Mayor explotación, desempleo y miseria, lo único que ofrece el capitalismo

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Cuando terminaba el pasado año la burguesía no dejaba de señalar que el 2004 había sido un buen año, dado que las economías de diferentes regiones habían obtenidos «logros», sin embargo, desde el mes de febrero de este año, los «especialistas» exponen su sus preocupaciones porque la realidad dice lo contrario, sacando a la luz las dificultades en las principales economías: EUA, Alemania y Japón.

Es indudable que la crisis expone su fuerza afectando al capital y su ganancia, por ello, la burguesía, buscando remediarlo acelera los ritmos de explotación y extiende la miseria. Marx, en sus Manuscritos económicos-filosóficos de 1844, expresaba claramente que «El obrero no tiene necesariamente por qué ganar con la ganancia capitalista, pero pierde necesariamente al perder él». Un ejemplo claro del peso de la crisis lo da la situación que guarda una empresa como General Motors, considerada como símbolo del poderío económico de EUA durante la posguerra. Esta empresa hoy se encuentra en una fragilidad tal, que la «calificadora» Standard & Poor’s caracteriza a sus papeles bursátiles como «bonos chatarra»… Y la situación en otras regiones centrales del capitalismo no es mejor, ya se presentan afirmaciones de que «Japón y Alemania entraron a finales de 2004 en ‘territorio de la recesión’» (Stephen Roach, de Morgan Stanley, citado por La Jornada, 27-02-05)… Y en una magnitud infinitamente superior esa misma agravación de la crisis se expresa en los múltiples ataques en contra de los trabajadores, afectando en una escandalosa forma sus condiciones de vida.

Ha llegado el grado que las condiciones actuales de miseria hacen recordar los niveles tan graves que se presentaban en las primeras décadas del siglo XIX. Aunque esto no sólo es un simple espejo del pasado, es un problema con una mayor agravación cualitativa que expone una aberración histórica, en tanto que, aquellos beneficios sociales que el desarrollo capitalista pudo engendrar, mejorando en términos relativos los niveles de vida, se esfuman día con día. Lo que muestra que el capitalismo expresa con mayor claridad su DECADENCIA, y por ello, manifiesta con mayor fuerza la necesidad social y la posibilidad material de la transformación radical de este sistema, es decir, de la destrucción del capitalismo, de ese sistema que lo único que puede ofrecer es mayor explotación, desempleo y miseria.

La acelerada pauperización de la clase obrera: expresión de la decadencia capitalista

Es indudable que la burguesía y su sistema representaron en sus orígenes una expresión revolucionaria que eliminaba las viejas formas de producción, y construía un sistema generador de altos niveles de riqueza, que le permitía incluso ofrecer reformas que representaban verdaderamente mejoras sociales, no como un hecho generoso de la burguesía, sino como mejoras necesarias para el propio sistema y como logros arrancados por las luchas de trabajadores, posibles de concretarse por la propia fuerza del avance capitalista. Engels mismo notaba en 1892, cómo las condiciones que él había descrito 47 años atrás en La situación de la clase obrera en Inglaterra, se transformaba, mostrando un progreso relativo que ayudaba a disimular un poco la infelicidad de la clase obrera: «Las repetidas visitas del cólera, el tifus, la viruela y otras epidemias, han impuesto al burgués británico, la urgente necesidad de sanear la ciudad, si él mismo no quería ser víctima, con su familia, de esas epidemias. En consecuencia, los males más agudos (…) hoy se han subsanado o se han hecho menos graves…». Sin embargo este avance progresista del capitalismo encuentra un límite cuando alcanza su decadencia como sistema, cumpliéndose así la tarea histórica de la burguesía, es decir, la extensión por el planeta de las relaciones de producción capitalista.

