Carta de presentación
Corriente Comunista Internacional a:
30 de agosto de 2024
Queridos camaradas,
Adjuntamos una propuesta de llamamiento de la Izquierda Comunista frente a la enorme campaña internacional de hoy en defensa de la democracia contra el populismo y la extrema derecha. Todos los grupos de la Izquierda Comunista de hoy, a pesar de sus diferencias mutuas, proceden de una tradición política que ha rechazado de forma única las falsas opciones de gobierno que la burguesía utiliza para ocultar su dictadura permanente y para desviar a la clase obrera de su propio terreno de lucha. Por lo tanto, es vital que estos grupos hagan hoy una declaración conjunta como el punto de referencia más fuerte posible para los verdaderos intereses políticos y la lucha del proletariado y una alternativa clara a las mentiras hipócritas de la clase enemiga.
Por favor, respondan rápidamente a esta carta y propuesta. Tengan en cuenta que las formulaciones del llamamiento propuesto pueden discutirse y modificarse en el marco de su premisa principal.
Esperamos sus propuestas.
Saludos comunistas
La CCI
Propuesta de llamamiento
Por la lucha irreductible de la clase obrera contra el despotismo de la clase capitalista
Contra las opciones venenosas del fraude de la democracia burguesa
Durante los últimos meses, los medios masivos del mundo -que son propiedad de la clase capitalista y están controlados y dictados por ella- han estado preocupados por el carnaval electoral que tiene lugar en Francia, luego en Gran Bretaña, en el resto del mundo como en Venezuela, Irán y la India, y ahora cada vez más en Estados Unidos.
El tema predominante de la propaganda sobre los carnavales electorales ha sido la defensa de la fachada gubernamental democrática del dominio capitalista. Una fachada diseñada para ocultar la realidad de la guerra imperialista, la pauperización de la clase obrera, la destrucción del medio ambiente, la persecución de los refugiados. Es la hoja de parra democrática que oculta la dictadura del capital cualquiera que sea el partido -derecha, izquierda o centro- que llegue al poder político en el Estado burgués.
A la clase obrera se le pide que haga la falsa elección entre uno u otro gobierno capitalista, este o aquel partido o líder y, cada vez más hoy en día, que opte entre aquellos que pretenden acatar los protocolos democráticos establecidos del Estado burgués y aquellos que, como la derecha populista, tratan estos procedimientos con un desprecio abierto, en lugar del disimulado, de los partidos democráticos liberales.
Sin embargo, en lugar de elegir un día cada tantos años quién va a "representarlos" y reprimirlos, la clase obrera debe decidir sobre la defensa de sus propios intereses de clase relacionados con los salarios y las condiciones de vida y buscar la consecución de su propio poder político - objetivos que el alboroto sobre la democracia está diseñado para descarrilar y hacer que parezcan imposibles.
Sean cuales sean los resultados de las elecciones, en estos y otros países, la misma dictadura capitalista del militarismo y la pobreza permanecerá y empeorará. En Gran Bretaña, por poner un ejemplo, donde el Partido Laborista de centro izquierda acaba de sustituir a un gobierno tory de influencia populista, el nuevo primer ministro no perdió tiempo en reforzar la participación de la burguesía británica en la guerra entre Rusia y Ucrania y en mantener y agudizar los recortes existentes en el salario social de la clase obrera para ayudar a pagar esas aventuras imperialistas.
¿Quiénes son las fuerzas políticas que defienden actualmente los intereses reales de la clase obrera frente a los crecientes ataques de la clase capitalista? No son los herederos de los partidos socialdemócratas que vendieron su alma a la burguesía en la Primera Guerra Mundial, y junto con los sindicatos movilizaron a la clase obrera para la carnicería de millones en las trincheras. Ni los apologistas del régimen "comunista" estalinista que sacrificó a decenas de millones de trabajadores por los intereses imperialistas de la nación rusa en la Segunda Guerra Mundial. Ni el trotskismo o la corriente anarquista oficial, que, fuera de algunas excepciones, prestaron un apoyo crítico a uno u otro bando en aquella carnicería imperialista. Hoy los descendientes de estas últimas fuerzas políticas se alinean, de forma "crítica", detrás de la democracia burguesa liberal y de izquierda contra la derecha populista para ayudar a desmovilizar a la clase obrera.
Sólo la izquierda comunista, actualmente poco numerosa, se ha mantenido fiel a la lucha autónoma de la clase obrera durante los últimos cien años. En la oleada revolucionaria obrera de 1917-23, la corriente política dirigida por Amadeo Bordiga, que era mayoritaria entonces en el Partido Comunista Italiano, rechazó la falsa elección entre los partidos fascista y antifascista, que habían trabajado conjuntamente para aplastar violentamente el ascenso revolucionario de la clase obrera. En su texto "El principio democrático" de 1922, Bordiga expuso la naturaleza del mito democrático al servicio de la explotación y el asesinato capitalistas.
En los años 30, la Izquierda Comunista denunció tanto a la izquierda como a la derecha, a las facciones fascistas y antifascistas de la burguesía, mientras éstas preparaban el baño de sangre imperialista que se avecinaba. Cuando llegó la Segunda Guerra Mundial, sólo esta corriente fue capaz de mantener una posición internacionalista, llamando a convertir la guerra imperialista en una guerra civil de la clase obrera contra el conjunto de la clase capitalista en cada nación. La izquierda comunista rechazó la macabra elección entre la carnicería de masas democrática o fascista, entre las atrocidades de Auschwitz o de Hiroshima.
Por eso hoy, frente a las renovadas campañas de estas falsas opciones de los regímenes capitalistas para que la clase obrera se alinee o con la democracia liberal o con el populismo de derechas, entre el fascismo y el antifascismo, las distintas expresiones de la izquierda comunista, cualesquiera que sean sus otras diferencias políticas, han decidido hacer un llamamiento común a la clase obrera:
Atrás quedaron los días en que, a pesar de la realidad de este mundo dominado por un sistema de explotación que lleva a la humanidad cada vez más explícitamente a su perdición, los medios de información se obstinaban en difundir un poco de optimismo para adormecer mejor a los explotados sugiriendo razones para esperar un mundo capitalista mejor. Ahora, la acumulación de catástrofes de todo tipo es tal que hace mucho más difícil entrever otra cosa que el infierno en la Tierra. Adaptándose a esta situación, la intoxicación propagandística tiende cada vez más a encerrar la reflexión en esta atmósfera de fin del mundo y hace todo lo posible por desviar a los explotados de la idea de que, precisamente, otro futuro es a la vez indispensable y posible, que está madurando en las entrañas de la sociedad y que será el resultado de la lucha de clases del proletariado, si logra derrocar al capitalismo.
Por dramática y sobrecogedora que sea la situación del mundo, no es inexorable y puede explicarse de otra manera que por las mentiras de aquellos que tienen un interés en la perpetuación del capitalismo: explotadores de la fuerza de trabajo proletaria, politicastros de todos los pelajes, demócratas de izquierda o derecha, populistas o incluso aquellos de extrema izquierda que son la última línea de defensa del capital.
Más que ningún otro modo de producción anterior, el capitalismo desarrolló las fuerzas productivas que hicieron posible, por primera vez en la historia de la humanidad, la edificación de una sociedad libre de necesidades y sin clases sociales: el comunismo. En este sentido representó una etapa progresiva en la historia de la humanidad. La Primera Guerra Mundial -con sus millones de muertos y sus destrucciones como la historia no había conocido antes- significó la entrada de este sistema en una decadencia irreversible cuya perpetuación amenaza cada vez más la existencia misma de la humanidad. Con dos guerras mundiales en su haber y una sucesión ininterrumpida de guerras locales cada vez más mortíferas, ha entrado desde el hundimiento del bloque del Este en 1990 en una nueva y última etapa de su decadencia, su fase final, la de la descomposición general de la sociedad, de su putrefacción desde las raíces.
