Para luchar contra la Reforma del desempleo, no podemos confiar en las movilizaciones sindicales

Ver tambien :

Versión para impresiónEnviar por email

El 20 J los sindicatos, IU y los grupos "a su izquierda", e indirectamente el PSOE, nos convocan a una huelga general contra el decretazo sobre la reforma del desempleo. La Iglesia declara por boca del arzobispo de Sevilla, que "hay razones fundadas para hacer la huelga". La patronal dice que se podría aprovechar esta huelga para "imponer la reforma laboral que se necesita de verdad" (sic) (CEOE). Y hasta el mismo gobierno y el PP "admiten el error de haber calentado el clima social con duras réplicas". De hecho, los medios de comunicación a sus órdenes, que tantas veces han sido criticados por la oposición por escatimar las intervenciones de la izquierda, han puesto en nómina a Fidalgo y a Méndez, que salen más que Aznar. Con todo esto, más el malestar que hay de sobra en todos los sectores de trabajadores, los ministros pueden decir con toda tranquilidad: "Desde luego lo que está claro es que hace un mes no existía este ambiente y todos pensábamos que la huelga iba a ser un fracaso. Ahora sólo está en duda si se convertirá en un gran éxito para los sindicatos, pero ya sabemos que no será un fracaso". Pero un éxito ¿para quién? ¿Qué es esto de una huelga que todos quieren que hagamos? ¿Va a servir esta huelga para defender nuestras condiciones de vida?

 

¿Sirve esta huelga para defendernos contra la reforma del desempleo?

