A estas dos cuestiones queremos responder, brevemente, en este artículo.
¿Para que piden la cabeza de Aznar?.
No vamos a entrar en este artículo en analizar la actual posición imperialista del capital Español ni las divisiones que ésta ha generado entre las fuerzas políticas de la burguesía española (remitimos al lector al artículo publicado en el número 169 de nuestra publicación), ni tampoco en si la burguesía española se está planteando o no un relevo del gobierno o un voto de castigo al PP (que trataremos en posteriores publicaciones). Independientemente de ello pedir la cabeza de Aznar en las manifestaciones pacifistas le sirve a la burguesía española para dos fines muy precisos.
El primero de ellos es evitar que algunos de aquellos que han participado en las movilizaciones pacifistas empiecen ha hacerse la siguiente reflexión: “¿para que ha servido el 15 de Febrero y el 15 de Marzo?”, “¿para que han servido las cadenas humanas, las manifestaciones todos los sábados, las caceroladas?”. Y ante la evidencia de que no han servido para hacer frente a la guerra cabe entonces preguntarse ¿por qué?, ¿no será que ese no es el camino para acabar con la guerra?. Es decir se trata de ocupar el terreno de forma que se obstaculice hacerse ese tipo de preguntas. Así las movilizaciones si que habrían servido para algo, para pedir la dimisión de Aznar, y tendrían la posibilidad de continuarse en otro terreno, el electoral, el democrático. Y ese es precisamente el segundo de los fines, capitalizar y rentabilizar esa “gigantesca participación ciudadana” en el terreno del reforzamiento de la democracia y la supuesta “voluntad del pueblo”. De las misma forma que la burguesía española ha utilizado el antiterrorismo para lanzar grandes campañas de prestigiamiento de la democracia, hoy esta aprovechando el pacifismo y las movilizaciones pacifistas para el mismo fin.
¿Acaso son más pacifistas los partidos de la izquierda del capital y más belicistas los de derechas?
La hoja de servicios de los llamados partidos “socialistas” y “comunistas” a favor de la defensa de los intereses del capital (1) incluido la implicación en la guerra imperialista es bien real y bien amplia, aunque hoy se nos presenten vestidos de palomas de la paz. Basta recordar que fue precisamente el voto favorable a los créditos de guerra lo que sancionó el paso de la social democracia a las filas de la burguesía. La traición de la hasta entonces proletaria (aunque ya corroída años de oportunismo) social democracia abrió la puerta a la primera guerra mundial y llevó a miles de obreros a matarse los unos a los otros. El capitalismo había llevado la guerra al nivel más alto alcanzado hasta entonces por la humanidad.
Los tan pacifistas hoy ,PSOE, PC, o los anarquistas actuales nietos de los de la CNT, fueron los principales responsables de la masacre de obreros en la guerra de España de 1936 en nombre de la defensa del gobierno republicano, tan burgués y anti proletario como el franquista (ver nuestro libro España 1936: Franco y la República masacran a los trabajadores”).
Por lo que respecta a segunda guerra mundial la contribución bélica de los partidos de la actualmente tan pacifista izquierda del capital fue abrumadora. Los partidos llamados comunistas y socialistas son directamente responsables de la masacre de miles de obreros enrolados en el Frente Popular, bajo la bandera nacional o en defensa de la supuestamente socialista madre Rusia.
Lo que hoy incomoda a Zapatero y al PSOE, a Llamazares e IU, y sus acólitos más a la “izquierda” no es la guerra en si, sino si participar en la campaña contra Irak es la mejor forma o no de defender los intereses imperialistas y nacionales del capital español. Las lágrimas de cocodrilo que hoy vierten sobre los cadáveres de los civiles Irakis no las vertieron, en particular el PSOE, cuando en el 91 el Gobierno de Felipe Gonzalez sumaba a España a la coalición de países liderados por Bush padre que desencadenó los horrores de la guerra bajo los eufemismos de “tormenta del desierto” y similares. Eso si, entonces el plomo y el fuego se lanzaba en nombre de “una causa justa”: liberar Kuwait. Hace 12 años nos llamaban a tomar posición por un bando imperialista, el de la coalición internacional de países democráticos, y hoy nos llaman a tomar partido por el imperialismo más débil, el irakí.
En cuanto a la guerra que desmembró la antigua Yugoslavia, otra guerra “humanitaria”, para liberar al pueblo del dictador de turno, el PSOE en el gobierno fue quien encabezó la cruzada bélica y el envío de tropas vestidas de cascos azules. Hoy nos dicen que “no a la guerra” porque la población civil irakí no tiene porque sufrir la guerra contra Sadam, pero entonces no dudaron ni un momento en participar en la masacre de hombres, mujeres, niños y ancianos para dar caza Karadzic.
