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Ante la guerra y el caos capitalista: ¡la única solución para la humanidad es la lucha internacional del proletariado!

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Desde Venezuela hasta Cachemira, de Groenlandia a Sudán, en Gaza, Ucrania o el Sahel, el mundo capitalista arde por todas partes. Las armas rugen en el mar de China, Oriente Medio rezuma sangre y fuego con Irán hundiéndose en un caos inmenso. Y Estados Unidos, presentado hasta ahora como el «campeón de la democracia», es el principal incendiario del planeta: con sus proyectos tenebrosos en Groenlandia, Trump clava un nuevo clavo en el ataúd de la alianza transatlántica; en su intento por expulsar a China de América Latina, desestabiliza todo un continente; aparta a los bandidos de la ONU para favorecer su esperpéntico proyecto del «Consejo de la Paz», en lo que tiene todas las características de una operación de extorsión... Asistimos a una profunda aceleración del militarismo y los conflictos. Estamos, de hecho, ante una considerable aceleración del caos y los enfrentamientos entre las camarillas burguesas.

Elegir un bando burgués frente a otro conduce siempre a un callejón sin salida

Si bien es cierto que Estados Unidos se sitúa en el centro del caos mundial no lo es menos que el propio Trump es él mismo el producto de un capitalismo enloquecido. En todos los países, poderosos o no, democráticos o autoritarios, la burguesía busca alistar a los explotados tras sus sórdidos intereses nacionales, sea directamente detrás de un fusil o aceptando las «reformas» y los recortes presupuestarios que requieren sus inversiones en armamento.

En Ucrania, Putin envía a miles de jóvenes al matadero con el delirante pretexto de salvar a las poblaciones de habla rusa del nazismo. Al otro lado del frente, el gobierno archi-corrupto de Zelensky envía a la población al matadero en nombre de la soberanía nacional y la democracia.

En Gaza, el ejército israelí convierte a chavales de 18 a 20 años en asesinos, mientras Hamás utiliza cínicamente a la población como escudo humano.

En Irán, mientras los “mulás” aplastan a sangre y fuego la indignación de la población, facciones rivales, activamente apoyadas por Israel y Estados Unidos, avivan las revueltas a favor de la «democracia» y el regreso del Sha.

A los trabajadores europeos se nos dice, mientras tanto, que hay que empezar a aceptar la necesidad de sacrificios para asegurar la «defensa» y el rearme. Se nos prepara para la economía de guerra al mismo tiempo que quieren mentalizarnos para «aceptar perder a nuestros hijos», según las palabras del jefe del Estado Mayor del Ejército francés. Todo ello, como siempre, ¡en nombre de los valores democráticos y la paz!

Y hoy se nos pide que elijamos entre los sanguinarios “mulás” y una burguesía iraní «democrática», formada por una pandilla de mafiosos, monárquicos arcaicos y advenedizos apoyados por Trump y el asesino Netanyahu.

¡El capitalismo supura miseria y muerte por todos sus poros! El inmenso caos instalado en Oriente Medio desde el final de la Guerra Fría se está extendiendo por todo el planeta. Y, aun así, se nos pide que elijamos el «lado correcto» o el del «mal menor» ... ¡No! Ninguna facción de la burguesía, democrática o no, poderosa o débil, es capaz de crear las condiciones para un mundo en paz y estabilidad. Atrapadas en una espiral de contradicciones históricas y sin salida del capitalismo ninguna de ellas puede sembrar más que el caos y la muerte. Optar por un bando burgués frente a otro equivale a elegir a nuestros explotadores y asesinos.

¡La única alternativa a las guerras del capitalismo es la revolución mundial!

Ante este inmenso caos, ante el desastroso futuro que nos augura el capitalismo, el miedo se instala en todos los continentes. ¿Cómo reaccionar? Si ningún bando burgués representa una solución, ¿qué hacemos entonces? ¿Dejamos pasivamente que las masacres continúen mientras esperamos la revolución?

La historia ha demostrado que la única clase capaz de poner fin a las guerras del capitalismo es el proletariado en lucha y nadie más. Así ocurrió cuando los trabajadores de Rusia derrocaron al Estado burgués en 1917 y los trabajadores de Alemania se rebelaron en 1918. Esta oleada revolucionaria en Europa del Este y el riesgo de que se extendiera a Occidente obligó a los gobiernos a poner fin a la Primera Guerra Mundial. Y otro tanto sucedió cuando tras décadas de contrarrevolución, la clase obrera regresó a la lucha con mayo del 68, impidiendo que los bloques ruso y estadounidense se enfrentaran en una Tercera Guerra Mundial. ¡Pero el proletariado no puede conquistar la paz real y definitiva más que derrocando el capitalismo a escala mundial!

Es cierto que el proletariado aún no tiene la fuerza para oponerse directamente a la guerra y que la perspectiva revolucionaria claramente no es para mañana. El camino hacia el derrocamiento del capitalismo será largo y estará plagado de obstáculos. Pero no hay otro. Hoy en día hay dos direcciones posibles. Una es que nos dejemos llevar por falsas alternativas entre camarillas burguesas en pro de un capitalismo o «más justo y pacífico», una ideología que siempre ha acabado desarmando a la clase obrera en nombre del «mal menor», «el derecho de los agredidos a defenderse», «el derecho de los pueblos a disponer de sí mismos» ... Otra dirección completamente contraria es que pacientemente luchemos por desarrollar nuestra solidaridad, nuestra identidad y nuestra conciencia de clase, para desarrollar un movimiento que es el único capaz de poner fin al capitalismo y sus guerras.

Desde 2022, tal y como hemos señalado en numerosos artículos, la clase obrera ha comenzado a recuperar su combatividad a escala internacional[1]. Y es ya a través de estas luchas contra los sacrificios exigidos por el militarismo que el proletariado expresa concretamente su solidaridad con sus hermanos de clase en los países en guerra.

Pero, sobre todo, esta ruptura con la pasividad de décadas anteriores se basa en un desarrollo subterráneo de la conciencia de clase, indispensable para la politización de las luchas. A diferentes niveles (muy heterogéneos), los trabajadores se hacen preguntas sobre el futuro de la sociedad, sobre la forma de organizar las luchas, sobre la identidad de clase. Esta reflexión es el caldo de cultivo del futuro revolucionario. Corresponde a las pequeñas minorías comunistas impulsar al máximo posible esta reflexión para preparar las luchas del mañana. Por eso, desde hoy, reunirnos para reflexionar juntos, convencer, militar y promover el debate siempre que sea posible no es una pérdida de tiempo, sino, por el contrario, preparar el futuro.

EG, 15 de enero de 2026

 

[1] Cientos de enfermeras del hospital Henry Ford Genesys de Grand Blanc, en Michigan, están en huelga en el momento de escribir estas líneas, al igual que 15 000 enfermeras de los principales hospitales de Nueva York, en particular en los centros de Mount Sinai y Montefiore en el Bronx. Todas reclaman mejores condiciones de vida, de trabajo y de cuidados para los pacientes.

 

Cuestiones teóricas: 

  • Internacionalismo [1]

Rubric: 

Internacionalismo

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Enlaces
[1] https://es.internationalism.org/tag/3/49/internacionalismo