Nos dicen que la Reforma del desempleo es el no va más, el colmo del talante autoritario de Aznar y del PP en general, que lo hacen "para jorobar" (Méndez), y para presumir en las cumbres europeas de que cumplen los objetivos presupuestarios, anteponiéndolos a la sensibilidad social; que el INEM tiene superávit y que no hay ninguna razón, excepto la chulería "absolutista" de Aznar, para este ataque. Según esto el decretazo sería simplemente un antojo del gobierno de Aznar que podría combatirse dando nuestra confianza a la oposición, y demostrando prácticamente que aunque el PP tenga mayoría absoluta, la presión en la calle también cuenta, y como dice el Sr. Caldera, la oposición de izquierda reúne conjuntamente más votos nominales. Una huelga general masiva serviría para mostrar todo eso, y haría que el PP tuviera que negociar. Pero esta Reforma del desempleo no es simplemente un plus para terminar el curso con matrícula de honor en estadística económica o antiobrerismo. Por supuesto que la derecha representa lo más rancia y descaradamente los intereses de los empresarios y los grandes negocios públicos y privados, y que no le tiembla el pulso ni tiene que disfrazar los ataques a la clase obrera (a pesar de que el PP, por circunstancias históricas del capitalismo español, ha llegado al gobierno envuelto en oropeles "democráticos" y de "modernidad" para distanciarse del franquismo, y ha sido sostenido en todo eso por los sindicatos y la izquierda, incluyendo la mismísima IU con la famosa "pinza"; o sea, por los mismos que ahora le acusan de facha); pero la experiencia ha demostrado que las medidas antiobreras no son patrimonio exclusivo de la derecha. En realidad todo el discurso sobre el autoritarismo del PP sirve para ocultar que son la única respuesta de la burguesía, de derechas o izquierdas, a la agravación de la crisis. Para afrontar la agravación de la competencia en un mercado mundial que cada vez se reduce más, la burguesía necesita disminuir costes, y eso significa facilitar los despidos y disminuir los gastos sociales del Estado para dirigir sus recursos a apoyar a las empresas punta y a reforzar la maquinaria de guerra que en último extremo es un factor determinante de primer orden del peso de cada capital nacional en la arena mundial. Aunque el goteo de despidos no ha parado, disfrazándose de "reestructuraciones", "no renovación" de contratos temporales, o prejubilaciones, se anuncia una nueva escalada. España es el furgón de cola de la UE y la reciente desaceleración de la economía mundial está teniendo un impacto en los negocios del capital español, que ve las barbas afeitadas de Argentina y pone las suyas a remojar. De hecho, la banca es uno de los sectores afectados por la crisis allá, que prevé prejubilar a los empleados mayores de 52 as de edad (1500 el BBVA; 1300 el SCH; 200 el banco popular). Otro sector, emblemático de la "nueva economía", donde se anuncian despidos que confirman que aquella no es ninguna solución a la crisis y que, al contrario, ha envejecido prematuramente, son las telecomunicaciones (4905 despidos en total, 1300 por ej en Alcatel, 855 en Ericsson, etc). En el sector del automóvil se prevén expedientes temporales de regulación de empleo que van a afectar a 13.200 trabajadores.... Cuando se ve este panorama se comprende que las medidas del decretazo, facilitan los despidos masivos, preparan el terreno a nuevos despidos, y significan un ataque al conjunto de la clase obrera. La eliminación de los salarios de tramitación y la fiscalización de las indemnizaciones van a hacer que los despidos sean más baratos para el empresario y que los obreros cobremos menos de finiquito. En cuanto a los recortes drásticos de las prestaciones por desempleo, significan de entrada, que 200 mil parados van a dejar de cobrar, y que todos los implicados en regulaciones temporales, o en contratos temporales, que redondeaban un sueldo decente con los subsidios, van a ver como disminuyen sus salarios. Por no hablar de los jornaleros andaluces, que perderán el derecho al PER. Pero desde luego, estas medidas no son exclusivas de los gobiernos de derecha. No sólo Berlusconi, además de Aznar, toma medidas antiobreras, también el amigo Blaiiir a fuer de recortes del gasto social, ha desmantelado prácticamente la sanidad pública. De hecho, las actuales medidas antiobreras son en cierta medida consecuencia de la aplicación de los acuerdos de la reciente cumbre de Barcelona de la UE "sobre el empleo", donde "la izquierda" tiene la mayoría. En cuanto a la historia más reciente de España, recordemos que fue el PSOE quien llevó a cabo las reconversiones industriales con su lastre de despidos masivos, recortó las pensiones dificultando el acceso a ellas en 1985, introdujo los "contratos de inserción" en 1988 y hasta impuso en 1992 un decretazo contra los desempleados que significó reducir los parados con derecho a subsidio al 40%. Y se despidió del gobierno con una reforma laboral que ampliaba las causas de despido objetivo y reducía las indemnizaciones. Como consecuencia de esa política, además de los 3 millones largos de parados oficiales, el Estado y la patronal cuentan con una batería de leyes que justifican y facilitan los despidos y que permiten todo tipo de modalidades de contratos parciales, temporales, etc con unas condiciones laborales y salariales miserables. Por todo esto, la huelga general del 20J no puede servir para que, dando la confianza a la izquierda como alternativa, o presión al PP, se retire la Reforma del desempleo. Sencillamente la oposición ha hecho lo mismo cuando estaba en el gobierno. Pero ¿Y los sindicatos? Esos sí que, a pesar de que el PSOE estaba en el gobierno, le organizaron 4 huelgas generales...

 

¿Sirven los sindicatos para luchar contra el decretazo y defender nuestras condiciones de vida?

