Más allá del profundo agradecimiento político que queremos expresar a este compañero, queremos poner de manifiesto la importancia de que la defensa intransigente de los comportamientos proletarios y el rechazo firme e indignado ante los comportamientos gansteriles ajenos a la clase obrera, sea cada vez más objeto de reflexión, de clarificación política y de toma de posición por parte de los trabajadores, aunque aún sea de forma minoritaria.
TOMA DE POSICION ACERCA DE LAS ACUSACIONES Y AMENAZAS DE MUERTE HECHAS CONTRA MILITANTES DE LA CCI EN ESPAÑA POR ALGUNOS ELEMENTOS DE U.H.P.
Ya en su contestación a través de la prensa (Acción Proletaria Nº 178) como en el dossier recibido, donde se reproduce fielmente la totalidad de la discusión entre ciertos elementos que se presentan como UHP-Arde y la CCI, esta última organización ha desmontado y desenmascarado políticamente los argumentos de quienes hablan en nombre de U.H.P-Arde. Por cierto, al ser un lector ocasional de la revista “Comunismo” órgano del llamado Grupo Comunista Internacionalista, pude constatar una sincronía tanto en las pautas del razonamiento (que no de la reflexión) como en el estilo literario que llevan el sello inconfundible del “anarco-marxista” GCI. Como las cuestiones de fondo y también de método que diferencia a la CCI de lo que dicen esos señores que hablan en UHP-Arde están muy claras en lo publicado, no se trata ahora de entrar en la naturaleza de la discusión cuando, además, esta toma de posición es en respuesta al llamamiento de solidaridad hecho por la CCI relativo a las amenazas contra sus militantes por parte de UHP-Arde, Acción Proletaria Nº 181,marzo - mayo 2005 (también en relación con el debate lo he seguido con los números 177 y 178 de AP y el dossier compilatorio de la discusión con los documentos de ambas partes).
Dicho esto creo que las refutaciones de la CCI si de algo adolece, tal vez sea de no caricaturizar lo suficiente las majaderías políticas de los redactores de los textos de UHP-Arde, siempre oteando el mundo para meter en el saco de la “revolución” y de la “lucha de clases” cualquier conflicto imperialista o lo que es lo mismo, hoy habría en el mundo tantas “revoluciones” como conflictos entre bandas imperialistas donde no se escaparía Chechenia, Afganistán, Timor, Irak, Cachemira etc. y mañana puede ser que se le añadan países que están en el punto de mira de los diversos intereses imperialistas como pueden ser Siria o Irán, para que ciertas gentes de UHP-Arde decreten, junto al GCI, nuevos esplendores “revolucionarios”; en este sentido es bastante revelador, como ejemplo, el extenso articulo destinado al conflicto argelino en la revista Comunismo, órgano del GCI, Nº 48 correspondiente al mes de febrero de 2002, en el que se glorifica la “lucha de clases” cuando la partida que se estaba jugando, de forma soterrada, era entre las camarillas argelinas instrumentadas por los intereses geoestratégicos de las grandes potencias; hecho que se explica inequívocamente para todos los demás conflictos por la implosión de los países del Este que, a su vez, significó también la dispersión del bloque llamado occidental, aplicando la política del “cada uno a la suya”, hechos históricos de los que el GCI y sus acólitos pasan o lo abordan tibia y confusamente.
Todo puede ser discutible sin concesiones y con honradez entre los revolucionarios, incluso es una obligación hacerlo, pero hay una cuestión que no se puede soslayar ni por los revolucionarios comprometidos, ni por los simpatizantes como tampoco por los obreros mas conscientes del proletariado y sobre lo que hay que posicionarse sin titubeos y con rotundidad: Se trata de las amenazas de muerte hechas de manera oblicua contra militantes de la CCI por elementos concretos de UHP-Arde. Pues bien, sobre este especifico asunto quiero expresar mi solidaridad activa e invitar a otros compañeros a que también lo hagan – aún no siendo militante de la CCI como es mi caso pero conociendo su plataforma y también algunos de sus militantes - con esta organización proletaria y que estriba, primero, en el más absoluto rechazo de las amenazas de muerte contra sus militantes por ser un método totalmente ajeno a las mejores tradiciones del proletariado, segundo, dicha solidaridad por lo que a mi personalmente se refiere no es abstracta sino muy concreta y estriba en participar –a lo que también invito a otros compañeros simpatizantes – tanto en la defensa de las reuniones públicas de la CCI en general y a los militantes de esta organización en particular, lo que llanamente significa que si UHP atentara o agrediera a algún militante de esta organización, practica propia de matones y gansters, no solo los militantes de esta organización, como dice la CCI, saldrían en su defensa, sino que también sus simpatizantes o contactos entre los que me encuentro.
Sin más por ahora, os envío mi solidaridad mas fraterna
Barcelona, 20/4/05 R.Q.
La barbarie capitalista continúa avanzando dramáticamente. En las últimas semanas, Asia se ha convertido en un nuevo epicentro de la aceleración de las tensiones interimperialistas.
El 14 de marzo, Formosa (Taiwan) pasó a ser objeto de la inquietud internacional. No es para menos ya que ese mismo día Pekín aprobó, por primera vez, una ley “anti-secesión” facultándole el empleo de medios militares contra Taiwan en caso de que las autoridades de la isla declaren la independencia. Esto venia precedido de unas contundentes declaraciones del presidente chino Hu Jintao, con uniforme militar, en las que llamaba públicamente a sus oficiales a “prepararse para un conflicto armado”. El mensaje es claro: la burguesía china no va a consentir la separación de Taiwan y para ello no se detendrá ante nada, ni siquiera ante una guerra. Por su parte las recientes elecciones celebradas en Taiwan han vuelto a dar la mayoría al partido más inclinada a las tesis independentistas.
Asia, un foco de tensiones guerreras
La tensión está creciendo rápidamente en todo el Sudeste asiático, y también entre China y Japón. Las belicistas proclamas de China han tenido un impacto inmediato en Japón, cuyo gobierno declaró que la citada ley anti-secesión va a tener un efecto muy negativo en la paz y estabilidad de la región, al mismo tiempo que anunciaba que sus tropas habían tomado el control de un faro en el archipiélago de Senkaku (archipiélago tradicionalmente reivindicado por Pekín, que allí se conoce por Diayou). Inmediatamente China replicó calificando ese acto militar como “grave provocación totalmente inaceptable”.
La tensión se aceleró al fomentar el Estado chino en las últimas semanas una serie de manifestaciones anti-japonesas, con la excusa de que Tokio ha publicado un manual de historia que minimiza las atrocidades perpetradas por el ejercito japonés durante la colonización de una parte de China en los años 30. En respuesta, Japón se ha referido por vez primera a China como “amenaza potencial”. Para hacernos una idea de la gravedad que está alcanzando la situación, recordemos que es la primera vez también que Japón abandona su tradicional política de neutralidad respecto al espinoso asunto de Taiwan.
Este arrebato belicista de China no ha despertado únicamente la reacción de Japón. Los Estados Unidos se han apresurado a dejar claro que, si bien desde 1972 Washington solo reconoce una China de la que formaría parte Taiwan, no se quedaría de brazos cruzados en caso de una agresión militar de China sobre Taiwan. Así el portavoz de la Casa Blanca, Scott McClean, ha declarado que “Esa ley anti-secesión es desafortunada”. Por su parte Condoleeza Rice, en su visita a Pekín el 21 de Marzo, le dejó claro al presidente chino Hu Jintao que “nos oponemos a cualquier modificación unilateral del statu quo”.
Ante la exacerbación de los apetitos imperialistas de China, ha quedado claro que USA y Japón hacen en este momento causa común en esa parte del mundo. Tal es el sentido del acuerdo firmado entre Washington y Tokio que tiene “como objetivo estratégico común” lograr una “solución pacífica” de las cuestiones concernientes a Taiwan.
La presión imperialista de China
Ya el hundimiento de la URSS en 1989, y la afirmación de USA como única gran potencia mundial, conllevó una alteración de la política imperialista china. Cuando se produjo la formación de la República Popular China en 1949, o cuando en 1972 China y USA pasaron a ser aliadas contra URSS, el desarrollo de las tensiones imperialistas se veía constreñido por el corsé de la disciplina de bloque, que hasta cierto punto las limitaba. Pero desde 1989 con el hundimiento del capitalismo en la descomposición, la situación empieza a cambiar.
