A propósito de algunas discusiones sobre el 11-M

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En ese esfuerzo por comprender estos terribles acontecimientos,
tanto en las Reuniones Públicas en la que hemos abordado
este asunto, como en algunas de la cartas que hemos recibido,
algunos compañeros nos han expresado sus matices o
desacuerdos con los artículos que hemos publicado
recientemente. En particular, algunos compañeros han
insistido en la necesidad de precisar que queremos decir cuando
denunciamos el terrorismo y la brutal explosión de
violencia que vivimos, ya que la burguesía aprovecha estos
acontecimiento para “rechazar” todo tipo de violencia,
venga de donde venga, por lo que la denuncia del terrorismo podría
hacernos parecer cómplices de las campañas
antiterroristas organizadas por el Estado. Ante todo queremos
saludar esas contribuciones y animar a otros compañeros a
que participen en esta discusión. Por nuestra parte,
queremos seguir aportando otros elementos para comprender
históricamente estos problemas y por ello, queremos
precisar más concretamente el marco en el que los situamos
para comprenderlos desde la perspectiva de la clase obrera.

La mentira de la
violencia genérica y la realidad del terror capitalista, el
terrorismo y la violencia de clase del proletariado

Desde hace décadas nuestra Corriente ha desarrollado un
esfuerzo teórico y político para restablecer la
visión marxista sobre el problema de la violencia en el
enfrentamiento entre las clases a lo largo de la historia y
concretamente en el capitalismo ya que “...las relaciones
sociales entre las clases lo son obligatoriamente de oposición
y antagónicas, o sea de lucha..
.”. De hecho, en
Octubre de 1.978, adoptamos una Resolución sobre Terror,
Terrorismo y Violencia de Clase que se planteaba como objetivo
“...establecer un marco, una visión de conjunto
que permita abordar estos problemas desde un punto de vista
proletario y no por medio de afirmaciones simplistas como que la
´violencia es violencia` , ´la violencia es el
terror`, ´decir que la violencia no es terror es pacifismo`,
etc...o sea las afirmaciones de la casuística de que ´el
fin justifica los medios`..
.” (Revista Internacional nº
15, pag.19). Y tanto ayer, como hoy la primera cuestión a
señalar para responder a las trampas de la ideología
burguesa sobre los fenómenos de violencia entre clases en
la sociedad es señalar que “..hablar de violencia
en general, en términos generales sin hacer referencia a
las condiciones concretas, a los períodos históricos,
a las clases que los ejercen, significa no entender absolutamente
nada de su contenido real, de lo que la transforma en cualidad
diferente y específica en las sociedades de explotación
y el porque hay una diferencia cualitativa entre violencia y
terror....”
(Revista Internacional nº 14,pag 8).
Por esta razón, nosotros siempre hemos denunciado las
campañas ideológicas de la burguesía sobre el
terrorismo-antiterrorismo y hemos diferenciado siempre la
naturaleza de la violencia de clase del proletariado del terror
del Estado burgués y del terrorismo de la pequeña
burguesía en sus diferentes expresiones. Hablar de
violencia en general, de violencia en sí misma y no
distinguir radicalmente que clase la ejerce, con que medios y con
que objetivos históricos supone “....ocultar todo
lo que distingue y opone a ambas clases, no en las nubes
especulativas, sino en la mismísima realidad de sus
prácticas respectivas. A fuerza de identificarlas en sus
prácticas, acaba por imponerse de hecho una identidad de
los sujetos mismos, entre la burguesía y el proletariado
para llevarnos a la aberrante conclusión de que por un lado
nos encontramos ante dos clases cuya esencia es diametralmente
opuesta y sostener, por otro lado que esas dos clases tienen en
realidad una práctica idéntica
....” (id,
op. cit). En ese sentido siempre hemos afirmado y afirmaremos que
“...el terror no es tal o cual acto de violencia
episódico y circunstancial. El terror es un modo particular
de la violencia, inherente a las clases explotadoras. Es una
violencia concentrada, organizada, permanente y especializada,
mantenida en constante desarrollo y perfeccionamiento para así
perpetuar la explotación....es la violencia de una clase
minoritaria contra la gran mayoría de la
sociedad,.....violencia que se perpetua y perfecciona hasta el
punto de encontrar su razón de ser en si misma
y,....necesita un cuerpo cada vez más especializado, más
separado de la sociedad y encerrado en si mismo, para imponer con
la mayor brutalidad posible su férula sobre el conjunto de
la sociedad
....”. Tal es la realidad y la práctica
que se esconde tras los ropajes del llamado “Estado
democrático” que permanentemente nos invitan a
defender, y al que los obreros tendríamos que confiar
nuestra seguridad como “ciudadanos libres”. Y ante
la realidad y la práctica del Terror del Estado siempre
hemos defendido que “...la fuerza invencible de la clase
obrera no residirá tanto en la fuerza física y
militar, y menos aún en la represión. Su capacidad
para movilizar a las más amplias masas, para asociar a la
mayoría de las capas y clases trabajadoras no proletarias a
la lucha contra la barbarie capitalista. Su fuerza reside en su
toma de conciencia y en su capacidad para organizarse de manera
autónoma y unitaria, en la firmeza de sus convicciones y en
el vigor de sus decisiones. Estas son las armas fundamentales de
la práctica y de la violencia de clase....”
(id,
op. Cit.).

