Tras el fin de la era Aznar: ¿podemos sentirnos aliviados?

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 El
nuevo gobierno “socialista” no ha hecho gran cosa al
margen de algunos gestos más “cara a la galería”
que verdaderamente efectivos, pero al menos, nos dicen, se
averigua un “nuevo talante” más “abierto
y sensible” a las necesidades sociales, bla, bla, bla,...
Para la clase obrera, sin embargo, este clima de “alivio”y
expectativas ante lo que puede hacer el gobierno de ZP resulta
criminal pues traba su reflexión y su toma de conciencia
sobre la gravedad de la situación social, sobre el terrible
abismo de terror, barbarie y miseria al que encamina a la
humanidad el sistema capitalista; y le oculta su enorme
responsabilidad al ser el proletariado mundial la única
clase capaz de plantear una alternativa revolucionaria a la
descomposición de esta sociedad.

¿Y el
terrorismo?, ¿y la guerra?

Seguramente los defensores acérrimos de la Izquierda del
capital (el PSOE e IU, ERC que le apoyan descaradamente; así
como los más izquierdistas que lo hacen más
“críticamente”) pero también muchos
trabajadores honrados que se dejan llevar por el “encantamiento”
generado por la burguesía, nos espetarán: “¡Ya
están aquí los aguafiestas! ¿Es que no veis
que ZP nos ha sacado de la guerra de Irak? ¿No os dais
cuenta que gracias a ZP se ha puesto en marcha una Comisión
de Investigación parlamentaria para averiguar que pasó
el 11-M”?”.

En realidad la guerra y el auge del terrorismo están
inscritos de pleno en el mundo actual como demostramos en el
artículo de cabecera del número 117 de nuestra
Revista Internacional, y en el artículo de este mismo AP
(“Quince años después del hundimiento del
Este”
). Ningún capital nacional, ningún
gobierno puede abstraerse de esa vorágine belicista que se
extiende por el planeta. En todo caso pueden aspirar a posicionar
lo mejor posible los intereses del capital nacional – ¡los
del capital, nunca los del proletariado mundia!” – en
las pugnas imperialistas. Basándonos en este análisis
demostramos en el editorial del número anterior de AP que
la retirada de las tropas españolas de Irak constituía
un verdadero acto de guerra, de la guerra imperialista que
enfrenta solapadamente a USA y a sus principales rivales
imperialistas que aspiran a desafiar el liderazgo mundial de los

norteamericanos (Alemania y Francia, fundamentalmente).

Basta seguir la situación actual en Irak para comprobar
que la retirada del contingente español no ha tenido ningún
efecto pacificador sobre la región sino que se acentúa
un trágico “crescendo” de atentados,
bombardeos, torturas, el secuestro generalizado de la indefensa
población civil en la guerra de gángsteres –
grandes o pequeños, desde USA a Al Sadr – que se
disputan su hegemonía sobre la descompuesta sociedad irakí.
La campaña ideológica con que la burguesía ha
acompañado la retirada de las tropas españolas ha
rezumado un aislacionismo y nacionalismo indecentes (“allí
se seguirán masacrando pero al menos no hay tropas
españolas que sufran o que ejecuten las matanzas”) y
ha instilado, sobre todo, el peor veneno democrático al
acreditar la idea de que se puede “votar contra la guerra”.
Esto constituye un verdadero triunfo para la burguesía,
pues no sólo logra desviar la inquietud de los trabajadores
ante la proliferación de las guerras que asolan el planeta
al terreno falsario del pacifismo burgués, sino que
consigue un “aval democrático” para nuevas
aventuras guerreras. No en vano tras la retirada de las tropas de
Irak, el gobierno “socialista” se ha lanzado a
recuperar “prestigio internacional”, es decir status
de potencia imperialista aunque sea de 3ª división,
reforzando el contingente de tropas desplegado en Afganistán
y enviando más de 200 guardias civiles a Haití, con
la excusa de que éstas sí serían guerras
“legales” (con su autorización de la ONU y
todo) o “intervenciones humanitarias”. El “ardor
guerrero” del capital español continúa con
idéntico vigor, antes con las chuscas formas de Trillo,
ahora con las, sólo un poco menos chuscas, del ministro
Bono.