Sólo a través del marco materialista e histórico de la descomposición, como fase última de la decadencia del capitalismo, es realmente posible aprehender los fenómenos del “fin del mundo” que invaden la sociedad y combatir su causa: la persistencia de la dominación de las relaciones de producción capitalistas que han quedado obsoletas.
La descomposición invade la sociedad en todos los ámbitos: el desarrollo del cada uno para sí o sálvese quien pueda generalizado, la inestabilidad creciente de las estructuras internacionales de “regulación” y de los aparatos políticos, pero también la explosión del consumo de drogas, la delincuencia, el fanatismo religioso, la depresión, los suicidios, etc.[1] y la destrucción del pensamiento racional. La oleada de populismo es en sí misma un producto de esta descomposición, que afecta cada vez más la capacidad de fracciones de la burguesía para asumir “racionalmente” la gestión del capital. Dos artículos de este número de la Revista Internacional lo ilustran[2] “Cómo se organiza la Burguesía (§ “El auge del populismo”: la expresión más espectacular de la pérdida de control de la burguesía sobre su aparato político”)” y “La izquierda del capital no puede salvar un sistema moribundo”.
Más allá de la irresponsabilidad social de la burguesía, la descomposición contribuye a favorecer la degradación acelerada del medio ambiente y por tanto, a la agravación del cambio climático, por el ánimo de lucro que se obtiene echando mano de los recursos naturales; como atestiguan la frecuencia y la amplitud de las catástrofes climáticas en el mundo.
Evidentemente la descomposición de la sociedad no elimina las contradicciones fundamentales del capitalismo; al contrario, no hace sino agravarlas. La crisis económica mundial, de vuelta desde finales de la década de 1960, se agrava inexorablemente y de forma irreversible, con manifestaciones que serán más profundas y desestabilizadoras que durante la recesión de 2008, y que posiblemente batirán todos los récords de la gran crisis de 1929 y 1930 (Lea en este número de la Revista Internacional, “Esta crisis se convertirá en la más grave de todo el periodo de decadencia”)[3]. Pero al mismo tiempo, aunque infrinja nuevos sufrimientos a la humanidad, en particular un considerable refuerzo de la explotación de la clase obrera, al revelar abiertamente la bancarrota del capitalismo, la crisis económica será el fermento de nuevos desarrollos de la lucha de clases y de la toma de conciencia de la clase obrera.
Por otro lado la barbarie guerrera se extiende por todos los continentes de forma incontrolable y cada vez más dramática. La guerra hace estragos actualmente en Ucrania y en la Franja de Gaza en Medio Oriente; la amenaza de un futuro enfrentamiento entre China y Estados Unidos[4] no cesa... Frente a todas las guerras actuales o en gestación, la clase obrera no debe elegir ningún bando y debe defender con firmeza la bandera del internacionalismo proletario en todas partes. Durante todo un período, la clase obrera no podrá alzarse contra la guerra. Por el contrario, la lucha de clases contra la explotación va a adquirir mayor importancia porque empuja al proletariado a politizar su lucha.
No existe otra perspectiva realista para la humanidad, que no sólo se enfrenta a cada una de las calamidades capitalistas que hemos mencionado -descomposición, crisis, guerra, destrucción del medio ambiente- sino que todas estas lacras se entrecruzan e interactúan entre sí en una especie de “efecto torbellino” con efectos más destructivos que la simple suma de esas lacras consideradas aisladamente unas de otras.
Mientras que el polo de la sociedad que representa la perspectiva de la destrucción de la humanidad ocupa todo el espacio mediático, hay otro polo en juego respecto al cual la burguesía se muestra muy discreta: la reanudación de la lucha de clases a escala mundial, cuyo desarrollo representa el único futuro posible para la humanidad. Así, tras las considerables dificultades encontradas por la lucha de clases consecutivas a la explotación política que la burguesía hizo del hundimiento del bloque del Este, el proletariado vuelve a la escena social. Le fueron necesarias tres décadas, a partir de1990, para digerir la repugnante campaña ideológica que, en todos los tonos posibles y a través de los medios de información de todos los continentes, ha insistido en que el hundimiento de los regímenes estalinistas -falsamente identificados con la futura sociedad comunista que es su antítesis- significaba el fin del proyecto de construcción de una sociedad comunista a escala mundial. Esas campañas llegaron incluso a decretar el fin de la lucha de clases, de la clase obrera y de la propia historia. Incluso si durante esos treinta años la clase obrera intentó levantar cabeza a través de ciertas luchas, éstas se vieron considerablemente limitadas por el hecho de que los trabajadores ya no se reconocían como una clase distinta de la sociedad, la principal clase explotada de la sociedad, con un proyecto histórico que le es propio. Pero fue la recuperación gradual por parte de la clase obrera de su identidad de clase lo que hizo posible el surgimiento de las luchas en el Reino Unido, “El verano de la cólera” de 2022, la mayor oleada de huelgas en ese país desde 1979, y que entraña la recuperación por parte del proletariado de su propio proyecto político, el derrocamiento del capitalismo[5] y la construcción de la sociedad comunista.
Los artículos de la prensa de la CCI han ilustrado, acompañado y comentado las expresiones más llamativas de esta renovación de la lucha de clases. Sólo desde la publicación del número 171 de la Revista Internacional, se han producido importantes luchas en Quebec, Suecia, Finlandia, Alemania, Turquía e Irlanda del Norte. Estas luchas son evidentemente el resultado del rechazo creciente de la clase obrera a sufrir la agravación de la explotación y de las condiciones miserables que la acompañan (el “¡Ya basta!” de los trabajadores en Gran Bretaña). Más allá de la conciencia inmediata que puedan tener los trabajadores en lucha, estos movimientos constituyen el principio de una respuesta al infierno en la tierra al que el capitalismo condena a la humanidad.
Como secreción de la lucha histórica del proletariado mundial, la actividad y la intervención de los revolucionarios son indispensables. Y esto es cierto en todos los periodos de la vida de la sociedad, desde el nacimiento del movimiento obrero hasta nuestros días, tanto en el ascenso del capitalismo y el desarrollo del movimiento de los trabajadores como en la decadencia capitalista. Ya sea estando en la vanguardia de la lucha de la clase obrera para darle orientaciones en los periodos revolucionarios, o resistiendo políticamente y muy minoritariamente en los peores momentos de retroceso para salvar y mantener el legado que hay que transmitir. Pero también en todas las situaciones “intermedias”, como la que vivimos actualmente -en las que no hay posibilidad de influencia extensa real en el seno de la clase trabajadora y en las que la actividad de los revolucionarios no puede ser la de un partido- es sin embargo esencial e indispensable en más de un sentido, sobre todo en lo que se refiere a la preparación de las condiciones para el surgimiento del futuro partido.