Cuando hoy “Zapatitos” y “Calderilla” se desgañitan gritando que no se deje repostar a los aviones USA en el cielo español o que se impida que despeguen desde las bases de Rota o Morón de la Frontera, corren un tupido velo sobre el hecho de que fue precisamente el PSOE quién llamó a votar SI a la entrada de España en la OTAN.
De la misma forma que, desde la entrada del capitalismo en su periodo de decadencia irreversible, todos los países –grandes o pequeños, de primer o de ultima fila, potentes o enanos militares, ricos o pobres- son imperialistas (2), todas las fracciones de la burguesía prestan su servicio en defensa de los intereses del capital nacional incluido su interés imperialista. El hecho de que en ciertos momentos, corresponde a ciertos partidos o grupos políticos adoptar un discurso belicista y en otros pacifista no es porque su naturaleza sea diferente sino porque cumplen una función determinada, bien repartiendose los papeles respecto a los posibles alianzas imperialistas o, sobre todo, para engañar y mistificar a la clase obrera.
¿Cuál es la verdadera respuesta a la guerra?
La forma de luchar contra esta guerra, o contra las que le van a seguir, no está en las manifestaciones pacifistas como la del 15 de Febrero o el 15 de Marzo, no está en llenar los balcones con pancartas ni en las caceroladas. La forma de luchar contra la guerra no está en votar a la izquierda porque sería menos belicista que la derecha. La forma de luchar contra la guerra no es gritar ¡Aznar, vete! para que en su lugar venga otro servidor del capitalismo como Zapatero, Llamazares, etc.
La verdadera forma de luchar contra la guerra pasa primero por reflexionar, por ver cuales son las causas reales de la guerra imperialista, por deshacerse de las montañas de mentiras con las que nos bombardea la clase dominante. La verdadera forma de luchar contra la guerra pasa por comprender que es el capitalismo quien al igual que engendrar la explotación y la miseria engendra la guerra. La verdadera forma de luchar contra la guerra es luchar contra el sistema que la genera: el capitalismo.
La verdadera forma de luchar contra la guerra es comprender que sólo hay una fuerza en la sociedad capaz de hacerle frente y ésta es el proletariado. Solo la lucha obrera contra la explotación cotidiana, contra la austeridad que la crisis capitalista exige, y contra la austeridad y el incremento de la explotación que las necesidades imperialista y guerreras de todas las burguesía implica, es lo que puede permitir a la clase obrera recuperar la confianza en sus propias fuerzas y en su misión histórica. Misión que ya formuló claramente el Manifiesto Comunista: ser el enterrador del capitalismo, y con él enterrar definitivamente la explotación del hombre por el hombre.
Alba, 21/04/03.
Apenas tres semanas después del inicio de la ofensiva de la “Coalición”, las tropas norteamericanas entraban en Bagdad, y el régimen de Sadam Hussein se desmoronaba dejando a una población de 27 millones de personas sumida en el caos, el desabastecimiento, el pillaje y los choques interétnicos,... Esta nueva guerra ha sido “breve” (más corta que los 45 días de la Tormenta del Desierto de 1991, que los dos meses de la Kosovo en 1999, e incluso que la campaña de Afganistán en 2001), como no podía ser de otra forma habida cuenta la abismal diferencia de potencial militar existente entre las tropas anglo-norteamericanas y un ejército irakí que ya estaba diezmado por la guerra de 1991 y por más de 10 años de embargo. Sin embargo, esa brevedad no nos debe engañar:
Las guerras no son un ataque a la “civilización” sino la mismísima expresión de la civilización burguesa
El propio curso de los acontecimientos ha desmentido categóricamente las patrañas propagandísticas de la burguesía, y ha confirmado, a su vez los análisis de los revolucionarios.
Los “humanistas” y “democráticos” objetivos enunciados por los beligerantes han sido estrepitosamente rebatidos por los bombardeos masivos, la campaña bautizada como “Conmoción y Pavor” (sólo en los primeros días se descargaron sobre las ciudades iraquíes el equivalente de fuego de los 43 días de la operación Tormenta del Desierto de 1991), los “daños colaterales” en mercados, hospitales, barrios obreros, el uso de bombas-racimo[1], la pérfida estrategia de asedio para tratar de rendir las ciudades por hambre, sed y epidemias,... Para colmo, las tropas ocupantes han recurrido a la propia policía del régimen para tratar de contener la oleada de saqueos que se ha adueñado de las ciudades tras su “liberación”.
También quedan en entredicho los objetivos que según los propios opositores a la guerra fundamentaban las ansias belicistas de Bush y cía: el negocio de la reconstrucción, los lucrativos beneficios del petróleo, etc.,... Como hemos señalado en anteriores artículos de nuestras publicaciones[2], la guerra, aunque pueda beneficiar a algunos empresarios particulares, supone una ruina para la economía capitalista en su conjunto. Las hipotéticas rentabilidades de la reconstrucción en Irak son, de existir, muy inferiores al propio coste de la operación militar.