Pero en la
sociedad existen más manifestaciones del enfrentamiento
entre clases porque “...el proletariado ya no es la única
clase que soporta los rigores del terror del Estado sobre la
sociedad. El terror se ejerce igualmente sobre todas las clases y
capas pequeño burguesas.....Esas capas y clases al no
ofrecer alternativa histórica alguna al capitalismo,
excitadas y exasperadas por la barbarie del sistema y de su
terror, lo único que pueden oponerle son actos
desesperados: el terrorismo. Aunque puede ser usado por ciertos
sectores de la burguesía el terrorismo es esencialmente el
modo de acción político, la práctica de capas
y clases desesperadas y sin porvenir. De ahí que esa
práctica que se pretende “heroica y ejemplar”
no es más que una acción suicida. No ofrece ninguna
salida y no tiene ningún efecto positivo sobre la lucha de
clases y sólo sirve para entorpecer la lucha....”·

(id, op. Cit). Por ello siempre hemos afirmado que “.. el
terrorismo como práctica es perfecto reflejo de su
contenido: las clases pequeño burguesas de las que emana.
Es la práctica estéril de clases impotentes y
sin porvenir...” .
Esta práctica del
terrorismo tiene una historia que conviene no olvidar :

  • En el siglo XIX expresaba fundamentalmente la impaciencia
    de sectores de la pequeña burguesía inadaptada a la
    evolución capitalista, por ejemplo, los narodnikis en
    Rusia o los anarquistas, que atentaban contra los simbolos del
    sistema y no masivamente contra la población.

  • A partir de la 2ª Guerra Mundial, el terrorismo va
    cobrando amplitud a partir de la tentativa de combatir
    militarmente con “movimientos de resistencia”
    organizados por la burguesía “democrática”
    contra la ocuapación nazi en Francia, Grecia o Yugoslavia.
    El fenómeno de la utilización de la lucha armada de
    minorías en los enfrentamientos imperialistas se
    desarrolla vigorosamente. Tras el fin de la citada guerra,
    continua desarrollandose a través de los llamados
    “movimientos de liberación nacional”,
    encabezados generalmente por terroristas que, con el triunfo a
    nivel regional de uno u otro bloque imperialista pasan de ser
    “apestados” a convertirse en “respetables
    hombres de Estado”. Tal es el caso de la OLP, el Irgún
    israelí, ETA, IRA. Más recientemente debemos
    recordar que los propios USA financiaron a Bin Laden para
    combatir la ocupación rusa de Afganistan. El fenómeno
    del terrorismo, en esa época, se inscribe en la lógica
    criminal de los enfrentamientos imperialistas que son los que los
    financian, apoyan y en ciertos casos los organizan.

  • Los atentados de 1986 en París, ponen de manifiesto
    el empleo directo por parte de un Estado, en este caso Irán,
    de atentados indiscriminados contra la población civil.
    Tras esto hay la tentativa de defender sus propios intereses
    contra la presión de las grandes potencias, como vimos más
    tarde en el caso de Siria o Libia. Ese fenómeno se acentúa
    a partir del hundimiento del bloque del Esta y la tendencia del
    “cada uno para si” que caracteriza la vida del
    capitalismo en la época de la descomposición, y lo
    podemos ver con la proliferación de grupos terroristas
    armados alimentados por el desarrollo de la descomposición.
    Cada vez más difícil distinguir entre guerras
    convencionales y terrorismo; los ejércitos regulares
    atacan cada vez más objetivos civiles sin valor militar,
    con el objeto de aterrorizar a la población (ver los
    bombardeos de la 2ª Guerra Mundial, o los “efectos
    colaterales” de los bombardeos en los Balcanes o en Irak);
    al mismo tiempo asistimos a un uso creciente de armas de
    destrucción masiva por los grupos terroristas , y a
    atentados que son verdaderas masacres.