La base de la alianza chino-americana que era la existencia de un enemigo común, la URSS, desaparece con ésta. Por ello desde mediados de los años 90 empezamos a ver manifestaciones bastante evidentes de tensión entre China y USA, como la que se produjo el 7 de Marzo de 1999, cuando aviones americanos bombardearon “por error” (¿?) la embajada china en Belgrado, curiosamente apenas un mes después de que en un viaje a Washington de un alto responsable de la diplomacia china, las autoridades norteamericanas le advirtieran su oposición a que China decidiera “cabalgar en solitario” en el escenario imperialista.
Desde entonces, y a pesar de esas advertencias, los apetitos imperialistas de China no han cesado de crecer así como su voluntad de hacer patente su poderío militar que las demás potencias, en especial USA, deben tomar en cuenta. No es casualidad que el presupuesto militar chino no haya dejado de crecer, con porcentajes de dos dígitos en los últimos quince años (11’6% en 2004, tras un 17% en 2002, lo que representa aproximadamente un 35% del presupuesto nacional). Signo de los tiempos y de las necesidades imperialistas chinas es la proporción de esos gastos que se destina a la modernización de la aviación y la armada, así como la importante participación china en el proyecto europeo de contar con un sistema de navegación – el Galileo – alternativo al GPS norteamericano.
Pekín no pierde ocasión de aprovecharse de las dificultades que encuentra la primera potencia mundial para imponerse en el planeta. Una prueba de ello es la interferencia de China en el proceso de discusión del asunto de la capacidad nuclear de Irán, ya que como expuso el ministro chino de Asuntos Exteriores (Li Zhaoxing) en un viaje a Teherán, China se opondrá a cualquier intento de sanción de la ONU a Irán por esta cuestión. Esa misma política imperialista le lleva a apoyar al régimen islámico sudanés. En ese mismo sentido va su política hacia Corea del Norte lo que deja bien a las claras la intención de las autoridades chinas de avanzar sus peones en esa zona natural de influencia para ella, en detrimento de la política americana. Al mismo tiempo, la burguesía china se ha esforzado en los últimos tiempos en consolidar su influencia en Laos, Camboya, Birmania, Tailandia, Malasia e Indonesia, todo ello contrariando los intereses de USA.
Y si bien el desarrollo de las tensiones imperialistas a propósito de Taiwan es una grave amenaza para el mundo, no es sin embargo el único punto caliente de enfrentamientos larvados en esa región del mundo. En la frontera entte China y Pakistán se sitúan dos territorios (Aksai-Chin y Arunachal-Pradesh) que son reivindicados con más fuerza por ambos estados, lo que constituye una fuente potencial de enfrentamiento entre estas dos potencias nucleares. El momentáneo apaciguamiento de la tensión entre India y Paquistán por un lado, y entre China e India por otro, no presagia sin embargo un futuro estable en esa región. Cuando el primer ministro indio, Mammhan Singh declara que “India y China comparten la aspiración común de obrar por un orden político y económico internacional justo, equitativo y democrático” es precisamente porque los principales tiburones imperialistas de Asia (China, India y Paquistán) deben poner en sordina, de momento, sus querellas, para concentrarse en tratar de contener los estragos que está causando la ofensiva norteamericana en esa zona. Un escenario así suscita necesariamente la atención de las demás potencias imperialistas del mundo, especialmente Francia, Alemania y Rusia, que no van a quedarse de brazos cruzados y que van a tratar van a acudir a defender sus propios intereses imperialistas en esta región del mundo y sobre todo a hacer sombra a USA que se enfrenta a un debilitamiento acelerado de su liderazgo mundial.
Las recientes visitas de Chirac y Raffarin a China no han tenido como objeto únicamente reforzar las relaciones económicas entre París y Pekín, sino sobre todo manifestar el apoyo de Francia, de acuerdo con Alemania, al levantamiento del embargo a la venta de armas chinas y de la venta de tecnología avanzada a China. Una China más fuerte y agresiva frente a USA hace el juego a Alemania y Francia. En efecto la estrategia americana de implantación de bases militares en Kirghizstan, Tadjikistan, Afganistán y Uzbekistan tiene por objetivo cercar a Europa y Rusia, pero también le sirve para tamponar la influencia expansionista de China hacia Occidente, contribuyendo con ello a aislar a sus principales concurrentes imperialistas entre sí.
La
huida hacia delante del capitalismo
solo lleva a un caos cada
vez más profundo
Ante el desarrollo de las tensiones imperialistas en Asia sería un error creer que la barbarie capitalista no va seguir acelerándose en otras regiones del mundo. Todo lo contrario. Es evidente que la burguesía norteamericana va a seguir atascada en el lodazal iraquí pese a sus intenciones declaradas de proceder a una retirada parcial de sus tropas en el 2006. En Oriente medio está además al acecho de Siria e Irán, y también en el Extremo Oriente con Corea del Norte. Para continuar ejerciendo de gendarme mundial tiene que seguir huyendo hacia delante en el terreno militar. La multiplicación de los puntos calientes en Extremo Oriente, el empuje del imperialismo chino, son una fuente de preocupación creciente que conduce a la Casa Blanca a reforzar sus bases militares en la zona, así como sus lazos con Indonesia, Filipinas, Malasia, Tailandia, incluso Sri Lanka, aprovechando cínicamente además la cobertura de la ayuda humanitaria a las víctimas del “tsunami”.
La evolución de la situación en el Sudeste Asiático muestra, una vez más, a la clase obrera que todos los discursos de paz de la burguesía preparan nuevos momentos de enfrentamiento guerrero, y que el sistema capitalista solo puede ofrecer cada vez mayores grados de barbarie. La escalada de amenazas guerreras en Asia es una nueva expresión de lo que nos depara el futuro. Los apetitos y pretensiones de los principales rivales del imperialismo americano, entre los que se encuentra abiertamente China, van a continuar agudizándose. La crisis del liderazgo americano, su ofensiva actual y las reacciones que ello produce, van hundiendo al mundo en un caos creciente.
Tino. 22/04/05.
Adaptado
de Révolution Internationale (órgano de la CCI en
Francia)
n. 357 (mayo 2005).
Publicamos a continuación un artículo de intervención en un foro sobre la autonomía del proletariado que se ha publicado en www.alasbarricadas.org [3]
El Foro que se ha originado a partir de la publicación por un compañero que no conocemos de un artículo nuestro realizado como balance de una intervención en un Encuentro sobre la Autonomía Obrera celebrado en Barcelona, ha suscitado un debate apasionante, profundo y sincero1.
Todos los participantes compartimos la voluntad de acabar con el sistema social capitalista que tantos sufrimientos de todo orden –económico, psíquico, moral, ecológico- está causando a la gran mayoría de la humanidad. El debate se sitúa sin embargo sobre la pregunta: ¿quién puede ser el motor de esa gigantesca transformación social? De forma sintética dos alternativas se han postulado: la clase obrera, el proletariado, o, como defienden PITI2 y otros compañeros, una comunidad de individuos rebeldes, a la llaman “proletariado”.
Nosotros defendemos resueltamente la primera alternativa. En polémica razonada con la otra posición vamos a exponer los argumentos que la sostienen.
La lucha de clases es el motor de la historia
Tras la progresiva disolución del comunismo primitivo tribal, la sociedad humana se ha dividido en clases y el motor de su evolución es la lucha de clases.
Esta guerra social tiene lugar en un contexto histórico de sucesivos modos de producción (esclavismo, feudalismo, capitalismo) que ha constituido el marco general donde aquella ha tenido lugar y el desarrollo de las fuerzas productivas humanas ha ido recorriendo su camino de forma contradictoria.
Esta es la explicación más coherente de la historia humana y el medio que pueden darse las generaciones actuales para hacerla progresar ante los dilemas que nos plantea la situación actual del capitalismo que lleva, bien a la destrucción de la humanidad, bien a su liberación y al inicio de una nueva etapa histórica basada en la abolición de las clases sociales, de los Estados y las fronteras nacionales, la unificación de todos los seres humanos en una comunidad humana mundial que vive y actúa para si misma.
A esta explicación, cuyo exponente más coherente es el marxismo3, se le han opuesto numerosas teorías que tienen como común denominador no tanto la negación de la existencia de clases sociales –evidencia que solo los más obtusos pueden atreverse a soslayar- sino la negación de que el motor de la historia es la lucha de clases.