En cuanto al “negocio” del petróleo, se trata de un objetivo secundario y de carácter más estratégico (chantaje a Alemania y Japón muy dependientes del petróleo iraquí) que lucrativo a corto plazo. Ahora se desvela que USA y especialmente la llamada “petrocracia” (es decir los Exxon, Chevron, BP...) controlaba ya en 1991 el 80% del petróleo del sur de Irak y el 30% del producido en el norte del país, que entre Enero y Marzo de 2003, las importaciones norteamericanas de petróleo irakí se habían triplicado para paliar la caída de las exportaciones venezolanas...
La verdadera causa de la guerra de Irak no hay que buscarla en el belicismo de unos cuantos dirigentes, o en la avidez de ganancias de unos pocos explotadores, sino en la lógica cada vez más devastadora en la que se adentra el capitalismo mundial en su conjunto en su etapa terminal de descomposición. Como se señala en la hoja difundida por la CCI contra la guerra de Irak: “Los Estados Unidos no esconden su estrategia imperialista global. Desde el hundimiento del bloque ruso en 1989 se han propuesto utilizar su aplastante superioridad militar para impedir el ascenso de cualquier otra potencia o coalición que pueda rivalizar con ellos. Ahí reside el objetivo principal de todas las grandes acciones militares que han conducido desde 1991: la guerra del 91, la de Kosovo del 99 y la de Afganistán del 2001. Pero no han tenido éxito. Cada una de esas acciones no ha hecho más que empujar a las otras potencias, pequeñas o grandes, a contestar cada vez más su autoridad. En respuesta, los USA han proseguido esa estrategia a una escala cada vez mayor. Ahora pretenden hacerse con el control directo de Oriente Medio y Asia Centra y extenderlo hasta el Extremo Oriente. Enfrentados a la indisciplina de sus principales rivales – Francia y Alemania en particular- lo que buscan es cercar a Europa,...”.
Pero tratando de imponer un orden en las relaciones internacionales, un “orden” lógicamente a la medida de sus intereses particulares, la acción de los Estados Unidos, lo que propaga en realidad es un mayor caos a todos los niveles.
El caos en Irak amenaza extenderse al conjunto de la región.
Las escenas de saqueos y destrucciones masivas, de asaltos a hospitales, de desvalijamiento de los tesoros culturales del Museo Arqueológico o de la Biblioteca de Bagdad[3], de las masacres étnicas entre chiítas y sunitas, entre kurdos y árabes, en las principales ciudades de Irak, ponen de manifiesto que lejos de traer el orden y la estabilidad, las guerras de la descomposición son una potente gasolina que aviva aún más el fuego de toda clase de conflictos.
La preponderancia de los objetivos estratégicos que antes mencionábamos dicta no sólo la táctica militar[4], sino también la manera de gestionar la “paz”. El propio jefe del pentágono Rumsfeld, ha declarado que “los saqueos forman parte de la transición”. Al margen de que la existencia de desórdenes es la mejor excusa que pueden encontrar los norteamericanos para justificar la prolongación de su presencia en la zona, lo bien cierto es que su principal preocupación no es instaurar un oasis de estabilidad y “democracia”, ni ganarse el apoyo de la población, sino asegurarse un control estratégico del país, para poder proseguir su dominio sobre el conjunto de Oriente Medio.
La estrategia seguida en Irak, es la reproducción apenas corregida y sí muy ampliada de la seguida en Afganistán dos años antes, cuando los 10 mil soldados desplegados se limitan a garantizar un control sobre Kabul, sirviendo además de guardia pretoriana de su “elegido” (Karzai), mientras el resto del país se desangra en un pelea entre “señores de la guerra”, financiada por el tráfico de drogas (el cultivo de opio se ha multiplicado por diez desde 2001), y en el que la “liberación de la mujer” o la ayuda humanitaria (en el último año la ayuda “humanitaria” proporcionada por USA equivale al coste de 6 horas de actividad en el Pentágono), han quedado como lo que siempre fueron: puras patrañas para justificar la operación militar.
La situación que se vive hoy en Irak rememora, como decíamos, el caos que se ha instalado en Afganistán. Las diferentes fracciones en la que está dividida la burguesía irakí se están enzarzando en una pelea de todos contra todos: chiítas apadrinados por USA, Chalabi, contra chiítas protegidos por Irán, otro tanto sucede entre los sunitas –de obediencia saudí o de inspiración anglonortemericana- , los kurdos andan igualmente divididos entre una fracción más “paciente” – la UPK de Talibani- y otra fracción –el PDK- que postula abiertamente una “limpieza étnica” en el Kurdistán irakí,...