Otro tanto cabe decir en cuanto a la respuesta a la amenaza
terrorista. Tal y como analizamos en la editorial de la Revista
Internacional
nº 117 (“Atentados de Madrid: El
capitalismo siembra la muerte”
), el 11-M pone de
manifiesto el avance imparable del terrorismo en el período
de la descomposición capitalista, el período de
la normalización del horror; así como su impacto
cada vez más directo sobre los trabajadores de cualquier
parte del mundo. Frente a esta amenaza que pone de manifiesto el
callejón sin salida en el que se encuentra el capitalismo
mundial, la clase explotadora se esfuerza por impedir una
reflexión y una reacción de los trabajadores en su
terreno de clase, ofreciendo en cambio la solución tramposa
del reforzamiento del Estado democrático: “A los
gritos de ‘España unida jamás será
vencida’, toda la clase burguesa, derechas e izquierdas
juntas, ha utilizado la emoción provocada por los atentados
para llevara a los obreros a unas urnas que muchos de ellos
hubieran desdeñado en otras circunstancias.
Independientemente de los resultados, la alta participación
electoral ya es una victoria para la burguesía, pues
significa que, al menos por ahora, una gran parte de los obreros
españoles creen que hay que dejar al cuidado del Estado
burgués su protección contra el terrorismo, y, para
ello, tenían que defender la unión democrática
de la nación española”1
.

Esa campaña ideológica que trata de impedir que
los trabajadores tomen conciencia de que sólo acabando con
el capitalismo puede ponerse fin a la guerra y el terror,
formulando en cambio la mentira de “contra el terrorismo:
democracia”, y que fue la base sobre la que se asentaron las
movilizaciones “antiterroristas” de los días
siguientes al 11-M, así como de la extraordinaria
participación electoral del 14-M, trata ahora de
prolongarse con la “hipermediatizada” Comisión
de Investigación parlamentaria sobre los atentados. Tal
comisión es un auténtico paripé, puesto que
lejos de hacer la luz sobre las verdaderas causas del terror que
asola el planeta, se limita a repetir obviedades (la torpeza
manifiesta del ejecutivo anterior por tratar de aprovechar
electoralmente la supuesta autoría de ETA), con objeto,
como decimos, de machacar una y otra vez ante la población
el mensaje de que el Estado democrático constituiría
la única defensa frente al avance del terror, cuando en
realidad las grandes potencias “democráticas”
han sido (recordemos las dos guerras mundiales imperialistas) y
son (guerras del Golfo, la exYugoslavia, Chechenia, Ruanda,
Afganistán,...) las principales instigadoras del terror.
Los nuevos “agentes terroristas”no hacen más
que aprovechar “aventajadamente” las lecciones que les
han dado los grandes padrinos terroristas, es decir los Estados
democráticos. (ver la mencionada editorial de Revista
Internacional
nº 117).

¿Y la miseria?
¿y los despidos?

Frente a la constante degradación de las condiciones de
vida obreras que hemos experimentado durante el “reinado”
de Aznar (precariedad laboral, mengua de capacidad adquisitiva de
los salarios sobre todo por el coste de las viviendas, etc.), el
nuevo gobierno “socialista” se presenta como una
alternativa que “siempre mirará más por los
obreros” que la Derechona. El gobierno ZP ha tratado de
apuntalar esa imagen “beatífica” del nuevo
ejecutivo, con gestos como una subida irrisoria del “salario
mínimo” (que es tan mínimo que son
relativamente pocos los trabajadores que lo cobran), y sobre todo
el anuncio de una gran “concordia social” entre
Gobierno, Patronal y Sindicatos.

Dejémonos de “encantes” y de campañas
de imagen y veamos la situación tal y como nos enseña
la experiencia histórica y actual, en España y en
todo el mundo, de la política antiobrera de todos los
gobiernos: “La política del partido o partidos que
están en el gobierno no viene determinada por su voluntad o
por su ideología, sino por las necesidades generales del
Capital nacional que, a su vez, vienen fuertemente condicionadas
por la evolución de la crisis de la economía
capitalista, las tensiones imperialistas y la lucha de clases.
Para comprender la política que va a aplicar un gobierno no
hay que partir de lo que dice, promete o propugna como ‘ideario’,
sino de las condiciones históricas generales de la
evolución del capitalismo y de las necesidades de cada
capital nacional en medio de esa coyuntura”
(AP nº
175: “¿Qué podemos esperar del gobierno
PSOE?”
).

Así las cosas, y sin poder barruntar aún en que
medidas concretas se va a plasmar el nuevo pacto social que
preparan el gobierno y los agentes sociales, sí podemos
saber que va a representar para las condiciones de vida de los
trabajadores: un nuevo y más terrible hachazo.