Se han presentado como motores alternativos Dios, el Espíritu Universal, los príncipes y otros individuos investidos de poderes especiales, una coalición de individuos de buena voluntad, una minoría de conspiradores, una minoría de iluminados, predicadores de toda clase de sistemas sociales y filosóficos para dar cuenta de los males del mundo etc.
La lucha de clases a lo largo de la historia ha enfrentado una clase revolucionaria portadora de una nueva organización de la vida social y una clase reaccionaria apalancada en la defensa de los privilegios e intereses ligados al viejo orden. Si, de manera general, el desenlace de estos conflictos ha sido el triunfo de la nueva clase revolucionaria y la desaparición más o menos gradual de la vieja clase, esto no ha sido el producto de un determinismo irrevocable. En diferentes momentos de la historia se han producido fenómenos de bloqueo de la evolución social, donde las dos clases principales de la sociedad se desangraban en conflictos estériles sin hallar ninguna salida a la situación. Por eso el Manifiesto Comunista concibe la lucha de clases como una guerra social “que siempre acababa en transformación revolucionaria de la sociedad entera o en destrucción de ambas clases en lucha”.
Ninguna clase social es el vehículo ciego de un destino histórico preestablecido, no es el ejecutor forzoso de una necesidad determinada por la evolución de la sociedad. Para liberar a la sociedad de las trabas que le imponen el orden antiguo, las clases revolucionarias necesitan de un cierto grado de conciencia y voluntad. Si estos faltan, la necesidad objetiva, que existe sólo como potencial histórico, no podrá realizarse y la evolución social se estancará degenerando en un pudrimiento caótico y destructivo.
En el tránsito entre la vieja sociedad esclavista y el orden feudal que le sucedió, el factor determinante fue la evolución objetiva mientras que la conciencia y la acción subjetivas jugaron un papel muy limitado. En la destrucción del feudalismo y el advenimiento del capitalismo, las fuerzas objetivas constituyeron el factor central aunque la conciencia –esencialmente ideológica- desempeñó un papel importante, sobre todo en la última etapa: la toma del poder político por parte de la burguesía tras haberse asegurado la dominación económica de la sociedad.
Sin embargo, en la revolución mundial que acabará con el capitalismo el papel decisivo lo tendrá la conciencia, el entusiasmo, la solidaridad, el heroísmo y la combatividad, de grandes masas proletarias. Sin esa fuerza subjetiva, sin ese compromiso de un gran número de individuos conscientes, la revolución no será posible. PITI ha insistido sobre la necesidad de la conciencia (él la llama la necesidad de “individuos autoconscientes”), de la solidaridad y la confianza mutua (que denomina “comunidad de rebeldes”)... Compartimos esta preocupación y vemos como una de las tareas cruciales del momento presente el que las generaciones actuales de la clase obrera cultiven y desarrollen, en la lucha, por la lucha y para la lucha, la conciencia, la solidaridad, el criterio propio. Sin el desarrollo masivo de esas fuerzas espirituales la revolución mundial no será posible.
PITI piensa sin embargo que la clase obrera ya no es la clase revolucionaria. No niega que haya desaparecido la lucha de clases, tampoco niega que pudo haber sido en otras etapas del capitalismo el motor del cambio histórico, pero su premisa es concluyente: «Lo que denomino el "primer asalto a la sociedad de clases", me refiero a primeros de siglo XX y sus revoluciones (Rusia, Kronstad, Alemania por ejemplo), y el "segundo asalto a la sociedad de clases", mayo del 68, revueltas autónomas en Alemania, autonomía operaia en Italia, las huelgas obreras en Polonia, el movimiento asambleario español. Estos movimientos son derrotados, la autonomía obrera es derrotada.»
Es verdad que la oleada revolucionaria mundial fue derrotada y se abrió la más terrible contra-revolución de toda la historia humana. Es igualmente verdad que el impulso inicial de las luchas abiertas en 1968 se fue diluyendo hasta que en 1989 se produjo un fuerte retroceso de la conciencia y la combatividad obreras4.
Ahora bien, ¿por qué de esos dos fracasos deduce PITI el fin del carácter revolucionario de la clase obrera? Aporta como explicación dos factores: por una parte, el capitalismo ha sufrido un cambio de tal naturaleza que estaríamos ante un nuevo “paradigma económico” y, este nuevo paradigma económico significaría tales cambios sociales que habrían sellado el fin de la clase obrera como clase revolucionaria. «Aquí es cuando comienzan los cambios, en los años ochenta. Los sindicatos, como instrumentos de integración de la clase obrera, actúan directamente al servicio de sus intereses negociando con la patronal y el Estado, aceptando a rajatabla las políticas de recortes sociales, plantillas. Esto rompe a una generación rebelde, una comunidad de rebeldes heredada de la etapa anterior, su conciencia. La clase obrera es estratificada de las fabricas, se producen reconversiones industriales, la terciarización de la economía (cambio de paradigma económico), y la deslocalización de empresas en busca de mano de obra barata y esclava (...) La tecnología juega un papel fundamental, se produce una revolución tecnológica que produce que muchos obreros tengan que pasar por cursos de formación. Hay una mundialización de la economía gracias a la tecnología, que favorece también a la automatización. Sin embargo, estas nuevas condiciones permiten elevar el nivel de bienestar material de una minoría de trabajadores. Aparecen cuadros técnicos, obreros-propietarios, pequeños empresarios etc. (...) La actual época es única y no hay vuelta atrás en el sistema productivo, donde volvamos a la identidad fabrica ».
¿Un nuevo paradigma económico?
A lo largo de su historia, el capitalismo ha sufrido numerosos cambios tecnológicos, organizativos, sociológicos... El capitalismo es un modo de producción dinámico que se ve forzado a cambiar continuamente la organización, los métodos y las herramientas de producción... El Manifiesto Comunista reconoce que « la burguesía no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de la producción, que tanto vale decir el sistema todo de la producción, y con él todo el régimen social. Al contrario de cuantas clases sociales la precedieron, que tenían todas por condición primaria de vida la intangibilidad del régimen de producción vigente. La época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás por el constante y agitado desplazamiento de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinámica incesantes ».
Pero ¿ese dinamismo significa un cambio de naturaleza del capitalismo, una modificación de los fundamentos mismos de su sistema de explotación?
El capitalismo ha pasado por numerosas etapas: manufacturas, maquinismo, gran industria, capital monopolista, imperialismo, capitalismo de Estado etc. El régimen de propiedad capitalista se ha modificado de manera incesante (mercaderes, propiedad individual de los capitanes de la industria; propiedad colectiva a través de las sociedades por acciones; propiedad estatal bien sea completa –como en los mal llamados países “socialistas”- o mixta; propiedad multinacional...); las tecnologías han sufrido cambios espectaculares (maquinismo, ferrocarriles, barcos de vapor, aviación, telecomunicación, informática, energía petrolífera o nuclear etc.); la organización del trabajo ha pasado por muy diferentes estadios (trabajo extensivo, trabajo intensivo, organización científica del trabajo y taylorismo, industrias gigantes, descentralización, deslocalización, subcontratación etc.); el régimen de trabajo tiene muchas formas (trabajo domiciliario, trabajo de mujeres y niños, trabajo fijo, trabajo forzado, jornaleros, precariedad, trabajo a destajo, por piezas etc.). Sin embargo, un hilo conductor, un telón de fondo, atraviesa como núcleo de hierro esa multiplicidad siempre cambiante:
1º Expropiación de los productores de tal forma que campesinos o artesanos son separados de sus medios de producción y vida, convertidos en obreros y obligados a pasar por las horcas caudinas del trabajo asalariado para obtener su sustento;
2º Explotación de la fuerza de trabajo del obrero cuyo salario tiende a cubrir su reproducción individual y la de su familia, produciendo una plusvalía que sirve a la acumulación de capital;
3º Acumulación de capital. El fin de la producción no es tanto satisfacer el consumo de la clase dominante sino la reinversión de la plusvalía constituyendo un nuevo capital.
