Conflicto vasco: contra la barbarie de las luchas nacionales la alternativa es la lucha de clases

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El conflicto vasco ha entrado en una nueva fase más virulenta con la presentación por parte del ejecutivo autónomo del “Plan Ibarretxe” que plantea una apenas disimulada puesta en cuestión de la Constitución (la soberanía recaería sobre el “pueblo vasco”), “revisando las relaciones entre Euskadi y España” (el primero pasaría a ser un “estado libre asociado” a la segunda),... Este nuevo paso de la confrontación entre una fracción de la burguesía vasca agrupada en torno al PNV y el resto de la burguesía española supone una confirmación patente de nuestros análisis (1). En el último artículo que dedicamos al conflicto vasco (AP nº 158: “Un conflicto sin solución bajo el capitalismo”) señalábamos que el revés sufrido por la burguesía españolista (el Frente Nacional Español que integran PP y PSOE uncidos por su Pacto Antiterrorista) en las elecciones autonómicas de Mayo de 2001, no iba a rebajar la tensión sino todo lo contrario: la burguesía española iba a acentuar la presión contra el PNV, y éste iba a responder, para salvaguardar su propia existencia, lanzando el órdago soberanista,.... como así ha sucedido.

Esta sobrepuja irracional y sin salida en la que ninguna de las fracciones capitalistas puede imponerse efectivamente a sus rivales, es una expresión más de la tendencia irracional al puro caos, y a la barbarie sin solución que caracterizan las peleas ínter burguesas en la fase terminal del capitalismo. Pero ese terreno podrido de reyerta gangsteril entre diferentes fracciones de la clase explotadora, que aparece machaconamente en periódicos, radios y TV como el “principal obstáculo a la convivencia pacífica entre los ciudadanos”, representa también un peligrosísimo veneno para la clase explotada, a través de cuál se cuelan el interclasismo, la “defensa de la democracia”, que actúan en contra de la perspectiva emancipadora del proletariado (la lucha clase contra clase, el internacionalismo,...), única posibilidad de que la humanidad se libere precisamente de ese futuro de caos y barbarie que es lo que único que puede ofrecer el sistema capitalista.

Un conflicto sin solución bajo el capitalismo

Los sesudos analistas de los medios de comunicación ofrecen argumentos de lo más peregrino para tratar de explicar ese creciente enconamiento del conflicto vasco. Para los más alineados con los postulados del PP y del PSOE (incluyendo los muy “izquierdistas” de Unificación “Comunista”), el PNV se habría “quitado la careta” (después de más de cien años ¿?) y mostraría hoy su auténtica faz “independentista” (2). Para los contrarios al discurso del PP (lo que abarca Izquierda Unida, la gran mayoría de grupos izquierdistas y lógicamente otras burguesías nacionalistas como la catalana, etc.), la causa del aumento de la crispación entre el Estado y el PNV sería la vuelta a sus rancias raíces centralistas del carpetovetónico Aznar. Pero de ser así ¿cómo explicar que el PSOE, o el gobierno francés (en su día encabezado por el muy “socialista” Jospin), compartan, en lo sustancial, esa estrategia de “acoso y derribo” al PNV? (3).

Sólo un análisis marxista, como el que hemos ido desarrollando, puede explicar el curso del llamado “conflicto vasco”:

“- tal y como han venido analizando los marxistas (desde Marx a la Izquierda Comunista italiana – Bilan-), el trasfondo de dicho conflicto es un problema histórico de soldadura nacional del capital español (ver AP nº 145: “Ni nacionalismo vasco, ni nacionalismo español: ¡Autonomía política del proletariado!”).

-ese problema histórico que la burguesía española fue incapaz de resolver en el período ascendente del capitalismo –época de la construcción de las naciones capitalistas viables- queda ya irresoluble en su etapa de decadencia histórica. Es más, en la etapa terminal de su decadencia, lo que nosotros hemos calificado como su etapa de descomposición, estos problemas tienden a agravarse ya que se desarrolla el caos tanto en el concierto imperialista mundial como al interior de los diferentes Estados nacionales, agudizándose en estos el ‘cada uno a la suya’, de las distintas fracciones burguesas, las tendencias a la dislocación y la disgregación” (AP nº 150: “Gresca entre nacionalistas vascos y españolistas.: Con la excusa de la “paz” quieren embarcarnos en sus peleas de gángsteres”).