Durante 6 años de gobierno del PP, los sindicatos han mantenido la "paz social", negociando y haciendo la vista gorda ante las sucesivas reformas del mercado laboral de 1997 y 2001, lo que ha sido una cobertura del talante "democrático" y "dialogante" del PP hasta ahora. ¿Porqué cambian radicalmente de actitud, recuperando un lenguaje "obrero" y declarando que "la paz social" ha terminado, y que el gobierno "las va a pasar mal" (Fidalgo)? Dicen que "porque no van a consentir que se liquiden los logros históricos del movimiento obrero" ni van a consentir que se faciliten los despidos; pero desde "la transición democrática" presentan todo un historial en sentido contrario. En 1981 con el gobierno Calvo Sotelo, UGT consintió la Ley Básica de Empleo, que establecía un periodo mínimo de cotizaciones para cobrar el paro e instauraba un periodo máximo de cobro de dos años entonces. Después en 1982 firmaron el Acuerdo Nacional sobre el Empleo (ANE), que obligaba a los parados a aceptar contratos en pésimas condiciones. Luego en 1988, tras el 14-D que tiraba por la puerta el Plan de Empleo Juvenil, lo repescaron junto con el gobierno por la ventana aceptando los contratos de inserción. Más recientemente han negociado la reforma laboral del PSOE y las dos del PP, etc, etc etc. Dicen que porque no hay ninguna justificación para los ataques actuales excepto la voracidad del PP y su talante autoritario. Aparte de lo que esto supone en cuanto a que habría ataques a nuestras condiciones de vida que "estarían justificados" por la situación de la economía nacional (lo que significa sacrificar nuestros intereses por el bien del capital nacional -que es un principio muy sindical-), además están ocultando que los datos de superávit del INEM y de aumento de las cotizaciones a la Seguridad Social que nos presentan, y de "mejora" del empleo (según el gobierno), son en realidad el producto, aparte de las manipulaciones estadísticas, que son muy sufridas, de los sacrificios obreros, de los contratos parciales y temporales, de las condiciones laborales lamentables que nos imponen, y que lo que pone de manifiesto la situación actual es que los sacrificios sólo traen más sacrificios. Es cierto que los sindicatos convocaron 4 huelgas generales al gobierno del PSOE, pero como cobertura para acabar aceptando sus ataques antiobreros. Así por ej. frente al decretazo contra los parados del PSOE en 1992, convocaron la huelga del 28M, y esto es lo que escribíamos entonces: "el mismo 28M, Gutierrez y Redondo ya no pedían la retirada del decretazo sino una negociación 'responsable' para aplicarlo, y para colmo, el 24 de Junio aceptan conversaciones 'serias' con González cuyo punto de partida es no tocar el decretazo" . Y lo mismo el 27E de 1994 tras la huelga general contra la Reforma laboral del PSOE, cuando un mes después de la huelga, no sólo se imponía la reforma laboral, sino que los sindicatos estaban dispuestos a aplicarla fábrica a fábrica, "subordinando los aumentos salariales a la defensa del empleo en las empresas, atendiendo a sus situaciones concretas" . La respuesta es no. Los sindicatos no sirven para defendernos contra la Reforma del desempleo. Y vista la experiencia, hay razones de sobra para desconfiar de que la convocatoria de la huelga sirva en realidad al propósito, no de rechazar el decretazo, sino de imponerlo.

 

¿A quien sirve la Huelga general?

