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¿Deberían los revolucionarios enarbolar la consigna del "derrotismo revolucionario"?

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Ante la gravedad de la situación internacional y la escalada de la barbarie bélica, es responsabilidad de los revolucionarios estimular a la clase obrera a tomar conciencia de lo que está en juego históricamente, a comprender la dinámica del equilibrio de fuerzas entre las clases y sus consecuencias para la lucha, y a reflexionar sobre los objetivos de dicha lucha. Con la perspectiva de defender los principios de la izquierda comunista, surge entonces la pregunta de qué análisis y orientaciones proponen los diversos grupos dentro del ámbito político proletario para orientar la lucha obrera.

La importancia del debate proletario

Las reuniones públicas, como las organizadas por la Tendencia Comunista Internacionalista (TCI) el 7 de marzo y por la CCI el 21 de marzo en París y otras ciudades del mundo, ofrecen foros para el debate proletario donde se pueden comparar los análisis y argumentos de diferentes grupos revolucionarios. Por lo tanto, coincidimos con el siguiente énfasis de la evaluación de la TCI: “Consideramos que estos espacios de discusión, reflexión y debate son esenciales en un período plagado de peligros para la clase trabajadora, no solo para comparar los puntos de vista y opiniones de militantes y simpatizantes de la izquierda comunista, sino también para ofrecer una apertura política a quienes se interesan por las propuestas de las minorías revolucionarias internacionalistas”[1]. En efecto, el debate se desarrolló en un espíritu fraterno no solo entre los grupos proletarios, sino también con los demás participantes,[2] especialmente jóvenes interesados en las posiciones de la izquierda comunista, particularmente en la cuestión central de la guerra y cómo deben responder los revolucionarios y la clase obrera, pues, como enfatizó la TCI, “surgió rápidamente un consenso respecto a la perspectiva catastrófica y bárbara hacia la que nos conduce el capitalismo”[3].

Durante el debate, surgieron diferencias significativas respecto al método de análisis y sus implicaciones para la lucha del proletariado. En la evaluación de la dinámica de la guerra, la mayoría de los grupos presentes afirmó que el mundo se encaminaba “hacia una tercera guerra mundial”, mientras que la CCI, contrariamente a la corriente, sostuvo que “nos dirigimos hacia una proliferación y generalización de conflictos en todo el mundo, en un contexto de creciente caos, que en última instancia amenaza con destruir a la humanidad”. El debate se centró en la pertinencia actual del lema del “derrotismo revolucionario”, es decir, el deseo del proletariado en cada país de ver derrotada a su propia burguesía para facilitar la lucha por su derrocamiento. En realidad, la promoción de este lema revela no solo ambigüedades respecto al auténtico internacionalismo, sino sobre todo visiones erróneas sobre las implicaciones de la dinámica actual del capitalismo y el equilibrio de fuerzas vigente entre las clases.

Un eslogan ambiguo desde el principio…

La consigna del "derrotismo revolucionario" fue ciertamente propuesta por Lenin durante la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, en aquel entonces buscaba “responder a las sofisterías de los ‘centristas’, quienes, si bien se oponían ‘en principio’ a cualquier participación en la guerra imperialista, aconsejaban esperar a que los obreros de los países ‘enemigos’ estuvieran preparados para la lucha contra la guerra antes de instar a los obreros del propio país a hacer lo mismo. Para respaldar esta postura, argumentaban que si los obreros de un país se sublevaban antes que los de los países adversarios, facilitarían la victoria imperialista de estos últimos. Frente a este ‘internacionalismo’ condicional, Lenin respondió con razón que la clase obrera de cualquier país no tenía ningún interés común con su burguesía. En particular, señaló que la derrota de esta última solo podía facilitar la lucha obrera, como había ocurrido con la Comuna de París (tras la derrota de Francia a manos de Prusia) y la revolución rusa de 1905 (derrotada en la guerra contra Japón). De esta observación concluyó que cada proletariado debía desear la derrota de su burguesía. Esta última postura ya era errónea en aquel momento, dado que llevó a los revolucionarios de cada país a exigir para ‘su’ proletariado las condiciones más favorables para la revolución proletaria, mientras que la revolución tenía que tener lugar a nivel mundial, y sobre todo en los grandes países avanzados, que estaban todos involucrados en la guerra.”[4]

