Crisis del capitalismo: El desempleo expresa la quiebra del capitalismo (I)

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En la situación actual una cosa, sin embargo, ha
quedado clara: el desempleo ya no puede verse como se ha podido percibir
durante los últimos 15-20 años. Hasta hace muy poco era presentado como
consecuencia del fracaso de quién lo sufría y no como consecuencia de un
fracaso del capitalismo. Al contrario, políticos, empresarios y sindicalistas
hacían de "la lucha contra el desempleo" su divisa, el Estado tomaba medidas
para favorecer el acceso al trabajo de los colectivos más desfavorecidos como
jóvenes, emigrantes, mujeres o trabajadores mayores. Hasta hace un año, el
mensaje dominante era que aquel que no tenía trabajo era porque era un
fracasado, un vago, un incompetente, alguien que no sabía aprovechar las
"inmensas oportunidades" que se le ofrecían. Hoy ese estereotipo que había
logrado anclarse en la mentalidad popular ya no puede sostenerse con seriedad.
El desempleo se convierte en un fenómeno de masas, absorbiendo de manera primordial
la preocupación de trabajadores, estudiantes, familias,.. y ya no puede ser
considerado como el problema particular de una serie de ciudadanos inadaptados
sino como el problema general del proletariado y de la humanidad.

 

 

El
desempleo acompaña a la condición obrera como la sombra acompaña al cuerpo

 

El capitalismo se basa en el trabajo asalariado y
este a su vez en la separación de los trabajadores de los medios de producción.
Esto hace que el desempleo forme parte inseparable de la condición obrera. La
clase obrera incluye en su condición misma la existencia del desempleo. El
capitalismo no puede funcionar sin la clase obrera pero no necesita siempre
a cada uno de los trabajadores individuales los cuales pueden ser arrojados a
la calle en cualquier momento. El capitalismo ha tendido siempre a formar
un "ejército industrial de reserva"[1],
una masa de desempleados cuya existencia misma presionaba hacia abajo los
salarios y que en etapas de prosperidad podía ser rápidamente movilizada para
la producción.

Ahora bien, el tamaño de este ejército industrial
de reserva no ha sido el mismo a lo largo de la historia. En el siglo XIX y
principios del XX, las cifras de desempleo eran relativamente bajas -alrededor
del 2%- y sobre todo su duración era muy corta, como máximo 1 año. Los
fenómenos de desocupación eran cíclicos -más o menos cada 10 años- pero daban
paso a una ampliación considerable de la masa total de trabajadores asalariados
en el mundo. Durante esa fase histórica, de capitalismo ascendente, el desempleo
era pasajero y temporal, constituía una lacra dolorosa que soportaba la clase
obrera pero que globalmente tendía a superarse.

Un cambio de gran envergadura se produjo en 1929 cuando,
con la Gran Depresión
apareción unn desempleo masivo y prolongado (durante 4-5 años). Este cambio en
la naturaleza del desempleo se explica por la entrada del capitalismo en su
decadencia[2],
en este periodo histórico el desempleo pasa a ser permanente y estructural[3],
ya no es únicamente una expresión del ejército industrial de reserva sino que
adquiere una dimensión nueva: manifiesta la crisis histórica del sistema, su
incapacidad para asegurar un empleo estable a la mayoría de la población y su
tendencia a despilfarrar las fuerzas productivas, y sobre todo la principal de
ellas: el trabajo. Y si a partir de 1934-35, comenzó a "superarse" el desempleo,
fue gracias a políticas de trabajos públicos y sobre todo de producción de
armamentos a gran escala que se insertaban en la preparación de la segunda
guerra mundial[4].