La verdadera razón del cambio de actitud de los sindicatos y la izquierda, de moderados a "luchadores", y que supone una inflexión en los últimos 6 años, está en ese sujeto histórico que todos quieren dar por muerto, que nadie se atreve siquiera a mentar, pero que la burguesía tiene bien presente en sus decisiones y sus estrategias: la clase obrera. A pesar de todos los ríos de tinta que ha hecho correr sobre la desintegración de la clase obrera, sabe bien que el gigante no está derrotado, ni ha dicho aún su última palabra. Y hasta tal punto cuenta con eso, que teme que con la agravación de la crisis, se acabe acumulando un potencial de luchas que le hagan consciente de su fuerza y de que el capitalismo no tiene ninguna salida. A veces son las medidas que toma el enemigo lo que ayuda a darse una idea de la propia fuerza. Y ¿quién mejor que los sindicatos para captar el ambiente en el medio obrero, para palpar cual es el grado de reflexión de los obreros, de malestar, de combatividad, y anticiparse? Las huelgas generales de los años 80, a pesar de que coincidieron con los momentos de menos luchas, se convocaron en un ambiente de combatividad, para tratar de que los sindicatos se hicieran con el control de la situación y llevaran a los obreros a callejones sin salida y al desgaste. Se comprende que, ante un ambiente de movilización obrera, los sindicatos no tuvieran más remedio que echar un órdago si querían ponerse a la cabeza y tomar el control del movimiento. Pero en los años 90, impactada por el hundimiento del estalinismo, la clase obrera apenas tenía fuerzas para desarrollar pequeños focos de combatividad. Y sin embargo se convocaron igualmente huelgas generales en 1992 y en 1994. La razón fue en primer lugar la gravedad de los ataques, que afectaban esencialmente a la cuestión del empleo, igual que hoy. Esta cuestión es fundamental, porque afecta a toda la clase obrera, a todos los sectores, industriales o jornaleros, a los parados y a los que aún tienen un trabajo, a los eventuales y a los que aún son fijos, a los prejubilados y a los temporales, a los jóvenes y a los mayores. Tiene pues un potencial de unificación de la reflexión y de la discusión, de generar un sentimiento de clase. En segundo lugar, afecta a la reflexión sobre la crisis, sobre las perspectivas que puede ofrecernos el capitalismo, y al fin y al cabo, sobre el capitalismo mismo. Estas cuestiones, junto con un malestar evidente por la degradación de las condiciones de vida obrera, ponen las bases para un punto de partida de luchas en un terreno de clase, para que la clase obrera tome confianza en sus propias fuerzas, en su papel histórico. A todo ese potencial, la convocatoria de una huelga general como las pasadas, o esta del 20J, le opone un terreno corporativo, de división por ramos etc, irreflexivo, donde la cuestión es la tozudez de Aznar, etc, que entrega la dirección y el control de la lucha a los sindicatos, y que confía en el terreno electoral y democrático de la derecha y la izquierda. Un terreno que oculta y escatima el conflicto de clases. Y ese es el sentido de la convocatoria de esta huelga, que sirve para marcar el terreno del sindicalismo y arrastrar a los obreros a la confusión y al desgaste de sus fuerzas. Tras el 14D de 1988, o el 27E de 1994los obreros no reforzaron su unidad ni su conciencia, no reforzaron su combate de clase, sino que lo debilitaron, y por eso los ataques acabaron imponiéndose. Los más veteranos lo sabéis bien, aunque ahora podáis pensar que en la situación actual de desmovilización, la huelga puede ayudar a luchar. ¡No! Aunque el 20J en sí mismo no decide nada, dejarse arrastrar a todo lo que significa de explicación de la Reforma del desempleo, de la crisis, de apoyo a los sindicatos y a la izquierda, es entregarse a los pies de los caballos, a los planes de la burguesía sin resistencia. Y sobre todo es dejar a los más jóvenes sin experiencia, sin transmitirles la tradición de combate y de reflexión que les pertenece. Para los que es su primera huelga general, les aparece como la única respuesta posible. Si los dejamos así, sin armas para enfrentarse a la maniobra de la burguesía, se alejarán las posibilidades de una respuesta de clase, y la burguesía irá imponiendo sus ataques. Porque la respuesta de clase está fuera del terreno sindical, en la huelga de masas. Todas las luchas importantes de la clase obrera desde hace un siglo, y en todas partes, se han desarrollado en ese terreno: 1905 y 1917 en Rusia, 1919 en Alemania, Julio 1936 en España, Mayo 68 en Francia, 1969 en Italia, 1980 Polonia... Y la experiencia más reciente en España lo confirma: Vitoria 1976, y la mayoría de las luchas de los años 70, las marchas a Madrid en los años 80, etc No somos ilusos. Sabemos que hoy la clase obrera no tiene la fuerza para plantear sus propios medios de lucha, su propia organización, su propia búsqueda de la unificación de todos sus sectores. Pero eso no nos debe empujar ni a agarrarnos al clavo ardiendo de la convocatoria sindical, ni a la pasividad. Al denunciar todo el montaje que significa el 20J, estamos llamando a los obreros a que comprendan que otra forma de lucha es posible, diferente y opuesta a las convocatorias sindicales. Es la lucha organizada por los propios trabajadores en asambleas generales, que rompe las trampas corporativistas y nacionalistas, que extiende y unifica la lucha, tal y como muestran las experiencias de luchas en el siglo XX.

Acción Proletaria (Corriente Comunista Internacional)10.06.02 Suplemento de Acción Proletaria nº 164