Rosa Luxemburgo ya criticaba la postura errónea de Lenin al respecto, aunque ella también sucumbió en ocasiones a la lógica de este tipo de “patriotismo inverso”. No es casualidad, sin embargo, que en su Folleto de Junius concluyera con la consigna mucho más clara del Manifiesto Comunista de 1848: “¡Proletarios del mundo, uníos!”, y no con la consigna del “derrotismo revolucionario”. Además, “con Lenin, la debilidad de esta postura nunca puso en entredicho su intransigente internacionalismo (incluso podríamos decir que fue precisamente su intransigencia la que lo llevó al error). En particular, Lenin nunca tuvo la idea de apoyar a la burguesía de un país ‘enemigo’, aunque esta pudiera ser la conclusión lógica de sus ‘deseos’”[5].

Por otro lado, la visión nacionalista de la revolución contenida en el eslogan del “derrotismo revolucionario” fue posteriormente explotada en numerosas ocasiones “por partidos burgueses revestidos de colores ‘comunistas’, para justificar su participación en la guerra imperialista. Así, por ejemplo, tras la firma del pacto ruso-alemán en 1939, los estalinistas franceses descubrieron repentinamente las virtudes del ‘internacionalismo proletario’ y del ‘derrotismo revolucionario’, virtudes que habían olvidado hacía tiempo y que repudiaron con igual rapidez en cuanto Alemania lanzó su ataque contra la URSS en 1941. Los estalinistas italianos también utilizaron el término ‘derrotismo revolucionario’ después de 1941 para justificar su política de liderar la Resistencia contra Mussolini”[6]. De esto se desprende una lección: “cualquier eslogan dirigido a uno u otro sector del proletariado, atribuyéndole tareas distintas o diferentes a las de otros sectores, es ambiguo y puede fácilmente volverse contra la clase obrera”[7].

Lenin difícilmente volvería a plantear esta consigna después de febrero de 1917, prefiriendo en cambio la de “transformar la guerra imperialista en una guerra civil”. Además, la consigna del “derrotismo revolucionario” contiene otro inconveniente importante, que se puso de manifiesto tras la Primera Guerra Mundial, y que subraya hasta qué punto tiende a dar la espalda al verdadero internacionalismo: “El antiguo esquema del derrotismo revolucionario, que sostenía que la derrota del propio gobierno favorece el desarrollo de la revolución, además de contener una ambigüedad inherente sobre la necesidad de oponerse a todos los gobiernos en una situación de guerra, ha sido refutado de manera demostrable por el hecho de que la división entre naciones vencedoras y derrotadas crea profundas divisiones en el proletariado mundial, como se vio con mayor claridad tras la guerra de 1914-1918”[8].

… una aberración hoy

La dinámica actual del capitalismo global no guarda semejanza alguna con aquella en la que se enarboló por primera vez la consigna del “derrotismo revolucionario”. Hoy, no tiende en absoluto a la formación de bloques con miras a una tercera guerra mundial, ni siquiera a la movilización de decenas de millones de proletarios al frente, sino, por el contrario, a la explosión imperialista del “todos contra todos” y a la proliferación de guerras caóticas y bárbaras, en el marco de una sociedad capitalista en putrefacción. Tampoco nos encontramos ante una profunda derrota física e ideológica para la clase trabajadora, sino en un contexto donde los trabajadores intentan, aunque no sin dificultades, a través de sus luchas económicas, desarrollar su autonomía y conciencia de clase.