Sin embargo, de 1945 a 1967, la tendencia al
desempleo masivo pareció verse desmentida. Las tasas de paro cayeron a niveles
del 1-2%. Parecía volverse a una situación similar a la del siglo XIX e incluso
parecía "mejor" pues en muchos países se generalizaba el trabajo fijo de por
vida y a través del llamado Estado del Bienestar se daban prestaciones a los
que pasaban por situaciones momentáneas de desocupación[5].
Ahora bien, desde 1967 la situación del desempleo volvió a dar un brusco
viraje. Hacia finales de los años 70 había países industrializados que
soportaban tasas de paro del 10% que se prolongaron durante toda la década.
España fue un país especialmente castigado que llegó a tener en 1978 un 24% de
paro. En los años 80 el desempleo se hizo masivo: las reconversiones
industriales se generalizaron en numerosos países y en España, bajo gobierno
"socialista", significaron la destrucción de UN MILLON DE PUESTOS DE TRABAJO.
En Gran Bretaña sectores como la minería, los astilleros y la siderurgia fueron
reducidos a cenizas. Lo mismo ocurrió en Francia, Estados Unidos etc. Los
sociólogos hablaron de viejas ciudades industriales convertidas en pura "arqueología
industrial" con grandes bolsas de desempleo.

Pero desde finales de los 80 las cifras de
desempleo volvieron a descender. En los últimos 15 - 20 años el paro pareció
volver a cifras inferiores al 10% en un buen número de países industrializados.
Todos los meses, los gobiernos presentaban ufanos reducciones significativas de
las cifras de desempleados e incluso en Lisboa, los países de la UE llegaron incluso a
pronosticar "el pleno empleo" para 2009. Ni siquiera aplicando un escandaloso
"maquillaje" estadístico de las cifras de paro, ni usando y abusando de
estrategias que como la temporalidad han estado destinadas, como veremos más
adelante a enmascararlo, se ha
conseguido rebajar la tasa de paro a los niveles del período 1945 -67, sino que
por el contrario se ha instalado un desempleo estructural que se ha prolongado
durante 40 años, lo cual es inédito en la historia del capitalismo. Además,
todo eso se ha derrumbado a partir de la crisis actual iniciada en 2007.

 

 

Los
desempleados de larga duración

 

Una masa considerable de personas -como mínimo el
4% de la población laboral- ha tenido que soportar una situación de desempleo
permanente. Pese a ello, en los últimos 15 años el desempleo ha sido presentado
como un problema específico y particular de los llamados "parados de larga
duración".

Los componentes de este colectivo no solo han
sufrido la miseria económica sino también la de tipo moral y psicológico. La
sociedad los han convertido en apestados al presentarlos como fracasados, vagos
e incompetentes, incapaces de asir la "oportunidad" que tenían "al alcance de
la mano". Sus propios familiares los han llenado de reproches: "no buscas
trabajo con suficiente ahínco", "perdiste tal o cual oportunidad", "estás
viviendo a nuestra costa", Presos de un devastador sentimiento de culpa ellos
mismos han escondido ante los demás su condición degradante de parados, se han
aislado socialmente, lo que objetivamente era la expresión del fracaso de la
sociedad se ha transformado subjetivamente en la pesadilla infamante de un
fracaso personal.

Los estragos de esta marginación del trabajo en la
salud psicológica y física de quienes lo han padecido quedan elocuentemente
expuestos en investigaciones, como la que expone la web: www.elergonomista.com/desempleo.htm
sobre la relación entre la condición de desempleados y los estados depresivos:
«Las consecuencias son a nivel cognitivo:
pensamientos de indefensión.
Sentimientos de culpabilidad y desprecio hacia uno mismo. Disminución de
la autoestima. Dificultad para tomar decisiones. Pensamientos de muerte,
suicidio...»,
y a nivel fisiológico:
« taquicardia, mareos, sudoración, rubor, tensión en el estómago, dificultades
respiratorias, etc. En determinadas ocasiones estos cambios de conducta pueden
convertirse en patológicos. Interfieren en la vida cotidiana del individuo y
dificultan las relaciones laborales, sociales y familiares
(...) La práctica clínica en el campo de las
adicciones muestra en numerosas ocasiones que el desempleo, y las dificultades
económicas que comporta, es un factor desencadenante de una conducta adictiva»
.