La pelea entre el sector de la burguesía vasca en torno al PNV, y la burguesía “españolista” se entiende precisamente según las leyes que rigen las peleas ínter burguesas en el período de la descomposición capitalista:

1.- expresa la tendencia al cisma y la disgregación característicos de la etapa de decadencia capitalista, de una forma aún más irracional, sin perspectiva alguna de solución. Como vemos en Oriente Medio, Colombia, etc, los conflictos que enfrentan a fracciones de la clase dominante lejos de atenuarse o “solucionarse” tienden, por el contrario, a enconarse cada vez más. En el caso del País Vasco ni el PNV puede lograr constituir Euskadi como nación viable, ni la burguesía españolista puede lograr el sometimiento del PNV a sus dictados. Sin embargo esa falta de perspectivas no logra contener la pugna, sino que la agudiza. La política actual del “bloque españolista”, ya no es la de contener al PNV como fue el caso de los pactos PNV-PSOE o los gobiernos Andanza, sino descaradamente la de desalojar al PNV de su principal resorte de poder: la administración de la autonomía vasca. Por su parte, la fracción burguesa en torno al PNV ya no se limita a obtener mayores prebendas económicas, fiscales, o una mayor parte del aparato de Estado (policía, competencias en educación, trabajo,...) sino que abre la puerta del cuestionamiento del “Estado de las autonomías”, alentando los ánimos de otras burguesías regionales (en particular sectores de la burguesía catalana,...).

2.- La llamada “comunidad internacional”, es decir el resto de potencias capitalistas, en vez de influir en pro de un apaciguamiento, tratan de aprovecharse de esas peleas para obtener elementos de presión sobre la burguesía española. En el caso vasco ya hemos mostrado como tanto la burguesía francesa (en el pasado principal beneficiario del terrorismo etarra para presionar a sus cofrades españoles, hoy principal correligionario de Aznar para evitar la extensión del conflicto vasco en sus departamentos pirenaicos), la burguesía alemana ( a través de la influencia de la Iglesia ), o la norteamericana, tratan de jugar sus bazas en el “conflicto vasco”.  Si la división del mundo en bloques pudo jugar en el pasado un papel de contención en las pugnas ínter burguesas, hoy el caos imperialista mundial (4) es, por el contrario, un poderoso estimulante.

3.- Son las fracciones capitalistas más poderosas  quienes más azuzan los conflictos. Si en el escenario imperialista mundial, USA es quien actúa más impulsivamente como un auténtico “bombero pirómano”, en Afganistán, Irak,... para tratar de frenar cualquier cuestionamiento de su papel como única potencia mundial, en el caso de la burguesía española, es el propio gobierno español (respaldado, insistimos, por el principal partido de la “oposición”) quien tiene una estrategia más decididamente de hostigamiento a los “nacionalistas” porque es incapaz de admitir cuestionamiento alguno de su “orden” (la raya trazada por la Constitución de 1978 y los estatutos de Autonomía concedidos a continuación). Por ello la burguesía española:

* ha forzado una ruptura con el PNV de sectores claves de la burguesía vasca (los máximos representantes de la banca, o de los empresarios vascos han mostrado una beligerancia manifiesta al Plan Ibarretxe).

* se plantea abiertamente desde el año 2000 desalojar al PNV del gobierno (lo que supondría privarle de su principal resorte de poder). Tras el fracaso de la “coalición antiterrorista” en 2001, la burguesía españolista se ha acantonado en su dominio de Alava (las juntas forales de esta provincia han sido las primeras en recurrir ante los juzgados el Plan Ibarretxe), y ha creado hoy una Plataforma – en la que se incluyen también ONG, sindicatos – para un gobierno “no nacionalista” de Euskadi.

* intentó enfrentar a los sectores nacionalistas vascos, forzando a través de la llamada “ley de partidos políticos” del verano pasado a que fuera la propia policía vasca la que ejecutara las detenciones de los dirigentes de Batasuna (rama política de ETA).

* ha dejado entrever que en caso de que el PNV persista en su desobediencia a los dictámenes de los tribunales españoles, podría llegar a suspender la “autonomía vasca”, lo que supondría un auténtico varapalo para los nacionalistas (redespliegue de las fuerzas policiales españolas, fin de los conciertos fiscales,....).