El proletariado retoma la lucha y emerge de su letargo, especialmente desde los movimientos que estallaron en Gran Bretaña en 2022 durante el “Verano del Descontento”, bajo el lema “¡Basta ya!”. El impulso generado, que continuó en 2023 en Francia, Estados Unidos y el resto del mundo, marca una ruptura[9] con la relativa pasividad de los últimos treinta años, lo que indica una tendencia a expresar nuevamente un espíritu combativo y un esfuerzo consciente que permite la recuperación gradual de una identidad de clase perdida. Este proceso lento, accidentado y difícil está ciertamente plagado de obstáculos, pero, parafraseando a Trotsky en su Historia de la Revolución Rusa, esto indica “un proceso molecular”, es decir, una tendencia aún en formación, que conduce a una necesaria politización y a la afirmación de una perspectiva a largo plazo de la lucha revolucionaria. En este sentido, la resistencia ante los ataques económicos vinculados a la crisis de sobreproducción, contra la economía de guerra, pero también contra las campañas ideológicas que exigen sacrificios, constituye un verdadero avance, aunque aún frágil. En resumen, lo que está en juego en la dinámica actual y los desafíos que plantea a la clase trabajadora son considerables, pero no son los de una guerra mundial a la que podría responder la consigna del “derrotismo revolucionario”.

En realidad, este marco de análisis defendido por la CCI no es ni extraño ni original. Se refiere al análisis “clásico” desarrollado por Marx y Engels en su época (y en parte por Rosa Luxemburgo), que sostenía que la lucha revolucionaria del proletariado surgiría del colapso económico del capitalismo y no de la guerra entre estados capitalistas: “No, la guerra no crea las condiciones más favorables para la generalización de la revolución. Contrariamente a la tesis sobre la guerra que implica la visión de una progresión extremadamente rápida que sorprende a la burguesía (en el modelo ruso), la revolución emerge, como dijo Luxemburgo en el congreso fundacional del PC alemán, como un proceso largo y doloroso, lleno de falsos comienzos, avances y retrocesos en la lucha. Es en este proceso donde maduran las condiciones para la generalización, la elevación de la conciencia y la capacidad de autoorganización. Los revolucionarios deben dejar de hacer de su impaciencia un punto de referencia y aprender a trabajar a largo plazo, como lo dicta la realidad. […]. Las condiciones para la generalización se pueden encontrar en la crisis misma. La inevitable inmersión del capitalismo en una crisis cada vez más profunda crea la marcha inexorable hacia la generalización de la lucha, la condición para la apertura de la revolución a nivel mundial y para su victoria final”[10].

Desde esta perspectiva, el “derrotismo revolucionario” ya no es simplemente un eslogan erróneo e irrelevante; abre de inmediato la puerta a las posturas izquierdists. De hecho, este eslogan permite a la burguesía y a sus izquierdistas encarnar objetivos imperialistas, a veces combinado con otro eslogan: el de las “luchas de liberación nacional”, una excusa para las empresas imperialistas y las masacres de poblaciones, como durante la Guerra Fría y la primera Guerra del Golfo en 1990, cuando este eslogan permitió a los trotskistas defender el Irak de Saddam Hussein contra la “opresión estadounidense”. Del mismo modo, sigue siendo uno de los eslóganes utilizados para justificar el apoyo nacionalista a la “Palestina oprimida” en el conflicto que enfrenta a la burguesía palestina con la israelí.

Además, la TCI utiliza un léxico similar, aunque ambiguo, si bien lo hace para defender una necesaria “fraternización entre los oprimidos”[11]. Si bien la TCI y el PCI no apoyan a un bando burgués contra otro, abogar por un “derrotismo revolucionario” sobre la base errónea de las diferencias en las situaciones nacionales entre países oculta cualquier distinción clara de los engaños de la izquierda y su contaminado “internacionalismo”. Para estas organizaciones, el uso erróneo del eslogan «derrotismo revolucionario» ilustra el peligro de una aplicación mecánica y ciega de viejas fórmulas del pasado. La TCI y el PCI son incapaces de tener en cuenta en su marco analítico la situación histórica actual, el equilibrio de fuerzas entre las clases que implica y la situación material real de la clase trabajadora, particularmente en los países capitalistas centrales, que los camaradas consideran “todavía fuertemente marcada por el peso de la contrarrevolución”[12].