Pero si ya la intervención militar en Afganistán supuso una desestabilización de toda la zona (y tiene desde luego mucho que ver con la sobrepuja de tensiones entre India y Pakistán), la operación “Libertad para el pueblo irakí”, amenaza con encender aún más el polvorín de Oriente Medio:
En primer lugar por el desmembramiento del Estado unitario irakí ( la “federalización” desencadenaría las aspiraciones de Irán así como los temores de Turquía o Siria de verse arrastradas por el ascenso de los kurdos);
En segundo lugar porque la ocupación militar de Irak por USA es entendida como una verdadera amenaza para Irán (que está haciendo enormes esfuerzos por rearmarse, incluso con armamento nuclear);
Igualmente representa una amenaza para Siria (el anuncio sorpresivo de este país en la lista de posibles objetivos de USA supone un intento de rebajar su belicosidad hacia el plan de “paz” de los americanos para Palestina, y sobre todo una amenaza para el país más inclinado hacia Francia de toda la zona);
Significa un reforzamiento considerable de la posición de Israel que no perderá la oportunidad para imponer sus veleidades de construcción de un “Gran Israel” con el consiguiente debilitamiento para la burguesía palestina y la prosecución de las matanzas en la zona;
Supone en fin una auténtica bofetada para la mayoría de Estados árabes que se ven debilitados de forma importante con los riesgos que ello supone de desestabilización interior.
La creciente sobrepuja de las tensiones entre las principales potencias capitalistas
Pero si los riesgos son graves en Oriente Medio, región clave para todo el equilibrio mundial tanto por su posición estratégica como por sus enormes reservas petroleras, el episodio iraquí ha cebado aún más la bomba de los conflictos imperialistas que hoy dividen a las grandes potencias.
Ya hemos señalado que los auténticos destinatarios del golpe de fuerza ejecutado en Irak eran las potencias europeas: Francia, Rusia y sobre todo Alemania. Esta última ha sido especialmente golpeada en tres planos:
Ocupando Irak, USA cierra el último eslabón de la cadena de expansión imperialista de Alemania hacia los mares de oriente que históricamente ha seguido el eje que a través de Europa Central y oriental desemboca en Bagdad pasando por Turquía
Provocando la rebelión de España e Italia contra el eje franco-alemán crea una división significativa en la plataforma de influencia que es para Alemania la Unión Europea
Arrastrando al alineamiento pro-americano de Polonia, Chequia, Hungría …, es decir, de los países del este de Europa, crea una formidable tenaza alrededor del “espacio vital” de expansión del imperialismo alemán.
Las tensiones que estos osados pasos estratégicos van a crear se irán concretando paulatinamente en la situación internacional. El mundo se irá sumiendo en una sobrepuja de acciones y reacciones, de creación de nuevos focos de conflicto, de actos terroristas, de maniobras diplomáticas, de golpes desestabilizadores, cuyas consecuencias son difíciles de concretar hoy en sus diferentes episodios: Oriente Medio, Extremo Oriente, los Balcanes, la ONU, la UE…
Sin embargo, lo que está fuera de toda duda es la agravación general de las tensiones imperialistas entre USA y sus rivales que sembrará por todo el planeta nuevas expresiones de guerra, barbarie y caos. Esto, unido a la agravación de la crisis económica –la cual no va a ser paliada por el asunto iraquí- llevará a nuevos sufrimientos y ataques contra el proletariado y contra toda la humanidad.
Como hemos analizado en numerosos documentos de nuestra Corriente, la situación imperialista mundial está caracterizada por una dinámica en la cual Estados Unidos se encuentra abocado a un dilema insoluble: si tolera la contestación de todos los demás países, empezando por los gallitos como Alemania o Francia, permite que estos lo debiliten cada vez más. Pero si recurre a su superpotencia militar para pararles los pies entonces aunque momentáneamente les amedrenta cuando se agotan los efectos aquellos vuelven a las andadas de la contestación…
Esto provoca una espiral de acciones y reacciones, de conflictos que ensangrientan el planeta, a los que USA responde con puñetazos sobre la mesa que si bien suponen una calma momentánea, acaban agravando el caos y las guerras.
USA ha dado un nuevo puñetazo sobre la mesa con la ocupación de Irak. Sus rivales han encajado un golpe severo. Pero no pueden echar marcha atrás pues ello supondría su ruina. Desde los países árabes hasta Irán ya vemos que se encrespan contra el gigante americano. Pero sobretodo, vemos hoy a Francia, Alemania y Rusia boicotear las tentativas de USA de legitimar en el ONU su operación en Irak, aunque eso suponga retrasar o dificultar la ayuda humanitaria[5], así como la intensificación de los esfuerzos del eje franco-alemán por superar su debilidad militar y armamentística, a través de la cumbre sobre euro-defensa a celebrar a finales de Abril a la que cierran la puerta a España a la vez que coquetean con Gran Bretaña.