De hecho, en cualquier circunstancia, la actividad de los revolucionarios dista mucho de limitarse a la producción de prensa o de octavillas y a su distribución, aunque estas tareas sean efectivamente esenciales y muy exigentes. Así, como condición a la realización de la prensa, la organización debe tener la capacidad de aprehender la evolución de la situación mundial a todos los niveles, lo que significa un esfuerzo colectivo permanente de análisis, que puede requerir una vuelta a los fundamentos, para actualizar y enriquecer el marco de análisis. Porque “no puede haber movimiento revolucionario sin una teoría revolucionaria” (Lenin), y porque el mundo no es estático, los revolucionarios deben dar vida a sus posiciones políticas a la luz de la realidad. Así es como, por ejemplo, Lenin, consciente de que se acercaba el momento favorable a la revolución, se comprometió a escribir “El Estado y la revolución”[6], que constituye una continuación y una clarificación de la teoría marxista sobre la cuestión del Estado. Es el mismo tipo de consideración que, en un contexto completamente diferente, había llevado a nuestra organización a hacer un esfuerzo de análisis para comprender, a finales de los años 80, el significado de la acumulación de fenómenos de descomposición de la sociedad, y poner en evidencia que eso no se trataba en absoluto de algo fortuito o normal en la vida del capitalismo, sino que correspondía a una nueva fase de la decadencia del capitalismo, la de su descomposición.
Es este enfoque el que permite a la CCI comprender la dinámica actual de los conflictos imperialistas, no como un enfrentamiento entre dos bloques imperialistas rivales, como era el caso antes del derrumbe de los bloques, sino ante todo como una expresión del cada uno para sí concerniente a cada país imperialista, la búsqueda de su supervivencia en la arena mundial. Mientras que Estados Unidos lucha por su liderazgo mundial, no ha dudado en empujar a Rusia a invadir Ucrania para que quede considerablemente debilitada e incapaz de apoyar a China frente al mismo Estados Unidos.
También este análisis permite a la CCI comprender y defender que, desde la desaparición de los bloques imperialistas, la alternativa histórica ya no es “Revolución Mundial o Guerra Mundial”, siendo ambos términos mutuamente excluyentes, en particular porque un proletariado no derrotado mundialmente es un obstáculo para su reclutamiento para la guerra. Las dos dinámicas antagónicas de la situación actual no se excluyen mutuamente: por un lado, el hundimiento de la sociedad en la descomposición, con la vía a la desaparición de la sociedad y de toda vida humana sobre la tierra en juego, y por otro, el desarrollo de la lucha de clases mundial hasta la toma del poder por el proletariado. Sin embargo, el resultado de las dos dinámicas es exclusivo de una u otra.
En el medio proletario, y ciertamente entre los que buscan posiciones de clase, existen divergencias o interrogantes sobre la forma de plantear la alternativa histórica en la situación actual. Algunas de estas divergencias tienen que ver con el reconocimiento o no de la actual fase de descomposición del capitalismo. La CCI ha desarrollado una crítica del enfoque “materialista vulgar” que subyace al rechazo de la noción de descomposición del capitalismo (Léase “El método marxista, herramienta indispensable para comprender el mundo actual” en el “Informe sobre la descomposición del 25º Congreso de la CCI” y no podemos sino animar a sus críticos, así como a sus defensores, a entablar un debate sobre esta cuestión. Pero ésta no es la única cuestión que debe aclararse con carácter prioritario. En efecto, el desarrollo de las tensiones guerrera exige la mayor claridad y firmeza concerniente a la actitud e intervención en esta situación.
La defensa del internacionalismo proletario tal como es presentado en el Manifiesto del Partido Comunista es irrevocable: “Los proletarios no tienen patria; Proletarios de todos los países uníos”. Sin embargo, frente a los conflictos actuales, en particular el de la Franja de Gaza, existe una tendencia entre los grupos de la Izquierda Comunista (bordiguistas) pero también en el seno de una parte de elementos que comparte cierta proximidad con las posiciones de clase, a dejar de lado la fórmula “Proletarios de todos los países uníos” en favor de fórmulas dudosas que “olvidan” al proletariado de la Franja de Gaza, disolviéndolo en el “pueblo palestino”. Tales confusiones, que deben ser discutidas y combatidas, son muy perjudiciales en la medida en que abren una brecha en los principios que la clase trabajadora debe defender para poder hacer frente al desarrollo de los conflictos guerreros que van a amplificarse en todo el mundo. Sobre esta cuestión, lea nuestros artículos en este número de la Revista: “Praga‘Semana de acción’ : el activismo es una barrera para la clarificación política” y “La lucha contra la guerra imperialista sólo puede librarse con las posiciones de la Izquierda Comunista”.
Desde que existe, la Izquierda Comunista ha asumido una responsabilidad de primer orden en la lucha contra la guerra en distintos momentos clave de la historia denunciando los dos campos imperialistas presentes: durante la guerra de España de 1936, los republicanos por un lado y los fascistas por otro; durante la Segunda Guerra Mundial: Gran Bretaña, Francia, Rusia y Estados Unidos por un lado y Alemania e Italia por otro, en un momento en que el trotskismo se traicionaba a sí mismo defendiendo el campo democrático en España y luego el de Rusia. Sobre este tema, lea nuestro artículo en este número de la Revista “Manifiesto de la Izquierda Comunista a los Proletarios de Europa (junio de 1944)”. Pero desde entonces, los principales grupos de la Izquierda Comunista han rechazado las diversas peticiones de la CCI para adoptar una posición común ante los diversos conflictos que han ensangrentado el mundo desde finales de los años setenta. Ya sea por sectarismo o por oportunismo, como en el caso de la guerra de Ucrania, donde la TCI, rechazando el enfoque propuesto por la CCI, que se inscribe totalmente en el de la Izquierda Comunista, prefirió un enfoque opuesto, amplio y difuso de la demarcación que debe existir entre la Izquierda Comunista que lucha efectivamente contra la guerra y el conjunto de un medio formado por los que se oponen circunstancialmente a tal o cual guerra (Lea el artículo de este número de la Revista “La lucha contra la guerra imperialista sólo puede librarse con las posiciones de la Izquierda Comunista”. En estas circunstancias, solo un reducido número de grupos de la Izquierda Comunista asumió esta responsabilidad internacionalista. Lea “Dos años después de la declaración común de la Izquierda Comunista sobre la guerra en Ucrania”.
Sylunken (20/07/2024)
[1] Lea nuestras Tesis sobre la Descomposición “La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo”. Revista Internacional 107. TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [4]
[2] Véase también El auge del populismo es producto de la descomposición del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [5]
[3] Lea también el siguiente artículo de este número de esta Revista: “Esta crisis está llamada a convertirse en la más grave de todo el período de decadencia”.
[4] Lea el artículo sobre las tensiones imperialistas de este número.
[5] Sobre este tema, léase Tras la ruptura en la lucha de clases, la necesidad de politización de las luchas | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [6]
[6] Sobre este tema, léase nuestro artículo “El Estado y la revolución” (Lenin)- Una brillante confirmación del marxismo (Revista Internacional 91), II - «El Estado y la revolución» (Lenin) - Una brillante confirmación del marxismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [7]
Recientemente, algunos camaradas cercanos a la CCI se reunieron con la organización para discutir algunas de las cuestiones más fundamentales para los revolucionarios sobre la posibilidad real y la necesidad material del comunismo. El carácter «básico» del tema es una razón más para su continua discusión consciente por parte de quienes se acercan a la militancia. Camaradas viejos y jóvenes y de todo el mundo participaron con verdadera intención militante, mostrando la importancia universal de estas cuestiones para el proletariado y sus revolucionarios. Este tipo de debates internacionales fraternales y ricos son la savia de la minoría revolucionaria, y en un periodo en el que los revolucionarios permanecen generalmente aislados y son poco numerosos, ofrecen oportunidades vitales para la clarificación política.
El debate se dividió en tres puntos:
1. ¿Por qué es posible y necesario el comunismo?
2. ¿Cuáles son las dudas y objeciones más comunes?
3. ¿Cómo podría ser una sociedad sin clases en el futuro?