Este proceso de maduración, de decadencia capitalista, se presenta como condición concreta que posibilita y hace más necesaria la transformación social, en tanto ahora no sólo es imposible que el capitalismo pueda ofrecer una mejoría de las condiciones de vida de los trabajadores y del resto de la humanidad, sino además, las mejoras relativas obtenidas en el pasado son destruidas, incluso la afectación de las condiciones de vida a la que obliga a soportar a los asalariados, parece que empuja a un retorno al pasado, al grado que muchos de los pasajes descriptivos presentados por Engels en 1845, sobre los barrios obreros de Inglaterra, pareciera que refieren a las actuales villas miseria de muchas zonas del planeta.

En México como en el resto del planeta la miseria se extiende corroyendo la vida de los trabajadores

En el Informe de la CEPAL, Pobreza y precariedad del hábitat en América Latina (2004) reconoce que en América Latina el 44% de la población vive en villas miseria, donde es asunto común el hambre y la insalubridad. En el caso de México se considera que 12 millones de personas (es decir cerca del 10% de la población total) no cuenten con agua corriente y 24 millones no tienen sistema de drenaje, lo cual hace que crezca y se esparza la enfermedad, acabando fundamentalmente a niños, afectados ya de por si por la desnutrición. Y se hace necesario precisar que tal degradación se vive no sólo en las poblaciones rurales y con los grupos indígenas, como suele difundirlo la pequeñaburguesía [1], es cierto que esta población se encuentra sumida en niveles de miseria, en tanto el capitalismo no logró asimilarlas productivamente, pero las mismas cifras oficiales muestran que el monto mayor de población que sufre el peso de la pauperización se encuentra en las ciudades. Sólo habría que referir lo que sucede en los barrios miserables de Tijuana, donde los trabajadores comparten el espacio con una creciente población desclazada, que forma la masa del lumpenproletariado, y que sirve de carne de cañón en los ejércitos del narcotráfico; y no puede dejar de señalarse las condiciones que los trabajadores tienen que soportar en los barrios de Ciudad Juárez, Chihuahua, donde habitan los obreros de la maquila, y donde lumpenes, policías, narcotraficantes y militares, en complicidad con funcionarios de todos los niveles, aprovechan tal hacinamiento para desencadenar una grotesca cacería en contra de jóvenes obreras, a las que secuestran, violan y asesinan.

Así describía Engels una villa miseria de Inglaterra del siglo XIX: «En general, las calles están sin empedrar, son desiguales sucias, llenas de restos de animales y vegetales sin canales de desagüe y, por eso, siempre llenas de fétidos cenagales…» Un obrero mexicano, argentino, brasileño o colombiano, bien podría pensar que hablan del barrio en que habita, pero no sólo ellos, en la actualidad las villas miseria de la Inglaterra, parece que retornan en cierta medida al siglo XIX. El mismo EUA, considerado el corazón económico del mundo, es señalado por las cifras oficiales como el país que cuenta con el mayor número de «pobres». De manera que la pauperización de las masas de trabajadores, aunque se acentúa dramáticamente en regiones como Latinoamérica, no puede ya considerarse como un fenómeno propio del «tercer mundo», la magnitud de la crisis que azota al sistema desde fines de los años 60, degrada la vida de los trabajadores de todo el mundo.

Ante la miseria y la explotación capitalista, la única solución es la lucha masiva y conciente de los trabajadores

Los ataques en contra de las condiciones de vida de los trabajadores exponen, cada vez con mayor fuerza el salvajismo del capitalismo, y sin duda la afectación a la jubilación y servicios médicos ha sido uno de los mayores golpes recibidos por los asalariados. Pero la clase dominante sabe que su riqueza está fundada en la explotación y la miseria de los millones de asalariados, por eso vive con el temor continuo de que se genere un descontento entre los creadores de la riqueza, es por ello que no deja de presentarse como preocupado de la pobreza.