En la
Web http://www.alfinal.com/politica/desempleo.shtml:
«La larga lista de trastornos asociados a
la inactividad laboral, desde ansiedad, angustia y depresión, hasta
hipertensión, mayor mortalidad y diversas dolencias psicosomáticas, ha
originado un nuevo término médico: el "síndrome del desempleado"
(...) Los trastornos psicológicos van minando
progresivamente el sistema inmunológico humano y predisponen al organismo a
sufrir dolencias que van desde la úlcera, la colitis y las cefaleas, hasta las
cardiopatías y el asma»
.

Este estudio prosigue con una serie de
observaciones significativas: «El médico
M. H Brenner no sólo demostró en 1976 que las admisiones en los hospitales
psiquiátricos de Nueva York se relacionaban con las tasas de paro en el período
1914-1967, sino que elaboró un modelo matemático capaz de predecir el aumento
de la tasa de mortalidad y de admisiones en centros de salud mental que sufrirá
una comunidad determinada si aumenta el desempleo. Un estudio efectuado por
epidemiólogos de la
Universidad de Londres (UL), a lo largo de catorce años en
siete ciudades británicas ha descubierto una relación significativa entre el
desempleo y la mortalidad, al comparar la salud de los varones empleados fijos
con la de los parados o jubilados prematuramente. Otra investigación indica que
si se toma a Europa en conjunto, la mortalidad entre los desempleados es un 20
por ciento mayor que la del resto de la población
(...) Algunos especialistas han detectado un aumento exponencial de personas
que se quitan la vida en los países y regiones con altas tasas de paro, como
Irlanda, Escocia y España »
.

Los sufrimientos de estos trabajadores son muy
difíciles de medir porque, como decíamos antes, se han hecho invisibles
socialmente, han llevado su cruz en el más completo ostracismo. A menudo, estas
personas aparecían en la página de sucesos como protagonistas de un suicidio
terrible, como trastornados que irrumpían en su antigua empresa y se liaban a
tiros con sus ex compañeros y ex jefes, o como causantes de violencia
doméstica. Su caso era abordado únicamente desde el ángulo sensacionalista y
morboso, se les presentaba como expresiones del desquiciamiento y la
desestructuración social, lo cual efectivamente reflejaba una parte de la
verdad[6],
pero se ocultaba sistemáticamente el otro ángulo que arriba hemos recogido: la
situación de callejón sin salida, de descalabro moral, de culpabilidad
exacerbada, en la que silenciosamente se han hundido estos trabajadores. Lo peor
para ellos es que estaban rodeados de incomprensión, de condena implícita, no
les era posible compartir sus sentimientos, discutir sobre ellos, analizarlos
socialmente.

Esta especie de genocidio silencioso en que la
sociedad ha hundido a los parados ha sido el resultado directo de una campaña
machacona repetida hasta la saciedad: como el desempleo es una lacra en vías de
extinción, los desempleados están así porque quieren.

Y eso, nos dicen, que el bueno del Estado
capitalista se ha "ocupado" de ellos. Los desempleados se han visto sometidos
por las oficinas de colocación a un control exhaustivo para "no tenerlos
parados": cursos de reciclaje y formación, desempeño de trabajos prácticamente
obligatorios -la negativa a realizarlos suponía la pérdida del subsidio-,
sesiones de "asesoramiento", elaboración de innumerables currículos y envío a
un sinfín de empresas...Cualquier fallo o "conducta inapropiada" del desempleo
suponía la pérdida o reducción del subsidio y -lo que más regocijaba a los
gobernantes- su desaparición de las estadísticas de desempleo y su inclusión en
una extraña lista de "desmoralizados" que "ya no buscan empleo".

