Huelga general del 29-S, negociando o en la calle, los sindicatos contra la lucha obrera

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Con el abaratamiento del despido, la universalización de los contratos eventuales y el ninguneo de los acuerdos salariales que supone la Reforma laboral, la "expropiación" del 5% de los salarios de los trabajadores públicos seguida de una congelación que incluye las pensiones, el proyecto de alargar la edad de jubilación a los 67 años, etc.[1], el gobierno "socialista y obrero" del PSOE desencadena el mayor ataque a las condiciones de vida de los trabajadores de todo el periodo democrático; con la leal oposición del PP, que niega la mayor echándose las manos a la cabeza ante la ineficacia de las medidas mientras su base social, mayoritariamente banqueros y empresarios, son sus principales inspiradores; y de IU y los sindicatos, que tan celosamente han salvaguardado estos años la "paz social", al mismo tiempo que, como siempre, pactaban los despidos y los recortes salariales de los que las medidas actuales no son más que la continuidad que exige "el interés nacional"[2].

¿Cómo podemos luchar contra estos ataques orquestados por el conjunto del Estado contra nuestras condiciones de vida?

 

 

¿Cómo podemos defendernos de los ataques?

 

De entrada no son ataques frente a tal o cual sector de la clase obrera, jóvenes, pensionistas o funcionarios, sino frente al conjunto de la clase obrera; No son ataques "a la industrialización de tal o cual región o comarca", porque todas las empresas, de todas las regiones, se ven afectadas; No son ataques de los espectrales "mercados financieros" contra el "interés nacional", sino del capital contra los trabajadores, igual que en Grecia, o en Turquía, o en Gran Bretaña, o cualquier otra parte del mundo

Frente a la agravación sin precedentes en toda la etapa democrática de los ataques a nuestras condiciones de vida, en todos los sectores, categorías y tipos de centros de trabajo, la indignación es evidente y va creciendo la convicción de que hay que responder, oponerse a las medidas, hacer fuerza, porque si no es así, a estos ataques seguirán otros peores. Pero la cuestión es cómo luchar, cómo conseguir una fuerza y un control de la lucha que nos permita comprender lo que está en juego, ganar confianza en la lucha y en nosotros mismos y nuestros compañeros, desarrollar una solidaridad.

Frente a estos ataque necesitamos una respuesta unida, consciente y masiva, que defienda nuestros intereses como clase frente al "interés nacional". Una respuesta que agrupe generaciones y sectores, que se identifique con  las luchas en Tekel[3] (Turquía) y Grecia[4], más allá de las fronteras; que reflexione sobre los ataques y los medios de lucha, sobre cómo organizar la lucha.
Los sindicatos mayoritarios, que durante los últimos años estaban instalados en la "paz social", mientras crecían los despidos (En los dos años anteriores se han perdido dos millones de puestos de trabajo[5]), y los salarios permanecían prácticamente "congelados"; que hasta este mismo Mayo negociaban con el gobierno y la patronal la forma de llevar a cabo los ataques (de alrededor de los 4 millones de contratos firmados en el primer cuatrimestre, los fijos no llegan al 5%[6]), en menos de un mes se levantan de la mesa y se tiran a la calle. El discurso de la solidaridad, en nombre del que se nos exigían sacrificios "para apoyar a los más desfavorecidos", se ha convertido en el de la confrontación ante la envergadura de los sacrificios, que ya no pueden camuflarse detrás del "arrimemos todos el hombro". Ahora nos proponen una huelga general para el 29-S.

 

¿El 29-S sirve para defendernos de los ataques y reforzar la confianza en nuestra lucha?

 

¡No! En lugar de la unidad, provoca la división; aunque aparentemente se trata de una "huelga general" y por tanto de una lucha unida, no expresa la unidad de la clase, sino la división por sindicatos, sectores, regiones o empresas, cada uno bajo su bandera. Si se mira la gira de preparación de la huelga que están haciendo Toxo y Méndez, se puede ver que van de empresa en empresa, tratando de vincular la lucha en cada una a sus reivindicaciones particulares, "la defensa de la empresa o del sector", para que cada uno al final vaya "a lo suyo".

Pero además, la decisión de hacer huelga o no,  es individual, la toma cada uno desde el aislamiento, como "ciudadano", completamente separado de la fuerza del colectivo, como si se tratara de votar en unas elecciones.