Cuando PITI invoca la mundialización como gran cambio fundamental que se produce a lo largo de los años 80 debemos decirle que ha descubierto algo que se produjo más o menos un siglo antes: « La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita (...) Brotan necesidades nuevas que ya no bastan a satisfacer, como en otro tiempo, los frutos del país, sino que reclaman para su satisfacción los productos de tierras remotas. Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba así mismo y donde no entraba nada de fuera; ahora, la red del comercio es universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones. Y lo que acontece con la producción material, acontece también con la del espíritu. Los productos espirituales de las diferentes naciones vienen a formar un acervo común. Las limitaciones y peculiaridades del carácter nacional van pasando a segundo plano, y las literaturas locales y nacionales confluyen todas en una literatura universal (...) La burguesía, con el rápido perfeccionamiento de todos los medios de producción, con las facilidades increíbles de su red de comunicaciones, lleva la civilización hasta a las naciones más salvajes. El bajo precio de sus mercancías es la artillería pesada con la que derrumba todas las murallas de la China, con la que obliga a capitular a las tribus bárbaras más ariscas en su odio contra el extranjero. Obliga a todas las naciones a abrazar el régimen de producción de la burguesía o perecer; las obliga a implantar en su propio seno la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. Crea un mundo hecho a su imagen y semejanza». Este pasaje no procede de ningún mundialista iluminado, sino del Manifiesto Comunista ¡escrito en 1848!5.
¿Revolución tecnológica? Es cierto que se han desarrollado las telecomunicaciones, la informática y las redes telemáticas, que se habla de biotecnología o de células madre; es verdad que vastas tierras agrícolas sucumben a los encantos de la especulación inmobiliaria concretada en imponentes rascacielos, en edificios inteligentes y toda una mansalva interminable de viviendas ...vacías. Pero esos cambios “fascinantes” no suponen ningún verdadero desarrollo sino que más bien se asemejan a los estertores de una sociedad enferma6. Por otro lado, ninguno de esos cambios, puede compararse a las transformaciones radicales que se produjeron en la época ascendente del capitalismo: « En el siglo corto que lleva de existencia como clase soberana, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas. Basta pensar en el sometimiento de las fuerzas naturales por la mano del hombre, en la maquinaria, en la aplicación de la química a la industria y la agricultura, en la navegación de vapor, en los ferrocarriles, en el telégrafo eléctrico, en la roturación de continentes enteros, en los ríos abiertos a la navegación, en los nuevos pueblos que brotaron de la tierra como por ensalmo... ¿Quién, en los pasados siglos, pudo sospechar siquiera que en el regazo de la sociedad fecundada por el trabajo del hombre yaciesen soterradas tantas y tales energías y elementos de producción?» (Manifiesto Comunista).
El modo de producción capitalista no se define esencialmente por las tecnologías, las formas de organización empresarial o la organización del trabajo... Estas pueden dar vueltas como un tiovivo, pero no son sino la epidermis que recubre un mecanismo cuya base son las relaciones de producción basadas en el trabajo asalariado y la extracción de plusvalía. Esos mecanismos básicos no han cambiado en absoluto. Siguen siendo los pilares que sostienen todo su edificio. PITI, que tanto critica la sociedad del espectáculo, está siendo víctima de un efecto óptico típico del capitalismo: frente al rígido inmovilismo de las sociedades que le precedieron, el capitalismo se presenta como un espectáculo incesante de cambios que sin embargo dejan intactos sus fundamentos.
Por otro lado, esas formas tampoco determinan la dinámica real del capitalismo. Este busca desesperadamente una masa más grande de plusvalía y un mercado más amplio a la medida de sus necesidades de acumulación. Cuando el capitalismo forma el mercado mundial a principios del siglo XX esta dinámica inexorable le hace entrar en la época histórica de decadencia y degeneración que se prolonga hasta la actualidad adonde vemos la sociedad consumirse en guerras, barbarie sin fin, crisis y convulsiones económicas, descomposición ideológica, pudrimiento moral, totalitarismo estatal etc. Se habla mucho del espejismo de unos cambios superficiales (tecnología, finanzas, sector servicios) pero se olvida totalmente ese “cambio” mil veces más significativo y determinante para las vidas cotidianas de enormes masas humanas. Ese cambio entre el periodo ascendente del capitalismo y su etapa decadente que se arrastra a lo largo del siglo XX nos permite comprender el terrible sufrimiento, el profundo desamparo, que sufren millones de seres humanos, nos ayuda a ver la realidad de una sociedad en agonía, nos da fuerzas y conciencia para luchar por la nueva sociedad. En cambio, la otra visión, la de los cambios ficticios, nos ciega con una “modernidad” y un “progreso” que esconden el terrible infierno sobre el que reposa la vida de la gran mayoría de la humanidad.
Los muertos que vos matáis gozan de buena salud
PITI no es el primero ni será el último en negar el pan y la sal a la clase obrera. La lucha de la clase obrera jamás ha seguido un curso regular, progresivo, franqueando escalones sucesivos. Al contrario, su lucha procede por saltos bruscos y repentinos, pasa por los largos periodos de apatía y desesperante inactividad. Comparando la línea de evolución que siguen las revoluciones burguesas y las revoluciones proletarias, Marx describe magistralmente la dinámica de la lucha obrera: «Las revoluciones burguesas, como las del siglo XVIII, avanzan arrolladoramente de éxito en éxito, sus efectos dramáticos se atropellan, los hombres y las cosas parecen iluminados por fuegos de artificio, el éxtasis es el espíritu de cada día; pero estas revoluciones son de corta vida, llegan enseguida a su apogeo y una larga depresión se apodera de la sociedad, antes de haber aprendido a asimilarse serenamente los resultados de su periodo impetuoso y agresivo. En cambio, las revoluciones proletarias, como las del siglo XIX, se critican constantemente a si mismas, se interrumpen constantemente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que solo derriban al adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga inmensidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas gritan: Hic Rhodas, hic salta».
La lucha obrera es así porque corresponde al movimiento de una clase que es explotada y revolucionaria a la vez. Esto determina una contradicción que marca su forma de luchar. Por un lado, está sometida al peso agobiante de la ideología burguesa y sufre en sus carnes los rigores de la competencia y la división. En tiempos “normales” los obreros están atomizados y los instintos de solidaridad, compañerismo y acción independiente se ven reprimidos por instintos anti-sociales de pasividad, individualismo, ilusiones de promoción profesional... Ese conflicto, esa división, que agobia el alma de los obreros, solo se resuelve tras una larga y difícil maduración de la conciencia y la solidaridad–en la que intervienen los grupos revolucionarios- que acaba cristalizando, no sin enormes dificultades, en luchas más o menos amplias. «Un periodo revolucionario resuelve esta dificultad, en apariencia insoluble, desencadenando en la masa una suma de idealismo que la vuelve insensible a los sufrimientos más agudos (...) En la tempestad revolucionaria, el proletario, el padre de familia prudente, se transforma en un “revolucionario romántico” para el cual el bien supremo mismo –la vida- y con mayor razón el bienestar material tienen poco valor en comparación con el ideal de lucha» (Rosa Luxemburgo, Huelga de masas, partido y sindicatos).
La mayor parte del tiempo, los obreros aparecen como “padres de familia prudentes”, solo en periodos donde su combate madura en luchas masivas se muestran como “revolucionarios románticos”. No podemos ver la lucha de la clase obrera como se mira un álbum de fotos. En la mayoría de las fotos aparecerá con el rictus triste del desánimo o con el rostro inexpresivo de la pasividad o la desorientación. Solo en unas pocas se nos mostrará con la sonrisa radiante de la convicción revolucionaria.
Hablando de la lucha de astilleros, PITI pregunta: « ¿El ejemplo de Astilleros..acaso supuso formas autoorganizativas de construir nuevas formas de poder, de cuestionamiento de la mundialización, del trabajo asalariado, por ejemplo, o si una lucha puramente interés sectorial, cuyo objetivo era sobre todo unas prejubilaciones millonarias?».
Es un vulgar prejuicio acusar a los obreros de astilleros de “luchar por prejubilaciones millonarias”7. Es también un error confundir la lucha reivindicativa de la clase obrera con el planteamiento sindical destinado a ahogarla. Pero dejemos de lado esas cuestiones. Lo que nos interesa es comprender el método con el que PITI enjuicia las luchas obreras. Les exige superar un listón que no lo pasa ni el más afamado saltador olímpico: pide a cada lucha que ponga en cuestión el sistema, la mundialización, el trabajo asalariado, las formas de vida y de consumo... Es evidente que ninguna lucha obrera del pasado, del presente y del porvenir, cumplirá tales requisitos. Lo esencial en la lucha del proletariado no reside en cada uno de sus múltiples escaramuzas contra la explotación capitalista sino en la dinámica y la dirección del conjunto de sus combates.