El comunismo como idea ha existido a lo largo de casi toda la historia de la sociedad de clases, con descripciones de una sociedad ideal libre de opresión y desigualdad evidentes desde la antigua Grecia. Sin embargo, sólo hoy el comunismo se convierte en una posibilidad real.
Toda la historia de la sociedad de clases representa sólo una pequeña fracción de la historia de la humanidad. Durante varios millones de años, los primeros homínidos y, finalmente, los humanos modernos vivieron en lo que Marx denominó «comunismo primitivo». Sólo con el desarrollo de la agricultura y la adopción de un estilo de vida sedentario, los excedentes productivos condujeron al crecimiento de la división del trabajo y la propiedad y a la aparición de las primeras sociedades de clases.
En los milenios posteriores se han sucedido diversos sistemas de explotación, cada vez propiciados por la victoria de una clase nacida en la sociedad anterior. Históricamente, esta clase siempre fue una clase explotadora y propietaria cuyo objetivo revolucionario sólo podía ser el establecimiento de un nuevo sistema de explotación. Así, en el mundo antiguo, no eran los esclavos explotados -incapaces en ese momento de cuestionar el propio sistema de propiedad privada- sino la nobleza rural la que representaba el futuro. Del mismo modo, en el feudalismo, era la burguesía urbana la que albergaba en su seno la próxima sociedad como clase revolucionaria.
Aunque esta burguesía -hoy la clase dominante- hace todo lo posible por negarlo, el capitalismo tiene su propia historia y no es menos pasajero que estos sistemas de explotación del pasado. Desde sus inicios en la Europa medieval tardía hasta principios del siglo XX, la expansión mundial estuvo a la orden del día para el capitalismo. El estallido de la Guerra Mundial en 1914 fue un reparto imperialista que demostró que el periodo de ascenso del capitalismo había terminado. El mundo estaba unido en un sistema global -lo que significaba que las guerras burguesas ya no podían tener ningún papel expansivo y, por tanto, progresivo- y el desarrollo de las fuerzas productivas era tal que la producción para la necesidad y no para el beneficio era una posibilidad real. El proletariado también se convirtió en una clase global, cuyos intereses son sus propios intereses de clase y no los de la sociedad capitalista.
Mientras que en las sociedades del pasado el comunismo no podía ser más que un vago sueño, el capitalismo ha sentado hoy las bases materiales para su establecimiento, convirtiéndolo no sólo en una posibilidad real, sino en la única alternativa posible a la barbarie del capitalismo, que amenaza cada vez más la supervivencia misma de la humanidad. Esta clara comprensión de lo que hoy hace posible y necesario el comunismo diferencia al marxismo de los anarquistas que afirman que siempre fue una posibilidad dependiente de la agitación de los individuos.
Frente a los rechazos más frecuentes del comunismo -que es imposible que se produzca debido a la codicia inherente a la «naturaleza humana»; que en una sociedad sin dinero no habría incentivos para trabajar o innovar, o que la revolución comunista sólo podría conducir a las sociedades de la antigua URSS o la China actual-, los camaradas afirmaron algunos de los fundamentos de la perspectiva marxista: que el comportamiento humano es aprendido y reproducido socialmente y, por tanto, no se basa en una naturaleza humana que permanezca constante sea cual sea el periodo histórico; y que los seres humanos no son intrínsecamente más codiciosos o hambrientos de poder de lo que necesitan ante la amenaza del hambre como motivación para trabajar o innovar.
Los participantes coincidieron en otro punto planteado en el debate: que la campaña ideológica, antaño dominante, que presentaba el colapso de la URSS como la «muerte del comunismo» y «el fin de la historia» no tiene tanto peso para los jóvenes de hoy como lo tenía hace 30 años. La «victoria del capitalismo» no inauguró una era de paz y prosperidad, sino sólo una nueva fase de la espiral de muerte del capitalismo, caracterizada por conflictos imperialistas cada vez más caóticos e impredecibles, una crisis ecológica cada vez peor y ataques cada vez mayores contra la clase trabajadora. Hoy en día, muchos jóvenes son muy conscientes de las amenazas que se ciernen sobre la existencia misma de la humanidad.
Aunque la discusión de estos reproches comunes al comunismo es importante -los revolucionarios deben estar siempre preparados para presentar claramente sus ideas-, sólo a través de la lucha de la clase obrera puede demostrarse la necesidad de la revolución y la posibilidad real del comunismo.
Durante esta sección final del debate, los camaradas advirtieron del peligro de caer en la trampa de preparar «recetarios para el futuro» y olvidar así que el comunismo es, ante todo, la culminación de la lucha del proletariado y la alternativa necesaria al futuro de destrucción ecológica y militar que nos ofrece la burguesía. Sin embargo, es posible utilizar los métodos que los revolucionarios, entre ellos Marx y Engels, emplearon en el pasado para esbozar algunas breves líneas de lo que podría ser la vida.
Todos los participantes estuvieron de acuerdo en que muchas lacras que hoy pueden parecer omnipresentes e insuperables desaparecerían en ausencia de la sociedad de clases en la que se desarrollaron y de la que extraen su fuerza vital fundamental: el racismo, el patriarcado, la homofobia, la transfobia pasarían sin duda a la historia. Del mismo modo, las naciones, los Estados y las guerras entre ellos dejarían de existir en una sociedad sin clases.
En su lugar se establecerá una sociedad de producción para las necesidades humanas, no de intercambio. El trabajo se convertirá en la principal necesidad de la vida en una sociedad libre de la división del trabajo y de la propiedad privada, que obliga a los trabajadores a trabajar durante décadas en disciplinas exclusivas y muy específicas. En contraste con la anarquía de la producción capitalista y sus absurdos desde el punto de vista de la supervivencia de la humanidad, los productos de este trabajo ya no aparecerían, como decía Marx, como una fuerza ajena sobre los productores, sino que estarían plenamente controlados a escala global por toda la humanidad y orientados a la satisfacción de las necesidades humanas.
Además, la organización geográfica de la humanidad, hoy dictada por las necesidades de la sociedad de clases, será totalmente distinta en el comunismo, lo que hará desaparecer la oposición entre la ciudad y el campo. Las mega ciudades actuales de 20 millones de habitantes o más sólo pueden dar paso a distribuciones de población más sustentables. Esto, junto con una relación transformada entre los seres humanos y los animales, y una aplicación de los modernos avances médicos científicos sin los obstáculos del capitalismo decadente, bien podría relegar al pasado las pandemias masivas de la sociedad de clases.
Pero el comunismo no será una utopía: la humanidad seguirá enfrentándose a muchas cuestiones difíciles. La actual crisis ecológica en espiral, por ejemplo, seguramente marcara cómo viviremos durante siglos o milenios. Además, la burguesía empleará sin duda toda su capacidad militar para preservar su sociedad podrida. La guerra revolucionaria contra tal enemigo sólo puede resultar en una destrucción catastrófica, pero tal destrucción catastrófica es hoy el modo de vida del capitalismo. Así pues, aunque estas cuestiones serían sin duda algunas de las primeras a las que se enfrentaría un proletariado victorioso, sólo ese proletariado y el futuro sin clases por el que lucha tienen la capacidad de plantear soluciones reales.
Es evidente que hay muchos aspectos de estas cuestiones que no podrían tratarse en un solo debate. Sin embargo, esto sólo demuestra una vez más la importancia de que los revolucionarios sigan dedicando tiempo a estos temas.