Los trabajadores han sentido una justificada inquietud por los acontecimientos bélicos que han sacudido el mundo. Las movilizaciones pacifistas han intentado boicotear esa inquietud desviándola hacia objetivos y “explicaciones” tales como una “guerra por el petróleo” o una guerra “causada por Bush y cuatro belicistas” que lo que hacen es minimizar la terrible gravedad de la situación mundial. Los trabajadores contra esas mentiras deben tomar conciencia de que la guerra en Irak no es sino un eslabón más de la cadena infernal que conduce a la destrucción de la humanidad a través de una proliferación de guerras, epidemias y hambrunas. Eso es lo único que puede ofrecer este sistema. Por ello, la única esperanza de supervivencia del género humano reside en la destrucción del capitalismo. Y esa responsabilidad le incumbe a la clase explotada, llamada a ser el sepulturero histórico de la explotación, las naciones y la guerra.
«El resultado final de los procedimientos capitalistas de producción es el caos y ese caos solo puede ser vencido por la mayor clase productora, la clase obrera. Ella es la que debe instituir el orden verdadero, el orden comunista. Debe quebrar la dominación del capital, imposibilitar las guerras, borrar las fronteras entre los estados, transformar el mundo en una vasta comunidad que trabaja para sí misma, realizar los principios de la solidaridad fraternal y la liberación de los pueblos»
Plataforma de la Internacional Comunista aprobada en el Primer Congreso, marzo 1919.
Acción Proletaria, 21 de abril de 2003.
1 El empleo de estas mortíferas trampas está desde luego, “prohibido” por las convenciones internacionales sobre armamentos, lo que no impidió por ejemplo que en la guerra “legal” contra Irak en 1991 se utilizaran 50 millones de ellas
2 Ver en particular los artículos dedicados a la guerra de Irak en AP nº 168 y 169, así como los textos consagrados a la agravación de las tensiones imperialistas desde el 11-S en la Revista Internacional desde el número 107
3 Aunque ahora lloren como plañideras ante la pérdida de ese patrimonio cultural, lo bien cierto es ésta es la consecuencia de la irracionalidad (desde el punto de vista de los intereses de la humanidad) de la pervivencia del capitalismo y la guerra. Como ya denunciara Rosa Luxemburgo ante las devastaciones de la 1ª Guerra Mundial, éstas “suponen un atentado no contra la cultura burguesa del pasado, sino contra la civilización socialista del porvenir, un golpe mortal asestado a esta fuerza que lleva en sí el porvenir de la humanidad, y que sólo ella puede transmitir los valiosos tesoros del pasado a una sociedad mejor. Aquí el capitalismo ha descubierto su calavera, aquí ha desvelado que se terminó su derecho a su existencia histórica, que el mantenimiento de su dominación ha dejado de ser compatible con el progreso de la humanidad” (Folleto de Junius, 1915)
4 El empleo de la aplastante superioridad aérea junto con el empleo de fuerzas de tierra muy limitadas (125 mil soldados a diferencia de los casi 300 mil que se utilizaron en 1991) viene dictada no sólo por la necesidad de ahorrar bajas y atenuar en lo posible el descontento de la población USA, sino también por una estrategia diseñada para alcanzar rápidamente los centros neurálgicos del adversario aunque deje a sus espaldas inmensos territorios sin controlar. El maestro de estrategia militar de Bush y Rumsfeld es el mismísimo Hitler y su “guerra relámpago”. La diferencia es que mientras que en la Alemania de 1939 esa “temeridad” era el resultado de su debilidad económica y militar, en el caso de la primera potencia económica y militar de nuestros días es el resultado de la carrera hacia el abismo en que se ha metido (necesidad de administrar las tropas en vistas a nuevas intervenciones futuras en todo el planeta)
5 La reciente guerra de Irak ha puesto claramente de manifiesto, que la ayuda humanitaria, es un arma de guerra más que se administra en función de las necesidades tácticas militares
De la misma forma que Dalila le quitó la fuerza a Sansón cortándole los cabellos, la burguesía le quita la fuerza a la clase obrera confundiendo su conciencia y destruyendo su unidad. Uno de los engaños que mejor resultado le ha dado a la clase dominante durante el siglo XX ha sido conseguir que la clase obrera identifique sus intereses con la “liberación nacional de los pueblos”y la defensa de los “verdaderos intereses nacionales”. Tal mistificación ha servido para justificar las innumerables carnicerías guerreras que han llenado de sangre el planeta. Ahora bien, hay muchas formas de defender este engaño. Conocemos muy bien la forma descarada que emplea la Derecha: Bush y sus halcones hablando del “interés nacional americano” o Aznar con su “patriotismo constitucional”. La Izquierda de los Zapatero, Llamazares y compañía es más sutil: en lugar de Nación o Patria utilizan el término “pueblo” como nuevo disfraz del interés nacional pues resulta que en ese concepto caben la gran mayoría de capitalistas “demócratas”, la pequeña burguesía, los trabajadores, en fin, TODA LA NACION, excepto cuatro oligarcas “vendepatrias”. Más rebuscada y cínica es la defensa del interés nacional que hacen los grupos izquierdistas (trotskistas, anarquistas, neo-estalinistas etc.) que llegan a hablar de “internacionalismo” y de “acabar con el capitalismo”. Este es el caso del grupo El Militante, perteneciente a la corriente trotskista[1] e inspirador del Sindicato de Estudiantes.