En
definitiva, nuestro rechazo a hablar de la violencia en general,
de aceptar siquiera ese terreno vago y ambiguo de “violencia
si, violencia no” que no nos permite comprender el problema
en términos de clase, de práctica, de proyecto
histórico nos ha permitido afirmar siempre que “...La
lucha del proletariado, como cualquier lucha social, es
necesariamente violenta pero la práctica de su violencia es
tan diferente de la violencia de las demás clases como
diferentes son sus proyectos y sus metas. Su práctica
incluida la de la violencia, es acción de amplias masas y
no de minorías; es liberadora, es el parto de una sociedad
nueva y armoniosa, y no la perpetuación de un estado de
guerra permanente e uno contra todos y todos contra uno. Su
práctica no intenta perfeccionar y perpetuar la violencia,
sino proscribir de la sociedad los actos criminales de la clase
capitalista. Es por esto por lo que la violencia revolucionaria
del proletariado no podrá tener jamás la monstruosa
forma del terror típica de la dominación
capitalista, o la forma del terrorismo impotente de la pequeña
burguesía.....”
(id. Op. Cit). En este contexto
general e histórico debemos situar la reflexión
sobre el significado de los recientes atentados del 11 M en
España, para comprender lo que realmente representa esta
nueva y brutal etapa que vivimos de “normalización
del horror” .

¿Que
representa el auge actual del terrorismo?

La siniestra “normalidad” con la que los ataques
terroristas están convirtiéndose en moneda corriente
en los últimos años y, la brutal expresión
que están tomando en los últimos meses nos obliga a
comprender que estamos ante la realidad de una nueva forma de
guerra jamás vista hasta ahora.

“...Con la entrada del capitalismo en su fase de
descomposición, hemos identificado varias tendencias que
hoy aparecen enredadas en los atentados terroristas:

  • El aumento del terrorismo, de las capturas de los rehenes
    como medio de guerra entre Estados, en detrimento de las ´leyes`
    que el capitalismo se había dado en el pasado para
    ´reglamentar` los conflictos entre fracciones de la clase
    dirigente.

  • El aumento del nihilismo, del suicidio de los jóvenes,
    de la desesperanza....

  • ...la profusión de sectas y el resurgir del
    espíritu religioso, incluso en algunos países
    avanzados, el rechazo hacia un pensamiento racional, coherente,
    construido....

Estas tesis que fueron publicadas en 1990, se han visto
modificadas por la aparición de un fenómeno nuevo
que emerge con el terrorismo llamado “islamista”: la
disgregación de los propios Estados, la aparición de
“señores de la guerra” que utilizan a jóvenes
kamikazes, cuya única perspectiva es la muerte, para
avanzar sus intereses en el tablero internacional....Ya no estamos
aquí en presencia de una guerra imperialista “clásica”
sino de una disgregación general de la sociedad en bandas
armadas....La descomposición capitalista cobra aspectos
mucho más terribles que en el pasado.”
(Atentados
en Madrid: el capitalismo siembra la muerte, Revista Internacional
117).

El fenómeno del terrorismo en el marco del cada uno para
si que preside la descomposición del capitalismo, ha tomado
una nueva y brutal forma: la de los atentados terroristas
indiscriminados que amenazan permanentemente al conjunto de la
población mundial y que se acerca de forma ineluctable
hacia las principales concentraciones obreras del plantea. Los
atentados de Madrid han sido el primer, y no el último
capitulo, de esa permanentización del horror. “
...Contrariamente a lo que nos quieren hacer creer, el Estado
capitalista se va a blindar cada vez más frente a las
tendencias bélicas exteriores y las tendencias centrífugas
interiores, y las potencias imperialistas- sean de primer, segundo
o cualquier orden – no vacilarán nunca en usar en
beneficio propio a los señores de la guerra o las bandas
armadas terroristas...En realidad los principales responsables de
todos estos acontecimientos son las principales potencias
capitalistas...”
(Idem, Revista Internacional 117).

Cuando desde nuestras publicaciones denunciamos sin tregua el
terrorismo y todas sus nuevas manifestaciones, lo que queremos
dejar bien claro son dos cosas. De un lado, la falsedad criminal
que nos ofrecen los Estados como “alternativa” al
desarrollo de la barbarie, es decir, abandonar la lucha como clase
ante la barbarie capitalista, es decir, abandonar la lucha por
acabar con la raíz de los problemas, el capitalismo en
descomposición. Y, por otro lado, no dejar la menor
ambigüedad acerca de que si la clase obrera no logra
desarrollar su lucha histórica por la abolición del
sistema, el fenómeno de este nuevo terrorismo, de esta
nueva forma de la guerra del todos contra todos de los Estados
capitalistas se desarrollará de forma dramática y
brutal.

La clase obrera debe comprender que en sus manos, en su
proyecto histórico, en la lucha por su futuro esta la única
solución a la barbarie capitalista y que para ello debe
avanzar en su lucha revolucionaria, incluyendo y desarrollando su
violencia de clase, para ir a la raíz de los problemas de
la violencia de clases que desgarra a esta sociedad.

Vyborg

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