Reunión Pública de la CCI en Argentina

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Los

trabajadores tenemos que discutir la situación y el

futuro de nuestra lucha

Se

trataba de responder a las siguientes preguntas ¿Dónde

estamos en el desarrollo de la lucha de clases? ¿Hacia

donde evoluciona la relación de fuerzas entre las clases a

escala mundial? En la presentación insistimos en algunas

características del actual momento histórico:

aceleración de los ataques a las condiciones de vida de la

clase obrera en todos los países del mundo incluidos los

más desarrollados y, al mismo tiempo, acentuación de

la barbarie guerrera. Estos dos hechos son expresión de la

decadencia capitalista y de la descomposición de este

sistema que vivimos hoy. Frente a ellos el proletariado retoma el

camino de la lucha, un camino plagado desde luego de dificultades.

¿Cuales

son las potencialidades de esta reanudación de la

combatividad obrera? Es muy importante tener una perspectiva

histórica para poder comprender lo que está

sucediendo actualmente, pero también para preparar, a

través de las luchas actuales, la única solución

histórica que puede acabar con la barbarie capitalista: su

destrucción mediante la revolución proletaria

mundial. Acordémonos que la clase obrera ha manifestado

abiertamente todas sus potencialidades sólo en momentos muy

precisos: las revoluciones de 1848 en Europa, la Comuna de París

en 1871, la Huelga de Masas en Rusia en 1905, la Revolución

Rusa de 1917 a la que sucedió la terrible contrarrevolución

estalinista, las luchas de 1968-69 que pusieron de manifiesto la

finalización de este período de contrarrevolución

y la irrupción de nuevo de la lucha de clases. Para

comprender la importancia de lo que hoy se está poniendo

nuevamente en marcha debemos recordar igualmente que la dinámica

que se abrió en 1968 sufrió posteriormente un parón

y un retroceso en la conciencia en la clase obrera como

consecuencia del hundimiento del bloque del Este. La burguesía

utilizó el hundimiento del estalinismo para intensificar

sus campañas ideológicas que, fraudulentamente,

identificaban estalinismo con marxismo y comunismo. La reanudación

actual de la lucha de clases significa precisamente que los

efectos de estas campañas se van difuminando. Esta

reemergencia de la lucha de clases se ve concretamente a través

de las movilizaciones en Francia y Austria contra la “reforma”

de las pensiones, jubilaciones, en las movilizaciones de los

conductores de tranvías en Italia, de los trabajadores de

Correos y los bomberos en Inglaterra durante el invierno pasado, y

después en las luchas de los obreros de la Fiat en Melfi

(sur de Italia); en los combates de los proletarios alemanes de la

Siemens, Porsche, Bosch, Alcatel y también en

mercedes-daimler-chrysler; se ve igualmente en las luchas de los

trabajadores de los astilleros españoles en Ferrol

(Galicia), en la bahía de Cádiz, en Sestao (cerca de

Bilbao), pero también en las manifestaciones del 2 de

Octubre en Berlín (45 mil personas) y de ese mismo día

en Amsterdam, donde una gigantesca manifestación con 200

mil participantes se opuso a los proyectos gubernamentales.

Después, el 14 de Octubre, ha estallado la huelga de los

9400 trabajadores de la factoría Opel en Bochum (Alemania)

contra los planes de despidos.

Una

de las características más importantes de estos

movimientos, como se ha visto sobre todo en el de Daimler-Benz, es

el surgimiento de una solidaridad obrera entre trabajadores de

empresas o de regiones que la Patronal intentaba enfrentar unos

con otros. Al calor de ese esfuerzo aparece también una

reflexión política en profundidad originada sobre

todo por una creciente pérdida de ilusiones en lo que el

capitalismo puede ofrecer como perspectiva a los trabajadores. En

estos movimientos se va tomando poco a poco conciencia de que

todos los sectores obreros, en todos los países, se están

viendo atacados, y empieza a balbucear una búsqueda, aún

muy confusa desde luego, de otra sociedad diferente a la basada en

la explotación capitalista. Lo que empieza a desarrollarse

de nuevo es pues la conciencia de pertenecer a una misma clase que

está siendo atacada, y por tanto el sentimiento de la

necesidad de una solidaridad que es indispensable para el avance

de la lucha de clases.

