletariado a la miseria y la barbarie. De hecho, los EEUU, la principal potencia económica y militar del planeta tiene como Jefe de Estado a un aventurero populista de derecha cuya diferencia con un Chávez es que éste se reclamó de izquierda y se propuso un proyecto imperialista “amateur”.

No hay nación en el mundo que escape a la descomposición, expresión de que el mundo ha entrado en una fase avanzada de la decadencia del capitalismo en la que la humanidad se ve seriamente amenazada por las guerras, la pobreza, la hambruna, los desastres ecológicos, la barbarie. Este impasse es consecuencia de que las dos principales clases sociales, la burguesía y el proletariado, no han podido imponer sus respectivas salidas: el someter a la humanidad a una nueva guerra mundial por parte de la primera o la revolución comunista mundial en el caso de la segunda; impasse que va sumiendo a la sociedad en una atmósfera de pérdida de perspectivas y pudrición del cuerpo social.

Venezuela junto con Siria y otros países del Medio Oriente, Asia y África son el espejo en que debemos vernos los proletarios del mundo; son la muestra de lo que nos depara el capitalismo si no acabamos con este sistema. La descomposición desde hace años toca las puertas de los países más desarrollados de Europa, Asia y América a través del avance del terrorismo.

El régimen populista izquierdista implantado por Chávez es muestra de que ni la izquierda del capital ni la derecha, ni los sectores más radicales de estas expresiones burguesas, representan una salida a la explotación y la barbarie capitalista: ambas deben ser rechazadas y combatidos conscientemente por el proletariado y por las minorías de la clase que luchan contra el orden existente. El “Socialismo del Siglo 21” y la llamada “revolución bolivariana” nada tienen que ver con el socialismo; se trata de un movimiento patriota y nacionalista. Los defensores consecuentes del socialismo tenemos muy presente que el Manifiesto Comunista, el primer programa político del proletariado, desde 1848 plantea que “los proletarios no tienen patria ni intereses nacionales que defender”.

Debemos tomar conciencia de la fuerza que tiene el proletariado de ser la clase que produce y en cuya explotación se sustenta toda la riqueza social.  La indignación que muestran los proletarios y la mayoría de la población venezolana que luchan por una vida digna, imposible bajo el capitalismo, debe servir de aliciente para desarrollar la indignación de los proletarios del mundo para una toma de conciencia de que sólo la revolución proletaria es la única salida real y posible a la barbarie que nos depara el capitalismo. Para acabar con la barbarie que amenaza al conjunto de la humanidad es necesario destruir la maquinaria del Estado burgués, sustento de una clase explotadora minoritaria que muestra cada vez más su incapacidad para gobernar, maquinaria que día a día se refuerza e impone el terror al conjunto de la sociedad. Es únicamente el proletariado quien con su lucha consciente y su solidaridad internacional puede detener este drama.

Hoy es una realidad que por ahora el proletariado mundial no tiene la fuerza para detener el avance de esta barbarie.  Sin embrago, a pesar de la polarización política inducida por las facciones burguesas de derecha o izquierda, tanto en Venezuela como en otros países existe una inmensa masa de la población que no cree en las “salidas” propuestas por éstas; por otra parte, muchos de los que militan de manera honesta detrás de las banderas de unas u otras de estas facciones se confrontan con la realidad de que no ven salida a su situación. Así mismo, aunque representa una minoría de la clase, existen elementos en búsqueda de una perspectiva proletaria ante la barbarie que vivimos.

Por ello es urgente que las minorías revolucionarias de la clase obrera intervengamos en el sentido de la recuperación de su conciencia política y su identidad de clase. Debemos retomar el camino de la lucha por el verdadero comunismo, tal como lo hicieron el Partido Bolchevique y los soviets hace 100 años, protagonistas de la primara gran tentativa de desarrollo de la revolución mundial: la Revolución Rusa.

Ni “Socialismo del Siglo 21” ni democracia, ni populismo de derecha al estilo Trump ni populismo de izquierda al estilo de Chávez y Maduro. El proletariado requiere buscar su propia salida a través de la retoma de la lucha en su propio terreno de clase.

Internacionalismo

Sección en Venezuela de la Corriente Comunista Internacional

25 de septiembre de 2017


[1]Gran Polo Patriótico (GPP): agrupa a las fuerzas políticas que han dado su apoyo al proyecto liderado por Chávez. Lo conforman varios partidos, entre los que predomina el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) fundado por Chávez; también están otros partidos minoritarios de Izquierda como el Partido Comunista de Venezuela (PCV), Patria Para Todos (PPT) y otros.

Mesa de la Unidad Democrática (MUD): coalición de partidos que se oponen al GPP, conformado por partidos socialdemócratas, socialcristianos, de centro de derecha y liberales.

[2] El legado de Chávez: Un proyecto de defensa del capital. Un gran engaño para las masas empobrecidas. Artículo cuya lectura recomendamos para comprender mejor la crisis actual en Venezuela. http://es.internationalism.org/en/node/3694

[3] Los indicadores económicos hoy muestran una economía colapsada: recesión económica desde 2014 con caídas más fuertes año a año, a tal punto que entre 2014 y 2017 se estima que la economía habría perdido 1/3 del PIB; el déficit fiscal fue mayor al 15% en el 2016 (uno de los más altos del mundo), cuyo financiamiento se sustenta generando dinero inorgánico lo que dispara los índices inflacionarios, que se estiman serán este año del 1000% y superior al 2000% en el 2018; el pago de la deuda pública, calculada en cerca del 95% del PIB, eroga una parte importante del ingreso de divisas al país que en un 96%  depende de las exportaciones petroleras, las cuales disminuyen cada año debido a la merma en la producción; la política del gobierno de restringir las importaciones (que cayeron en un 75% en los últimos 4 años en un país donde el 70% de lo que se consume es importado) ha acentuado el déficit de materias primas y ha contribuido a acentuar la escasez de insumos necesarios para la producción agrícola e industrial.

[4] El Observatorio Venezolano de Violencia (http://observatoriodeviolencia.org.ve/) estima 28.479 muertes violentas en 2016, equivalente a una tasa de 91,8 muertes violentas por cada 100 mil habitantes. Según este informe “Venezuela se ubica en el segundo lugar de los países con mayor violencia letal en el mundo” detrás de El Salvador. Se estima en 283.000 los homicidios durante los gobiernos Chávez-Maduro. La ONG COFAVIC estima en 98% el índice de impunidad. Ver artículo en nuestro sitio en internet: Incremento de la violencia delictiva en Venezuela: Expresión del drama de la descomposición del capitalismo http://es.internationalism.org/cci-online/201206/3417/incremento-de-la-violencia-delictiva-en-venezuela-expresion-del-drama-de-la-d

[5] ALBA: Alternativa Bolivariana para las Américas de la cual también forman parte Ecuador, Nicaragua, Bolivia, Cuba y otros países. ALCA: Área de Libre Comercio de las Américas, proyecto que nació con el propósito de expandir al Tratado de Libre Comercio de América del Norte para abarcar a los demás países americanos, con la excepción de Cuba.

 

 

 

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