Las luchas obreras avanzan muy lentamente y sufren continuas marchas atrás, son muy modestas en sus objetivos inmediatos de tal forma que su coherencia revolucionaria solo aparece en su dinámica de conjunto. PITI argumenta que la clase obrera ha sufrido dos fracasos históricos (1917 y 1968) y que eso la incapacita irrevocablemente como sujeto revolucionario. Mientras la lucha revolucionaria de la burguesía se caracteriza por una sucesión de éxitos y victorias hasta culminar con el desalojo más o menos completo de la antigua clase feudal, la lucha del proletariado se caracteriza por una sucesión de intentos que, en su mayoría, se saldan con derrotas y fracasos amargos. Para el proletariado «tan gigantescos como sus problemas son sus errores. Ningún plan firmemente elaborado, ningún ritual ortodoxo válido para todos los tiempos le muestra el camino a seguir. La experiencia histórica es su único maestro, su Vía Dolorosa hacia la libertad está jalonada no sólo de sufrimientos inenarrables sino también de incontables errores» (Rosa Luxemburgo: La Crisis de la Socialdemocracia).
PITI cree ver 3 razones objetivas que saldarían el fin de la clase obrera como sujeto revolucionario:
1º «La clase obrera esta estratificada, ya no hay la comunidad fabrica (...) la nueva organización del trabajo se les aislado, segmentado, y no se puede volver atrás, volver al antiguo sistema productivo que aglutinaba a los asalariados en fabrica»
2º «La clase obrera como la clase burguesa dominante se pirra por los objetos de consumo de ultima hora, por tener 2 coches o un 2ª lugar de residencia (...)Burgueses y obreros desean el bienestarismo mercantil y un estatus y posición en la jerarquía social (...)La nueva época nos ha sometido a un hedonismo mercantil que superas las clases»
3º «El sistema ha institucionalizado el conflicto obrero y lo reordena (en esto tiene gran protagonismo las burocracias sindicales). Esto es una realidad, y el que no lo quiera entender sujetándose a ciertos dogmas ideológicos, no hace más que prevalecer su ideología sobre lo que debe ser un análisis coherente, crítico de la realidad social»
Empecemos por la primera: la desaparición del “obrero-fábrica”. Es cierto que con el desarrollo de la crisis capitalista y el consiguiente aumento del desempleo muchas fábricas gigantescas han desaparecido. Es cierto, que este aglutinamiento de los trabajadores en grandes centros de producción facilitaba la identificación de sus intereses de clase y la confianza en su fuerza como clase. Es innegable que muchas luchas de los años 70 partieron de fábricas-faro que irradiaban sobre el resto de la clase: en España están los casos de SEAT en Barcelona, la Standard en Madrid o la Naval en Bilbao... Es verdad que la producción se ha fragmentado, deslocalizado, subcontratado. Los procesos de producción engloban una multitud de unidades dispersas que convergen en un punto central. La vieja fábrica de automóviles que concentraba en una unidad productiva gigante todos los procesos productivos ha sido reemplazada por una multitud de talleres que suministran a una fábrica núcleo muy reducida y altamente automatizada. A menudo, en esa fábrica núcleo trabajan obreros pertenecientes a una multitud de pequeñas empresas a las que se ha subcontratados operaciones concretas. Piezas, motores etc., se fabrican en factorías situadas en China, Chequia, Hungría...
Sin embargo, nada de eso ha cambiado la identidad de la clase obrera pues esta no está ligada a la unidad de producción sino a las relaciones de producción, es decir, al régimen de trabajo asalariado y al trabajo cooperativo que la hace productora colectiva de las principales riquezas sociales. Todo eso no ha cambiado e incluso se ha reforzado pues la división del trabajo, la cooperación por encima de la empresa se han acentuado con la mayor integración del proceso productivo. La relación social que determina el ser de la clase obrera no cambia con los diferentes estatus del obrero: a lo largo de su vida el obrero puede ser aprendiz o estudiante, empleado de un gran fábrica, desempleado, emigrante, subcontratado, incluso autónomo... Pero no por eso deja de ser obrero aunque en fases determinadas de su vida –o incluso en toda su vida- no tenga conciencia de ello.
Veamos ahora la segunda razón, el consumismo. Poseer una vivienda, tener un coche y hacerse con una segunda residencia sería para PITI algo que produciría tal bienestar y placer hasta el extremo de “superar las clases” (¡!).Es difícil saber cómo se puede encontrar “hedonismo” en una jaula de 70-90 metros cuadrados (gracias a la “socialista” Trujillo quieren reducir el espacio vital a 30 metros2) situada en un barrio del extrarradio de la gran ciudad, máxime cuando todos los meses pende sobre la cuenta bancaria de la familia los plazos a pagar de la hipoteca. Es más un tormento que un placer8.
Poseer un coche sería un lujo maravilloso. Dejemos de lado el pago de los plazos y de las numerosas reparaciones que conlleva. El capitalismo actual impone una determinada organización del transporte al trabajo y de muchas actividades de la vida cotidiana que hacen imposible prescindir del coche por lo que este no es ningún lujo sino una necesidad imperiosa. Y, una vez más, el placer que proporciona es sólo apto para masoquistas: todos los días los automovilistas se ven atrapados en descomunales atascos para ir a su trabajo alargando en más de un hora la ya de por sí larga jornada de trabajo. ¡Y cuando tienes puente o vacaciones lo que te espera son atascos no menos monumentales!9
Lo de la segunda residencia, una lata de sardinas en una playa sobresaturada o un chalet en el quinto pino, resulta sencillamente patético. En el mejor de los casos es una suerte de escapatoria efímera de la vida alineada y la atmósfera irrespirable de la gran ciudad. Algo así como tomar una bocanada de aire fresco para aceptar mejor el aire asfixiante de todos los días.
La raíz del capitalismo no está en el consumo sino en las relaciones sociales de producción. El consumo es consecuencia de ellas. Marx decía que no es la misma hambre la que se sacia comiendo con los dedos que con cuchara y tenedor. Las diferentes formas de consumo corresponden a grandes rasgos a diferentes modos de producción y dentro del capitalismo a la historia, la posición, las tradiciones, de los distintos países. Esos fabulosos bienes que constituirían la base del consumismo no constituyen ningún regalo ni ningún lujo sino que son los elementos imprescindibles para la reproducción de los obreros en función de una explotación intensiva y alienante de su fuerza de trabajo.
PITI insiste en la necesidad de superar esquemas anquilosados y reconocer la realidad tal cual es. Pues la amarga realidad para una creciente mayoría de obreros no es el aumento de su capacidad de consumo sino una constante y amenazante disminución. ¡Y esa es una tendencia claramente definida desde los años 80! Recorte en las pensiones, recorte en las prestaciones sanitarias y educativas, caída de los salarios, aumento de los precios, desempleo y precariedad... Esas realidades que golpean a la clase obrera de carne y hueso configuran un “consumismo” que consiste para la inmensa mayoría en apañarse año tras año con-su-mismo pantalón, con-su-mismo vestido, con-su-mismo coche... PITI es víctima de la sociedad del espectáculo. Probablemente se ha creído que lo que refleja la “nueva realidad” son esos anuncios publicitarios adonde cualquiera consigue un coche veloz y último modelo y una chica de ensueño en el mismo paquete...
Abordemos en fin, la tercera razón, la “institucionalización del conflicto obrero” a través de los sindicatos. Aquí PITI confunde a los verdugos con las víctimas. Los sindicatos son órganos del capital encargados de dividir, desmovilizar, atomizar, derrotar, las tentativas obreras de lucha. El Estado capitalista del siglo XX cuenta para enfrentar las luchas obreras con dos policías. Por un lado, la policía uniformada armada con porras y mangueras de agua –y en la recámara balas de verdad-, por otro lado, una policía sin uniforme, disfrazada con el mono de trabajo y que es tanto más eficaz por cuanto en sus orígenes fue una creación de la clase obrera. Que los grandes sindicatos sean un órgano institucionalizado10 no quiere decir ni mucho menos que la lucha obrera se haya institucionalizado e integrado. Hasta la primera guerra mundial, los sindicatos y la clase obrera formaban una unidad, pero desde entonces, al apoyar los sindicatos la defensa de la Patria y por tanto la matanza en la guerra imperialista, cada uno milita en campos opuestos: los sindicatos han sido absorbidos por los engranajes del Estado capitalista11.