L y N, junio de 2024
Tras la muerte por apuñalamiento de tres niños en Southport el 29 de julio, elementos de extrema derecha utilizaron las redes sociales para explotar la situación. Difundiendo información falsa y rumores, se aprovecharon inmediatamente de este terrible crimen, señalando como chivos expiatorios a los inmigrantes. Los ataques racistas se intensificaron rápidamente en el Reino Unido entre el 30 de julio y el 5 de agosto, teniendo como objetivo los lugares donde se alojan solicitantes de asilo y abogados de inmigración, mezquitas y tiendas pertenecientes a inmigrantes.
Los disturbios se extendieron por más de 35 localidades, incluidas ciudades y pueblos de Irlanda del Norte. Aunque hubo una clara influencia ideológica de la Liga de Defensa Inglesa (ahora oficialmente disuelta), las manifestaciones no se organizaron de forma centralizada, sino que surgieron a través de las redes de extrema derecha existentes en Internet. Fueron los peores disturbios desde 2011 y pusieron de manifiesto las profundas divisiones existentes en la sociedad británica.
Esta oleada de ataques racistas no es un caso aislado. En los últimos años, la retórica anti-migrante y los delitos motivados por el odio se han hecho cada vez más frecuentes en el Reino Unido. Tales erupciones se han convertido también en un fenómeno mundial. En muchos países del mundo, de Chile a Kirguistán y de Suecia a la India, se están produciendo ataques brutales contra inmigrantes y refugiados por parte de turbas violentas compuestas en su mayoría por los sectores socialmente más desfavorecidos de la población.
- En Chemnitz (Alemania), los días 26 y 27 de agosto de 2018, dos días de manifestaciones violentas de extrema derecha degeneraron en la persecución de personas que se creía que eran migrantes. Una turba enfurecida de 8,000 personas ondeando banderas alemanas, y algunas realizando saludos nazis, se abrió paso por las calles, cazando en manada, atacando a transeúntes de piel oscura e incitando a otros individuos a unirse a la acción. Este ataque, en respuesta al apuñalamiento mortal de un alemán a manos de un inmigrante sirio, expresó el resurgimiento del odio y el espíritu de pogromo.
- En Turquía, el 30 de junio de 2024 marcó el comienzo de tres noches de odio y ataques racistas contra los refugiados sirios y sus propiedades. En Kayseri, el resentimiento inicial se convirtió en un pogromo, en el que se incendiaron viviendas de refugiados, se destrozaron y quemaron vehículos, se saquearon y dañaron comercios, todo ello acompañado de consignas contra los refugiados. En los días siguientes, los ataques se extendieron a otras ciudades, donde los sirios fueron de nuevo aterrorizados. En Antalya, un sirio de 17 años murió y dos de sus amigos resultaron gravemente heridos. El motivo de estos atentados fue totalmente inventado.
- En septiembre de 2019, inmigrantes dentro de Sudáfrica fueron brutalmente atacados y sus propiedades destruidas por ciudadanos locales en varias ciudades y provincias del país. Los ataques comenzaron en forma de manifestación con cánticos que exigían que los extranjeros regresaran a su lugar de origen. Durante la manifestación, las turbas empezaron a saquear propiedades, destruyendo e incendiando negocios propiedad de inmigrantes africanos. También atacaron a quienes intentaban proteger o impedir el saqueo o la destrucción de sus comercios. Como resultado de estos ataques, doce inmigrantes africanos murieron y miles resultaron heridos.
La escalada de ataques contra inmigrantes, árabes y personas negras no se está produciendo de forma aislada: es el resultado de años de políticas y lenguaje racistas propagados por políticos de partidos tanto de derecha como de izquierda. La clase dirigente siempre ha jugado la carta racista cuando le ha convenido. Pero los populistas y la extrema derecha son siempre los portavoces más virulentos y brutales de la retórica anti-migrante, presentando al "otro" como una amenaza para el bienestar de la población autóctona. El odio profundamente arraigado que alimentan contra ellos encuentra un terreno cada vez más fértil en una sociedad capitalista que se pudre de raíz.
Según esta visión distorsionada del mundo, los inmigrantes son responsables del sufrimiento de todos los demás. Este chivo expiatorio implica un acto de deshumanización, en el que el discurso de extrema derecha y populista presenta a los refugiados como una especie alienígena. Marine Le Pen, de Rassemblement National (Agrupación Nacional), por ejemplo, ha comparado la afluencia de refugiados a Europa con la invasión de bárbaros. Laurence Fox, del partido Reclaim[[1]]sugirió que los musulmanes son invasores. Jarosław Kaczyński, líder del partido polaco Ley y Justicia, advirtió de que los inmigrantes podrían traer todo tipo de plagas. Donald Trump ha dicho que la mayoría de los inmigrantes procedentes de México son violadores, narcotraficantes y delincuentes.
La burguesía también utiliza los disturbios para legitimar la ampliación y el refuerzo de su aparato represivo. El jefe de la Federación de Policía (los sindicatos de agentes de policía) del Reino Unido utilizó los disturbios para pedir que se dieran más poderes a la policía. Tras los disturbios, el gobierno británico anunció medidas policiales para combatir a la extrema derecha, incluida la creación de un "ejército permanente" de agentes de policía especializados que podrían ser desplegados rápidamente en zonas de disturbios y violencia generalizados de extrema derecha. Pero como decíamos en un artículo anterior "¡No al divide y vencerás! Nuestra única defensa es la lucha de clases [12]![[2]]": Las medidas de refuerzo de la represión se utilizarán inevitablemente contra las futuras luchas de la clase obrera.
Este crecimiento de la retórica anti-inmigración está ligado al creciente número de desplazados que huyen a las regiones más seguras del mundo, así como a la incapacidad de las burguesías nacionales para organizar su acogida e integración en el país de llegada. Pero también es importante señalar que al Estado le resulta cada vez más difícil contrarrestar la mentalidad de “sálvese quien pueda” en la sociedad, la fragmentación y la profunda erosión de la cohesión social. En tales condiciones, el descontento se expresa a menudo más fácilmente a través de la violencia indiscriminada, que sirve de válvula de escape a los habitantes de las regiones más afectadas por los fenómenos de descomposición.
Junto a todo esto tenemos la indignación generalizada que despierta el trato inhumano que reciben los inmigrantes, y que se traduce en movilizaciones para hacer frente al problema: manifestaciones que denuncian las políticas racistas del gobierno y de los partidos políticos, acciones de minorías para defender las viviendas de los inmigrantes o bloqueos para impedir la expulsión de los inmigrantes. Sin embargo, ciertos sectores de la burguesía seguirán intentando convertir esta indignación en una defensa de la democracia burguesa, señalando la supuesta amenaza de las organizaciones de extrema derecha o fascistas.
La etiqueta "fascista", aplicada a las organizaciones que llaman a realizar, y en algunos casos, llevan a cabo ataques racistas, pretende movilizar a la población, incluidos los trabajadores, contra la amenaza que las organizaciones de extrema derecha representan para la democracia. Frente a la llamada amenaza fascista, los partidos políticos, desde la derecha moderada hasta la extrema izquierda, suelen trabajar juntos para movilizar a la población detrás del Estado burgués.
Una maniobra de este tipo se llevó a cabo a principios de 2024 durante las manifestaciones en Alemania en reacción a Alternativa para Alemania y el Movimiento Identitario, que habían debatido un plan de deportación masiva de solicitantes de asilo. Ante la llamada a la movilización de una alianza de movimientos de derechos civiles, sindicatos y partidos políticos, cientos de miles de personas salieron a la calle para protestar, apoyadas activamente por la mayoría de las organizaciones de izquierda durante tres fines de semana consecutivos contra lo que el canciller alemán, Olaf Scholz, había calificado de "ataque a nuestra democracia".