En las movilizaciones contra la guerra, El Militante ha exhibido un lenguaje muy “radical”: desenmascara a la ONU señalando que “existen almas simples que aún creen en algo llamado “ley internacional”. Estas personas bienintencionadas todavía, increíblemente, apelan a la ONU para evitar la guerra (...) Hace mucho tiempo, Lenin criticó contundentemente a aquellos que apelaban a la Liga de Naciones para “detener la guerra”. Lenin describió este organismo como una “cocina de ladrones”. Pero la ONU no es mucho mejor que la Liga de Naciones”[2]. Del mismo modo, denuncia a los “reformistas” (la Izquierda del Capital) pues “están exigiendo que cualquier medida de fuerza contra Saddam Hussein debe contar con la aprobación del Consejo de Seguridad. No dicen “no a la guerra”, sino “no a la guerra sin el apoyo de la ONU”. Pone al desnudo el juego de Francia diciendo que es “otra potencia imperialista decadente que pretende contrarrestar el dominio acaparador de los Estados Unidos”[3].
Estos argumentos que son justos si se toman en sí mismos sirven de gancho para introducir la misma mercancía nacionalista que defienden tanto la Derecha como la Izquierda que acaba de criticar. El Militante proclama: “la derecha acusa a los marxistas de querer dejar a la nación indefensa. Esto es completamente falso. No somos pacifistas y aceptamos la necesidad de un ejército, pero el tipo de ejército necesario para defender los intereses de los trabajadores, no el monstruoso ejército permanente de las naciones más modernas”.
¡Qué se tranquilicen la Derecha, el PSOE y los capitalistas en general! Los gritos radicales de El Militante son pura fachada: ellos quieren un ejército porque no quieren dejar a la nación indefensa. Ellos “no son pacifistas” lo que quiere decir que también apoyarían guerras “justas” aunque se opongan a la guerra de Irak. Estos “partidarios de derrocar el capitalismo” están por la Nación y el Ejército[4] instituciones básicas e imprescindibles del Estado Capitalista.
Para que no queden dudas, El Militante se define claramente por la defensa del interés de la Nación, solo que utiliza un hábil truco: se inventan un interés nacional “malo” - el de los “gobiernos imperialistas” para los cuales “el interés de la nación son los grandes bancos y empresas que poseen y controlan cada nación”- para oponerle “otro interés nacional” favorable a los trabajadores, que, en palabras de El Militante, serviría para fabricar mantequilla en lugar de armas, un interés nacional por el “bienestar del pueblo”.
Este interés nacional no existe en ninguna parte, es otra utopía reaccionaria. La Nación es un pilar básico del capitalismo, su único interés posible es el del conjunto de los capitalistas. A través de la nación y su Estado estos defienden la plusvalía y la posición que tienen en el mercado mundial frente a la concurrencia de las demás naciones. Esa defensa requiere aumentar sin descanso la explotación de los trabajadores y los sacrificios del conjunto de la población. Interés Nacional e interés de los trabajadores (y con ellos del futuro de la humanidad) son radicalmente incompatibles y antagónicos.
La idea de que existiría un interés nacional “favorable a los trabajadores” es la trampa que siempre han utilizado “socialistas”, estalinistas y sindicatos para atar a los obreros al interés nacional. Estos organismos “obreros” y “populares”siempre han basado su demagogia en ser más nacionalistas que la Derecha y que los capitalistas al inventarse un “Interés Nacional al servicio de la mayoría” que es absolutamente imposible. La historia del siglo XX nos demuestra que con el señuelo de un “interés nacional al servicio de la mayoría” la Izquierda del Capital ha conseguido llevar a la clase obrera al terreno del enemigo convirtiendo ese sueño utópico en la pesadilla de guerras y represiones brutales. El Militante participa en ese coro nacionalista aportando sus notas radicales.