La

burguesía responde, desde luego, mediante los sindicatos

que intentan precisamente dividir e impedir, precisamente, el

desarrollo de esa solidaridad. Y al mismo tiempo, frente a la

reflexión sobre el futuro, desarrolla el cortafuegos del

«altermundialismo» que se ajusta a ese papel de

ofrecer falsas respuestas al incipiente cuestionamiento del

capitalismo. Las organizaciones revolucionarias, así como

trabajadores más conscientes tienen pues la importante

responsabilidad de intervenir en este movimiento y hacerlo

madurar. Para ello, las minorías más avanzadas del

proletariado deben encontrarse, reunirse, para debatir, discutir y

avanzar en la comprensión de lo que está en juego,

para poder así intervenir ante el conjunto de la clase y

acelerar la necesaria toma de conciencia y la no menos

imprescindible unidad de los trabajadores. Las potencialidades de

lo que está madurando en el seno de la clase obrera son muy

importantes.

Los

participantes en esta Reunión Pública – los

miembros del Núcleo Comunista Internacional (NCI), así

como otros elementos – agradecieron la información

que se les daba sobre las luchas obreras en Europa, puesto que eso

les permitía comprender que las luchas que se están

dando también en Argentina – se mencionó la de

una cooperativa de la industria cárnica, pero hay más

– toman todo su significado al inscribirlas dentro de esta

dinámica internacional. Ellos mismos señalaron que

hay muchas luchas sobre las que los medios de “comunicación”

no informan absolutamente nada. Uno de los asistentes sostuvo que

desde mediados de los años 90 se habían

desarrollando en Argentina, frente a ataques muy duros a las

condiciones de vida, multitud de luchas “populares”

que habrían llegado incluso a poner en cuestión el

propio Estado. Los compañeros del NCI no comparten este

punto de vista. La CCI, por su parte, intervino para destacar que

sólo la clase obrera puede poner en cuestión

verdaderamente el Estado capitalista mediante una lucha masiva,

unida y consciente de lo que se está jugando, e insistió

en los peligros de las luchas interclasistas en las que el

proletariado se encuentra difuminado entre el resto de capas de la

población y donde, por tanto, pierde su fuerza de clase. La

única vía para que la clase obrera pueda desarrollar

una relación de fuerzas que le favorezca frente a la

burguesía y su Estado, es a través del desarrollo de

su autonomía y su unidad de clase. En el año 2001

asistimos efectivamente a una multiplicación de revueltas

interclasistas en las que los trabajadores se diluyeron entre

otros sectores sociales, y por ello en esas revueltas no se

quebrantó en manera alguna el Estado burgués.

Debemos decir que el asistente que había planteado esta

visión siguió atentamente nuestra argumentación

puesto que le animaba una sincera preocupación por

desarrollar la fuerza del proletariado.

La

otra cuestión que también ocupó una parte

importante de la discusión fue: ¿Cómo luchar

contra la dispersión de las luchas obreras y desarrollar la

unidad en el proletariado? Sobre este sujeto, todos los asistentes

a la Reunión Pública estuvimos de acuerdo en que los

enemigos de esa unidad son los sindicatos. La CCI puso el ejemplo

de las luchas en Polonia en 1980 para mostrar que si esta lucha

pudo desarrollarse hasta alcanzar todo el país, fue

precisamente porque los trabajadores percibían a los

sindicatos (entonces los sindicatos del régimen

estalinista) como representantes descarados del Estado. Fue

entonces necesario que los sindicatos de los países

occidentales, más arteros en disimular esta identidad,

acudieran en auxilio del Estado polaco y pusieran en práctica

todas sus “habilidades”, para conseguir confundir a

los trabajadores y hacerles parar el combate haciéndoles

creer que la solución era precisamente la construcción

de nuevos sindicatos democráticos. Walesa resultó el

héroe de esta maniobra y la burguesía le está

desde luego muy reconocida. Se expuso también que la

perspectiva debe ser el desarrollo de la solidaridad de clase a

escala internacional ya que el capitalismo debe ser destruido a

escala mundial y porque la base misma de la lucha de clases es el

internacionalismo.

Uno

de los asistentes pidió a la CCI que explicáramos

como creíamos que debían organizarse las luchas.

Nosotros recordamos el debate que tuvo lugar en el movimiento

obrero de comienzos del siglo XXº, tras la Huelga de Masas en

Rusia en 1905, y las lecciones que de esta experiencia se sacaron.