Estas movilizaciones contra el racismo se quedan en el plano de las luchas parciales o "monotemáticas", que "se manifiestan primordialmente en el plano superestructural, sus reivindicaciones se centran en sujetos que no cuestionan los fundamentos de la sociedad capitalista, aunque puedan señalar con el dedo acusador al capitalismo" [[3]].
Cuando la cuestión no tiene que ver abiertamente con una reivindicación de derechos democráticos, las fuerzas políticas de la clase dominante harán todo lo posible para impedir que los trabajadores establezcan el vínculo crucial entre la lucha contra el racismo y todas las formas de segregación o explotación (contra las mujeres, los homosexuales, etc.) y la lucha histórica de la clase obrera. El objetivo es siempre desviar la cuestión hacia el terreno de los derechos democráticos y la peligrosa ilusión de que el Estado burgués puede dar una respuesta a todos estos atropellos criminales. Contrariamente a lo que afirman los grupos de la izquierda burguesa, la lucha antirracista nunca puede ser el comienzo de una lucha contra el sistema capitalista.
La democracia es sólo una expresión de la dictadura del capital. La lucha por la democracia no resuelve el problema del racismo en la sociedad y sólo conduce a la continuación de la explotación y la dominación capitalistas. Pero la burguesía aprovecha cualquier oportunidad para desviar a la clase obrera de la lucha en su propio terreno y llevarla a un callejón sin salida. Se trata de una maniobra deliberada, como ocurrió con las movilizaciones de principios de año en Alemania, para desviar a los trabajadores de la lucha de clases, que es el único terreno en el que puede expresarse una verdadera solidaridad con los miserables del planeta.
La clase obrera británica tiene una rica historia; estuvo en el origen del movimiento obrero internacional y luchó por la unidad internacional de todos los trabajadores, cualquiera que fuera su origen.
- El 31 de diciembre de 1862, miles de trabajadores se reunieron en Manchester y fueron los primeros en expresar su simpatía por los estados del norte de Estados Unidos y en pedir al presidente Lincoln la abolición de la esclavitud.
- En 2022-2023, trabajadores de todos los colores, religiones y etnias lucharon juntos para defender sus condiciones de vida frente a la crisis del coste de la vida.
- En agosto de este año, cuando casi el 20% del personal del NHS (Servicio Nacional de Salud) es de origen no británico, hubo muestras de solidaridad con los trabajadores sanitarios inmigrantes, que son los más vulnerables en el desempeño de sus funciones.
Este tipo de luchas son la clave para superar el racismo y todas las demás divisiones venenosas de la sociedad.
Dennis, 5 de septiembre de 2024
[1] El Reclaim Party es un partido populista de derecha del Reino Unido que fue fundado por el ex actor Laurence Fox en 2020.
[2] Disturbios racistas en Gran Bretaña. ¡No al divide y vencerás! ¡Nuestra única defensa es la lucha de clases!, CCI agosto 2024
[3] Informe sobre la lucha de clases internacional al XXIV Congreso de la CCI [13], Revista Internacional 167.
Aparecido en 1990 como el “candidato sorpresa” derroto a Mario Vargas Llosa, ya respaldado por las expresiones más conocidas de la pequeña burguesía (pequeños y medianos empresarios, intelectuales universitarios, Iglesia evangélica, Apristas[1] e izquierdistas).
Pero, la llegada al poder de un gobierno del estilo de Fujimori en los años 90, basada en el cinismo, en ataques brutales en contra la clase trabajadora, en la extensión de la miseria, en el terror de Estado, en la corrupción generalizada, en la prevaricación y la concentración absoluta del poder, no se puede entender sin considerar el marco global de la evolución mundial del capitalismo y el período histórico, que está marcado por la disolución de la política de los bloques imperialistas. Lo cual es una expresión no sólo de su decadencia, sino del hundimiento del capitalismo en su propia putrefacción debido a la acumulación de todas sus contradicciones, y que lo ha llevado a un callejón sin salida, que no se puede escapar ni resolver. Solo la fuerza del proletariado a nivel mundial puede imponer una alternativa a la descomposición: la abolición de la explotación y la construcción de la sociedad comunista.
Con Fujimori en el poder por 10 años, el Estado, sin renunciar a sus formalidades democráticas, tomó como pretexto la subversión de los grupos maoístas y guevaristas (Sendero Luminoso y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru), para desarrollar un estilo de gobierno en el que combina una política económica implacable, con una feroz represión militar y paramilitar sobre el proletariado, pero a la vez otorgó alegremente dádivas y financió obras públicas por doquier a fin de ganar votos. Y vaya que le resultó. La burguesía peruana vio que era el “hombre del momento”, el “Chino salvador de la patria” y le dio todo el apoyo a su gobierno de “Reconstrucción nacional”.
Recordemos que Fujimori llega al poder con el apoyo del imperialismo estadounidense y del Japón, los cuales, junto al BM y el FMI acordaron diseñar un “Plan Marshall” para “rescatar” y “estabilizar la economía peruana luego del cataclismo gobierno Aprista. Dinero fresco, cancelación de parte de la deuda externa y créditos a cambio de implementar una oleada salvaje de privatizaciones en los principales sectores productivos (pesca, gas, petróleo, teléfonos) hecho que beneficio a los capitalistas peruanos quienes aliados con capitales chinos, americanos y europeos desataron un monumental festín de compras y de ganancias como no se veía desde los tiempos de Velasco Alvarado en los años 60.
La clase obrera en ese momento, venia aletargada por la traumática experiencia de la subversión y la contra subversión, encontrándose “entre dos fuegos”. Los trabajadores estaban postrados, las luchas aisladas y el miedo a ser desaparecido o simplemente baleado en cualquier calle paralizaba y mermaba su espíritu de combate. El proletariado había pagado una alta cuota de sangre en esa guerra entre las bandas guerrilleras y las fuerzas armadas del Estado burgués. Fujimori dio el puntillazo final a esa penosa situación: en agosto del 90 desató el llamado “Fujishock” que elevo brutalmente los precios de los alimentos. Le siguieron los despidos masivos en las empresas privatizadas, el congelamiento de los salarios, la criminalización de las protestas. A la vez que se golpeaba a la clase obrera haciéndole pagar las consecuencias de la crisis, Fujimori supo utilizar a la izquierda del capital, integrando a miembros del aparato de izquierda al frente de ministerios. A la vez que apuntaló a la estructura sindical, otorgando una ley que facilitaba la formación de sindicatos hasta en la más pequeña empresa. Mostrando su carácter servil, la Federación de Construcción Civil le hicieron inaugurar su nuevo local en Lima. Todo este asqueroso acomodamiento de la izquierda con el fujimorismo, hoy lo oculta todo el izquierdismo y sus variantes ONGs, partidos, sindicatos, colectivos, frentes, etc.
Entonces la clase obrera con 10 años de gobierno fujimorista recibió la mayor dosis de ataques económicos, sociales e ideológicos. Ha sido un periodo muy oscuro para el proletariado en Perú, un terrible periodo donde no pudo desarrollar su conciencia. Hasta ahora ha dejado secuelas, que se muestran en la falta de reacción de la clase obrera, presentando luchas a cuenta gota, con un bajo nivel político, en comparación con sus hermanos de clase de otros países. Entendemos que el desarrollo de la conciencia no es lineal ni homogéneo sin embargo el fujimorismo es y ha sido un peso negativo enorme sobre la conciencia de los trabajadores y por eso hoy la burguesía le rinde honores.