En 1917-23, Lenin y Trotski y con ellos la mayoría de la Internacional Comunista pensaron que la independencia nacional de los países coloniales de Asía, África etc., serviría de palanca para debilitar la dominación imperialista y con ello facilitaría el triunfo final de la revolución proletaria. Se equivocaron totalmente pues la historia ha demostrado que la “liberación nacional” debilitó tanto al proletariado de los nuevos países como al de los antiguos y solo sirvió para acrecentar las tensiones imperialistas entre las grandes potencias.
La historia ha demostrado la validez del análisis de Rosa Luxemburgo frente al de Lenin y Trotski. Esta puso en evidencia que «la política imperialista no es obra de un país o de un grupo de países. Es el producto de la evolución mundial del capitalismo en un momento dado de su maduración. Es un todo inseparable que no puede comprenderse más que en sus relaciones recíprocas y del cual ningún Estado puede sustraerse»[5]. Desde principios del siglo XX el capitalismo ha entrado en su época de decadencia y ello significa que el único modo de vida posible de todos sus Estados es el imperialismo y la guerra. En cada conflicto imperialista sólo hay unos perdedores: el proletariado y la población de los dos bandos beligerantes que ponen los muertos, el sufrimiento, el hambre y la explotación. Y el perdedor, desde el punto histórico, es el futuro de la humanidad, cada vez más comprometido y amenazado.
El Militante retoma los errores de un militante revolucionario como Trotski y los convierte en posiciones contrarrevolucionarias como el resto de grupos trotskistas: reivindica contra la guerra de Irak la “liberación nacional de los pueblos árabes y musulmanes”: kurdos, chiítas, iraní, palestino etc. Ante el caso kurdo, El Militante se da cuenta que está “metiendo la pata” pues hoy los peshmergas están haciendo de soldaditos de plomo del ejército americano. Por eso, se cura en salud afirmando que “En ninguna parte los imperialistas son amigos del pueblo. Algunas veces utilizan las aspiraciones nacionales de pueblos como los kurdos y chiítas iraquíes para sus propios objetivos, pero estos pueblos no pueden confiar nunca en la buena voluntad de los imperialistas, que son completamente indiferentes a sus sufrimientos e intereses”.
Es cierto que a los jerifaltes de Washington les importa un bledo los sufrimientos y los intereses de la población kurda. Pero lo que El Militante oculta cuidadosamente es que esos sufrimientos e intereses les importan igualmente un bledo a los burgueses kurdos que dirigen y organizan esos “movimientos de liberación nacional del pueblo kurdo”.
Los campesinos y obreros kurdos están obligados a soportar el éxodo, la miseria, la opresión, de unos y de otros: de los 5 Estados que se reparten su “nacionalidad” (Irak, Turquía, Irán, Armenia y Siria) y de sus propios “protectores”, los movimientos de “liberación” kurdos que andan divididos en varios clanes enfrentados. Estos movimientos han ido dando tumbos detrás de uno u otro Gran Padrino imperialista: americanos, rusos, alemanes etc.
El caso del partido Baaz y Saddam Hussein es muy revelador de la gran estafa que significa la “liberación nacional”. Hasta hace 25 años ambos estaban en el bando “políticamente correcto” y eran adulados como “anti-imperialistas” y “progresistas” por estalinistas y trotskistas. Después, cuando Saddam cambió al bando americano haciéndole el trabajo sucio en la guerra contra Irán (1980-88), la buena estrella de estos “liberadores” empezó a apagarse. Peor lo tuvieron cuando, desde principios de los 90, Estados Unidos utilizó a Saddam como cabeza de turco para escarmentar a los imperialismos rivales de Francia, Alemania, Rusia etc.
En esta historia vemos que Irak ha jugado diferentes papeles en el sistema imperialista mundial aunque haya sido el papel de peón. Ese juego siniestro ha significado para los obreros, los campesinos, la población explotada, sufrimiento, tortura, epidemias, matanzas y guerras...
Veamos otro “héroe” de la “liberación nacional”, Arafat, que, a diferencia de Saddam, goza de mejor cartel. Arafat y su movimiento de “liberación” formó primero en el bando ruso, después se alineó con el bando americano y hoy es más o menos sostenido por Francia y Alemania aunque partes importantes de la burguesía palestina no descartan un acuerdo con USA. ¿Qué consecuencias ha traído a los obreros y campesinos que Arafat y la OLP dicen “representar y liberar”? Pues han sido enviados al éxodo, masacrados por el ejército israelí y también por el ejército “hermano” de Jordania, sometidos a una brutal represión por las hordas policiales de Arafat, alistados en milicias del suicidio por los canallas de Hamás, explotados por burgueses israelíes, palestinos, kuwaitíes, egipcios ...