Un viaje atrás por el túnel del tiempo
Hemos podido demostrar que los argumentos que PITI sostiene carecen de la más mínima consistencia. Pero analicemos ahora si la alternativa que ofrece en positivo lleva a algún sitio.
¿Quién es el nuevo sujeto revolucionario? «El individuo es el sujeto revolucionario y en la lucha es necesario juntarse para la formación de una nueva comunidad de rebeldes: el proletariado. Esto desmiente las acusaciones de radical-burgueses y o anarquistas-stirnerianos, porque no somos individuos egoístas y menos aun intelectuales auto-ilustrados, sino revolucionarios que creemos comprender la nueva época (...) Nos queda el individuo para formar una nueva comunidad de rebeldes, que haga frente al mundo del mercado. No propugnamos el fin de la revuelta, sino que la reinventamos».
PITI insiste mucho en que no hay que quedarse anclados en el pasado, en que el “sistema de luchas” basado en la “centralidad obrera” está desfasado y alucina cuando gente como nosotros sigue apoyándose en ese trasnochado sistema de lucha. ¿Y qué grandísima novedad nos propone? ¡Pues nada menos que la vuelta al individuo!. Es revolucionario y pasa a formar parte del “proletariado” todo individuo que decide incorporarse a la “comunidad de rebeldes” que preconiza PITI: « No planteamos la subjetividad única contra el mundo (existencialismo), ni la unión de egoístas, sino la comunidad de rebeldes, sin que esto suponga cercenar la libertad individual de cada individuo "único e irrepetible"».
Cualquiera puede pertenecer a ella, sea obrero, estudiante, burgués o intelectual.¿Deformamos su pensamiento? «El proletariado es el conjunto de individuos que independientemente de su estatus social-clase obrera, clase media, inmigrante, obrero social, estudiante etc hace frente a sus condiciones, a su existencia (...) Para mi proletario es el individuo explotado que lo sabe y lo hace frente, independientemente que tenga un status burgués familiar (por ejemplo) o sea obrero fabrica», nos dice.
PITI vuelve a las viejas tesis que oponen la unión de los individuos frente a las clases. De hecho, PITI repite varias veces que está por “la superación de la luchas de clases” y “la lucha contra las clases y todo tipo de poder jerárquico”. Por mucho que proteste PITI esto es interclasismo puro y duro. Bajo el concepto de “proletariado”, PITI vuelve a reproducir el viejo interclasismo de siempre, aderezado con dos exigencias: para pertenecer a la comunidad de rebeldes, pide que se sea “autoconsciente” y se pertenezca a la categoría del « individuo desposeído de su espacio-tiempo social por las nuevas formas de las relaciones capitalistas». Esta fórmula situacionista es lo suficientemente ambigua para que en ella quepa todo el mundo. ¡Hasta el burgués más existoso padece el mal de estar desposeído de su espacio-tiempo!
¿Qué nuevo sistema de luchas nos propone PITI que insiste en la necesidad de “reinventar” la revuelta y -¡como no!- en abandonar viejos esquemas?
«Planteamos la insumisión cotidiana individual, la transformación individual; pero también la lucha siempre necesaria con otros». ¡Es lamentable que se nos presente como novedad novísima de la nueva época lo que propugnan los predicadores cristianos así como numerosos pensadores cívicos que nos dicen que si la gente no utilizara el coche, limpiara las cacas de los perros y gastara menos agua en la ducha se resolvería el problema del medio ambiente!.
Tomando como modelo la “experiencia argentina” «Los clubes de trueque, las asambleas, la economía social, las huertas colectivas, el trabajo libre y autogestionado, comedores populares, casas de cultura popular y libertaria, el don gratuito y la libertad creativa cultural han sido recuperados». ¡El trueque corresponde a los primitivos estadios del comercio capitalista! ¡Es lo propio de economía de pequeños colonos y artesanos que intercambian los productos mutuamente producidos! PITI nos propone como alternativa volver siglos atrás la rueda de la historia. En cuanto a la autogestión de fábricas, la economía social, el cooperativismo, son medios que suponen que los obreros organizan su propia explotación, es decir, se autoexplotan, se organizan ellos mismos para competir en el mercado mundial y con ello crean las condiciones para que en su propio seno emerja inevitable e inexorablemente una nueva casta de aspirantes a burócratas capitalistas12.
Se trata pues de las mistificaciones más viejas, con más de un siglo de consecuencias catastróficas para los obreros y para toda la población oprimida. Sus resultados han sido división, enfrentamiento, amargura, desmoralización... Han sido la fórmula “radical” y “alternativa” que ha preparado el terreno a la explotación y la deshumanizado capitalista de siempre. Este “reiventar la revuelta” se parece a la moda en esa sociedad del espectáculo que tanto critica PITI: los vestidos que nos presentan cada año como algo nunca visto no son sino el remiendo de vestidos que hace 20 años habían presentado como el último grito de la innovación.
Acción Proletaria 16-5-05
1 Ver en Acción Proletaria nº 181 Hablan de la autonomía obrera para colar mejor el mensaje del fin del proletariado
2 Uno de los compañeros que ha intervenido defendiendo una posición que él mismo la define como “neosituacionista”
3 Conviene precisar que –como el mismo Marx reconoce en una famosa carta a Wendermeyer- el marxismo no ha descubierto la lucha de clases. Mucho antes que Marx ya los materialistas burgueses del siglo XVIII la habían puesto en evidencia.
4 Es necesario precisar sin embargo que los dos movimientos no son comparables. 1917-23 fue una oleada revolucionaria mundial. El proletariado tomó momentáneamente el poder en Rusia y lo intentó en otros varios países (Alemania, Hungría, Austria, China, Bulgaria etc.). En cambio, en 1968, pese a las imponente huelgas masivas que sacudieron numerosos países, jamás se planteó la cuestión de la ofensiva revolucionaria y menos aún de la toma del poder.
5 Esta tendencia “mundializadora” ya se apuntaba claramente con la expansión del capitalismo en el siglo XIX. Por ello, Marx y Engels la evidencia claramente en el Manifiesto Comunista. Su culminación tiene lugar a fines del siglo XIX con la formación plena del mercado mundial. Los actuales partidarios y detractores de la “mundialización” descubren con un siglo de retraso lo que los revolucionarios veían con toda claridad hace 150 años. Sin embargo, ese “descubrimiento” lo utilizan para ocultar que el capitalismo está en total decadencia desde hace un siglo y dar a entender en cambio que sería un sistema en plena expansión. Por otro lado, su concepto de “mundialización” es meramente superficial basándose en constataciones sobre la eliminación de trabas aduaneras, privatizaciones o mecanismos financieros, cuya existencia o inexistencia no altera para nada la naturaleza mundial del mercado. Por otra parte, su mensaje más importante y más engañoso es la idea de que la mundialización surge a partir de 1989. El capitalismo se habría vuelto mundial porque sería el único sistema económico vigente sobre la tierra. Esta idea es totalmente mistificadora pues da a entender que antes habría dos sistemas sociales diferentes: el “comunista” de la URSS y demás satélites y el capitalista de Occidente. En realidad, lo que había en Rusia y demás, como hemos demostrado ampliamente, era capitalismo puro y duro. La propiedad estatal de los medios de producción no significa en forma alguna “socialismo” sino una forma particular de la tendencia general al capitalismo de Estado que predomina durante el siglo XX en todos los países, incluidos los llamados de “economía liberal”. Ver nuestros documentos aparecidos en REVISTA INTERNACIONAL números 60 y 61 sobre la naturaleza de los países del Este europeo y sobre las características de la propiedad estatal.
6 A los que se dejan deslumbrar por los “fabulosos” ingenios de la sociedad actual conviene recordarles que los cambios tecnológicos más espectaculares –aunque no necesariamente efectivos- y los monumentos más apabullantes del imperio romano se produjeron en su época de decadencia y agonía. Lo mismo puede decirse de la sociedad faraónica egipcia adonde las pirámides y otros monumentos espectaculares se produjeron, por regla general, en su etapa de decadencia.
