Solidaridad con los trabajadores de Miniwatt

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Los despidos se han convertido en una cruel realidad cotidiana. En Cataluña, en España, en Alemania (donde en enero 2005 se ha alcanzado la cifra record de 5 millones de parados), en todo el mundo, incluido el país que ahora nos venden como nuevo “milagro capitalista”: China, donde en 2004 se destruyeron más de 10 millones de puestos de trabajo en las empresas estatales.

En el colmo del cinismo, los capitalistas nos chantajean con la deslocalización: “si queréis evitar los despidos lo que tenéis que hacer es aceptar bajaros los salarios y trabajar más horas”. En empresas alemanas como Siemens o Wolkswagen la aceptación por los obreros de reducciones salariales del 15% y pasar de 38 a 45 horas semanales les ha sido presentada como la única forma de “evitar los despidos”.

¡Eso es un vil engaño! Esos sacrificios no evitan los despidos sino que los preparan. El capitalismo, a escala mundial, está sumido en una profunda crisis de la que solo ha logrado sobrevivir hasta ahora a través de una montaña de deudas. Pero la escalada de la crisis y el peso aplastante de las deudas, le conducen a comportarse como un dios insaciable que exige sin cesar nuevos sacrificios los cuales lejos de aplacarlo le llevan a exigir otros nuevos. En Miniwatt hace 30 años había 1500 obreros en plantilla ¡hoy solo quedan 362!. No es un ejemplo aislado. En astilleros, donde la primera reconversión realizada por el gobierno “socialista” en 1984 invocando la “defensa del empleo”, se ha pasado de 60.000 empleos en 1981 a los menos de 10.000 actuales. En la minería asturiana de 30.000 en 1975 hemos pasado a poco más de 7.000.

Es un terrible vía crucis el que hemos sufrido las diferentes generaciones obreras desde finales de los años 70: empezaron por la contención salarial establecida por los famosos Pactos de la Moncloa de 1978, siguieron con la Ley Básica de Empleo de 1980, continuaron con los despidos de los años 80 –más de un millón-, dieron una vuelta de tuerca con las primeras medidas de implantación del trabajo temporal, desarrolladas desde 1984 por los sucesivos gobiernos “socialistas” y luego amplificadas por sus compinches del PP; desde 1985 con la primera reforma de la Seguridad social organizaron una interminable cadena de hachazos a todo género de prestaciones laborales. Y desde los años 90 todos los ataques se han juntado: despidos, precariedad, reducción salarial, recorte de prestaciones sociales... Hoy, el capital acuciado por su crisis insalvable ya no respeta nada: se lanza a nuestra yugular bajando abiertamente los salarios y aumentando la jornada de trabajo .

¡Sólo podemos confiar en nuestras propias fuerzas!

Para defendernos no podemos confiar ni en el tripartito catalán ni en el gobierno central de ZP. Todo gobierno no es otra cosa que el consejo de administración del conjunto de los capitalistas. Los gobiernos son los primeros en organizar e impulsar las medidas de ataque a nuestras condiciones de vida. ¿Quién fue el responsable de los más de 4000 despidos de astilleros sino el flamante gobierno del “talante”?

No podemos contar tampoco con los sindicatos que son cómplices activos de gobierno y capitalistas. Ante los despidos de Miniwatt proponen es una proposición no de ley que inste al gobierno catalán a rechazar un eventual Expediente de Regulación de Empleo. Es decir,  tienen la desfachatez de pedirnos que confiemos nuestra suerte a quien ya ha dictado la sentencia de muerte contra nosotros. Un delegado de UGT pide que “el trauma sea mínimo para los trabajadores”, es decir, que acepta abiertamente los despidos y nos llama al conformismo de hacerlos un poco más suaves (¿Con más talante quizá?).