Muerto Fujimori, deja como herencia el partido de su hija: Fuerza Popular que aspira a ser gobierno el 2026 y del que hoy depende para no caer la presidenta Dina Boluarte. Este partido es la expresión mejor organizada de la burguesía peruana. Manda en el Parlamento y cuenta con comités en Lima y provincias. A punta de recuerdos, dadivas y asistencialismo ha logrado colocarse como el favorito en las encuestas. Posee experiencia en el arte de las componendas, el manipuleo y la falta de escrúpulos. Por eso mismo cuenta con el apoyo de un vasto sector de la burguesía peruana que se benefició en los 90 y está hoy presente en los sectores de la Agroindustria, las AFP, los empresarios madereros, entre otros. Pero como sabemos la burguesía no las tiene todas consigo. Tiene muchas dificultades para controlar el juego político tal como sucedió con el triunfo de Castillo y Perú Libre en el 2021. Nuestro enemigo sabe que puede dispararse en las preferencias otro candidato tal como el nacionalista Antauro Humala (una suerte de Bukele de izquierda). En cualquier caso, el 2026 se avizora como un nuevo enfrentamiento derecha vs izquierda (Keiko Fujimori vs Humala). En otras palabras el fujimorismo sigue sin Alberto Fujimori, como fenómeno de la política burguesa en el Perú, un partido representado hoy por Fuerza Popular, que se juega su existencia en las próximas elecciones del 2026, si este logra resultados negativos en las elecciones presidenciales una vez más, el partido de Fujimori quedara muy debilitado y posiblemente continúen las fricciones en otros ámbitos de la política como en el congreso u otras instituciones del Estado donde tienen y seguirán teniendo presencia, alimentando el juego político y la propia inestabilidad política del país.
La clase obrera no tiene nada que ganar el circo electoral que la burguesía alegremente viene preparando bajo la mesa, adornándolo con los honores a Fujimori. Recordémoslo: en las elecciones del 2026 solo habrá un ganador: la burguesía.
Hemos señalado que el proletariado en el Perú tiene muchas debilidades, debido entre otras cosas a años de Fujimorismo, pero debemos insistir que los trabajadores deben seguir luchando contra su explotación y contra los ataques de la burguesía y de su Estado. De este modo, podrán reforzar la conciencia de su identidad de clase y la necesaria autonomía de su lucha , desarrollando una autentica solidaridad de clase, como arma frente a su enemigo histórico, sea este de derecha, izquierda o se presente como una alternativa siguiendo el ideario populista. Hay un retroceso enorme en la clase en relación a su conciencia que por años se ha encontrado entre dos fuegos: El terrorismo de las guerrillas y el terror de Estado, no obstante, la degradación de la vida de los explotados, será el detonante que empuje a la reflexión y a la movilización de la clase obrera en Perú, como lo han hecho los trabajadores en Gran Bretaña en 2022 y se han extendido, los dos últimos años a Francia, España, Estados Unidos, Canadá… después de todo, la miseria y explotación que impone el capitalismo no pueden esconderse eternamente en la ilusión que la burguesía construye con las urnas y las campañas sobre la democracia.
Internacionalismo Perú, 23 de setiembre de, 2024
[1] Partidarios de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), fundada en 1924 por Haya de la Torre y un grupo de estudiantes nacionalistas que se reclamaban de la lucha contra la dependencia del país frente a la creciente influencia del imperialismo nordamericano y por “la lucha unitaria de los pueblos de raza indígena en America Latina” .
Además de la tragedia de los conflictos bélicos cada vez más sangrientos que alimentan y avivan en todo el mundo, las grandes potencias se ven afectadas ellas mismas por convulsiones políticas cada vez más brutales.
En este sentido, la situación en Estados Unidos es emblemática: mientras Trump es una caricatura del egocentrismo y la irresponsabilidad, promoviendo abiertamente sus mezquinos intereses de camarilla en detrimento de los del capital nacional, el conjunto de la burguesía estadounidense, incluidas sus fracciones más “responsables”, se ve afectada por una epidemia de “cada cual por su lado” a través de la cual los distintos partidos de la clase dominante son cada vez menos capaces de cooperar. La tentativa de asesinato del candidato del Partido Republicano y la forma en que Joe Biden, el tembloroso presidente, se aferró desesperadamente a su candidatura, comprometiendo seriamente la victoria de su campo, son símbolos llamativos de esta tendencia a la desintegración y al caos en el seno mismo del aparato del Estado que se supone debe garantizar la cohesión de la sociedad.
La incapacidad, hasta ahora, de las facciones dominantes de la burguesía estadounidense para inhabilitar a Trump, a pesar de los numerosos intentos judiciales y financieros, sólo ha servido para exacerbar las tensiones entre los diferentes campos políticos, y sobre todo, la intensificación del espíritu revanchista de los partidarios de Trump y el ensordecedor bombo mediático sobre el “peligro” que Trump y su camarilla representarían para la “democracia estadounidense”.
Los dos bandos afrontan las elecciones con incertidumbre, sobre todo porque, desde la dimisión forzada de Biden y a pesar de los temores de una implosión del campo demócrata, Kamala Harris ha sido objeto de un apoyo masivo, lo que le ha permitido enfrentarse rápidamente a Trump en los sondeos. El carácter indeciso de los resultados acentúa la violencia de los enfrentamientos y las dificultades para controlar el juego electoral.
Como resultado de todo ello, las instituciones del Estado norteamericano están siendo fuertemente sacudidas por una gran desestabilización que, dado el lugar que ocupa Estados Unidos en la arena imperialista mundial, no puede quedar sin consecuencias para todo el planeta. El resultado de este enfrentamiento entre Demócratas y Republicanos sigue preocupando a las cancillerías de todo el mundo, que ya no saben qué rumbo tomar. Estas elecciones infunden profunda inquietud sobre el curso de los conflictos militares, en particular en Ucrania y Oriente Medio.
Pero más allá de los resultados inmediatos de noviembre, el nivel de tensión en el seno de la burguesía de la superpotencia estadounidense va a incrementarse desestabilizando aún más las relaciones entre todas las potencias imperialistas del planeta.
Aunque la situación política en Estados Unidos tiene un gran impacto en todos los continentes, está lejos de ser un caso aislado. Al contrario, es una continuación de la ola populista mundial, producto puro de la descomposición del sistema capitalista, donde triunfan las concepciones burguesas más retrógradas, divisionistas e irracionales. El auge del populismo en Europa se confirmó ampliamente durante las elecciones europeas, acelerando el proceso de desestabilización del “viejo continente”, que sólo puede aumentar en el futuro.
Pero la ola populista es sólo la forma más espectacular de un proceso mucho más amplio de desintegración y caos creciente en el seno de la burguesía europea. En Francia, la disolución de la Asamblea Nacional ha llevado a una situación política cada vez más incontrolable. El matrimonio forzado de la pareja francoalemana se tambalea y el propio canciller Scholz está políticamente debilitado por el aumento de popularidad de la Alternativa para Alemania (AfD), sobre todo en el este del país. En Gran Bretaña, el Partido conservador se ha hundido y el partido populista Reforma de Farage ha logrado un avance electoral sin precedentes, mientras que los disturbios protagonizados por grupos de extrema derecha están dando lugar a contramanifestaciones que reflejan una situación también cada vez más polarizada y caótica. La desestabilización y el debilitamiento de los Estados europeos ya está empezando a repercutir en la situación mundial, especialmente en el frente ucraniano y en Europa del Este, así como en el inextricable caos del África subsahariana.