7 Aclaremos que esas “prejubilaciones” no son ningún regalo sino que permiten, en el mejor de los casos, ingresos de 700-900 € mensuales. Además, los prejubiliados que tienen hijos en el paro o en la precariedad tienen que mantenerlos con unos ingresos inferiores a los que tenían cuando estaban trabajando
8 ¡No hablemos de las jóvenes generaciones obreras actuales para las cuales conseguir una vivienda se ha convertido en un lujo inaccesible viéndose obligadas a hacinarse junto con sus padres!. Ver nuestro artículo sobre el problema de la vivienda en Acción Proletaria nº 176.
9 Se podría argumentar que la solución estaría en ir andando al trabajo o en no utilizar en coche para vacaciones etc. Es lo que implícitamente reclama PITI al predicar la “revolución de la vida cotidiana”. Abordaremos este punto más adelante.
10 Los pequeños sindicatos o los sindicatos radicales de base no están tan institucionalizados y sin embargo sabotean la lucha obrera con tanto o más eficacia que sus rivales mayores.
11 Ver nuestro folleto Los Sindicatos contra la clase obrera.
12 Ver en nuestro libro ESPAÑA 1936: FRANCO Y LA REPUBLICA MASACRAN A LOS TRABAJADORES el capítulo sobre las colectividades anarquistas.
No pueden remediarlo. Los explotadores necesitan recurrir a las mentiras más esperpénticas con tal de dar una imagen de fortaleza de su sistema de explotación y de bienestar de la población sojuzgada por éste. Si hace unos años Aznar acuñó el ridículo “España va bien”, ahora resulta, según lo dicho por Rubalcaba (portavoz parlamentario del PSOE), en el reciente debate sobre el Estado de la Nación que “estamos plus-cua-satisfechos”. Lo dicho: mienten más que hablan y ¡mira que hablan! Hablan y no paran de la “solvencia” de la economía española, “de las más fiables de Europa” en palabras del propio presidente Zapatero, cuando en realidad está perdiendo competitividad a marchas forzadas. Hablan de los “avances sociales”, que el gobierno ZP habría procurado a los trabajadores en materias como las pensiones, el salario mínimo, la regularización de emigrantes,...cuando en realidad lo que crece es la miseria, la eventualidad del empleo, el deterioro de la enseñanza, la sanidad,...
¿Satisfechos? La burguesía española puede desde luego estar “satisfecha” por la lealtad que demuestra el gobierno “socialista” en la defensa de sus intereses de clase explotadora. No es casualidad que en ese reciente debate sobre el Estado de la Nación, apenas hayan aparecido críticas, ni desde la derecha ni desde la izquierda, a la gestión económica del capital nacional, o sea al mantenimiento de una explotación cada vez más insoportable de los asalariados, que hace el gobierno “socialista”. Y es que como señalamos apenas se supo que ZP sustituía a Aznar al frente del capital español, y se extendía en la población la peligrosa ilusión de que éste tendría más “sensibilidad social que aquel”, que “miraría más por los desfavorecidos”, etc: “Las diferencias que existen entre ellos sirven en última instancia para mantener viva la ilusión de que siempre habrá alguno menos malo que el otro. La realidad es que todos son peor, que todos son enemigos de los trabajadores y de toda liberación social (...) El nuevo gobierno PSOE dejará pequeños los “logros” de los gobiernos González y de las dos legislaturas del PP. El engaño de elegir el “mal menor” o de “impedir el mal mayor” es la cuerda que nos ata a la noria del capitalismo, condenándonos a ir de Herodes a Pilatos” (AP nº 175: “Elecciones del 14 de Marzo. ¿Qué podemos esperar del gobierno PSOE?”).
Unas condiciones de vida y trabajo cada vez más insoportables para los trabajadores.
Pero si la derecha y la patronal se muestran satisfechos, ¿podemos decir lo mismo los trabajadores? ¿será verdad lo que dice la propaganda democrática de que el gobierno puede contentar a capitalistas y trabajadores, a explotadores y explotados? Pues... va a ser que NO. La realidad es que los asalariados comprobamos día tras día como se deterioran cada vez más nuestras condiciones de vida y de trabajo.
La realidad es que no sólo para el proletariado sino incluso para la gran mayoría de la población, llegar a fin de mes empieza a ser una auténtica misión imposible. Recientemente, al comentar la práctica desaparición del ahorro familiar en España que lleva cayendo en picado desde 1996, el Instituto Nacional de Estadística ha explicado que la causa de ese descenso del ahorro es que “la renta disponible aumenta menos que los gastos”. Sin tener los estudios de esos sesudos expertos, eso es algo que los trabajadores aprenden, en sus propias carnes, mes tras mes: los salarios han perdido la carrera a los precios., como puede verse comparando, basándonos incluso en las propias y maquilladas estadísticas del Estado burgués, el aumento salarial medio del pasado año (2’9%) con la inflación “oficial” (en Abril del 2005 la tasa interanual era del 3’5% de media estatal, del 4% en Cataluña, etc). Hemos de decir que este hachazo a los salarios viene “bendecido” por los pactos firmados año tras año por Patronal y Sindicatos a nivel nacional así como en los convenios colectivos regionales, sectoriales,... como el reciente de los trabajadores de banca a los que un aumento de 2’85% para este año, y aún menor para 2006, eso sí para que se sientan “orgullosos” de que la banca española es “competitiva”, con los demás usureros del mundo.
Recorte salarial tras recorte salarial, los trabajadores se ven obligados pues, para frenar la pérdida del poder adquisitivo de sus ingresos, a comerse los ahorros gestados con años de sacrificios. O eso o endeudándonos: la deuda de las familias se ha triplicado desde 1997, y alcanza ya casi 600 mil millones de euros, es decir el equivalente a tres cuartas partes del Producto Interior Bruto. Es cierto que una gran parte de este endeudamiento está hipotecado en la compra de una vivienda, y que la especulación inmobiliaria es uno de los destinos de un capital que no encuentra rentabilidad alguna en la inversión productiva, pero de ahí no se puede colegir la idea de un proletariado “aburguesado” que se endeuda para enriquecerse, sino un peaje forzoso, sobre todo para muchos jóvenes trabajadores, habida cuenta del precio prohibitivo de los alquileres (cuyo precio ha subido aún más que la compra de la vivienda), y del hecho de que la promesa electoral de construcción de 180 mil viviendas “sociales” por parte de ZP, ha quedado en eso.... en promesas.
El endeudamiento, las “letras”, los “plazos”, la hipoteca por años de una parte de nuestros salarios ha sido algo a lo que han debido recurrir muchas generaciones obreras, pero al menos había entonces una cierta “seguridad” de tener regularmente unos ingresos. Hoy, en cambio, lo que está al orden del día son:
* los despidos y el cierre de empresas. Sólo en el sector textil, y desde 2002, se ha echado a la calle a 35 mil trabajadores. El cierre de tres factorías de la antigua Tabacalera supone la eliminación de casi 600 empleos. En industria auxiliar del automóvil se suceden los anuncios de recortes de plantillas como en Gearbox - 300 trabajadores – o en la Lear de la Rioja – 350 obreros-. Estos se suman a los miles de despidos en el sector naval, etc.
* la precariedad en el empleo que sigue azotando a más del 33% de los trabajadores. Esta tasa se va a ver notablemente incrementada con la “regularización” de cerca de 700 mil trabajadores inmigrantes, que en palabras del propio ministro de Trabajo, “van a tener ahora derechos laborales”. Efectivamente, “derecho” a un contrato precario, “derecho” a un sueldo inferior a la media del sector, que la gran mayoría de estos compañeros se ha visto obligado a aceptar para tener “papeles” y evitar ser deportados como amenaza el Gobierno. Es asqueante ver el ensayado gesto compungido del Sr. Zapatero cuando en el reciente debate sobre el Estado de la Nación trató el tema de la precariedad laboral y dijo que lo que peor le sabía de este su primer año de gobierno era no haber enfrentado este problema. ¡Cómo si se tratara de algo heredado del gobierno Aznar, y el partido que sustenta al Sr. Zapatero no tuviera nada que ver con los “contratos basura”, los “planes de empleo juvenil”, etc!