4.-  Como sucede también, en la arena imperialista mundial, los “challengers”, es decir las fracciones de la burguesía en posición de neta inferioridad, son quienes más abogan por el “diálogo”, quienes se presentan como “víctimas” de las actuaciones desmesuradas de la superpotencia. Esto es así porque son perfectamente conscientes de que a corto plazo no tienen medios efectivos para impedir los puñetazos en la mesa de la fracción más poderosa, y también porque entienden que a medio y largo plazo, el propio pudrimiento del conflicto y las demostraciones de fuerza estériles acaben socavando aún más la dominación del gángster principal (5). Así, el PNV:

* reclutó el voto de todos los sectores nacionalistas para impedir el triunfo del “bloque españolista” en las elecciones del 2001. Tanto es así, que tras esas elecciones, el plan Ibarretxe ha sido consagrado incluso por los sectores más radicales (ETA, o los adictos a la “kale borroka”) como la alternativa “realista” a la dominación “española”, y prácticamente desde entonces haya desaparecido los atentados y los disturbios callejeros..

* acató la ley de partidos, pero ha puesto mil y una trabas a su ejecución práctica, desobedeciendo por ejemplo las sentencias del Tribunal Supremo para eliminar el grupo parlamentario de los antiguos “batasunos”.

* ha planteado el Plan Ibarretxe como un auténtico laberinto jurídico de tal manera que aún cuando se respeten formalmente las normas del llamado “estado de derecho”, puedan seguir impulsando iniciativas para seguir su ejecución (convertir el Plan Ibarretxe en decreto-ley del Parlamento Vasco, disolución del Parlamento y nuevas elecciones autonómicas si prosperan los recursos del gobierno central, referéndum en el País vasco si las Cortes españolas lo desaprobaran, etc.), revestido todo ello con continuos llamamientos al “diálogo”, la “negociación”, etc.

Las luchas nacionales: un veneno para la conciencia revolucionaria de la clase obrera.

Estamos pues ante una pelea entre fracciones de la clase explotadora que expresa todo el pudrimiento, toda la tendencia al caos y al retroceso en la barbarie que existe en la sociedad capitalista actual, y debemos alertar al proletariado del riesgo de dejarse arrastrar, de tomar partido por alguno de los bandos de esa pugna.

Ya a lo largo de todo el siglo pasado los revolucionarios hemos advertido de la trampa que han representado las llamadas luchas nacionales (6), en las que el papel de la población ha sido el de servir de “carne de cañón” de las luchas entre gángsteres capitalistas. El hecho de que en los países centrales esas pugnas no se planteen hoy como guerras abiertas sino como “conflictos” entre fracciones aparentemente “civilizadas”, o que exista una disparidad real de fuerzas entre los bandos enfrentados, no disminuye, sino que al contrario acentúa, la nefasta influencia que puedan tener estas mistificaciones en sectores de la clase obrera, de manera que frente a las barbaridades de uno de los bandos, el rival aparezca como “mal menor”, “fracción menos reaccionaria” etc. Así sucede por ejemplo cuando ante los atentados de ETA o las atrocidades etnicistas del Sr. Arzallus, la burguesía nacionalista española aparece como más “pacífica”, “democrática”, cuando en realidad son directamente responsables del terror de la explotación capitalista (decenas de muertos en accidentes de trabajo, precariedad, paro, desmantelamiento de prestaciones sociales,...), de las guerras (desde el Golfo en 1991, a la reciente de Irak,...). Lo mismo sucede en el bando de los “nacionalistas vascos” que se presentan como víctimas del furor centralista del Gobierno Aznar, cuando su programa y su actuación son tan reaccionarios como los del otro padrino. Recordemos cuál ha sido el futuro de la población en los Estados “socialistas” fruto de la “liberación nacional” de los años 70 por ejemplo (Vietnam, Camboya, Nicaragua,...), y recordemos también cómo los métodos de estos gángsteres de “segunda” son, a escala si cabe más chapucera, una reproducción de los “métodos” de chantaje, terror y barbarie de sus cofrades mayores.

Hoy no existen las condiciones para que el proletariado se deje arrastrar alegremente a una guerra abierta entre fracciones de la burguesía. A pesar de sus evidentes debilidades, la clase obrera no está derrotada, pero las simpatías, las ilusiones en alguno de los bandos de las confrontaciones ínter burguesas no atenúan esas debilidades, sino que las acentúan. Es una ilusión pensar que la “combatividad” de los radicales vascos por ejemplo puede contagiar una combatividad contra el capitalismo en sectores de la clase obrera vasca, precisamente porque lo que hace es desviar la rabia y el descontento que surgen de la explotación o de la marginación de los jóvenes a un terreno podrido de lucha entre sectores de la burguesía, y a no a su verdadero terreno de lucha clase explotadora contra todas las fracciones de la clase explotadora. Del mismo modo supone una criminal ilusión pensar que las movilizaciones contra el “terrorismo” puedan inducir cualquier toma de conciencia para luchar contra el terror capitalistas de las guerras, precisamente porque en esas movilizaciones se hace creer que el terror es únicamente patrimonio de fracciones particulares de la burguesía, y no el modo de vida del sistema capitalista entero (7).

Las debilidades que hoy frenan el desarrollo de la lucha de clases son precisamente la pérdida de la identidad de clase, y la pérdida momentánea de la perspectiva emancipadora que contiene la lucha de clases: una sociedad verdaderamente humana, sin banderas, Estados o naciones: la sociedad comunista. En este sentido cualquier concesión a cualquiera de los bandos burgueses en conflicto no hace más que ahondar la herida: en lugar de la recuperación de la identidad de clase, es decir la comprensión de que todos los explotados del mundo tenemos los mismos intereses que nos oponen a todas las fracciones de la clase explotadora, la lucha “nacionalista” plantea en cambio el interclasismo, la disolución de la clase obrera en el magma de intereses contrapuestos que se llama “pueblo español” o “pueblo vasco”, y en definitiva la sumisión de los trabajadores de cada región o país a su propia burguesía, y por lo tanto la oposición a los trabajadores de la “región” o el país rival. Del mismo modo la lucha nacionalista no sólo no constituye un terreno en el que la clase obrera pueda ir desarrollando las armas de su lucha contra el capitalismo que son en esencia las bases de la sociedad comunista: la autoorganización consciente, la solidaridad, el internacionalismo, la confianza en la perspectiva de un mundo sin explotación, ni guerras, sino que al contrario se basa en el terreno opuesto: las movilizaciones al dictado de los explotadores, la defensa de los particularismos, la justificación del terror, la resignación ante la barbarie tratando de sacar la mejor tajada de ella,...

Por todo ello, la única perspectiva para que la sociedad deje de desangrarse a través de la multiplicación de conflictos que van a extenderse como resultado de su hundimiento en la descomposición, es la reafirmación de la única lucha que puede emanciparla de todos ellos: la lucha de clases.

Etsoem: 15 de Noviembre de 2003.

Notas:

(1)   En los números más recientes de nuestra publicación hemos dedicado artículos al conflicto vasco en AP nº 141, 143, 150, 152, 154, 155, 158. Animamos a los lectores interesados en nuestros análisis a que nos los soliciten escribiéndonos a nuestro apartado de correos o dirección de correo electrónico.

(2)   Del PNV siempre se ha dicho que contenía un “doble alma” soberanista y autonomista. Lo cierto es que a lo largo de su existencia, e incluso en los discursos de su fundador Sabino Arana se han alternado fases de “verborrea independentista” sobre todo para consumo de bases, con políticas “realistas” de autonomismo, y llegado el caso incluso de sometimiento abierto al Estado español (especialmente frente a momentos ascendentes de luchas obreras).

(3)   Para ver las motivaciones y los “matices” de esta Alianza Nacional ver nuestro articulo sobre el Pacto Antiterrorista en AP nº 156.

(4)   Ver Revista Internacional nº 114: “El nuevo orden mundial significa siempre más caos”.

(5)   Ídem.

(6)   Ver nuestro folleto “Nación o Clase”.

(7)   Ver nuestro suplemento dedicado a las movilizaciones antiterroristas: “La alternativa no es ‘democracia o terrorismo’, sino comunismo o barbarie”, así como el articulo “El terrorismo arma de guerra del capitalismo”, en AP nº 168.