El sistema imperialista mundial es como una partida de ajedrez, cada bando tiene su Rey, su Reina, sus Torres... pero también tiene sus peones. Los países “nuevos” o los frentes de liberación nacional aspirantes a un Estado (como Arafat o los kurdos) solo pueden aspirar al papel de peones. Pero eso no les hace ajenos a la partida sangrienta que domina el mundo. Ellos son protagonistas y cómplices del juego aunque sea en un papel secundario y “perdedor”. El imperialismo es una terrible cadena que oprime a la humanidad entera y en la cual todos los eslabones –aunque sean los más débiles- participan en esa opresión.
El Militante proclama que para conseguir la paz hay que acabar con el capitalismo. Sin embargo, el “capitalismo” que describe El Militante se reduce a Bush y su camarilla “en estrecha relación con las grandes corporaciones petroleras”. El capitalismo consistiría en una oligarquía minoritaria formado por 4 multinacionales respaldadas por políticos “gamberros, estafadores y ladrones corporativos que han forjado sus valores morales a partir del mundo empresarial”.
¡Es evidente que las multinacionales no tienen más divisa que engordar sin descanso su cuenta de beneficios! Es igualmente evidente que la catadura moral de los políticos de todos los Estados del mundo es cada vez más repugnante.
Pero el capitalismo no se reduce a una capa de individuos privilegiados. Es un sistema de relaciones de producción dividido en Estados nacionales armados hasta los dientes que luchan a muerte por el reparto del pastel de la explotación. Y como ese sistema está en crisis desde principios del siglo XX, esa lucha a muerte ha tomado la forma de una sucesión inacabable de guerras imperialistas que han hecho del siglo XX el siglo más bárbaro de la historia de la humanidad y que amenaza con convertir el siglo XXI en la tumba de la humanidad si el proletariado no se levanta contra su dinámica de guerra, caos y barbarie.
Al reducir el “capitalismo” a 4 multinacionales y 4 políticos canallas, El Militante oculta lo que es de verdad el capitalismo y cual es su situación real de crisis y descomposición. Con ello siembra la ilusión de que sería posible un capitalismo “pacífico” y “progresista”, donde se podría encontrar un “bienestar” y vivir en “democracia”.
Solo hay una fuerza social capaz de acabar con el capitalismo: el proletariado mundial. Pero para ello debe desprenderse de las ilusiones que lo atan a un capitalismo “racional”, “progresista” o “pacífico” a través de la mistificación de un mundo dividido entre naciones “democráticas” y naciones “imperialistas”, entre “movimientos de liberación nacional” y “oligarquías imperialistas”. Los jóvenes obreros o estudiantes a los que se dirige El Militante deben comprender que este grupo con sus gesticulaciones radicales sólo pretende impedirles esa toma de conciencia.
Adalen 20-4-03
1 Hay que distinguir entre Trotski y la corriente trotskista. Trotski fue siempre un militante revolucionario fiel a la clase obrera pese a los serios errores que cometió sobre todo en los años 30, en cambio los que se dicen sus sucesores –las organizaciones trotskistas- le han traicionado totalmente y utilizan sus errores más graves como tapadera para defender una política capitalista: apoyaron la II Guerra Mundial, han apoyado siempre al bando imperialista URSS contra el bando americano; defienden la liberación nacional, el sindicalismo, el parlamentarismo etc. Ver nuestro folleto sobre Trotski y el trotskismo aparecido en francés, así como artículos sobre la cuestión en Revista Internacional números 96 y 103.
2 Manifiesto contra la guerra imperialista, aparecido en el sitio Web de El Militante: www.elmilitante.org [3]. Las citas han sido tomadas de este documento y de No a la guerra imperialista en Irak, hoja repartida en Valencia; ¡Aznar es tan responsable como Bush y Blair de la masacre del pueblo iraquí! y ¡Fuera las tropas imperialistas de Irak!, documentos todos ellos tomados de la Web antes citada.
3 Es, sin embargo, sorprendente que no haya ninguna mención a Alemania que, a fin de cuentas, es quien más se ha opuesto a los planes americanos y es el Estado que ha empujado a Francia y Rusia en su enfrentamiento con USA. ¿Será porque allí hay una coalición rojiverde al frente del gobierno?
4 ¿Un “ejército al servicio de los trabajadores”? ¿Dónde existe esa utopía reaccionaria? En ningún sitio. Para justificar su apoyo a los ejércitos realmente existentes que no pueden ser que enemigos de los trabajadores, El Militante se saca de la manga esa demagogia de un “ejército favorable a los trabajadores”.
5 De su libro La crisis de la socialdemocracia
Enlaces
[1] https://es.internationalism.org/tag/situacion-nacional/espana
[2] https://es.internationalism.org/tag/noticias-y-actualidad/irak
[3] https://field-online.com/
[4] https://es.internationalism.org/tag/corrientes-politicas-y-referencias/trotskismo
[5] https://es.internationalism.org/tag/2/33/la-cuestion-nacional