Si bien la guerra y el militarismo están, sin duda, en el centro de la situación actual, y la defensa del internacionalismo proletario sigue siendo, indudablemente, un principio que debe defenderse, a diferencia del pasado, el desarrollo de la próxima ola revolucionaria no surgirá de una guerra mundial, ni en ningún caso de la confraternización entre los frentes, como se propugnaba en un reciente artículo del PCI[13]. La revolución tiene su origen en la profundización de la crisis económica: “la exigencia burguesa de sacrificios en nombre del fortalecimiento de la maquinaria bélica sin duda encontrará una seria resistencia por parte de una clase obrera invicta. Los movimientos de clase que caracterizan la ruptura reafirman la centralidad de la crisis económica como principal estímulo de la lucha de clases. Pero, al mismo tiempo, la proliferación de la guerra y el creciente costo de la economía de guerra, sobre todo en los principales países de Europa, serán un factor importante en la futura politización de la lucha, en la que la clase obrera podrá establecer un vínculo claro entre los sacrificios exigidos por la economía de guerra y los crecientes ataques a su nivel de vida, e integrar finalmente todas las demás amenazas derivadas de la descomposición en una lucha contra el sistema en su conjunto”[14]. Y en este sentido, la consigna más coherente sigue siendo la del Manifiesto Comunista de Marx: “¡Proletarios del mundo, uníos!”.

WH, 4 de abril.

 

[1] “Balance de la reunión pública del 7 de marzo de 2026”, publicada en francés en Leftcom.org

[2] Los grupos de izquierda comunista presentes: TCI, PCI-El Proletario, PCI-Cuadernos Internacionalistas, la CCI, más un militante de la CNT-SO.

[3] “Acta de la reunión pública del 7 de marzo de 2026”, op. cit.

[4] Véase nuestra Polémica: El entorno político proletario frente a la Guerra del Golfo [1], Revista Internacional 64 (1991). Disponible en inglés y francés.

[5] Ibíd.

[6] Ibíd.

[7] Ibíd.

[8] Informe sobre la lucha de clases para el 26º Congreso de la CCI [2]Revista Internacional 174 (noviembre de 2025)

[9] Véase nuestro artículo Balance de nuestras Reuniones Públicas: ¿Por qué la CCI habla de "ruptura" en la dinámica de la lucha de clases? [3] CCI online septiembre de 2023.

[10] Las condiciones históricas para la generalización de la lucha de la clase trabajadora [4] Revista Internacional 26 (1981). Disponible en inglés y francés.

[11] “Balance de la reunión pública del 7 de marzo de 2026”.

[12] Observaciones introductorias de la TCI a la reunión pública.

[13] PCI, Guerra en Ucrania. La “clara tendencia” en el turbio pantano de la defensa nacional y la realpolitik.

[14] Resolución sobre la situación internacional [5]Revista Internacional 174 (Noviembre 2025)

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Links
[1] https://en.internationalism.org/content/3337/polemic-proletarian-political-milieu-faced-gulf-war [2] https://es.internationalism.org/content/5396/informe-sobre-la-lucha-de-clases-mayo-de-2025 [3] https://es.internationalism.org/content/4997/balance-de-nuestras-reuniones-publicas-por-que-la-cci-habla-de-ruptura-en-la-dinamica [4] https://en.internationalism.org/content/3105/historic-conditions-generalization-working-class-struggle [5] https://es.internationalism.org/content/5374/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-mayo-de-2025 [6] https://es.internationalism.org/en/tag/vida-de-la-cci/intervenciones [7] https://es.internationalism.org/en/tag/2/29/la-lucha-del-proletariado [8] https://es.internationalism.org/en/tag/3/49/internacionalismo