Una lección central de estos movimientos del período

en el que el capitalismo entraba en su fase de decadencia es que

las luchas ya no podían quedar circunscritas a la empresa

sino que debían extenderse, y que la propia lucha hacía

surgir la organización que necesitaba: las Asambleas

generales que elegían comités revocables. Los

sindicatos de la época que ya se opusieron enérgicamente

incluso al debate mismo, rechazaron desde luego esta lección

y acabaron traicionando al proletariado y absorbidos por el

Estado. Desde entonces son los propios sindicatos quienes luchan

contra esta organización autónoma de la clase que

desaparece con la lucha cuando ésta cesa. Es esta

organización la que permite a la clase obrera controlar

verdaderamente su lucha y la que hace posible su auténtica

extensión a otros trabajadores.

Al

final del debate se suscitó también, igualmente por

parte del asistente que había planteado lo anterior, la

cuestión del carácter de clase del movimiento de los

“piqueteros”. Este asistente pensaba que se trataba de

una lucha auténtica de los desempleados, y por tanto de una

verdadera lucha obrera, puesto que los parados forman parte de la

clase obrera. La CCI, así como los compañeros del

NCI, respondieron que si bien es cierto que los desempleados

forman parte de la clase trabajadora, y si desde luego hay muchos

parados encuadrados en el movimiento “piquetero”, eso

no basta para atribuir a este movimiento un carácter

proletario. También hay muchos trabajadores afiliados en

los sindicatos y sin embargo estos no son una organización

de la clase obrera. El movimiento de los “piqueteros”

divide al proletariado entre activos y parados, y a los propios

parados puesto que no hay una sino varias organizaciones de

“piqueteros”. Por otra parte, los trabajadores

atrapados en estos movimientos carecen de autonomía y no

deciden absolutamente nada, puesto que son una simple masa de

maniobra totalmente manipulada. Por todo ello, los 150 pesos que

reciben mensualmente del Estado no son el resultado, en contra de

lo que pensaba este compañero, de una relación de

fuerzas que se le ha impuesto al Estado, sino el precio de unos

servicios prestados, aunque los propios trabajadores no sean

conscientes de ello. Este movimiento es una forma sindical de

“lucha”, que en vez de desarrollar la unidad de la

clase y su toma de conciencia, fomenta en realidad su división

y ofrece una falsa imagen de lo que es de verdad la radicalidad de

la lucha obrera (su enfrentamiento a las necesidades de la

economía nacional) confundiéndola con operaciones

espectaculares como acciones de comando, cortes de carreteras,

etc. Este compañero disintió de lo que señalamos

aunque añadió que seguiría reflexionando y

que está dispuesto a seguir discutiendo sobre esta

cuestión. La CCI quiso saludar expresamente esta actitud

del compañero.

Las

conclusiones presentadas por la CCI sobre el curso del debate

señalaron los puntos de acuerdo sobre el aspecto

internacional de la lucha de clases, sobre la necesidad de

desarrollar las luchas, el rechazo de los sindicatos, la necesidad

de un combate para desarrollar la unidad de la clase obrera y su

toma de conciencia de lo que históricamente se juega el

proletariado. Pero también mencionamos el desacuerdo de uno

de los asistentes en la discusión sobre el movimiento

“piquetero”, así como su voluntad de continuar

discutiendo sobre este sujeto. Este compañero agradeció

que las conclusiones mencionaran explícitamente los puntos

de acuerdo y de desacuerdo e igualmente solicitó a la CCI

si podía conseguirle los libros de Rosa Luxemburgo:

“Introducción a la economía política”

y “La acumulación del capital”. La CCI va a

intentar responder a esta petición.

Durante

todas las discusiones los compañeros del NCI intervinieron

mucho más que en la anterior Reunión Pública.

Sus intervenciones por ejemplo en la discusión sobre el

tema de los “piqueteros” se situaban en plena

continuidad con sus precedentes tomas de posición (ver AP

nº 177 y 178) Señalaron igualmente su reconocimiento a

la CCI por las clarificaciones históricas que aporta.

Es

igualmente reseñable que los asistentes contribuyeron

económicamente al pago del alquiler de la sala de reunión.

Esta

reunión ha significado un verdadero debate en el seno de la

clase obrera, un debate sumamente útil puesto que la

confrontación de posiciones se desarrolla con objeto de una

clarificación política que es necesaria para luchar.

CCI.

11 de Noviembre de 2004.

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