Solo podemos contar con nosotros mismos. Sin embargo, los trabajadores se ven abrumados por los chantajes, la intimidación, la incertidumbre, ante una situación que no cesa de empeorar. Luchar en las condiciones actuales es mucho más difícil que en el pasado pues requiere un coraje, una claridad, una confianza, que no es fácil adquirirlas de la noche a la mañana, máxime cuando tanto nuestros enemigos declarados –la Patronal, la Derecha- como nuestros falsos amigos-la Izquierda, los sindicatos- maniobran por todos los medios para debilitarlas.

Por eso es muy importante, pelear una y otra vez para que la lucha sea tomada a cargo por todos los trabajadores. Para que de verdad sea la Asamblea General quien decida y controle los pasos a dar y la forma de darlos. Si dejamos la lucha en manos de los sindicatos veremos como somos divididos, desmovilizados y desmoralizados hasta hacernos tirar la toalla.

La fuerza de los trabajadores es la solidaridad

Para adquirir la confianza, la unidad, el coraje colectivos que dan vida a nuestra lucha es necesario comprender que nuestra fuerza está en conquistar la solidaridad de todos los trabajadores. Los obreros estamos unidos por una misma condición y un mismo interés: somos los productores colectivos de las principales riquezas sociales. Eso nos da la fuerza de la unidad y la solidaridad de clase.

Los despidos de Miniwatt nos conciernen a todos. Detrás de los despidos en un sector de la clase obrera se encierra por una parte el drama para los obreros afectados y sus familias, pero, por otro lado, se plantea algo más grave: los puestos de trabajo se pierden para siempre con lo que las nuevas generaciones se encuentran con menos trabajo disponible o en condiciones de precariedad.

Por eso, la única respuesta posible a los despidos en una empresa o sector es la movilización lo más amplia y masiva posible de los obreros no sólo de esa empresa sino de las demás empresas o sectores. Hay que ver el ataque a un sector de la clase obrera como un ataque a toda la clase obrera.

¿Son útiles medidas de boicot al consumo de productos de los dueños de Miniwatt, el conglomerado Phillips-LG? Sinceramente no. Aparte de que tales medidas no se pueden ejecutar mediante la acción masiva y unida de los trabajadores sino a través de una acción dispersa de “ciudadano-consumidor”, eso no ejerce ninguna presión sobre el Capital y su Estado. En el marco de una competencia feroz entre empresas capitalistas el boicot a una firma es inevitablemente recuperado por una ampliación de las ventas de sus rivales. Es el mercado en su conjunto quien es culpable de nuestra situación y no tal o cual competidor del mismo. Son todos los capitalistas y su Estado quienes nos atacan conjuntamente y no tal o cual empresa particular. Incluso si una empresa individual actúa por libre tiene siempre detrás de ella respaldándola el Estado y toda la Patronal.

Solo podemos establecer una relación de fuerzas a nuestro favor realizando afirmando nuestra unidad y solidaridad de clase. Uno de los medios para forjar la SOLIDARIDAD DE CLASE es realizar manifestaciones masivas donde podemos unirnos, discutir, medir nuestra fuerza, tanto los obreros afectados y sus familiares, como obreros de otros sectores, fijos, emigrantes, precarios... todos juntos formando la FUERZA UNITARIA de la clase obrera.

Nuestra lucha solo puede tener como objetivo combatir la explotación para acabar con ella

Tenemos que defendernos contra los despidos y contra el aumento intolerable de la explotación pero tenemos que comprender que la raíz de los problemas que nos agobian está en el propio sistema capitalista. Un régimen de producción cuya lógica infernal provoca por un lado, desempleo y miseria y, de otra parte, guerras cada vez más destructivas y destrucciones ambientales cada vez más devastadoras.

Acabar con este sistema de explotación y barbarie exige de nosotros una lucha muy larga y difícil, forjada a través de muchos combates. Cada uno de estos tomado por separado puede parecer pequeño y sin sentido, pero es la unidad y la coherencia entre todos ellos lo que nos permitirá acabar tejiendo nuestra fuerza como clase.

Corriente Comunista Internacional 19-2-05