Si el desempleo parecía haber desaparecido
"ideológicamente" su presencia seguía siendo terriblemente real y sus
consecuencias muy profundas y destructivas. Incluso para los trabajadores que a
lo largo de estos años han obtenido o han conservado un empleo "estable", el fantasma
del desempleo ha estado abrumadoramente presente. La amenaza del desempleo ha
sido vivida como una intimidación tremenda. Había que tragar con todo -trabajar
más horas, aceptar reducciones de salario, perder prestaciones sociales- con
tal de "mantener el puesto de trabajo". Esto ha sido presentado por los
sindicalistas, por muchos anarquistas y por toda clase de predicadores de la
"desaparición de la clase obrera" como la "prueba concluyente" del
"aburguesamiento" y del carácter "reaccionario" de la clase obrera.

Estos "teóricos" no tienen en cuenta los terribles
sufrimientos, las noches de insomnio, las tensiones personales y familiares,
los sentimientos de culpa y humillación, que han padecido numerosos
trabajadores en activo a causa de esa espada invisible -que los gobernantes,
sindicalistas y empresarios proclamaban oficialmente desaparecida- constituida por
la amenaza del desempleo. ¿Cuántos trabajadores -tanto eventuales como fijos-
han ido enfermos a trabajar sabedores del riesgo de ser despedidos o de ser
incluidos en el próximo expediente? ¿Cuántas trabajadoras han tenido que
soportar acosos sexuales de jefes y encargados conscientes de que una negativa
demasiado tajante podía suponer la pérdida más o menos próxima del puesto de
trabajo? ¿Cuántos trabajadores han renunciado a luchar, a entrar en huelga, por
miedo a la represalia inmediata y terminante que es la pérdida del puesto de
trabajo?

Y a esta situación debe añadirse el enorme peso de
la precarización de las condiciones laborales, a través de multitud de
mecanismos desde la temporalidad de los contratos a la prolongación durante
años de los estudios o del "becariado". Pero sobre las consecuencias de estos
mecanismos de escamoteamiento del desempleo sobre los propios trabajadores
precarios y sobre toda la clase obrera habremos de volver en el próximo
artículo.

Smolni 16-11-08

 


[1] Término acuñado por Marx en El Capital: "La
acumulación capitalista produce de manera constante, antes bien, y precisamente
en proporción a su energía y a su volumen, una población obrera relativamente
excedentaria, esto es, excesiva para las necesidades medias de valorización del
capital y por tanto superflua. (...) A todo capitalista le interesa, de manera
absoluta, arrancar una cantidad determinada de trabajo de un número menor de
obreros, en vez de extraerla, con la misma baratura e incluso a un precio más
conveniente, de un número mayor. (...) Cuanto más amplia sea la escala de la
producción, tanto más determinante será ese motivo. Su peso se acrecienta con
la acumulación del capital."

(sección 3, capítulo 23 de El Capital)

[2] Ver nuestro folleto La decadencia del
capitalismo y los artículos sobre el tema en Revista Internacional números 134
y 135

[3] Conviene precisar que la decadencia del
capitalismo no se caracteriza únicamente por la tendencia a la crisis económica
más o menos crónica y la tendencia a un desempleo estructural e igualmente
crónico. Otra característica aún más importante de la decadencia a la tendencia
a la guerra imperialista generalizada.

[4] Para un análisis de este periodo, ver
-entre otros documentos- Las verdaderas causas de la segunda guerra mundial en Revista
Internacional nº 59 http://es.internationalism.org/node/2140

[5] Ver debate sobre este asunto y el período
de los llamados "reinta gloriosos" en Revista Internacional números 133 y 135

[6] En las Tesis sobre la Descomposición,
aparecidas en la Revista Internacional
nº 62, ver http://es.internationalism.org/rint/2001/107_descomposicion.htm
, mostramos como la tendencia a la descomposición del capitalismo lleva a una
creciente barbarie en las relaciones humanas que se manifiesta en crímenes
irracionales y pasionales, suicidios colectivos etc.

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