La clase obrera se enfrenta a la profundización de la crisis económica del capitalismo, al desempleo, a la precariedad laboral, a los recortes presupuestarios y a la inflación descontrolada. En este contexto de grave deterioro, frente a las tensiones y enfrentamientos imperialistas en todos los frentes, los gobiernos se ven obligados a aumentar sus ya colosales gastos militares, lo que sólo puede profundizar las deudas y aumentar los recortes y ataques presupuestarios.
Frente a la austeridad, el proletariado ya ha comenzado a responder en todo el mundo, como fue el caso de las vastas luchas en Gran Bretaña desde junio de 2022 hasta la primavera de 2023, durante el movimiento en Francia contra la reforma de las pensiones en 2023 o durante las huelgas en Estados Unidos en la función pública en California o en la industria del automóvil en 2023. Aún hoy, las movilizaciones son numerosas: huelgas de ferroviarios en Canadá durante el verano, huelgas masivas en Samsung en Corea del Sur, amenaza de paros masivos en los sectores del automóvil y la aviación en Estados Unidos...
Estas luchas empiezan a desarrollar poco a poco el sentimiento de pertenecer a una misma clase, de ser víctima de los mismos ataques y de luchar unida y solidariamente. Pero esta ruptura con el pasado tras décadas de estancamiento sigue marcada por debilidades y preguntas: ¿Cómo podemos escapar del corporativismo en el que nos están atrapando los sindicatos? ¿Cómo luchar y ser más fuertes?¿Qué tipo de sociedad queremos?
La descomposición de la sociedad burguesa y la desestabilización de los aparatos políticos de la burguesía no suponen actualmente ninguna ventaja para la lucha de la clase obrera. La burguesía pretende explotar todos los fenómenos y miasmas de la descomposición para explotarlos ideológicamente y dirigirlos contra el proletariado. Ya lo está haciendo a gran escala con las guerras, tratando de empujar a los proletarios a elegir un campo imperialista contra otro, como vimos con el conflicto de Ucrania, pero sobre todo con la guerra de Gaza, con manifestaciones pro-palestinas destinadas a desviar la repulsa por las masacres hacia el terreno del nacionalismo. También lo hace con el auge del populismo y la desestabilización de su aparato político mediante una vasta campaña de propaganda a favor de la democracia burguesa.
Los partidos de izquierda son particularmente eficaces en este ámbito, llamando constantemente a bloquear el populismo en las urnas, a revitalizar las instituciones “democráticas” contra la “lenta fascistización de la derecha”, prometiendo un futuro maravilloso cuando lleguen al poder. En Francia es el caso del Nuevo Frente Popular, sublevado por la negativa del presidente Macron a nombrar a su candidata Lucie Castets para el Matignon y que repudia esta “negación de la democracia”. Una parte de la izquierda en torno a La Francia Insumisa y los ecologistas también organizó “una respuesta” el 7 de septiembre para ocupar el terreno de las movilizaciones e impedir que la clase obrera luche contra los ataques económicos y la barbarie capitalista. En Estados Unidos, Kamala Harris, con su “empatía” y su política de “proximidad”, caza eficazmente en el territorio de Trump y consigue conquistar a un gran público femenino y a un electorado joven. Este relanzamiento de la campaña ideológica a favor de la democracia, que está teniendo un éxito relativo, también intenta desviar al proletariado de la lucha.
La clase obrera debe rechazar de plano estas campañas ideológicas que pretenden reducirla a la impotencia, a la defensa del Estado “democrático” burgués y de la camisa de fuerza nacionalista. Debe desconfiar de esta ideología y sobre todo de sus versiones antifascistas, como las desplegadas en Gran Bretaña con ocasión de los disturbios de extrema derecha, durante manifestaciones en las que se expresó particularmente el falso radicalismo de los izquierdistas, especialmente de los trotskistas, siempre inclinados a tergiversar el marxismo y la historia del movimiento obrero para conducir mejor al proletariado al terreno de la burguesía, al del apoyo a las “guerras justas” o al “voto por el cambio”.
WH, 8 de septiembre de 2024
La clase obrera no tiene nada que elegir entre Trump y Harris, entre los Republicanos y los Demócratas. Cualquiera que sea el vencedor, la clase obrera sufrirá ataques brutales a sus condiciones de vida, que exigen la crisis económica y la economía de guerra. Cualquiera que sea el vencedor, los trabajadores se verán confrontados a la necesidad de defenderse como clase contra esos ataques.
Pero esto no significa que podamos ignorar la campaña electoral y sus consecuencias. Y lo que revelan es que las divisiones en el seno de la burguesía estadounidense, la clase dominante del que sigue siendo el país más poderoso del mundo, son cada vez más agudas y violentas. Estados Unidos se ha convertido en el epicentro de la descomposición del sistema capitalista mundial y, sea quien sea presidente el 5 de noviembre, las elecciones servirán para exacerbar aún más estas divisiones, con graves consecuencias tanto en Estados Unidos como en la escena mundial.
La tarea de los revolucionarios no es sólo denunciar el fraude de la democracia burguesa, sino también analizar las implicaciones globales de las elecciones en Estados Unidos, para situarlas en un marco coherente que nos permita comprender cómo la fragmentación de la clase dominante estadounidense es un factor activo en la única perspectiva que la burguesía puede ofrecer a la humanidad: una caída acelerada en la destrucción y el caos.
Invitamos a todos aquellos que quieran luchar por un futuro diferente a participar en esta reunión el 16 de noviembre de 2024 a las 15.00 horas (Madrid).
El idioma principal de la reunión será el inglés, pero habrá traducción a otros idiomas in situ. Si quieres participar, escríbenos a [email protected] [20], indicando si puedes seguir la discusión y participar en inglés o especificando en qué otro idioma necesitarías hacerlo.
Links
[1] https://es.internationalism.org/en/tag/vida-de-la-cci/correspondencia-con-otros-grupos
[2] https://es.internationalism.org/en/tag/corrientes-politicas-y-referencias/izquierda-comunista
[3] https://es.internationalism.org/en/tag/desarrollo-de-la-conciencia-y-la-organizacion-proletaria/corriente-comunista-internacional
[4] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo
[5] https://es.internationalism.org/content/5101/el-auge-del-populismo-es-producto-de-la-descomposicion-del-capitalismo
[6] https://es.internationalism.org/content/5064/tras-la-ruptura-en-la-lucha-de-clases-la-necesidad-de-politizacion-de-las-luchas
[7] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199712/1217/ii-el-estado-y-la-revolucion-lenin-una-brillante-confirmacion-del-
[8] https://es.internationalism.org/en/tag/2/39/la-organizacion-revolucionaria
[9] https://es.internationalism.org/en/tag/3/45/descomposicion
[10] https://es.internationalism.org/en/tag/2/26/la-revolucion-proletaria
[11] https://es.internationalism.org/en/tag/3/42/comunismo
[12] https://es.internationalism.org/content/5121/disturbios-racistas-en-gran-bretana-no-al-divide-y-venceras-nuestra-unica-defensa-es-la
[13] https://es.internationalism.org/content/4719/informe-sobre-la-lucha-de-clases-internacional-para-el-24o-congreso-de-la-cci-2021
[14] https://es.internationalism.org/en/tag/geografia/gran-bretana
[15] https://es.internationalism.org/en/tag/cuestiones-teoricas/populismo
[16] https://es.internationalism.org/en/tag/situacion-nacional/situacion-politica
[17] https://es.internationalism.org/en/tag/4/400/peru
[18] https://es.internationalism.org/en/tag/2/33/la-cuestion-nacional
[19] https://es.internationalism.org/en/tag/noticias-y-actualidad/elecciones-usa
[20] mailto:[email protected]
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[22] https://es.internationalism.org/en/tag/noticias-y-actualidad/elecciones-americanas-2024