¡No! Porque no permite que tomemos a cargo la lucha, que reflexionemos sobre cómo desarrollar una lucha que realmente tenga fuerza, ni sobre la naturaleza de los ataques a los que nos enfrentamos. No refuerza la confianza en nuestras propias fuerzas. Al contrario, nos arrastra pasivamente a seguir las convocatorias sindicales o quedarnos en casa, en ambos casos como espectadores, aturdidos por los mensajes de propaganda y narcotizados por los videos de chiquilicuatre. ¡Como en una campaña electoral!

¡No! Porque lo que reivindican los sindicatos "en un ejercicio de responsabilidad", no es la defensa de nuestras condiciones de vida, sino la defensa de los intereses de la economía nacional[7]; pero ¿No es precisamente por esos intereses por lo que se cierran empresas y se nos despide "para sanear la economía", o se congelan los salarios y se aumenta la carga de trabajo para que los productos españoles sean más competitivos?

¡No! Porque aunque la convocatoria de huelga incluye el paripé de movilizaciones sindicales a escala europea, no nos olvidamos de que estos señores "internacionalistas" son los mismos que frente a la reconversión industrial nos decían en Nissan que la culpa de los despidos la tenían "los japoneses", o en SEAT "los alemanes", o los "checos", que quitaban mercado al capital español. O sea, gente de la misma calaña de los que dicen en Grecia que "los alemanes" son culpables de la crisis por haber robado parte del patrimonio histórico en la 2ª guerra mundial, o en Alemania que a "los griegos" no les gusta trabajar y se la pasan tumbados al sol.

 

¿Para qué sirve el 29-S? Una huelga «tóxica» y nada «cándida»

 

La nueva radicalidad sindical no es producto de una adhesión a la defensa de los trabajadores (ya han demostrado de sobra cómo se las gastan firmando acuerdos antiobreros[8]), sino de un cálculo y una estrategia política. No convocan movilizaciones, jornadas y la huelga general para promover la lucha de los trabajadores; sino para tratar de impedirla, No pretenden reforzar la confianza de la clase obrera en su lucha, su movilización, como dicen; sino su pasividad y su desconfianza. Como han avisado, hay que prevenir la lucha obrera,: "que no crean que porque no hay una respuesta inmediata se van a tolerar los ataques" (Toxo); o "en lo que queda de legislatura se va a tener que coexistir con un malestar social que se va a seguir manifestando" (Méndez).

Todos tenemos una desconfianza en que las acciones que promueven los sindicatos sirvan realmente para defendernos. La experiencia de más de 30 años de movilizaciones sindicales así lo confirma. Las otras huelgas generales, del 14D  (1988) o el 27E (1994), o el 20J (2002) mostraron que desde el día después de la huelga, los mismos sindicatos se sentaron a negociar por otra vía lo que rechazaban tajantemente en la calle, y que la movilización sindical no reforzaba la combatividad y la confianza en la lucha; sino que la entregaba a los sindicatos desmovilizando a los trabajadores.

Del 29S no podemos esperar otra cosa que más de lo mismo. La ruptura de las negociaciones de la Reforma laboral y el escenario que ha planteado de llamamientos sindicales a la movilización, huelga del sector público del 8 de Junio y huelga general del 29S es una representación teatral para intentar recredibilizar ante los obreros a los sindicatos. Sus propuestas y alternativas significan como siempre una defensa de la economía nacional contra los trabajadores.

 

El 29S «una putada»[9] contra la lucha obrera

 

Pero sería un error pensar que el 29S no tiene un impacto frente a la clase obrera, creer que simplemente la mayoría de los obreros no van a secundar las movilizaciones, de forma similar a lo que ocurrió el 8 de Junio, y que todo esto no cuesta ningún precio a la verdadera dinámica de la reflexión y de combatividad obrera.

En realidad harán todo lo posible para que el "éxito" de la huelga sea fundamentalmente mediático, mientras al mismo tiempo se empuja a los trabajadores a la pasividad, o bien de quedarse en casa, o de dejarse llevar por los sindicatos. Un ejemplo de esta estrategia lo vimos en la convocatoria de 16 mil delegados sindicales en Madrid el día 9 por la mañana; la plaza de Vistalegre rebosaba de banderas y entusiasmo sindical; pero en los centros de trabajo nada perturbaba la rutina laboral cotidiana.