De entrada, en la Declaración de Intenciones con las que
el pasado 8 de Julio inauguraron las negociaciones, todos ellos se
deshicieron en elogios sobre la política de pactos sociales
de los gobiernos anteriores, incluidos los dos firmados por los
sindicatos durante los gobiernos del PP, y que han supuesto entre
otras cosas el abaratamiento del despido, la penalización
de las pensiones, etc. En cuanto a las materias objeto de la
“negociación”, el propio diario “El
País”
(de nuevo Boletín Extraoficial del
Estado) en su edición del 9 de Julio señala que: “El
compromiso firmado ayer es mucho más amplio que el de 1997,
aunque todavía menos concreto, pero ya recoge todas las
aspiraciones del Gobierno, la patronal y los sindicatos. Deja la
puerta abierta a la rebaja de las cotizaciones sociales y a la
revisión del despido (como pide la CEOE), a atajar la
contratación temporal
(¡fomentada por los
gobiernos del propio PSOE desde 1984!), a mejorar la protección
social y a revisar las subcontratas (como quieren los sindicatos)
y a impulsar la productividad y la competitividad (principal
objetivo del Gobierno)”
.

Esa batalla por la “competitividad” es la que hemos
visto por ejemplo en los recientes convenios de Nissan, SEAT,
donde se ha impuesto a los trabajadores la ampliación de la
jornada laboral y los sacrificios salariales. Esos criterios de
“productividad” son los causantes de los miles de
despidos que se avecinan en astilleros, minería, textil,...
Son esos mismos criterios, es decir la necesidad de concentrarse
en los sectores capitalistas que aún resultan competitivos
en la guerra a muerte que libran los distintos capitales
nacionales para sobrevivir en la imparable crisis económica
mundial, los que llevan al gobierno de Berlusconi a anunciar un
drástico recorte del gasto público, a Chirac en
Francia (cuna de esa Europa que nos presentan como más
“social” y defensora de los “derechos
ciudadanos”) a desmantelar las prestaciones sociales (ver en
este mismo AP: “El desmantelamiento de la Seguridad
social muestra la quiebra del capitalismo”
). Son esas
mismas necesidades capitalistas las que hacen que Herr Schroeder
(otro “paladín de la paz”) condene a los
parados de larga duración a un subsidio de hambre (345
euros al mes en el Oeste, 331 en el Este).

A los defensores de la explotación capitalista les
interesa, lógicamente, torpedear cualquier atisbo de toma
de conciencia por parte de la clase explotada y revolucionaria de
que ese futuro de miseria, barbarie y guerras, es lo único
que el capitalismo puede ofrecer a la humanidad. Prefieren, en
cambio, un proletariado embrutecido que caiga una y otra vez en la
“ilusión” de que líderes como Zapatero,
con su cara de “no haber roto nunca un plato”2,
gobiernen en beneficio de los trabajadores. Pero como señalamos
en el mencionado artículo de AP nº 175: “El
nuevo gobierno PSOE dejará pequeños los ‘logros’
de los gobiernos González y de las dos legislaturas PP. El
engaño de elegir el ‘mal menor’ o de ‘impedir
el mal mayor’ es la cuerda que nos ata a la noria del
capitalismo, condenándonos a ir de Herodes a Pilatos, de un
gobierno malo a otro peor, es decir nos ata de pies y manos al
terreno del capitalismo: el terreno de la explotación, la
miseria y la guerra. Frente a ello, los proletarios debemos
desarrollar nuestra propia lucha autónoma de clase, porque
la solución no es cambiar de gobierno, sino la perspectiva
de la Revolución Proletaria Mundial”.

AP/ 10 de julio de 2004.

(1)No podemos extendernos en este editorial
en un análisis pormenorizado del significado de la guerra
en Afganistán, desde los “bombardeos para liberar a
la población del yugo talibán” de 2001 hasta
el caos actual de pugnas indisimuladas entre diferentes “señores
de la guerra” apoyados por la bendita “comunidad
internacional” (remitimos a nuestros lectores al número
108 de nuestra Revista Internacional: “La guerra
‘antiterrorista’ siembra el terror y la barbarie”
),
ni sobre el significado de las “intervenciones humanitarias”
causantes, entre otras, de los primeros bombardeos de la población
europea desde la 2ª Guerra mundial en la exYugoslavia en
1999 (ver Revista Internacional nº 97: “La guerra en
Europa: el capitalismo enseña su verdadero rostro”
).

(2)Desconocemos las costumbres domésticas
del Sr. Zapatero, pero lo que es seguro es que su partido, ese
PSOE que ahora se presenta renovado y “virginal” metió
a España en la OTAN, participó en las guerras del
Golfo en 1991 (medio millón de muertos) y Yugoslavia, creo
los GAL, echó a la calle a más de un millón
de trabajadores con las reconversiones, fomentó los
contratos basura,...

Situación nacional: