«El Militante»: Cómo inocular el nacionalismo con argumentos "radicales"

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 De la misma forma que Dalila le quitó la fuerza a Sansón cortándole los cabellos, la burguesía le quita la fuerza a la clase obrera confundiendo su conciencia y destruyendo su unidad. Uno de los engaños que mejor resultado le ha dado a la clase dominante durante el siglo XX ha sido conseguir que la clase obrera identifique sus intereses con la “liberación nacional de los pueblos”y la defensa de los “verdaderos intereses nacionales”. Tal mistificación ha servido para justificar las innumerables carnicerías guerreras que han llenado de sangre el planeta. Ahora bien, hay muchas formas de defender este engaño. Conocemos muy bien la forma descarada que emplea la Derecha: Bush y sus halcones hablando del “interés nacional americano” o Aznar con su “patriotismo constitucional”. La Izquierda de los Zapatero, Llamazares y compañía es más sutil: en lugar de Nación o Patria utilizan el término “pueblo” como nuevo disfraz del interés nacional pues resulta que en ese concepto caben la gran mayoría de capitalistas “demócratas”, la pequeña burguesía, los trabajadores, en fin, TODA LA NACION, excepto cuatro oligarcas “vendepatrias”. Más rebuscada y cínica es la defensa del interés nacional que hacen los grupos izquierdistas (trotskistas, anarquistas, neo-estalinistas etc.) que llegan a hablar de “internacionalismo” y de “acabar con el capitalismo”. Este es el caso del grupo El Militante, perteneciente a la corriente trotskista[1] e inspirador del Sindicato de Estudiantes.

 

El único interés nacional posible es el de la explotación y la guerra


En las movilizaciones contra la guerra, El Militante ha exhibido un lenguaje muy “radical”: desenmascara a la ONU señalando que “existen almas simples que aún creen en algo llamado “ley internacional”. Estas personas bienintencionadas todavía, increíblemente, apelan a la ONU para evitar la guerra (...) Hace mucho tiempo, Lenin criticó contundentemente a aquellos que apelaban a la Liga de Naciones para “detener la guerra”. Lenin describió este organismo como una “cocina de ladrones”. Pero la ONU no es mucho mejor que la Liga de Naciones”[2]. Del mismo modo, denuncia a los “reformistas” (la Izquierda del Capital) pues “están exigiendo que cualquier medida de fuerza contra Saddam Hussein debe contar con la aprobación del Consejo de Seguridad. No dicen “no a la guerra”, sino “no a la guerra sin el apoyo de la ONU”. Pone al desnudo el juego de Francia diciendo que es “otra potencia imperialista decadente que pretende contrarrestar el dominio acaparador de los Estados Unidos”[3].

Estos argumentos que son justos si se toman en sí mismos sirven de gancho para introducir la misma mercancía nacionalista que defienden tanto la Derecha como la Izquierda que acaba de criticar. El Militante proclama: “la derecha acusa a los marxistas de querer dejar a la nación indefensa. Esto es completamente falso. No somos pacifistas y aceptamos la necesidad de un ejército, pero el tipo de ejército necesario para defender los intereses de los trabajadores, no el monstruoso ejército permanente de las naciones más modernas”.

¡Qué se tranquilicen la Derecha, el PSOE y los capitalistas en general! Los gritos radicales de El Militante son pura fachada: ellos quieren un ejército porque no quieren dejar a la nación indefensa. Ellos “no son pacifistas” lo que quiere decir que también apoyarían guerras “justas” aunque se opongan a la guerra de Irak. Estos “partidarios de derrocar el capitalismo” están por la Nación y el Ejército[4] instituciones básicas e imprescindibles del Estado Capitalista.

Para que no queden dudas, El Militante se define claramente por la defensa del interés de la Nación, solo que utiliza un hábil truco: se inventan un interés nacional “malo” - el de los “gobiernos imperialistas” para los cuales “el interés de la nación son los grandes bancos y empresas que poseen y controlan cada nación”- para oponerle “otro interés nacional” favorable a los trabajadores, que, en palabras de El Militante, serviría para fabricar mantequilla en lugar de armas, un interés nacional por el “bienestar del pueblo”.

Este interés nacional no existe en ninguna parte, es otra utopía reaccionaria. La Nación es un pilar básico del capitalismo, su único interés posible es el del conjunto de los capitalistas. A través de la nación y su Estado estos defienden la plusvalía y la posición que tienen en el mercado mundial frente a la concurrencia de las demás naciones. Esa defensa requiere aumentar sin descanso la explotación de los trabajadores y los sacrificios del conjunto de la población. Interés Nacional e interés de los trabajadores (y con ellos del futuro de la humanidad) son radicalmente incompatibles y antagónicos.

La idea de que existiría un interés nacional “favorable a los trabajadores” es la trampa que siempre han utilizado “socialistas”, estalinistas y sindicatos para atar a los obreros al interés nacional. Estos organismos “obreros” y “populares”siempre han basado su demagogia en ser más nacionalistas que la Derecha y que los capitalistas al inventarse un “Interés Nacional al servicio de la mayoría” que es absolutamente imposible. La historia del siglo XX nos demuestra que con el señuelo de un “interés nacional al servicio de la mayoría” la Izquierda del Capital ha conseguido llevar a la clase obrera al terreno del enemigo convirtiendo ese sueño utópico en la pesadilla de guerras y represiones brutales. El Militante participa en ese coro nacionalista aportando sus notas radicales.

 

La liberación nacional de los pueblos oprimidos no es un obstáculo a la guerra imperialista sino un instrumento de la misma
 

En 1917-23, Lenin y Trotski y con ellos la mayoría de la Internacional Comunista pensaron que la independencia nacional de los países coloniales de Asía, África etc., serviría de palanca para debilitar la dominación imperialista y con ello facilitaría el triunfo final de la revolución proletaria. Se equivocaron totalmente pues la historia ha demostrado que la “liberación nacional” debilitó tanto al proletariado de los nuevos países como al de los antiguos y solo sirvió para acrecentar las tensiones imperialistas entre las grandes potencias.

La historia ha demostrado la validez del análisis de Rosa Luxemburgo frente al de Lenin y Trotski. Esta puso en evidencia que «la política imperialista no es obra de un país o de un grupo de países. Es el producto de la evolución mundial del capitalismo en un momento dado de su maduración. Es un todo inseparable que no puede comprenderse más que en sus relaciones recíprocas y del cual ningún Estado puede sustraerse»[5]. Desde principios del siglo XX el capitalismo ha entrado en su época de decadencia y ello significa que el único modo de vida posible de todos sus Estados es el imperialismo y la guerra. En cada conflicto imperialista sólo hay unos perdedores: el proletariado y la población de los dos bandos beligerantes que ponen los muertos, el sufrimiento, el hambre y la explotación. Y el perdedor, desde el punto histórico, es el futuro de la humanidad, cada vez más comprometido y amenazado.

El Militante retoma los errores de un militante revolucionario como Trotski y los convierte en posiciones contrarrevolucionarias como el resto de grupos trotskistas: reivindica contra la guerra de Irak la “liberación nacional de los pueblos árabes y musulmanes”: kurdos, chiítas, iraní, palestino etc. Ante el caso kurdo, El Militante se da cuenta que está “metiendo la pata” pues hoy los peshmergas están haciendo de soldaditos de plomo del ejército americano. Por eso, se cura en salud afirmando que “En ninguna parte los imperialistas son amigos del pueblo. Algunas veces utilizan las aspiraciones nacionales de pueblos como los kurdos y chiítas iraquíes para sus propios objetivos, pero estos pueblos no pueden confiar nunca en la buena voluntad de los imperialistas, que son completamente indiferentes a sus sufrimientos e intereses”.

Es cierto que a los jerifaltes de Washington les importa un bledo los sufrimientos y los intereses de la población kurda. Pero lo que El Militante oculta cuidadosamente es que esos sufrimientos e intereses les importan igualmente un bledo a los burgueses kurdos que dirigen y organizan esos “movimientos de liberación nacional del pueblo kurdo”.

Los campesinos y obreros kurdos están obligados a soportar el éxodo, la miseria, la opresión, de unos y de otros: de los 5 Estados que se reparten su “nacionalidad” (Irak, Turquía, Irán, Armenia y Siria) y de sus propios “protectores”, los movimientos de “liberación” kurdos que andan divididos en varios clanes enfrentados. Estos movimientos han ido dando tumbos detrás de uno u otro Gran Padrino imperialista: americanos, rusos, alemanes etc.

El caso del partido Baaz y Saddam Hussein es muy revelador de la gran estafa que significa la “liberación nacional”. Hasta hace 25 años ambos estaban en el bando “políticamente correcto” y eran adulados como “anti-imperialistas” y “progresistas” por estalinistas y trotskistas. Después, cuando Saddam cambió al bando americano haciéndole el trabajo sucio en la guerra contra Irán (1980-88), la buena estrella de estos “liberadores” empezó a apagarse. Peor lo tuvieron cuando, desde principios de los 90, Estados Unidos utilizó a Saddam como cabeza de turco para escarmentar a los imperialismos rivales de Francia, Alemania, Rusia etc.

En esta historia vemos que Irak ha jugado diferentes papeles en el sistema imperialista mundial aunque haya sido el papel de peón. Ese juego siniestro ha significado para los obreros, los campesinos, la población explotada, sufrimiento, tortura, epidemias, matanzas y guerras...

Veamos otro “héroe” de la “liberación nacional”, Arafat, que, a diferencia de Saddam, goza de mejor cartel. Arafat y su movimiento de “liberación” formó primero en el bando ruso, después se alineó con el bando americano y hoy es más o menos sostenido por Francia y Alemania aunque partes importantes de la burguesía palestina no descartan un acuerdo con USA. ¿Qué consecuencias ha traído a los obreros y campesinos que Arafat y la OLP dicen “representar y liberar”? Pues han sido enviados al éxodo, masacrados por el ejército israelí y también por el ejército “hermano” de Jordania, sometidos a una brutal represión por las hordas policiales de Arafat, alistados en milicias del suicidio por los canallas de Hamás, explotados por burgueses israelíes, palestinos, kuwaitíes, egipcios ...

El sistema imperialista mundial es como una partida de ajedrez, cada bando tiene su Rey, su Reina, sus Torres... pero también tiene sus peones. Los países “nuevos” o los frentes de liberación nacional aspirantes a un Estado (como Arafat o los kurdos) solo pueden aspirar al papel de peones. Pero eso no les hace ajenos a la partida sangrienta que domina el mundo. Ellos son protagonistas y cómplices del juego aunque sea en un papel secundario y “perdedor”. El imperialismo es una terrible cadena que oprime a la humanidad entera y en la cual todos los eslabones –aunque sean los más débiles- participan en esa opresión.

 

Para acabar con las guerras hay que acabar con el capitalismo
 

El Militante proclama que para conseguir la paz hay que acabar con el capitalismo. Sin embargo, el “capitalismo” que describe El Militante se reduce a Bush y su camarilla “en estrecha relación con las grandes corporaciones petroleras”. El capitalismo consistiría en una oligarquía minoritaria formado por 4 multinacionales respaldadas por políticos “gamberros, estafadores y ladrones corporativos que han forjado sus valores morales a partir del mundo empresarial”.

¡Es evidente que las multinacionales no tienen más divisa que engordar sin descanso su cuenta de beneficios! Es igualmente evidente que la catadura moral de los políticos de todos los Estados del mundo es cada vez más repugnante.

Pero el capitalismo no se reduce a una capa de individuos privilegiados. Es un sistema de relaciones de producción dividido en Estados nacionales armados hasta los dientes que luchan a muerte por el reparto del pastel de la explotación. Y como ese sistema está en crisis desde principios del siglo XX, esa lucha a muerte ha tomado la forma de una sucesión inacabable de guerras imperialistas que han hecho del siglo XX el siglo más bárbaro de la historia de la humanidad y que amenaza con convertir el siglo XXI en la tumba de la humanidad si el proletariado no se levanta contra su dinámica de guerra, caos y barbarie.

Al reducir el “capitalismo” a 4 multinacionales y 4 políticos canallas, El Militante oculta lo que es de verdad el capitalismo y cual es su situación real de crisis y descomposición. Con ello siembra la ilusión de que sería posible un capitalismo “pacífico” y “progresista”, donde se podría encontrar un “bienestar” y vivir en “democracia”.

Solo hay una fuerza social capaz de acabar con el capitalismo: el proletariado mundial. Pero para ello debe desprenderse de las ilusiones que lo atan a un capitalismo “racional”, “progresista” o “pacífico” a través de la mistificación de un mundo dividido entre naciones “democráticas” y naciones “imperialistas”, entre “movimientos de liberación nacional” y “oligarquías imperialistas”. Los jóvenes obreros o estudiantes a los que se dirige El Militante deben comprender que este grupo con sus gesticulaciones radicales sólo pretende impedirles esa toma de conciencia.

Adalen 20-4-03

 

1 Hay que distinguir entre Trotski y la corriente trotskista. Trotski fue siempre un militante revolucionario fiel a la clase obrera pese a los serios errores que cometió sobre todo en los años 30, en cambio los que se dicen sus sucesores –las organizaciones trotskistas- le han traicionado totalmente y utilizan sus errores más graves como tapadera para defender una política capitalista: apoyaron la II Guerra Mundial, han apoyado siempre al bando imperialista URSS contra el bando americano; defienden la liberación nacional, el sindicalismo, el parlamentarismo etc. Ver nuestro folleto sobre Trotski y el trotskismo aparecido en francés, así como artículos sobre la cuestión en Revista Internacional números 96 y 103.

2 Manifiesto contra la guerra imperialista, aparecido en el sitio Web de El Militante: www.elmilitante.org. Las citas han sido tomadas de este documento y de No a la guerra imperialista en Irak, hoja repartida en Valencia; ¡Aznar es tan responsable como Bush y Blair de la masacre del pueblo iraquí! y ¡Fuera las tropas imperialistas de Irak!, documentos todos ellos tomados de la Web antes citada.

3 Es, sin embargo, sorprendente que no haya ninguna mención a Alemania que, a fin de cuentas, es quien más se ha opuesto a los planes americanos y es el Estado que ha empujado a Francia y Rusia en su enfrentamiento con USA. ¿Será porque allí hay una coalición rojiverde al frente del gobierno?

4 ¿Un “ejército al servicio de los trabajadores”? ¿Dónde existe esa utopía reaccionaria? En ningún sitio. Para justificar su apoyo a los ejércitos realmente existentes que no pueden ser que enemigos de los trabajadores, El Militante se saca de la manga esa demagogia de un “ejército favorable a los trabajadores”.

5 De su libro La crisis de la socialdemocracia