La fingida aflicción de la burguesía por los trabajadores no es sino demagogia que le permite tomar una hipócrita mascara de benefactor con la que adquiere prestigio y se le facilita el trabajo para colar mejor sus medidas. Por eso los programas de Fox, orientados pretendidamente a «combatir la pobreza», o las acciones de López Obrador llevadas a cabo bajo el eslogan «primero los pobres», son expresiones hipócritas que tienen como fin diluir el coraje de clase que amenaza con crecer ante la agudización de la crisis y aprisionar así a los asalariados en la ideología de la clase dominante. Por esto, los trabajadores deben comprender que ninguno de estos programas puede dar solución a la aceleración de la explotación y la extensión de la miseria, la verdadera raíz del problema se encuentra en el capitalismo, mientras exista este sistema la condición de vida de los trabajadores está condenada a una mayor degradación.

El gobierno de Fox ha tenido el descaro de anunciar la disminución de los niveles de pobreza y tiene la «sospecha» (¡sic!) de que hay menor desempleo, sin embargo, en contraste a esto la revista FORBES presenta datos en los que afirma que en México 11 familias concentran el monto de 35 mil 500 millones de dólares, lo que equivale al 64.8% del ingreso disponible nacional, y unido a esto coloca al empresario mexicano Carlos Slim en la lista de los mas grandes millonarios del mundo. Estas informaciones contrastantes pueden ayudarnos a comprender el grado de pauperización que se lleva en la región, lanzando a la basura los anuncios y sospechas del gobierno.

Rosa Luxemburgo (en Introducción a la economía política) explicaba: “… los obreros pueden, por ejemplo tener en un caso dado más medios de vida, alimentación más abundante, mejores ropas que antes, mientras que la riqueza de las otras clases ha crecido muchos más rápidamente aún…” Por lo que añade, “El nivel de vida de cada persona y de cada clase sólo puede juzgarse correctamente si se lo evalúa en el marco de las condiciones de reinantes en la época y en comparación con los restantes estratos de la misma sociedad.” (subrayado por RM). En esa vertiente, podemos comprender que no es un contrasentido que mientras la riqueza de la burguesía se acrecienta y concentra, miles de trabajadores viven en el desempleo o se ven arrojados a trabajos de condiciones precarias, a fin de cuentas esto seguirá pasando y seguirá agudizándose mientras el capitalismo se mantenga en pie, esta es la esencia normal del capitalismo.

Tan sólo tomando la información de los salarios mínimos, representada en el gráfico, podemos notar la compresión que estos han tenido en los pasados 16 años, y si a esto añadimos la afectación a las pensiones y jubilaciones, y la consideración que la misma OIT hace: de cada 100 empleos creados en América Latina 85 son de los considerados «informales»entonces ya se puede ver lo que significa el capitalismo y lo que, más allá de los torpes discursos, ofrece verdaderamente a los trabajadores.

Pero, como bien señalaba Marx, no podemos ver en la miseria sólo miseria; esta degradación constante a la vida de los asalariados, debe ser motivo de la reflexión colectiva, debe comprenderse por los trabajadores que la única forma que tienen para enfrentarla es a través de la lucha masiva y conciente, tomando en manos su combate, pasando por encima de partidos y sindicatos, que no son sino instrumentos del capital. El proletariado debe de estar claro que el capitalismo no puede ofrecer un mundo mejor, no se trata, por tanto, de buscar una mejor política, cualquier medida implementada por la burguesía conduce a la explotación y miseria, no hay salida dentro del capitalismo, por ello cada día que pasa se hace más urgente aplastar este reino de la necesidad... porque la verdadera alternativa a la pauperización se encuentra en la Revolución Comunista.

Tatlin / abril, 2004

1La clasificación de moda que toma los aspectos étnicos para el estudio de la sociedad, expone que los indios son los grandes marginados del presente, lo cual aunque resulta cierto, guarda la idea de presentar los males sociales no en el sistema capitalista, sino en el olvido en que se deja a estos grupos, deduciendo que para solucionar su miseria bastaría con ayudarlos, y dejar que sobrevivan con sus anticuadas formas de producción.