El caso Garzón o la falsa memoria histórica

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Las últimas semanas estamos soportando una campaña de intoxicación ideológica por parte de la burguesía, campaña que parte de las correrías de este juez de la Audiencia Nacional (tribunal especial heredero del Tribunal de Orden Público del Franquismo). Este personaje siniestro especializado en las cloacas del estado se ha destacado siempre por estar al servicio del poder establecido, manejando a placer su gran conocimiento de las fétidas aguas del aparato del estado y de la clase dominante, siempre claro está, tratando de sacar tajada personal.

Sin embargo la burguesía nos presenta la cuestión como un enfrentamiento entre un sector de extrema derecha fascista y otro sector demócrata de izquierdas y antifascista, y lleva a cabo una auténtica campaña para tratar de hacer tomar partido a la clase trabajadora. Sería la vieja engañifa con la cual alistaron al proletariado en la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, conflictos en los cuales los dos bandos cometieron asesinatos y crímenes contra la humanidad.

Resulta algo más que chocante que el gobierno del PSOE y los sindicatos cuya gestión de la crisis económica está siendo brutal e implacable con la clase trabajadora: reducción de salarios y pensiones por decreto ley, ataque al llamado estado del bienestar para degradar las condiciones de vida y trabajo de los obreros, subidas de impuestos... mientras drenan miles de millones de euros para salvar a los bancos y dejan intactos los chanchullos financieros de la burguesía; que este gobierno del paro y la miseria que ataca con crueldad y sin contemplaciones a los trabajadores vivos sin embargo aparenta hipócritamente tener una gran preocupación por los restos mortales de las víctimas del franquismo y la guerra civil.

La Guerra Civil Española y la represión del Franquismo sigue siendo un profundo trauma de la sociedad española y sobre todo de la clase trabajadora pues casi todas las familias han tenido víctimas en esa trágica barbarie. Pero como decía Marx "la ideología dominante es la de la clase dominante", y también Lenin decía que la burguesía era implacable y brutal con los revolucionarios y luchadores obreros en vida y procuraba después de muertos convertirlos en iconos inofensivos con su tergiversación maquiavélica de la historia. La visión que nos da la burguesía de la Segunda República y de la Guerra Civil, como no podía ser de otra forma, está totalmente manipulada. Todos los gobiernos de la República, tanto de izquierdas (Azaña-Largo Caballero), de centro y derecha (Lerroux-Gil Robles) se destacaron por sus matanzas de obreros: como en Casas Viejas (donde se hizo famosa la frase de Azaña al capitán de los guardias de asalto: "disparen a la barriga"), o la masacre de la Revolución de Asturias. Todos mantuvieron a los altos militares monárquicos en sus puestos (Franco, Mola...) que acabarían encabezando el bando nacionalista de la guerra civil. Durante la Guerra Civil el bando republicano y la izquierda del capital también desarrollaron matanzas y crímenes contra los obreros como demuestran los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona...

La Ley de la Memoria Histórica del hipócrita gobierno Zapatero ni siquiera declara nulos los procesos de los juicios sumarísimos del Franquismo, pues el estado aparte de restablecer el honor y la memoria de las víctimas tendría que indemnizar económicamente a sus familiares, puesto que a todos nos sigue funcionando la memoria y nos acordamos como fue el mismísimo Franco que nombró al actual jefe de estado como su sucesor con título de rey.

Como decía Lenin la mejor manera de mostrar nuestra solidaridad con el sufrimiento de los muertos y el trauma que persiste en los vivos es recordar la verdad de la historia, cómo la lucha de las generaciones pasadas no era en defensa de una fracción de la clase dominante ya se disfrazase con ropaje fascista o antifascista, sino que entregaron su vida en defensa de la causa del proletariado y para acabar con la sociedad capitalista moribunda que lleva más de 100 años martirizando a la humanidad tanto en su versión fascista como antifascista (los bombardeos atómicos de ciudades indefensas como en Hiroshima y Nagasaki nada tienen que envidiar a los campos de concentración nazis).