Por mucho que ZP diga que lo que debe presidir las relaciones entre explotadores y explotados es el “diálogo”, la realidad es que a lo que los trabajadores estamos sometidos es al chantaje. Para “conservar” el puesto de trabajo hay que aceptar congelaciones salariales y aumentos de la jornada laboral (recientemente la Nissan de Barcelona ha anunciado que gracias al último convenio que consagraba precisamente estos ataques a las condiciones de vida y trabajo de sus obreros, ha alcanzado en un tiempo récord el plan de contención de costes), para tener un salario con el que malvivir hay que aceptar el aumento creciente de la explotación (en los trabajadores sanitarios por ejemplo una parte cada vez más importante de sus sueldos está en función de la “productividad”), la precariedad, la subcontratación,... Con ocasión del reciente crimen laboral en el Ferrol – ver artículo en este mismo AP – se ha desvelado que si la Bazán tenía 21 empresas subcontratadas, la recientemente creada Navantia tiene ¡100! Para que luego los sindicatos reivindiquen la “permanencia de la empresa en el sector público”,...
Y no es que ZP o Solbes lo “hagan” ni mejor ni peor. La causa de esa degradación de las condiciones de vida de la clase obrera no es la gestión, o el signo político de tal cúal gobierno sino la crisis irresoluble del sistema capitalista mundial, que vive como señalamos en el artículo de nuestra Revista Internacional nº 121. “El descenso a los infiernos”. De hecho todos los capitales nacionales se han lanzado a una carrera de ataques contra los trabajadores, y los primeros los capitales más “poderosos” como Alemania, Francia, Gran Bretaña donde se suceden los topes salariales, los recortes de pensiones y subsidios, el desmantelamiento de prestaciones sociales, la prolongación de la jornada y de la vida laboral de sus trabajadores,... para tratar de mantenerse a flote en una guerra despiadada por conservar sus mercados o arrebatárselos a sus rivales,...
Lo que sucede es que el capital español está especialmente mal colocado en esa pelea a muerte con sus cofrades de otros países. Digamos que no es ni carne ni pescado. Ni tiene la productividad de Alemania (la economía española que es la 5ª de Europa por PIB es el cambio la antepenúltima del ranking de la UE15 en productividad), ni los sueldos de China. Si como señalamos en el mencionado artículo de la Revista Internacional nº 121, con el transcurrir de la crisis económica mundial desde finales de los años 60, lo que ha sucedido en el conjunto del sistema capitalista es que la “ganancia” de productividad se ha realizado sobre todo a expensas del abaratamiento de los costes salariales, en esa tendencia capitales más débiles como el español están un paso por delante,... hacia el abismo1, y está sufriendo una caída en picado de su competitividad.
Por ello no es de extrañar que Gobierno, Patronal y Sindicatos hagan de la “batalla por la competitividad” la consigna de la cruzada que preparan contra las condiciones de vida de los trabajadores. Zapatero ya ha dicho que “el diálogo social es un tesoro de este país”. Desde luego lo es para los dueños del país, pues pacto social tras pacto se han fomentado la contratación eventual, el abaratamiento del despido, el alargamiento del tiempo de cotización necesario para alcanzar la pensión, por mencionar únicamente los más recientes. Por muchas paparruchadas que digan los ministros, los patronos o los sindicalistas, esa “cruzada nacional” contra la competitividad no va a basarse en la “innovación tecnológica” ya que el diferencial es tan abismal que requeriría durante años una inversión inimaginable ni para los capitalistas individuales (que obtienen sin duda más beneficios con la especulación), ni por supuesto para las arcas públicas (amenazadas además con la desaparición de los fondos de cohesión europeos que representan un 1% del PIB). Todo eso son cantos de sirena para enmascarar que la batalla por frenar la pérdida de la competitividad de la economía española va a asestarse contra los costes laborales, es decir contra las castigadas espaldas de los trabajadores. Así recientemente hemos oído que “los trabajadores deben contratar planes de pensiones privados (...), ya que la Seguridad Social no será capaz de garantizar el actual nivel de renta de sustitución es decir la diferencia entre el último salario recibido y la primera pensión”. Quién así habla no es un avispado comercial de cualquier entidad bancaria, sino Octavio Granado, jerifalte del Ministerio de Trabajo en declaraciones al diario El País, del 12-5. Ese diario, verdadero oráculo del gobierno “socialista” editorializaba recientemente, a propósito de la “lucha por la estabilidad en el empleo”: “La consecución de ese propósito de conseguir una mayor estabilidad en el empleo exigirá que esas decisiones vayan acompañadas de reformas adicionales del mercado de trabajo en la dirección de una mayor flexibilidad. En la cesación de las relaciones laborales, suavizando la cuantía de las indemnizaciones por despido, con el fin de facilitar la inserción laboral de determinados colectivos.”
O sea que para “rebajar” la precariedad, de lo que se trata es de generalizar en los trabajadores las condiciones laborales y de vida de los precarios: aceptando un nuevo hachazo a las indemnizaciones por despido, destinando una parte de nuestros esquilmados salarios a completar pensiones cada vez más ridículas, etc. Lo dicho: Zapatero profundizará los ataques de Aznar, como éste ahondó los de F.González,... porque las exigencias de supervivencia del capital nacional en un sistema capitalista mundial en crisis así lo exigen. En lo que sin embargo los “socialistas” sí aventajan al PP es en su capacidad para adornar esos ataques a las condiciones de vida del proletariado con bellas y vacuas frases sobre la “solidaridad”. Ya vemos como el recorte de las indemnizaciones por despido se presenta como acto de solidaridad con “los colectivos más desfavorecidos”, o como el gobierno “super-izquierdista” de Cataluña planteaba el copago de las consultas médicas o la degradación de las condiciones laborales de los trabajadores de los hospitales por... “solidaridad con los enfermos”.
Solidaridad con los trabajadores y no con el capital.
El capitalismo, un sistema basado en la explotación del hombre por el hombre, en la conversión de la actividad humana y del trabajador mismo en una mercancía, se presenta sin embargo como campeón de la “solidaridad”. Es más reprocha a los trabajadores que no sean verdaderamente solidarios, culpabilizando a los obreros fijos de la situación de los precarios, a los empleados públicos de las miseria de los del sector privado, a los obreros del primer mundo de las atrocidades que sufren sus hermanos de los países de la periferia capitalista. Ese discurso aparentemente tan bienintencionado no sólo tiene como objeto erosionar la unidad de los trabajadores enconando a unos contra otros, sino también el de chantajearnos para hacernos tragar más y más sacrificios que no sólo no alivian la situación de otros hermanos proletarios sino que sólo traen más miseria y más barbarie para toda la especie humana. Nos presentan como “interés común” lo que en realidad son las necesidades de los explotadores. Pero son precisamente esas necesidades del capital las que van llevando a la humanidad, y al planeta entero hacia su desaparición en un holocausto de guerras, hambrunas, miseria, desgarramiento de las relaciones sociales,...
Para hacer frente a esa perspectiva, los explotados necesitamos la verdadera solidaridad, necesitamos oponernos a la falsa solidaridad de la defensa de los intereses de la empresa, del sector, de la región, que en realidad nos ata a los intereses del capital nacional. Necesitamos defender nuestras reivindicaciones contra los despidos, los hachazos a los salarios, los aumentos de las jornadas, porque así oponemos nuestras necesidades como seres humanos a la lógica antihumana de la “rentabilidad” capitalista. Necesitamos comprender que sólo acabando con este sistema basado en la división de la sociedad en clases, en naciones, puede instaurarse una verdadera comunidad humana.
Etsoem. 14 de Mayo de 2005.
1 La “deslocalización” industrial no supone ninguna inyección revitalizante para el capitalismo mundial sino más bien “pan para hoy y hambre para mañana”, puesto que el problema básico del capitalismo es la creciente reducción de mercados solventes, y la pauperización de la población tanto en los países adelantados (donde se cierran empresas) como en los países más atrasados (donde se instalan sólo a condición de que los salarios sigan siendo miserables) acaba agravando el problema.
Links
[1] https://es.internationalism.org/en/tag/corrientes-politicas-y-referencias/parasitismo
[2] https://es.internationalism.org/en/tag/geografia/asia
[3] https://www.alasbarricadas.org/
[4] https://es.internationalism.org/en/tag/vida-de-la-cci/intervenciones
[5] https://es.internationalism.org/en/tag/corrientes-politicas-y-referencias/obrerismo
[6] https://es.internationalism.org/en/tag/situacion-nacional/espana
[7] https://es.internationalism.org/en/tag/2/29/la-lucha-del-proletariado
[8] http://www.internationalism.org/spanish
[9] mailto:[email protected]
[10] https://es.internationalism.org/en/tag/2/30/la-cuestion-sindical