Una de las curiosidades que genera la situación actual es la de ver "en directo" como el aparato sindical despliega en poco tiempo toda su estrategia, con una serie de movimientos perfectamente escalonados para dar la impresión de que los sindicatos rebosan de confianza obrera y combatividad; mientras los trabajadores permanecen ajenos a todo este espectáculo.

La otra cara de la preparación de la huelga es que la convocatoria ha puesto en marcha una enorme red de iniciativas sindicalistas promovidas por todo tipo de siglas, detrás de las que hay, desde organizaciones sindicales como CGT o CNT, hasta grupos izquierdistas como el PCPE, trotskistas, etc.,  que prácticamente ocupan todo el terreno de la iniciativa de la lucha, a favor o en contra de las propuestas de CCO y UGT. En esas condiciones es francamente difícil impulsar una lucha autónoma.

De esta forma los sindicatos hacen para el Estado el trabajo de balizar todo el terreno social, para que nada pueda salirse de "los cauces legales" y "democráticos", es decir, del terreno del Estado.

Precisamente por eso la alternativa frente al 29S es una postura activa pero respaldada por una reflexión, por una perspectiva de cómo avanzar hacia una verdadera lucha obrera.

 

¿Qué podemos hacer?

 

Podemos buscar agruparnos con otros compañeros que piensan que la huelga es un fraude, convocar reuniones para preparar asambleas que discutan sobre los ataques y cómo defendernos; ir tejiendo una red de contactos de obreros de diferentes empresas, sectores y ciudades, que sean la simiente de una búsqueda de la solidaridad y la lucha unida contra la división sindical. En las luchas de los años 70 y 80 existían algunas de estas agrupaciones antes de las luchas, para prepararlas, para buscar la confianza y no dejarse arrastrar por las consignas sindicales, durante las luchas, para preparar las intervenciones en las asambleas, hacer propuestas conjuntas, etc y después de las luchas, para sacar lecciones; aunque a diferencia de las agrupaciones sindicalistas, su vocación no era persistir desvinculadas de la lucha obrera, respaldadas únicamente por los cauces del Estado.

Podemos editar y distribuir hojas para dar a conocer nuestras discusiones, para impulsar una reflexión y un debate en el conjunto de la clase.

Podemos acudir a las manifestaciones, pero no encuadrados bajo las banderas sindicales, o "empaquetados" en el cortejo de nuestra empresa; sino a encontrar compañeros de otros centros con los que discutir, con los que establecer lazos de unidad.

Estas iniciativas, y todas las que pueda generar la creatividad de la lucha obrera que vayan en este sentido, son una aportación en la preparación de luchas masivas, donde podamos ver la fuerza que tenemos como clase y ganar una confianza en que podemos confrontar los ataques.

Recientemente una compañera decía a propósito de la huelga del Metro de Madrid en un blog de Internet que "había visto a la clase obrera"; el 29-S nadie podrá decir lo mismo, precisamente porque está convocado y organizado para dificultar y tratar de impedir la lucha obrera. Nuestra aportación es combatir para poner las bases que permitan que se desarrolle una verdadera lucha obrera.

 

Hic Rhodus


[1] Ver: http://es.internationalism.org/ap/2010/214_reform

 

[2] Para un análisis de la crisis económica actual ver: http://es.internationalism.org/ap/2010/214_ense

 

[3] Ver : http://es.internationalism.org/ccionline/2010_tekelacampadaer

 

[4] Ver: http://es.internationalism.org/ap/2000s/2010s/2010/212_grecia

 

[5] Fuente: http://www.solidaridadobrera.org

[6] Idem

[7] Como se puede leer en el Manifiesto que han hecho para la huelga general, «Convocamos una huelga general para exigir: una política... que planifique el cumplimiento de los objetivos de déficit del Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea en plazos compatibles con la reactivación económica y la creación de empleo». ¿No son los mismos términos en los que habla cualquier empresario o banquero?

[8] Ley Básica de Empleo en 1980; ANE (Acuerdo nacional por el Empleo) en 1982; AMI (Acuerdo Marco Interconfederal) -esta vez CCOO se desmarcó y sólo firmó UGT- en 1984; contratos de inserción en 1988, etc, etc.

[9] En unas declaraciones, Toxo ha dicho que el 29-S era "una putada" , refiriéndose  a lo que le dolía tener que convocar una huelga general contra un gobierno de izquierdas. A los líderes sindicalistas "les duele" el gobierno socialista; pero son indolentes para atacar la lucha obrera.